domingo, 7 de enero de 2018

2.017: Los nuevos cauces del mundo.

"¿Y? ¿Está usted contento con este año futurista de 2.017?".
De manera tradicional, no hemos sido muy dados acá en la Guillermocracia a publicar esos posteos de evaluación acerca de cómo ha sido año anterior, que suelen verse rondando el Año Nuevo en otros lugares. La verdad, el tema se me hace un poco monótono. De partida, hay algo de artificialidad en agrupar los días por años. Eso tenía más sentido cuando el grueso de la Humanidad estaba compuesto por agricultores, y por lo tanto, el ciclo anual condicionaba la vida de todos los Homo sapiens, pero hoy en día, en que más de la mitad de la civilización humana vive en ciudades, y del resto, cada vez menos se dedican a los cultivos porque la mecanización ha permitido liberar manos del agro, lo mismo podríamos vivir en ciclos de 365 días que de 300 o 400. Las deudas, de hecho, se pagan en ciclos mucho más breves, de 30, 60 o 90 días. Y en segunda, son más bien pocos los años que podríamos calificar de rupturistas. 2.016 parece haberlo sido, en cierto sentido. ¿El resto? Quizás no tanto.

Pero vale la pena echarle un breve vistazo a lo que fue y nos dejó el 2.017, porque es el año en que vimos las secuelas de 2.016. Nos preguntábamos en su día si 2.016 fue el año en que cambió el mundo. Si lo fue, entonces 2.017 debería ser el año en que ese río conocido como Historia de la Humanidad debería haber encontrado un nuevo cauce, por el cual estaríamos circulando en este 2.018 ahora comenzando.

De manera nada sorprendente, es más bien poco lo que cambió en estos últimos 365 días. En 2.016 aconteció el Brexit, y salió elegido Donald Trump como Presidente de Estados Unidos, pero en 2.017, todos esos cambios que le dejaron la cara pintada a todo el mundo, pasaron a ser parte del paisaje de fondo, e incluso en el caso de Trump, adquirieron una cierta dimensión folclórica. Si el resto de la Presidencia de Trump sigue como hasta ahora, o sea, si no le encajan un impeachment por dedicarse al pussygrabbing, entonces la Historia lo recordará en esa galería de tipos pintorescos estilo Bill Clinton, un tanto insufribles en su día, pero divertidos de recordar cuando ya no se los debe soportar.

Este relativo conservadurismo de 2.017 alcanzó ribetes de ridículo en Chile. En Noviembre se celebraron elecciones presidenciales, y en Diciembre, la segunda vuelta de las mismas. Resultado: Sebastián Piñera es el nuevo Presidente de Chile. Lo que significa que en los dieciséis años y cuatro períodos presidenciales desde 2.006 hasta 2.022, y en un país que prohibe la reelección directa, habrán gobernado dos Presidentes en vez de cuatro, y éstos dos, de manera alternada. Valga como aclaración, las elecciones en Chile son a finales del año electoral, y la asunción del mando, a inicios del siguiente: o sea, Piñera fue elegido Presidente a finales de 2.017, pero asumirá ahora a comienzos de 2.018.

"Señor Piñera, mi contendor político, parece que debo entregarle el mando a Ud., en vez de a mi delfín... por segunda vez en la Historia de Chile. Sí que la sé hacer en política, ¿verdad...?".
Desgranemos esto como otra prueba de que Chile, muy en el fondo, tiene alma de república bananera. En 2.005 los votantes eligen a Michelle Bachelet, y le dan cuatro años más a la Concertación, que ya venía agotándose después de gobernar sin interrupción desde 1.990. Hasta ahí, bien: es una opción cívica tan respetable (o tan poco respetable) como cualquiera otra. En 2.009, Sebastián Piñera juega la carta del "ya es suficiente con lo mismo" y gana la elección presidencial, el primer Gobierno de derecha desde cierto Capitán General de cinco estrellas, de infausta memoria. OK: sigue siendo una opción cívica tan respetable (o tan poco respetable) como cualquiera otra. De manera que Piñera salvó al país del Bacheletismo, pero ahora, ¿quién salvará a Chile de Piñera? En 2.013, la primera elección con inscripción automática y voto voluntario, los votantes que le habían pedido a Piñera salvarlos de Bachelet, ahora le pidieron a Bachelet que los salvara de Piñera que los había salvado de ella misma. Es un poco esquizofrénico, pero bueno, de los arrepentidos es el Reino de los Cielos.

