domingo, 11 de marzo de 2018

Dime cuántos años tienes y te diré que selfies te tomas.


Quién lo hubiera dicho. Hace algunos años atrás, era causal de vergüenza y oprobio, el que se deslizara alguna fotito comprometedora de alguna chica. Una señorita que se respetara a sí misma, no se dejaba tomar fotos provocativas jamás. Salvo que fuera Linda Evangelista, que no se levantaba de la cama por menos de 10.000 dólares al día. Hoy en día, en cambio, tenemos selfies de todos los tamaños, tipos, portes, grados de desnudez, y legalidad.

Y aquí es donde viene la parte sociológica del caso. La moda de las selfies comenzó más o menos a mediados de la década de 2.000, o sea, entre diez y quince años atrás, principalmente en un sitio primitivo de Internet llamado MySpace, quizás alguien lo recuerde. Aunque el verdadero boom comenzó con otro sitio primitivo de Internet llamado Fotolog, o al menos cuentan las leyendas de nuestros ancestros, que algún día dicho sitio existió. Pero faltaba algo más. El surgimiento de Facebook llevó a la gente a creer que ahora podían subir selfies destinadas sólo a los amigos, y que nadie más sabría. Sin embargo... ya sabemos cómo funciona: no falta el amigo de Facebook que se hace el amigo para conseguirse las fotos que no se ven en el perfil público, las copia, y después las sube a Tumblr. Y una vez subida una foto a Tumblr, ésta ya no desaparecerá sino hasta que el holocausto nuclear coloque a las cucarachas a cargo de la Tierra, y eso, supuesto de que las cucarachas postatómicas no terminen sintiendo deseos lujuriosos por las hembras humanas de la era anterior al hongo nuclear, y también reproduzcan las dichosas fotos ésas.

El punto de este largo discurso, es mostrar que ha pasado el tiempo suficiente como para llegar a la determinación de que podemos trazar cómo las selfies evolucionan. En diez años, las niñas se hacen adolescentes, las adolescentes se hacen mujeres, las mujeres se hacen MILFs, las MILFs se hacen GILFs, y las GILFs se hacen Coco. Y hemos podido comprobar cómo la etapa del ciclo vital de las mujeres influye en el tipo de selfie, hasta el punto que es posible trazar un retrato vital de ellas únicamente mirando la clase de fotos que se toman. Trazando a grandes rasgos, la cosa sería así:


1.- Las selfies de adolescencia.
  • En 2.018, ellas son... Las pertenecientes a la Generación Z.
En la adolescencia, existen dos grandes grupos de selfies. Una de ellas es la selfie en solitario. Usualmente son fotos con ropas provocativas, mezcladas con dos tipos de gesto: uno de ellos es la carita tierna y juguetona, tipo Lolita de Nabokov, que por supuesto es una carnada, porque de lo que se trata es de levantarse el ánimo obteniendo likes en vez de encontrar pareja. Es más, a estas chicas no les gusta tener pareja porque, en fin, eso significaría que alguien las verá en la intimidad, y ninguna chica en la intimidad se ve así de provocativa sin maquillaje. El otro tipo de cara es el gesto de labios fruncidos y a veces estreñidos hacia arriba, diciéndote a la cara el mucho asco que le da quien mira las fotos, a pesar de lo cual insisten en sacárselas, y no voy a hacer comentarios sobre... esto, aquí, para que no me agujereen a críticas.

El otro tipo de selfie adolescente es la selfie con las amiguis. En este caso puede que aplique lo anterior, o puede que simplemente veamos el modelo selfie de amiguis. Es decir, tres o cuatro chicas en ropa de verano, o en bikini, todas riéndose hasta hacer temer que se les puedan arrancar las agallas garganta afuera. Por supuesto, andando los años, esas chicas van a correr caminos separados, sea porque irán a estudiar a universidades distintas, obtendrán trabajos en ciudades distintas, o simplemente una se meterá con el novio o novia de la otra. En cualquier caso, incluso en este último a veces, porque el corazón femenino tiene razones que la razón no conoce, seguirán en contacto por Facebook y se darán likes y escribirán comentarios acerca de los buenos y viejos tiempos, etcétera. Lo que les hará falta, porque viene el inevitable declive que reseñaremos en los puntos siguientes.


