domingo, 14 de enero de 2018

Frankenstein o el Prometeo bicentenario.

Los Monstruos de laboratorio abandonados por su Creador y que se lanzan a una racha de truculentos homicidios, también lloran.
Ahora en Enero de 1.818, se cumple el bicentenario de la publicación de una de las novelas más influyentes de todos los tiempos: Frankenstein o el moderno Prometeo. Conocida a lo amigo como Frankenstein a secas, como sabemos. Resulta interesante observar que no abundan las gentes que en verdad se ha sentado a leerla, considerando la enorme presencia que tiene el Monstruo de Frankenstein en nuestra cultura popular; es más seguro que el grueso del público, cuando piense en el personaje, lo haga filtrado por las adaptaciones fílmicas, de las cuales se han sucedido un generoso número de ellas, desde las mortalmente serias hasta las parodias desmadradas. Además, hay quienes piensan que Frankenstein o el moderno Prometeo sería la primera novela de Ciencia Ficción, o al menos, la que marcó el sendero de manera clara hacia el futuro, hacia nuevas obras que introdujeran la ciencia de lleno como elemento narrativo.

Recapitulemos un poco. Estamos a finales del período de la Historia Inglesa conocido como la Regencia. La era de Jane Austen y por ende, de los personajes tipo Orgullo y prejuicio, para que nos entendamos; doña Austen de hecho murió en 1.817, con apenas cuarenta y un años de edad. Es un período histórico muy peculiar. Mientras el continente se desangraba con Revoluciones Francesas e Imperios Napoleónicos, y aunque Inglaterra estuvo envuelta en cuanta coalición se montó contra el Corso, el propio territorio inglés vivió en relativa paz. Pero este ambiente de estabilidad social se veía desafiado por los vientos de cambio que preludiaban el alba de una nueva era: el Romanticismo. Algo que la mencionada Austen parodia de manera brillante en su novela Sensatez y sentimientos, con dos hermanas, una que es chapada a la antigua y con la cabeza bien amueblada, versus otra que es un torbellino de pasiones, que representa esa punta de lanza romántica de la que hablábamos. Mencionamos todo esto para darle contexto social a Mary Shelley, una dama dos décadas más joven que Jane Austen, tiempo éste suficiente para un cambio generacional en que la Shelley ya es una chica del Romanticismo. Y Mary Shelley es, por supuesto, quien escribió Frankenstein o el moderno Prometeo.

Mary Wollstonecraft Godwin, nacida en 1.797, era hija de Mary Wollstonecraft, una escritora que fue también una temprana adalid de lo que hoy en día llamamos el Feminismo. Desgraciadamente, después de alumbrar a su hija, Mary Wollstonecraft se agarró una infección puerperal que la llevó a la tumba. William Godwin, padre de Mary, era un tipo de ideas más o menos liberales, pero no tanto como su ahora difunta señora. Las relaciones entre el padre viudo y la hija huérfana fueron siempre complicadas: por un lado, Mary Wollstonecraft había muerto por darla a luz, pero por el otro, la pequeña Mary era en cierto sentido el sustituto de su madre. Una de las interpretaciones clásicas de la relación entre el doctor Frankenstein y el Monstruo, en la novela de Mary Shelley, es leerla como una especie de exorcismo respecto de una serie de temas no resueltos de la propia escritora con su padre.

Siendo ya una jovencita, Mary entabló una tórrida relación con el poeta Percy Bysshe Shelley, de quien más tarde tomaría el apellido. Problema: Percy Shelley era casado. Escándalo mayúsculo, porque es de la Regencia que hablamos. Pero él era un poeta romántico, y ella había recibido una educación bastante más liberal que el uso de su época, así es que a ambos, la crítica social les traía al pairo. Incluso, la de su padre, que de pronto, al ver los pasos en que andaba su hijita, bruscamente le entró el conservador al cuerpo, lo que fue motivo de más problemas. Resultado: fuga de los dos amantes, suicidio de la esposa legítima del poeta, y subsiguiente matrimonio de Percy Shelley con Mary, ahora Mary Shelley. William Godwin había criado a su hija para que sobresaliera en dotes intelectuales, y ahora, con Percy Shelley al lado, Mary Shelley le daría lugar a una carrera literaria no especialmente prolífica, pero sí bastante contundente. Por desgracia, de la misma sólo es popular actualmente Frankenstein o el moderno Prometeo, y eso, por las adaptaciones fílmicas más que por otra razón.

