jueves, 2 de noviembre de 2017

Bastión Esperanza - "Capacidad de reacción".

(Fuente).
Mientras se iban normalizando las cosas, dentro del cuartel militar en la Ciudad del Progreso, Brown bebía un sorbo de una taza de café. Escalante se le acercó, y se sentó a su lado.

– Lincopán se encuentra estabilizada – dijo Escalante, luego de sentarse. – Grave, pero estable.

– Bien – dijo Brown, con sequedad.

– Pensé que te interesaría…

– Por supuesto que me interesa, señor – dijo Brown, con tanta calma como hostilidad. Escalante se quedó mirando a Brown con fijeza, y éste, incomodado por el silencio, añadió: – ¿Por qué Lincopán y no Hilmarsson? Quiero decir… Señor…

Escalante suspiró, meditando muy bien sus palabras, y luego habló.

– He estado revisando la situación, Brown. El golem de Lincopán recibió un solo gran tajo, que casi rajó en dos a Lincopán por el abdomen. Una herida grave, pero única. El… barro… o de lo que sea que esté hecho el golem, se movió para taponar la herida. Hilmarsson en cambio recibió varios golpes por parte de los decápodos, y creo que el barro ése no pudo reaccionar…

Brown interrumpió a Escalante arrojando la taza a un costado. Ahora, su calma se había ido; su rostro estaba congestionado, sus ojos se habían humedecido, sus puños temblaban.

– Brown… – dijo Escalante. – Si sigues así, voy a tener que arrestarte. Por tu bien.

En ese minuto, por detrás de Brown, se acercó Seong.

– Brown… – dijo la chica.

Este se paró bruscamente, y sin interrumpir su movimiento, la empujó con todas sus fuerzas; siendo Brown el gigante que era, Seong cayó con bastante brusquedad al suelo.

– ¡Brown! – gritó Escalante.

– Me voy a la celda, señor – dijo Brown, recobrando un mínimo de calma. – Esa es la sanción por empujar a un compañero de armas, según el reglamento, ¿no?

Y mientras Brown caminaba con mansedumbre en la dirección en que se encontraban las celdas de arresto, Escalante se paró y fue hacia Seong mientras ella se ponía de pie.

– Sólo quería… disculparme con él, señor – dijo Seong. – Ya sabe, por cuando capturamos a ese…

– Hizo lo correcto, Seong – dijo Escalante. – Gracias a usted, tenemos a ese alienígena vivo y prisionero, en vez de que Brown lo matara. Ahora sólo tenemos que hacerlo hablar, y…

– ¡Seong! – gritó todavía otra voz. Era Jenkins. – ¡Ven acá! – dijo éste, con hostilidad hacia Escalante.

– ¡Señor! – dijo Seong. – ¡Si, señor!

Jenkins se dirigió a Escalante.

– Mira, niño bonito. Todos saben cómo haces carrera. Es por esa chica, tu amiguita, la que controla a la nave espacial Ganímedes. Si no fuera por ella, tú no serías nadie. No serías nada. Eres un cretino al que no le importa sacrificar hombres para obtener galones y medallas. Si no fuera por mí, porque fui a defender a mi subordinado al mando, Gauthier ahora estaría muerto, porque tú ordenaste abandonarlo en el campo de batalla. Pero el día en que descubran cómo controlar a Ganímedes y pateen a tu chica a un lado para que militares de verdad se hagan cargo de esa nave… ese día todo acaba para tí, idiota.

Escalante apretó los puños y estuvo a punto de volarle la mandíbula a Jenkins, a manera de respuesta. Pero la alusión de Jenkins a Alba había tenido el efecto de traerla a la memoria de Escalante. Sin duda, Alba no se sentiría contenta con Escalante si él reaccionaba así. Con este mínimo de claridad, Escalante comprendió que golpeando a Jenkins, además del tema disciplinario, quedaría como un hipócrita frente a la gente que estaba mirando, por haber amonestado a Brown de lo mismo, minutos antes. Además de que Jenkins podría jugar la carta de la víctima, y decirle a todo el mundo: “¿Ven? ¡Tenía razón! ¡Escalante es un cretino! ¡Miren cómo me trata por decir la verdad!”. Aunque no fuera la verdad.