2.- Las selfies de juventud.
  • En 2.018 ellas son... Las de la fase tardía de la Generación Y, e inicios de la Generación Z a según cuando establezcamos la fecha de corte.
De tanto querer ir de modernas, las chicas empiezan a parecerse a sus abuelitas. La mujer liberada de la Generación X no se comprometía en serio con una pareja sino hasta más o menos la treintena, porque antes había que experimentar, vivir el mundo, ser independiente, trabajar, tener el propio capital, etcétera, para sentar cabeza cuando el reloj biológico empieza a marcar más fuerte el paso. Las chicas de la Generación Y, en cambio, se lo toman a todo a toda prisa, de manera que toda esa fase de libertad y experimentación la viven en la adolescencia, y ya en la veintena están sentando cabeza y preparándose para vivir en pareja más o menos a los veinticinco; a los veintiuno, si están solteras, se quejan de que nunca van a encontrar a ese alguien especial en la vida... igual que sus abuelitas se quejaban de que se iban a quedar para vestir santos si a los dieciséis no tenían novio formal que las llevara al altar y las hiciera recostarse en la cama y pensar en Inglaterra.

Y por supuesto, esto significa una mutación en las selfies. Ahora, las mismas ya no son en solitario ni con las amigas, lo que es casi un signo de que se le está quedando atrás el tren. Ahora, la selfie es con el novio. Por alguna misteriosa y mágica razón, el novio de ahora sí es que es el novio para toda la vida, aunque después suceda que no lo era, después de todo. Porque en cuanto a esa mentalidad de los Y de que todo es para siempre hasta que deja de ser para siempre, no me pidan que la entienda. El caso es que, decía, ahora la selfie es con el novio. Esa selfie irá al perfil de Facebook, luciéndose con el orgullo propio de un policía mostrando su placa. Por supuesto, ahora las selfies ya no serán provocativas, porque ahora que cazaron al pajarón de turno, viene el factor redención: las fotos de chica salida han quedado atrás, para darle paso ahora a un poquito de mojigatería. Enfasis en el "un poquito": los likes, como el tabaco y el alcohol, "cualquier día los dejo, ya van a ver", pero eso es más fácil de decir que de hacer.

Se producirá también una sutil variación en las locaciones de las selfies. Por supuesto, las selfies en el baño tienden a desaparecer porque nadie quiere sugerir cosas antihigiénicas respecto de un romance. Se multiplican en cambio las selfies en vacaciones, para mostrar lo muy bien que se pasa con el novio de turno, aunque como decíamos en nuestro posteo Cinco mentiras cochinas de Facebook aquí en la Guillermocracia, si de verdad lo estás pasando bien, no lo andas publicitando porque estás demasiado ocupado pasándolo bien. La fiesta con los amigotes sigue siendo lugar propicio para las selfies, pero ahora ya no en actitud de estar media pasada con los tragos arriba de la mesa, sino más recatada, más formal, más señorial, más... como las bisabuelitas solían estarlo a esa edad. La historia es cíclica, ya lo ven, y de tanto ir de rupturistas por la vida, el ser humano termina involucionando de regreso al trilobite.


3.- Las selfies de las madres.
  • En 2.018 ellas son... Dependiendo del nivel socioeconómico, Generación X o Y temprana tratándose de gente linda, y Generación Y o incluso Z tratándose de barriobajeras.
Aquí es en donde las cosas se complican. Para entrar a la etapa de las selfies de madre hace falta primero, por supuesto... ser madre. Es decir, tener un bebé. Lo que puede suceder tan temprano como para que ni siquiera aparezca el novio y se salten por completo la segunda etapa, o que puede suceder... nunca, porque si la chica es del segmento más quisquilloso de la población femenina humana, entonces no habrá pareja que la aguante ni para un abordaje pirata, y ella terminará quedándose sola. También el nivel socioeconómico ayuda: si una chica proletaria se queda embarazada, y eso puede suceder incluso a los quince años, la etapa llegará dramáticamente pronto, mientras que si la chica es encumbrada, siempre habrá un médico amigo que la ingrese al hospital so pretexto de un misterioso y muy oportuno ataque de apendicitis. Las cosas, como son.

En cualquier caso, supuesto de que llegue el momento de la implantación de una masa parasitaria de células en el útero, las chicas entran de lleno a la nueva etapa de las selfies. Que tiene dos subetapas. Primero es la selfie del embarazo. Nuevamente vuelve la selfie en el baño, por alguna razón, aunque si hay pareja, entonces puede que la selfie sea en el living de la casa, con la pareja tomándola, lo que traiciona un poco la etimología de la palabra selfie, pero la coherencia no es una cualidad con la que nos hayamos encontrado a lo largo de este posteo. En los casos más atrevidos, la selfie será con bikini. La reacción masculina más natural será salir corriendo por patas de esas selfies, pero por supuesto, en nuestro discurso social no hay nada más bonito y hermoso que una madre, por lo que todos harán de tripas corazón y le dirán a la futura madre lo muy hermosa que se ve cargando a un futuro antropoide de la especie Homo Sapiens, aunque el padre sea Javier Bardem.

Luego viene la segunda subetapa, la más larga e insufrible: las selfies con las guaguas. Antiguamente, las mujeres debían curar la depresión postparto como mejor podían, y a veces, cuando no podían, la cosa remataba en infanticidio. Pero ahora, en la Era de las Selfies, las fotos acompañadas con el coro de likes y expresiones de lo hermosa que es la nueva criatura arrojada a las miserias de la existencia, ayudan sobremanera a mejorar el ego de la nueva madre. Y por supuesto, a lo largo de los años veremos y habremos de sufrir las selfies de la nueva y sonriente madre con su bebé, la nueva y sonriente madre con su guagua, la nueva y sonriente madre con su impúber, la nueva y sonriente madre con su colegial, la nueva y sonriente madre con su púber, la nueva y sonriente madre con su adolescente, la nueva y sonriente madre con su universitario, la nueva y sonriente madre con su graduado, la nueva y sonriente madre con su postdoctorado... ya me entienden el punto.

Por supuesto, aunque no es inevitable, en esta fase sí que puede aparecer la selfie de la libertad. Es decir, aquélla que la dama ahora MILF se toma después de una ruptura sentimental, en bikini, para mostrarle a todo el mundo que está buena, que todos la cubran a likes en Internet, levantarse un poquito el ánimo, y humillar al novio con un indirecto "miren lo que ahora ya no es de él". A veces con razón porque miren el tontorrón durazno, pero a veces sin ella porque arpías con piel de oveja, de haberlas las hay, y sólo el antiguo novio conoce sus aspectos más lovecraftianos. En cualquier caso, la fase de selfie de la libertad dura un poquito, hasta la siguiente relación sentimental, que suele llegar rápido si las fotos en bikini lo ameritan; en ese punto, esta fase se acaba y vuelven a imponerse la modestia y el recato. Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios, y al novio lo que es del novio.


4a.- Las selfies familiares.
  • En 2.018 ellas son... Las chicas de la Generación X.
A partir de ahora, tenemos dos posibles etapas número 4. La primera de ellas, es la que viene con la madre, si es el caso que ha llegado a formar familia, en vez de que su pareja la haya abandonado con el bebé porque la dama en cuestión era más aficionada a las selfies que a, ya saben... hacer verdadera vida de pareja. El caso es que en este caso, la selfie en cuanto selfie comienza a desaparecer del mapa. Por varias razones. En primer lugar, la selfie en cuanto escaparate para promocionar el producto, ha terminado por cumplir su objetivo, de manera que comienza a transformarse lentamente en superflua. Además, la lenta decadencia corporal comienza a golpear, producto del sedentarismo, las tensiones de la maternidad, y la autoindulgencia creciente en materia gastronómica que transforma abrazables cinturas cóncavas en tiernas ositas convexas. De manera que la selfie en sí comienza a desaparecer, en beneficio de lo que podríamos considerar como su sucedáneo, que son las fotos en asados y reuniones familiares, con botellas de bebidas espirituosas a la vista, grandes porciones de comida, etcétera. El extremo final de esta evolución es, ya llegada la ancianidad, y luego de años de degradación física y mental, la selfie en donde una señora con la cabeza más en otros planos astrales que en nuestra realidad, con la mirada extraviada y con las comisuras de los labios luchando porque no se deslice alguna gota de saliva hacia el exterior, debe resignarse a ser el objeto pasivo de una selfie que su hija o nieta se tome con ella, hija o nieta que por supuesto, con esto ha dado señales de que ha ingresado a esta fase en la que la abuelita ya está por salir, porque no hay selfies en el cementerio, señor Bond.


4b.- Las selfies sin familia.
  • En 2.018 ellas son... Las chicas de la Generación X.
Reza la mitología moderna que existe un subgénero de mujeres que son las cougar, las maduras e independientes que se comen al mundo entero, bien entrenadas en el gimnasio, plenas y seguras de su nueva y reencontrada sexualidad después de años de represión. Pero hasta donde sabemos, esa clase de chicas son tan míticas como el yeti o el monstruo del Lago Ness, que nadie las ha visto, pero todos conocen a alguien que sí, que existen, que tengo una foto, sale borrosa y todo, pero miren, ahí está, ¿ven?, no es un trucaje... En realidad, lo más habitual para las chicas que se han quedado sin pareja firme o sin familia, es devenir en profesionales independientes cuyo gran pasatiempo es echarse calorías en el cuerpo vía tomarse un cafecito con pastel, junto con las amigas que también se han quedado sin familia.

Nuevamente vale lo que decíamos más arriba, que alguien realmente feliz no se toma selfies para mostrar lo feliz que está, porque está demasiado ocupada siendo feliz. El escenario de la selfie en este caso es el café, porque ya no hay cuerpo para ir a la discoteca, o si es un bar, es uno de música tranquila y con tragos con sombrillita para mostrar que las chicas podrán tomar alcohol, pero toman alcohol con estilo, dejando atrás la etapa de tomar cervezas en antros universitarios de música ruidosa y baños sucios, que son para muertos de hambre sin lo que ellas tienen: poder económico. En este caso, la selfie tiene por objetivo claro mostrar que todavía están vigentes, que todavía pueden ser felices, que no tendrán familia pero tienen a sus amiguis para siempre. Por supuesto, las amigas suelen ser chicas tan sin pareja estable o sin familia como ellas, pero eso no importa: al menos se apoyan las unas a las otras porque un haz de paja es más difícil de quebrar que una pajilla solitaria al viento.

En este caso no vemos el lento y dramático proceso de descomposición que vemos en las selfies familiares, simplemente porque no hay una familia alrededor para documentar el proceso. De manera que no veremos la lenta y mórbida decadencia mental y corporal de estas chicas reflejadas en las selfies, sino que se desvanecerán en el aire poco a poco, hasta que llegue un día en que simplemente no sabrás nada más de ellas, dejando atrás su recuerdo. Un recuerdo que no es el de los días de gloria y esplendor, por supuesto, sino el de esa mediana edad con sus amigas, en plan Sex and the City pero con la mitad del glamour y el doble de sobrepeso. Pero un recuerdo más amable que... el otro posible y potencial recuerdo.

En este caso en particular, los hombres sabemos un poquito más. Lo suficiente como para que seamos más reacios a tomarnos selfies, en primer lugar. Que los hay, pero menos. No voy a entrar en el debate sobre quiénes son más sabios, si los hombres o las mujeres, porque queremos que la Guillermocracia siga siendo la Guillermocracia y no un territorio devastado a nivel holocausto postnuclear, pero en este punto en particular, los hombres sí que somos más sabios.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails