martes, 22 de agosto de 2017

Jack Kirby: Rey y dios de los superhéroes (2 de 3).

Jack Kirby en sus días de dibujante para Marvel Comics, en la década de 1.960.
Por estos días, en concreto el 28 de Agosto de 2.017, se celebra el centenario del nacimiento de Jack Kirby, uno de los más importantes autores de cómic de todos los tiempos. Y con ocasión de esto, es que en la Guillermocracia iniciamos un épico repaso en tres partes sobre la vida, obra, pasión y milagros de este personaje. Al cual seguimos en la entrega anterior durante las décadas de 1.940 a 1.950, en el período de su colaboración con Joe Simon, hasta que ambos siguieron rumbos separados. Y sin embargo, aunque ambos no volvieron a trabajar en conjunto, una última colaboración quedó dando vueltas: Challengers of the Unknown. Esta serie, mencionémoslo, fue publicada en castellano como Los temerarios, dentro de la revista Titanes Planetarios, en la cual la mexicana Editorial Novaro publicaba material de DC Comics traducido al idioma cervantino.

Esta obra cuenta como la última invención en conjunto de Joe Simon y Jack Kirby. Con la venia de Simon, Kirby tomó la idea que había quedado en el aire después del colosal hundimiento de Mainline Publications, y la vendió a DC Comics, por lo que cuenta como el primer trabajo realmente personal de la madurez como creador de Kirby. El equipo de marras vio la luz por primera vez en 1.957. La premisa es bastante simple: cuatro personajes sobreviven a un accidente de aviación y, sintiendo que por algún motivo se les ha garantizado lo que podríamos llamar oportunidad de franquicia tiempo extra en la vida, lo dedican a investigar sucesos paranormales o de Ciencia Ficción. O sea, más o menos lo que sería Los expedientes secretos X si es que sus protagonistas fueran un cuarteto. O los Cuatro Fantásticos, si el cuarteto estuviera compuesto por cuatro varones sin grandes superpoderes. No puede decirse que Challengers of the Unknown sea la franquicia más popular en manos de DC Comics, pero se las ha arreglado para mantenerse de una u otra manera allá afuera, en lo sucesivo.

En el intertanto, lo decíamos en la entrada anterior y lo detallábamos en la primera entrega de Marvel 75 años, Timely Comics había evolucionado en Atlas Comics. Un personaje llamado Stan Lee, que era primo de la señora de Martin Goodman, el dueño de Atlas Comics, había reemplazado a Joe Simon como editor en jefe luego de la partida de éste. El brazo derecho de Lee era un dibujante y guionista llamado Joe Maneely, joven talento cuya promesa nunca llegó a materializarse debido a una horrible tragedia: falleció arrollado por un tren. Más allá de la pérdida personal, porque Lee y Maneely se llevaban bien, el editor necesitaba con urgencia a un dibujante que fuera al mismo tiempo competente, y con buena capacidad de trabajo. Alguien como Kirby, por ejemplo, que en el intertanto, después del colapso de Mainline Publications, le vendría bien un trabajo. Así fue como Kirby acabó fichando de nuevo por Atlas Comics, que más o menos por esa época cambió al que sería su nombre definitivo: Marvel Comics. Y lo hizo a tiempo para ingresar por la puerta ancha a uno de los mayores universos narrativos del siglo XX, y quizás de todos los tiempos: el Universo Marvel. Pero aún faltaban unos añitos para eso.

A finales de la década de 1.950, la moda eran las historias de monstruos, y Kirby se aplicó a trabajar en ellas. También en Western, otro género que vendía bien en ese tiempo. Entonces vino un giro inesperado: Martin Goodman, que seguía siendo el jefe supremo de Marvel Comics, observó que a la rival DC Comics le iba bien con la Liga de la Justicia, así es que encargó a Lee que lanzara un cómic con su propio equipo de superhéroes. Así, en Noviembre de 1.961 salió el número 1 de Fantastic Four, nueva revista en la cual se presentó a los Cuatro Fantásticos; a la larga, este mítico ejemplar sería el primero del moderno Universo Marvel, tal y como lo conocemos, aunque varios personajes antiguos de Timely Comics fueron incorporados después en retrocontinuidad. Incluyendo al Capitán América, por supuesto. ¿Y quién fue el artista encargado del dibujo y la portada de ese mítico número 1 de Fantastic Four? Jack Kirby. Aún así, la transición desde los monstruos a los superhéroes no fue abrupta. La primera portada de Fantastic Four presentaba en efecto a los cuatro héroes luchando con un monstruo presentado grande y al centro del dibujo. Y uno de los miembros de los Cuatro Fantásticos era de hecho un monstruo: la Mole. Así como también lo sería Hulk después, otro personaje en el cual Kirby metió mano y los lápices. Hay días en los cuales uno no puede deshacerse de las modas de los monstruos.

La mítica portada del número 1 de Fantastic Four, de Noviembre de 1.961: Este fue el gran comienzo de todo el Universo Marvel moderno.
Con el paso del tiempo, la Mole se transformó en el personaje más popular de los Cuatro Fantásticos, porque introducía un elemento nuevo en el mundo superheroico. El grueso de los superhéroes anteriores eran tipos orgullosos y felices de serlo. La Mole, por el contrario, se ha transformado en un monstruo de roca que es perseguido y rechazado por ser diferente. Así, la Mole se transformó en un favorito del público adolescente de la época, que siendo adolescentes, podían conectar muy bien con sus sentimientos de soledad y alienación. También se ha observado que muy en el fondo, la Mole tiene mucho del propio Kirby: es un tipo que no importa cuánto ponga de su parte, siempre será perseguido y maltratado. Es además un tipo retraído... y bueno para asestar golpes, como lo muestra su frase clásica: "It's clobbering time!". También es posible ver la relación entre el siempre frío e hierático Reed Richards, y el más sentimental y emotivo la Mole, como una versión en cómic de la relación entre Stan Lee y el mismo Kirby. Resulta interesante observar también que mucho del predicamento de la Mole como personaje fue después llevado a Hulk, otra creación kirbyana centrada en un monstruo perseguido por ser diferente... y que también se las arregló para conectar muy bien y hacerse popular con los adolescentes de su tiempo.

En esta época fue cuando un Jack Kirby ya cuarentón y en rumbo a la cincuentena, acabó por depurar completamente su estilo. Uno de sus aportes más revolucionarios, fue inventar una técnica para mostrar campos y rayos de energía llamada en inglés los Kirby dots, que consiste en dibujar dichos campos y rayos con un contorno de puntos en vez de líneas. Técnica después imitada hasta la saciedad por supuesto, como tantas otras innovaciones kirbyanas. Más adelante, para dotar a sus personajes de dimensiones verdaderamente cosmológicas, en muchas ocasiones recurrió al collage como técnica. Los resultados son simplemente brutales, dignos de verse. Y aunque no tiene mucho que ver con el estilo de dibujo, mencionemos también que en esta época fue cuando Kirby pisó a fondo el acelerador con conceptos y nociones que serían los más personales de su obra. Así, aparecieron en Kirby los alienígenas ancestrales en las civilizaciones antiguas, incluyendo mayas e incas, y la obra kirbyana en este rubro prácticamente definió este cliché, de cara a la moderna cultura popular. Por supuesto, Kirby acabaría por marcar época, en un tiempo en que la New Age iría en alza, y Erich von Daniken se pondría a vender libros a lo bruto con el tema.

Para entender lo que viene después, debemos referirnos a lo que se ha acabado por llamar el Método Marvel. La idea de Stan Lee, el editor de Marvel Comics, era que todos sus cómics de superhéroes se conectaran entre sí a través de un universo más amplio. Esto mejoraba la narrativa, haciéndola más cosmológica... y además ayudaba a vender más cómics, por supuesto, ya que motivaba a los lectores a comprar más de una serie para enterarse del panorama global de sus personajes favoritos. Claro está, para cualquier persona el mantenerse escribiendo todo ese material al mismo tiempo sin que empezara a patinar la continuidad era un casi imposible, de manera que Lee desarrolló un interesante método de trabajo. Lo que Lee hacía era sugerir el argumento de las historias, y luego dejaba que los dibujantes desarrollaran los detalles narrativos a según como quedara mejor en dibujo, con la condición eso sí de que dejaran en blanco los globos de texto, que luego el propio Lee rellenaba con diálogos. Este método de trabajo fue muy eficaz para sentar las bases del Universo Marvel, pero para nosotros representa un problema mayúsculo, porque no tenemos realmente idea de cuánto aportó cada creador a la faena. Durante muchos años fue verdad oficial que Stan Lee era el genio y cerebro creador tras los personajes del Universo Marvel, y Jack Kirby era simplemente un dibujante más, aunque de los competentes, eso sí.

Andando los años, empezó a aflorar la algo más turbia verdad: Kirby tuvo mucho más que ver con la narrativa del temprano Universo Marvel, de lo que se nos quiso hacer creer. Hoy en día no tenemos idea de cuánto Kirby aportó más allá del dibujo, a cosas tales como conceptos, caracterizaciones o argumentos. Y considerando tanto lo que era el Método Marvel como las cosas que Kirby vino a crear después, es fácil deducir que Kirby tuvo muchísima más participación en la mitología interna del Universo Marvel de lo que se le reconocía de manera inicial. Stan Lee no se cortaba en alabar el dibujo de Kirby, y su talento para la publicidad le adjudicó el por otra parte muy justificado sobrenombre de "The King" ("El Rey")... pero guardaba silencio sobre el tema de la planificación en sí del Universo Marvel. Inicialmente Kirby parece habérselo tomado en solfa, pero con el tiempo empezó a hacerse patente su irritación. En Fantastic Four Annual número 3, de Octubre de 1.965, Kirby dejó caer una pulla: se dibujó a sí mismo junto con Stan Lee, invitados a la boda de Reed Richards y Susan Storm. Y con un detalle de humor... Nick Fury les niega la entrada a ambos. Es un chiste simpático, por supuesto, pero lo interesante es como Kirby estaba igualándose en estatus a Lee de manera implícita, al pintarlos a ambos en igualdad de condiciones y trato.

Fotograma de Los Vengadores, la muy taquillera película de 2.012, presentando a por lo menos cuatro de seis personajes en cuya creación y desarrollo Jack Kirby metió mano. O cinco, si quieren incluir la primera aparición de Black Widow en la portada de Tales of Suspense número 52.
La cuestión anterior no es baladí cuando uno se pone a sumar la cantidad y calidad de personajes en los que Kirby metió mano. Los Cuatro Fantásticos, ya lo dijimos. Pero también Hulk, Thor, Iron Man, Black Panther, Ant-Man, Silver Surfer, los Inhumanos, el Doctor Doom, Uatu el Vigilante, Galactus, Silver Surfer, Ego el Planeta Viviente... También los X-Men, incluyendo a Magneto por supuesto, aunque éstos no prendieron de verdad sino hasta cuando Chris Claremont los tomó bajo su ala en 1.975, largo tiempo después de que Kirby ya no trabajara para Marvel Comics. Y Sargent Fury and the Howling Commandos, con el personaje que después sería Nick Fury el jefe de S.H.I.E.L.D., cómic ambientado en la Segunda Guerra Mundial en donde Kirby hizo valer su experiencia como combatiente. Experiencia que Lee por cierto no tenía, ya que si bien al final había sido movilizado igual que Kirby, su talento como dibujante fue aprovechado en el Cuerpo de Señales, y por lo tanto, a diferencia de Kirby, Lee no llegó a ver acción de combate real. De los grandes personajes marvelianos de la época, el único en el cual definitivamente Kirby no metió mano fue Spiderman, y esto porque Stan Lee, después de ver el trabajo de Kirby, por alguna misteriosa razón prefirió encargarle a Steve Ditko que dibujara otra vez la historia, porque o si no, también el Amistoso Vecino acabaría integrando la lista. También Kirby aportó al Universo Marvel una dimensión verdaderamente cosmológica, con alienígenas de poderes vastos e imcomprensibles, algo nunca visto antes en los cómics, ni siquiera con Superman viajando por las galaxias. Frente a la vena cosmogónica de Kirby, de pronto el material antiguo en materia de cómics de Ciencia Ficción lucía vetusto y caduco.

Otro cliché en el cual también Kirby tuvo influencia, es la idea de traer héroes antiguos a la actualidad, pero con un giro más oscuro. Lo hizo con su propia creación y primer gran éxito, el Capitán América, que salvo un fallido conato en la década de 1.950, ya lo mencionábamos en la entrega anterior de esta serie de posteos, no había sido publicado de manera continua en dos décadas. El Capitán América fue integrado a la alianza de superhéroes que eran los Vengadores, pero ahora ya no como el antiguo idealista luchando por Estados Unidos, sino como un anacronismo viviente que, por haber permanecido congelado en un témpano desde la Segunda Guerra Mundial, tiene dificultades para adaptarse a los tiempos modernos más cínicos y desangelados. Para que luego hablen del mito de la década de 1.960 luminosa, optimista y flower power. ¿El Capitán América de la década de 1.950, entonces, dónde quedaba? Solución de retrocontinuidad, ya lo dijimos antes: en realidad era un impostor y no lo sabíamos. Esta idea de recrear a los héroes antiguos con un trasfondo más oscuro, fue explotada algo más de una década después por Frank Miller con Daredevil primero y Batman luego, y todavía después por Alan Moore con su propia visión del fin de las aventuras del Superman clásico en 1.986, o con héroes clásicos literarios en La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Y eso por no hablar de que Watchmen, una obra con personajes originales, en realidad éstos lo eran porque DC Comics no le dejó montar esa historia con los personajes comprados a Charlton Comics, que iban a ser los protagonistas en primer lugar. Miller y Moore le dieron forma moderna al cliché del héroe antiguo que ahora es más oscuro... pero una vez más, Kirby lo hizo primero.

