domingo, 8 de octubre de 2017

Luces y sombras de la autodeterminación.


En los últimos días, ahora en Octubre de 2.017, quienes miramos a la realidad internacional nos hemos llevado un desayuno de campeones. En los meses precedentes, las autoridades de Cataluña llamaron a un referéndum en que se hizo una pregunta muy caliente: "¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república?". Claro está, la institucionalidad española no le dio el pase, pero los independentistas fueron adelante igual. El 1 de Octubre de 2.017, se celebró el referéndum, o medio se celebró, en medio de una fuerte represión policial. Los independentistas proclamaron el triunfo y se han puesto manos a la obra para emanciparse, mientras que el gobierno español maniobra de manera desesperada para impedir lo que podría llegar a ser el mayor cambio territorial en la Península Ibérica desde la independencia de Portugal en 1.640. Cómo resultará todo, al momento de escribir estas líneas sólo se puede especular.

Que suceda algo tan bananero o africano en un país de la muy correcta y señorial Europa, ha dejado un tanto en la sombra que el 25 de Septiembre inmediatamente anterior hubo otro referéndum de idéntica naturaleza, pero ahora referido a Kurdistán. A diferencia de Cataluña, que para formarse como república independiente debería liberarse de España, un Kurdistán independiente debería surgir aglutinando territorios de varios vecinos que, por supuesto, se niegan a cederlos así por las buenas. Tanto Turquía como Irak tienen su historial en eso de reprimir la potencial independencia kurda; la masacre de kurdos por parte de los otomanos en 1.915 suele ser considerada como uno de los grandes genocidios del siglo XX, mientras que son conocidas las operaciones con armas químicas de Saddam Hussein, en sus días de gloria gobernando Irak.

Es por lo tanto buena hora para repasar un poquito lo que ha venido en llamarse el principio de autodeterminación de los pueblos. Principio conflictivo como pocos, y que ha tenido un historial bastante turbulento en la Historia Universal, por supuesto. Por un lado, dicho principio se vincula al tema de los derechos fundamentales de la persona humana. Por el otro, impacta de lleno en ese tópico tan sensible que es la nacionalidad, y su inevitable corolario, el nacionalismo. No debemos olvidar que el tema nacional es ante todo una cuestión emocional, más que racional, ya que se define por la pertenencia a una determinada tradición cultural, y esas cosas tienden a sentirse más con el corazón y el vientre, más que ser reflexionadas con el cerebro bien frío.

Partamos de manera práctica, con dos momentos en la Historia Universal, ambos pertenecientes a la Historia de Estados Unidos. En 1.776, un grupo de peligrosos insurgentes reunidos en un congreso para complotar en contra de Su Majestad el Rey Jorge III de Inglaterra, proclamaron la independencia de las llamadas Trece Colonias. Aunque la maquinaria propagandística estadounidense vende esta historia como una noble gesta por la libertad, en realidad todo partió por una cuestión de sórdido lucro monetario: la economía británica se había quedado un tanto resentida por los gastos de la Guerra de los Siete Años, y el Rey Loco en conjunto con sus parlamentarios decidieron que era buena idea gravar con impuestos a las colonias. Ellas protestaron: "¡No hay impuestos sin representación!". La idea es que los impuestos establecidos de manera unilateral por el Gobierno de Inglaterra para las colonias, violaban los derechos de los colonos en tanto ciudadanos ingleses. Sabemos cómo siguió eso: las Trece Colonias se proclamaron independientes, Jorge III envió a los casacas rojas, las tropas coloniales se defendieron con ayuda de Francia y España, y al final Inglaterra debió ceder, y reconocer la independencia de las Trece Colonias en un tratado de 1.783. Las cuales siguieron siendo independientes de hecho y de derecho, ahora como Estados, no sólo de Inglaterra sino también entre sí, hasta que pactaron unirse en una federación. Como esa federación eran estados que se habían unido, y además estaban en América... la llamaron Estados Unidos de América, alardeando de creatividad.

