martes, 15 de agosto de 2017

Jack Kirby: Rey y dios de los superhéroes (1 de 3).

Jack Kirby en su medio ambiente natural.
A pesar de que Jack Kirby es uno de los grandes maestros del cómic, y si me apuran, uno de los artistas gráficos más importantes de todo el siglo XX, nunca había sentido la tentación de escribir algo sobre él, hasta ahora. De hecho, creo que la única vez en que nos referimos con cierta extensión a Kirby acá en la Guillermocracia, es la serie de comentarios que hice acerca de él en la serie de posteos Marvel 75 Años, muy en particular en la primera entrega (Orígenes) y la segunda (Explosión). Después de todo, Jack Kirby es tan conocido e influyente en el mundo de los cómics, que escribir algo sobre él sería tan inconducente como hacerlo sobre, digamos, Leonardo da Vinci o Cristóbal Colón. Eso, hasta que en una conversación hace relativamente poco tiempo atrás, cierto petulante joven que ronda más o menos la veintena y que presume de frikismo, hizo un par de irrespetuosos comentarios en los que dejó claro que ni sabía quién era Jack Kirby, ni le interesaba saberlo tampoco. Momento en el cual yo, como comprenderán, me agarré la cabeza con las dos manos y me transformé en el Increíble Hulk respiré muy profundo para contenerme y no ir tras él al estilo Kraven el Cazador. Porque por lo visto, sí es necesario escribir sobre Jack Kirby, para que las nuevas generaciones aprendan un poco de RESPETO hacia los maestros. En particular, ahora que el próximo 28 de Agosto de 2.017 se cumple un centenar de años desde el nacimiento de El Rey. Que nació el 28 de Agosto de 1.917, por si no lo habían calculado. Sé que las Matemáticas no son el fuerte de algunas personas.

De manera que aquí en la Guillermocracia le dedicaremos un posteo épico al Rey, ¡tan épico que, de hecho, me veré obligado a publicarlo en tres partes, verdaderos creyentes! Iba inicialmente a ser un simple posteo de conmemoración, en donde iba a comentar lo más relevante y granado del personaje. Marvel y el Cuarto Mundo, vamos. Luego empecé a encontrarme con que ciertas cosas no las podía dejar afuera, aunque fueran un tanto anecdóticas. ¿Sabían ustedes por ejemplo que Jack Kirby trabajó en los cortometrajes de Popeye el Marino, para los Estudios Fleischer? Y luego surgieron las anécdotas sabrosas, que suelen ser el material despreciado por los historiadores de tomo y lomo, siempre tan serios y solemnes ellos, pero que tan bien funcionan para hacernos más llevadera la Historia. Y se extendió a un posteo en dos partes. Y luego a tres. Y créanme... aún así dejé algunas cosas de Jack Kirby fuera de esta serie de posteos, porque no había espacio suficiente. Así de inconmensurable es la labor de Jack Kirby. De manera que si conocían al personaje, prepárense a que se les llene los lacrimales con nostalgia, y si no sabían lo suficiente de él, ahora se enterarán, y quedarán más que curtidos con él. Que se lo merece. Y sin más preámbulos...

Primero lo primero. El nombre de nuestro personaje en realidad es Jacob Kurtzberg. Y no es que mucha gente lo conozca por ese apelativo. Yo mismo, debo confesar, tuve que consultar mi antigua serie Marvel 75 años para acordarme de cómo se llamaba el ínclito en realidad. El apellido algo debería decir: era hijo de inmigrantes europeos, en concreto, de judíos nativos del Imperio Austrohúngaro. Todos nos acordamos de dicho imperio por las películas de Sissi, por los valses, etcétera, y nos olvidamos de que quienes vivían en ese mundo lindo de Disney eran los nenes y aristócratas de las clases altas, no los pobres proletarios para quienes no había posibilidad de ascenso en la escala social. La civilización es riqueza, es cierto, pero la misma se construye sobre la pobreza de otros que son menos afortunados que uno, eso a la gente tiende a olvidársele. El caso es que la familia Kurtzberg emigró a Estados Unidos, y en Manhattan, Nueva York, nació el joven Jacob, el 28 de Agosto de 1.917. Ese mismo año, unos meses antes, Estados Unidos había declarado la guerra a los Imperios Centrales, incluyendo al Imperio Austrohúngaro por supuesto, y había ingresado así a la Primera Guerra Mundial.

