miércoles, 16 de mayo de 2018

1.971: El año en que partió el moderno cine de acción (1 de 2).


Como cualquier otra forma cultural, el cine está en constante evolución. Tiene que ser así, porque la cultura sólo tiene eco más allá de los creadores artísticos si es que puede conectarse con los resortes psicológicos que mueven a las personas. Y considerando que la mentalidad de las personas sufre alteraciones con los cambios sociales, la cultura debe ir siempre a la siga, y no perderse demasiado lejos. Esto significa, entre otras muchísimas cosas, que el moderno cine de acción no estuvo ahí desde siempre. El condimento clave del cine de acción, la violencia, ha estado presente desde siempre en el cine porque a todo el mundo le gusta la experiencia catártica de una historia resuelta con aplicación física de mucho dolor, en particular contra el villano, claro está. Pero debido a cómo evolucionan las convenciones sociales, la aceptación respecto de cómo y cuánto plasmar la violencia en la pantalla, ha ido cambiando.

Así, por ejemplo, hoy en día, el grueso de las películas de acción muestran violencia, es cierto, pero lo hacen de una manera increíblemente estilizada para que no se vea sangre, miembros humanos mutilados, tripas afuera, etcétera, por un prurito de corrección política mal entendida. Puede hacerse, por supuesto, pero una película de estas características obtiene una alta calificación por edades, hace menos dinero, y por ende, más vale que cueste poco de rodar y mucha gente la vea, o puede acabar en un fiasco económico de proporciones. Me atrevería a decir que la edad de oro del cine de acción fueron probablemente las décadas de 1.980 y 1.990, justo el tiempo en donde menos se cortaban en mostrar violencia.

Que la cultura evolucione significa que no siempre hay líneas divisorias claras entre el pasado y el futuro. Esto significa que en la transición de una fase cultural a la siguiente, siempre es posible reconocer en el período anterior elementos que perfilan el futuro; de manera inversa, existen en el período posterior otros elementos que son reliquias del pasado. Por eso es tan inusual que podamos marcar un año en particular, 1.971, como el mejor candidato a inicio del moderno cine de acción, tal y como lo conocemos. Por supuesto, este cine de acción era primitivo y embrionario respecto de lo que vino después, pero sin embargo, ciertas películas ya dejaban caer un cierto cambio cultural. En este posteo en dos partes, cuya primera publicamos ahora, por supuesto, haremos un repaso de esas películas de 1.971 que, en efecto, resultaron fundacionales respecto del cine de acción posterior; probablemente ninguna de ellas fuera la revolución en sí misma, por supuesto, pero entre todas, cambiaron el mapa del cine de acción para siempre.

Hay algunas características comunes a este ramillete de películas, en cuanto a innovación narrativa. Una de ellas es una cierta aceptación moral de la violencia. Esto significa que los héroes están mucho más dispuestos a usarla en contra de los villanos, que el antiguo e impoluto jovencito que sólo recurría a la violencia en defensa propia o como último recurso; por supuesto, esta aceptación del héroe violento nos lleva de cabeza a la glorificación de los héroes hipermusculados de la década de 1.980. Los héroes que presentamos a continuación ya muestran ese desprecio supremo por la vida de los pobres diablos que se le ponen en el camino, que después exhibirán Charles Bronson, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Bruce Willis o Chuck Norris, entre muchos otros.

Otra es una cierta exacerbación de la escala en la violencia propiamente tal. Por supuesto, el grueso de estas películas son casi un paseo de campo al lado de salvajadas más recientes como 24, por ejemplo, pero para su tiempo, eran el colmo de la rudeza, en cuanto a aporrear gente se refiere. También, el poner la violencia física al frente y al centro, en vez de privilegiar los elementos más aventureros o exóticos. Varias de estas películas, más allá de su nivel de violencia, son en realidad dramas urbanos bastante grises, lo que choca con el glamour de muchas películas violentas que se refugian en el exotismo de los paisajes distantes, como el subgénero de aventuras o las películas de James Bond, o de tiempos distantes como el epic bíblico o el Western. A partir de estas películas, se hizo aceptable que los elevados niveles de violencia transcurrieran en un entorno urbano, como barrios urbanos, edificios de altura, etcétera. Ya sabemos en qué acabó eso, por supuesto, pero veamos ahora las películas que fueron la bisagra hacia el nuevo cine de acción.

Los diamantes son eternos (Diamonds Are Forever).

Partimos con un ejemplo algo suave y menor, pero que también aportó lo suyo. En realidad, puede considerarse a James Bond como el primer héroe de acción moderno. Las audiencias pudieron ver en 1.962, concretamente en El satánico Dr. No, la escena de la ejecución a sangre fría del malvado Strangeways, y no pocos quedaron escandalizados por el comportamiento prácticamente sociópata de Bond a la hora de matar al susodicho, de manera no muy diferente a cómo hoy en día no poca gente rechaza el Bond de Daniel Craig por sanguinario y gris; como pueden ver, en este respecto el Bond de Craig no inventó nada que no estuviera ya en el Bond de Connery, con las obvias licencias de acuerdo a la época de cada uno. De hecho, el Bond de Connery inventó la tradición de andar soltando chascarrillos a la hora de cargarse pobres desgraciados, para que esa dosis de humor aligerara los aspectos más sociopáticos del personaje.