Grupo de sediciosos violando las leyes en vez de buscar la independencia por la vía institucional.
Salto en el tiempo a 1.861. El tema candente de la época era el asunto de la esclavitud. A los Estados del Sur, la esclavitud les gustaba porque significaba mano de obra barata para las plantaciones de algodón que eran la base de su economía. El Norte podía darse el lujo de prescindir de los esclavos porque su economía estaba industrializándose con celeridad, y es fácil tener un poquito de conciencia social cuando eso no afecta el bolsillo, claro. El Sur se separó de los Estados Unidos, alegando derecho a la autodeterminación; haber aceptado la federación, argumentaban, no significaba haber renunciado a su autodeterminación, y así como se habían unido de manera libre, tenían derecho para separarse también de manera libre. El gobierno de Abraham Lincoln en cambio retrucó que al proclamar la Constitución de 1.787 y aceptar un Estado federal sobre los diversos Estados particulares, éstos habían renunciado a su propia soberanía. Hubiera sido un interesante debate jurídico, pero al final todo se resolvió por métodos más primitivos: en concreto, a punta de fusil. Y bayonetas. Y primitivas ametralladoras. Porque disponer de abogados es bueno, pero disponer de soldados suele ser mejor.

Estas dos viñetas son un pequeño muestrario de lo complicado que es el tema de la autodeterminación. ¿Qué es el derecho de autodeterminación? ¿Quién lo tiene? ¿Cómo puede manifestarse? ¿Se puede renunciar, se ha renunciado de hecho aceptando un gobierno de otra nación? Y sobre todo, si aceptamos que los pueblos tienen derecho a la autodeterminación, ¿cómo garantizamos que una vez asegurada la autodeterminación de los pueblos, éstos no usen esa autodeterminación para oprimir la potencial autodeterminación de otros pueblos, bien sean vecinos, bien estén sometidos bajo su férula? Son materias muy complejas, que para colmo forman parte del Derecho Internacional, rama del Derecho que no está tan bien codificada y organizada como el Derecho interno, y que por lo tanto, depende mucho de costumbres, precedentes y cuestiones de hecho, en vez de tratados o leyes, que tienen su peso, pero que es más bien relativo.

Primero que nada, y éste es un primer escollo, el derecho de autodeterminación pertenece a las naciones, y no a los individuos, lo que extrae al mismo del catálogo de derechos humanos propiamente tales. El derecho humano correlativo es el de la nacionalidad. El artículo 15 de la Declaración Universal de Derechos Humanos expresa que "toda persona tiene derecho a una nacionalidad", y que "a nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad". Ahora bien, ¿debemos entender el derecho a cambiar de nacionalidad como el de optar entre nacionalidades preexistentes... o también incluiría el derecho a crear la propia nacionalidad, vía ejercer el derecho a la autodeterminación? Este tratado no se refiere a la cuestión, y aunque otros instrumentos jurídicos aluden a la autodeterminación de una manera u otra, dejan estas cuestiones más o menos en la sombra. Eso sí, el artículo 21 número 3 de esta declaración señala que "la voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público". Esto es un llamado a crear instituciones democráticas para el gobierno, por supuesto, pero resulta tentador preguntarse si es que acaso esto no legitima la posibilidad de que la voluntad del pueblo le niegue base a cierto poder público y se independice de él para crear su propio poder público. O sea, proclamar su independencia.

Por supuesto, el concepto mismo de nación es muy complejo. Todos tenemos una idea intuitiva de qué es o no es una nación. Sin embargo, me atrevería a decir, esta idea intuitiva es casi imposible de reducir a definiciones jurídicas operacionales. Por supuesto, quienes engendraron este enorme lío son los buenos y tontos occidentales. En la actualidad tendemos a mirar la Historia Universal en términos de Estados e imperios que son una población viviendo en un territorio determinado, sometidos a un Gobierno único, y con un cierto reconocimiento internacional. Sin embargo, esta es una visión muy occidental, e incluso occidental reciente. En el complejo de civilizaciones que desde antiguo se desarrolló en el Medio Oriente y el Mar Mediterráneo, el domicilio era un factor despreciable. Lo que era una necesidad: a medida que pasó el tiempo, fueron surgiendo imperios multinacionales que aglutinaban decenas de tradiciones culturales con sus propias raíces étnicas, ideas, religiones, costumbres y normas jurídicas, pero cuyos miembros vivían todos entremezclados. Así, la única manera de gobernarlas era respetando la adscripción de cada persona a un grupo étnico, religioso o demográfico que le fuera propio, y que no tenía raíces en ningún territorio en particular. En la antigua Grecia, por ejemplo, resultaba mucho más importante ser un ateniense o un espartano, que un habitante domiciliado en Atenas o en Esparta. El único pueblo del Medio Oriente y el Mediterráneo conocido por ir contra la corriente en esto fueron los hebreos, empecinados en su famosa Tierra Prometida, y no pocas veces se metieron en problemas por esto; en general, los pueblos del Medio Oriente iban en otra dirección, y tendían a no hacerse problemas con el tema de la nación y el territorio.

