miércoles, 24 de enero de 2018

Bastión Esperanza - "Guerra de exterminio".


Algunas horas atrás, la conversación entre Rantel y Sandrine había derivado en una cruda exposición de los planes y motivos de los arzawe en contra de la Humanidad. Lo suficientemente cruda como para que el Presidente Kulkov y algunos otros dignatarios fueran llamados a toda prisa. Rantel parecía dispuesto a conferenciar, y había que aprovechar eso.

En el intertanto, habían permitido a Sandrine seguir conversando con Rantel, siempre bajo vigilancia, pero ahora no bajo una pauta determinada. El Comandante Luca no lo había permitido en primera instancia, pero luego el profesor Higgins sugirió que era buena idea ver cuánto podía Sandrine sonsacarle a Rantel por conductos no oficiales, y con el poder blando de los sentimientos. El Comandante Luca bufó de rabia, pero los argumentos del profesor parecían convincentes, y de todas maneras, era bueno mantener al prisionero ocupado para que no planeara nada raro en el intertanto.

Así es como Sandrine y Rantel mantenían ahora una conversación.

– Hay algo que todavía no entiendo, Rantel. Ustedes los arzawe nos desprecian, consideran que somos… poco evolucionados o algo así. ¿Por qué entonces nos estás ayudando?

Rantel sonrió.

– Explico: Yo soy algo especial, Sandrine. Detallo: Los arzawe funcionamos un poco como las hormigas y las abejas, como un colectivo, como ustedes con las menterminales, pero con feromonas en el ambiente que anulan casi por completo la individualidad. Abundo: Nosotros nos sacrificamos como las hormigas por su hormiguero, o las abejas por su colmena, ya que no sabemos lo que es la individualidad. Añado: Algunos de nosotros tenemos una individualidad más marcada porque hemos sido creados así, yo y quienes somos como yo, somos lo que ustedes llamarían “abogados del diablo”, y nuestra misión es encontrar todas las fallas y defectos en los planes del colectivo.

– O sea, tienes la individualidad suficiente como para traicionar a los arzawe. Porque… si nos ayudas… Estarías traicionando a tu propia gente, a tu propia raza.

– Explico: Me gustó mucho eso de los robots. Observo: Los humanos mantienen una distancia respecto de sus robots, los usan pero no se fusionan realmente con ellos a la manera en que nosotros lo hacemos con nuestros zánganos. Teorizo: Todas las especies viven en una constante tensión entre los impulsos individuales y la sumisión a un colectivo, y nosotros los arzawe encontramos una respuesta, el anular casi por completo la individualidad, mientras que ustedes los humanos encontraron otra, el entregar todos los aspectos de procesamiento colectivo de información a las computadoras y robots, mientras que ustedes mismos mantienen su individualidad. Observo: Eso produce resultados muy interesantes.

– ¿Y eso es lo que te llama la atención, Rantel? – preguntó Sandrine, vagamente inquieta. De pronto, se le cruzó la idea de que ella no era realmente importante para Rantel, sólo lo era por los robots que ella era capaz de diseñar y controlar… y esa idea resultó hiriente para ella, de algún modo.

– Replico: Eso me llama la atención, porque hace necesario entre los humanos algo que entre los arzawe no, algo para lo cual ustedes usan la palabra… “romance”… “enamoramiento”…

Sandrine bajó levemente la cabeza, mientras sentía que sus mejillas se entibiaban un poquito.

– Pregunto: ¿Esas mejillas rojas son una reacción emocional humana propia de una mujer que está dispuesta a iniciar un romance o enamoramiento con un hombre?

Sandrine miró a Rantel con violencia, se dispuso a responderle algo hiriente, las palabras se le atoraron en la garganta, hipó dos o tres inhalaciones brevísimas, y luego consiguió hablar, aunque entre dientes:

– Se ve que eres un alienígena porque no tienes idea de las costumbres humanas, Rantel.

– Declaro: Me gustaría aprender un poco de las costumbres humanas contigo, Sandrine.

Sandrine suspiró, mientras su ira se evaporaba como por ensalmo, y sus ojos se humedecían un resto.

– ¿Estás de nuestro lado, Rantel? ¿Puedo confiar en que nos vas a ayudar, aunque eso signifique volverte en contra de tu propia raza?

Rantel pensó su respuesta un minuto. Luego habló.

