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domingo, 29 de abril de 2018

Estado versus iniciativa privada: Un debate que debería estar superado.

"El Estado es un obstáculo en el camino entre nosotros y la riqueza, ustedes pueden ser tan ricos como yo si se lo proponen y trabajan duro"...
"No existe América. No existe la democracia. Sólo existen IBM, e ITT, y AT&T, y DuPont, Dow, Union Carbide, y Exxon. Esas son las naciones del mundo hoy en día" - Arthur Jensen, interpretado por Ned Beatty, en la película Poder que mata (1.974).
He notado cómo en los últimos años, en las redes sociales por lo menos, ha ido surgiendo un cierto movimiento social que puede ser calificado como... Neoliberalismo, a falta de una palabra mejor. Pero es algo más que el Neoliberalismo de cuño friedmaniano, el cual era bastante técnico, y por tanto, una parcela para economistas y empresarios. En los últimos años, en cambio, se ha ido difundiendo más allá de esos círculos, un Neoliberalismo simplificado para consumo de las grandes masas, que ha prendido muy bien entre los jóvenes profesionales ambiciosos, aspiracionales, y en general desapegados de cualquier solidaridad con el resto del género humano. El prefijo "neo" le viene muy bien por dos razones. En primera, porque tratan de identificarse con el Liberalismo clásico de corte decimonónico, aunque no son realmente su continuación, sino un revival dentro de una era que podríamos calificar como de Post Estado del Bienestar. Y en segunda, porque es un fenómeno ideológico nuevo, en donde una serie de teorías económicas han sido diluidas y deshuesadas, y convertidas en una serie de máximas bien simples para que la gente cool pueda adoptarlas sin tomarse el esfuerzo de pensar demasiado. O sea, están transformando el Neoliberalismo clásico en una ideología agnóstica, así como antes lo hicieron los socialistas con el Marxismo, los nazis con el Nacionalismo arcaísta, etcétera.

Una de las claves de esta ideología, llena de mantras y frases hechas como todas las ideologías, es la idea de que deberíamos jibarizar el Estado porque el mismo es ineficiente. Regularmente en mi muro de Facebook me toca leer los berrinches de algunos cuantos de estos neoliberales de nuevo cuño, pontificando en contra de las "ideologías" y de los "populismos". Por supuesto, uno de los errores en que es fácil caer, en que ellos caen, y en el cual yo mismo he caído, ha sido el aceptar la discusión en estos términos, o sea, en debatir acerca de si "más Estado" o "más iniciativa privada". El argumento clave aquí es que la iniciativa privada tiende a... bien, perdonen la redundancia, pero la iniciativa privada tiende a tener más iniciativa que el Estado, y eso le da la carta ganadora a los neoliberales. Por supuesto, hay una trampa aquí. Ya lo decía más arriba: el debate está mal planteado.

La gran cuestión económica actual es la misma de antaño y siempre: cómo lograr que una sociedad produzca más y mejor, a partir de recursos limitados y escasos. Una sociedad es más eficiente cuando consigue producir más y mejor, con menos recursos y mayor rapidez, y con la menor cantidad de costos colaterales para terceros y el medio ambiente. Lograrlo significa que la relación entre costo y beneficio es mayor a favor del beneficio, es decir, la sociedad como un todo se hace más próspera, desde un punto de vista material, por lo menos. En ese sentido, el grave problema del Estado es el llamado "problema de agencia", que es el gran argumento neoliberal para predicar menos Estado. Detengámonos en esto por un minuto.

Digamos que usted es un señorito aristócrata en la soñolienta Inglaterra del siglo XVIII, la cuna del Liberalismo clásico. O casi, considerando que Adam Smith era escocés. En fin, consideremos eso, que usted es un señorito, etcétera. Y usted, como dueño que es, quiere gozar de la buena vida que le da el ser un señorito, de manera que contrata a un mayordomo para que haga las cosas por usted. Y aquí surge una pugna, porque lo que le conviene al mayordomo es exactamente el revés de lo que le conviene a usted, respecto del trabajo del mayordomo: a usted le conviene que el mayordomo trabaje mucho, cobre poco, y robe poco, mientras que para el mayordomo es a la inversa, a él le conviene trabajar poco, cobrar mucho y robar también mucho. Esto es un problema de agencia porque el mayordomo debería ser un agente de los intereses de su patrón, pero al acabar siéndolo de los suyos propios, al final quien resulta perjudicado por la negligencia y bribonería del mayordomo es el patrón.

