miércoles, 21 de marzo de 2018

Los años de Chile (3) - La Conquista.

Una pequeña diferencia de opiniones entre españoles y mapuches sobre propiedad de bienes raíces, talla en madera por Rodolfo Gutiérrez (fuente).
En Septiembre de 1.541, a pocos meses de fundada la ciudad de Santiago de Chile, el ataque encabezado por Michimalonco en contra de dicho asentamiento estaba a punto de destruir el proyecto colonizador español. Pero esto no llegó a suceder. Cuenta la leyenda que Inés de Suárez, la amante de Pedro de Valdivia, no estando presente éste por haberse marchado de expedición, tomó por sí misma el mando, y ordenó la ejecución de siete jefes indígenas que eran mantenidos en calidad de cautivos. Luego, ella misma mostró las cabezas todavía sangrando por encima de la empalizada. Este gesto habría dado nuevos ánimos a los españoles, y desmoralizado a los indígenas. Mujer de armas tomar, que le llaman. Leyenda o realidad, lo cierto es que los españoles consiguieron rechazar a los atacantes, aunque a duras penas. Los españoles conservaron su asentamiento, aunque casi por completo destruido. Ironía suprema: el ataque fue un día 11 de Septiembre, y todos sabemos la significación que tal fecha adquiriría algunos siglos después para los chilenos... En cuanto a Michimalonco, derrotado, éste pasó algunos años escondido, hasta que se rindió a los españoles. Estos lo hicieron jefe auxiliar de tropas primero, pero, haciendo fe de la palabra del cronista Diego de Rosales, Michimalonco empezó a complotar de nuevo contra los españoles, por lo que uno de sus capitanes, Jerónimo de Alderete, acabó por darle muerte.

Pero volviendo a 1.541. Derrotado el ataque de Michimalonco, Pedro de Valdivia aprendió la lección. Tenía demasiados pocos hombres bajo su mando, y tampoco disponía de demasiados recursos. De manera que frenó la expansión. Recién en 1.544 se decidió a fundar otra ciudad, enviando a su subordinado Juan de Bohón para encontrar un asentamiento en donde fundar un puerto, y así abrir comunicaciones marítimas con el Perú. Este fundó la ciudad de La Serena. Se repitió la historia: los diaguitas de la zona atacaron la ciudad, y a diferencia del ataque contra Santiago, tuvieron éxito. La Serena fue arrasada por completo, a inicios de 1.549. Sin embargo, ese mismo año, una nueva expedición a cargo del capitán Francisco de Aguirre volvió a fundarla.

Sumada a la falta de hombres y recursos, la situación de Valdivia era precaria además porque su propia gente empezaba a revolverse en su contra, y a sus espaldas, enviaban correspondencia acusándolo con las autoridades del Perú. Valdivia recurrió entonces a una estratagema con la cual se fugó por sorpresa a Perú. Su objetivo era defenderse de las mencionadas acusaciones, buscar más hombres y recursos, y obtener confirmación de su dominio en la región de paso. En Perú se encontró con la guerra civil que mencionábamos más arriba, entre el recién llegado Pedro de la Gasca, enviado por la Corona para asumir el Virreinato, y Gonzalo Pizarro, hermano del ahora fallecido Francisco Pizarro. Valdivia apostó por el bando de de la Gasca y en contra del hermano de su antiguo protector, y le fue bien, porque de la Gasca venció. Cuando regresó a Chile, Valdivia venía mucho mejor preparado y armado.