Propuesta para juego de tablero: Crear Estados nacionales para cada uno de ellos. Objetivo adicional: Crearlo con reglas que no inviten a que los jugadores se rompan los dientes entre sí.
El principio nacionalista surgió en Occidente un tanto por accidente. Después de la caída del Imperio Romano, el mundo europeo occidental se articuló en un régimen social descentralizado llamado el Feudalismo. Pero en el paso de la Edad Media al Renacimiento, algunos de esos feudos empezaron a crecer, y se transformaron en Estados nacionales. Esto llevó a que surgiera una Francia para los franceses, una Inglaterra para los ingleses, una España para los españoles, etcétera. No había conflicto alguno entre el principio de la nacionalidad y el de la autodeterminación por un lado, y el de territorialidad por el otro, porque a cada nación le correspondía en principio un territorio. Por supuesto, no debemos exagerar la vinculación que pudieran sentir los nacionales con su nación. Entonces como ahora, mantener a la nación cohesionada implicaba una buena dosis de garrotazos. En 1.640, después de sesenta años de dominación española, los portugueses se independizaron y los españoles no pudieron impedirlo; los catalanes intentaron seguir el mismo camino que los portugueses y se rebelaron, y los españoles sí que consiguieron imponer su superioridad militar. Hoy en día, en Octubre de 2.017, Portugal sigue siendo independiente, y Cataluña... bien, empezábamos el posteo refiriéndonos a ellos, y esto, no por nada.

Fue a caballo entre los siglos XIX y XX, que comenzaron los movimientos nacionalistas, tal y como los entendemos hoy en día, o sea, vinculando a un individuo con una tradición cultural común a la que llamar "nación", que también debería ocupar un territorio propio, o un Lebensraum, por seguir la terminología nazi. Y con ello, vino el tema de la autodeterminación, en particular cuando algunas de esas naciones estaban sometidas al imperio de otra, o sus nacionales estaban repartidos entre varios territorios. Vinieron movimientos de unificación, como Italia o Alemania, o emancipación, como las naciones de Europa del Este tras la Primera Guerra Mundial. Después, luego de la Segunda Guerra Mundial, empezó la descolonización, que multiplicó el número de Estados independientes desde una cincuentena hasta cerca de doscientos, en apenas medio siglo. En 2.017, el último en incorporarse a la nómina de Estados independientes venía siendo Sudán del Sur. Y parece poco probable que sea el último. Hoy por hoy tenemos a Cataluña y Kurdistán intentando despegar. Pero aunque llegaren a fracasar, no deberíamos ignorar el movimiento separatista de Escocia, que cobró un nuevo auge tras el Brexit de Inglaterra. O las diversas etnias indígenas sin nación en Latinoamérica, Africa o Asia, como los mapuches en Chile. O ciertos movimientos fringe en Estados Unidos, como el independentismo de California o Texas, minoritarios pero reales.

Por supuesto, lo decíamos más arriba, chocamos de lleno con el problema de cómo definimos a un pueblo en primer lugar. Hablar de una tradición cultural es fácil, pero, ¿qué conforma esa tradición cultural común? Una posibilidad es el idioma. Así, todos los franceses hablan francés, los italianos hablan italiano, etcétera. Por supuesto, las cosas no son tan sencillas. El francés predomina en Francia, pero también sobreviven idiomas como el bretón, por ejemplo. O lo que llamamos italiano, que en realidad es descendiente de un dialecto italiano llamado toscano, que cobró hegemonía por ser la lengua en que escribieron insignes literarios como Dante Alighieri, Francesco Petrarca o Giovanni Boccaccio, pero que no han terminado de suplantar al napolitano, al véneto, al emilio romañol, etcétera. Eso por no mencionar que el llamado español en realidad es un castellano agrandado, por decirlo así, hasta el punto que la Real Academia Española aconseja usar "español" para el castellano, a despecho de que en España también se hablan catalán, gallego y vascuence, que técnicamente por lo tanto son tan españoles como el "español". No por nada, el catalán tiene en España la significación política que tiene, más allá de ser un vehículo idiomático dentro de una determinada población. En Chile, el idioma oficial y mayoritario es el castellano, pero tienen cierta presencia marginal los idiomas indígenas que han conseguido sobrevivir: mapudungun, quechua, aimará, y rapanui. Y así sucesivamente.