Mayordomo cuidando los intereses de su señorito.
Este es el problema con el Estado. El Estado es el agente de la ciudadanía. Es decir, todos nosotros somos los señoritos que tenemos el dominio sobre el país, y el Estado, o sea, los funcionarios públicos, son nuestro mayordomo, son los agentes que vigilan por nuestros intereses. Y surge el mismo problema: a nosotros nos conviene que los funcionarios públicos trabajen mucho, cobren poco y roben poco, mientras que a ellos les conviene todo lo contrario, o sea, trabajar poco, cobrar mucho y robar también mucho. Todos los que nos hemos quejado alguna vez de la corrupción del aparato administrativo del Estado, sabemos de esto.

Visto de esta manera, pareciera que los neoliberales, o liberales a secas como ellos prefieren llamarse, tienen la razón: ¿por qué alguien querría más Estado, para que le roben igual a como el mayordomo lo haría respecto del señorito? Y la respuesta a esto es: porque ese es el mejor remedio para que no nos robemos entre los propios señoritos. Porque, esta es la clave del asunto, y la razón por la que los neoliberales, o liberales a secas como ellos prefieren llamarse, están equivocados: porque establecen una dicotomía entre el Estado y los particulares que es una simplificación grosera de la realidad actual. Y nótese cómo uso las palabras: no digo realidad a secas, sino realidad actual, o sea, la del siglo XXI. Porque esto es otro punto importante: las recetas del Liberalismo clásico, que los neoliberales tratan de llevar al extremo, tenían sentido en el siglo XVIII, los albores del Liberalismo clásico, pero no en la actualidad.

En el siglo XVIII, sí que existía una fuerte dicotomía entre el Estado y los particulares. El Estado era esencialmente la monarquía. Con un poco de suerte podía ser una monarquía constitucional de modelo inglés, que algún control tenía por parte del Parlamento, pero lo más probable es que fuera una monarquía absoluta en la cual el monarca, si le agarraba ojeriza a usted, firmaba una lettre de cachet, una orden de arresto, y a la Bastilla con los huesos de usted, estimado lector. O con un poco de fortuna, una monarquía absoluta en donde al monarca absoluto le bajaban los buenitos, y se botaba a déspota ilustrado, comportándose de manera espléndida con sus súbditos, pero sin ceder un ápice de su poder: "todo para el pueblo... pero sin el pueblo". Eso era el Estado, un ente todopoderoso, antidemocrático, y sobre todo caprichoso, muy caprichoso.

Frente a ello, los particulares eran más bien poquita cosa. Por regla general, eran jornaleros trabajando para algún gremio, que les daba algún grado de protección contra los avatares de la vida, nunca demasiado, pero lo suficiente como para no morirse de hambre. O bien, si eran empresarios independientes, lo eran a muy pequeña escala. La empresa del siglo XVIII era una taberna, una cervecería, una carnicería, una sombrerería, una talabartería... Talabartería es la tienda del que trabaja con cueros de animales, haciendo correas por ejemplo, para que no digan que en la Guillermocracia no se aprenden palabras nuevas, si no sabían lo que era. El caso es que la empresa del siglo XVIII era, como puede verse, el negocio pequeño y local, sin demasiada proyección. Muy probablemente, las únicas firmas que podían presumir de negocios a gran escala, más allá del ámbito estrictamente local, eran las navieras que comerciaban de manera simultánea a ambos lados del Atlántico, o con Oriente.

Liberales luchando contra el Estado opresor.
En la teoría política clásica del siglo XVIII, no se planteaba demasiado los problemas de agencia porque se estimaba que el reino era del rey, y punto: si a él se le antojaba tan o cual cosa, en lo suyo mandaba, y tenía todo el sentido del mundo que resoplarle fuera delito. Salvo en Inglaterra. Ahí, por una serie de circunstancias, se instaló la idea de que la soberanía le pertenecía al Parlamento, como representante del buen pueblo inglés, y por lo tanto, comenzó a mirarse con desconfianza a los poderes públicos. Esto mismo fue llevado a un paroxismo en las Trece Colonias, hijas de Albión, hasta el punto que el individualismo y la desconfianza frente al Estado opresor forman casi parte del ADN estadounidense en la actualidad. Esta idea de que el dueño del país es en realidad el pueblo o la nación, como se quiera ver porque no son estrictamente lo mismo, se ha trasladado a las democracias modernas, y de hecho, es la base del concepto por el cual tenemos el derecho de elegir y hacer rotar a las autoridades que nos gobiernan. En teoría por lo menos, porque luego tenemos a los chilenos que ponen a Michelle Bachelet en la Presidencia, luego a Sebastián Piñera, luego a Bachelet de nuevo, y luego a Piñera de nuevo, en uno de los más egregios ejemplos de esquizofrenia en la Historia de la Democracia. Pero en fin, nunca he defendido la idea de que los chilenos sean la gente más iluminada del planeta.

