domingo, 13 de agosto de 2017

"Doraemon": Una cierta mirada social.


Una de las series de dibujos animados japoneses que me fascinó de niño fue Doraemon, aunque en la época se la conocía directamente como El gato cósmico. Mi recuerdo nebuloso de dicha serie, era sobre las desopilantes peripecias de un chico cuyo mejor amigo era un gigantesco gato azul de patitas cortas con el que vivía aventuras maravillosas. Después pasaron los años, crecí, y me desentendí de la serie, así como todos hacemos con muchas cosas de la infancia, porque son tonteras de niños, y uno ya está grande como para eso. Pasaron todavía más años, volví a reencontrarme con Doraemon... y me encontré con una serie mucho más grande de lo que recordaba. Y además, la razón de ser del presente posteo, una muy interesante crítica social a nuestra sociedad exitista y consumista. ¿De manera casual, o con toda la mala intención del mundo? Quién sabe. Pero la parábola social, ahí está para quien quiera verla.

Para quienes han vivido debajo de una piedra en las últimas décadas: Doraemon es una serie de anime, protagonizada por un chico llamado Nobita, y un gato robot de color azul llamado Doraemon, justamente. A finales del siglo XX, Nobita es un chico destinado a ser un fracasado, por lo que desde el futuro, desde el siglo XXII, le hacen un regalo inusual: uno de los descendientes de Nobita intenta arreglarle la vida a su antepasado enviándole a Doraemon, lo que éste puede hacer gracias a su bolsillo multidimensional en donde guarda toda clase de cacharros tecnológicos que puede adquirir en el futuro. Se supone que con la ayuda de Doraemon, Nobita va a dejar de ser un perdedor frente a todo el mundo, va a poder arreglar su vida, y en general, sus descendientes también van a mejorar. La lógica detrás de poner en riesgo la línea temporal del pasado que llevará a tales descendientes en primer lugar, es algo que se me escapa, pero la premisa de la serie es ésa, así es que es mejor aceptarla como viene y no hacerse mayores preguntas, o no tendríamos serie en primer lugar.

A la vez, el argumento de cada capítulo es más o menos estándar, casi una serie televisiva de fórmula. Por una u otra razón, Nobita se mete en problemas: puede ser por el matonaje de sus amigos Suneo o Gigante, puede ser porque su amada Shizuka le hace ojitos a Dekisugi, puede ser porque se sacó una mala nota en el colegio, puede ser porque su madre le hizo un encargo y él no quiere hacerlo... o simplemente porque la vida es demasiado cotidiana y aburrida, y él quiere algo de acción y picante, que hay episodios de ésos también. En cualquier caso, Nobita se las arregla para convencer a Doraemon de que use o le preste un artefacto que lo sacará del atolladero. En un principio el asunto funciona, pero entonces Nobita discurre algún otro uso para el mismo, abusa del nuevo poder que ha recibido, y eso desencadenará una serie de situaciones que rematarán en un clásico y arquetípico tiro por todo lo que se llama la culata. La gracia de la serie, y lo incombustible de la misma, deriva de preguntarse qué nuevo y maravilloso artefacto se sacará esta vez Doraemon de la manga, y que grandioso o espectacular fracaso se bancará Nobita por su porfía y testarudez.

La serie misma, de hecho, ha sido un exitazo en Japón. El manga fue publicado entre 1.969 y 1.996, la friolera de un cuarto de siglo, y compendiado en 45 volúmenes. Y el anime, tras una partida en falso en 1.973, volvió a la pantalla en 1.979 para no volver a abandonarla hasta la redacción de estas líneas, por no hablar de que ha salido prácticamente una película del personaje cada año desde 1.980, faltando a la cita sólo el año 2.005... pero poniéndose al día con dos películas en 2.014. Aunque haciendo un poquito de trampa: algunas de las películas posteriores a 2.005, aprovechando la actualización que le dieron a la estética de los personajes, en realidad son remakes de producciones anteriores. En Latinoamérica, tras algunos años de oscuridad, en el siglo XXI reencontró popularidad en una generación entera nueva, rotando desde siempre y quizás también para siempre en las pantallas de televisión.


En realidad, la razón del éxito de la fórmula es bastante sencilla. Se trata de la enésima variante del cuento de Aladino y el genio de la lámpara. Es decir, Nobita es Aladino, Doraemon es el genio, y la magia es reemplazada por el bolsillo multidimensional. La serie de hecho corre a tope bajo la premisa de la Tercera Ley de Clarke, de que toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible para los nativos de la magia. En la serie, lo que vemos es la tecnología avanzada a la que Doraemon tiene acceso, pero en cuanto a su valor narrativo, ésta opera exactamente igual que la magia de toda la vida: hace cosas que se piensan imposibles, en apariencia rompiendo las leyes de la Física, por medios que ni se explican, ni maldita la falta que nos hace saber cómo. Las historias del chico y su genio son siempre populares porque son la fantasía definitiva, la de romper con los límites de la realidad para reconstruirla al gusto propio. Y la gente sigue fantasías precisamente para cumplir con los sueños que la vida real no hace posible. Las historias de agentes secretos hacen vivir la fantasía de la acción y el romance sofisticado, las historias de superhéroes hacen vivir la fantasía de la justicia y la nobleza de espíritu, y así sucesivamente. Pero la historia del chico y su genio en principio hacen vivir literalmente cualquier fantasía, casi sin límite alguno.

Esta dimensión de Doraemon hace olvidar fácilmente uno de los mejores elementos de la serie: su más o menos subterránea, pero no por ello menos acerada, crítica social. Porque por debajo de historias simples e incluso un tanto tontorronas, lo que tenemos es un ataque a la médula del exitismo y del consumismo propios de nuestra sociedad contemporánea, ataque muy bien perfilado a través de personajes cuyos vicios y defectos son muy reconocibles en la sociedad a nuestro alrededor.

Partamos por Nobita. En primera instancia, el protagonista de la historia es un chico muy desagradable. Es un niño irresponsable, caprichoso y cobarde, que nunca aparece esforzándose por nada. Ante cualquier dificultad, su respuesta casi pavloviana es estallar en llanto y pedir ayuda a Doraemon. ¿Cómo es posible que semejante sanguijuela sea capaz de hacerse tan simpático que pueda protagonizar una serie, y ésta no se hunda? Un aspecto es, por supuesto, que por regla general Nobita termina siendo castigado por su comportamiento, cuando las consecuencias de sus diabluras le llegan de rebote. Pero un aspecto más profundo, que la serie enfatiza muy bien, es que Nobita no siempre fue el chico antojadizo e imprudente que conocemos, algo que se hace obvio en todos los episodios de viaje en el tiempo en donde nos encontramos con el Nobita niño con su abuela. En esos episodios se nos revela que Nobita originalmente era un chico recto y capaz de disciplinarse, y que por el camino, algo sucedió que lo transformó en el niño inmaduro que es en la actualidad.

Hasta donde conozco la serie, no se nos ha revelado qué fue en definitiva lo que sucedió con Nobita, pero considerando las interacciones de éste con sus padres, la respuesta se antoja bastante obvia, y bien mirada, es escalofriante. En la actualidad, los padres de Nobita son en la práctica, padres ausentes. El padre va a trabajar a la oficina en la mañana y llega a descansar en la tarde, y la madre por su parte se la pasa absorbida todo el día en los deberes de la casa. Lo que falta en ambos casos, es lo que podríamos llamar dedicación emocional, porque ninguno de los dos se toma el tiempo para conversar o compartir siquiera cinco minutos con Nobita, en detenerse a escucharlo, apoyarlo o animarlo. Esto redunda en que Nobita se está criando en una enorme soledad. La única interacción real a nivel emocional de los padres con Nobita, es negativa: las reprimendas y regañinas por la irresponsabilidad. En términos prácticos, Nobita es casi como la mascota de la casa, a quien se le da comida o se lo reta cuando se porta mal, y poco más que eso. Dentro de su familia, la única interacción positiva que empoderaba a Nobita, era la de su abuela, pero una vez que ésta falleció, Nobita se quedó sin ese refuerzo positivo. Todo esto hace mucho más significativa la amistad que se entabla entre Doraemon y Nobita, que según se deja caer, trasciende la mera servidumbre por parte de Doraemon para transformarse en un vínculo sólido y duradero en donde ambos están constantemente ayudándose y rescatándose a la hora de los problemas.


Así, no es difícil hacerse un cuadro de lo que sucedió con Nobita. Inicialmente, cuando era un niño bueno, quizás bajo la influencia de su abuela, sus padres podían sentirse orgullosos de él. Pero luego, quizás simplemente porque la vida tiene altas y bajas, Nobita empezó a sacar malas calificaciones. Los padres de Nobita se enojaron con él, y esto desató un círculo vicioso: un Nobita sin apoyo ni afectos, empezó a descender en la mediocridad, lo que originó nuevas recriminaciones de los padres, lo que a su vez hundió aún más su autoestima... etcétera. Y lo más escalofriante de todo, es que los padres de Nobita no son gente mala, ni padres maltratadores. Por el contrario, se deja caer que el padre es un trabajador preocupado y responsable, y la madre por su parte es una esforzada ama de casa. Así es que, y esto es lo terrorífico, todo el daño psicológico que le están haciendo a Nobita es absolutamente falto de intención, y si se comportan así con él, es porque no conocen nada mejor. En los capítulos de viaje en el tiempo al pasado, se deja claro que los propios padres de Nobita recibieron una educación bastante tradicionalista, restrictiva y castradora, que los transformó también en seres incapaces de expresar su afecto. Así como Hannah Arendt hablaba de la banalidad del mal, acá podríamos hablar de la banalidad de la falta de afectos: cualquier persona, incluso tú o yo, podríamos ser tan fríos e insensibles como los padres de Nobita y dañar a la gente a nuestro alrededor, y no nos daríamos cuenta porque estaríamos comportándonos tal y como el patrón social nos permite o exige que nos comportemos.

En definitiva, aunque la serie está planteada originalmente como una pulla enorme a la sociedad japonesa de transición a finales del siglo XX, también la relación de Nobita con sus padres funciona muy bien como una crítica al exitismo dentro de nuestra sociedad capitalista occidental, dentro de la cual, la persona sólo vale por el nivel de éxito que llega a conseguir, de calificaciones escolares en este caso. Y este mensaje se ve reforzado por las interacciones de Nobita con sus amigos. O con las gentes que dicen ser sus amigos. Porque Gigante y Suneo, bajo la fachada de presentarse como amigos, en realidad son tipos prepotentes y abusivos con Nobita, casi a nivel de vampiros emocionales. Y el punto interesante es que tanto Gigante como Suneo son chicos exitosos, cada uno a su manera. Gigante es exitoso, entre sus amigos a lo menos, debido a su fuerza física: pudiendo apalear a cualquier otro chico sin problemas, le es fácil su voluntad al resto de la gente a su alrededor, lo que implica llevarlos a prácticas de juego en donde puede exigirles lo imposible, o forzarlos a escuchar sus odiosos y desafinados recitales. Suneo por su parte es exitoso gracias al poder económico: sus padres siempre están comprándole juguetes o llevándolos a vacaciones caras, y por ende Suneo puede presumir de esas cosas ante sus amigos. Tanto Gigante como Suneo representan la cara más desagradable del exitismo patológico en nuestra sociedad contemporánea: la falta de humildad, la prepotencia, la convicción de que la fuerza (física o económica, cualquiera de ambas o las dos) hace el derecho.

Pero la crítica va más allá. Porque tanto Gigante como Suneo, a pesar de que ante sus amigos se presentan como modelos de éxito, en realidad se nos muestran como dos seres profundamente frustrados, y en cierta medida, incluso fracasados. El caso de Gigante es el más obvio, ya que es una persona constantemente castigada por una madre que llega incluso al maltrato físico sobre él. Resulta claro que Gigante se comporta de manera abusiva con sus amigos porque ése es el ejemplo que ha recibido en casa, y no conoce nada mejor. Suneo, por su parte, en varios episodios se ha dejado caer que los regalos, más que regalos, son sobornos: los padres de Suneo tienden a usarlos como sustitutos del verdadero afecto, el cual viene un tanto condicionado a que Suneo por su parte se saque buenas calificaciones. Suneo es así una parábola del precio del éxito económico: puedes tener bienes materiales, puedes tener muchos bienes materiales, puedes tenerlos a porfía, pero eso significa que debes dejar de vivir para tí mismo y empezar a complacer a personas que están incluso más arriba que tú en la escala social, de los cuales dependes, a quienes realmente no les importas como persona, y que si te retiran su apoyo, te dejarán caer y ya no podrás levantarte. Suneo es así una muy aguda crítica al patán mediocre que se cree y predica el cuento de que el éxito deriva sólo del propio esfuerzo, que tiene un derecho moral a menospreciar a la gente que tiene menos cosas que él porque él se las ha ganado, y que en el fondo es una pobre marioneta de gente incluso por encima suyo en la escala social, que lo mira con el mismo desprecio condescendiente que éste a su vez vierte sobre aquellos que son incluso más miserables que él.


La relación de Nobita con Shizuka presenta asimismo varios elementos de toxicidad. Nobita está enamorado de Shizuka, probablemente porque es la única chica que muestra algo de respeto por él. Sin embargo, Nobita no siempre corresponde ese respeto. No pocas veces, Nobita intenta sacar ventaja de Shizuka, llegando a tratarla incluso como si fuera su propiedad, aunque siempre por la vía del engaño, de usar algún artefacto de Doraemon para controlarla o manipularla, o bien para mantenerla bajo espionaje y vigilancia; muchas conductas de Nobita hacia Shizuka, si habláramos de gente adulta, podrían calificar como acoso sexual puro y simple. Empero, siendo Shizuka una persona sana y bien ajustada, ella tiende a no caer en las trampas de Nobita. Cuando Nobita se propasa, Shizuka lo pone en su lugar, pero lo hace desde el respeto y la dignidad, y esta actitud de Shizuka es lo que consigue que la amistad no termine viciándose. En varios episodios se ha presentado que, en el futuro, Nobita conseguirá casarse con Shizuka, pero se ha insinuado o dejado caer que eso sucederá cuando Nobita madure, se haga un adulto responsable, y a partir de ahí, se gane el cariño y la admiración de la chica.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie, es el rol que juega Dekisugi en la misma. Este es un personaje más o menos secundario, pero que adquiere cierta relevancia como tercero en discordia, compitiendo con Nobita por los afectos de Shizuka. Pero a diferencia de otros personajes, Dekisugi no es prepotente ni abusivo; de hecho, es lo más cercano a un tipo bonachón que nos encontramos en la serie. Dekisugi podría ser tan prepotente o abusivo como Gigante o Suneo porque él también tiene un cierto poder, el poder del conocimiento, porque lo suyo es la dedicación constante al estudio. Hay como una idea socrática detrás del personaje, de que el conocimiento y la sabiduría llevan de manera inevitable a la bondad. Es una idea debatible, por supuesto, pero funciona muy bien dentro del espíritu de la serie. Por regla general, Dekisugi no tiene que esforzarse por ganar la atención de Shizuka porque le basta ser como es, para que ella vaya tras suyo, a diferencia de un Nobita que recurre a trucos una y otra vez para lograr que Shizuka lo privilegie a él. También eso explica por qué Dekisugi no encaja realmente con la pandilla de amigos, y casi nunca se lo ve con Gigante y Suneo: porque su nobleza moral le impide interactuar de verdad con ellos, que son más patanes y abusivos. Pero, eso sí, hay una cierta ironía que en los capítulos del mundo futuro, sea Nobita y no Dekisugi quien se quede con Shizuka. Una posible explicación, muy acorde al espíritu de la serie, es que a la larga, justamente por estar un peldaño por encima en la escala moral, Dekisugi no necesita cambiar ni evolucionar, mientras que Nobita por su parte sí ha tenido que hacer el esfuerzo de crecer y madurar, y ese esfuerzo es lo que ha terminado por ganarle a Nobita el corazón de Shizuka. Dekisugi es lo más cercano a un personaje de moralidad perfecta en la serie, pero por su parte, la perfección suele ser aburrida, y los seres humanos tendemos a admirar lo perfecto, pero a encariñarnos con lo imperfecto, porque eso nos convierte en más humanos, en definitiva.

Dentro de este esquema de cosas, la relación de Nobita con Doraemon, aunque es presentada como amistad noble y tierna, en el fondo tiene bastantes elementos tóxicos. Doraemon ve a Nobita fracasar una y otra vez, y lo ayuda como lo haría un buen amigo. Y con esto, lo único que logra es hundir todavía más a Nobita. Es frecuente que Nobita engañe o manipule emocionalmente a Doraemon para conseguir que lo ayude. En definitiva, se comporta como un amigo tóxico y abusivo. Y en esto también hay otro elemento de crítica social. Nobita es un perdedor dentro del sistema, una persona eternamente bajo el pulgar de sus padres, incomprendido y exigido por su profesor, y abusado por sus amigos. Frente a eso, en vez de desarrollar resistencia emocional y un sentido de la responsabilidad, siempre trata de obtener la mano ganadora por la vía fácil, por la trampa, por el atajo. Es por eso que Nobita al final siempre termina fracasando: porque al descubrir una manera fácil de salirse con la suya, termina por no adivinar en qué límite debe detenerse. Una vez que usa el artefacto y ha obtenido una situación de equilibrio frente a quienes abusan de él, eso a Nobita no le basta y trata a su vez de convertirse en un abusador. Es difícil hacer una crítica más profunda a una sociedad como la nuestra, en donde lo que importa no es comportarse bien ni ser una buena persona, sino obtener el éxito a cualquier precio y transformarse en el depredador para no terminar siendo la presa.


Desde este punto de vista, la amistad de Doraemon es también una parábola en contra del consumismo. Aunque Doraemon es un personaje que es capaz de sentir, en última instancia es un robot programado para ser el mejor amigo de Nobita. Es decir, Doraemon es un objeto de consumo que produce a su vez otros objetos de consumo. Doraemon funciona de esa manera casi como una verdadera tarjeta de crédito con una línea de consumo casi ilimitada. Cuando Nobita reemplaza el esfuerzo y el sacrificio por el camino fácil del éxito, vía artefactos de Doraemon, está haciendo exactamente lo que tantas personas en nuestra realidad: comprar cosas para demostrarle a los demás que se es una persona exitosa. A través de Doraemon, Nobita tiene un poder económico en principio ilimitado, para los estándares de la actualidad por lo menos, ya que puede obtener productos del siglo XXII de manera también casi ilimitada. Es el sueño consumista definitivo, el obtener objetos de consumo que lo transformen en el hombre más exitoso de la sociedad. Y sus eternos fracasos en ello reflejan también el profundo vacío del modelo de vida consumista, que siempre obliga a consumir más y más, en una espiral sin fin, de la misma manera en que Nobita se ve forzado una y otra vez a recurrir a Doraemon para salir de los atolladeros que no consigue solucionar o sortear debido a su propia impaciencia e inmadurez.

Un aspecto interesante de la serie, es que pese a toda su carga de crítica social implícita, la misma nunca degenera en un drama pesimista. Por el contrario, al final su mensaje termina siendo muy optimista y esperanzador. Aunque casi todos los personajes de una u otra manera son seres psicológicamente fracturados, en realidad ninguno de ellos califica como lo que llamaríamos una mala persona. Bajo determinadas circunstancias, todos ellos muestran de una manera u otra que poseen una nobleza innata de carácter, y que si se comportan como gente mala, es debido a presiones sociales que están más allá de su control, incluyendo la formación y educación recibidas. El propio Nobita se muestra como un chico con mucho ingenio, aunque dedique semejante ingenio más bien a tramar cómo medrar a costa del resto, que a alguna actividad de bien; pero cuando encuentra la fortaleza de espíritu para librarse tanto de la dependencia de los artefactos de Doraemon como de la presión psicológica derivada del abuso de la gente a su alrededor, se revela como un chico muy noble y capaz de grandes esfuerzos. En estos instantes de sanación emocional, es en donde nos encontramos con que la amistad de Nobita y Doraemon muy en el fondo es genuina, nacida del mutuo aprecio y respeto de ambos. Sabemos también que la presencia de Doraemon ha conseguido de hecho alterar la línea temporal, y que Nobita se casará con Shizuka en vez de con la hermana de Gigante, que era la línea de tiempo original, y que eso será gracias a que la amistad de Doraemon habrá conseguido sacar de Nobita lo mejor de sí mismo.

Es decir, a pesar de su enorme crítica social, la serie presenta también un mensaje esperanzador: la gente puede ser mejor de lo que es, la gente puede cambiar para bien, y siempre deberíamos darle una oportunidad a los demás para que éstos saquen lo mejor de sí. O sea, un punto intermedio entre los optimistas e ilusos para quienes los humanos son buenos y la sociedad es quienes los malversan y corrompen, y los fatalistas que consideran a la Humanidad condenada a la mediocridad y la maldad. Y es probablemente esto lo que al final hace la buena fortuna de la serie, más allá de la comicidad implícita en todos y cada uno de los fracasos del pobre Nobita.


1 comentario:

antigona venetis dijo...

Buena entrada. Era una buena serie.

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