Siendo un adolescente, en la década de 1.930, el joven Kurtzberg se inclinaba hacia el dibujo, y recibía las influencias de Milton Caniff, creador de Terry y los piratas, y de Hal Foster, creador de El Príncipe Valiente. Pero en 1.937, con Kurtzberg cumpliendo veinte años, vino una revolución: Alex Raymond comenzó a publicar Flash Gordon. Es difícil ver hoy en día lo revolucionario que tuvo Raymond en su tiempo, por la razón de siempre: los imitadores han terminado enterrando al original. Pero leyendo cómics de la época y haciendo las siempre odiosas comparaciones, la influencia de Raymond es obvia. Raymond partió dibujando a Flash Gordon un poco en el estilo estático, con personajes casi como actores teatrales declamando, que era la norma en su tiempo, pero luego su dibujo fue evolucionando: experimentó con las variaciones de los encuadres y las poses de sus personajes, y creó algo absolutamente nuevo, un dinamismo en sus personajes que los convertía, por primera vez en la Historia del Cómic, en verdaderos héroes de acción.

Jack Kirby sentado a la izquierda y Joe Simon a la derecha: Una dupleta que hizo oro durante década y media.
El joven Kurtzberg absorbió el legado de Raymond como una esponja, y se impregnó de él. Sin embargo, nuestro personaje no es un imitador de Raymond, sino que tomó sus ideas matrices y las filtró a través de su propio talento único. Con el tiempo, quién sería conocido como el Rey Kirby desarrolló un estilo para dibujar los personajes muy característico: de formas y proporciones realistas para ser reconocibles, pero en poses exageradas para crear un efecto dinámico que favoreciera la acción. Por supuesto, esto explica un pequeño defectillo en el estilo de Kirby, que por general tiende a pasarse por alto: su renuencia a crear retratos con rasgos individualizados, por lo que sus personajes tienden a distinguirse entre sí más por el vestuario y los accesorios que por las facciones de sus rostros. Ni qué decir, este detalle pasó y sigue pasando soplado en un género tan dado a la vestimenta estrafalaria, como el de los superhéroes.

Estados Unidos podrá muy ser el crisol de razas y lo que se quiera, pero en la época existía una jerarquía racial bien marcada. Los WASP (White Anglo Saxon Protestant, o sea, anglosajones blancos y protestantes) estaban en la cumbre, luego los emigrantes de la Europa germánica, los de otras regiones europeas, y en la base, los latinos, negros e indios. Los judíos estaban por ahí, en alguna parte. Por lo tanto, muchos escritores y creadores de la época que eran de procedencia judía, adoptaban seudónimos de olieran a rancio abolengo anglosajón, para disimular de cara a los lectores. En la segunda mitad de la década de 1.930, cuando un Kurtzberg en la veintena ya estaba trabajando en los cómics de manera profesional, empezó a adoptar seudónimos. Osciló entre Curt David, Fred Sande, Jack Curtiss y Lance Kirby, antes de decidirse en definitiva por Jack Kirby porque, según él, sonaba parecido al entonces muy popular actor James Cagney. En años sucesivos le preguntaron lo que ya mencionábamos, si con el seudónimo buscaba esconder sus raíces judías, y Kirby se lo tomaba... no muy bien, digámoslo así. El hombre era un poquito temperamental, como tendremos ocasión de ver.