Construyendo la nacionalidad chilena.
Otro posible factor es la religión. A lo largo de la Historia, muchos pueblos han adoptado la religión como bandera de lucha para mantener una identidad individual, de manera que cuando el gobierno se inclina mayoritariamente hacia una religión, los rebeldes buscando emanciparse tienden a inclinarse hacia otra diferente, o si lo hacen hacia el mismo credo, buscan una variante diferente del mismo. Ejemplos hay varios: la identidad católica de Irlanda contra el Anglicanismo de Inglaterra, la división del Raj Británico de la India en la hinduísta India y el musulmán Pakistán, la mantención del Shiísmo en Irán versus la mayoría sunita del mundo musulmán, etcétera.

Más complicada es la idea de que un pueblo viene conformado por una etnia. Porque el idioma puede aprenderse y la religión cambiarse, pero el color de la piel no. Cuando hablamos de identificar a un pueblo con una etnia, tendemos a acordarnos de los planes de purificación racial que emprendió el Tercer Reich dentro de su pretendido Lebensraum. Pero no es el único caso, ni de lejos. Ahí tenemos el conflicto entre los hutus y los tutsis en Ruanda. O la persecución contra, una vez más, los kurdos en el Medio Oriente.

Si es tan difícil definir lo que es un pueblo o una nación, no es raro entonces que sea muy sencillo encontrar argumentos para defender o atacar el derecho a la autodeterminación que pudieran tener éstos: basta con argumentar que una tradición cultural común es fuerte o débil, para aceptarles o negarles ese derecho. Por supuesto, el problema se ve empeorado por la cantidad de intereses cruzados de por medio. Después de todo, si una nación ejerce su derecho a la autodeterminación para independizarse, esto significa un cambio de autoridades, y eso a la vez implica un nuevo régimen con el cual las autoridades internacionales deberán negociar. Siendo muy cínico al respecto, me atrevería a decir que se impulsa la autodeterminación de los pueblos menos por una cuestión de principios, que por conveniencias prácticas. Un ejemplo podría ser la independencia de Panamá: Estados Unidos quería asegurarse un posible canal en el istmo de Panamá, entre el Océano Atlántico y el Pacífico, y como Colombia estaba poniéndose difícil, Estados Unidos apoyó la independencia de las provincias panameñas vía intervención militar armada. Luego, negoció con las nuevas y flamantes autoridades panameñas, y se hizo con el control del canal.

Mediación amistosa para resolver los temas nacionalistas del Medio Oriente.
Por otra parte, la autodeterminación puede verse muy lastrada por el tema económico. A partir del siglo XVI empezó el ascenso imparable del mundo occidental, que convirtió al noventa por ciento de las tierras emergidas de la Tierra en colonias de algún país europeo para las vísperas de la Primera Guerra Mundial. ¿A dónde se fueron esos imperios coloniales? La visión idealista es que se desplomaron porque en su lugar surgieron nuevas naciones que son independientes. Una visión más cínica diría que en realidad los grupos financieros internacionales descubrieron que mantener labores de policía sobre las antiguas colonias era demasiado oneroso, y era mejor externalizar las mismas en manos de élites locales operando como contratistas de los gobiernos occidentales. Las condiciones del contrato son que las naciones occidentales dejan a las élites locales en paz, mientras éstas se mantengan alineadas con los gobiernos y las finanzas occidentales, y si no lo hacen... el incumplimiento del contrato se sanciona con un buen golpe de estado que instale a contratistas un poquito más respetuosos con las cláusulas del contrato. En Latinoamérica sabemos un poquito acerca de estos métodos para asegurar la gobernabilidad del continente. En estas condiciones, uno puede preguntarse hasta qué punto la autodeterminación es real, y hasta qué punto, una escenografía montada para consumo de los nativos locales.

Para rematar, vale la pena preguntarse sobre si de verdad estamos viendo un auge de los movimientos de autodeterminación, o si son flor de un solo día. Frente a ello, mi respuesta estrictamente personal es que los movimientos separatistas irán cada vez más en auge, y el mapa político internacional irá atomizándose cada vez más. De manera tradicional, existe una vinculación insuperable entre Gobierno y comunicaciones: es imposible mantener el gobierno y control de un territorio y la población incluida en él, sin que existan comunicaciones entre ambos a través de las cuales puedan recibirse los informes y enviarse las órdenes, y sobre todo, que puedan marchar las tropas para mantener y asegurar el debido orden social. En última instancia, son las líneas de comunicaciones el gran límite histórico que han tenido todos los imperios para expandirse territorialmente. Y los pueblos sometidos a otros pueblos, en muchos sentidos lo han sido porque quien lo somete ha adquirido una línea directa hacia ellos.

