martes, 19 de diciembre de 2017

1.977 en los cines: 50 películas de hace 40 años (9 de 10).

El "candelabro volador", como lo llamó Isaac Asimov.
En uno de esos ejercicios de sincronía a los que son tan aficionadas cierta clase de películas que juegan con la trampa de que "las dos historias parecen suceder al mismo tiempo, pero en realidad una de ellas fue años atrás, sorpréndete y alucina con nuestro truco narrativo", ahora en 2.017 estamos terminando de comentar el cine del año... 1.977. Hace cuarenta años atrás. Aunque nosotros lo dijimos desde el día uno, a diferencia de esa película de Sandra Bullock que se lo guardó como spoiler. O esa entrega de Jigsaw, que también se lo guardó como spoiler. O ese anime que fue muy exitoso en los cines este año, que... adivinen. También se lo guardó como spoiler. Redescubrir la pólvora, así es como se llama. Lo que sí no es demasiado spoiler es... la película con la cual inauguramos esta entrega de lo que había en los cines de 1.977. Porque, vamos, lo anunciamos la vez pasada, no dijimos el título, pero es que si no lo adivinaban, es que estuvieron bajo una roca durante los últimos cuarenta años. O un bunker nuclear. O la mansión de Hugh Hefner. Lo que sea más agradable. Así es que, al ataque con esta novena entrega, en la que hace su aparición el mítico Steven Spielberg.


41.- Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind / 16 de Noviembre).

Llegamos hasta una película tan mítica, que recibió uno de los más colosales homenajes que una cinta podría haber recibido: su banda sonora fue sampleada por Michael Cretu en su disco MCMXD a.D., en concreto para el tema Back to the Rivers of Belief. Dice el anecdotario de Hollywood, nunca ciento por ciento fiable pero siempre sabroso de referir, que George Lucas y Steven Spielberg, amiguetes ellos, se tenían fe cruzada: Lucas creía que Spielberg iba a hacerla de oro con esta película, y Spielberg al revés, que Lucas iba a dar el gran golpe. E hicieron una apuesta: el que ganara más dinero con su película, iba a mandarle todos los años un cheque al otro con un pequeño porcentaje de las utilidades. Ni qué decir, es Spielberg quien se frota las manos hasta el día de hoy, cada vez que recibe su cheque anual. O se las frotaba, porque a saber cómo quedó la cosa luego de que la Disney se hiciera con Lucasfilm... Sin embargo, aunque perdedora en la taquilla frente al leviatán lucasiano, Encuentros cercanos del tercer tipo de todas maneras se consolidó como un clásico de la Ciencia Ficción... además de tercera película más taquillera del año en Estados Unidos. Todos conocemos el argumento: un proletario cavazanjas de la América Profunda recibe una especie de invitación telepática por parte de una amistosa raza extraterrestre para hacer contacto, mientras dichos alienígenas se dedican a hacer cosas muy locas porque... son extraterrestres, supongo.



En mi opinión, sin ser mala, esta película ha envejecido su resto, en parte a una sensibilidad New Age tipo "ángeles ayer, extraterrestres hoy" que la hace muy de su época; además, el retrato de extraterrestres amistosos, en esa época casi revolucionario en un cine atestado de alienígenas hostiles de mala leche, en la actualidad queda ñoño y edulcorado. Como sea, la película resultó un exitazo rotundo, ya lo decíamos, y confirmó que Spielberg no era un one hit wonder con Tiburón, sino que tenía mimbres para una exitosa carrera comercial posterior, lo que las décadas vendrían a ratificar, por supuesto. Por supuesto, para la historia quedó el icónico leit motif musical de John Williams, las famosas cinco notas que han sido usadas y parodiadas después hasta el hartazgo; sospecho que las nuevas generaciones acabarán conociendo más la melodía por sus parodias que por la película original. Aunque, esto que quede entre nosotros, que de Internet no salga... en lo personal encuentro más o menos parecida la melodía de las cinco notas, al inicio de Cuadros de una exposición, la suite sinfónica que Modesto Musorgski estrenó en 1.874. No tanto como para que cuente como plagio... pero sí que tiene un aire de familia. Si no han escuchado Cuadros de una exposición del mentado, háganlo y después comentan.


