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martes, 14 de noviembre de 2017

1.977 en los cines: 50 películas de hace 40 años (5 de 10).


Y ya vamos llegando en esta serie de posteos dedicados a rememorar cómo era el cine hace cuarenta años atrás, hasta la mitad de 1.977. Queda otra mitad de año por delante. Y partimos con nota muy alta, porque a continuación, viene una de las mejores películas del agente 007. Porque la entrega anterior la partíamos con Jacqueline Bisset, y ahora toca Barbara Bach, poquitos años antes de ser la señora Starr... Y por supuesto que también Roger Moore, que en este 2.017 ha dejado este valle de lágrimas, ya que estamos. Y ahora, sin más preámbulos...


21.- La espía que me amó (The Spy Who Loved Me / 7 de Julio, en Inglaterra).

Ha salido varias veces al ruedo en esta serie de posteos, y por fin llegamos a ésta. Desde hacía una década que James Bond estaba en una travesía por el desierto, con un George Lazenby vilipendiado como Bond (Al Servicio Secreto de Su Majestad de 1.969), un Connery haciendo el payaso en Las Vegas (Los diamantes son eternos de 1.971), un Roger Moore contra la heroinomanía (Vive y deja morir de 1.973) y luchando contra karatekas en el Extremo Oriente (El hombre de la pistola de oro de 1.974)... Con la franquicia al borde de la extinción, se jugaron una última carta: el regreso a lo clásico, léase un argumento épico, supervillanos megalómanos tratando de destruir el mundo, exotismo a tope, etcétera. Y salió bien. Salió muy bien. La espía que me amó suele ser considerada como la mejor película Bond de Roger Moore, una de las mejores de la saga a secas, y de hecho, la película que salvó la franquicia de viajar hacia el cementerio de elefantes en donde ya descansaban y siguen descansando los huesos de Derek Flint, Matt Helm o Modesty Blaise. ¿De quiénes? Exacto.



En el argumento, un malvado empresario ha construido una ciudad bajo las aguas del océano, y en secreto ha desarrollado un plan para secuestrar submarinos nucleares y apoderarse de sus misiles, para desatar la Tercera Guerra Mundial, hacer que Estados Unidos y la Unión Soviética se exterminen mutuamente, y emerger desde el mar para conquistar lo que quede de la Tierra. James Bond debe unir fuerzas con una agente soviética, la muy neumática Barbara Bach, para detener la amenaza. Con una banda sonora a cargo por una vez no del incombustible John Barry, quien en esa época tenía un problemilla de impuestos en Inglaterra, y estaba trabajando en la banda sonora de Abismo; su reemplazo fue Marvin Hamlisch, con un trabajo tan bueno que le valió una merecida candidatura al Premio Oscar... que perdió ante John Williams y La guerra de las galaxias, por supuesto, ya se lo imaginaban. Como sea, La espía que me amó no sólo aguantó el recio chaparrón lucasiano en la sala de cine al lado, sino que además revitalizó a 007 lo suficiente como para aguantar después la temible Moonraker, la subvalorada Sólo para sus ojos, la payasa Octopussy, y la aguada En la mira de los asesinos. Pensándolo bien... parece que tenemos una Bond legendaria a razón de una cada diez años en promedio: ésta en 1.977, Su nombre es peligro en 1.987, Goldeneye en 1.995, Casino Royale en 2.006, Spectre... no, tú no.


22.- La isla del Doctor Moreau (The Island of Dr. Moreau / 13 de Julio).

Todo el mundo conoce esta historia. ¿Por haberse leído la novela original de Herbert George Wells? ¡Qué va, quién diablos lee hoy en día! Aparte de los cuatro lectores de la Guillermocracia, por supuesto. No, la gente conoce esta historia por la parodia de Los Simpsons en que el Doctor Hibbert se dedica a fabricar híbridos entre humanos y animales. Los Simpsons, siempre Los Simpsons. La novela ha sido adaptada tres veces por Hollywood para el cine, en 1.934 primero y la versión de Val Kilmer y Marlon Brando en 1.996 al último, con ésta de por medio; además de las versiones bastardas sueltas por ahí, por supuesto, que también las hay. El argumento de esta película va acerca de un náufrago que arriba a una isla misteriosa en donde se encuentra con un grupo de personajes misteriosos; por el camino se revela, claro está, que el famoso Doctor Moreau realiza experimentos con animales para dotarlos de inteligencia, humanidad, etcétera. Al final, las bestias se sublevan en contra del Doctor Moreau, que por supuesto, acaba sus días devorado por sus propias creaciones, porque hay fronteras que la ciencia no debería traspasar, conocimientos que el hombre no debería tener, ustedes ya se conocen la cantinela. Lo de siempre.