Mary Shelley, la mamá del Monstruo.
En 1.816 ocurrió un evento trascendental: la llamada reunión de la Villa Diodati. Esta era una finca en Suiza, en donde encontraron refugio Percy Shelley y Mary Shelley, y también su compinche, el poeta romántico Lord Byron, con su amante y su médico personal. Los amigotes se dedicaron a hacer vida social, conversando de lo divino y lo humano sin mayor ton ni son: desde las tormentas y los rayos, hasta la relación entre la electricidad y los seres vivos, entonces de moda por los experimentos del doctor italiano Luigi Galvani, el descubridor de los reflejos galvánicos. Como buenos románticos, también conversaron sobre fantasmas. E hicieron una apuesta: cada uno escribiría su propio relato de lo que hoy en día llamamos horror gótico. Sólo dos cumplieron. Uno de ellos fue el doctor Polidori, el médico de cabecera de Lord Byron, que un poco a manera de tomadura de pelo respecto de su cliente, lo caricaturizó en un relato corto llamado El vampiro, y con ello, de manera inadvertida, le dio forma al género de la literatura vampírica tal y como lo conocemos actualmente, aunque el relato mismo no sea particularmente memorable en sí. El otro relato es, por supuesto, Frankenstein o el moderno Prometeo.

Para el lector moderno no familiarizado con el material de base, la novela se abre de una manera desconcertante: con el relato de una expedición con rumbo a la conquista del Polo Norte. Allí, el capitán se encuentra con un misterioso personaje vagando solitario en el hielo. Cuando es interrogado, el vagabundo declara llamarse Victor Frankenstein, y se encuentra en persecución de una misteriosa criatura. Posiblemente, esta narración enmarcada pretende darle algo de verosimiltud a una premisa, la de crear vida por métodos científicos, que podía ser un poquito demasiado para los lectores de ese tiempo. Además, nos da un vislumbre del posible final de la historia, y con eso, excita la curiosidad del lector: ¿quiénes son este misterioso Victor Frankenstein y la aún más misteriosa criatura, cómo fue que llegaron al Polo Norte, por qué están persiguiéndose el uno al otro...?

La novela se abre entonces a una narración enmarcada, que ocupa el grueso del libro, y en donde Victor Frankenstein refiere en primera persona la historia de su vida. Victor Frankenstein es un prototipo de personaje romántico, casi un héroe byroniano: sobresaliente en cualidades intelectuales, así como en su aspecto pasional, ególatra, impulsivo, y no demasiado preocupado por las consecuencias morales de sus actos. Casi un héroe de shōnen, para que nos entendamos. Un poco por entusiasmo científico, y un bastante por egolatría, resuelve descifrar el misterio de la vida, y para eso, se aboca a la misión de usar la ciencia moderna para resucitar a un muerto. Hora de desmontar un mito: Mary Shelley, con muy buen tacto, so pretexto de que nadie repita el experimento, nos ahorra los detalles de los mismos, y así evita describir una ciencia que podría ser inverosímil o ridícula, o bien quedarse obsoleta. ¿Esas bonitas máquinas y aparatos de las películas de Frankenstein? Inventos para el cine y la televisión, para que se luzca el departamento de efectos especiales, eso es.

Cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad. Victor Frankenstein en efecto le da vida a un ser. Pero contemplándolo, parece prácticamente un muerto viviente, cosa que muy en el fondo, en realidad es. Y hace lo que todo padre sensible y responsable, cuando tiene un hijito adoptado que le sale un poquito defectuoso: lo deja abandonado para que se muera. Campeón de los derechos de los discapacitados, el hombre. Sin embargo, el Monstruo tiene el mal gusto de no morirse. Por el contrario, se las arregla para sobrevivir, pero debido a su aspecto monstruoso, debe esconderse de los hombres.

Un hijo demandando a su padre la pensión de alimentos.
Hora de desmontar otro mito: eso de que el Monstruo mata porque le han injertado el cerebro de un asesino, es otra invención del cine. En la novela, el Monstruo parte como alguien esencialmente benigno, pero el rechazo sistemático de los seres humanos lo vuelve cruel y amargado. Además, desmontamos otro mito del cine aquí, el Monstruo no es una bestia bruta sino un ser muy sensible e inteligente, que aprende su lugar en el mundo escuchando a escondidas cómo a un ciego le leen versos de El paraíso perdido, de John Milton. La Criatura se identifica entonces con Satán, el ángel rebelde, lo que es un guiño muy romántico por parte de Shelley. Finalmente, el Monstruo decide ir a la caza del padre que lo ha creado y abandonado, al igual que Satán fue creado y luego arrojado lejos por su Padre Dios. Abriéndose la temporada de lo bueno: muertes sangrientas a tutiplén, porque es una historia de horror gótico, sobre lo que hablamos aquí.

Llegamos aquí al corazón de lo que ha hecho tan perdurable el mito de Frankenstein. Estamos en efecto ante una versión científica de la vieja leyenda de la rebelión de la criatura en contra del Creador. Igual que Adán contra Dios, los titanes contra Zeus y los Olímpicos, etcétera, el Monstruo cuestiona la autoridad y el orden divino, y es llamada al castigo por ello. Traducida al castellano, esta novela deja de lado un detalle importante que es muy revelador en el original inglés: el Monstruo se dirige a Victor Frankenstein no como "You" ("") sino como "Thou". Esta es una versión arcaica del pronombre "You", un poco como "vos" en castellano, pero en inglés, "Thou" y sus derivados "Thy" ("tu" de "tuyo") y "Thine" ("tuyo") se usan principamente para dirigirse a Dios. Por ejemplo: "Thou art God" ("Tú eres Dios"), "Thy Will be Done" ("Tu Voluntad sea hecha"), "For thine is the Kingdom" ("Porque tuyo es el Reino"). O sea, guiño de la novela aquí, el Monstruo se dirige a Victor Frankenstein de la misma manera en que el hablante del idioma inglés se dirige al Creador. El subtexto es más que claro.

La novela ha sido leída también como una parábola contra la ciencia, o al menos, contra el uso desbocado de la misma. Todos conocemos esa vena paranoica que recorre mucho de nuestra cultura moderna, en que si dejamos las manos libres a los científicos, será el fin de la sociedad y el mundo. El Monstruo de Frankenstein es así la personificación del terror a la ciencia: "¡Miren la clase de monstruos que nacen, si es que dejamos a los científicos manosear el orden natural de las cosas!". A esto, Isaac Asimov lo llamaba "el complejo de Frankenstein", directamente. Hoy en día, el complejo de Frankenstein lo vemos repartido un poco aquí y allá, y en todas partes. En el cliché actual de los zombis generados por un virus escapado de laboratorio, que leídos de esta manera, parecen caricaturas si no del Monstruo de Frankenstein, por lo menos de la percepción popular sobre éste. O en los dinosaurios de Parque Jurásico, o en Skynet la supercomputadora de la franquicia de Terminator, y otros robots que traerán sobre nosotros el apocalipsis robótico.

Angeles ayer, extraterr... perdón, robots en rebelión contra la Humanidad hoy.
Decíamos que Mary Shelley escribió algunos otros libros más, no demasiados, pero de bastante enjundia: es una lástima que Frankenstein o el moderno Prometeo los haya opacado a todos. Matilda es una novela realista más en la vena de Jane Austen, aunque con un argumento pasional que ya es Romanticismo en pleno. En esta novela, Shelley reincide sobre un tema tratado de manera metafórica en Frankenstein o el moderno Prometeo: la tempestuosa relación de la joven Matilda con su padre, que adquiere incluso tintes incestuosos. También, por si fuera poco, en 1.826 publicó El último hombre, que puede ser considerada como la primera novela postapocalíptica en el sentido moderno del término, ya que describe a un grupo de personajes en el futuro, tratando de sobrevivir al colapso de la sociedad industrial de la época shelleyana. Por desgracia, el resto de la vida de Mary Shelley se vio trufado por la tragedia. Dos de sus hijos no sobrevivieron, y luego, su propio marido Percy Bysshe Shelley, pereció ahogado. Mary Shelley falleció finalmente en 1.851, aquejada por un cáncer, con apenas cincuenta y cuatro años de edad.

Por supuesto, ya lo decíamos, y los lectores ya lo sabían de antemano en cualquier caso, el Monstruo resultó ser enormemente popular, y nunca ha abandonado realmente la escena. Ya en 1.823 se estrenó una obra teatral basada en la novela, hoy en día olvidada, pero que fue muy popular durante cerca de un siglo. Y la debemos mencionar porque la misma introdujo cambios al mito que acabaron fijados hasta un punto tal, que muchos lectores leen actualmente la novela original y se encuentran con algo muy diferente a lo que esperaban. En la obra teatral, el Monstruo es una criatura bruta y sin líneas de diálogo, y además, aparece como personaje nuevo, un asistente de laboratorio que en adelante se transformará en inseparable respecto del resto de la mitología frankensteiniana.

Hubo algunas versiones del personaje en el cine mudo, pero fue con el cine sonoro que vinieron las dos adaptaciones que consolidaron al personaje en la conciencia popular: Frankenstein de 1.931, y su secuela La novia de Frankenstein de 1.935, ambas dirigidas por James Whale, y con Boris Karloff como la versión más reconocible en lo estético del personaje: un cabeza plana de pelo corto, que tiene un clavo en el cuello. Resulta interesante observar que la primera película sigue la caracterización del Monstruo como un enorme bruto, siguiendo la obra teatral, y además, le da espacio al departamento de efectos especiales con una secuencia de creación, que como decíamos, en la novela original se omite. Además de consolidar al Monstruo como personaje popular, esta película es buena desde un punto de vista narrativo... pero en cuanto a adaptar la novela original, de ella toma poco más que el título y los personajes, y paremos de contar.

Está vivo... ¡¡¡ESTÁ VIVO!!!
Si Frankenstein de 1.931 es interesante, La novia de Frankenstein es incluso mejor. El título y el argumento hacen referencia, de hecho, a una subtrama que ocupa la segunda mitad de la novela original. Además, el Monstruo desarrolla más personalidad y se humaniza, convirtiéndose en un antihéroe trágico, mucho más en línea con la novela de Mary Shelley. La película usa una narración enmarcada en donde la propia Mary Shelley refiere la historia a un grupo de niños, lo que da ocasión a un guiño muy interesante, porque la actriz Elsa Lanchester le da vida tanto a Mary Shelley como a la mencionada Novia de Frankenstein, lo que crea muy interesantes lecturas e interconexiones entre lo que suponemos es la realidad y la ficción, exactamente como la lectura de la novela original de Mary Shelley se enriquece mucho luego de conocer la biografía de su autora.

Por cierto, por si no lo habían notado. Suele existir una falsa percepción de que Frankenstein es el nombre del Monstruo y no de su creador. Sin embargo, en la novela original, el Monstruo permanece sin nombre, o bien es llamado Adán, aunque se deja bien en claro que es más un código para referirse a él de algún modo, que un nombre propiamente tal; esto por supuesto le da un carácter todavía más monstruoso, porque es una otredad tan grande y fuera de las leyes naturales, que ni siquiera se merece un nombre propio. En cambio, el título de esta película alude directamente a un monstruo pero de sexo femenino, que es llamado la Novia de Frankenstein en vez de la Novia del Monstruo, lo que habría sido más correcto; se deja caer así que el nombre le pertenece al Monstruo y no al Creador del mismo. El título completo de la novela original, Frankenstein o el moderno Prometeo, debería ser una pista: en la Mitología Grecorromana, Prometeo es quien le entrega la chispa vital al ser humano, no la criatura o el monstruo que recibe ésta.

Con esto, creo que agotamos lo básico sobre el personaje y el moderno mito frankensteiniano, porque meterse en la enorme cantidad de adaptaciones, mutaciones, parodias e influencias sería un poco demasiado. Además, ya mencionamos su rol en la evolución de la Ciencia Ficción, en el tercer capítulo de las Crónicas CienciaFiccionísticas, así como en ¿Cuál es la primera obra de Ciencia Ficción?, aquí en la Guillermocracia. Pero no quiero dejar a un lado la película Frankenstein, dirigida por Kenneth Brannagh en 1.994. La misma presenta algunas desviaciones muy significativas respecto de la novela original, pero a rasgos generales, es la adaptación audiovisual más respetuosa con la novela original, tanto en letra como con en espíritu, al menos entre las que se cuentan dentro de mi conocimiento. De manera que si no han leído la novela original, ya están perdiendo el tiempo, pero si quieren una versión un poquito más resumida, y no contaminada en exceso con los inventos del cine y la televisión, esta adaptación es un excelente punto de partida.

A Hollywood se le están acabando las ideas.

2 comentarios:

Martín dijo...

Muy buen análisis de la novela, aunque yo añadiría un detallito que puede incomodar algo al lector actual: es una novela epistolar, y aunque pronto pasa a narrar las aventuras del doctor, más de uno puede asustarse al ver que la obra empieza con cartas...

murinus2009 dijo...

Compre el libro hace...20 años y... no lo he leido.

Esta Reseña que haces Guillermo, en verdad es la mas completa que he visto de la Obra, tanto Frankenstein, como de la Obra completa de Mary Shelley, yo solo conocia el dato de la novela tipo post-apocaliptico, que tu aclaras es:
El Ultimo Hombre.

Ignoraba tambien el dato de que la otra Obra que se creo en aquella reunion de escritores fue:
El vampiro, de John Polidori

Algo tenia entendido de que la pelicula de Keneth Branagh es la mejor aproximacion a la Novela De Shelley.

Tampoco he visto La cinta donde sale Boris Karlof, ni su secuela (¿secuelas?).

Recuerdo que quiza en 1989 pasaron una adaptacion por tv. abierta de Frankenstein, se veia peculiar, parecia hecha a 30 cuadros por segundo, los actores se movian mas rapido y la produccion se veia televisiva, no la pude ver completa por quedarme dormido.

Gran aporte el que haces de la criatura como ser sensible e inteligente, esto no se respeta en la cinta de Branagh, ahi, De Niro,el monstro,(o parte de el; el craneo), es un delincuente ejecutado.
Alguna vez escuche su nombre el de la criatura pero yo lo escuche como: Ariel, tu aclaras que es Adán.

Notable tambien el analisis que haces de la Version en Ingles y el cambio de, Tu-You, por Vos(¿usted?)-Thou, algo sabia, pero no tenia idea de que asi se le hablara en Viejo inglés ¿o aun hoy? a Dios, eso no creo que nadie mas vaya a analizarlo.

Dejas muchas obras basadas en Frankenstein para apreciar Guillermo.
aparte del libro me falta:
-Frankenstein de los 30s.
-La Novia de Frankenstein, que no tenia idea de lo buena que es.
La Novela de Shelley:
-El Ultimo Hombre.

Buen aporte el que hace @Martin, no sabia que Frankenstein era novela epistolar, las cartas aparecen poco en los relatos, las recuerdo en obras de Verne y de Lovecraft.

Reitero Gran Reseña, la mas completa sobre el Frankenstein de Mary Shelley, que conozco hasta el momento, Guillermo.

Gracias y hasta pronto.

Related Posts with Thumbnails