42.- El hobbit (The Hobbit / 27 de Noviembre, en televisión).

Aunque la naciente franquicia de Star Wars fue el gran suceso fílmico del año, no debemos olvidar la importante presencia que en esa época tenía la Fantasía Heroica en lo que después llegaríamos a llamar el frikerío. De hecho, ya a comienzos de año, y de esta serie de posteos, hablábamos sobre Los hechiceros de la guerra. En esos años estaba fresca la muerte de J.R.R. Tolkien, fiambre en 1.973, y la cadena televisiva NBC decidió gastarse algunos táleros y doblones en la adaptación de una novela tolkieniana para niños: El Hobbit. Porque en esos años ya se debatía el concepto de trasladar a Tolkien para el cine, El Señor de los Anillos inclusive, aunque para ésta habrá que esperar a 1.978, y para una versión completa, a la trilogía jacksoniana de 2.001 a 2.003. Lo que salió de ahí, El hobbit que estamos comentando, es justamente un telefilme animado, cargadito de ese aire melancólico y cariñosamente folk, que sólo la gente de la década de 1.970 sabía inyectarle a sus producciones de Fantasía Heroica. O Fantasía Epica. O Fantasía Pseudomedieval. Como quieran llamar al género en cuestión, que como Satán, nombres ha tenido muchos.



Frente a la trilogía jacksoniana, que opta por lo que podríamos llamar un realismo neomanierista, y dicho esto no en el mejor sentido posible, esta adaptación animada opta por una estética casi de Folk Rock, casi como si de la carátula de un disco de Rock Progresivo se tratara. El estilo no se encuentra demasiado lejano al de las míticas ilustraciones de Alan Lee, que funciona a la perfección con el material. Además tenemos The Greatest Adventure (The Ballad of the Hobbit), el excelente tema musical, que a mi gusto suena mucho más natural que las en mi opinión algo impostadas canciones de la trilogía de Peter Jackson, la del hobbit por supuesto porque la de El Señor de los Anillos hace lo mismo pero mucho mejor. Detrás de esta adaptación de 1.977 se encuentra la mítica Rankin/Bass Productions, famosos en esos años por sus producciones navideñas, tanto animadas como en stop-motion, incluyendo la legendaria Rudolph el reno de la nariz roja de 1.964; en la década de 1.980, Rankin/Bass Productions iba a dejarse caer con ThunderCats, probablemente una de las joyas de los programas infantiles de la década. Y el mejor testimonio de la grandeza de esta película: empinándose apenas a la hora con veinte minutos, barre bajo la alfombra y quema en incinerador a la nefasta trilogía de Peter Jackson. Muy en serio: si ustedes no han visto esta adaptación de El hobbit, entonces verla será un viaje sin retorno, porque nunca más podrán siquiera tolerar el horror hipermusculado y cansino que Peter Jackson perpetró, so pretexto de adaptar a Tolkien.


43.- La chica del adiós (The Goodbye Girl / 30 de Noviembre).

No creo que demasiada gente considere al director Herbert Ross como uno de los grandes artistas del cine. Pero este hombre venía del mundo de las tablas y era coreógrafo, así es que sus películas, nunca demasiado buenas ni demasiado malas, a lo menos estaban siempre dotadas de un buen ritmo y mucho cuidado en la puesta en escena, lo que justifica que se haya paseado con cierto éxito, o a lo menos indemne, por todos los géneros que llegó a tocar: el drama agridulce (Adiós Mr. Chips), el homenaje al cine noir (Tócala otra vez Sam), el policial clásico (El caso final), el biopic (Nijinski), la comedia chusca (Protocolo), el musical adolescente (Footloose), la comedia adolescente (El secreto de mi éxito), el drama suburbano (Magnolias de acero) o la comedia policíaca (Pistolas y pañales). Con La chica del adiós, Ross se lanzó a la comedia romántica dramática... o al drama romántico con comedia... algo así. Ya saben, esa clase de películas que se quedan un poco en tierra de nadie, demasiado dramáticas para reirse y demasiado bufas para conmoverse. La premisa... no podría rodarse hoy en día, supongo. En Nueva York, una bailarina con una hija de diez años es abandonada por su novio, y se ve forzada a compartir departamento con un actor salido de ninguna parte; los tres aprenden a convivir, a formar una familia, etcétera. Hoy en día, lo decía, no podría escribirse un guión así por lo tétrico de la idea de que una madre exponga a su chica de diez años ante un completo extraño dentro del propio departamento, pero en esos tiempos desmelenados que corrían...



La película tuvo un éxito, no voy a decir apoteósico, pero sí bastante razonable, y se convirtió en un pequeño clásico de la década. Lo mismo que su canción principal, Goodbye Girl de David Gates, otro ejemplo de ese clásico subgénero de canción para películas tan en boga en esos años, que es el Pop con piano, y que a ustedes les sonará si tienen alguna familiaridad con el lado más popero de la música de esos años. En los Premios Oscar se hizo con cinco nominaciones, incluyendo Mejor Película, Mejor Actriz para Marsha Mason, Mejor Actriz Secundaria para la precoz Quinn Cummings, y Mejor Guión Original para Neil Simon, pero sólo se llevó el Oscar al Mejor Actor para Richard Dreyfuss. Sí, el mismo tipo que ese mismo año había protagonizado Encuentros cercanos del tercer tipo. Mejor suerte tuvo en los Globos de Oro: se llevó cuatro, por Mejor Película en Comedia o Musical, Mejor Actor en Comedia o Musical, Mejor Actriz en Comedia o Musical, y Mejor Guión. ¿Y después? Me atrevería a decir que esta película ha caído en un relativo olvido. Porque huele y respira a década de 1.970 por los cuatro costados, el lado más amable de la misma, cuando en realidad, cuando se trata de rememorar esos años, todo el mundo piensa más bien en el Punk, el Rock Progresivo, o la chabacanería intencionada de Guardians Inferno, que en el lado más de relaciones familiares conflictivas propio de esos años.


44.- Me siento extraña (Me siento extraña / 1 de Diciembre).

Recuerdo, cuando era niño, que existía una cantante llamada Rocío Dúrcal, una señora que pertenecía a una generación más antigua de la mía, que se la pasaba invitada a programas musicales gusto de carcamales. Cuál no sería mi sorpresa cuando, años después, vine a descubrir en primer lugar que alguna vez Rocío Dúrcal había sido joven, y además, que había hecho algunas películas bastante salidas de tono. Como ésta, en que compartía escena, y cama, con Bárbara Rey. Por supuesto, nos encontramos en la época del destape español, a un par de años después de que el Caudillo hubiera acabado de graznar para bien, y en respuesta, los españoles tuvieron la indecente idea de arrojar todo el legado hispanofranquista para lanzarse por la pendiente del llamado destape y la desvergüenza, lo que a la vuelta de algunos años llevaría a cosas como Mecano, Locomía, o El tractor amarillo. Contra Franco estábamos mejor, parece.



Me siento extraña es una de esas películas prototípicas del destape, con un argumento entre cómico y dramático, en donde el gran reclamo publicitario era por supuesto las pícaras escenas femeninas, osadas para la época aunque de un calibre más suave, softcore para que nos entendamos, en nuestra era. De hecho, para esta relación de películas de 1.977 podría haber elegido ésta o alguna otra, pero... salió ésta. Por algún motivo. El argumento: Rocío Dúrcal es una pianista que se aburre de los malos tratos que le propina su horrible y heteropatriarcal marido, se allega con Bárbara Rey que es una corista que quiere canciones para su repertorio, y entre ambas surge el fuego incontenible de la pasión que las llevará a incendiar las pantallas con tórridas escenas para machos con los machos bien puestos. Tan tórridas, de hecho, que Rocío Dúrcal acabará renunciando al cine para siempre, y se dedicará en adelante... a la música. Igual que su personaje. Bueno, casi igual, el personaje era pianista y la Dúrcal sobrevivió como cantante. Hoy en día, esta película no es demasiado recordada, al igual que casi todo lo que salió del destape español y que no tenga a Victoria Abril en el afiche. Es lo que pasa cuando el gran reclamo publicitario es ver a actrices ligeras de ropa, en una época como la actual en donde ver chicas ligeras de ropa, o sin ropas, está a apenas un click de distancia.


45.- La última ola (The Last Wave / 13 de Diciembre, en Australia).

Peter Weir es otro de esos directores cuya trayectoria ha estado marcada por la tragedia de una emigración a Hollywood que acabó por succionar todo su potencial. Weir se consolidó como un cineasta de fuste dentro de la llamada Nueva Ola del Cine Australiano, una explosión creativa que vivió dicha cinematografía en las décadas de 1.970 y 1.980, y en donde también se incubarían Bruce Beresford, Phillip Noyce o George Miller, entre otros. Hollywood se fijó en Weir y se lo llevó para rodar películas como Testigo en peligro, La Costa Mosquito, o La sociedad de los poetas muertos. Luego, Hollywood dejó de fijarse en él, y sólo cabe destacar El show de Truman, o Capitán de mar y guerra. Pero en 1.977, en Australia, Weir se había anotado un éxito con Picnic en las rocas colgantes, una película considerada un clásico de culto, la verdad no entiendo por qué, ya que se trata de una historia de misterio muy aburrida, y que además, pequeño spoiler aquí... no tiene solución final. Como sea, la siguiente película de Weir fue ésta, La última ola, protagonizada por Richard Chamberlain, en esos años famoso como Dumas boy, porque actuó en Los tres mosqueteros de 1.973, El Conde de Montecristo de 1.975, y El hombre de la máscara de hierro de 1.977; en la década siguiente sería Alan Quatermain en dos películas para la Cannon, además de occidental en Japón en la miniserie Shogún, y sacerdote calenturiento en El pájaro canta hasta morir.



En cuanto a La última ola, la película va de un abogado que por circunstancias del guión, acaba defendiendo a un aborigen australiano que es enjuiciado por haber participado en una reyerta de bar; poco a poco, el abogado va teniendo sueños místicos que lo llevan a meterse en el corazón de la Australia profunda, al final de lo cual acabará descubriendo que... spoiler del final... el apocalipsis se avecina y la Humanidad está condenada porque nadie, absolutamente nadie, puede hacer nada para detenerlo. Película pesimista de la década de 1.970, señoras y señores. Y por supuesto, los aborígenes lo sabían antes y nosotros los civilizados no. Película políticamente correcta de la década de 1.970, señoras y señores. La película no tuvo tanto éxito como la anterior de Weir, y de hecho, fue estrenada en Estados Unidos recién en 1.979. Sin embargo, hoy en día suele tener mejor consideración, siempre dentro de esa nebulosa categoría fílmica que son los clásicos de culto.


Y así es como estamos casi rematando la faena con esta serie de posteos, habiendo llegado hasta el mismísimo mes de Diciembre. Y no podía ser menos: partiremos la siguiente y última entrega a lo grande, a lo bestia, con uno de los grandes clásicos del cine musical, y de la década de 1.970. Debería contar como spoiler, pero vamos, ustedes ya saben a qué película me refiero, ¿verdad? Ustedes ya están cantando para sus adentros: "ah-ah-ah-ah stayin' alive, stayin' alive...", ¿no es así...? Y ahora, lo que todos estaban esperando...

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