miércoles, 17 de enero de 2018

Bastión Esperanza - "El hombre de Rant".


Alba sonreía levemente, con ternura, mientras Numerio estaba quieto en su lugar, en una esquina del laboratorio, ajeno al trabajo del resto de la gente. En realidad no estaba de ocioso: vía menterminal, Numerio estaba repasando muchas cosas. Alba reparaba en que todo el asunto de Millaray había pasado momentáneamente al olvido. Y eso era bueno. Ya tendrían tiempo ambos para reconciliarse.

Todo esto, bajo la atenta mirada de Jaana Särkkä, y de Goswami, quienes, fieles a su trabajo como agentes del ESIE, no dejaban de vigilar a Alba ni a sol ni a sombra.

En ese minuto, se abrió una ventana en la menterminal. Era Lincopán.

– ¿Qué pasa, Ayelén? – preguntó Alba.

En palabras breves y precisas, como militar que era, e ignorando si Numerio había conversado algo de la situación con Alba, Lincopán le relató lo sucedido entre el chico y Millaray.

– Me traje a Numerio al laboratorio, para distraerlo un rato. Supongo que eso servirá – dijo Alba. Y luego, tratando de no sonar petulante, añadió: – Quizás no sea para tanto, Ayelén. Los niños son así. Se pelean y se reconcilian. Lo que sea que haya pasado, lo resolverán, estoy segura de eso.

– Conozco a mi hermanita, Alba – replicó Lincopán, algo molesta. – Nunca la había visto tan afectada. Lo que le dijo Numerio, le dolió mucho. Sé que Numerio te respeta mucho, Alba, y por eso te pido que me eches una mano con esto. Es importante. Para mí, por lo menos, lo es. Es mi hermanita, ¿sabes?

– No quise… decir que no fuera importante – respondió Alba, vacilante. – Perdóname, no quise…

– Está bien – respondió Lincopán. – Sé que Numerio no es así. No sé qué le sucedió para tratar así a mi hermanita, pero si hay alguien que puede llegar al fondo de esto, ésa eres tú. Así es que… te pido…

Mientras tanto, a mucha distancia del planeta Esperanza, a kilómetros de profundidad en la Luna Menor, Warma lee nítidamente en la mente de Numerio. Para ella, es una sorpresa que Numerio esté tratando de desentrañar el origen de los arzawe. ¿Acaso los humanos no lo saben ya? ¿Cómo es posible que una especie tan inepta e ignorante, le dé tanta guerra a los arzawe? Los humanos son un acertijo, una caja de sorpresas. Los humanos son un juego muy interesante para jugar…

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– No funciona – dijo Numerio.

– Tranquilo – dijo Alba, acariciándole la cabeza al chico. Luego, sonriendo con ternura, añadió: – Así es la vida de nosotros, los científicos. Debemos equivocarnos cincuenta veces para acertar una. Pero cuando acertamos… Eso es lo mejor del mundo. Ya verás que sí… Así es que, sin decepcionarse, ¿eh?

– Gracias, Alba – dijo Numerio, sonriendo. Y luego añadió: – Creía que los arzawe eran hebreos.

– ¿Hebreos?

– Sí… ¿No te parece raro que los arzawe, siendo alienígenas, sean humanoides? ¿Que nuestros patógenos y los de ellos sean tan compatibles como para contagiarnos enfermedades? ¿Que nuestros códigos genéticos se parezcan tanto? ¡Es imposible tanta coincidencia, Alba! Ellos tienen que ser humanos… de algún modo…

– Sí, Numerio, yo sospechaba lo mismo, pero… ¿hebreos? ¿Por qué hebreos?

– Pensé… Bueno… La terminación “-el”, en los nombres hebreos, significa Dios. Rafael, Miguel, Manuel… Pensé que Rantel podía ser algo con el planeta Rant, y con Dios. Pero… bueno, traté de hacer calzar las grabaciones del idioma de Rantel con algo que pasara por hebreo… Y no es hebreo.

– No es hebreo, o el programa traductor que usaste es muy malo – soltó Alba, sonriendo ligeramente. – Vamos, está bien. Hiciste tu esfuerzo, eso es todo.