En ese sentido, la defensa que hizo Adam Smith de las bondades del libre mercado, y de un relativo laissez faire (dejar hacer), hacían mucho sentido. Era, en el fondo, el concepto de que sería mejor dejar a los particulares administrar en lo suyo, que para eso sabían mejor, que un Estado antojadizo e interesado en beneficiarse expoliando a los particulares con impuestos, prebendas, cargas, etcétera. En última instancia, la idea es que el Estado poderoso se limite un poquito en su poder, y los particulares sin poder tengan al menos la libertad de emprender y buscarse la vida. Por cierto, énfasis en lo relativo de defender el laissez faire por parte de Adam Smith. Este defendía el libre mercado, es cierto, pero no era tan cerril como algunos neoliberales modernos: de hecho, creía que en materia de mercado laboral, debía otorgársele alguna clase de protección a los trabajadores, algo que va contra la filosofía de insignes liberales modernos, como los redactores del Código del Trabajo de 1.981 en Chile, por ejemplo, con su voluntarismo en destruir y dejar en ruinas todo lo que huela a sindicalismo o negociación colectiva. Adam Smith no era tan tarado como para no darse cuenta de lo obvio: en un régimen de libertad más o menos absoluta, los más poderosos iban a usar su poder para abusar de los más débiles. Algo que los neoliberales, o liberales como les gusta llamarse a sí mismos, olvidan con una facilidad suprema.

Hasta el momento, todo parece funcionar a favor de los liberales. Hemos argumentado que el Estado presenta problemas de agencia, y que la receta liberal de darle prioridad al libre mercado parece mejorar la economía. ¿Por qué diablos entonces insisto tanto en que esa visión está equivocada, cómo es posible que yo pueda ser tan obtuso en querer estrellarme de manera tan cerril en contra de la realidad? ¿Es que acaso soy un cretino incapaz de ver lo evidente? Para entender cómo es posible que yo defienda lo que defiendo, vamos a agregar otro elemento más: el paso del tiempo. Porque, ya lo decía más arriba, todo lo anterior responde a la realidad económica, política y social del siglo XVIII, que no es la misma del siglo XXI.

¿No os parece que el Estado ha estado coartándonos un poco demasiado últimamente, querida...? (fuente).
Entre la época de Adam Smith y la nuestra, en paralelo al Estado y al hormiguero de pequeñas hormigas que son los particulares, surgió una realidad adicional: las grandes corporaciones. Aprovechando justamente el ambiente de libertad empresarial, los particulares más aventajados, aquellos con más olfato, los más osados, etcétera, se lanzaron a una carrera desbocada por crecer y copar los mercados allí en donde pudieran. He aquí varias realidades posteriores a Adam Smith, que éste no llegó a ver: un Rockefeller que a finales del siglo XIX prácticamente monopolizó el petróleo en Estados Unidos hasta que el Estado lo obligó a disolverse en 1.911, una AT-T que prácticamente monopolizó las comunicaciones en Estados Unidos, una Sony que fabrica aparatos electrónicos que se compra estudios en Hollywood, una Disney que adquiere a la Fox por 52.000 millones de dólares, un mercado de búsquedas en Internet prácticamente monopolizado por la Gran G, una seguridad social privatizada en Chile en manos de poquísimas AFPs lucrando con los salarios de los trabajadores, farmacias en Chile que aprovechan su poder oligopólico para coludirse... Y esos son los casos que me acuerdo sin consultar fuentes. He ahí la paradoja del libre mercado: no ponerle alguna clase de restricción a la libre competencia acaba rematando que alguien crecerá tanto, que ahogará toda otra posible competencia.

Y se pone peor. La construcción de grandes corporaciones con cuotas significativas e incluso mayoritarias del mercado, les otorga un poder económico que pueden traducir fácilmente en poder político, financiando campañas electorales para que después los políticos, en una vuelta de mano, gobiernen para ellas. A esto se lo llama captura del Estado. Esa es la razón por la cual hoy en día existen, o se predica que deberían existir por lo menos, leyes exigentes respecto del financiamiento de campañas políticas, así como del lobby corporativo frente a las autoridades, para que por lo menos sepamos los ciudadanos quién financia a quién, y así transparentar un poco los intereses en juego.

