jueves, 31 de agosto de 2017

Bastión Esperanza - "Batalla en Ciudad del Progreso".


Las ocho naves arzawe que se habían quedado en la órbita, se engarzaron de inmediato en combate contra los cruceros de batalla esperanzanos. Esta vez, los arzawe parecían haber renunciado al uso de las descargas masivas de energía, y preferían el método del abordaje directo, con los capullos que, lanzados contra los cruceros humanos, se convertían en decápodos.

En el Centro del Alto Mando en Ciudad del Progreso, los distintos subordinados del Comandante Luca iban reportando la situación:

– ¡Crucero Verrazzano, abordado por los decápodos, señor!

– ¡Crucero Turingia, abordado por los decápodos, señor!

– ¡Crucero Alcázar, secciones 31 a 33 caídas, señor!

– Incluso sin ir a su máxima capacidad de fuego, están haciendo trizas nuestras naves – murmuró el Comandante Luca, cuidándose de que nadie le escuchara, para no bajar la de por sí alicaída moral.

Mientras tanto, el crucero espacial Monogatari se separaba de Ganímedes, llevándose consigo a los golem. Tras maniobrar un poco, el crucero espacial Monogatari empezó a descender desde su órbita, con rumbo hacia Ciudad del Progreso. Otros cruceros espaciales se estaban saliendo también de la órbita, para interceptar a las dos naves que iban con rumbo a la capital de Esperanza.

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– Observo: La nave espacial principal de los humanos sigue completamente estacionaria – comentó una de las naves arzawe.

– Respondo: También lo he notado – dijo Rantel.

– Sugiero: Deberíamos incrementar el ataque para así destruir de inmediato a los humanos.

– Evalúo: Existe el riesgo de una respuesta contundente por parte de la nave principal de los humanos, y eso nos obligaría a recurrir a tecnología detectable por el Polígono. Dispongo: Seguiremos con un ataque para desgastar al enemigo, sin forzarlo a reaccionar de una manera desmedida.

Y Rantel, a bordo de una de las dos naves arzawe en dirección hacia Ciudad del Progreso, apretó el ceño, mientras daba un vistazo fugaz a sus manos de color entre azul, verde y amarillo.

– Anhelo: Espero estar tomando la decisión correcta…

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Los MTE Detonador-9 se habían alzado en el aire, y en respuesta, las naves arzawe en descenso hacia la superficie de Esperanza habían lanzado a los misiles una andanada de capullos, de los cuales parecían tener centenares o miles. El grueso de éstos se perdió en el aire, por supuesto, pero unos cuantos atinaron a los misiles. Allí eclosionaron como decápodos, clavaron los dardos en que remataban sus patas, con la facilidad que tenían para horadar incluso el metal, rompieron los sistemas internos de los misiles sin saber realmente qué estaban destrozando, y los misiles empezaron a reventar uno detrás de otro, con los decápodos volando después de su gloriosa misión suicida.

Sólo unos pocos misiles alcanzaron a las naves arzawe en descenso, pero esos pocos misiles consiguieron ocasionar un daño en apariencia contundente.

Una de las naves arzawe que se dirigía a Ciudad de la Fortaleza, de hecho estalló en el aire. Ante esto, estallaron vítores en el Centro del Alto Mando, mientras el Comandante Luca trataba de mantener su estoicismo para seguir liderando la situación con eficiencia, pero sin que se le despintara una inadvertida sonrisa de satisfacción en el rostro.

La otra de las naves que se dirigía a Ciudad de la Fortaleza encajó también un par de impactos bastante recios. De pronto su trayectoria varió, y lo que parecía un descenso controlado, ahora lucía más bien como una caída sin control.

– ¡Comandante, han enfilado la nave contra Ciudad de la Fortaleza!

– ¡Maldita sea! ¿Quieren estrellarla contra la ciudad? ¡Desgraciados!

Mientras tanto, los Detonador-9 lanzados contra las dos naves que descendían hacia Ciudad del Progreso, parecían haber tenido resultados mucho más pobres. Una de las naves empezó a descender más rápido, mientras que la otra alteró levemente su trayectoria.

– El Monogatari no será suficiente. ¿Quiénes están allá arriba? – preguntó el Comandante Luca, apuntando con la menterminal a quienes se refería.

– Son los cruceros de batalla Endimión y Ceres, al cuarenta y nueve y cuarenta y cuatro por ciento de capacidad. Ambos reportan luchas cuerpo a cuerpo con decápodos en su interior.

– Que desciendan, y apoyen la lucha en Ciudad del Progreso – dijo el Comandante Luca. – Parece que estos demonios han cambiado de estrategia, es como si quisieran desembarcar en la superficie.

Dicho lo cual, el Presidente Kulkov y el Comandante Luca intercambiaron miradas de preocupación. Ambos sabían lo que eso significaba. Si los alienígenas llegaban a poner el pie en alguna de las ciudades, aunque consiguieran rechazarlos, de todas maneras habría que poner a las ciudades en cuarentena, para impedir que se propagara una epidemia de la misma clase que aquella presente a bordo de Ganímedes. Y eso significaba lisa y llanamente el caos social.

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En el interior del crucero espacial Monogatari, dentro de los golem, Escalante y su batallón, así como varios otros soldados adicionales, contemplaban la escena en el exterior, vía menterminal.

Vieron como las naves espaciales arzawe fueron interceptadas por cazas de combate, que les dispararon misiles y rayos láser. Pero éstas no parecían hacerle mayor mella.

– De manera que los Dropshield no sirven de nada – suspiró Escalante. – Ahí va mi sueño de volver a pilotar uno de ésos.

– Estos golem no están tan mal, señor – dijo Lincopán, con un tono peculiar de voz, acorde a su estoicismo clásico, pero que tratándose de ella, podía contar hasta como una suerte de placer infantil.

Finalmente, la nave arzawe en la cual venía Rantel, acabó impactando Ciudad del Progreso; no había sido realmente un aterrizaje forzoso porque era obvio que la nave había hecho todo lo posible por un descenso controlado, pero de todos modos, parecía que la nave había quedado demasiado tocada por los impactos de los misiles para un aterrizaje perfecto.

Partes selectas de las paredes medio transparentes de la nave, de pronto parecieron disolverse como un terrón de azúcar en una taza de café caliente, y a través de esos huecos ahora abiertos, emergió lo que no podía ser llamado menos que hordas y hordas de decápodos.

Todos en el Centro del Alto Mando contuvieron la respiración, aterrorizados. Nunca antes habían visto tantos decápodos al mismo tiempo.

– Acoto: Es imprudente lanzar a todos los decápodos a la vez, sin dejar apenas defensas acá – apuntó el cerebro de la nave.

– Evalúo: Nuestra misión es sembrar esta ciudad con cadáveres de decápodos para expandir alguna potencial epidemia. Lo que suceda con la nave, o conmigo mismo, es irrelevante – respondió Rantel.

Y como el cerebro de la nave espacial nada respondiera, Rantel se sumergió en sus pensamientos. El aislamiento, la incapacidad de conectarse de manera plena con la colectividad de los arzawe. Si la misión terminaba con su muerte, ¿eso sería una pérdida o una liberación? ¿Planteaba toda la operación como una misión suicida porque era lo más efectivo y conveniente para los intereses de los arzawe, o muy en el fondo, estaba buscando una gloriosa muerte en combate, que pusiera término a su vida y además le permitiera irse con siquiera un pequeño motivo de satisfacción, que le hiciera pensar en que había valido la pena vivir su vida…?

Como fuera, Rantel se echó ligeramente hacia atrás, contemplando a través de las paredes semitransparentes de su nave, el desarrollo de la operación: los decápodos expandiéndose lentamente por la ciudad, entrando en choque directo con las fuerzas humanas.

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El crucero Monogatari finalmente descendió. Las puertas del compartimento de carga se abrieron, y con ello, los golem tuvieron la libertad.

– ¡Golems! ¡Atacar a los decápodos! ¡Fuego a discreción! – gritó el Capitán O’Hara.

– ¡Ya lo oyeron! – gritó Escalante. – ¡Al ataque!

Los golems, los gigantescos humanoides de barro que medían unos diez metros de alto, en cuyo interior estaban los pilotos que ignoraban cómo podían ver o respirar, aún haciéndolo, empezaron a moverse.

Los golems corrieron por algunas calles, en dirección hacia donde había descendido la nave enemiga. Y ahí fue donde encontraron la primera vanguardia de decápodos.

– ¡Maldita sea! ¡Son miles! – gritó Paparizou.

– Controle sus nervios, soldado – dijo Lincopán, aunque su voz sonaba muy poco épica.

Los decápodos y los golems se arrojaron los unos contra los otros con fiereza incontenible, como olas furiosas en una tempestad, y estrellándose con toda su potencia, se estabilizaron en una línea, comenzando a forcejear. A través de los canales de comunicación de la menterminal, empezaron a resonar los gritos de angustia, dolor e inenarrable sufrimiento por parte de los pilotos que empezaban a ser heridos y morir, mientras sus golem caían inutilizados al suelo.

Escalante había conseguido aferrar dos de las patas de un decápodo adelante suyo, pero éste tenía otras ocho; cuatro de las mismas se apoyaban en el suelo y le proporcionaban equilibrio, y las cuatro restantes se lanzaron en contra del golem, llegando a rasgarle, y dejando salpicaduras de barro a su alrededor, encima de otros decápodos y otros golem. Escalante probó a dejarse caer hacia atrás, chocando de lleno contra otro golem que venía tras suyo y que apenas pudo sostenerse y sostenerlo; aún así, este apoyo fue suficiente para Escalante, que levantó un pie del golem y le asestó al decápodo una recia patada. El decápodo pareció perder el equilibrio, y Escalante repitió el movimiento, por puro instinto y desesperación, ahora tirando violentamente de las dos patas que tenía aferradas. El golpe pareció ser fuerte, porque el pie pareció reventar la coraza en apariencia quitinosa del decápodo y se hundió en lo que podría ser su vientre, al mismo tiempo que las coyunturas de las patas que tenía aferradas cedieron un poco, no tanto como para romperse, pero sí como para inutilizarlas.

Otro decápodo atacó a Escalante por el costado, y éste se vio obligado a soltar al decápodo que tenía sujeto. El mismo no se sumó al ataque; demasiado malogrado, intentó retroceder, tratando de no verse arrollado por los decápodos que venían incluso detrás. Pillado por sorpresa, Escalante trastabilló, dándole la ventaja al decápodo. Sin embargo, de alguna parte, alguien empezó a aporrear al decápodo con… la pata de otro decápodo, arrancada a su anterior propietario, por lo visto. El decápodo se volteó hacia su atacante, y éste lo atravesó con la pata que esgrimía a manera de garrote.

– De nada, jefe – salió la voz jovial de Brown, desde el golem que había respondido al ataque.

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– Son demasiados – dijo el Comandante Luca, y luego añadió: – ¡Remick! Bombardeo masivo.

– ¡Pero, señor! ¡Los civiles! ¡Los pilotos de los golem…!

– ¡Nos están haciendo pedazos, Remick! ¡Bombardee el área, y que no quede ningún decápodo en pie!

Y luego, el Comandante Luca se volteó hacia el Presidente Kulkov, en cuyo rostro estaban pintados un profundo horror y desesperación.

– Lo siento, señor Presidente. Pero son demasiados, y nuestras fuerzas de tierra no serán capaces de contenerlos a todos. O reducimos esa sección de la ciudad a ruinas, o no quedará ciudad que proteger.

つづく

martes, 29 de agosto de 2017

Jack Kirby: Rey y dios de los superhéroes (3 de 3).

Autorretrato de Jack Kirby dibujando a Orion, protagonista de la saga del Cuarto Mundo; la verdad, he visto esta viñeta con varios textos, así es que del mismo no estoy seguro. Pero el dibujo es Kirby, eso sí.
Veíamos en las dos entregas anteriores de esta serie de tres posteos dedicados a Jack Kirby por el centenario de su nacimiento desde 1.917... o sea, ésta es la entrega final... la participación decisiva que tuvo Kirby en la creación del moderno Universo Marvel, y cómo la misma fue respondida con ninguneos y menosprecios a su talento, los cuales le llevaron a mudarse a DC Comics, llevándose consigo una idea espectacular: el Cuarto Mundo. Este ciclo narrativo, considerado como la obra cumbre de Kirby, fue publicado en cuatro cómics diferentes, todos a cargo de El Rey: Superman's Pal Jimmy Olsen, en donde comenzó todo, como lo mencionábamos en la entrega anterior, más New GodsMister Miracle, y The Forever People. Aunque enlazados con el Universo DC, a Kirby le dieron carta blanca para desarrollar el Cuarto Mundo por su cuenta; años después, ya ido Kirby por supuesto, otros escritores sumergirían el Cuarto Mundo con el resto del Universo DC, hasta el punto que su villano estrella, Darkseid, ha pasado a ser casi el supervillano definitivo del Universo DC en su conjunto.

La premisa del Cuarto Mundo es presentada en la primera página del número 1 de New Gods: un planeta entero de dioses es destruido, y en su reemplazo surgen dos mundos: Nueva Génesis, regido por el Alto Padre, que es esencialmente una sociedad utópica en donde todo es el bien y la buena vida, y Apokolips, un infierno en el universo regido con el puño de hierro del cruel Darkseid. En medio de todo esto vemos a Orion, hijo de Darkseid que ha sido criado en Nueva Génesis, a Mister Miracle, que es hijo del Alto Padre pero criado en Apokolips, y The Forever People, un puñado de hippies que viven aventuras de hippies, pero en un entorno de Ciencia Ficción. Reseñado lo anterior, no resulta demasiado difícil ver el verdadero plan de Kirby aquí. ¿Un ragnarrok que consume a todos los antiguos dioses, y crea en su lugar dioses nuevos? En efecto, el Cuarto Mundo es lo que habría sido el cómic de Thor, si Stan Lee le hubiera permitido a Kirby seguir adelante con sus planes de desatar un Ragnarrok en el mismo. Y para que no queden dudas, en una de las primeras viñetas puede verse a manera de detalle un casco con alas entre los restos y cadáveres tirados, el mismo casco con alas usado por Thor, la sibilina manera que encontró Kirby para dejar caer que, en efecto, el Cuarto Mundo es lo que había querido crear para Marvel y no había podido. Tomando en cuenta que el Cuarto Mundo suele ser considerado uno de los mejores cómics de todos los tiempos, y la obra maestra de Kirby, resulta claro lo que Marvel se perdió. Tanto, que a falta de Darkseid, tuvieron que inventarse a Thanos...

De todas maneras, aunque más o menos conectado con el resto del Universo DC, el Cuarto Mundo no es exactamente un cómic de superhéroes. Si tuviéramos que encasillarlo en un género, diríamos que es más bien una fantasía espacial. El cómic de hecho es bastante ambiguo en categorizar a sus personajes. Se los llama dioses, en efecto, pero, ¿lo son? ¿O en vez de eso, son alienígenas tan avanzados que nosotros los vemos como dioses por lo poderosos que son? Se puede interpretar el Cuarto Mundo en un sentido u otro, por supuesto, y esa ambigüedad que Kirby le da a su obra, potencia mucho su sentido de la maravilla. Por supuesto, el hecho de que después los personajes kirbyanos fueron puestos al centro y al frente dentro del resto del Universo DC, en particular Darkseid y Orion, ha ido borrando un poco ese carácter mítico y legendario de los mismos. Pero la intención era ésa: so pretexto de cómic de superhéroes, Kirby estaba dibujando una de las fantasías cósmicas más definitivas de nuestro tiempo.

Por desgracia, el Cuarto Mundo resultó ser un cómic demasiado avanzado para su tiempo. ¿Dioses que podrían ser alienígenas, peleando batallas épicas entre planetas que son la encarnación suprema del Bien y el Mal, tratando con conceptos metafísicos como la Fuente, o computadoras llamadas Cajas Madre? Fue mucho para los lectores de la época, no demasiado acostumbrados a ideas de ese calibre, y el Cuarto Mundo nunca despegó en donde realmente importa: en las ventas. El éxito de The Demon, al que ya llegaremos, terminó de sellar el trato: DC Comics prefirió que Jack Kirby se dedicara más a The Demon, y dejara al Cuarto Mundo de un lado, y eso fue el final, la temida palabra cancelación. Pobre Kirby: se fue de Marvel Comics entre otras razones porque no lo dejaron terminar la serie de Thor como quería, y luego, cuando planteó su Cuarto Mundo, tampoco lo dejaron... Motivo de reflexión aquí. No le sucedió a Kirby que le cancelaran sus cómics en Marvel Comics por falta de lectores, salvo por el muy visible caso de Uncanny X-Men en 1.970, y eso a pesar de que los mismos tenían conceptos a veces bastante psicodélicos para su época, lo que hace buena la pregunta de qué hubiera pasado con el Cuarto Mundo de Kirby, si hubiera existido allá afuera un Stan Lee haciéndole promoción... Lo que arroja una luz diferente sobre la complicadísima relación de Lee con Kirby. Al respecto, que el lector saque conclusiones.

Portada de New Gods número 1, de Marzo de 1.971, presentando a Orion. Guión, dibujo y portada de Jack Kirby; ignoro si Kirby es también el que corta los boletos y el acomodador.
Aunque el Cuarto Mundo en su día acabó por ser un fracaso de ventas, hoy en día se considera que el mismo ha sido una de las obras definitorias en el imaginario moderno. ¿Conocen ustedes la mítica afirmación dicha sobre la banda The Velvet Underground, de que apenas unos cuantos pelagatos compraron sus discos en su día, pero cada uno de esos pelagatos acabó por fundar su propia banda? Lo mismo puede decirse del Cuarto Mundo: sus fanáticos eran poquísimos, pero esos poquísimos aparecieron después en todas partes, creando en los cómics, el cine y la televisión. Muchas veces se ha apuntado, por ejemplo, la influencia que el Cuarto Mundo habría tenido sobre Star Wars; no sabemos hasta qué punto es así, pero los parecidos son muy sugerentes. Partiendo por el obvio maniqueísmo entre los héroes impolutos y los villanos totalitarios, por supuesto, pero siguiendo porque la Fuente (the Source) anticipa en algunos respectos lo que será la Fuerza, la búsqueda de la Ecuación Anti Vida por Darkseid tiene un rol similar a lo que es el Lado Oscuro de la Fuerza en Star Wars, y todo eso por no hablar de que Luke Skywalker al final resulta ser hijo de Darth Vader, igual que Orion lo es de Darkseid. Y se ha planteado de manera humorística, pero no sin motivos, que Amos del universo, la fallida adaptación de He-Man con actores de carne y hueso de 1.987, en realidad es menos He-Man que una destilación de conceptos del Cuarto Mundo, con He-Man como Orion, Skeletor como Darkseid, el Castillo Greyskull como Nueva Génesis, Sorceress como el Alto Padre en versión mujer, etcétera.

Decíamos que el éxito de The Demon fue capital a la hora de sepultar el Cuarto Mundo. Era 1.972, y lo demoníaco estaba poniéndose de moda otra vez; recuérdese que esto es un año antes del estreno de El exorcista en los cines. Además, la proscripción sobre temas de monstruos y terror en el mundo de los cómics estaba cediendo. DC Comics decidió encargarle entonces a Kirby, su hombre estrella por supuesto, una obra en esa línea. Sin mucho entusiasmo, pero con su profesionalismo de siempre, Kirby creó a Etrigan el Demonio, protagonista de The Demon. Este personaje es un estudioso actual de la demonología que por una maldición antigua proferida por el mago Merlín, lleva consigo a Etrigan el Demonio, que lo posee bajo tales o cuales circunstancias. Creo que no necesito comentar la profunda y dolida decepción por la que pasó Kirby, cuando The Demon sobrepasó en ventas al Cuarto Mundo, con los resultados que ya comentábamos. Y esta decepción ayudó a sentar las bases para la futura salida de Kirby desde DC Comics, así como en su día se había salido de Marvel Comics...

Aunque el Cuarto Mundo sea la obra más reconocida de Kirby para DC Comics, no es de ninguna manera la única, ni siquiera con The Demon al lado. Es obligatorio mencionar también a Kamandi: El último niño de la Tierra. Como ha sucedido en otras ocasiones, debemos buscar el origen del personaje en el sórdido lucro editorial. A inicios de la década de 1.970, el mundo estaba invadido por la monomanía, llamémosle así a la plaga de monos que invadió la cultura popular, debido a la pentalogía de El planeta de los simios. DC Comics intentó asegurarse los derechos de la franquicia para el cómic y falló, de manera que le encargó a Kirby crear algo parecido. Este tomó una historia antigua suya, de 1.956, y la adaptó para las necesidades. El protagonista es un niño que ha sobrevivido a un desastre apocalíptico en un bunker llamado Command-D, de donde toma el nombre de Kamandi. En el nuevo mundo, Kamandi se encuentra con que es el único humano inteligente, en un mundo en donde los humanos han descendido al nivel de bestias, y otras criaturas inteligentes se han levantado para dominar la Tierra y sojuzgar a los... Casi un calco de la premisa de El planeta de los simios, con cambios cosméticos aquí y allá, y con más bestias para darle variedad. Y con una interesante inversión respecto de los antiguos monstruos perseguidos de Kirby como la Mole o Hulk: ahora Kamandi es una criatura hasta cierto punto monstruosa... porque es la última criatura realmente humana que va quedando. Todavía otro personaje perseguido más por ser diferente: Kirby clásico aquí.