– Supongo – dijo Numerio. – Mira todo lo que trabajé…

Vía menterminal, Alba contempló los archivos computacionales que Numerio había estado procesando con la mente. Textos, algoritmos, tablas históricas, genealogías, mapas…

– ¿Qué es eso, Numerio?

– ¿Eso? Es un mapa del Medio Oriente en la época de los hebreos… Bueno, un poco antes. ¿Por qué?

– Mira eso.

Era en efecto un mapa del Medio Oriente, poco antes de que los hebreos empezaran su carrera hasta la consolidación de la monarquía de Saúl, David y Salomón. Eran visibles el Imperio Egipcio, el Imperio Hitita, los asirios al este… y entre los topónimos, medio escondido, podía leerse: Arzawa.

– No lo había visto… – dijo Numerio.

Vía menterminal, tanto Numerio como Alba abrieron las referencias enciclopédicas en torno a Arzawa. Se trataba de un antiguo territorio de Anatolia, que había sido vasallo del Imperio Hitita poco antes de la destrucción del mismo.

– Parece que tenías razón, Numerio – dijo Alba. – ¡Diste con la clave para descifrar el idioma arzawe! Los arzawe sí que derivan del mundo antiguo. Pero no de los hebreos, sino de los hititas.

– ¡Aquí está! – dijo Numerio. – ¡Mira esto!

Uno de los monarcas hititas se llamaba Hattusil. Varios de ellos, en realidad. El nombre significaba “El hombre de Hattusas”. La capital del Imperio Hitita era la ciudad de Hattusas.

– En el idioma de los hititas, la terminación “-il” se refiere a un hombre. Supongamos que el idioma cambió, y “hombre” pasó a ser “-el”… – dijo Numerio. – ¡Entonces Rantel no es un nombre hebreo, sino que significa “El hombre de Rant” en hitita! Por eso no podía descifrar el idioma de los arzawe a partir del hebreo. El hebreo es semita, mientras que los hititas hablaban indoeuropeo…

– ¿Qué cosa? – preguntó repentinamente Jaana Särkkä, quien se había mantenido al margen de la conversación porque esa clase de temas la aburrían mortalmente. Pero esto era diferente: poder comunicarse con los arzawe podía tener repercusiones para la seguridad de todo el planeta Esperanza.

Numerio, ante la intervención de Jaana Särkkä, se echó hacia atrás. Pero Alba se adelantó.

– Parece ser que los arzawe descienden de un grupo de seres humanos que, posiblemente, fueron secuestrados por alienígenas en el pasado de la Tierra – explicó Alba con dulzura. – Tiene sentido que fueran secuestrados del Medio Oriente, porque era la región más civilizada del planeta en ese entonces. Algunos de ellos, o todos, venían de una región llamada Arzawa. Por eso los arzawe se llaman de esa manera a sí mismos.

– ¡Ridículo! – bufó Jaana Särkkä con desprecio. – ¡Eso fue hace cuánto! ¿Tres mil años atrás? ¿Cómo se las arreglaron para seguir hablando el mismo idioma durante tanto tiempo?

– Puede ser… si los humanos secuestrados mantuvieron su cultura como… algo religioso – dijo Numerio, con timidez ante la prepotencia de la agente del ESIE.

Jaana Särkkä se quedó pensando por un instante. En realidad, ella no entendía demasiado de temas científicos o históricos; lo suyo era más bien usar las patadas o las armas de fuego para infligir dolor. Pero si Numerio tenía razón… Ella miró de reojo a Goswami, quien no parecía entender mucho más sobre el asunto, pero parecía fascinado con la idea de que los arzawe fueran descendientes de humanos secuestrados en la Antigüedad.

– Entonces qué esperan – dijo finalmente Jaana Särkkä. – ¡A reportar esto! Si tienen razón, entonces tenemos una carta de triunfo definitiva entre las manos para ganar esta guerra.

El cuarteto salió de la habitación en que se encontraban, para entrevistarse con los altos mandos científicos y militares que estaban relacionados con el cuidado y vigilancia de Rantel. Si tenían razón, entonces sería posible, por fin, hablar de tú a tú con Rantel, en su propio idioma.