Con veintidós primaveras, en el año milagroso de 1.939, y al mismo tiempo que en Europa estallaba la Segunda Guerra Mundial, Jack Kirby entró a trabajar en los Estudios Fleischer. Hoy en día, los mismos están más o menos olvidados, eclipsados por la Disney y la Warner que siguen todavía en activo, pero en su día, los Estudios Fleischer eran tan de avanzada en materia de animación como la Disney, y en algunos respectos, puede que incluso más. La obra más famosa de los Estudios Fleischer es la clásica serie de animación Superman de 1.941, que a pesar de sus argumentos ridículamente simplones para los estándares actuales, en términos de animación sigue siendo una joya que puede competir mano a mano contra cualquier producción actual. Para la Fleischer, Kirby trabajó en Popeye el Marino. Sin embargo, el joven Kirby era apenas otro suche más, trabajando no en el diseño de personajes o escenas sino en la ingrata labor de los cuadros de relleno entre los dibujos hechos por los diseñadores mismos. Esto pronto lo aburrió, de manera que se radicó dentro del mundo del cómic, ahora de manera definitiva. El mundo y todos nosotros salimos ganando con esto, claro está.

Durante algunos años trabajó aquí y allá, en ningún proyecto realmente personal, pero de todos modos, este período le sirvió como entrenamiento y rodaje que lo dejó preparado para cosas mucho mayores. Bajo seudónimos, publicó obras de Ciencia Ficción, Western, humor, etcétera. Y una adaptación de El Conde de Montecristo, figúrense. En este período, su gran empleador fue una firma editorial llamada Eisner & Iger. Sí, en efecto: en sus inicios, Jack Kirby trabajó para el mítico Will Eisner, el creador de The Spirit. Por cierto, no se crean que por ser el jefe, Eisner era mucho más viejo que Kirby. Lo era, sí, pero por algunos meses apenas: había nacido en Marzo de 1.917, mientras que Kirby, ya lo mencionábamos, lo había hecho en Agosto del mismo año. Sí, éste es también el año del centenario de Will Eisner, mencionémosle también para no incurrir en una injusticia. Y ya que estamos en materia, mencionemos también una anécdota en la cual, en una ocasión, un gángster amenazó a Will Eisner en presencia de Kirby, ante lo cual, Kirby derechamente cargó contra el tipo. Un gángster, lo repito. Como puede apreciarse, Kirby no era la clase de tipo con el cual quisieras meterte, y definitivamente no era un nerd estilo Woody Allen, eso por seguro.

El legendario primer número del cómic del Capitán América, el primer gran éxito de Jack Kirby, en conjunto con Joe Simon.
En 1.938, el mundo del cómic fue tomado al asalto por un nuevo personaje más allá de todo lo imaginado: Superman. La insana popularidad del personaje superpoderoso llevó a que varias editoriales dedicadas a las publicaciones de novelas baratas o pulps, así como editoras de cómics, quisieran sus propios superhéroes. Un exitoso empresario editorial llamado Martin Goodman decidió lanzarse al rubro, y fundó Timely Comics como parte de su imperio de publicaciones, en 1.939. De inmediato, Timely Comics encontró el éxito con dos singulares personajes: Namor y la Antorcha Humana. El primer editor de Timely Comics fue un personaje llamado Joe Simon, y bajo su mandato, a la editorial arribó Kirby. En colaboración con Simon, Kirby dio su primer gran golpe, creando a un personaje para la posteridad: el Capitán América. Todos conocemos su historia. Se trata de un alfeñique de muy buen corazón, que recibe el suero del supersoldado y se convierte en una masa de músculos al servicio de Estados Unidos en lucha contra el mal. Hoy en día, el Capitán América es uno de los personajes insignias del Universo Marvel, y en 2.017 se ha estrenado la friolera de seis películas basadas en él, sin contar la serie dominical de 1.944, y algunas de esas adaptaciones incluso son buenas.

En esos tiempos, el mal era el Tercer Reich, algo obvio considerando las raíces judías de muchos involucrados, y por lo tanto, el odio visceral de éstos contra el antisemitismo de los nazis. La portada del número 1 de la revista Captain America estaba destinada a hacerse famosa: en ella, el Capitán América le asesta sin más un puñetazo en la mandíbula a Adolf Hitler en persona. Porque sí, porque eso es lo que los héroes patrióticos hacen. Esto fue a comienzos de 1.941, cuando los Estados Unidos mismos todavía no estaban en guerra con el Eje, y de hecho la opinión pública del país era más bien tibia hacia el asunto; el Presidente Roosevelt estaba inclinado a entrar en guerra contra Alemania y Japón, pero no todos los ciudadanos estaban de acuerdo, y varios de ellos de hecho eran simpatizantes nazis que hubieran preferido a Estados Unidos alineado con Alemania en el conflicto mundial. Reza una anécdota que algunos de estos simpatizantes reaccionaron airados cuando empezó la publicación de Captain America, y se presentaron en la oficina de Timely Comics para amenazar a Joe Simon. Al minuto corrió la noticia de que Kirby se dirigía a la oficina del editor con las mangas de la camisa enrolladas para enseñarles un poco de métodos capitanamericanescos a los visitantes indeseables, ante lo cual, éstos optaron por una retirada estratégica. Lo ya dicho: tú no quieres bromear con Kirby. Seguro que no.

Con el tiempo, el Capitán América se transformó en el santo patrono de una subdivisión completa de superhéroes, los llamados héroes patrióticos, que con nombres alusivos a la patria respectiva, luchan por la misma. En los inicios, el Capitán América luchaba por Estados Unidos sin más. Sin embargo, con el paso de los años, el Capitán América iba a ser reinterpretado de una manera que se aleja de sus epígonos: él no sirve directamente al Gobierno de Estados Unidos, sino que "no es leal a nada, salvo al Sueño Americano", lo que por supuesto lo pone en conflicto con la institucionalidad, como ocurrió con la Saga del Imperio Secreto en 1.974. Pero eso es el futuro; en 1.940, año del lanzamiento del Capitán América, con que apaleara nazis era suficiente para Simon y Kirby. Curiosamente, se ha observado, aunque luchaba contra los nazis, el Capitán América en sí representa un ideal nazi casi perfecto: el ser que es al mismo tiempo el BIEN con mayúsculas y además biológicamente superior, que castiga a los malvados que son la chusma común y corriente. La gente de Estados Unidos no se distinguen por su capacidad para la autocrítica, y los lectores de cómics en dicho país no son una excepción. Y si uno se pone a recordar la anécdota de los visitantes nazis en las oficinas de Timely Comics, y la respuesta contundente tipo el Gordo de Erase una vez el hombre que les plantó Kirby...

Resulta interesante observar, ya que estamos en el tema político, que Jack Kirby fue siempre un liberal convencido. Lo que no debería ser una sorpresa. Kirby procedía, recordémoslo una vez más, del mundo de los inmigrantes judíos de Nueva York, subcultura que en la época era un enorme vivero de progresistas. Es una cuestión de supervivencia: si eras un inmigrante en Nueva York, eras pobre, y si eras judío, estabas además expuesto al antisemitismo, rampante antes de que la revelación de los horrores en los campos de concentración hicieran esto impresentable. No es casualidad que gentes de ese medio y de esos años, como Isaac Asimov, Woody Allen o Stan Lee, por mencionar tres casos icónicos en varias industrias distintas, todos ellos se caractericen por mezclar una visión no siempre idealista de la vida, pero sí muy cargada de humanismo. Kirby en eso no era diferente. Sin embargo, observando su obra, resulta patente en ella la tendencia a la cosmogonía, a la grandilocuencia, a los personajes individuales, resueltos y desatados, que con su poder único son capaces de desafiar a enemigos épicos más grandes que la vida y la muerte. El Capitán América, presentado como un ideal físico perfecto, fue un ejemplo temprano de esto. Pero luego tenemos a Hulk, Thor, Orion, todos personajes muy kirbyanos, y todos ellos más que dispuestos a hacer valer modos de vida que llamaríamos humanistas liberales, a golpes si fuere preciso. Esto es un enfoque, discutible por supuesto, pero siempre interesante de observar, acerca del viejo problema de la tolerancia de los intolerantes, o sea, qué hacemos nosotros las personas humanistas con las personas que no lo son, y aprovecharían las libertades que les damos para destruir la libertad en último término. La respuesta kirbyana parece clara: a veces, liarse a golpes para defender a una sociedad que no necesite de gente liándose a golpes, pareciera ser la única opción. Bueno, nadie dijo que la vida fuera consecuente consigo misma.

El número 2 de Captain America Comics, de Abril de 1.941, con el Capitán América rescatando a Bucky de las malvadas garras de Hitler.
Sin embargo, y esto será una historia recurrente... Timely Comics empezó a hacerse la cicatera con Jack Kirby y Joe Simon. El Capitán América como personaje funcionaba bien, pero la paga era bastante miserable, considerando lo bien que Goodman se forraba los bolsillos con el personaje. National Comics les ofreció un mejor trato, y Kirby y Simon, que ya para esa época formaban una dupleta de oro en términos laborales, defeccionaron a la competencia; acotemos aquí que National Comics es la empresa que con el tiempo llegaría a ser DC Comics. En este período, Kirby tuvo también buenas nuevas personales; se puso de novio con una chica llamada Roz Goldstein, y la desposó en 1.942. Nota agradable en la vida de Kirby aquí, el matrimonio estuvo construido sobre roca, duró algo más de medio siglo, y sólo la muerte de Kirby acabó por separar a los dos enamorados. Y todos adoran una historia romántica que termina con bebés, así es que mencionémoslo: Jack y Roz tuvieron cuatro hijos en total.

Mientras tanto, en Diciembre de 1.941, Estados Unidos había declarado la guerra al Eje, y esto significaba movilización masiva. Kirby fue llamado a filas en 1.943, y le tocó servir bajo las órdenes del legendario General Patton, de entre todas las personas; sí, del calvo interpretado por George C. Scott en la película de 1.970 hablamos. Kirby desembarcó en la mítica playa de Omaha en Normandía, pero no como parte del Día D, sino como personal posterior de apoyo, en Agosto de 1.945, de manera que no llegó a conocer al soldado Ryan. En Francia, le tocó liarse a tiros con los kreutzers en las cercanías de Metz. Ahí, su trasfondo como ilustrador le jugó una mala pasada: un oficial militar le reconoció en calidad de tal, y decidió aprovechar ese talento enviándole como explorador hacia las filas enemigas para que trazara mapas de las mismas, tarea reconocida como una de las más aptas para que el enemigo lo deje a uno como colador a disparo limpio. Ya saben, estimados lectores: si le hacen al dibujo y los movilizan para la guerra, mantengan la maldita bocota cerrada al respecto. En cualquier caso, el incidente de guerra más serio que vivió Kirby, fue que se le congeló una pierna en el frente de batalla, lo que casi le valió una amputación; para su fortuna la pierna se recuperó, y pudo regresar a casa, en una pieza, con pierna y todo, en 1.945.

El término de la Segunda Guerra Mundial marcó un cambio profundo en la industria de los cómics. Los superhéroes se habían mantenido en la cresta de la ola gracias a que eran una válvula de escape al profundo miedo de perder la guerra: en cierta medida, viéndolos aporrear nazis de lo lindo, era como si ellos pelearan la guerra por los estadounidenses. Pero después de 1.945, la gente quería olvidarse del tema. Los superhéroes pasaron de moda. Por algunos años, por lo menos. El cómic del Capitán América acabó por ser cancelado; un intento por hacerlo resurgir en la década de 1.950, acabó en fracaso, hasta el punto que después, en retrocontinuidad, se dijo que ese Capitán América en realidad había sido un impostor. En cualquier caso, este nuevo Capitán América sin Simon y Kirby ofendió a ambos, quienes llegaron a un trato con una editorial llamada Prize Comics para producir un cómic de respuesta en los cuales, cosa rara en esos tiempos, Simon y Kirby retuvieran los derechos sobre los personajes. El resultado fue Fighting American, publicado por primera vez en 1.954, que partió como un cómic serio, pero acabó deviniendo en una parodia del Capitán América. Inicialmente, el personaje se liaba a mamporros con los comunistas, así como en su día el Capitán América con los nazis, pero pronto, la sensibilidad liberal de Simon y Kirby se ofendió con el Macartismo, que pasó a ser el nuevo enemigo a batir. De todos modos, el experimento no duró demasiado: el último número, el séptimo, fue publicado en 1.955, y luego, la serie fue cancelada.