Desde sus inicios modernos en 1.961, uno de los puntales del Universo Marvel fue exterior a los cómics mismos: me refiero a la publicidad. Al mismo tiempo que trabajaba en los cómics, Stan Lee empezó a hacer campaña para los mismos, cimentando así su fama de showman. Lee empezó a visitar los campus universitarios para dar charlas, y con ellas, acarrear a nuevos lectores. Por supuesto, esto le dio una enorme visibilidad, mientras que Kirby trabajaba en las sombras. Un artículo aparecido en el New York Herald Tribune el 9 de Enero de 1.966 llevó la tensión al siguiente nivel: dicho artículo podía ser leído como un enorme loor a la labor de Lee, mandando a Kirby a un segundo plano. Al mismo hombre a quien, en paralelo, Lee había pedido dibujar bocetos de personajes para que el resto de los dibujantes de la Marvel lo imitaran y todos los cómics tuvieran una estética parecida, que era la de Kirby... con lo cual, el valor mismo de Kirby como dibujante tendría por fuerza que disminuir, por supuesto. Todo parecía apuntar a que Lee estaba ubicándose en una posición que lo hiciera indispensable para Marvel Comics y su jefe Martin Goodman, al mismo tiempo que socavaba la importancia de Kirby. Como ya sabemos, Kirby no era exactamente una mansa paloma cuando le buscaban las cosquillas, y la trifulca posterior llegó a ser lo suficientemente seria como para que Lee cediera, y los créditos de las revistas Fantastic Four y The Mighty Thor pasaran de "escrito por Stan Lee" a "una producción de Stan Lee y Jack Kirby".

Por si todo eso no fuera suficiente, surgió todavía otro punto adicional de roce entre Stan Lee y Jack Kirby: de pronto, Lee comenzó a vetar varias ideas argumentales de Kirby. La idea de Kirby era ir cambiando a los personajes para mantenerlos interesantes, mientras que Lee creía más en consolidar un status quo en torno al cual se movieran los personajes, y fuera más o menos reconocible para los lectores. Uno de los vetos de Lee a Kirby, estaba destinado a hacer historia. En los cómics de Thor, Kirby empezó a introducir guiños a un apocalipsis venidero que iba a acabar con los dioses de Asgard, Thor incluido. Esto es congruente con la Mitología Germánica de la que viene Thor, por supuesto, ya que la misma culmina en el Ragnarrok, la destrucción completa de los dioses. La idea de Kirby era rematar la saga de Thor en un titánico enfrentamiento final en que los dioses murieran, y le dieran paso a nuevos personajes. Pero Lee lo encontró una terrible idea: el cómic de Thor estaba vendiendo bien, y además Thor formaba parte de los Vengadores, equipo de superhéroes cuyo cómic también se vendía bien, así es que, ¿para qué inutilizar de esa manera al personaje? De manera que ese hilo argumental fue cancelado, para enorme tirria de Kirby.

La portada del primer número dedicado a los Vengadores, en 1.963: todavía más Jack Kirby.
A todo lo anterior se sumó todavía otra ofensa adicional. Los personajes de la Marvel vendían bien, y esto significaba mercadishing. Incluyendo el lucrativo negocio de los dibujos animados para televisión, que empezó a abrirse. Todos estos tratos fueron cerrados por Goodman y Lee, que se llevaban jugosas tajadas sin que Kirby viera nada de ese dinero. Según la ley vigente, que databa de 1.909, los trabajos de Kirby eran a contrata, y por lo tanto, debía conformarse con lo que se le pagara por página, ya que los personajes en cuya creación interviniera en realidad le pertenecían a la parte contratante, o sea, a Marvel Comics, igual a como la casa edificada por un albañil le pertenece al propietario del terreno, sin que importe cuánto arte el albañil ponga en la construcción. Poco después, un ahora anciano y millonario Martin Goodman vendió su imperio editorial, con un contrato en que Stan Lee quedaba asegurado cinco años en su puesto, pero que ignoraba casi por completo a Kirby. En este punto entró Carmine Infantino, uno de los más míticos editores de DC Comics, quien tenía la hercúlea tarea de intentar derrocar a una Marvel Comics entonces todopoderosa en el mercado de los comics. Infantino le asestó a Marvel Comics un muy recio golpe, ofreciéndole un jugoso contrato a Kirby. Dadas las circunstancias, éste no se lo pensó mayormente: renunció a Marvel, y se marchó a la competencia. Lo que iba a traer cola, porque puede que los personajes con los que Kirby trabajó para la Marvel sean los más famosos, pero fue su labor en DC Comics la que terminó por consagrarlo.