Pero Alba se sentía inquieta. Si ésa era la solución del misterio respecto de los arzawe, entonces eso resolvía un problema sólo para abrir otro. Suponiendo que, en efecto, en la Antigüedad hubo humanos secuestrados por una raza alienígena, y esos humanos fueron los ancestros de los arzawe, entonces, ¿cómo se las arreglaron esos antiguos humanos para vencer a sus secuestradores y transformarse en la potencia imperial galáctica que eran ahora? Y lo más inquietante, ¿cabía considerar a los arzawe todavía como seres humanos, o acaso ya ni eran, ni podían serlo…?

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Después de trabajar más de un día ajustando los algoritmos para hacer funcionar un traductor universal, y asumiendo que el idioma nativo de Rantel estuviera emparentado con el antiguo idioma de los hititas, finalmente los técnicos en Lingüística hicieron la prueba definitiva. Debido a que Rantel parecía haber desarrollado buenas migas con Sandrine, a ella le encargaron iniciar la conversación cara a cara.

– Rantel… Esto es un aparato que me permite hablar contigo en tu propio idioma. ¿Puedes entenderme? – preguntó Sandrine, dubitativa.

– Respondo: Puedo entenderte, Sandrine. ¿Me puedes entender tú a mí? – dijo Rantel, con neutralidad.

– Creo que sí… – dijo Sandrine, mientras la dureza y frialdad de su temperamento se resquebrajaba un poquito. Luego añadió, para centrarse un poco: – Creo que sí puedo entenderte.

– Declaro: Me gustan mucho tus robots, Sandrine – respondió Rantel. – ¿Sería posible que construyéramos e hiciéramos funcionar uno, juntos los dos?

Los ojos de Sandrine se humedecieron, y un leve espectro de sonrisa asomó a sus labios.

En otra habitación, los técnicos que monitoreaban la situación estallaron en vítores, mientras el Comandante Luca asentía con la cabeza, y el profesor Higgins sonreía.

– El condenado chico tenía toda la condenada razón del condenado mundo – dijo el Comandante Luca. Y luego, vía menterminal, ordenó a Sandrine preguntarle a Rantel sobre el origen de los arzawe, y si de verdad tenían una conexión con la Tierra de la Antigüedad.

– Declaro: Me sorprende que no lo supieran, ya que yo pensaba que esos hechos estaban en sus registros históricos – dijo Rantel. – Explico: Nosotros vivíamos en un lugar llamado Arzawa, fuimos secuestrados por alienígenas, y entramos en relaciones con ellos. Detallo: La raza alienígena precursora, se había especializado en integrar material genético de otras especies, asimilándolas, e hizo lo mismo con nuestros ancestros.

– ¿Y qué pasó con esa raza precursora? – preguntó Sandrine.

– Relato: Ellos ya no existen porque los masacramos a todos, luego de que aprendimos a usar sus trucos genéticos, pero no perdimos del todo nuestra individualidad, sino que conformamos un colectivo con una individualidad disminuida, mezclando lo mejor de esos alienígenas y de nosotros los humanos. Nosotros somos en cierto modo humanos que hemos evolucionado más allá de la Humanidad.

– Si los arzawe son humanos, ¿por qué quienes exterminarnos a nosotros, que también lo somos?

– Explico: Los arzawe ya no somos humanos, sino que hemos evolucionado, y somos superiores. Los arzawe consideramos que hemos obtenido todo lo que podía obtenerse de la Humanidad, y por lo tanto, lo único que les resta a los humanos es ser completamente exterminados, a fin de que sus planetas puedan ser ocupados por nosotros los arzawe sin interferencias de ningún tipo.

– ¿No hay entonces la posibilidad de firmar la paz con los arzawe? ¿Esta guerra nunca terminará?

– Explico: Los arzawe ya no tenemos tiempo. Detallo: Existe un universo paralelo al nuestro, el universo hexadecadimensional, desde el cual ha emergido una nueva potencia galáctica, a quienes llamamos el Polígono. Todos los planetas antes controlados por los arzawe han sido conquistados uno a uno por el Polígono. Concluyo: Es necesario que la Humanidad sea completamente exterminada en todos y cada uno de los mundos que han colonizado, a fin de que los arzawe puedan crear un espacio vital desde el cual puedan oponer una resistencia efectiva en contra del Polígono, y así evitar su propio exterminio. La Humanidad debe ser exterminada para que los arzawe puedan sobrevivir.

つづく

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