O sea que en la actualidad, en las democracias occidentales por lo menos, el verdadero problema no es un conflicto entre el Estado y los particulares, como podía haberlo sido en el siglo XVIII. De pronto, el ejemplo del señorito y su mayordomo, clásico para explicar lo que es un problema de agencia, revienta porque ya no sirve para explicar la realidad actual. En la actualidad, el verdadero conflicto es entre las grandes corporaciones que han crecido hasta el punto de ser a veces más grandes que los mismísimos Estados, versus los particulares para quienes de pronto el juego del libre mercado se vuelve muy difícil e incluso imposible de ganar, porque las reglas están siendo fijadas de antemano. Es como si en un torneo de fútbol, los equipos más poderosos no sólo tuvieran libertad para arar el campo con los más débiles, sino que además, tuvieran tanto poder que pudieran comprar a los árbitros y cambiar las reglas de participación y conteo de goles, para su propio beneficio y alzarse ellos perennemente con la copa de oro, por supuesto.

"Todos tienen los mismos derechos". "Hay que recortar al Estado porque el Estado es ineficiente". "Son flojos que lo quieren todo gratis". "¿Por qué se quejan de la desigualdad si igual los trenes llegan a la hora...?".
Veamos ahora un poco de Teoría Política, para remachar todo esto. En términos jurídicos, y hablando en términos muy generales, se supone que para los particulares está permitido todo lo que no esté prohibido. En cambio, para el Estado es al revés, se supone que está prohibido todo lo que no está permitido. En una democracia con un relativo libre mercado, los particulares se benefician de la libertad, mientras que el Estado está constreñido por el principio de responsabilidad. Esto es teórico, por supuesto: sabemos que pedirle cuentas a las autoridades públicas es más fácil de decir que de hacer. Pero en teoría, al menos, el Estado está mucho más constreñido que los particulares a la hora de hacer cosas. En Chile, por ejemplo, para ponerle algún coto al poder de las autoridades del Estado, existen los tribunales de justicia, la Contraloría General de la República y el Tribunal Constitucional, por ejemplo, y lejos de ser serviles con el Estado, muchas veces han obrado como la garantía suprema en contra de éste. Así sucedió cuando en 2.017 intentaron pasar el decreto espía por el cual los proveedores de Internet debían conservar la información digital de sus clientes, y la Contraloría General de la República lo detuvo en seco y lo hizo morir antes de nacer. O sea, el Estado es más poderoso porque puede movilizar mayores recursos, pero al mismo, es más responsable de sus propios actos.

Sin embargo, esto no ocurre con las grandes corporaciones. Los grandes conglomerados económicos se benefician del mismo régimen de libertad que los particulares pequeños, las hormigas del hormiguero, pero además, pueden ejercer su libertad de manera abusiva porque simplemente tienen más poder para ello, ya que tienen tanto poder como el Estado e incluso más, porque pueden cooptar a sus funcionarios financiando campañas políticas... y además, desde un punto de vista jurídico, no se les exige ni de lejos el mismo nivel de responsabilidad que al Estado. O resumiendo: no tenemos un conflicto entre Estado omnipotente versus particulares desarmados, como pretenden los así llamados liberales de manera cerril, sino uno a tres bandas entre particulares pequeños libres y con un mínimo de responsabilidad, pero sin verdadero poder fáctico para usar su libertad, versus un Estado poderoso y capaz de movilizar muchos recursos, pero también con un grado bastante significativo de responsabilidad a la hora de usar su poder, y además, versus corporaciones incluso más poderosas que el Estado, pero a las cuales se les exige únicamente la responsabilidad propia de los particulares, lo que en la práctica significa que son casi irresponsables respecto de su propio poder. Dentro de este esquema, toda la crítica liberal en contra del Estado salta en pedazos, porque lejos de ser ineficiente, el Estado viene siendo la última barrera en contra de corporaciones con un poder de hecho tan amplio como antaño los monarcas absolutos. Una última barrera que sigue siendo imperfecta, susceptible a la corrupción, negligente, etcétera, por supuesto que sí, pero que es lo que hay, a falta de algo mejor.

