miércoles, 10 de enero de 2018

Hacia el corazón del colosalismo.


Hoy día, 10 de Enero de 2.018, el venerable Sitio de Ciencia Ficción cumple veintiún años en línea. Hubo una época en Chile, en que tal cantidad de años marcaba la mayoría de edad, y de hecho, la calificación cinematográfica incluía las películas para adultos como "Para Mayores de 21". En fin. El caso es que, merced a la amable invitación de Don Francisco José Súñer Iglesias, guardián del pórtico en el Sitio, es que participé en este aniversario 21 con un artículo titulado Siglo XXI: De bingos y wikis, acerca de qué tan acertada o no resultó la Ciencia Ficción del siglo XX en predecir el actual siglo XXI que nos aporrea y nos aporreará durante 81 años y fracción más. Y por lo pronto, porque los articulistas sobre Ciencia Ficción golpean dos veces, aprovecho de republicar el artículo Hacia el corazón del colosalismo, que fue mi colaboración para el anterior aniversario, el número veinte, del mencionado Sitio de Ciencia Ficción, en 2.017.

Incriminando a los primeros perpetradores de ciencia-ficción, los dos sospechosos más habituales son Julio Verne y Herbert George Wells. Sin que uno desmerezca al otro en su grandeza, lo cierto es que sus obras respectivas tienen hálitos distintos. Verne es aventura ante todo, con personajes arquetípicos metidos en prodigios de la técnica: grandes cohetes espaciales, grandes submarinos, grandes ciudades futuristas, etcétera. Wells en cambio, es reflexivo, y sus escenarios tienden a ser más bien minimalistas, incluso con un recurso tan extraordinario como una máquina del tiempo entre sus manos. Verne presenta tecnología; Wells presenta las consecuencias sociológicas del uso de dicha tecnología. En la fiesta de la Ciencia Ficción, Verne es el que llega repartiendo alegría y extroversión, y Wells es el que prefiere sentarse en su cómodo rincón, charlando con dos o tres contertulios e ignorando al resto.

En la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, los primeros pioneros del género buscaban lo colosal. En las obras de Jack Williamson o E. E. Doc Smith, lo importante era qué tan grande es la nave espacial, qué tan poderoso el imperio galáctico, qué tan amplia la galaxia que es el escenario de la gigantesca guerra espacial. Veinte años después, autores como Isaac Asimov usaban los mismos tópicos, pero de manera más comedida; en la Fundación de Asimov no es tan importante lo grande que sea su mundo ciudad de Trántor, sino cómo se administra, cuál es su sistema político, y cómo está en curso de decadencia que lo llevará a un derrumbe definitivo.


Existe una pronunciada tendencia en la Ciencia Ficción hacia el colosalismo. Mucho de la Ciencia Ficción gira en torno a qué tan faraónico va a ser lo siguiente que construyamos como especie humana. Las naves espaciales de la Ciencia Ficción no son los tarros de sardinas que eran las cápsulas Apolo de la realidad, sino enormes trastos de kilómetros de largo; las ciudades no son una colección de edificios de miserables cientos de pisos de altura, sino a veces mundos completos puestos bajo un único techo y con clima regulado; las armas no son simples dagas, pistolas o aviones, sino enormes cañones orbitales de cientos de kilómetros de diámetro, y tripulados por decenas o cientos de personal de mantenimiento.

Supongo que es natural. La tendencia de la especie humana ha sido ir siempre a lo más grande. Veinticinco siglos antes de la Era Común, la Pirámide de Keops eran el portento de los siglos; tiene su grandeza el haber apilado tantas piedras elefantiásicas en un mismo sitio, pero siguen siendo raquíticos 146 metros de altura en total. En 1.311, el récord le fue arrebatado por la Catedral de Lincoln y sus 160 metros; la antorcha fue pasada luego entre varios edificios religiosos, hasta que el civil Monumento a Washington con sus 169 metros tomó el relevo en 1.884. Todas esas cifras son una miseria frente a los 829 metros del Burj Khalifa en Dubai, casi un kilómetro en vertical, que al momento de escribir estas líneas y desde 2.007, ostenta el récord mundial. Considerando el historial, no es demasiado aventurado predecir que en algunos años más, se construirán edificios incluso más grandes. Todo depende de la capacidad tecnológica, por supuesto, pero no se trata sólo de funcionalidad: es también la exhibición, la demostración de poder económico, político y social que supone haber podido construir el edificio más grande de todos. La Historia de la Civilización es, en cierta medida, la historia de cuánto más grande se puede edificar.

Con los vehículos pasa también lo mismo. La tecnología punta para colonizar la Polinesia fueron las canoas y los catamaranes. Pronto, éstas dieron paso a las galeras, éstas a las carabelas, éstas a los galeones, éstos a los barcos a vapor, y éstos a los grandes trasatlánticos, acorazados y portaaviones.

Lo único que hace la Ciencia Ficción es extrapolar estas tendencias hacia el futuro. Si en el pasado conseguimos ir desde la choza hasta el rascacielos, quizás en un futuro consigamos ir desde el rascacielos hasta el ascensor orbital. Si en el pasado conseguimos ir desde la canoa hasta el portaaviones, quizás en el futuro consigamos ir desde el portaaviones hasta naves de dimensiones planetarias. Sólo la ciencia, los recursos y la inventiva son el límite.


Quizás la única rama de la ciencia-ficción verdaderamente exenta de colosalismo, sea el futuro postapocalíptico al estilo Mad Max. En este subgénero, lo único colosal es el desierto, o las ruinas de ciudades que después del holocausto, no hacen más que ser parte del paisaje. Aportando una prueba más de que el colosalismo parece inherente a la descripción de las civilizaciones futuras dentro del género.

