miércoles, 1 de agosto de 2018

Las décadas - Los 1.780s.

Retrato de la reina María Antonieta de Francia en 1.783 por... tomar aire aquí... Marie-Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun. Diez años después, ese lindo cuellito iba a tener una cariñosa cita con la guillotina...
Mirados en retrospectiva, muchos de los grandes cambios históricos se presentan como el gran reventón respecto de un montón de pequeños ajustes sucesivos, que venían acumulándose desde más atrás. En la historia de nuestro mundo democrático e industrializado occidental, el más grande reventón en la segunda mitad del segundo milenio es el que principió en la década de 1.780. Y el mundo ya no paró más. Hasta la década de 1.780, por debajo de cambios circunstanciales como destronar y entronizar reyes o dinastías, la Historia Universal parecía mantener un ritmo muy pausado. Un ser humano podía vivir su vida entera bajo un determinado régimen político, social y cultural, y era muy poco probable que experimentara transformaciones de peso. Hubo instancias de cambios revolucionarios en el pasado, como por ejemplo el régimen más o menos democrático bajo la Atenas de Pericles, o la caída de la República Romana e instauración del Imperio Romano, pero éstos eran eventos aislados. Sin embargo, esta mansedumbre, a partir de la década de 1.780 en Occidente, y después en el resto del mundo por irradiación occidental, ya no fue más. A partir de la década de 1.780, lo único estable en la vida social del mundo fue el cambio.

Pero veamos primero cómo era el panorama del mundo en general. Más allá de Europa Occidental, el mundo entero retozaba en una suerte de estupor soñoliento. En Rusia se vivía una cierta oleada occidentalizadora bajo la égida de la Zarina Catalina la Grande; era la segunda, porque a inicios del siglo XVIII había ocurrido una primera, bajo el Zar Pedro el Grande. Era una occidentalización tímida, eso sí, limitada a lo técnico, pero ojalá sin que llegaran ideas políticas raras que pusieran en cuestión la autocracia de los Zares, claro está. Todavía más, en Asia, los kanatos tártaros seguían vidas tranquilas, como si todavía siguieran viviéndose los tiempos de Genghis Khan, más de medio milenio antes. E incluso más lejos aún, China y Japón eran naciones independientes y con el poderío suficiente como para no ser molestados por sus vecinos, y por ende, la vida seguía como de costumbre; en 1.793, el Emperador de China todavía podía darse el lujo de rechazar una embajada de Jorge III, el rey loco de Inglaterra, con el argumento de que los ingleses eran tan bárbaros que una embajada suya no tenía caso porque serían incapaces de entender siquiera los rudimentos de la civilización. Tampoco era muy diferente la situación del Imperio Otomano, la gran superpotencia del Medio Oriente.

Africa y Oceanía eran eran territorios desconocidos para los europeos, difíciles de explorar por las barreras geográficas, y sin demasiados recursos que valiera la pena explotar. Lo que no significa que fueran salvajes o primitivos. Existían vastas redes comerciales a través del Sahara, e importantes reinos al sur de dicho desierto, como por ejemplo Kanem-Bornu. Más al sur, la jungla impenetrable hacía difícil la erección de reinos de importancia, aunque en la costa del Congo existía el Reino de Congo, precisamente, próspero en buena medida gracias a los contactos con comerciantes europeos; más al interior, por su parte, existían Lunda y Luba. Navegantes europeos por su parte surcaban las aguas del Océano Pacífico en busca de nuevas islas y territorios. En 1.789, Inglaterra dio un paso de gigante en la colonización europea de dichos territorios, enviando a presidiarios para instalarse en Sidney, e iniciar la conquista europea de Australia, territorio poblado hasta ese entonces por nativos que no habían abandonado la Edad de Piedra, ni maldita la falta que les hacía por ese entonces.

Recreación moderna de Eugenio Espejo, uno de los precursores de la independencia en Ecuador.
El mundo americano al sur del Río Bravo era un caso algo especial. El mismo estaba bajo la tutela de dos sendas metrópolis hispánicas: el Imperio Español y el Imperio Portugués. La conquista de América por parte de una tropa de brutos barbudos, pero bien armados, que aniquilaron las relativamente avanzadas civilizaciones de aztecas e incas, fue un evento tan traumático para los conquistados, que el sistema social emergido de ahí con posterioridad se mantuvo casi inalterado en sus líneas fundamentales durante los siguientes tres siglos. En líneas generales, Hispanoamérica era un montón de mestizos, indígenas y esclavos negros traídos desde Africa, comandados y explotados por una reducida élite de hombres blancos que, conforme avanzaba el tiempo, se iban volviendo criollos, cada vez más vinculados a su propia tierra, y por tanto, cada vez más desafectos respecto de una metrópoli que no les gustaba porque los explotaba del mismo modo que ellos a los menos privilegiados. Ya sabemos cómo funciona: Lo mismo que es bueno si me beneficia, es malo si me perjudica.

En el Imperio Español, a inicios del siglo XVIII, la soñolienta administración Habsburgo había dejado paso a la algo más dinámica gestión de los Borbones, quienes introdujeron cambios administrativos que tuvieron por efecto mejorar la industria y el comercio. Cada vez más ricos y prósperos, los criollos empezaron a pensar en la independencia. Poco a poco, con muchísima timidez al comienzo, empezaban a gestarse movimientos que iban a terminar rematando en esa dirección. En 1.780 se intentó en Chile la pintoresca Conspiración de los Tres Antonios, que buscaba deponer el régimen español; dicho intento no pasó de una simple humorada, aunque de consecuencias gravosas para los responsables, por supuesto, pero tres décadas después, movimientos en la misma dirección ya no iba a ser como para tomárselos a la broma. Mucha más seria fue la rebelión indígena de Túpac Amaru en 1.781, que sólo pudo ser saldada con la ejecución de su líder. La sublevación de Túpac Amaru puso en evidencia que los indígenas, aunque sometidos, no eran una fuerza derrotada ni mucho menos; casi un cuarto de milenio después, siguen sin serlo.

En términos políticos, el foco de la Humanidad a inicios de la década eran las Trece Colonias. Las mismas formaban parte del Imperio Británico, pero en 1.776, habían tenido la insolencia de declararse independientes respecto de la Corona británica. Con un resto de miopía, la monarquía absoluta de Francia, comandada por el rey Luis XVI, había decidido apoyar a los rebeldes republicanos contra la monarquía constitucional de Inglaterra, con la esperanza de socavar el poder de sus eternos rivales. Por supuesto, las mismas ideas republicanas por las cuales las Trece Colonias se habían rebelado contra Jorge III de Inglaterra en 1.776, iban a ser usadas después contra el mismísimo Luis XVI... Por lo pronto, los rebeldes obtuvieron una victoria decisiva en la Batalla de Yorktown, en 1.781. Las colonias acabaron siendo independientes de facto. Vinieron un par de años de diplomacia, que remataron en el Tratado de París, en 1783. En éste, Inglaterra acabó por reconocer la independencia de las Trece Colonias.

Declaración de Independencia de Estados Unidos, en un cuadro de John Trumbull de 1.819; por el derecho inalienable a la vida, la libertad, la búsqueda de la felicidad, y usar ropas chistosas...
Lo que siguió fue cataclísmico. Las Trece Colonias debían ahora gestionarse a sí mismas. ¿Seguirían adelante como trece naciones soberanas, o intentarían alguna forma de unión? Tras algunos años de vacilaciones, inventaron una solución de compromiso: las Trece Colonias iban a transformarse en Trece Estados, pero los mismos iban a renunciar a cuotas de soberanía e independencia para formar un ente político superior, una Federación de Estados. Con mucho sentido práctico, no se quebraron la cabeza buscando un nombre: llamaron a la Federación los Estados Unidos, y le añadieron "de América". No era el primer experimento de este tipo. Los propios federalistas se habían inspirado en la organización política de los Países Bajos para crear su federación. Sin embargo, es la primera vez en que esto fue deliberado, en vez de una evolución natural de las circunstancias. En 1.787 dieron otro paso revolucionario: redactaron la primera Constitución escrita moderna. Y en 1.789, en vez de elegir a un monarca absoluto o vitalicio, eligieron a un Presidente limitado en sus poderes y período de mando. El primero de ellos fue George Washington, antiguo héroe de la Guerra de Independencia.

En Europa, más allá de algunas mentes preclaras, nadie parecía estar tomando notas. Estaba en boga el Despotismo Ilustrado, la idea de que los monarcas absolutos deben usar su poder para mejorar las libertades y condición económica de sus súbditos. Estos monarcas no parecían querer reparar en que un pueblo con mayores libertades económicas era también un pueblo que pronto iba a querer mayores libertades políticas. Pero por el minuto, en Francia, Austria, Rusia, España y Portugal, los déspotas ilustrados intentaban implantar ideas de la Ilustración en sus territorios. Este mismo movimiento filosófico, la Ilustración, predicaba que la sociedad debía basarse en la Razón, y que lo razonable eran ideas tales como libertad, progreso, tolerancia, fraternidad, secularismo y constitucionalismo. Eran jugueteos intelectuales, porque los ilustrados, rebeldes en el discurso, en la práctica se la vivían en los salones de los aristócratas. Por el minuto, por lo menos. Alemania tampoco fue inmune a este movimiento. En 1.781 un filósofo llamado Immanuel Kant introdujo, o al menos intentó introducir, su propia revolución copernicana en la Filosofía, publicando Crítica de la Razón pura. Más allá de las críticas que se le pueda hacer a sus ideas filosóficas, el relativo dogmatismo kantiano se convirtió en el modelo a seguir para mucho de la Etica venidera.

Todo esto se vertía en formas artísticas que exaltaban un espíritu un tanto bucólico. En Pintura se vivían los últimos años del Rococó, formas pictóricas que exaltaban la alegría de vivir de la aristocracia. En la Música, es la era del Clasicismo, en donde complejidades del Barroco tales como las fugas y contrafugas, habían sido dejadas de lado para privilegiar composiciones más simples, pero con arreglos suntuosos. Es la época en donde Joseph Haydn compone música para los príncipes alemanes; éste era el modus vivendi de casi todos los músicos, aunque ya en la época empezaban a surgir los teatros de Opera independientes. Sin embargo, en el trabajo de componer Música se olían cambios. En 1.783, un compositor prodigio que se empinaba en el cuarto de siglo, Wolfgang Amadeus Mozart, había sido despedido por Colloredo, el Principe Arzobispo de Salzburgo, y en vez de buscarse un nuevo patrón, empezó a trabajar por libre. La siguiente década, siempre en su entonces revolucionaria condición de free lance, Mozart creó un reguero de obras maestras: Eine kleine Nachtmusik, óperas como Don Giovanni o La flauta mágica, la Sinfonía 40...

Retrato póstumo de Wolfgang Amadeus Mozart por Barbara Krafft, de 1.819; Er war Superstar, Er war populär, Er war so exaltiert, Because er hatte Flair, Er war ein Virtuose, War ein Rockidol... 
Que los ilustrados bregaran por un mundo más racionalista, no quiere decir que los aristócratas y miembros de la alta burguesía europea no se entregaran a ciertos devaneos con el mundo del esoterismo y el ocultismo. En la época profitaban quienes confesaban conocimientos de índole mágica o mística. Como cierto personaje que se hacía llamar Cagliostro, quien por esos años vivió entre Francia, Inglaterra e Italia, siempre haciéndose notar como místico... y también por sus rifirrafes con la justicia, incluyendo cierto bullado escándalo que involucró a María Antonieta, la reina de Francia, conocido como el Asunto del Collar de Diamantes. En esta época prosperan también las lógicas masónicas; la primera moderna había sido creada en Londres en 1.717, pero su desarrollo, lejos de frenarse, se aceleraba. En el discurso, las mismas reclamaban conocimientos místicos que venían desde los antiguos egipcios, que en ese tiempo empezaban a ponerse de moda otra vez.

En la práctica, las logias masónicas iban desde clubes de amigos en donde se divertían participando en rituales esotéricos de una supuesta honda tradición egipcia o salomónica, lo que vendría siendo la versión dieciochesca de los actuales cosplayers, hasta centros de reuniones secretas en donde se incubaban ciertas ideas muy incendiarias en contra de la autoridad y el orden establecido. A finales de la década de 1.770 había comenzado a crecer una red masónica en Baviera, llamada los Illuminati, es decir, los iluminados. Pronto, sus reuniones secretas llamaron la atención de las autoridades, lo que llevó a la prohibición de todas las sociedades secretas en Baviera, en 1.785. Los illuminati históricos declinaron, pero a su vez, a su alrededor crecieron las inevitables teorías de la conspiración que han seguido su curso hasta nuestros días.

La Ilustración tenía mayor impacto en Francia, con una vena más política, y en Inglaterra, con una vena más sociológica y económica. Y sin embargo, ya se incubaban las semillas en contra de las ideas racionalistas y universales propiciadas por los ilustrados. En Inglaterra, el público que sabía leer devoraba novelas góticas, llenas de elementos irracionales tales como castillos en ruinas, fantasmas con cadenas, monjes pecadores, etcétera. En Alemania, por su parte, tomaba fuerza un movimiento que preludiaba una futura reivindicación de los elementos nacionalistas paganos. Pero eran inicios vacilantes. En estos años todavía podía verse a Goethe, la gran lumbrera intelectual de Alemania, emprendiendo el viaje a Italia y entusiasmándose con la Arquitectura del Renacimiento, a un tiempo que dejaba a un lado los edificios góticos como expresiones de un arte bárbaro e inferior.