Sin embargo, mirando en retrospectiva, las primeras películas de Bond son más deudoras del thriller de espías a lo Hitchcock, e incluso de las seriales dominicales de aire pulp; de hecho, según dicen por ahí, Hitchcock fue uno de los nombres que se barajaron para dirigir la primera película de Bond, aunque como sabemos, esto no llegó a ser. En cierta medida, fue Los diamantes son eternos de 1.971, la película que, de manera inadvertida para sus propios productores Broccoli y Saltzmann, mostró los gérmenes de un cambio. En primer lugar, ésta es la película de argumento más estrambótico de Sean Connery en el personaje, y ese carácter estrambótico será una marca de la casa en el cine de acción posterior, reemplazando al realismo por la exhibición desaforada de acción, lo que alcanzará un paroxismo en las películas de acción y Ciencia Ficción de la década de 1.980. Además, relacionado con lo anterior, nunca los matones de villano en una película Bond habían sido tan caricaturescos como aquí, hasta el punto que su presencia es casi comedia involuntaria. Lo que no quita algunas escenas de bastante brutalidad para su tiempo, como la pelea de 007 contra dos asesinas machorras en una piscina, por ejemplo.

En forma adicional, es la primera película Bond en que vemos una persecución automovilística en forma, en Las Vegas en Estados Unidos. Sin lugar a dudas influida por la icónica Bullitt de 1.968, que mostraba algo similar en las calles de San Francisco. Ni qué decir, hoy en día es impensable una película Bond que no muestre a lo menos una escena de autitos chocones dándose vueltas de campana y reventando en gloriosas explosiones tecnicolor. De haber sido estrenada esta película y ninguna otra de la lista, no habría revolucionado por sí misma el cine de acción, pero acompañando a las otras, sin duda que ayudó a marcar tendencias. Los productores de Bond desharían algo de camino en las dos películas inmediatamente siguientes (Vive y deja morir de 1.973, y El hombre del revólver de oro de 1.974), se enfrentaría a amenazas más terrenales, el narcotráfico y la crisis energética respectivamente, en vez de supervillanos ávidos de conquistar el mundo, y desde entonces, la franquicia oscilaría entre épocas de mayor realismo, dentro de lo que cabe, y de mayor camp, también dentro de lo que cabe.

Harry el Sucio (Dirty Harry).

Resulta curioso observar, desde el presente, que en muchos sentidos y un poco a lo tonto, el personaje de Harry el Sucio tuvo éxito allí en donde el xXx de Vin Diesel acabaría por fracasar: ser la respuesta moderna a James Bond. Bueno, moderna para su tiempo, eso es. Porque Harry el Sucio, el personaje interpretado por Clint Eastwood a partir de 1.971 en cinco películas (Harry el Sucio de 1.971, Magnum 44 de 1.973, Sin miedo a la muerte de 1.976, Impacto fulminante de 1.983, y Sala de espera al infierno de 1.988), puede ser visto como un héroe de acción casi en las antípodas de James Bond. Así, Bond es un espía internacional que se mueve en ambientes lleno de lujo y glamour, y que hace uso y abuso de su licencia para matar, mientras que Harry el Sucio es un más bien opaco y desastrado inspector de policía encajonado en San Francisco, siempre San Francisco, cuyo constante ponerse al filo de la ley en materia de uso de fuerza letal le pasa trayendo problemas con sus jefes a veces más preocupados por la imagen pública y política de la policía que de, ya saben, parar la delincuencia.



El argumento mismo de la película prácticamente justifica la violencia al margen de la ley. Un misterioso asesino llamado Scorpio extorsiona a la Municipalidad de San Francisco pidiendo gruesas sumas de dinero a cambio de no ponerse a tirotear fulanos al azar. Scorpio, se ha observado repetidas veces, está inspirado en el Zodíaco, el asesino en serie que obró en San Francisco por esos años, y sobre cuya identidad hasta el día de hoy sólo se puede elucubrar, hasta el punto que en Zodíaco de David Fincher, en 2.007, se pitorreaban con elegancia de este hecho, en la escena del detective Toschi (el real falleció ahora, en 2.018) retirándose del cine, sintiendo que Harry el Sucio se burlaba de él. Como sea, a Harry el Sucio no le queda más opción que tomarse muy en solfa la letra y espíritu de la ley, si es que quiere acabar con semejante amenaza. La más que discutible moraleja es clara: el orden público sólo se consigue gracias a hombres con los globos terráqueos necesarios para hacer lo necesario, los derechos humanos son para los humanos derechos, etcétera.

Por supuesto, en su minuto el personaje fue lisa y llanamente acusado de fascista. Tuvo que venir al rescate la primera secuela, Magnum 44, en la cual los villanos eran una banda de policía ejecutores de criminales, más harrystas que Harry si se quiere, para desbaratar en algo las acusaciones en contra del personaje. En cierto sentido, lo que James Bond había hecho en 1.962, corriendo el margen de lo aceptado en materia de violencia fílmica, volvió a hacerlo Harry el Sucio. Porque para la época, muchas gentes encontraron excesivo el regusto casi sádico con el que Harry el Sucio decía su mítica frase, amenazando a un pobre fulano con su Magnum 44: "Tienes que preguntarte una sola cosa. ¿Me siento con suerte hoy? Y bien, ¿te sientes con suerte, escoria?". Así, siguiendo la estela de Bullitt de 1.968, Harry el Sucio prácticamente codificó la figura del vengador urbano que trabaja al filo de la ley o directamente contra legem, abriendo así el camino para tipos todavía más zafados como Paul Kersey, John McClane, Jack Bauer, y un larguísimo etcétera.

James Bond y Harry el Sucio, ambos son platos contundentes, qué duda cabe, pero la próxima entrega pisa fuerte lo mismo, ya que incluimos una película que consiguió abrirse paso hacia los Oscares, además de dos películas que aplican las constantes de este nuevo cine de acción en ámbitos más alejados de los barrios anglosajones de Estados Unidos, además de una mención honorífica que, sin ser película de acción propiamente tal, la incluimos porque guarda una cierta semejanza con las anteriores en lo ya dicho: antihéroes, una cierta dosis de violencia urbana...

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