Y luego, en 2.017, ¿qué hace la ciudadanía? Le pide a Sebastián Piñera que los salve de Michelle Bachelet, a quien le habían pedido que los salvara de Sebastián Piñera en 2.013, a quien le habían pedido que los salvara de Michelle Bachelet en 2.009... Vale si no hubieran corrido más opciones que Piñera y Alejandro Guillier, el candidato del Bacheletismo, pero es que aparte de ellos iban otras siete opciones, nueve candidatos en total, así es que si era por hacer de la defenestración costumbre, platos había en el menú para servirse una cena distinta. Por supuesto, nada digo sobre qué tendencia política tenga méritos mayores o menores, más allá de citar las palabras del inmortal filósofo amarillo: "Y a mí qué me dices, yo voté por Kodos"...

Y ahora, en medio de tanto conservadurismo, la nota rupturista. Literalmente: quieren romper a España. El movimiento independentista catalán, que hasta el momento parecía más bien una especie de gigantesca broma dentro de la política interna española, cobró seriedad suficiente como para amenazar el mismísimo mapa político internacional. El último Estado en ejercer su derecho a la autodeterminación y sumarse al cortejo planetario fue Sudán del Sur, en 2.010, pero ahora podría venir otro más: Cataluña. Que en 2.017 celebró un plebiscito, sentándose en la institucionalidad española, como no podía ser de otro modo si la idea era independizarse de ella, justamente, igual como lo hicieron ese peligroso grupo de sediciosos conocidos como el Congreso Continental, en las Trece Colonias de 1.776. Y las autoridades catalanas declararon la independencia. Sólo que un poquito con la boca chueca, un tanto por si pasa. La reacción española fue la esperable, dadas las circunstancias: represión a mansalva. Apoyada por una comunidad internacional que en realidad tampoco mira con mucha simpatía eso de una Cataluña independiente, porque no vaya a ser que otros se entusiasmen y vengan después una Escocia independiente, una California independiente, una Araucanía independiente, o una Sealand independiente, a dónde iremos a parar. A este paso, hasta la Guillermocracia acabará por ser un país de facto en vez de como ahora, que se limita al mundo virtual.

En lo personal, miro el asunto con un poco de distancia. Vale, la cultura catalana corre riesgo de desaparecer, asimilada en la más general cultura española, pero no es como que los catalanes estén oprimidos o sean víctimas de genocidio a la escala de, digamos, los kurdos, los tutsis u otras etnias y pueblos de aquí y allá. Al final, terminará sucediendo lo de siempre: ahora se benefician unos con una Cataluña parte de España, mañana se beneficiarían otros con una eventual Cataluña independiente, pero al final el posadero, el taxista y el barrendero catalán de toda la vida tendría que levantarse igual para trabajar el día siguiente, pagar sus impuestos, etcétera. A la larga, para el pueblo llano, las independencias no conducen tanto a la libertad como a un mero cambio de amos.

Cataluña über Alles.
Hemos dejado para el final, un rubro en donde es más sencillo tomarle el pulso al mundo, simplemente porque no muchos analistas miran en esa dirección: el cine. Cuanta frivolidad, ¿no? Lo serio es mirar las elecciones de Chile o el gallinero catalán. Pero justamente por su carácter más bien frívolo, es que en las tendencias sociales tras el cine es posible detectar pequeños temblores que en otros rubros corren más subterráneos, o bien, si son visibles, a la vez son distorsionados por analistas con intereses comprometidos... hasta que se convierten en terremotos, claro está. Y en el mundo del cine nos llevamos cuatro noticias durante 2.017 que, creo yo, marcan una cierta tendencia acerca de cómo vendrá la mano durante 2.018 y en lo venidero después. Voy a partir por el detalle, y acabaré por las conclusiones.