Un artista y la hermana mayor de su novia tratando de echarle las garras mientras modela para él; a quién no le ha pasado. Portada del número 1 de Young Romance, de Jack Kirby y Joe Simon.
En la búsqueda del nuevo éxito que reemplazara a los superhéroes, nos encontramos con uno de los aspectos menos reconocidos, pero más influyentes, en la carrera de Jack Kirby. Regresemos en el tiempo a 1.947. En esas fechas, Kirby y Simon lanzaron un cómic humorístico llamado My Date, cuya temática era el romance ya no como elemento adicional en una historia de otro género, sino en sí mismo. My Date resultó tan exitoso, que Prize Comics, la misma editorial que años después publicaría Fighting American, les ofreció un lucrativo contrato por producir más cómics en la misma línea. Nació así Young Romance, que se publicó de manera mensual o bimensual entre 1.947 y 1.963. Young Romance prácticamente inventó el género del cómic romántico, que tuvo un éxito extraordinario en la década de 1.950, y buena parte de la siguiente. Los propios Kirby y Simon siguieron explotando el filón con publicaciones adicionales tales como Young Love, o Young Brides, mientras que otras editoriales se subieron al carro generando sus propios clones. Sí, señores, hubo una época en la cual la gente leía cómics en los cuales sus protagonistas eran dos enamorados sufriendo por amor, en vez de ser superheroínas forradas en cuero ajustado dando o recibiendo golpes en alguna pelea de callejón...

En 1.953, Kirby y Simon se aventuraron por sí mismos, y fundaron su propia editorial: Mainline Publications. La idea era publicar cómics un poco más adultos que la competencia. Pero esta aventura fue desgraciada. La misma le trajo complicaciones legales y un aparatoso juicio contra Prize Comics, por regalías no pagadas a Kirby y Simon, que al final fueron resueltas en un arreglo muy desfavorable para ambos, pero que era preferible a los años de largo y quizás infructuoso litigio que podrían venir adelante. Para colmo, su aventura editorial coincidió con la oleada de puritanismo idiota que invadió a los cómics, con audiencias en el Senado prestándole oídos a los perros guardianes de la moral despotricando contra los cómics, con Fredric Wertham y su libro La seducción del inocente a la cabeza. En esas audiencias, varios comics de Mainline Publications fueron usados como prueba de la supuesta indecencia de la industria de los cómics contaminando la sacrosanta y cristiana pureza moral de Estados Unidos. Todo eso llevó al famoso Comics Code Authority, la famosa regulación de autocensura que barrió con los cómics para adultos... incluyendo a Mainline Publications. Así fue como el intento de Kirby y Simon por ser finalmente independientes, por trabajar para sí y no ser traídos y llevados por jefes editoriales, acabó en un triste fracaso. Pero, ¡hey!, no se sientan demasiado mal por esto: como dicen los neoliberales, esto es destrucción creativa...

Las tensiones derivadas de todo el lío de Mainline Publications puso muy duramente a prueba las relaciones entre Simon y Kirby. El primero, a la sazón algo por sobre la cuarentena, se aburrió, y decidió cortar por lo sano: se salió del mundo de los cómics para dedicarse a la publicidad. Volvería a los cómics después, pero de manera más esporádica. A partir de entonces, Kirby y Simon siguieron caminos separados, aunque por suerte, lo hicieron en términos amistosos. Era el final de una dupleta de oro que habían estado en la punta de la lanza en el mundo de los cómics durante década y media. A partir de entonces, Kirby tendría que arreglárselas como free lancer, buscándose las oportunidades allí en donde aparecieran. Y de hecho, surgieron en el lugar más inesperado: el editor de Atlas Comics lo llamó a su servicio. La nota de suspenso aquí: el editor en jefe de Atlas Comics era Stan Lee, y la misma Atlas Comics era en realidad la antigua Timely Comics con otro nombre. Ya saben para dónde va esto. Estamos a poquitos años de la gran explosión creativa que significó el Universo Marvel, y a la participación de Kirby en la misma nos referiremos de lleno en la siguiente entrega de esta serie de posteos que le hemos dedicado al Rey. Porque, ya lo saben... Esta historia continuará.

Portada de Kid Colt Outlaw número 89, de Marzo de 1.960, dibujada por Jack Kirby.

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