Inés de Suárez defendiendo a Santiago de las hordas de Michimalonco. Por favor, no la piropeen, que eso es acoso heteropatriarcal...
Es el momento de mencionar que Pedro de Valdivia es la primera persona en escribir sobre Chile. Desde su llegada al territorio en 1.541, puso sus mayores esfuerzos en hacerle publicidad al mismo, para atraer hombres y conseguir recursos. Con tales fines, escribió al mismísimo Carlos I de España inclusive. En las cartas de relación, como se las conoce, Valdivia hace entusiastas descripciones del territorio chileno, de su clima, de su flora y fauna, de sus habitantes y de sus costumbres. Es difícil determinar cuánto hay de realidad y cuánto hay de exageración publicitaria en sus textos. Con todo, siendo el primer testimonio de un europeo acerca de sus observaciones en el territorio, las cartas de Valdivia son piezas irreemplazables para la historiografía posterior de Chile; entre todas ellas conforman un mosaico que a su vez es una descripción del país más o menos como era antes de la llegada de los españoles. Enfasis en el más o menos, por supuesto, porque como decíamos, entre la verdad y lo publicitario...

Lo anterior es tanto más importante por cuanto los españoles del siglo XVI fueron más bien parcos en dejar testimonio de Chile. Los hubo, y más adelante mencionaremos algunos. Jerónimo de Vivar o Alonso de Góngora Marmolejo, por ejemplo. Ya llegará el momento de referirse a ellos. Por su parte, Ercilla le dio un aliento mitológico a la gesta de hispanos y mapuches, en su poema épico La Araucana, de quién también hablaremos. Pero más allá de estos casos aislados, los escritores que dejaran testimonio de lo que iba siendo el devenir de Chile, fueron dejándose caer con cuentagotas durante la mayor parte de los siguientes dos siglos. Razón de más para atesorar como oro en paño, estos tempranos testimonios históricos acerca del territorio.

Habiendo regresado Valdivia a Chile desde el Perú con más hombres y recursos, empezó entonces a fundar más colonias en el territorio chileno. De particular importancia para la futura Historia de Chile resultaría la ciudad de Concepción, cerca de la frontera militar contra los mapuches, y por eso la mencionamos aquí. Allí en donde los españoles y los indígenas cruzaban armas, los primeros solían ganar, quizás no de manera avasalladora, pero sí al menos con la contundencia suficiente para seguir manteniéndose dueños del terreno. Pero los mapuches peleaban en su propio territorio, y en definitiva por su propia libertad, lo que le daba recursos y ánimos para seguir oponiéndose a los españoles.

Los inicios de una guerra fría que duró más de tres siglos.
A estas confrontaciones entre españoles y mapuches que comenzaban aquí, y que seguirían después entre chilenos y mapuches durante los siguientes tres siglos hasta la década de 1.880, se lo llama la Guerra de Arauco. Sin embargo, este nombre no es demasiado afortunado, y responde más bien a un intento de mitificar en retrospectiva el conflicto, transformándolo en la génesis heroica de la nacionalidad chilena. En realidad, las relaciones entre mapuches y españoles, si bien tensas y hostiles, en esos tres siglos tendían a limitarse más bien a incursiones aisladas de unos en territorios del otro. Los conflictos armados a gran escala fueron más bien pocos, aunque bastante serios cuando se produjeron. El resto del tiempo, mapuches y españoles comerciaban entre sí, o bien lisa y llanamente se ignoraban. La famosa Guerra de Arauco fue, entonces, más bien una Guerra Fría que otra cosa.

Los mapuches en sí, han sido sometidos a bastante mitificación. La visión respecto de ellos ha estado bastante influida por toda clase de prejuicios, tanto a favor como en contra. Los españoles en general aprendieron a respetarlos, aunque un tanto a regañadientes. Después, ya durante los tiempos de la Independencia, los patriotas reivindicaron a los mapuches como un símbolo de la resistencia contra la opresión española. Pero esto duró más bien poco. Durante el grueso del siglo XIX y buena parte del XX, se impuso una imagen desfavorable del mapuche, como un hombre flojo, desobediente y alcohólico. Por supuesto, esto va a tono con las ideas racistas de la época, según las cuales los europeos caucásicos occidentales eran lo más de lo más, y los nativos eran unos malagradecidos con aquellos tipos que se esforzaban por llevarles la civilización. Por supuesto, la imagen del mapuche como hombre flojo y alcohólico era ayudada por la escasa probabilidad de que los mapuches le pusieran mucho empeño a trabajar para los huincas (el hombre blanco), cuando por su cuenta vivían de lo más felices en su vida y cultura tradicionales. Ya se sabe, esa manía que tiene la gente conquistada de que no los traten como gente conquistada, faltaba más.