– Explico: Aunque la Humanidad consiguiera sobrevivir a la guerra contra los arzawe, aún así, deberá prepararse para luchar después contra el Polígono, que es un enemigo mucho más difícil y peligroso. Especulo: Aunque la Humanidad favorece el individualismo y por lo tanto manifiesta ciertas peligrosas tendencias a las querellas fraticidas, aún así poseen una creatividad y una capacidad de adaptación que los arzawe parecemos haber perdido hace mucho. Calculo: Es posible que aunque más primitivos, con menos recursos y menos extendidos a través del universo, los humanos a la larga tengan mejores posibilidades que los arzawe para resistir y combatir al Polígono.

Sandrine asintió con la cabeza, aunque sin entender demasiado bien qué estaba aprobando.

– Añado: No debes confundirte Sandrine, porque ambas guerras, la de los arzawe contra los humanos, y la que viene del Polígono contra lo que sobreviva de los arzawe o los humanos, son guerras de exterminio. Explico: No hay ninguna posibilidad de pactar con el enemigo. Añado: Los únicos finales son la victoria absoluta de la Humanidad, o que ésta sea borrada por completo del universo.

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Era la reunión clave, y se había congregado lo más selecto de los altos mandos políticos, civiles y militares de Esperanza. Estaban presentes el Presidente Kulkov y el Comandante Luca, y también el profesor Higgins y Flora Nair, más sus respectivos asistentes. En algún minuto se planteó la posibilidad de que Alba, como la persona encargada de manejar a la nave espacial Ganímedes, así como Escalante, como piloto del Golem Mayor, estuvieran presentes, pero el Comandante Luca se rehusó a ello: aún no estaban claras las lealtades de Rantel, y por lo tanto, no era bueno discutir esa parte de la estrategia militar de Esperanza durante la reunión.

– Buenas tardes, Rantel, yo soy el Presidente Grigori Kulkov, y soy la máxima autoridad del planeta Esperanza – dijo el susodicho, presentándose. – Según me informan, usted está dispuesto a defeccionar del bando enemigo, y pasar a colaborar con nosotros.

– Respondo: Así es – dijo Rantel.

El Presidente Kulkov iba a decir algo, pero el Comandante Luca fue más rápido.

– La cuestión es muy sencilla para mí. No sabemos si de verdad ha defeccionado a nuestro bando, o si por el contrario, está tratando de llevarnos hacia una trampa.

– Defiendo: He ayudado a Sandrine con las matemáticas necesarias para entender el funcionamiento de la nave espacial Ganímedes, le he enseñado los rudimentos de las matemáticas hexadecadimensionales.

– Bien, asumamos entonces que usted está de nuestro lado, y digo esto sólo de manera teórica, porque no es que me confíe del todo – dijo el Comandante Luca. – ¿Cuál sería, según usted, la manera de derrotar a los arzawe?

– Respondo: Meter a la mayor cantidad de gente posible en naves espaciales, dispersarlos, y hacerlos viajar por el universo para salvar lo que se pueda de la población de Esperanza.

– Eso no va a ser necesario – dijo el Comandante Luca, con autoindulgencia. – Nuestra nave espacial Ganímedes los ha mantenido de lo más bien a raya a ustedes los arzawe.

– Respondo: Nosotros poseemos la tecnología y los medios para reducir a Ganímedes a cenizas, dejarla convertida en chatarra en el espacio exterior. Añado: No lo hemos hecho por una razón diferente.

– ¿Y cuál sería esa razón, Rantel? – preguntó el Presidente Kulkov, tomando la palabra al observar la irritación del Comandante Luca ante la respuesta del alienígena, y temiendo que alguna salida de éste arruinara la conversación por completo.

– Relato: Cuando nuestros ancestros fueron secuestrados desde la Tierra, lo hicimos en calidad de prisioneros para ser objeto de estudio, pero conseguimos escalar posiciones, aprender cosas de nuestros captores, y conservar lo suficiente de iniciativa individual para derrocarlos y convertirnos en lo que ahora somos, o sea, los arzawe. Refiero: Iniciamos un camino lento pero constante de avances científicos, hasta que dimos con una inesperada nueva fuente energética, una que podíamos obtener abriendo portales hacia un universo paralelo, el universo hexadecadimensional. Prosigo: Eso tuvo el desafortunado efecto de ponernos en la mira de invasores procedentes desde ese universo hexadecadimensional, que es el Polígono. Explico: El corazón del problema es que no podemos usar tecnología hexadecadimensional para defendernos del Polígono porque ellos son capaces de leer la energía hexadecadimensional. Añado: Nosotros podríamos haber exterminado a la Humanidad en un solo golpe, y si no lo hicimos, no es por falta de poder, sino porque eso habría llamado la atención del Polígono, y no podemos permitirnos ese lujo.