El protagonista es Michael York, galán de algún prestigio en esa época y un tanto olvidado hoy en día, con Burt Lancaster como el Doctor Moreau, y la siempre bárbara y agradecida Barbara Carrera amenizando la vista, en uno de sus primeros roles para el cine antes de ser la chica Bond de Nunca digas nunca jamás, y la chica Condorman de... Condorman. Auch. Merece mención el hecho de que en esta película se menciona que los experimentos del Doctor Moreau van sobre Genética, actualizando así el mito, ya que en la novela original, cuando la palabra misma era desconocida, los métodos eran quirúrgicos. La película fue recibida con tibieza, ni demasiado alabarla ni demasiado criticarla, y falleció de una muerte relativamente rápida e indolora en la taquilla; hoy en día, la gente en general tiende a acordarse más de la catastrófica versión de 1.996, que de ésta, aunque sea porque la versión de 1.996 es la que incluye a Marlon Brando luciendo una vistosa y muy a la moda cubeta de hielo en la cabeza. Para que luego digan que Lady Gaga es estrafalaria.


23.- MacArthur (MacArthur / 15 de Julio).

Recuerdo haber visto esta película de niño en la televisión, porque era un biopic sobre un personaje histórico, y a mí de niño me gustaban los biopics de personajes históricos, casi tanto como los animes de mechas. Debo haber sido el único prepúber que en su día se tragó por gusto y además disfrutó el biopic de Golda Meir protagonizado por Ingrid Bergman, y el de Anwar el Sadat protagonizado por Louis Gossett Jr., lo que me ponía en la muy poco envidiable posición de ser el único niño en toda la década de 1.980 que podía hacer una disertación razonable sobre la situación geopolítica contemporánea del Medio Oriente. Como pueden ver, lo de insoportable me viene desde embrión. El caso es que vi esta película en televisión, sin tener idea de que había sido estrenada en cines, y pensando con mi incipiente conocimiento cinéfilo, que seguro había sido rodada en la década de 1.960, tan pasada de moda me parecía. Y con el tiempo, mi opinión sobre la misma no ha mejorado mucho, en realidad.



No ayuda que la película adopta un tono más bien amable e incluso zalamero con el biografiado, cuando en la vida real, si bien MacArthur fue en efecto uno de los mejores generales de la Segunda Guerra Mundial, no es menos cierto que era un desgraciado que durante la Guerra de Corea estuvo dispuesto a descargar bombas nucleares sobre China, un país que en ese minuto era no beligerante, de manera oficial y sobre el papel por lo menos, y yendo contra la autoridad del Presidente Truman sobre la materia inclusive. ¿A ustedes les da terror el General Ripper de Doctor Insólito de Stanley Kubrick, que aprovechando un resquicio y saltándose las cadenas de mando mandó unos poquitos bombarderos con nenes nucleares a Rusia? Pues MacArthur estuvo a punto de ser un General Ripper de la vida real, y más de una década antes por añadidura. Más allá, poco que rescatar de la película. Es un biopic y una película de guerra de manual, al uso de cómo se hacían en el ciclo bélico de la década de 1.970, ya mencionada en esta serie de posteos, bien hechita pero poco más que eso, con un Gregory Peck inmenso como siempre, eso sí, dándole vida al protagonista. En taquilla se estrelló, y diría que, hoy en día, esta película yace en el olvido, y con bastante razón, por lo demás.


24.- Orca (Orca, también Orca: The Killer Whale / 22 de Julio).

Estrenada en medio de la fiebre por bichos masacrahumanos que invadió al cine después de Tiburón de Steven Spielberg, en 1.975, ésta es otra del mítico productos Dino de Laurentiis, quien ya había hecho su contribución al género el año anterior con King Kong, el remake del clásico de 1.933 en donde el simio de marras se sube a las Torres Gemelas en vez del Empire State. En cuanto a Orca, está basada en una novela que por supuesto, nadie ha leído, supuesto de que alguien sepa este dato... y supuesto de que alguien de una generación más reciente haya visto o incluso se haya enterado de esta película casi olvidada en nuestros días. El argumento: un cazador de ballenas arponea a una orca hembra que está preñada, y luego, la orca macho que es su pareja se lanza a una fiera venganza a través de los mares del mundo. No, el argumento no es una parodia ni una comedia, eso de una orca vengativa es completamente en serio. Con la entonces muy guapa Bo Derek metida en medio, para amenizar el camino.



Hora del humor sarcástico marca Guillermocracia aquí. Por un lado, el argumento es una especie de Moby Dick al revés, con el cetáceo persiguiendo al humano para vengarse. Por el otro, tiene algún paralelo con la algo anterior Deseo mortal, la mítica película de 1.975 en la que Charles Bronson se pone a masacrar gandules en venganza por lo que le hicieron a su familia, sólo que en este caso el rol de Charles Bronson lo interpreta una orca animatrónica... no haré un chiste al respecto porque éstos se escriben solos. Además, ironía suprema, esta película quería ser un clon de Tiburón... sólo para que el muy idiota argumento del bicho marino vengándose del humano fue reutilizado sin vergüenza ajena en Tiburón 4: La venganza, de 1.986. De la película, lo único que la crítica rescató fue el soundtrack de Ennio Morricone, de entre todos los posibles compositores; en cuanto a la taquilla, apenas respondió. Por suerte. Porque, ¿saben qué hubiera producido Dino de Laurentiis después, si hubiera tenido éxito? Exacto: una de King Kong contra la orca. Y ustedes que se reían por el anuncio de una de King Kong contra Godzilla para 2.020; dejando de un lado King Kong contra Gojira y otros sushis japoneses, por supuesto. Al final, el señor de Laurentiis sí estrenó secuela para King Kong, la también olvidada King Kong vive de 1.986, aunque sin orca de por medio. Malditos explotadores de Hollywood, décadas explotando a monstruos que lo único que quieren, es que los dejen vivir en paz...


25.- La colina de los ojos malditos (The Hills Have Eyes / 22 de Julio).

"Los suertudos la palman primero", rezaba el eslogan de esta película, y ya desde ahí, nos pone el cuerpo malo. Una de las cosas que suceden cuando regresamos a los orígenes de un género que aún no está bien asentado, es que muchas cosas son raras, y además perturbadoras si hablamos del Slasher. Sembrando un poco sobre las bases de Psicosis y de La fuente de la doncella, de ¡Ingmar Bergman!, el director Wes Craven fue uno de los que empezó a darle forma al Slasher con La última casa a la izquierda de 1.972, antes de seguir con La colina de los ojos malditos, mala traducción para Latinoamérica del original que vendría a ser Las colinas tienen ojos. La premisa: una familia se mete al Desierto de Nevada, y ojalá nunca lo hubieran hecho, porque aparecen rednecks caníbales para invitarlos a almorzar, digámoslo así. Porque si hay algo que Hollywood nos enseña una y otra vez, es que en Estados Unidos jamás salgas de las grandes ciudades, o vas a necesitar a Los Magníficos o al Auto Fantástico para sobrevivir.



La habilidad de la película para meter terror a la vena, estriba en su combinación de elementos de pesadilla: el desierto como espacio inhóspito para el ser humano, en este caso el de Nevada con su historial de explosiones nucleares de prueba o como esta película mete una sutil metáfora sobre el miedo a la radioactividad, los caníbales salvajes como reflejo brutal y distorsionado de la naturaleza bestial que tratamos de esconder en nosotros mismos, y por supuesto, el gore, aquí nada amable o estilizado como en películas posteriores. La película fue un exitazo, recaudó 25 millones de los de esa época sobre un presupuesto de apenas 230.000 dólares, y se transformó en un clásico de culto. Wes Craven dirigió después una secuela, que... bien, digamos de ella que el propio Craven admitió haberla rodado por el dinero. En 2.006 vimos un remake dirigido por Alexandre Aja, que intentó pero no pudo tener el mismo éxito que la original porque, después de todo, los tiempos evolucionan, y lo que funcionó una vez, no tiene por qué hacerlo tres décadas después, por mucha actualización que le metamos al asunto. En cuanto a Wes Craven, ya sabemos que él después creó a uno de los personajes definitivos del Slasher, a Freddy Krueger, en la película Pesadilla en la Calle Elm, pero eso es otra historia.


Y ahora que hemos llegado hasta la mitad del recuento en esta serie de posteos sobre películas estrenadas en 1.977... iniciaremos la segunda mitad de mala manera. Muy mala manera. Con la que probablemente es la peor película del pelotón, y considerando algunas perlas incluidas, eso es decir su buen poco. ¿Por qué entonces me tomé la molestia de incluirla? La respuesta, en la próxima entrega de esta alucinante serie de posteos, aquí en la Guillermocracia. Y ahora, lo que estaban esperando...

¡Galería de afiches!






4 comentarios:

Martín dijo...

Sólo he visto dos de esta tanda, la Orca, que la vi de pequeño y la verdad, no recuerdo mucho, y la de James Bond, que la vi de grande, y he de confesar que sólo por la actriz secundaria, Caroline Munro... Ya sé, pero soy débil...

Cristiam Julian Ayala Peña dijo...

Es increíble el bagaje de cine que tienes. últimamente he pensado ver Orca, Eraserhead y Deep Blue, ya que las veo recomendables.

Cristiam Julian Ayala Peña dijo...

He sido todo un postergador profesional. No he logrado ver ninguna de las tres mencionadas porque soy éso, manuda maldición.

Guillermo Ríos dijo...

@Martín, hay que ser el hombre de hierro para resistirse a los encantos de la Munro, que por esos años estaba realmente de academia.

@Cristiam_Julian_Ayala_Peña, no hay problema, allá afuera hay un millón de películas y series que ver, así es que...