La imagen respecto de los mapuches empezó a modificarse con fuerza recién durante la segunda mitad del siglo XX. En esta labor resalta, muy en particular, los trabajos del historiador José Bengoa. A su vez, la institucionalidad ha dado algunos pasos tímidos para reconocer el elemento indígena chileno como una cultura aparte dentro del territorio, dándole un estatus más o menos oficial a sus idiomas, creando un régimen de propiedad especial para ellos, etcétera. Sin embargo, aún hoy en día, el racismo en contra del elemento indígena en la sociedad es una de las más desagradables y marcadas características de la nacionalidad chilena. En 2.018, el 52% de los chilenos cree no tener ancestros indígenas. Los resultados del proyecto ChileGenómico dicen otra cosa. En promedio, y en base al alelo "d" del sistema Rh, el aporte indígena a la actual sangre chilena está en el 41%, aunque varía de individuo a individuo, en particular por su estrato económico. En Santiago de Chile, sólo el estrato socioeconómico alto, el 5% de la población, carece de componente genético nuclear amerindio, lo que significa que el restante 95% tiene al menos algún ancestro indígena agazapado en su árbol genealógico. Si quieren más detalles, pueden consultar el libro El ADN de los chilenos y sus orígenes genéticos, que ya mencionábamos en un posteo anterior de esta serie, páginas 45 a 46.

Pura raza chilena con un 41% de aporte indígena al ADN, en base al alelo "d" del sistema Rh.
Por supuesto, el hecho de que se consolidara una frontera militar entre mapuches y españoles hizo maravillas por aumentar la distancia entre ambos grupos. Hubo una época en la cual se hablaba de frontera en términos casi similar a la Gran Muralla China o poco menos; hoy en día, historiadores como Sergio Villalobos prefieren hablar más bien de un área o región fronteriza, que de una frontera propiamente tal. Pero aún así, en el norte y bajo dominio español, los indígenas de raza pura fueron exterminados; los que sobrevivieron fueron los mestizos hijos de españoles e indios. Podemos hacernos una idea de esto examinando los datos del proyecto ChileGenómico: descontando la Región de Antofagasta, aquellas en donde hay menos de un 45% de dotación genética indígena son entre la Quinta y la Octava, excluyendo la Sexta por alguna razón... es decir, justo las regiones en las que primero se asentaron los españoles.

Y respecto de la expansión territorial. Los españoles pudieron cruzar el río Biobío y fundaron una serie de ciudades al sur del mismo, pero esto duró sólo hasta la gran rebelión de 1.602. Esas tierras permanecerían mapuches hasta el nuevo contraataque europeo, ya en el siglo XIX. Como resultado, el elemento indígena puro en Chile se disolvió. A diferencia de otras sociedades latinoamericanas en las cuales existe un pronunciado elemento indígena, en Chile lo que existe es una cultura de mestizaje más o menos homogéneo entre españoles e indígenas, más algunos núcleos conformados por inmigrantes europeos llegados en fechas más recientes, como italianos, alemanes, otomanos, croatas, etcétera. Todo lo cual ayudó a reforzar el clasismo racista que es una de las características más deleznables de lo que llamamos la chilenidad.

Afirmábamos que Pedro de Valdivia creyó consolidada su situación, y se abocó a fundar ciudades por todo el territorio. Una de ellas, la que lleva su nombre, o sea, Valdivia, en su minuto fue la ciudad más austral de todo el Imperio Español. Pero el conquistador estaba cometiendo un error fatal: se estaba confiando demasiado. Si hay una lección que la Historia enseña una y otra vez, desde Teutoburgo hasta Vietnam, es lo muy peligroso que resulta subestimar a los nativos. Pronto, un caudillo en el bando enemigo iba a aprovecharse de esto. En 1.546, entre varios otros prisioneros, los españoles habían capturado a un mozalbete llamado Leftraru; el mismo fue tomado por Pedro de Valdivia como su mozo personal. Parece ser que Leftraru era un chico obediente, pero despierto. Se ganó la confianza de Valdivia, y aprendió muchas cosas sobre los españoles. En 1.552, ya siendo un adolescente, Leftraru se fugó. Pronto, enseñó todo lo que sabía sobre los españoles, a los mapuches. Nunca entre los mapuches surgió ni volvería a surgir un líder como él. Nosotros lo conocemos más bien por su nombre castellanizado: Lautaro.

Lautaro, por Gonzalo Ordóñez Arias (Genzoman, fuente).
Si es por inteligencia y talento estratégico, no parece exagerado afirmar que Lautaro es uno de los más grandes líderes militares de la Historia. Muy en serio, no entiendo cómo Hollywood está tardando tanto en montarse una película al estilo Corazón valiente con sus aventuras, porque de haber material en su historia, lo hay. Lautaro entendió muy bien la superioridad militar de los españoles provistos de caballos, armaduras de metal y armas de fuego, pero también entendió sus puntos débiles. Diseñó nuevas armas y técnicas para combatirlos. Contra un español en armadura y a caballo, un mapuche semidesnudo y armado con una macana no era rival, pero ese mismo español cabalgando al paso en un bosque era blanco fijo para una emboscada bien montada. También entendió de manera más o menos intuitiva y a las mil maravillas la importancia del terreno, y siempre se las arregló para guiar a sus enemigos hacia lugares en los cuales él y los suyos tuvieran la ventaja militar.

Asimismo, introdujo una innovación mortífera en la organización de sus hombres: en vez de enviarlos todos a la vez contra los españoles, los dividió en escuadrones, de manera que enviaba a un batallón de los suyos, los dejaba peleando un rato, y luego los retiraba para que descansaran mientras el otro escuadrón tomaba su relevo. De esta manera, los soldados mapuches siempre estaban frescos y descansados, mientras que los españoles eran batidos por el puro agotamiento. Y todo eso, viniendo de un indígena de una cultura sin escritura, sin libros, y sin un gobierno centralizado. Descontando a Michimalonco, que estuvo a punto de abortar el dominio español en Chile mientras aún estaba en embrión, Lautaro fue el toqui que más cerca estuvo de expulsar a los españoles del territorio.

En Diciembre de 1.553, Pedro de Valdivia se encontraba en el fuerte de Tucapel. Aquella fue una Navidad infausta para los españoles, tanto que la incluimos en el legendario posteo de las Navidades de espanto acá en la Guillermocracia. Lautaro atacó por sorpresa. Lo que pasó ese día, no lo sabemos con certeza, simplemente porque ningún español sobrevivió; los únicos testimonios de ese día vienen de yanaconas, indios auxiliares de los españoles, que tampoco resultaron demasiado informativos. Según algunas versiones, Valdivia cayó en batalla; según otras, fue capturado, torturado y ejecutado por los mapuches. Como sea, aquello fue un golpe durísimo para el dominio español en Chile: sin su Gobernador General, el mismo se encontró repentinamente descabezado. Y era sólo el comienzo. Lautaro tenía bien en claro que los españoles seguirían enviando refuerzos en tanto siguieran existiendo sus ciudades, así es que se dispuso a atacarlas. Las escaramuzas fronterizas estaban a punto de transformarse en un conflicto a gran escala... Pero eso quedará para la próxima entrega de esta serie que hemos titulado Los años de Chile, aquí en la Guillermocracia.

Los últimos momentos de Pedro de Valdivia, según un grabado del siglo XIX. Porque contemporáneos que contaran el cuento, pues bien, cómo decirlo...

1 comentario:

Seanna dijo...

Vaya! Parece que el dominio español estuvo seriamente en peligro en algún momento. Por lo que sé de la historia de mi país, después de la conquista de Tenochtitlán el trabajo estaba casi hecho: los mayas ya no eran fuertes y organizados, y el resto de tribus no eran una amenaza seria para los españoles

Related Posts with Thumbnails