Experimentos del químico francés Antoine Lavoisier sobre la respiración humana: El secreto de la vida ya no es lo que era...
El campo científico por su parte experimentaba algunos cambios de relevancia. El gran nombre científico de la era es probablemente el químico francés Antoine Lavoisier. En esta década, las investigaciones de Lavoisier le permitieron entender el fenómeno de la combustión. Lavoisier desmontó la idea de que los fenómenos químicos podían explicarse por fluidos un tanto místicos como el flogisto, e impuso la corrobación cuantitativa de los datos empíricos. Lavoisier entendió asimismo que la respiración de los seres vivos es un fenómeno de combustión, y con esto empezó a demoler las ideas vitalistas respecto de la vida, abriendo las puertas para entender la misma como un conjunto de fenómenos químicos y físicos; esta labor se prolongaría durante los siguientes dos siglos, hasta que en la década de 1.950, el descubrimiento de cómo la información de la vida está codificada en el material genético, iba a barrer los últimos restos de vitalismo místico en el campo biológico.

En paralelo, en 1.781, la tecnología iba a dar un salto de gigante con la máquina de vapor del escocés James Watts. Contrario a la mitología popular, Watts no inventó la máquina de vapor. La primera conocida fue inventada en tiempos del Imperio Romano, y en 1.712, un inventor llamado Thomas Newcomen había creado su propia versión del chisme. La gran innovación de Watts fue tomar el diseño de Newcomen y mejorarlo introduciendo ciertos mecanismos de retroalimentación que le permitían a la máquina acelerarse y frenarse a sí misma, con su propio trabajo. De esta manera, el trasto de Watts fue en realidad la primera máquina de vapor completamente automática, el primer motor capaz de funcionar sin atención continua humana externa, y por lo tanto, el primer gran paso de gigante hacia la automatización. Durante la centuria siguiente, el artefacto de Watts iba a propulsar locomotoras y naves de vapor que iban a transportar personas y productos (¡y ejércitos y armas!) a través de continentes y océanos completos; Occidente acababa de obtener la llave tecnológica que le iba a llevar a la creación de los grandes imperios mundiales del siglo XIX, y con ellos, de la red económica de globalización de los siglos XX y XXI.

Era un tiempo de progresos y de cambios, sin lugar a dudas, y esto chocaba contra el conservadurismo de las instituciones políticas. La rebelión de las Trece Colonias debería haber sido un pitazo de alarma, pero como lo mencionábamos, los gobiernos europeos tardaron en reaccionar. En Europa, los sectores menos privilegiados veían como el progreso cambiaba la vida de las personas y generaba riqueza, y ellos querían su parte del pastel también. A finales de la década de 1.780, Francia, la principal potencia del continente, entró en crisis. Esencialmente, el Fisco de Francia gastaba más dinero del que entraba, receta segura para la bancarrota, por supuesto. El grueso de los economistas sostenía que la única manera de solucionar esto era recortando los gastos de la Corte por un lado, y cobrando impuestos a la aristocracia y al clero, que no los pagaban porque eran grupos privilegiados. Por supuesto, ni la Corte ni los privilegiados estaban muy por la labor de prestar atención, y con una perfecta política de avestruz escondiendo la cabeza en la arena, a lo sumo apoyaban reformas que fueran paliativos, pero no atacaban la raíz misma del problema. Con lo cual, agitadores gritando en las calles y publicando panfletos anónimos, iban adquiriendo un tono cada vez más rebelde, y peligrosamente cerca de la sedición.

La nobleza y el clero cargados por el pueblo llano, caricatura de la época revolucionaria francesa. Por suerte, hoy en día (sarcasmo) los proletarios ya no somos explotados (sarcasmo) por privilegiados de este tipo (sarcasmo, sarcasmo).
Al final, acabó pareciendo que la última solución a los problemas acumulados, era construir una especie de gran consenso nacional. De este modo, Luis XVI convocó a los Estados Generales para Marzo de 1.789. Los mismos eran una asamblea de diputados en la cual debían congregarse representantes de los tres estados: la aristocracia, el clero, y el pueblo llano. Por supuesto, cada grupo aspiraba a llevarse el consenso social para la propia casa. En los Estados Generales, la aristocracia y el clero demandaron que el voto fuera por clase, y como ambos solían estar de acuerdo, todo iban a ser victorias de dos goles contra uno sobre el pueblo llano. Este por su parte, el llamado Tercer Estado, en cambio, exigió que el voto fuera por diputado, en cuyo caso ellos llevaban la mayoría. Los privilegiados se negaron a ceder, y en respuesta, el tercer estado se separó, y constituyó su propia asamblea separada de los Estados Generales. A ésta, la llamaron la Asamblea Nacional. Luis XVI envió a los soldados para disolverla, pero ante la decidida resistencia de éstos, temiendo una insurrección nacional, ni los soldados ni el rey llevaron su amenaza hasta las últimas consecuencias.

