domingo, 12 de noviembre de 2017

Esa palabra pasada de moda que es "ateneo".


Es una verdad universalmente acreditada, que todo hombre con sabiduría no anda a la búsqueda de una esposa. Quizás así lo diría la vieja mañosa de Jane Austin, o quizás no, pero como sea, la sabiduría es un bien escaso en estos días. No me refiero al conocimiento puro y bruto. Hoy en día existe más conocimiento repartido entre más personas, que en ningún otro momento de la Historia Universal. Pero otra cosa distinta es la sabiduría, o sea, esa perspicacia fina para ver a través de las circunstancias y comportarse respecto de ellas con sensatez. Lo que seguramente, algo debe relacionarse con el hecho de que la palabra "ateneo" sea tan de otra época.

Una antigua leyenda de la civilización griega refiere que en el Atica, sus habitantes deseaban fundar una ciudad. Y como en esa época los dioses caminaban sobre la Tierra, nada mejor que consagrar la misma a alguno. Se presentaron dos propuestas a licitación pública: la de Poseidón y la de Atenea. Para ganarse el título, Poseidón descargó su tridente y sacó agua desde la roca. Sí, como Moisés. Pero el agua era salobre, y por lo tanto no se podía beber. Eso, no como Moisés. Atenea en cambio hizo surgir un olivo desde la tierra, que es buen alimento, produce aceite y se vende bien en el comercio, y por lo tanto, se ganó la licitación. Desde entonces, la ciudad fundada se llamó Atenas. Ganó la sagacidad, porque Poseidón podrá ser el dios de los mares y terremotos, pero Atenea lo era de la sabiduría. Y era una diosa guerrera también, por qué no. Muchos siglos después se construyó en Atenas un templo en honor a la diosa tutelar de la ciudad, que fue llamado el Ateneo. Y como pasó con el Museo de Alejandría, que le dio nombre a todos los museos del mundo, el Ateneo le dio a su vez nombre a todos los ateneos del mundo.

Es posible, nota erudita aquí, que exista un eslabón perdido, en la persona de Ateneo de Náucratis. Este personaje, con el mismo nombre de la diosa griega, vivió en Egipto más o menos en el año 200 después de Cristo, y escribió un tratado en varios libros, llamado El banquete de los eruditos. Porque hoy en día, los eruditos dan la lata desde unos podios con micrófonos, pero en ese tiempo se conocía que el sabor es un agradecido condimento del saber, así es que los banquetes eran preferibles. Este libro es una especie de tratado sobre lo divino y lo humano, o sea, una colección de datos curiosos y de trivia hilvanados con, ya lo adivinaron, una cierta sabiduría. El patrimonio de la diosa Atenea.

Un ateneo es simplemente una reunión de eruditos dedicados a los temas científicos o literarios. Lo que hoy en día llamaríamos un centro cultural. Sin embargo, aunque en esencia significan lo mismo, la significación es diferente. Un centro cultural es... bueno, un centro cultural. Algo moderno y un poco aséptico, en donde personajes usualmente vinculados al progresismo de pose leen sus poesías y montan exposiciones en las cuales se saludan entre ellos con cocteles lubricados con cajas de vino de la calidad que alcance con las monedas de la tesorería. En cambio un ateneo tiene un aroma a clasicismo, a solemnidad bien entendida, a erudición de la antigua y artesanal, con libros añosos impresos en papel de hilo, en anaqueles con decorados barrocos, retratos de caballeros colgados en las paredes, colgados los retratos y no los caballeros por supuesto, y en general un cierto aroma a cultura tradicional.