A una de ellas, ya nos referíamos en el posteo Cannes vs Netflix: La batalla de las películas. El Festival de Cannes hizo noticia por cambiar sus normas y rechazar, a partir de 2.018, las películas que sean estrenadas en servicios tipo Netflix, y no en las salas de cine. Una noticia muy menor, incluso dentro del mundillo cinéfilo, pero que generó algún debate acerca de si el cine en cuanto Séptimo Arte lo es sólo si se estrena en salas de cine, o bien, también deberíamos considerar como cine a los largometrajes estrenados vía servicios de streaming. Parece una cuestión más o menos inocua, pero tiene una dimensión oculta. No existe una división tajante entre quienes van al cine y quienes consumen películas vía streaming, pero sí una marcada diferencia entre ambas clases de películas. Las más rentables en el cine son los blockbusters, y para serlo, deben aspirar a un mínimo común denominador, lo que podemos llamar cine de masas, mientras que las películas de streaming, al responder a un modelo diferente de distribución, pueden permitirse el lujo de ser películas más de nicho, y por lo tanto, aspirar a un público consumidor más selectivo y fragmentado. Es decir, no es un conflicto únicamente sobre qué películas debería aceptar un festival o no, sino también una fisura entre dos tipos de consumidores: el hombre masa estándar que se hincha con blockbusters genéricos, versus el tipo con ínfulas individualistas que es más selectivo y quiere una parrilla más adecuada al perfil propio.

La otra nota tiene que ver con la recaudación de las películas en el cine. Por un lado, las diez películas más rentables de 2.017 fueron todas cine de franquicias: o bien fueron secuelas directas (Rápidos y furiosos 8, Los últimos jedi, Mi villano favorito 3, Wolf Warrior 2, Guardianes de la Galaxia vol. 2, Thor: Ragnarrok, la quinta de los Piratas del Caribe), o bien spin-offs (Spiderman: De regreso a casa, y Wonder Woman, si no contamos esta última como precuela), más un remake (La bella y la bestia). Y sin embargo, aunque la taquilla alcanza niveles históricos, la cantidad de espectadores está disminuyendo; de esto sólo caben dos explicaciones, que se relacionan con el aumento del precio de la entrada, y con las películas salvavidas de finales de año tipo Los últimos jedi, que arreglan los números. En Canadá y Estados Unidos, de hecho, la recaudación de verano, la temporada de blockbusters, cayó un brutal 16%, un sexto, en apenas un año, o sea, entre el verano de 2.016 y el de 2.017. De hecho, en ambos países no se habían vendido tan pocas entradas desde 1.992. La conclusión es simple: el modelo de cine basado en franquicias que obren como locomotoras tirando el carro, está en crisis. No acabado ni mucho menos, pero sí que necesitado a lo menos de un poquito de afinación, por aquello de no seguir sangrando dinero. ¿Problema, en mi opinión? Elevados costos de producción: da lo mismo que recauden 700 millones de dólares a nivel mundial, si es que entre producción, publicidad, y compartir ingresos con distribuidoras y salas de cine, después recuperan poco o nada. El éxito durante 2.017 de películas de bajo presupuesto como Fragmentado, o ¡Huye!, debería marcar el camino, creo yo.

Supongamos que es cierto, y que el público está más que un poco remiso a comprarse la enésima nueva franquicia que salga de Hollywood. ¿Qué hacer frente a ello? La Disney lo tiene claro: seguir en la huida hacia adelante, y crecer todavía más. La tercera noticia de las cuatro que prometíamos. En Diciembre de 2.017, la Disney anunció la intención de adquirir los estudios FOX por la friolera de 66.000 millones de dólares, en Diciembre. La operación no se ha concretado porque actualmente está bajo investigación, ya que de concretarse, la Disney llegaría a copar aproximadamente el cuarenta por ciento del mercado cinematográfico mundial, con todos los conocidos efectos nefastos de una concentración a tales escalas. Por supuesto, la Disney no adquirió la FOX para agrandar su estructura productiva, sino para adquirir otro bien más preciado: franquicias. Lo ya dicho, es una huida hacia adelante: si el cine de franquicias manifiesta síntomas de agotamiento, entonces la solución es... adquirir más franquicias. Al final, aunque se llegare a aprobar la compra, si el modelo mismo está en problemas, entonces acabará siendo una solución apenas temporal.

Pasaba por aquí, me gustó esta casita, me la voy a comprar...
Y finalmente, está la oleada de escándalos sexuales que ha barrido a Hollywood, desde la defenestración de Harvey Weinstein. Cuestión en donde se cruzan varios temas. El acoso mismo, por supuesto, porque ninguna civilización democrática debiera tolerar lo que en este caso, en términos económicos y jurídicos, llamaríamos abuso de posición dominante durante la celebración del contrato. Pero también la tan omnipresente como errada idea o noción de que todo es transable en el libre mercado, y que el libre mercado siempre es bueno, viva, hurra, dos pulgares arriba... lo que convertiría todo este tema en una situación estrictamente comercial, en donde cada parte obtiene lo que quiere, o sea, gratificaciones lúbricas por un lado, y acceso a una carrera cinematográfica por el otro. Salvo el público, que no obtiene a la mejor actriz en cada rol, sino a las starlets más vistosas y dispuestas a comer huevos revueltos con plátano, cualidades que no tienen necesariamente por qué coincidir en una misma chica. Además, todo esto le da una lectura bastante siniestra al hecho de que actores ya veteranos e incluso seniles sigan teniendo presencia en la pantalla y se los valore por su talento, mientras que a las actrices se las prefiera por el físico y la juventud, la maquinaria para reemplazarlas a medida que envejecen esté mejor aceitada, y que vayan despidiéndose del cine si es que a los cuarenta ya no están bien asentadas.

Y sin embargo, por nefasta que pueda ser la costumbre del casting couch, tampoco deja de ser preocupante la virulencia de la reacción en sentido contrario. La cual parece haber llegado hasta extremos que colindan con la caza de brujas. Un principio de convivencia democrática que la gente no siempre recuerda: todos deben ser considerados inocentes hasta que se pruebe lo contrario más allá de toda duda razonable, y nadie puede ser condenado sino por el tribunal establecido de manera previa por la ley. El linchamiento popular no debe ser admitido en democracia. Algo que se le olvida a la gente que, so pretexto de lo repugnante de una situación, se transforman en fariseos vanagloriándose de su propia superioridad moral, mientras agarran la piedra para lapidar al pecador. Es fácil repartir culpas y absoluciones en esa posición, porque el revestimiento de lo sagrado, de la Ira de Dios, justifica la petulancia; lo difícil es tomar las denuncias, examinarlas con detención, y si fueren ciertas, asignarles no el castigo que nos gustaría, sino el que resulte acorde en proporción a la falta.

El elemento común en estas cuatro noticias, pareciera ser una cierta reacción individualista en contra de la estandarización producida por el modelo de cine de masas. Porque no otra cosa sino afirmar su propia individualidad frente a eso que genéricamente podemos llamar el sistema y la estandarización, hacen quienes ven películas de Netflix en vez de blockbusters, quienes rehuyen las franquicias de Hollywood, y quienes denuncian por abusos sexuales a productores y actores que forman parte de la tramoya en esa maquinaria que es Hollywood. Y por el reverso, la compra de FOX por Disney es justo lo contrario, un intento corporativo por seguir profitando de ese modelo corporativo y estandarizador, una apuesta porque todo esto no sea más que un bache en el sistema, y después los negocios vuelvan a ser los de siempre. O de cómo, muy en el fondo, la gente actualmente parecería preferir los cotos cerrados para grupos particulares, en vez de la cultura de masas dirigida al mínimo común denominador, con todo lo que eso implica para la cultura en general.

Lo interesante del caso es preguntarse si esto sucede únicamente en el cine, o en realidad es síntoma de corrientes subterráneas mucho más profundas, que no alcanzamos a percibir en la superficie de este en apariencia más calmado 2.017. Si lo pensamos bien, en 2.016 los ciudadanos de Estados Unidos votaron por Trump porque él prometió reafirmar el valor del estadounidense promedio frente al mundo, y los ingleses votaron por el Brexit para reafirmar a los británicos frente a Europa. En 2.017, los chilenos votaron por Sebastián Piñera y su discurso individualista liberal para reafirmarse en contra del Gobierno bacheletista y su discurso basado en los derechos sociales y la solidaridad con los más desfavorecidos. Por su parte, buscando independirzarse, los catalanes en realidad están intentando afirmar su individualidad frente a España, y más allá, frente a Europa. De manera que si si todo eso en efecto está conectado, como yo pienso que es, entonces las perspectivas para el futuro son... interesantes. Y dadas las circunstancias, no sé si debería escribir eso con esperanza, o con miedo. Pero sí sé que lo escribo con cautela. Porque todavía tenemos que averiguar cómo vendrá la mano del 2.018. Y luego, del 2.019, el 2.020, el 2.021... supuesto de que quede Humanidad para ese entonces.

La película de la Liga de la Justicia en batalla contra su peor enemigo: las leyes de la oferta y la demanda.

3 comentarios:

Pascual Medina dijo...

