viernes, 11 de enero de 2019

"Plan Mayor".


Miles de años nuestra ciencia ha enterrado en el pasado.
La Humanidad, en uno con la naturaleza hemos evolucionado.
En el universo no encontramos lo que buscábamos,
en nosotros teníamos todo lo que necesitábamos.
¿Acaso no es nuestra sociedad así de perfecta?
¿Acaso no querrías vivir en nuestra utopía?
La Historia Universal fue la gran vía directa
que nos trajo hasta este nuevo y grandioso día,
un horizonte en que nada le falta al planeta
ni tampoco nada le falta a la Humanidad.
En el espacio exterior no encontramos la veta,
nos quedamos a disfrutar de la eternidad.
Pero de pronto, ¿qué pasa, qué está sucediendo?
Los indicadores parecen haberse vuelto locos.
No hay parámetros para lo que estamos viviendo,
jamás pensamos que podíamos hacer tan poco.
El Sol se está recalentando, se alza la temperatura;
nuestra atmósfera sintética se está rasgando.
En las ciudades ya atisbamos la pronta hora oscura,
nuestros ecosistemas se están desbalanceando.
¿Saben algo los científicos, qué está sucediendo?
¿Por qué todo abajo parece estarse viniendo?
Tenemos delante las conclusiones, son devastadoras.
A la Tierra le está finalmente llegando su hora.
Las mareas amenazan con engullir todas las costas,
arrasando tierra adentro como nube de langostas.
Los animales están degenerando.
Las plantas se están transformando.
Los cultivos están pereciendo.
Las mismas almas están muriendo.
¡No tenemos salvación, no hay salida!
¡Será el final de toda nuestra vida!
Entonces delante nuestro aparece un resplandor.
Nos habla con voz humana, pero parece venido desde el Ultramundo.
Nos dice: "Tranquilizaos, no tengáis temor,
estos son los dolores de parto de lo que será un nuevo mundo".
Cuando le preguntamos, dice: "Soy el Mayor,
alguna vez fui humano como uno de ustedes,
pero evolucioné en el espacio exterior
hasta que mi biología rompió sus paredes.
Para saber quien soy, deben rebuscar en sus archivos,
en su arqueología deben buscar la extrañeza espacial,
cuando la colonización del universo era un sueño vivo
y ansiábamos la pronta dominación del Sistema Solar.
Ascendí al espacio exterior en mi pequeña cápsula de lata
y cuando llegó el instante de salir de caminata
el universo entero fue una dimensión demasiado maravillosa,
y lo humano demasiado poco para una realidad hermosa.
¡Oh, está lleno de estrellas!
¡Es una vía demasiado bella!".
En los archivos mostraban la historia de un Mayor
de quien dijeron que se había perdido alrededor
de la época en que lanzábamos misiones al espacio.
Después, otros rumores empezaron a correr despacio:
El Mayor nunca habría abandonado la Tierra.
Todo no era más que cenizas a las cenizas.
Sólo en los químicos libraba su propia guerra,
el fin de una década de pupilas rojizas.
Sólo que nunca en verdad habíamos perdido al Mayor;
sólo jugaba al escondite en el espacio exterior.
Comenzamos la construcción de nuevas naves espaciales
para cambiar la buena Tierra por los planetas abisales;
es una operación que debemos ejecutar con premura
antes de que la órbita de la Tierra pierda su altura.
Es el regalo final de nuestra agonizante utopía,
la forja de la salida para poder vivir un nuevo día.
El Mayor, resplandor y rayo de luz
nos está guiando, nos está inspirando;
el primero de un matrimonio rosacruz
al universo así nos está llevando.
Ahora hemos abordado todas las naves espaciales
esperando a que tracen el derrotero
que nos lleve a través de las dimensiones axiales,
a todos nosotros, el mundo entero.
Despegan las naves germinales,
la Tierra estamos abandonando.
Superamos las alturas orbitales,
al universo estamos regresando;
como descendientes orgullosos del viejo Patriarca Noé,
en hijos de las estrellas devendrá nuestra nueva fe.
Miramos hacia atrás con enorme tristeza,
la Tierra es ahora un punto distante.
El hogar que nos acogió con tanta nobleza
alcanzó su destino; cada vez más brillante
decae de su órbita y es presa de la gravedad
de quien millones de años ha sido el rey estelar,
y hacen desaparecer su azul las flamas de plasma
hasta que de ella ya no queda sino su fantasma.
Nos consuela el Mayor, porque no debemos temer,
no debemos añorar nuestra casa ahora ardiendo.
Hacia una nueva existencia hemos de ascender
porque un nuevo hogar estamos construyendo.
La Tierra en que vivimos ya no es más
pero la Humanidad no se extinguirá jamás
porque adelante habrán nuevas utopías y evoluciones,
extendiéndonos en planetas, estrellas y constelaciones.

(c) Guillermo Ríos, 2.018.

4 comentarios:

Cesar Cuevas Rueda dijo...

Guau... Es la primera vez que leo poesía de ciencia ficción.
Interesamte.


PD: Buenas rimas.

Guillermo Ríos dijo...

Por alguna razón, no hay muchos que estén dispuestos a hibridar Poesía y Ciencia Ficción, francamente no sé por qué. Gracias por las felicitaciones.

Cesar Cuevas Rueda dijo...

Tienes razón. Particularmente eres el primero que veo que lo hace y es genial, como si actualizaras las epopeyas clásicas con los temas de hoy.


Si sabes de más autores que hagan esta esta hibridación, te agradeceria si me pasas el dato.

Guillermo Ríos dijo...

En realidad, mi gran inspiración en esa vena son las bandas musicales que han utilizado letras de Ciencia Ficción en sus canciones. De hecho, Plan mayor es un pastiche de una de esas canciones, con guiños a varias otras. Sólo que preferí llamar Mayor a secas al personaje, por aquello de ser amigable con los abogados de copyright. Pero a poco que uno sepa de Rock clásico o electrónica ochentera, no creo que sea demasiado difícil pescar la(s) referencia(s).