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domingo, 10 de diciembre de 2017

Los votantes y los héroes actuales de ficción.

Este sitio no lo ocupa el que obtiene la mayor cantidad de votos.
La actividad de pensar acerca de cómo funciona el mundo, es indispensable para mantener al mundo funcionando. Por descontado, si dejamos de pensar, el mundo seguirá ahí, andando. El problema es que puede hacerlo de lo más bien sin nosotros, mientras que nosotros, estamos un tanto necesitados de cosillas tales como ésas que llamamos sociedad, civilización o medio ambiente. Y una de las cosas a pensar para determinar cómo funciona el mundo, es relacionar por un lado nuestros sistemas y mecanismos institucionales para mantener la sociedad sobre sus pilares sin derrumbarse, y por el otro, las expresiones culturales que ayudan a construir o mantener andando un determinado discurso acerca de cómo debería ser la sociedad.

Y yo creo que existe una relación bastante interesante, y preocupante, por qué no decirlo, entre los votantes y los héroes actuales de ficción. Para nadie es un secreto que las democracias hoy por hoy tienen su reputación por los suelos. Mucha gente se abstiene porque se encuentra tan asqueada de los políticos corruptos y las maquinarias electorales, que se encoge de hombros y se dice a sí misma: "Para qué". También en el último tiempo, particularmente en los bastante convulsos 2.016 y 2.017 que hemos vivido, los discursos contrarios a la democracia han ido creciendo. No fue prometiendo mayor democracia que Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos, y muy en el fondo, el voto a favor del Brexit también fue una negativa a que el Reino Unido contribuyera a la construcción de un mayor espacio democrático europeo, y uno tan bochornoso que en 2.017, cuando Theresa May intentó reforzarse vía nuevas elecciones parlamentarias, sufrió un revés bastante bochornoso, que la obligó a rebuscar aliados políticos hasta debajo de las piedras para mantener algo que tuviera a lo menos una ligera resemblanza de gobierno.

Los héroes actuales de ficción, por su parte, han seguido una evolución muy interesante. Aunque no necesariamente para bien. Lo comentábamos hace un tiempo atrás, acá en la Guillermocracia: El cine de Hollywood ya no quiere héroes. La tendencia de los últimos años, en general, pareciera ir en dirección contraria al heroísmo. Los actuales protagonistas de películas tienden a ser antihéroes carentes de mayores ideales, que se embarcan en la lucha por el bien debido a motivos estrictamente personales. Y en no pocos casos, el duelo entre el bien y el mal, entre la corrección y la corrupción, entre la construcción y la destrucción, es casi un asunto de matices, de quién la tiene más larga. En un mítico episodio de South Park en donde veíamos a los chicos como superhéroes, Cartman da en la diana cuando no ve nada inherentemente malo en resucitar a Cthulhu porque él como superhéroe quiere construir un mundo mejor... para él mismo. ¿Acaso no es eso, lo que los superhéroes hacen...?

Al respecto, resulta muy iluminador repasar las diferencias en cómo se plantea el heroísmo, entre Tiburón de 1.975 y La guerra de las galaxias, de 1.977. ¿Por qué entre ambas? Porque las dos películas fueron las que codificaron el modelo de cine blockbuster en el que vivimos actualmente, y de manera indirecta, los discursos a los que estos blockbusters sirven de vehículo. Y las diferencias son bastante notorias. En Tiburón, el gran mal es una fuerza de la naturaleza, incapaz de una verdadera elección ética y por lo tanto inocente de su propio poder destructivo, mientras que el trío de héroes son seres humanos comunes y corrientes, sin habilidades extraordinarias más allá del entrenamiento propio que han tenido como comisarios de pueblo, como biólogo y como antiguo soldado. Aunque tiene un espíritu de blockbuster, Tiburón es todavía una película muy enraizada en el thriller setentero, más realista y con un fuerte contenido social. En La guerra de las galaxias, en cambio, el gran mal son seres sintientes, pero que son despojados de su humanidad y son transformados en el enemigo sin rostro y por lo tanto sin derechos, vía uniformes militares con cascos que no dejan ver sus expresiones faciales. El héroe principal, por su parte, es un ser mítico, un Elegido o un Salvador, y el recorrido espiritual de Luke Skywalker es el propio de un héroe mesiánico. ¿Necesito mencionar cuál de las dos películas, es la más imitada, hasta el punto de que su argumento se ha transformado en el guión tipo de Hollywood...?

Missa participar en democracia...
El espíritu democrático se basa en una concepción bastante concreta respecto de los seres humanos. En la base de la democracia como sistema político moderno, yace la idea de que todas las personas son libres e iguales en dignidad y derechos, o al menos, así es como deberían ser tratadas, en primera instancia por lo menos. Esta es la razón por la que cada ciudadano mayor de edad y sin interdicciones políticas de algún tipo, tiene derecho a un voto, a nada más que un voto, y a nada menos que un voto. En la urna electoral vale lo mismo el voto del Presidente de la República o del poderoso CEO de una megacorporación, que el voto del último vagabundo tirado al lado de alcantarilla que desagua bajo el puente. Por supuesto, las cosas no son tan sencillas: la gente poderosa tiene más capacidad para invertir en candidatos, propaganda electoral, etcétera. Pero en principio, ante la urna electoral todos somos iguales, o teóricamente deberíamos serlo, por lo menos. Si hubiera elecciones libres e informadas en Star Wars, el voto de Luke Skywalker valdría lo mismo que el voto de Darth Vader, así como si hubiera elecciones libres e informadas en la Palestina del Mesías, el voto de Jesús de Nazaret valdría lo mismo que el voto de Judas Iscariote.

En ese sentido, volviendo a las comparaciones anteriores, podríamos señalar que Tiburón tiene una vena mucho más democrática que La guerra de las galaxias. Por supuesto, no debemos forzar las comparaciones: hay un elemento tecnocrático en Tiburón cuando el trío de expertos parte a cazar al escualo, a despecho del alcalde y de los más bien tarados ciudadanos del pueblo costero, mientras que hay un elemento democrático en La guerra de las galaxias si se considera los diferentes objetivos de la Rebelión y el Imperio. No es un contraste entre dos polos diferentes y antitéticos, sino una mera diferencia de grado. El matiz se encuentra en el retrato de los héroes: como lo decíamos, los héroes de Tiburón son mucho más comunes y corrientes, más gente como uno, que los de Star Wars, revestidos de un aura mítica. Por supuesto, esto no es casualidad. Tiburón, lo decíamos, se inscribe dentro de la vena de crítica social que tenía el cine en la década de 1.970, mientras que Star Wars se planteó desde el comienzo como una fantasía escapista que buscaba actualizar, en clave de Space Opera, ciertas constantes míticas presentes desde los albores de la cultura humana... desde antes del surgimiento mismo de la democracia moderna en cuanto mentalidad y sistema político.

Aquí viene el punto importante. Hoy en día, las películas más exitosas en cuanto a taquilla, suelen seguir el patrón de La guerra de las galaxias, y no el de Tiburón. Y esto dice algo respecto de la gente. En nuestro sistema capitalista, es una institución que la gente vote con el bolsillo. Si determinadas películas obtienen más recaudación que determinadas otras películas, eso significa que la gente ha votado con el bolsillo, y ha votado por ellas. Y esto significa a su vez que están más en sintonía con un discurso narrativo de corte fantástico, y sobre todo... autoritario y contrario a la democracia.

Próximamente en cines.
La idea que sigue, es una difícil de tragar para mucha gente: la democracia como sistema político sólo puede funcionar si se renuncia al propio individualismo. Dentro de un marco teórico individualista, lo lógico es aspirar a que mi voto en particular pese más que el voto de los demás. Pero dentro de una democracia, las políticas públicas no se construyen a partir del fiat de un iluminado mesiánico que nos va a salvar a todos, sino a partir de los consensos generados a partir del equilibrio de poderes creados a su vez a partir de las votaciones relativas obtenidas por las distintas fuerzas políticas, más los mecanismos de nombramiento para los funcionarios. Esto no es una garantía, por supuesto. A veces la gente vota por opciones políticas estúpidas, y después sucede lo que sucede. Pero en general, puede afirmarse que a la larga, la democracia funciona mejor en este respecto, que los regímenes autoritarios.