– ¿Y qué tiene que ver toda esa perorata racista con Ganímedes? – preguntó el Comandante Luca.

– Explico: Ganímedes es capaz de luchar contra los arzawe porque ustedes los humanos la construyeron usando tecnología y conocimientos matemáticos robados a los arzawe, lo que incluye el manejo de la energía hexadecadimensional. Detallo: Cada vez que ustedes usan a Ganímedes a plena capacidad, están dejando un rastro hexadecadimensional que el Polígono puede eventualmente leer, lo que significa que mientras más usen a Ganímedes, y con más poder, mayor es la probabilidad de que el Polígono se nos venga encima y nos extermine a todos.

– El Polígono… El Polígono… ¡Cuentos de vieja! – bufó el Comandante Luca. – Lo que pasa es que ustedes los arzawe están asustados, les dimos una paliza, les volamos su famosa base en la Luna Mayor, y ahora ya no tienen con qué responder.

– Respondo: ¿Han vigilado la Luna Menor últimamente?

– ¿Qué hay en la Luna Menor? – preguntó el Profesor Higgins, con cautela.

– Respondo: Los arzawe están construyendo una nueva base en el interior de la Luna Menor, a una profundidad incluso mayor que la base de la Luna Mayor, por lo que un disparo directo de Ganímedes no puede alcanzarla, o al menos, no uno que no pueda usar energía hexadecadimensional. Añado: En el interior de esa base arzawe está creciendo una nueva flota de naves, iguales a las que iniciaron la invasión en contra de Esperanza hace algún tiempo atrás. Detallo: Ahora ya no serán veinticuatro, sino algo más de setecientas, las que están creciendo en ese lugar, porque los arzawe se convencieron de que subestimaron a los humanos de Esperanza, y de que la existencia de Ganímedes es un obstáculo, y por lo tanto, se impone una invasión a gran escala que acabe con todo el problema de inmediato.

Se impuso un pesado silencio en la audiencia.

– Setecientas naves – suspiró el profesor Higgins.

– ¿Es eso posible, profesor? – preguntó el Comandante Luca. – ¿Construir esas setecientas naves?

– Teóricamente, sí – respondió el profesor Higgins, con un tono de voz algo ominoso.

– Resumo: Si defienden a Esperanza destruyendo la base de la Luna Menor, gastarán tanta energía hexadecadimensional que el Polígono descubrirá de manera inequívoca la existencia de una civilización hexadecadimensional embrionaria en esta parte de la galaxia, y se aparecerán de inmediato para exterminarnos por completo a todos, pero si no destruyen de inmediato la base de la Luna Menor, una flota de más de setecientas naves arzawe, cada una con poder de fuego suficiente para arrasar por si sola una ciudad completa de las cinco que todavía restan en Esperanza, despegará y aniquilará todo lo que queda de su civilización humana en este planeta. Concluyo: La civilización humana en Esperanza está condenada… salvo que los humanos decidan emigrar y dispersarse, salvando lo que puedan, como única opción frente al exterminio completo y absoluto.

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A kilómetros de profundidad bajo la Luna Menor, en el interior de enormes vainas con venas palpitando lenta y acompasadamente por el flujo de líquidos biológicos, poco a poco crecían los embriones de las futuras naves espaciales arzawe. Al mismo tiempo, varios zánganos arzawe excavaban túneles para instalarse en puntos estratégicos a mitad de camino entre la base arzawe y la superficie de la Luna Menor; cuando las naves estuvieran completamente maduras y reventaran las vainas, dichos zánganos explotarían, abriendo un boquete hacia la superficie, a través del cual emergería la flota de 720 naves de guerra arzawe, lista para abalanzarse sobre el planeta Esperanza y exterminar hasta el último ser humano viviente, iniciando así la colonización arzawe del mundo que posiblemente vivía sus últimos días bajo el dominio de los colonos humanos…

つづく

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