De todas maneras corrieron rumores, ciertos o infundados, de que las fuerzas reaccionarias estaban preparándose para caer sobre la Asamblea Nacional y clausurarla con sangre si fuere preciso. En respuesta, el pueblo de París tomó por asalto el arsenal que existía en el Hospital de los Inválidos y se apoderó de las armas allí presentes. Al día siguiente, el 14 de Julio de 1.789, se lanzaron contra la Bastilla, la odiada fortaleza medieval que funcionaba como cárcel, y que era el emblema de la corona... y también como arsenal monárquico. Y la tomaron, y consiguieron después su derribo. Era una revolución abierta, por supuesto, pero no debemos exagerar: En realidad, el grueso de los franceses no querían deponer al rey ni guillotinar a la aristocracia, sólo introducir reformas que pusieran coto a los privilegios y abusos. De este modo la Asamblea, ahora en control de la agenda política, tomó algunas medidas que significaron más o menos el final de los privilegios para los aristócratas y el clero, sobre el papel por lo menos, mientras que Luis XVI se vio obligado a jurarle lealtad.

La Asamblea Nacional por su parte había devenido en Asamblea Constituyente, y su meta ahora era redactar una constitución escrita para Francia. Pero previo a esto, y casi como declaración de intenciones, dio un paso que iba a tener efectos mucho más hondos en toda nuestra civilización: El 26 de Agosto de 1.789, proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. A diferencia de otras declaraciones anteriores en el mismo sentido, más prácticas y contingentes, este documento tenía vocación de trascendencia universal, y sin lugar a dudas que la consiguió, ya que acabó siendo basal para toda la doctrina moderna de los Derechos Humanos, que a su vez acabará por ser el espinazo de la vida democrática en Occidente durante el siguiente cuarto de milenio a lo menos. Ese 26 de Agosto de 1.789 en que se adoptó la Declaración, puede darse por terminado el parto del mundo contemporáneo. La criatura había nacido sanita, aunque todavía algo débil y necesitada de cuidados. Pero pronto iba a crecer en estatura ante los ojos de los hombres: el nuevo mundo iniciaba su marcha.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, mostrados a la francesa: Que no falte grandeur.

1 comentario:

murinus2009 dijo...

Muy buen arranque de esta Monumental serie de Entradas Guillermo.

los reinos africanos:
Kanem-Bornu
Lunda y Luba
Es la primera vez que los escucho mencionar.

Describes de manera muy impresionante el estado casi estatico del mundo de esa época
Apenas unos años antes 13 colonias inglesas se habían independizado de Inglaterra el mayor imperio del mundo y nadie sabia que pasaría con eso
jamas se me había ocurrido que pudieron pensar en formar 13 naciones independientes.

La Ilustración ya empezaba a mostrar algunos de sus frutos: la maquina de Vapor, que sigue vigente, hoy día en México, mucha de la energía eléctrica se genera mediante algo llamado Ciclo Combinado: Gas natural calienta vapor que mueve una turbina generadora y el calor residual se recupera para mover una turbina extra y mejorar la eficiencia.
Hasta donde se creo que en Grecia ya: Heron de Alejandria había descubierto el poder del vapor, que llego a usar para abrir las puertas de un templo.

La Constitucion de 1987 de los primeros EEUU
Creo que es la que mas se ha usado como modelo para otras constituciones modernas incluida la de México de 1917.


El cierre de la década con:
La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano.
Tras la Toma de la Bastilla de 1789 es para aplaudirlo Guillermo.

Reitero esta seguro va a ser una Grande y Genial serie de Entradas como las que hiciste antes y que son de mis favoritas eternas de la Guillermocracia:
Las Crónicas Ciencia-Ficcionisticas y...
Las Crónicas Antropicas.

¡Congratulaciones! espero llegar a; Agosto de 2020, para ver la Culminacion de este Titanico proyecto.

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