Dentro de las ficciones modernas, en cambio, casi no vemos dichos mecanismos de reaseguro. O si los vemos, es como obstáculos que los héroes deben superar. Uno de los ejemplos más flagrantes es la infame frase de Tony Stark en Iron Man 2, cuando el Gobierno de Estados Unidos quiere alguna clase de control sobre una armadura de combate que, en realidad, es un arma de destrucción masiva en manos de un particular: "He privatizado la paz mundial". El mismo Tony Stark da un giro en ciento ochenta grados después, cuando defiende los Acuerdos de Sokovia, y ahora es el Capitán América quien adopta la actitud del Elegido al margen de todo control político. Y los ejemplos se multiplican. En Skyfall, una red de vigilancia mundial que es manejada por los gobiernos, es presentada como una conspiración del villano. En la saga de Harry Potter, el Ministerio de Magia es un montón de tarados que se dejan cooptar por Voldemort, y es el protagonista y sus amigos quienes deben plantarle cara. El reboot de Star Trek presenta por su parte a una Federación mucho más militarizada e incluso villanesca, contra la cual los protagonistas se rebelan en al menos una película (Star Trek en la oscuridad). En Guardianes de la Galaxia, el heroísmo de Saal, que forma parte de una fuerza policial galáctica, es dejado deliberadamente de lado para promover el heroísmo de la banda de desadaptados que son StarLord y compañía. Etcétera.

Por supuesto, yo no apoyo en principio el discurso clásico que critica a la entretención popular como una especie de corruptora de la juventud. Tampoco creo en la idea de una conspiración de guionistas y productores para lavarle el cerebro a las audiencias. En principio, los productores crean películas para hacer dinero. Si en la década de 1.970 hacían películas con una enorme carga de crítica social, no era porque de pronto encontraron su conciencia perdida y decidieron que iban a hacerle un bien a la democracia denunciando los males de la misma, sino que el público demandaba esa clase de películas y por lo tanto los productores les daban ese material. En la actualidad, los productores ruedan cine escapista y con una vena indulgente con el autoritarismo porque eso vende entre las masas. En 2.017 vimos una película con una ética diferente, un poquito menos centrada en el héroe mesiánico y un poquito más en el colectivo y el trabajo de equipo, cual es La gran muralla, y ya comentábamos en su oportunidad aquí en la Guillermocracia, que la misma no se saldó como un éxito, precisamente. Pero si hubiera sido un taquillazo a nivel mundial, a nivel de Deadpool por ejemplo, no me cabe la menor duda de que los productores estarían de cabeza yendo a explotar esa veta.

¿Quién dice que los jóvenes hoy en día ya no concurren a las urnas para votar...?
Por lo tanto, que las películas tengan una veta autoritaria sólo habla respecto de la mentalidad de las audiencias. Y esta mentalidad también tiene consecuencias en la democracia. No me cabe duda de que la persona que consume esos blockbusters de manera acrítica, es la misma persona que después no acude a votar ni se preocupa por la democracia porque "la democracia no funciona", y en su mentalidad egocéntrica y narcisista, la democracia no funciona "porque la gente hace las cosas a su estúpido modo en vez de mi inteligente manera". Consumir esos blockbusters no está mal en principio, valga la aclaración; a todos nos gustan las historias en donde unos tipos más grandes que la vida le ponen las peras a cuatro a algún villano de opereta, y todos necesitamos un poquito de evasión en nuestras vidas, después de todo. Es en la falta de crítica respecto de lo que se consume, y de los valores que esas obras transmiten, en donde radica el problema.

En ese sentido, no debemos considerar que los blockbusters autoritarios sean la causa de los males que afligen a la democracia moderna, ni mucho menos. Es más bien al revés: que nuestros blockbusters actuales tengan ese filón autoritario es un síntoma respecto de cómo está funcionando nuestra democracia, y qué esperamos de ella, a saber, en realidad nada, así como del surgimiento de nuevas cabezas de la siempre presente hidra populista.

¿El remedio? El mismo de siempre: educación. La democracia no es una panacea. La democracia implica negociaciones, consensos y renuncias, y nadie nace con voluntad de renunciar a cosas. Aprendemos por el camino, mientras crecemos y maduramos como personas, que no siempre podemos salirnos con la nuestra, y que a veces debemos transar lo que queremos, en el nombre de una paz social en que haya un poquito de lugar para todos. Y a medida en que crecemos y maduramos, aprendemos a aquilatar qué clase de valores nos transmiten los héroes de ficción. Audiencias bien educadas y con espíritu cívico, son audiencias que, solitas, van a ir deslizándose en dirección hacia héroes menos narcisistas y prepotentes, que lo resuelvan todo a mamporros, y que por el contrario, le den espacio a valores sociales para la resolución de conflictos. Porque aunque la gente no quiera votar... al último, abstenerse de votar sigue siendo un voto, sea en las urnas, o sea a través del famoso votar con el bolsillo, que viene siendo la base de nuestro sistema económico actual.

¡Democracia!

3 comentarios:

murinus2009 dijo...

Hace poco leí que es, el espiritu de grupo y de colectividad, lo que en realidad da pie a gobiernos de tipo fascista, llamese: comunismo, nazismo, wahabismo etc. aquella idea de; si no estas con el grupo estas contra el.

Con esta idea La Democracia tendría que ser mas una especie de lucha de individualismos o choque de grupos distintos, al menos 2:
derecha e...
Izquierda
Con múltiples alianzas de distinto tipo, al final con la idea de crear algo un tanto caótico, que no sea fácil de controlar o tenga una mayoría sin oposición que pueda crear un desastre.

En medio de todo eso se tienen que crear los acuerdos que mantengan la comunidad mas o menos funcionando y como dicen un acuerdo es:
"Algo donde ninguna de las partes esta totalmente contenta con lo que se tiene".

El problema es que ambas derecha e izquierda en la democracia (o monarquias, partidos del pueblo, señores de la guerra, en otros sistemas) lo que hacen es:
Hacer que pobres y clase media subsidien a ricos y políticos.
Y eso se debe al parecer a que el, homo sapiens, crea alianzas con un numero limitado de congéneres, unos 150 según se, por lo tanto son esos grupos reducidos los que manejan el sistema a su favor, al final la política es la administración de un presupuesto:
"El Arte de hacer que todo lo producido, se distribuya de la manera mas justa posible entre los que lo produjeron".
De ahí que yo creo que junto con educación cívica, la gente debe hacer lo siguiente:
-Aprender habilidades con el dinero que lo pongan en situación menos vulnerable.
-Enseñar a otros el paso anterior.
-Desde esa posicion, crear un sistema paralelo, menos predador e inequitativo o forzar mejoras en el actual, crease o no, el sistema actual es funcional (para el que tiene recursos) pero cuesta que funcione en favor de quien quiere que le funcione.

Pascual Medina dijo...

Después de leer el articulo, estoy escuchando por la radio un terrible acontecimiento un altercado en el senado sobre la reforma jubilatoria... El partido opositor jodiendo con violencia y el partido oficialista jodiendo con violencia. Ninguno actúa de manera coherente. Realizando un quórum con 2 diputados que no deberían estar... Un estado de sitio? Wtf... Ninguno... Ninguno...

Guillermo Ríos dijo...

@murinus2009, creo que me referí al tema de la democracia como una especie de suma de todos los egoísmos individuales, en un posteo más atrás en la Guillermocracia. Las democracias no se hacen ilusiones sobre la naturaleza humana, y por eso, tienden a buscar sistemas en que hayan equilibrios de poderes. Los regímenes autoritarios parten de una base distinta, de que ellos son los más buenos, puros y calificados por... alguna razón, así es que está bien entregarles las Llaves del Reino para que administren a discreción. El único problema es que no han existido muchos regímenes autoritarios que hayan traducido esta convicción en sus propias capacidades, en sistemas que de verdad mejoren la sociedad y traigan bienestar a sus súbditos.

@Pascual_Medina, que exista democracia y elecciones no es una garantía automática de que el sistema funcione bien. No sólo hay que tener cableado en la casa, además tiene que estar bien instalado para que haya luz, y no un corto eléctrico de quemar el hábitat hasta los cimientos.