En vida, Jack Kirby nunca quiso ir de manera directa en contra de Marvel Comics, por el tema de las regalías. Parece haber aceptado con espíritu deportivo, aunque no sin amargura, que tales eran las reglas del juego, y las mismas son para respetarlas por muy injustas que sean. Incluso llegó a firmar un acuerdo con Marvel Comics respecto del Capitán América, cuando Joe Simon amenazó con demandarlos, aunque en esto puede haber influido que Jack Kirby debía alimentar a una esposa y cuatro hijos. Muchos años después, ya muerto Kirby, sus herederos intentaron demandar a Marvel Comics para anular los contratos leoninos de ésta con el dibujante, y reclamar millonarios derechos por regalías, todavía más millonarios desde el inicio del Universo Cinemático Marvel, y la posterior adquisición de Marvel por Disney. El caso hubiera resultado histórico, y muy rico en lo que a jurisprudencia sobre propiedad intelectual se refiere, pero para nuestra desgracia como eruditos preocupados de estas materias, el asunto no llegó a ser visto en corte: el 26 de Septiembre de 2.014, Marvel Comics y los herederos de Jack Kirby llegaron a un acuerdo extrajudicial, cuyas cláusulas son secretas como acostumbran serlo, y el asunto murió ahí.

Pero volvamos a Kirby, cuando estaba vivo. Es hora de las tortas de todavía otra anécdota más. En DC Comics, Jack Kirby fue recibido con alfombra roja, felices de fichar a uno de los mayores valores de la competencia, y por lo tanto, le ofrecieron hacerse cargo de un cómic, cualquier cómic, el que pidiera. Kirby podía haber pedido para sí alguno de los cómics de primera línea para llenarse de gloria, y se lo hubieran dado en bandeja, con una sonrisa, y servido por una chica en bikini. Sin embargo, con humildad, Kirby se limitó a pedir hacerse cargo de Superman's Pal Jimmy Olsen, la publicación que se centraba en dicho personaje secundario de Superman, que había tenido éxito en la más inocente década de 1.950, pero que ahora languidecía al borde de la cancelación. ¿La razón tras la decisión de Kirby? Como por el estado lastimoso de esa serie no había realmente un equipo de trabajo detrás, entonces nadie quedaría sin trabajo para hacerle espacio a Kirby. El tipo que había estado tras los Cuatro Fantásticos, Thor, Hulk y la práctica totalidad del temprano Universo Marvel, pensaba que el trabajo de colegas que no le llegaban a la mitad de creatividad, era tan valioso y respetable como el suyo propio. Eso es ser gente buena. Pero esto, claro, no significa ser tarado, o dejar pasar cosas. Uno de los primeros giros argumentales de Kirby fue escenificar la compra de The Daily Planet, el periódico de Clark Kent, por parte de un insidioso hombre de negocios a cargo de un importante conglomerado económico; cualquier parecido con la situación de Marvel Comics es pura coincidencia, por supuesto.

En los primeros números de Kirby a cargo de Superman's Pal Jimmy Olsen, Jack Kirby unió a ambos, Superman y Jimmy Olsen, en batalla contra una pandilla de criminales con alta tecnología. Era lo que podríamos llamar un cómic estándar, salvo porque Kirby, para remecer un poco las cosas, creó un poco de enemistad entre Superman y Olsen. Sin embargo, después Kirby revelará que la pandilla en cuestión ha recibido armas desde un lugar diferente: Apokolips. Un planeta infernal que es regido por un brutal y sanguinario dictador llamado Darkseid. Efectivamente, en Superman's Pal Jimmy Olsen es en donde Jack Kirby sentó las bases para la que con el tiempo acabará por ser considerada su obra maestra: la monumental saga del Cuarto Mundo. A la cual nos referiremos en profundidad en la tercera entrega de esta serie de posteos, la última que le dedicaremos a Jack Kirby en atención al centenario de su nacimiento, aquí en la Guillermocracia. Y como dicen en los comics... esta historia continuará.

Entrada a lo bestia de Jack Kirby a DC Comics: Portada de Superman's Pal Jimmy Olsen número 133, de 1.970.

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