Desde la recuperación de la cultura grecorromana durante el Renacimiento, las reuniones de eruditos eran para los cuatro gatos que podían permitirse el tiempo y el dinero para aprender a leer primero, y comprar libros que leer después. Pero a partir del siglo XVIII comenzó lo que actualmente llamamos divulgación científica en el sentido moderno del término, y luego, con la expansión de la escolarización en el siglo XIX, esa divulgación se ensanchó aún más. Los ateneos evolucionaron en concordancia. Los centros en los cuales divagaban unos pijos aristócratas, pasaron a ser puntos de encuentro para los burgueses industriales y los profesionales liberales que dedicaban los ratos muertos a las bellas letras. Y luego, con la difusión del movimiento obrero, surgieron otros ateneos cuya finalidad era la divulgación de la cultura entre las masas proletarias, con la firme convicción de que ilustrar al pueblo iba a conducir a su emancipación. Bueno, respecto de esto último...

La característica común de los ateneos suele ser su carácter de asociaciones más o menos privadas. Existen algunos ateneos que son fomentados desde el gobierno, pero por regla general, son grupos de personas fuera del Estado quienes, con la idealista misión de propagar la cultura, debatir ideas, intercambiar opiniones, etcétera, siempre sobre temas eruditos y curiosos, se reúnen y crean estos centros. Considerando que a veces entre los propios contertulios que visitan este país se intercambian opiniones y respuestas, supongo que la Guillermocracia misma cuenta como una especie de ateneo. Y a mucha honra si fuere el caso, añadiría yo.

Por eso, es que me produce un cierto sentimiento de... ¿nostalgia, pesar, resignación...?, el hecho de que la palabra misma "ateneo" esté pasada de moda. No se forman nuevos ateneos hoy por hoy. Los ya existentes, más o menos siguen ahí, pero no se forman nuevos. Centros culturales, de haberlos, los hay, y surge uno nuevo cada tres días. Pero no ateneos. En mi vida me ha tocado concurrir a centros culturales de distinto tipo, ralea y condición, y lo que no he visto es justamente la savia misma de lo que debería ser un ateneo: el intercambio y debate de ideas. En cambio, he visto mucho compadrazgo, amiguismo, clientelismo, golpecitos en el hombro y puñaladas traperas por la espalda, etcétera. Y cócteles. Muchos cócteles. Aunque casi ninguno con un vino realmente bueno. Si el bueno de Ateneo de Náucratis viviera hoy en día, su obra se llamaría El cóctel de los eruditos, o Los canapés de los eruditos, seguramente.

Supongo que es síntoma de los tiempos. Una de las características de la Modernidad, era la noción de que el debate y el intercambio de ideas llevaba a la sabiduría. No en balde, muchos escritores renacentistas y de la temprana Modernidad, a la hora de expresar sus ideas por escrito, lo hacían recurriendo a la forma del diálogo, casi como si fueran piezas teatrales: era su manera de plantearnos ideas no como ladrillazos sobre el cráneo, sino a través de convencer, argumentar, mostrar que su punto de vista era el más razonable frente a las posibles objeciones que pudieran plantearse. El sistema era tan bueno para ofrecer argumentos, que uno de esos tratados, el Diálogo sobre los dos sistemas del mundo de Galileo Galilei, a la par de ser una de las obras seminales de la ciencia moderna, le costó a su autor un arresto domiciliario que se prolongó de por vida. Mencionemos también de pasada algunos debates legendarios en el mundo científico moderno: el de Leibniz contra Newton por el cálculo infinitesimal, el de Newton contra Hooke, etcétera.


En cambio, hoy en día existe una especie de alergia casi visceral en contra del debate racional. Se ha impuesto una cierta idea de que todos tienen derecho a tener su verdad, de que todos los puntos de vista son más o menos válidos, de que no existen verdades universales, y de que cualquier intento por descalificar ideas contrarias partiendo desde los hechos objetivos, es una especie de fascismo encubierto. Si un punto de vista va perdiendo, sus defensores gimen angustiados: "¡Democracia! ¡Libertad!". Ante estas sacrosantas palabras, el debate debe detenerse porque ir más lejos significa privar al oponente de una verdad, lo que es casi un despojo de su legítimo derecho. Por supuesto, esos mismos tipejos, puestos en la situación contraria, y aprovechando el tener la razón para pasar el rodillo encima de sus oponentes, defenderán su actitud gritando, adivinen: "¡Democracia! ¡Libertad!". El mundo ha progresado mucho gracias a la generación de espacios democráticos de debate, desde luego, pero después, esos mismos espacios ahora ya no se usan para debatir, y todo en nombre de la democracia y de la libertad...