Es por eso que el debate entre Estado versus iniciativa privada debería estar superado, porque se correspondía con la realidad social de las democracias occidentales durante los siglos XIX y XX, pero ya no en el siglo XXI. La realidad económica y social del siglo XXI es diferente a aquella en la cual surgieron las recetas liberales, y esas recetas liberales que funcionaron en el pasado, ya no funcionan hoy en día. El Estado cumplió este rol bastante bien a lo largo del siglo XX, y las críticas en contra de éste, calificándolo de ineficiente, en última instancia no responden a cuestiones de técnica económica, sino a un programa ideológico que sirve a determinados intereses que no son necesariamente los más convenientes para la sociedad e incluso el libre mercado, mirados como un todo. O bien, que defienden el individualismo inherente al liberalismo porque, muy en el fondo, se sienten gente admirable, lo que podrá ser un bálsamo para el ego, pero difícilmente ayuda a ver la realidad tal y como es.

Standard Oil a la conquista del mundo, en una caricatura de Joseph Ferdinand Keppler, publicada por la revista Puck en 1.904; modernos estos antiguos, ¿eh?

3 comentarios:

murinus2009 dijo...

Buena entrada Guillermo.

El problema, o problemas mas bien, respecto al problema Estado contra Empresa privada-individuo, aparte de los que tu mencionas, segun yo son que:

1.-Los gobernantes y cupulas del estado se han aliado con las grandes empresas y megaricos.
2.-El estado es el mayor inversionista e impulsor en grandes proyectos.
3.-El estado hasta el momento se reserva el monopolio de la fuerza legal.
4.-El riesgo de alzamientos sociales es mas escaso debido a muchos factores.

Los Gobernantes y cupulas del estado se han puesto de acuerdo con las grandes empresas y megaricos.

Esto lo hicieron para:
Hacer que los pobres y la clase media subsidien a los grandes capitales.
Esa es la definicion de lo que hace el Sistema de poder o neoliberal.
En Mexico por ejemplo muchos de los politicos mas poderosos e influyentes tienen amigos que son empresarios de los mas poderosos del mundo.
Muchos de esos empresarios son intocables pueden hacer casi lo que quieran y no hay modo de acotarlos.
Como la totalidad de los partidos de oposicion surgieron al cobijo del PRI, Partido Revolucionario Institucional (algo asi como el sindicato del crimen de la D.C.), tampoco hay garantia de que algun politico de oposicion vaya a ir en contra de ellos, un ejemplo 2 televisoras se reparten el 80% o mas del mercado.
Antiguamente el PRI, mas omenos cada sexenio, metia a la carcel a algun politico acusado de: enriquecimiento ilicito, entre otros cargos, para dar la impresion de que habia algo de justicia, despues los dejaban salir absueltos y hasta recuperaban su fortuna, la oposicion nunca hizo eso, que yo recuerde.
Se que en Peru incluso metirron a la carcel a algun expresidente, eso seria imposible en Mexico.

El Estado es el mayor inversionista en grandes proyectos.

Otra cosa interesante que casi nadie menciona es que en proyectos de gran envergadura el mayor inversionista es:
El Estado.
Ninguna empresa o grupo de empresas por muy poderosas que sean es capaz de por ejemplo impulsar proyectos como:
Aeropuertos
Carreteras
Puentes
Vias Ferreas
Puertos
Mega parques Industriales
Hidroelectricas.
Nucleoelectricas.
Esos proyectos que llegan a costar miles de millones si no millones de millones de dolares, algunos no dejaran las mejores ganancias sino hasta decadas despues, las empresas no tienen ese nivel de capacidad ni planeacion a largo plazo.
En proyectos asi, las grandes empresas lo que hacen es obtener partes del proyecto para realizarlas como contratistas.
Si se desapareciera el Estado y todo quedara a la iniciativa privada, Creo que el mundo seria como el medievo algunas ciudades aisladas sobreviviendo de lo que produjeran.
La infraestructura existente quedaria inservible en poco tiempo y nadie querria arriesgarse a emprender inversiones de tamaño colosal, por muy empresario que sea.

Continuara en el siguiente comentario.

murinus2009 dijo...

El Estado hasta el momento se reserva el monopolio de la fuerza legal.

