domingo, 22 de abril de 2018

"Yo, Tonya": Rocky según Margot Robbie.

Gonna fly nooowww...
A veces, toda la sapiencia personal sólo sirve para darse cuenta de que la sociedad es mucho más incomprensible e irreductible a fórmulas de lo que se piensa, y que a veces la realidad se enhebra de maneras bastante peregrinas. Hace algunos posteos atrás discutíamos cómo, en cierta medida, y sin ser realmente un remake, la película Ready Player One de 2.018 cubre más o menos el mismo terreno que Fiebre de sábado por la noche de cuatro décadas antes, aunque en un contexto narrativo diferente. Hace poco tuve la oportunidad de ver Yo, Tonya, el biopic que protagonizó Margot Robbie en 2.017 y que le valió un Oscar como Mejor Actriz Secundaria a Allison Janney, y... me quedé con la misma sensación. También puede verse como una nueva versión de temas planteados... hace también cuatro décadas atrás. En concreto, por la película Rocky de 1.976. ¿Coincidencia? ¿O hay algo más en el ambiente, y ésos son los síntomas de algo más gordo allá afuera? ¿Y si viviéramos de verdad en un mundo tan despatarrado como lo era Estados Unidos a finales de la década de 1.970, lo que nos hace volver sobre tópicos similares para reexaminarlos a la luz de la actualidad...? Quién lo sabe.

Partamos por la advertencia obvia. Spoilers. Ya que voy a hablar in extenso, tanto de Yo, Tonya como de Rocky, partiré de la base que el respetable lector ha visto ambas, o por lo menos tiene una idea de que van, por lo que los spoilers lloverán sin previo aviso. Ahora bien, claro, Yo, Tonya se basa en hechos reales de hace un cuarto de siglo atrás, que además tuvieron su buen poco de publicidad en su día, y si bien no llega a los niveles de que el barco se hunde a finales de Titanic, sí que la película no intenta jugarse la carta del misterio aquí. Y Rocky es... bueno, es Rocky. Quién en este vasto y ancho mundo jamás en la vida ha visto Rocky, o al menos no se conoce el argumento de oídas. Pero como sea. El que avisa no es traidor. Así es que... a partir de este punto, spoilers con premeditación y alevosía.

Yo, Tonya es el enésimo ejemplo de película que más o menos puede encuadrarse dentro de ese subgénero del biopic que vienen siendo las películas basadas en criminales de la vida real, cuyo ejemplo máximo probablemente sea la Bonnie and Clyde de 1.967. El crimen, en este caso, es que en 1.994, la patinadora Nancy Kerrigan fue atacada, para impedir su participación en las Olimpíadas de Invierno, por parte de gente vinculada a la también patinadora Tonya Harding, sabiéndolo ella según el juez que la sentenció a prisión, o ignorante del tinglado, según alega la incriminada hasta el día de hoy. El asunto ya fue adaptado una vez en 1.994, apresurado y a la carrera mientras el pan salido del horno estaba todavía caliente, en un telefilme llamado Rivales sobre hielo (Tonya & Nancy: The Inside Story), con Alexandra Powers como Tonya Harding, y Heather Langenkamp, la mítica Nancy de Pesadilla en Elm Street de 1.984, como otra Nancy, en este caso la Nancy Kerrigan de marras. En 2.017 se estrenó esta versión, ahora para pantalla grande, con Margot Robbie tanto protagonizando como produciendo, con aclamación crítica, casi 50 millones de dólares de recaudación sobre una inversión de once, y lo ya dicho, un Oscar a la Mejor Actriz Secundaria, aunque Margot Robbie, también nominada, se fue de vacío, batida por Frances McDormand por la película de los tres carteles que en lo personal me da la suficiente mala espina como para negarme a verla hasta el día de hoy.