Por supuesto, la palabra misma "ateneo" es una víctima de esto. La acuñación de la misma es un tributo a las raíces grecorromanas de nuestra cultura. No son nuestras únicas raíces, por supuesto: ahí está la cultura judeocristiana, y en menor medida, la germánica, la arábiga en el caso del mundo hispánico, y la amerindia en el de Latinoamérica. Pero hoy en día, el elemento grecorromano de nuestra cultura parece ir en retroceso; hay casi como una vergüenza en regresar sobre el mismo. Cuando lo único que sabemos del mito clásico de Hércules es el falto de respeto musical de Disney de 1.997, o "la verdadera historia" que ni es verdadera ni es Historia, de la película con Dwayne Johnson de 2.014, entonces ya podemos irle tomando las medidas a la cultura grecorromana para construirle un cajón. Y no creo que sea casualidad. La cultura grecorromana clásica se basa en la racionalidad, la armonía, la perspectiva y la serenidad, todos valores que se oponen con fuerza a la vocinglería y al chivateo que son las señales características de nuestra cultura. Así, no es sólo que la palabra "ateneo" haya sido dejada de lado como un arcaísmo o por pasada de moda, sino porque representa activamente valores que nuestra cultura de barbarie e irracionalidad odia de manera casi genética.

Dentro de este contexto, un ateneo carece de sentido. Un ateneo no es un sólo un espacio de conocimientos brutos. En ese caso, un ateneo sería lo mismo que una biblioteca, o que la Wikipedia. Un ateneo es además un punto en donde se debaten ideas y conceptos, y al final, a partir de las perlas de sabiduría que todos pueden verter, todos los participantes salen enriquecidos. Pero los ateneos son para gentes con la piel resistente. Para quienes entienden que el derecho a tener y mantener una idea significa también la responsabilidad de cambiar de idea cuando ésta se prueba errónea más allá de toda duda razonable. El ateneo es el alambique mágico que filtra el conocimiento y lo destila en sabiduría; la mengua de los ateneos como concepto y como espacios culturales, dice mucho respecto de cómo hoy en día nuestra sociedad tiene más conocimientos brutos, pero al mismo tiempo, paradojalmente, es menos sabia, más bruta e ignorante. Proceso que, además, se ha visto acelerado gracias a Internet. Hoy en día, Internet es una gigantesca red de eso que en la Edad de Oro de la Ciencia Ficción se llamaba los cerebros electrónicos, pero los espacios dentro de la red que pueden considerarse como ateneos son los mínimos; salvo que consideremos las chicas practicando yoga, por decirlo de una manera sutil, como algo que nos hace más sabios como seres humanos, lo que es defendible desde cierto punto de vista, pero no desde uno que involucre lo científico o lo literario, por lo menos. Se echan de menos los ateneos, y se echan de menos por lo que constituye su razón de ser: encontrarse con otros seres humanos para debatir ideas y, al final del día, salir un poquito más sabios de ellos.

(Fuente).

3 comentarios:

Martín dijo...

Después de leer un artículo así a uno le dan ganas de hacer un comentario erudito pero, simplemente no estoy a la altura.
Lo único que se me ocurre decir ahora es que la revista de la Universidad de Concepción se llama Atenea, y que como los ateneos, no tiee mucha divulgación que digamos...

murinus2009 dijo...

Hasta este momento y como muchas cosas Importantes de la Historia y la Cultura Universal, es que me entero de lo que es un Ateneo.

Hace un cuarto de siglo, cuando entre a la Preparatoria, me dieron una revista con el titulo; El Ateneo de Coyoacan (Coyoacan es la segunda plaza mas visitada de México después del Centro Histórico) para conocer la escuela era básicamente una guía para el estudiante, pero no traía nada de lo que aquí tu, Guillermo, comentas de lo que es un Ateneo; un espacio para intercambiar y debatir ideas en forma racional, de hecho en esa Preparatoria no se promovía nada de eso que yo recuerde, mas bien lo contrario, desprecio al Conocimiento.

Definitivamente creo que la Guillermocracia es uno de los pocos Espacios en Internet (y en el mundo real) que califica como un Ateneo.

De que en el mundo la, corrección política, ha llegado a tanto que todos tienen su verdad, yo lo llevo mas allá, hay verdad segun tipo de pensamiento:religioso, magico, social, cultural, personal, sensorial, tema largo para extenderme aquí y creo que todo mundo tiene al menos 12 verdades, algunas son irrelevantes, como el pensamiento mágico o los gustos en la comida ¿que tan dulce debe ser algo? ¿Cual es tu color favorito?.
Otras como el Pensamiento Científico son simplemente lo mas Poderoso que poseemos y la mejor forma de presentar una Idea, en la Ciencia se avanza en el Conocimiento gracias a la Duda, una Hipótesis y aun una Teoría, es constantemente atacada hasta que se derrumba, o prueba su valía, mientras aparece otra mas solida o ninguna la destrona como a las, Leyes de la Termodinamica y así, es un camino que no termina.
Definitivamente se necesita no solo una piel gruesa, sino también una armadura y buenas armas (ideas, cuestionamientos, preguntas) para contraatacar y mostrar la validez de nuestro punto.
Por lo que he leído de maestros que están en Ciencia a nivel Investigación, parece que también ahí se dan los compadrazgos, favoritismos, amiguismos y las puñaladas por la espalda, muchos fondos de Investigación, comentan, se consiguen no tanto porque sea importante para el Investigador, o el bien común, sino porque este se promociona bien y promueve a sus amigos. "si yo te cito tu me citas" y participa no quien tiene una idea solida o conocimiento probado, sino quien es conocido en el circulo.
En Mexico asi le paso a un Criador de aves en extinción ya fallecido un tal, Doctor Estudillo, fundo un criadero de aves llamado, El Nido, ningun Biólogo quería aceptar sus estudios y avances (Y creo que a la fecha no los reconocen, no por que sus ideas no funcionaran, sino porque no era Biólogo, sino Veterinario.
Eso con el tiempo no sabemos que consecuencias tiene para el avance científico.

Es un gran tema este de los Ateneos, Guillermo, me da gusto que la Guillermocracia sea uno de los pocos que hay, como ya dije, en todo el Mundo (virtual y Real) deseo que ese espíritu de llevar al mundo: conocimiento racional ilustrado, alta cultura y también cultura popular, continúe por décadas y esperemos se propague y haya mas espacios para el intercambio de ideas y el debate inteligente, Ateneos, que ¿por que no? ayuden a crear nuevo conocimiento, o mejore el que existe, seria un logro merecido.

Por lo pronto, me parece Genial poder participar en este.

Hasta la proxima.




Guillermo Ríos dijo...

@Martín, desafortunadamente, el gusto por el conocimiento ha sido siempre asunto de minorías. Y es que, claro, cuando hay que levantarse a cavar zanjas el día siguiente, mantener una familia, criar niños...

@murinus2009, gracias por calificar de ateneo a la Guillermocracia, eso sí que es un señor cumplido.

Lo de las amistades y compadrazgos en la ciencia... Bueno, los científicos son seres humanos después de todo, y exentos de lacras y defectos no están. En lo personal, pienso que el crecimiento de los intereses creados, muchos de ellos corporativos, podrían terminar estrangulando el desarrollo científico, lo que significa que la edad dorada que la actividad científica ha vivido desde más o menos el siglo XVII, podría estar llegando a su final. Esperemos que no sea así, por supuesto.

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