En un pais, se dice, hubo una tirania el tirano tuvo que ser eliminado por un levantamiento armado del pueblo, tras ese problema ese pais decidio que lo mejor era mantener a todos los hombres entre 18 y 65 años como integrantes del ejercito, asi estarian obligados a estar siempre armados y listos para combatir cualquier amago de tirania y cualquier probable invasion.
Ese pais lo fueron a visitar algunos, padres fundadores, de una nacion que se rebelo contra el Imperio Britanico, un tal Estados Unidos, que copiaron la idea para su Segunada Enmienda.
El pais aquel se llama:
Suiza.

Algunos sostienen que la, Legitima Defensa, es la base de todo el Derecho, a lo largo de los siglos si alguien no puede defender su vida, no tiene sentido que pueda defender sus posesiones, creencias, derechos, etc, la fuerza del estado es un complemento cuando el individuo es sobrepasado por la amenaza.
El problema de este modelo es que el individuo esta obligado a enfrentarse a las amenazas a riesgo de su vida y esto incluye un gobierno despota, criminal o tirano.
Otros en cambio aseguran que el estado debe tener una fuerza siempre lista para enfrentar las amenazas y esta ponerse al servicio del individuo, asi el individuo no tiene por que pensar ni ocuparse en su legitima defensa, depende del estado; como un esclavo de un amo, un niño de sus padres.
El inconveniente es que si el estado decide, puede no proteger a alguien, o incluso eliminar a partes molestas de su propio pueblo.
Ejemplos:
Corea Del Norte.
Cuba.
Camboya.
La URSS
Ruanda, en 1994, cuando el estado no evito la muerte de 1 000 000 de tootsies.
China.
La Alemania Nazi.
En menor medida el Reino Unido y Australia controlan el acceso de armas y eso aumento los crimenes violentos, no mucho, en inglaterra de 1 a 2 asesinatos por cada 10 000 habitantes.

Hasta el momento no se de ninguna gran empresa transnacional, que tenga la capacidad de operar armamento a gran escala, salvo las empresas de mercenarios... o contratistas de seguridad:
-Blackwater, creo que ya se llama Triple Canopy.
-XE Services.
De transporte de valores
una internacional esta en Mexico:
-Brinks, compro la mexicana Panamericana
Grandes mafias:
-Rusa.
-Italiana.
-Mexicana.
Y algunos grupos insurgentes como el
-ISIS-Daesh o hezbollah.

Este monopolio de la fuerza legal, es una ventaja que tiene el estado sobre el individuo, quiza Su Mayor Ventaja y que dudo mucho la vaya a eliminar.
Algunos aseguran que llegado el momento de poco sirve pues el Estado igual se desmorona como le paso a la URSS.

El Riesgo de alzamientos es mas escaso debido a muchos factores.

Antes la gente estaba mas dispuesta a alzarse porque tenia poco o nada que perder.
Hoy dia tienen mas, aunque solo sean ilusiones, la gente se ha hecho adicta ademas del alcohol
-a las drogas duras
-al tabaco
-a los videojuegos
-a los smartphones
-Al Internet
-a la tv.
-Y a lo que se agregue
Asi que es poco probable que el estado vaya a modificarse para bien, en mucho tiempo, quiza decadas.

Al final creo que la clave es La zona Ricitos de Oro.

Un estado demasiado debil da lugar a que otros ocupen su lugar no de la mejor manera como:
-Señores de la guerra.
-desmembramiento del pais en varios.
-Anexion de partes del pais por otro mas fuerte.

Un estado muy fuerte puede volverse facilmente un despotismo que aplaste totalmente al individuo y sus derechos basicos como
Corea del Norte.
en menor manera
Cuba.
Venezuela.
Nicaragua.




Guillermo Ríos dijo...

En Chile han estallado varios escándalos de corrupción empresarial y política en los últimos diez años. No quiero señalar a culpables con el dedo porque soy un firme creyente del principio de la presunción de inocencia, pero cuando vemos que prácticamente todos esos escándalos acaban sancionados con multas irrisorias, e incluso con una condena a... clases de ética..., a menudo exonerándolos más por tecnicismos legales que por cuestiones de hecho, mientras que funcionarios de impuestos caminan de incógnito para meterle multas a los pequeños comerciantes que no entregan boleta por la compra de un kilo de pan y un paquete de mermelada, o agentes de la ley arrestan a peligrosísimos alborotadores del orden público como músicos callejeros o vendedores de empanadas fritas, pues, qué puedo decir, es casi como en la Edad Media, cuando existía una justicia para los caballeros y otra para la plebe. Debe ser un fenómeno generalizado para todo el democrático y meritocrático mundo occidental, me imagino.