Y sin embargo... hay una cierta tendencia paralela en la Ciencia Ficción, a aburrirse del colosalismo. Llega un escritor que plantea un escenario que resulta apabullante por lo grandioso del mismo. Y luego, pasada la novedad, viene la pregunta: ¿ahora qué? Una posibilidad es la fuga hacia adelante, el crear algo que sea lo mismo, pero más grande. La guerra de las galaxias de 1.977 presentaba la Estrella de la Muerte, y El despertar de la Fuerza en 2.015 presentaba una estación espacial con otro nombre, pero que funcionalmente era una Estrella de la Muerte multiplicada por mil. El propio E. E. Doc Smith pasó por lo mismo en el curso de su carrera, en su saga de los Hombres Lente, y como él, tantos otros creadores que dependieron de buscar el cada vez más grande para sorprender a su público.

La otra posibilidad es el preguntarse a dónde lleva el colosalismo, qué tanto cambiará nuestras vidas con esto. Primero fueron las naves espaciales gigantes, y luego vino la pregunta inevitable: ¿cómo sería vivir en una de esas naves? ¿Iríamos criogenizados? ¿Cómo nos afectaría la distorsión del espacio y tiempo? ¿Olvidaríamos nuestros orígenes si viajáramos en naves generacionales? Primero fueron las ciudades colosales, y luego vinieron las preguntas también inevitables: ¿sería una utopía o un infierno? ¿Habría progreso económico o sería una especie de feudalismo en versión urbana? ¿Viviríamos de manera homogénea o nos fraccionaríamos en tribus urbanas? ¿Cómo percibiríamos al mundo rural, lo percibiríamos en lo absoluto...? Y así.


Este fenómeno se hace todavía más pronunciado si comparamos a la Literatura con el Cine de ciencia Cicción. Usualmente se acusa al Cine de ser más superficial que la Literatura, en este ámbito por lo menos, pero tiende a olvidarse que esto es inevitable, dado el contexto. Las películas funcionan estimulando los sentidos, y dependen por tanto de los bonitos escenarios y efectos especiales; el Cine de ciencia-ficción ha sido así especialmente propenso al colosalismo. No en balde, varias películas en el origen del género, como De la Tierra a la Luna o Metrópolis, fueron colosalistas. Y después, el Cine de Ciencia Ficción no ha sido capaz de despegarse de esto, aunque se rueden películas en el género que son más intimistas, y casi sin efectos especiales; éstas suelen pasar desapercibidas en la taquilla.

En la Literatura, en cambio, en donde se usa más o menos la misma cantidad de palabras para describir algo grande que algo pequeño, y además el costo por palabra es mínimo, los escritores han podido alejarse un poco del colosalismo, y dedicarse a la reflexión sobre lo que dicho colosalismo significa. Es por eso que es más fácil figurarse lo que es vivir en un Imperio Galáctico leyendo a Asimov que viendo Star Wars, por ejemplo. Sin desmerecer, pero en Star Wars, un mundo ciudad como Coruscant sirve más o menos de escenario para las peripecias aventureras de unos caballeros armados con sables láser, mientras que en Asimov, un mundo ciudad como Trántor sirve como trasunto para interesantes reflexiones sociales, políticas e históricas. La escena de Robotech en que los zentraedi ponen sitio con millones de naves a la Tierra, toma dos capítulos, y suponemos que también el ingente despliegue de recursos que supone crear animación, mientras que a una escena similar en la Fundación de Asimov apenas se le dedica algunas líneas de descripción, porque el interés asimoviano está en otra parte. La Ciencia Ficción audiovisual es más esclava del colosalismo por su propia naturaleza de producción audiovisual, hecha para impactar los sentidos, mientras que la literaria puede darse el lujo de darle la vuelta y usarlo como una herramienta cualquiera más de la narrativa.

Así, pues, la Ciencia Ficción parece moverse en péndulo, en torno de estos dos extremos, la búsqueda de lo más grande por un lado, y el detenerse y parar a reflexionar sobre nuestro rol respecto de eso más grande, después. Lo colosal es una parte importante de la Ciencia Ficción, pero quedarse sólo en ello, es un reduccionismo inaceptable cuando entramos a hablar de este género.



1 comentario:

murinus2009 dijo...

¡Muchas felicidades! al Sitio de Ciencia Ficción por su aniversario XXI.

Deseo que tenga muchos mas, al menos otros 30 años como mínimo.

Un saludo a su Creador: Jose Francisco Suñer Iglesias, desde Cd. de México

Hasta donde se no hay otro espacio dedicado a la Ciencia Ficción en español tan completo como este y que ademas cuenta con uno de los mayores conocedores del Genero y están sus; Crónicas Ciencia Ficcionisticas, para probarlo:
Guillermo Ríos Alvarez
Creador de la Guillermocracia.

Ya es algo Colosal mantener El Sitio de Ciencia Ficción (o la Guillermocracia) en marcha en épocas en que miles de paginas son creadas y rápido abandonadas, o peor, mantenidas con pura basura, en una época en que el conocimiento es mas abundante, pero mas hecho a un lado que nunca, y en que los que saben como usar con provecho ese conocimiento son menos y menos.

Probablemente la obra mas Colosal sea Esa ¿Como hacer que la gente Apatica a los Grandes Avances de la Humanidad (Incompetentes Intencionales) comiencen a usar el pensamiento racional?

A veces ni la gente educada parece saber hacerlo.

Gracias por tantos años dedicados a la Ciencia Ficción, Maestros: Francisco Jose Suñer Iglesias y Guillermo Ríos Alvarez.

Nos veremos a lo largo de este año y hasta el 2019 para el aniversario XXII.

Related Posts with Thumbnails