Las otras Nancy Kerrigan y Tonya Harding, las de 1.994, o de cómo la fiebre de los remakes nostálgicos alcanzó al patinaje sobre hielo...
En lo personal, las historias de criminales reales tienden a no llamarme demasiado la atención. Pienso por ejemplo en esos Western de forajidos en el Far West. Muy en el fondo, con seguir al criminal como personaje principal, la película tiende a forzar la simpatía del espectador hacia el mismo, lo que crea a su alrededor una cierta mística romántica. Y claro, al final del día, muchos se quedan con la idea de que, pobrecito él, dicho criminal es un hombre maldito en una tierra maldita, cuando visto desde un punto de vista más prosaico, en realidad es... un criminal. Un hombre que habría estafado, robado o matado a todos esos que se conmueven con sus peripecias impresas en celuloide. A cierto muy desorientado sector del público también le gustan estas historias porque son una plasmación del individualista rebelde en pugna con el sistema que lo aplasta y oprime. Mismo sistema que, ya saben, todos necesitamos para vivir sin devolvernos a la era de la guerra a peñascazo limpio que fue el Paleolítico. En estas películas, al final el triunfo del sistema suele ser una tragedia plañidera en vez de, ya saben, la justa retribución en contra de un idiota que se le ocurrió romper las reglas.

Por suerte, rehuyendo la opción fácil, Yo, Tonya toma la muy arriesgada decisión de incluir elementos de mockumentary en su narrativa. Ya saben, de falso documental. A lo largo de la película vemos intercaladas varias escenas con entrevistas a personajes... que en realidad son, por supuesto, los actores interpretando a los personajes. Este truco ayuda a evitar que nos sumerjamos en la película, pero ésa es justo la idea: que veamos a los personajes de una manera distanciada y desapasionada y podamos aquilatar el asunto de manera más imparcial, en vez de identificarnos con la pobrecita criminal que es una rebelde porque el mundo la ha hecho así, porque nadie la ha tratado con amor, etcétera. La protagonista, por cierto, da pena, da mucha pena, por el enorme historial de abusos que carga sobre sí, ayudada por una interpretación impecable de Margot Robbie, claro, pero la película también deja en claro que no es exactamente una santa, que en varios puntos es una bellaca de temer, y que el mundo también tiene su punto de razón contra ella en algunas cosas. O sea, es una película con una moralidad llena de tonos grises, sin héroes o villanos reales, y queda un poco entregado al buen criterio del espectador cuál gris es el más cercano al blanco o al negro.

Lo interesante del caso es que, como decíamos, Yo, Tonya puede ser vista como un comentario, bastante malicioso por cierto, respecto de los temas que Rocky trataba en 1.976. El título mismo anuncia que Yo, Tonya se centra en Tonya Harding; la víctima Nancy Kerrigan tiene una participación bastante marginal, y no recuerdo que la actriz Caitlin Carver que la interpreta, tenga más de unas cinco o seis líneas de diálogo en total. La película sigue a Tonya Harding a través de una niñez plagada de abuso infantil, de la cual crece para convertirse en una marimacho respondona, insolente, de mal carácter, y algo que se muestra de manera un poco más sutil, una chica que siempre está buscando excusas y justificaciones para todos sus yerros y desmadres porque, al final, según ella nunca es su culpa. Después de fusilarse una muy buena oportunidad de salir adelante en el mundo del patinaje artístico sobre hielo, tiene una segunda chance, y aquí es en donde ocurre el asalto contra Nancy Kerrigan; según la película, el mismo es responsabilidad de un grupo de matones bastante tontos, y la complicidad de Tonya Harding es más bien marginal. Por supuesto, después viene el descubrimiento del crimen, el festín mediático, etcétera. El final es un tanto cáustico: vemos a Tonya Harding metida en el boxeo, de entre todas las posibilidades, y recibiendo un golpe que la manda a la lona, para volver a pararse y seguir peleando, porque muy en el fondo, su vida entera ha sido una pelea, en un final que no es muy final porque, como en la vida cotidiana, y como decía el Doctor Manhattan, nada nunca realmente termina.

De todo lo anterior, ya empiezan a deslizarse algunas relaciones respecto de Rocky. Todos conocemos el mito de Rocky, ¿no? Es una versión en clave masculina de la vieja historia de la Cenicienta, la persona de extracción humilde que asciende en la escala social. Sólo que en este caso, como Rocky Balboa es macho, debe hacerlo no mediante un matrimonio con un alguien de la aristocracia, sino a través del trabajo puro y duro. Todos conocen la moraleja de las películas de Rocky Balboa: no importa qué tan mala sea tu situación en la vida, siempre puedes surgir, superarte a ti mismo y ser un triunfador, si crees en ti mismo, pones tu máximo empeño, para al final doblarle la mano al destino. Las secuelas de la Rocky original de 1.976 nos muestran justamente a Rocky Balboa viviendo el American Dream, e incluso encarnándolo casi como un Tío Sam redivivo, cuando le revienta las costillas a Ivan Drago. O sea, el triunfo del individualismo quasi ainrandiano por encima de ese horrible colectivo que siempre intenta aplastarte y destruir tus sueños. Incluso, aunque Rocky V intentó una vuelta a los orígenes, al último la Rocky Balboa de 2.006, y el spin-off o secuela Creed, siguen siendo un poco la misma senda del triunfo del espíritu individual.

¡Adriaaaan! ¡Adriaaaan...!
Esta es la película Rocky de 1.976 que todos recuerdan, inspiracional y un canto de triunfo al heroísmo individual. Y por supuesto, las cosas son un tanto distintas en la realidad. A diferencia de sus secuelas, particularmente Rocky III y Rocky IV, la Rocky original de 1.976 es un drama más bien depresivo que se inscribe muy bien dentro de la línea de sucio realismo y crítica social propia del cine de la década de 1.970. Partiendo por lo obvio: al final de Rocky, el protagonista ni siquiera gana la pelea. Quien gana el match final de boxeo es su rival, Apollo Creed, aunque lo hace por los puntos en vez de K.O. El verdadero triunfo de Rocky Balboa es moral: siendo un boxeador en la treintena, y en condición física regular tirando a mala, ha conseguido aguantarle quince asaltos al campeón de peso pesado del mundo. Detalle que es parodiado de manera maliciosa en una línea de Rocky II, en que Apollo Creed se queja porque ganó la pelea, pero todo el mundo lo trata como si fuera el perdedor; ésa es de hecho la razón por la cual, en Rocky II, Apollo Creed insiste tanto en un rematch en contra de Rocky Balboa, cuando por regla general es más bien al revés, el perdedor es quien anda a la siga de una segunda oportunidad para imponerse al triunfador.

En la Rocky de 1.976, Rocky Balboa es un proletario y un perdedor del sistema. El American Dream no pasa por él. Soñó con ser un boxeador, pero su hora está pasando: se hace viejo, no está en su mejor condición física, tiene mala técnica, y además su vida personal no va hacia ninguna parte. A lo largo de toda la película vemos un profundo mentís al mito tan querido por los liberales, de que el triunfo personal depende de manera casi exclusiva del esfuerzo propio. Porque no sólo vemos que Rocky Balboa es un perdedor del sistema, sino que además, no hay nada especial respecto de él, y que toda la gente a su alrededor forman parte de un mismo milieu, el de pobres diablos que más que vivir el sueño americano, lo sobrellevan como mejor pueden. Rasgo éste acentuado porque Rocky Balboa es ítaloamericano, o sea, descendiente de inmigrantes allegados en Estados Unidos, y el apellido Balboa sugiere además ascendencia española, de entre todas las cosas. Rocky Balboa es un fulano tan plano en lo social que, para sobrevivir, trabaja en una profesión tan poco honorable como la de cobrador para la mafia. Es decir, el rompepiernas de rigor.

Algo de luz llega a la vida de Rocky, cuando empieza a florecer su romance con Adrian Pennino, que no es una princesa venida desde arriba para rescatarlo, modelo Fiebre de sábado por la noche, o Ready Player One ya puestos, sino otra perdedora del sistema, que vive bajo el constante abuso psicológico de su hermano, que se desquita con ella por ser... adivinen, otro perdedor del sistema. Pero la verdadera oportunidad viene cuando Rocky es elegido por Apollo Creed como oponente. Es 1.976, Estados Unidos celebrará su bicentenario, pero Apollo Creed no es un tipo que ame realmente a su nación, y si se cuelga de la ocasión patriótica, es por puro negocio: será buena publicidad enfrentar a un amateur, y darle a la gente un poco de opio liberal: "esto es América, la Tierra de las Oportunidades, todos pueden lograrlo si le ponen suficiente empeño al asunto". Por cierto, no elige a Rocky Balboa por ser el rival con mejores antecedentes o técnicas, sino simplemente porque su apodo, "Semental Italiano", suena bien de cara a la publicidad. Por supuesto, se supone, Apollo Creed no tendrá mayores problemas en imponerse porque para algo es el campeón de peso pesado del mundo, pero a cambio, el pobre desgraciado que le enfrente vivirá su cuarto de hora, y todos contentos. Claro, después en el ring, Apollo Creed descubre que Rocky Balboa va en serio, y ya eso no le gusta. Creed al final obtiene su triunfo, pero le cuesta, y además, ni siquiera lo disfruta porque todo el mundo saluda a Rocky Balboa como el héroe de la jornada.

A partir de aquí, ya podemos empezar a establecer las comparaciones entre el ficticio Rocky Balboa y la... ¿real, ficcionalizada? Tonya Harding. De hecho, teniendo en cuenta lo dicho anteriormente sobre la Rocky de 1.976, ya es posible adivinar que, aprovechando el estar más o menos basada en hechos reales, Yo, Tonya deconstruye y le da la vuelta a varios tópicos planteados por esa película, para mostrarnos una versión incluso más odiosa y mugrienta del American Dream. Tanto, que dudo mucho de que esta película haya llegado a rodarse si no estuviera basada en hechos reales en primer lugar, como decíamos, y además, producida por Margot Robbie, que tiene bien ganado su estatus de estrella, y que por lo tanto, puede darse esta clase de lujos.

Me llevo un Oscar para la casa por las molestias. Nos vemos, montón de cefalocordados.
De partida, tanto Rocky Balboa como Tonya Harding, a ambos se nos muestran como viniendo desde un medio ambiente proletario. Pero el lugar de procedencia de Rocky Balboa es simbólico: es Filadelfia, la ciudad en que se proclamó la Independencia de Estados Unidos en 1.776, y que en 1.976 se apresta para el Bicentenario; Tonya Harding, en cambio, viene de Portland, Oregon, que es... Portland, Oregon. Eso es. Además, en Yo, Tonya vemos algo que en Rocky no: la clase de niñez a la que se exponen las personas dentro de ese medio ambiente. Por debajo de los toques de comedia negra en que incide la película, se nos muestra la muy abusiva niñez de Tonya Harding a manos de su madre, y luego, mostrándonos que su interés romántico es otro tipo abusivo en cuyas garras ha caído más bien por un tema de severo daño a la autoestima, se nos deja caer la pista de que, lejos de ser algo extraordinario o excepcional, dichas relaciones abusivas parecieran ser la norma, el patrón por el cual se cortan las relaciones en el círculo de abandono y violencia doméstica sin fin que es el medio ambiente social de los personajes, círculo que se hereda por aprendizaje de padres a hijos casi como una maldición bíblica.

Como resultado, la personalidad de ambos personajes es también diferente. Aunque es un perdedor del sistema, Rocky Balboa es en el fondo un buen chato. Tanto, que hasta su jefe mafioso debe recordarle que está a sueldo para romperle las piernas a los desgraciados que no pagan, no darles un par de palmaditas y decirles que se larguen, porque tanta amabilidad incentiva a la gente a que no paguen, y eso es malo para el negocio. Una vez que comienza el romance entre Rocky y Adrian, vemos incluso otro lado positivo de nuestro héroe, ayudando a la chica a superar el abuso psicológico a que ella se ve sometida. Tonya Harding en cambio es una chica que sólo ha aprendido a relacionarse a través de la violencia, y por lo tanto, es incapaz de expresarse de otra manera que no sea a través de insultos, gritos, golpes, e incluso descerrajándole un escopetazo a su marido, si se tercia la ocasión. Y por supuesto, del modo en que la vimos crecer, lo raro es que hubiera sido de otro modo. Con esto se nos recuerda que existe un círculo vicioso en que ser perdedores del sistema genera una mentalidad derrotista que a su vez los enclava más dentro de los perdedores del sistema, lo que a su vez genera todavía más mentalidad derrotista, etcétera. Tonya Harding ha sufrido una infancia abusiva, y ha internalizado dicha mentalidad derrotista; a lo largo de la película vemos con claridad que ella misma hace un trabajo magnífico saboteándose a sí misma, vía elegir mal a la pareja y a los amigos, enojarse con la gente que quiere ayudarla, parrandear en vez de vivir la vida sana que exige el entrenamiento deportivo, etcétera. Ella es la arquitecta de sus propias derrotas, pero es la arquitecta de sus propias derrotas debido a las propias derrotas que le ha tocado vivir, en una internalización psicológica de su categoría de perdedora en este mundo.