¿O si lo era?, se preguntó Escalante. ¿En verdad era apenas un oficial más, que por casualidad mantenía una amistad con Alba Dunsany, o se le daba alguna clase de trato especial por dicha amistad…? Claro, controlaba al Golem Mayor, pero… ¿qué lo hacía realmente especial para eso…?

OxxxOxOOOxOxxxO

Las paredes de la celda eran perfectamente blancas. En una de las mismas había una banda cuadrangular de color negro, y dentro de ese espacio, una placa ligeramente traslúcida, pero a través de la cual malamente podía verse algo. Rantel contemplaba todo con cierta curiosidad. Los humanos son criaturas raras, sin lugar a dudas. ¿Cómo pueden sentir alguna clase de comodidad en esta clase de cubículos secos y lisos, en vez de una húmeda y bien calefaccionada estructura arquitectónica confeccionada con protoplasma orgánico?

Cierto, se dice a sí mismo Rantel. Los humanos son criaturas autónomas. No forman parte de un sistema biológico más grande que ellos mismos. Carecen del equivalente a un Cerebro Verde al que deban obedecer. También carecen de la infraestructura biológica para asimilar minerales y recursos desde el suelo, y hacer crecer biológicamente su propio medio ambiente. Los humanos deben recurrir a la manipulación de herramientas, al uso de principios físicos y químicos para fabricar sus propios materiales… Hay algo de admirable en que, siendo tan débiles, puedan viajar entre planetas, fundar colonias, librar guerras espaciales...

¿O acaso es justamente esa cualidad humana, su independencia respecto de un sustrato biológico que opere como un entorno artificial, lo que puede proporcionarles una carta de la victoria? Porque en ese caso, la idea de trazar una alianza entre los arzawe y los humanos para enfrentar en conjunto al Polígono, que Rantel viene cavilando, realmente no es un concepto tan descabellado.

Pero sólo Rantel puede verlo. Su propia configuración mental ha sido construida para preguntarse, cuestionar. Todos los agentes del Cerebro Verde obran de común acuerdo con la mente colectiva… salvo Rantel, cuyo trabajo es justamente introducir una voz disonante, para proponer al Cerebro Verde puntos de vista no considerados por la unidad mental arzawe. Si Rantel consigue regresar hasta los arzawe, ¿conseguiría convencerlos de la posibilidad de crear una alianza con los humanos…?

Mientras Rantel se sumergía en sus propias reflexiones, los humanos al otro lado de la placa semitransparente lo contemplaban.

– No hay respuesta alguna. Simplemente se queda ahí, aletargado, hasta estúpido – comentó la señorita Nair, vía menterminal, pero al mismo tiempo diciendo sus palabras en voz alta para que los técnicos alrededor pudieran escucharla, ya que el nivel de autorización en la comunicación que estaba usando en la menterminal, estaba por encima del nivel de dichos técnicos. A pesar de la carga semántica de los epítetos, no había animadversión ni desprecio en sus palabras. Flora Nair contemplaba los indicadores biológicos con fascinación, los revisaba y los volvía a revisar, atenta al menor cambio posible.

– ¿Cree usted que podremos comunicarnos con él… de alguna manera? – preguntó el Presidente Kulkov, siempre vía menterminal.

– En nuestro análisis biológico preliminar, este alienígena parece… humano.

– Entonces podemos comunicarnos con él – dijo el Comandante Luca.

– Con el debido respeto, Comandante… me parece que está perdiendo el punto más importante aquí – dijo Flora Nair. – Estamos tratando con un alienígena. Existe cierta base para suponer que toda la vida en el universo debería basarse en el carbono y el agua, de manera que esperar un alienígena orgánico era… algo lógico, según nuestra ciencia. Pero no esperábamos algo tan… humano. Existen incontables maneras en que los átomos pueden organizarse para crear moléculas orgánicas, pero la base bioquímica de este arzawe es… demsasiado similar a la humana. Diferente, sí, pero no todo lo que cabría…

– ¿Está sugiriendo que este arzawe es un humano capturado? – preguntó el Presidente Kulkov.

– Es una posibilidad. Que sea un humano capturado y asimilado dentro de la especie arzawe… de alguna manera. Eso explicaría su biología híbrida.

– Entonces podemos comunicarnos con él – insistió el Comandante Luca.

– Comandante… – insistió Flora.

– Llévenle intérpretes – ordenó el Comandante Luca, imperioso. – Si ese desgraciado es un humano capturado, tiene que haber sido capturado en el Sistema Solar, o en alguno de los planetas colonizados como Esperanza. Lo vamos a hacer hablar, lo quiera o no.

Flora movió negativamente la cabeza ante la porfía del Comandante; era claro que éste no entendía los entresijos científicos del asunto. El Comandante Luca había saltado recto a su punto: era posible que el arzawe fuera un humano asimilado, así es que debía serlo, y a traducir. ¿Y si resultaba que no era el caso? ¿Y si era una simple situación de evolución convergente, en que criaturas alienígenas de otro planeta habían encontrado adaptaciones evolutivas similares para entornos también similares…?

Por la misma actitud porfiada del Comandante Luca, Flora decidió guardar silencio sobre una posibilidad adicional. Si realmente el arzawe era un humano asimilado, siempre podían intentar instalarle una caja negra en el cerebro. Por supuesto, aunque el cerebro del arzawe era similar al humano, las diferencias sutiles entre especies que quizás pasaran desapercibidas, podían llevar a que la operación quirúrgica terminara en catástrofe. Y lo peor que podía pasarles ahora, era perder al alienígena porque se les muriera en el pabellón.

– Bien – dijo Flora. – Probemos con los intérpretes.

OxxxOxOOOxOxxxO

La sala es amplia, espaciosa, llena de paredes rugosas conformadas por células arzawe, húmedas, palpitantes, llenas de vasos comunicantes biológicos transportando nutrientes para sostener la inmensidad de la base subterránea que los arzawe siguen construyendo a toda marcha en la Luna Menor. Warna contempla la escena, maravillada. Es la primera vez que se encuentra en la presencia del Cerebro Verde. Y ella es tan sólo una niña.

– Pregunto: ¿Qué hacemos aquí? – suelta Warma, maravillada.

– Explico: Tu misión es tener una individualidad propia, para detectar los puntos débiles en la percepción y planificación de una mente colectiva – responde el Cerebro Verde, con cierta frialdad. – Pero aún estás en proceso de maduración, y por eso, sólo oyes, pero no intervienes.

– Analizo: Hemos determinado que los humanos están dispuestos a utilizar la tecnología del Polígono hasta sus últimas consecuencias, aún a riesgos de ser descubierta nuestra presencia en este sector de la galaxia – señala Verel. – Temíamos que se transformara en una guerra de desgaste, y eso ha sucedido.

– Considero: Ya no necesitamos refrenarnos, porque es posible y probable que el Polígono conozca de nuestra presencia en este sector de la galaxia. Debemos lanzar un ataque total contra los humanos del planeta, y erradicarlos, usando la tecnología del Polígono inclusive – dice Useliel.

– Añado: Hay otra opción adicional. Aparte de las naves que estamos fabricando en el interior de esta base para la ofensiva final, es posible que necesitemos refuerzos desde la Escuadra Principal. Sería más fácil si el mismísimo Arslan Zetten arribara acá y dirigiera una ofensiva total en contra de ese planeta – apunta Verel.

– Evalúo: Ya que estamos llegando a la conclusión de que la aproximación cauta no ha funcionado, debido al uso de tecnología del Polígono por parte de los humanos, la intervención de la Escuadra Principal podría hacerse necesaria – dijo el Cerebro Verde, y luego añadió: – Determino: Enviaremos una embajada a Arslan Zetten, para que éste envíe refuerzos, y nos permita aniquilar a los seres humanos de este planeta…

Mientras tanto, en los extensísimos hangares subterráneos de la base arzawe bajo la superficie de la Luna Menor, crecían y se nutrían desde el suelo las cientos de vainas en cuyo interior iban germinando lentamente las futuras naves espaciales que, llegado el minuto, se abrirían paso a través de la corteza geológica, y volarían gloriosamente para luchar una batalla decisiva y final, en contra de los humanos de Esperanza…

つづく

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails