miércoles, 23 de mayo de 2018

1.971: El año en que partió el moderno cine de acción (2 de 2).


En la primera parte de este posteo, argumentábamos que en 1.971 coincidió un ramillete de películas que, sin ser ninguna de ellas demasiado revolucionaria de por sí, en conjunto se las arreglaron para cambiar el panorama del cine de acción, dándole la forma que iba a tener más o menos hasta la actualidad. Después de referirnos a Los diamantes son eternos y Harry el Sucio, toca ahora el resto de la lista.

Contacto en Francia (The French Connection).

Me gusta ver a Contacto en Francia y Harry el Sucio como dos caras de una misma medalla. Harry el Sucio codificó al moderno vengador urbano en cuanto a personaje estándar de Hollywood, pero su argumento de perseguir a un asesino serial es quizás menos memorable; a cambio, el Popeye Doyle de Contacto en Francia interpretado por Gene Hackman es quizás menos memorable como personaje, pero el argumento de la película está mucho más en sintonía con la posterior evolución del cine de acción. El mismo es bastante simple: Popeye Doyle debe darle caza al poderoso cabecilla de una extensa red de narcotraficantes, interpretado por Fernando Rey. Y Popeye Doyle no se va a detener ante literalmente nada con tal de darle caza al villano. Ni siquiera ante la ley, porque... ya sabemos: hombres con los globos terráqueos para hacer lo necesario, etcétera. Todo eso, inspirado en un libro de no ficción sobre la verdadera historia de los policías de Nueva York que intentaban darle caza a los narcotraficantes de la época, aunque con los nombres cambiados por aquello de proteger a los inocentes.



El momento estrella de la película es, por supuesto, la salvajada que es la secuencia de persecución automovilística, de una bestialidad que ni con todos los efectos especiales, cámara epiléptica y cortes maniáticos de escenas que se usan hoy en día, ha podido ser replicada con la misma dignidad. No se tenía tanta experiencia rodando esta clase de secuencias, y aunque contó con el apoyo de oficiales de la Policía de Nueva York fuera de sus horas de servicio, el director William Friedkin se salió varias veces de libreto y zonas de seguridad, poniendo en riesgo las vidas de los citadinos hasta el punto que tuvo que indemnizar a varios conductores, mientras que él mismo se hizo cargo de una cámara porque el camarógrafo estaba casado y con hijos, y Friedkin no... Todo eso significa que si ven esta película, el peligro para conductores y peatones es real. Traten de rodar eso hoy en día, a ver cómo les va.

La película resulta también ser increíblemente oscura, con un argumento bastante realista en que el protagonista se ve una y otra vez impedido de cazar al narcotraficante debido a la interferencia burocrática de sus superiores, y a que simplemente el villano es demasiado elusivo y precavido como para ser pillado. En muchos sentidos, y aunque la premisa es distinta, esa idea de crear un drama policial mucho más realista y gris que lo habitual en la época, suena casi como un antecedente de lo que Jason Bourne hizo respecto del espía de martini y smoking, en la década de 2.000. Se llevó el Premio Oscar a la Mejor Película por las molestias, la primera película de calificación R que lo logró, aparte de otros cuatro calvos dorados por Dirección, Actor Protagónico, Guión Adaptado, y Edición. Además, tuvo el éxito suficiente como para que se estrenara una secuela, Contacto en Francia II, cuyo argumento es un poco más zafado y por lo tanto quizás menos memorable, aunque es una película muy disfrutable de todas maneras, así como un digno final para esta duología.

Shaft (Shaft).

Un brote inesperado que salió desde el movimiento por los derechos civiles de los negros, en la década de 1.970, fue el cine blaxplotation. El mismo es un fenómeno bastante ambiguo, lo que no debería extrañar a nadie, considerando que el maquiavélico plan de dominación mundial por parte de Hollywood incluye películas que dejen contentos a todos los públicos. Así, el cine de blaxplotation se presenta por un lado como reivindicando y empoderando a los negros, ofreciendo personajes negros resolutos y decididos a todo; mientras que por el otro, al incluir elementos típicos de la cultura afroamericana, como por ejemplo el uso extensivo de música Soul y Funk, por no hablar de los horrorosos peinados afro, se le acusó de perpetuar estereotipos asociados al racismo contra los negros. En medio de todo esto, Shaft fue la película que prácticamente incrustó el blaxplotation en la conciencia popular más allá del reducido ghetto que, se suponía, iba a identificarse con un héroe o una heroína negros.



La película, ambientada en Nueva York, se abre con el característico tema de Isaak Hayes, presentando a John Shaft, interpretado por Richard Roundtree, un detective privado negro, a quien vemos siendo perseguido por unos maleantes; andando un poco el asunto, se revela que en realidad esos maleantes trabajan para un jefe de la mafia que lo intenta reclutar para rescatar a su hija, que ha sido secuestrada. Por supuesto, Shaft es el hombre adecuado porque trabaja siempre al borde de la ley, pero imbuido con un fuerte sentido de la justicia, y además es capaz de moverse en un submundo criminal en donde los métodos de la policía no son los más adecuados para esta clase de situaciones. O sea, tiene los globos terráqueos, etcétera. Por su parte, Shaft es presentado como un tipo muy macho que se trajina a varias chicas, así como duro con el arma... de fuego, lo mismo que James Bond, Harry el Sucio, etcétera. Fantasías escapistas, que las llaman.

Resulta interesante observar, y esto se le escapa a mucha gente, que Shaft como película sigue al pie de la letra los cánones del antiguo cine negro, con su protagonista que es un detective privado de métodos dudosos y sentido justiciero, enfrentando al relativo glamour de una sociedad que en realidad está podrida en sus entrañas; un cuarto de siglo antes, ambientándola en Los Angeles o San Francisco, y contratando a Humphrey Bogart de protagonista, hubiera sido una película noir de manual. O de como en el fondo, Shaft es la adecuación de los antiguos códigos del cine noir, incluyendo su enorme carga de crítica social, a un nuevo milieu que no existía un cuarto de siglo antes, o que al menos carecía de la misma relevancia, cual es el mundo del ghetto negro en Nueva York. La película fue tan exitosa, que no sólo resultó uno de los pocos éxitos en un año particularmente malo para los estudios MGM, sino que además los salvó de la bancarrota. Lo que engendró las inevitables secuelas, tres en total hasta la fecha: Shaft's Big ScoreShaft en Africa, y Shaft de 2.000, en la cual Samuel L. Jackson interpretaba al sobrino del Shaft original interpretado por Richard Roundtree, y éste aparece como cameo y repitiendo personaje, por lo que técnicamente, cosa rara por estos días, es una secuela y no un reboot.

Implacable (Get Carter).

Esta película resultó bastante menos influyente que las anteriores. Mientras que Los diamantes son eternos pertenecía a una franquicia, y tanto Harry el Sucio como Contacto en Francia y Shaft engendraron secuelas, Implacable se quedó encajonada en una cierta condición de clásico de culto, y poco más. Pero a su manera, también ayudó a configurar el cine de acción de la época, en una vena distinta: el mundo suburbano británico. Porque la cinta se ambienta en el bajo mundo gangsteril de la Inglaterra contemporánea a la película, pero lo hace de manera diametralmente opuesta a lo que era el uso de la época. En ese tiempo, el retrato del gángster en el cine británico tendía a oscilar entre lo estúpido y lo divertido de ver, muy influido por el auge del cine de ladrones de guante blanco en la década anterior. Después de esta película... no mucho.



En Implacable, Michael Caine interpreta a un matón a sueldo del crimen organizado británico que, en la Inglaterra de provincia, investiga la muerte de su hermano; oficialmente, éste ha muerto en un accidente de automóvil, pero Carter, el protagonista, no se la compra ni por un minuto, y comienza a liquidar truhanes con una eficiencia digna de Charles Bronson, algunos añitos antes de las andanzas de Paul Kersey en el cine. Podría ser una película más o menos en la línea de lo que Guy Ritchie iba a dirigir un cuarto de siglo después... pero no lo es. Por el contrario, lejos del glamour de la decadencia con toques de comedia absurda que muestran los héroes ritchianos, Carter es un matón desagradable y sin casi ninguna cualidad que lo redima, capaz lo mismo de coser a balazos a un desgraciado que de faenarse a la casera que le arrienda pieza, porque... lo siempre. Fantasía escapista, lo ya dicho. Y sin embargo, es el héroe porque en realidad, la organización criminal a la que enfrenta son bestias incluso peores.

En su día, la película tuvo bastante éxito en Inglaterra, porque fue recibida como la necesaria dosis de oxígeno para renovar el cine de matones de poca monta. Pero no prendió tanto en Estados Unidos, que más o menos la ignoró. Usualmente se considera a Hit Man, película blaxplotation de 1.972, como un remake encubierto de Implacable; la premisa, por lo menos, es bastante similar, sólo que, por supuesto, ambientado en el mundo del ghetto. Un remake propiamente tal vino en 2.000, protagonizado por Sylvester Stallone, y con el propio Michael Caine en un rol secundario; sin embargo, la crítica la hizo pedazos, el público la ignoró de manera olímpica, y en general fue triturada en la taquilla. La Implacable original de 1.971 hoy en día es un clásico de culto, pero el remake, es seguro afirmar que yace en el más sepulcral de los olvidos.

Mención honorífica: Obsesión mortal (Play Misty for Me).

En realidad, ésta no es una película de acción, por lo que no deberíamos meterla en el listado. Sin embargo, como presenta algunas características comunes con las anteriores, probablemente por aquello que podemos llamar el espíritu de la época, vale la pena incluirla. El título en inglés es un juego de palabras que no puede traducirse al castellano, y por tanto, es perdonable que le hayan puesto un título diferente; en España se titula Escalofrío en la noche, sin ir demasiado lejos. Por un lado, Play Misty for Me es literalmente "Toca Misty para mi", siendo Misty la canción favorita de la villana, que se la pide al protagonista, un DJ de radio. Por el otro, misty puede ser a un tiempo algo envuelto en nieblas, o bien algo sentimental, por lo que traducciones más libres y metafóricas podrían ser "hazlo neblinoso por mi", o "pónete sentimental por mi". Dato de interés: aparte de venir protagonizada por Clint Eastwood como el mencionado DJ, el mismo año en que protagonizó Harry el Sucio, es también su primera película como director. Y una en donde vemos de sobra la buena madera sobre la cual edificó una carrera directorial que abarca casi medio siglo de largo, eso también debemos decirlo.



El argumento: el DJ de marras, tiene una aventura con una chica que es su radioescucha y que le encanta la canción Misty, pensando en que el asunto, moral de la década de 1.970 aquí, no iba a pasar de un revolcón de una noche. Sin embargo, después del affair termina resultando que ella es una lunática de cuidado que no acepta un no por respuesta, y... ya se imaginan el resto. Un argumento que hemos visto repetido millones de veces desde Atracción fatal en adelante, pero esa película era de 1.987, más de década y media después, mientras que en los tiempos de esta película, era una historia todavía todavía fresca y original; de hecho, podemos considerar que es la película inventora del argumento en su forma moderna, con Atracción fatal como la gran codificadora y popularizadora de esta clase de argumento con chica de cables pelados buscando romperle... la vida a su ligue de un fin de semana.

Como decíamos, más allá de alguna secuencia de lo que podríamos llamar violencia casera, Obsesión mortal no es una película de acción ni le dio forma al género, pero presenta en común varios puntos con las anteriores. El personaje del DJ no es exactamente un héroe, sino un tipo mujeriego y algo egoísta que se mete en problemas no por una causa noble ni menos por salvar el mundo, sino simplemente porque confió demasiado en el poderío de sus machos. La película ni siquiera juega la carta del héroe como defensor involuntario de las relaciones estables tradicionales versus la arpía destructora de romances, carta que sí se jugarán Atracción fatal y sus clones, lo que lo ubica recto entre los antihéroes, un poco a la par de los que venimos reseñando. Si no la han visto, dénle una oportunidad. No sólo es la primera en su tipo, sino probablemente también la mejor.

¿Y después?

Como hemos esbozado, en este ramillete de películas, todas ellas de 1.971, nos encontramos con lo que van a ser las constantes del cine de acción en años sucesivos: héroes cada vez menos heroicos, acción cada vez más desaforada, violencia con cada vez menos justificación, etcétera. A casi medio siglo de distancia, el legado de estas películas es innegable, tanto para bien como para mal. Y sin embargo, uno puede preguntarse hasta qué punto seguimos profundizando en la ahora ya vieja fórmula. El antihéroe de acción sigue siendo el modelo a seguir, pero por otra parte, cada vez parece más necesario tomárselo a guasa para hacerlo aceptable en el público, señal segura de un cierto cansancio respecto de estas figuras. ¿Acabaremos dando la vuelta en círculo, y volviendo a los antiguos héroes de camisa blanca e impoluta, con una acción también rebajada en cuanto a tono, con héroes castos hasta la ingenuidad, versus villanos maquiavélicos en su monstruosidad? Parece poco probable, pero con franqueza, no me extrañaría si sucediera, si es que me lo preguntan.

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