Hay varios temas que dan para comentar:
*- bueno. Acá en argentina pasa lo mismo con un gobernante que sucede a otra gobernante. Solo que acá se cortan cabezas acusadas de corrupción suplantando eso si, con otras cabezas.después de todo tenemos una república bananera.

*- el monopolio que esta iniciando Disney no va prosperar con los cambios de preferencias por parte del publico... Que siempre esta con cambios. Pero hay que tener cautela.

*- ¿puede fragmentarse una sociedad por la falta de identidad y poner en peligro la globalización?

*-la ultima foto es un poco triste... ¿no?

Seanna dijo...

En mi opinión, el mundo se dirige a una era de identitarismo, donde los países se fragmentarán en comunidades en torno a una identidad bien específica, sobre todo étnica. Ocurrió con Inglaterra y el Brexit, ocurrió con la marcha en Charlottesville. El hecho de que Cataluña se quiera independizar de España argumentando ser una nación diferente, cuando lo cierto es que se diferencian bien poco, parece apuntar en esa dirección.
Por cierto, remolineando por ahí me encontré esto, quizás te interese:http://www.escritores.org/recursos-para-escritores/22088-concurso-nacional-de-cuento-y-poesia-de-arte-y-poesia-chile.
Es un concurso literario para egresados de derecho de Chile

murinus2009 dijo...

Tal vez por ser un Bruto Medio Ilustrado, pero ya no espero ningún Parteaguas ni Gran cambio en la Historia como la conocemos y no creo que 2016, 2017 o cualquiera que venga vaya a serlo.

Desde hace unos 35 años he visto muchos "Cambios de Fondo", Parteaguas, que "no dejarían nada igual".
En México:
El Terremoto del 19 de septiembre de 1985
-Las Elecciones de 1988.
-El TLC.
-El alzamiento del EZLN de 1994
-Las Elecciones de 1994.
-Las elecciones (con la salida del PRI de la presidencia) de 2000
-Las elecciones de 2006.
-la guerra contra el Narcotrafico.
-Las Elecciones de 2012.
-El Terremoto de 19 de septiembre de 2017
Hoy el sabor del mes es:
-Las elecciones de 2018.

En el Mundo:
-La amenaza de Guerra nuclear.
-La caida del Muro de Berlin
-El Fin de La URSS.
-El Y2K.
-El 11 de septiembre de 2001
-Los ataques a Afganisthan e
Iraq.
-llegada de Obama.
-El 2012
-Las Primaveras Arabes.
-la llegada de Trump.
-El Brexit.
-La Independencia de Cataluña

Al final todo sigue igual, simplemente el sistema hace lo que tiene que hacer:

Que los pobres y la clase media subsidien a los ricos y a los políticos.

Yo sigo la Teoría de que los los Grandes Cambios que probablemente podian alterar de mayor manera el Mundo fueron:

1.-la separacion del Patron oro de 1971 hecha por Nixon.
Antes las monedas estaban respaldadas por Oro Plata hoy dia las respalda el Credito.
Que dio origen a al actual auge del Crédito, con todos los problemas y beneficios, que ademas trajo consigo el llamado Neoliberalismo que se implanto en:
Chile.
En 1973 tras caída de Salvador Allende y de ahí se extendió a todo el Mundo.

2.-El ascenso de Internet en los 90s. creo en 1992.
Por primera vez era posible de manera no tan complicada manejar negocios a nivel mundial y lo que ello implica:
-Movimiento de grandes capitales
-Automatización a gran escala.
-Traspaso de industrias peligrosas a paises pobres conservando las ganancias de los ricos.
-Creación de nuevas industrias y tecnologías.

Ante esto creo que la Opción, ademas de educarnos mejor, es:
-Aprender habilidades con el dinero que puedan favorecernos.
-Enseñar a otros el paso anterior.
-Crear un sistema menos depredador e inequitativo que el actual o minimo... -Ser capaces de resistir mejor los ataques del actual.

Mientras tanto a esperar el siguiente: Parteaguas, Gran Momento, gran Cambio, como le quieran decir ¿cual sera?
-Un ataque Nuclear de Corea del Norte.
-Un superterrorismo Fase IV.
-Tormentas solares en 2022.
-Oprah Winfrey en la presidencia de EEUU.
Quiza solo es como lo decia un maestro:
"Estamos en la Época del Show, todo debe ser espectacular para que llame algo la atención, aunque luego no sea importante y nadie se acuerde".






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