Por supuesto, la oportunidad de Rocky Balboa viene prácticamente de la nada. No ha hecho nada por merecérsela, no es alguien especial, es sólo el tipo cuya foto estaba por accidente entre otras muchas sobre el escritorio de Apollo Creed, y cuyo lema le cayó simpático al susodicho. Es el elemento de cuento de hadas que esta historia debía tener para ser vendible. En el caso de Tonya Harding ocurre exactamente lo contrario. Ella no tiene ninguna oportunidad extraordinaria. Ella le ha puesto su máximo empeño en salir adelante, se ha gastado horas en la pista de patinaje, y aún así, aunque es la mejor patinadora de todo el grupo, los jueces la relegan una y otra vez porque... no es la chica bonita que pueda entusiasmar al público. Siendo pobre, Tonya Harding no puede pagarse los carísimos vestuarios que hacen lucir bien a las otras patinadoras, tampoco se peina o maquilla bien, y además, horror de horrores, elige acompañar sus rutinas con Heavy Metal en vez de Música Selecta. Lo más cercano a una hada madrina que tiene ella es Diane, su entrenadora, pero Diane, con muy buen sentido, le dice a Tonya Harding que se pula un poquito, que sea más dama, que le entre un poquito más en el ojito al jurado, y ella, en respuesta, como está mentalmente programada para tomar cada comentario como un ataque personal, acaba despidiéndola de la manera en que la despide.

La película hace también un comentario bastante cáustico acerca del esfuerzo personal en sí. Trata de jugar la carta de la lucha de clases y mostrar a los jueces como un montón de clasistas que odian a la gente pobre. Pero el asunto va un poquito más allá. Así como Tony Manero escapa de su vida proletaria de porquería en la pista de baile, Tonya Harding lo hace patinando sobre el hielo. Y desarrolla una técnica casi perfecta. Es la primera gimnasta estadounidense que consigue el triple axel. Pero los jueces insisten una y otra vez en otro tema: presentación. Tonya Harding por su parte responde que ella quiere ser ella misma. Es el viejo conflicto entre el individualismo, el "quiero ser auténtico a lo que soy", versus el colectivo que trata de coartar la libertad individual y encerrar a todas las personas en cajas, moldes y etiquetas. Y todos sabemos cómo estas películas ejecutan esa carta, dándole favor al individuo, por aquello de la épica heroica. Esta película también, en principio... pero hay un detalle. En las entrevistas ficticias, Tonya Harding insiste una y otra vez en que hizo el triple axel. Cierto, es un mérito, y grande; sólo ocho patinadoras mujeres lo han conseguido en competencia. Pero con eso, también revela ser un caballo de un solo truco. Esto es una réplica profunda a la idea de que si te esfuerzas mucho, tendrás éxito de manera automática. En realidad, es cierto que debes esforzarte mucho para salir adelante en la vida, pero no basta con el esfuerzo en sí: también debes hacerlo en una dirección que sea la favorecida por el colectivo. Y además de eso, eso no es necesariamente algo negativo. En el mundo del patinaje no sólo queremos ver a gente con una técnica perfecta, sino también algo que sea armonioso y grácil de ver. Puede que los jueces sean unos esnobs y unos pesados, pero también tienen su punto de razón cuando echan para atrás a Tonya Harding porque su presentación no es adecuada.

¿Nosotros? ¿Reventarle la rodilla a la competencia? ¡Por supuesto que no, oficial!
Por supuesto, las cosas se decantan como se decantan. La Rocky de 1.976 puede ser leída como un cuento de hadas en el cual su protagonista es un boxeador contemporáneo. Bueno, contemporáneo de la década de 1.970, vale, pero no es un personaje de la Edad Media de Disney, eso quiero decir. Pero su historia de cuento de hadas, la balancea sobre un retrato social bastante cínico respecto de los perdedores del sistema. ¿Qué queda si a Rocky, esa historia romántica de un perdedor buscando su última oportunidad le quitamos el componente de cuento de hadas? Pues... Yo, Tonya, justamente. Rocky Balboa es un buen tipo; Tonya Harding es una chica violenta e intratable. Rocky Balboa es porfiado y cabezón, y esto es un valor para salir adelante; Tonya Harding también lo es, pero por el contrario, su contumacia sólo consigue causarle problemas. Rocky Balboa pone esfuerzo en el boxeo, pero nunca tiene su gran oportunidad; Tonya Harding sí ve resultados para su esfuerzo, ya que llega a los Juegos Olímpicos, a lo largo de toda su jornada descubre que el esfuerzo bruto no es suficiente. Rocky Balboa no llega a salir del anonimato por un tiempo; Tonya Harding lo logra a medias, sólo para volver a la casilla uno, y debe arreglárselas trabajando como camarera, que además es el trabajo de su madre a quien tanto desprecia, para más inri.

Y cuando viene la gran oportunidad, el boleto dorado, las cosas también se decantan de manera diferente. Rocky Balboa la recibe de su eventual oponente Apollo Creed, pero como parte de una fría maniobra publicitaria para generar ganancias capitalistas a partir del boxeo; Tonya Harding la recibe de su antigua entrenadora, se deja entrever que por genuino aprecio a pesar de las diferencias personales. Rocky Balboa sigue siendo el de siempre; Tonya Harding debe pulirse, eliminando el Heavy Metal de sus rutinas y el pintarse las uñas de azul. La gente alrededor de Rocky Balboa son un refuerzo positivo que le ayudan a salir adelante en su ordalía; la gente alrededor de Tonya Harding son una piedra de molino alrededor del pescuezo que, lejos de ayudarla, acaban por hundirla. Y cuando alcanza la celebridad, Rocky Balboa es por el valor positivo de haberle resistido quince rounds a Apollo Creed sin irse a la lona; Tonya Harding en cambio es una celebridad por el valor negativo de haber intentado salir adelante a través del recurso criminal, algo que la propia película ironiza en una línea de diálogo acerca de por qué el público está realmente viéndola. Todo esto redunda en que Rocky Balboa, el protagonista de una historia con elementos de cuento de hadas, consigue elevarse por encima de su nivel social, mientras que Tonya Harding, protagonista de una historia similar, pero ejecutada con un realismo deprimente, acaba con su vida entera destrozada, con el último fotograma de ella tirada literalmente en la lona de un cuadrilátero de boxeo.

Muy en definitiva, lo que subyace a ambas películas es un cierto retrato, muy crítico por cierto, del individualismo de cuño liberal que impregna a la mentalidad de Estados Unidos. Rocky Balboa puede salir adelante, es cierto, y su historia es la épica de tintes calvinistas sobre el individuo que consigue doblarle la mano al sistema, pero para que dicho argumento fílmico funcione con un mínimo de coherencia, debe ser contado con elementos propios de un cuento de hadas. Si contamos la misma historia de manera realista, lo que tenemos es el fracaso monumental de Tonya Harding. La moraleja final es que el esfuerzo individual es importante, por supuesto que sí, pero también lo es el entorno que los demás generan alrededor nuestro, y que nosotros generamos para los demás, aquello que se llama genéricamente responsabilidad social, y que es una noción a la que el individualismo de cuño liberal es absolutamente alérgico, porque nadie se hace liberal para preocuparse por el prójimo. Al final, en el cuento de hadas, Rocky Balboa usa la mentalidad individualista para fortalecer el espíritu heroico que lo llevará a su victoria moral, mientras que en la historia deprimentemente realista, la gente alrededor de Tonya Harding usará esa misma mentalidad individualista para ejecutar un crimen que saque del camino a Nancy Kerrigan, otra chica cuyo único delito es querer exactamente lo mismo que Tonya Harding: buscar su propio éxito y realización personal.

Al final, por mucho esfuerzo individual que le pongamos, seguimos siendo personas condenadas a vivir en sociedad. Muy individualista debe ser el desgraciado que esté dispuesto a volarse a sí mismo una muela que le duela, pudiendo ir al odontólogo para que haga el trabajo con un mínimo de salubridad y alivio del dolor. Pero vivir en sociedad obliga a ciertos deberes y responsabilidades, y también a realizar ciertas transacciones mínimas para funcionar con nuestros semejantes. El American Dream, con su exaltación del poder individual, tiende a olvidar esas verdades, en beneficio del halago de los instintos narcisistas del populacho. O peor aún, cree que la autorregulación de las personas solucionará de manera mágica los problemas de la sociedad, como si el mundo estuviera más poblado de buenos chatos como Rocky Balboa en vez de gente de mal carácter como Tonya Harding y la pandilla de inútiles que la rodean. Películas como Yo, Tonya nos recuerdan las consecuencias nefastas, para uno mismo y los demás, que tiene la búsqueda desatada del triunfo individual sobre toda otra posible consecuencia, y considerando como va el mundo, no podemos considerar que dicha moraleja salga sobrando.

Tonya Harding al lado de Margot Robbie, experimentando el revival de la nostalgia noventera.

1 comentario:

murinus2009 dijo...

No pude ver, Yo Tony, nunca encontré un horario apropiado, quedara para ver en DVD o Internet.

Muy bueno lo que planteas de la admiración del público para con los delincuentes, creo que el grupo de estos delincuentes mas "admirado" es el de los asesinos seriales, ya hartan las explicaciones de cómo estos se volvieron la escoria que son.

Buena comparación de Tonya con Rocky, hace tiempo que no veo Rocky, pero si es cierto lo que dices, creo nadie aparte de ti Guillermo, habla de que Balboa, en realidad supo aprovechar al máximo un golpe de suerte que le cayó por mera casualidad debido incluso solo a... su apodo.
La mayoría hacen hincapié en el esfuerzo personal, aunque Rocky tampoco gana, solo aguanta los 15 asaltos.
Eso y que Rocky es una buena persona, alguien sencillo, con quien cualquiera puede acercarse y platicar un poco.

Como la describes, Tonya Harding, parece alguien indeseable, la clase de gente a la que un bruto como yo (Tras 35 años de tratarlos) no les dirige ni el saludo, conozco muchos así, caen en 4 categorías:
-estafadores.
-ladrones.
-aburridos.
-perfeccionistas, los únicos que tienen algún talento creativo.
Con ninguno es posible llegar a nada, unos porque te quieren: robar estafar y los otros porque pueden pasarse, literal, 20 años perfeccionando un proyecto que al final no quedará en nada.
Harding tiene un talento, así que caería en los perfeccionistas, aunque por lo que mencionas se sabotea permanentemente y se junta con gentuza de la peor ralea, lo cual es un comportamiento más parecido a los estafadores y ladrones.

El porqué la gente gusta de ver estos biopics.
Yo creo que es porque son una clase de Peligro del que hay que cuidarse.
Lo de los asesinos seriales se justifica con que son depredadores y hay que saber prevenirse, alejarse, defenderse de ellos.
Pero casos como el de Tonya, alguien que pudo al menos tener una carrera como entrenadora nivel olímpico y acaba en la cárcel por atacar a su competidora, son un peligro menos aparente, pueden hasta parecer divertidos por su personalidad escandalosa.
Tal vez ese es su atractivo.
Me recuerda a la fama y admiración que en México tienen los narcotraficantes, hay industrias completas tras ellos: peliculas, musica, telenovelas.
Muchos jóvenes, pobres y con poca o nula expectativa de mejora (o sea perdedores) quieren ser 2 cosas: o narcotraficantes o "padrotes" se les llama en México es decir proxenetas lenones cinturitas chulos, en ingles seria "pimp".
Incluso algunos dicen:
"mejor morir joven y rico que llegar a viejo y ser pobre"

Aunque si alguno de los que les profesan admiración a estos narcotraficantes, fueran su blanco para ser extorsionados, o un obstaculo, o un daño colateral, ya no les parecería tan bien.

Buena entrada Guillermo, en ningun lado he visto esta forma de apreciar el American Dream.

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