Las modernas telecomunicaciones, y en particular Internet, han cambiado todo esto. Hoy en día, un nuevo gobierno puede entablar relaciones financieras y diplomáticas con literalmente todo el mundo. En estas condiciones, la supremacía militar ha perdido importancia. No por una cuestión tecnológica: hemos refinado la antigua diplomacia de las cañoneras hasta convertirla en la diplomacia de los dispositivos termonucleares. Pero el poder militar es demasiado caro de mantener, y aún más de usar. Esto permite que las naciones sin gobierno propio lo tengan más fácil para mantener, defender e incrementar su propia autodeterminación, porque a través de Internet pueden negociar y buscar toda clase de acuerdos que les permitan confrontar a un gobierno que los oprima. Además, la mayor facilidad de comunicaciones permite construir comunidades más pequeñas o de nicho que, adivinaron, pueden transformarse en el germen de nuevas tradiciones culturales que busquen su propia autodeterminación. Irónicamente, este objetivo podría ser incluso potenciado por un posible Gobierno Unico Mundial, bajo la vieja premisa del divide et impera: atomizar todavía más el mapa político internacional permitiría destruir contrapesos políticos a un gobierno único planetario. El resultado final de esto podría ser que a inicios del siglo XXII viéramos una especie de federación planetaria regida por un Gobierno Unico Mundial, imperando sobre quizás cuatrocientas o quinientas naciones nominalmente independientes, pero que usarían su autodeterminación únicamente para los asuntos locales o parroquiales. O de cómo suprimir la autodeterminación de los pueblos... fomentando al máximo la misma.

Bienvenidos a la Europa dividida entre todas las RILYM (Repúblicas Independientes y Libres de Yo Mismo).

1 comentario:

murinus2009 dijo...

Para que la autodeterminación sea posible es necesario que los que quieren autonomia, tengan una gran cantidad de recursos materiales a su disposición, de lo contrario no suele pasar nada, al poco tiempo se vuelve al estado anterior a la independencia y a veces peor, en la mayoria de los casos los lideres que impulsan la susodicha autodeterminación terminan ellos mismos trabajando el el gobierno (el sueño aqui en Mexico de todo comunista-revolucionario que se precie de serlo)

Aqui en México el ejemplo mas cercano se dio en 1994 con el EZLN, en aquel tiempo se planteaba como una fuerza que iba a cambiar la historia y mejorar la vida de los indigenas, hoy 25 años despues, lanzo una candidata a la presidencia.
Mi pronostico es que en los próximos años, muchos lideres de esa organización van a trabajar y cobrar cheques como diputados y senadores, haciendo lo de siempre:
Hacer que los pobres y la clase media subsidien a los grandes capitales a querer o no.

El unico caso de autodeterminación que parece funcionar en el Mundo es Suiza los suizos son la población mas armada del mundo, ello les ha permitido librarse de invasiones y saqueos, una anécdota dice que en la Primera Guerra Mundial un general aleman intento intimidar a su contraparte suizo diciendole:
¿que pueden hacer ustedes los suizos contra nuestro ejercito 2 veces mayor que el suyo? El suizo (los suizos practican tiro a larga distancia mas de 300 metros) contesto:
Iriamos a la guerra disparariamos 2 veces y volveriamos a casa.

El dato de si un gobierno mundial promovería la autodeterminación para hacer mas débiles a los pueblos dominados es para extenderlo mucho por una parte parece ser cierto a mayor division mas facil control por el otro el escritor Nassim Nicholas Taleb, asegura que un montón de estructuras diferentes enfrentandose entre si es preferible y mejora los sistemas complejos, menciona tambien el caso de Suiza segun Taleb suiza es un pais caotico tiene 6 idiomas oficiales y se arma escandalo por todo dice que en una ocasion se hizo un gran alboroto en una ciudad solo porque alguien queria construir una fuente sin el acuerdo de todos.

por otro lado un solo gobierno mundial hay quien dice que ya existe son los 230 megaricos unidos a las cupulas, gobierno mas empresas mas ricos de todas als naciones, otors sostienen que no puede haber solo 1 sino al menos 3 o 4
estados Unidos y Francia Alemania Inglaterra dominando Europa, Latinoamerica y parte de africa

Rusia dominando las exrepublicas sovieticas.

China dominando Asia oriental y parte de Africa excepto Japón y Korea.

Rusia india y China controlando su área contra occidente japon, Korea y Pakistan.

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