A diferencia del Cuarto Mundo, Kamandi sí tuvo éxito, y Kirby trabajó en ella entre 1.972 y 1.976. La serie siguió después en manos de otros autores, y es considerado uno de los puntos fuertes tanto en ventas como en crítica, de DC Comics en la década de 1.970. Sin embargo, no sobrevivió a la Implosión DC, evento cataclísmico que se llevó por delante un montón de revistas de la editorial, y dejó de publicarse en 1.978. El personaje fue presentado después aquí y allá, incluyendo una interesante participación en Crisis en las Tierras Infinitas, en 1.985 a 1.986. Como de costumbre, DC Comics dejó a Kirby en relativa libertad de acción dentro de su cómic, y por lo mismo, su trecho en Kamandi tiene conexiones muy tenues con el resto del Universo DC; serían autores posteriores quienes sumergirían por completo a Kamandi en el mismo, arreglando el tema de la continuidad temporal explicando que el de Kamandi en realidad es el futuro de Tierra Uno, uno de los universos aniquilados en la Crisis de las Tierras Infinitas, entre 1.985 y 1.986.

Portada del número 1 de Kamandi: El último niño de la Tierra, de 1.972, con Kamandi encargándose a los manes de Charlton Heston.
El otro gran e incomprendido cómic en que trabajó Kirby para DC, fue O.M.A.C. Este personaje, sigla de One Man Army Corps (Cuerpo de Ejército de Un Solo Hombre), partió como un superhéroe, pero en el futuro. OMAC es un supersoldado del futuro que es reclutado por una organización para luchar contra las megacorporaciones que están apoderándose del planeta, con el apoyo de un satélite espía llamado Brother Eye. Como se ha apuntado: es Capitán América otra vez, pero en el futuro. Al final, sabemos que la lucha de OMAC será en vano; el gran desastre que aniquile a la civilización sucederá de todos modos, y creará el mundo de... Kamandi. Kirby, otra vez conectando sus propias creaciones entre sí. La serie fue publicada entre 1.974 y 1.975, resultó un fracaso, y fue cancelada después de ocho números. Como sucedió con el Cuarto Mundo, es otro caso de Kirby anticipándose demasiado a los tiempos. Supersoldados, cyborgs, megacorporaciones devorando a la sociedad y al mundo, memorias alteradas y con ellas la identidad individual, complots para apoderarse del agua... OMAC fue en efecto un cómic Cyberpunk, pero una década entera antes de que la novela Neuromante de William Gibson le diera forma moderna y más o menos popularizara el mismo como subgénero de la Ciencia Ficción. Por supuesto, el concepto de OMAC ha sido traído al Universo DC por otros guionistas y dibujantes después, pero sin el mismo genio e inventiva que Kirby.

En este período, pareció haber una reconciliación entre Stan Lee y Jack Kirby, y el segundo volvió a Marvel Comics en 1.976. Y Lee encargó a Kirby un trabajo muy exótico: la adaptación a cómic de 2001: Una odisea del espacio. Al principio, Kirby más o menos se atuvo a la película, pero agotada ésta, empezó a correr por su cuenta. Como resultado, Kirby configuró mucho de la mitología Marvel respecto a la verdad sobre la evolución humana, siempre según Marvel por supuesto. Es canónico desde entonces que la evolución humana en el Universo Marvel ha sido impulsada por la lucha entre dos grandiosos grupos de entes cósmicos, los eternos por un lado, y los celestiales por el otro; en el Universo Cinemático Marvel, se presentó el cadáver de un celestial en Guardianes de la Galaxia, y se apunta en la segunda entrega que Ego sería uno también, por más señas. Como pueden ver, es imposible escapar de Kirby si estamos dentro de adaptaciones de Marvel Comics. Pero esta nueva colaboración fue muy breve. Kirby y Lee volvieron a pelearse, y Kirby se marchó de Marvel Comics en 1.978, y esta vez para siempre.

Lo que viene, en realidad no aporta mucho, pero es entretenido de narrar, y además es otra muestra de lo increíblemente ubicuo que ha resultado Kirby en la cultura popular. Alejado tanto de Marvel Comics como de DC Comics, Kirby empezó a trabajar por libre. Y le encargaron entre otras cosas, los diseños visuales para una adaptación cinematográfica de El señor de la luz, una novela de Ciencia Ficción de Roger Zelazny publicada en 1.967 con la que seguro Kirby se sintió la mar de cómodo, considerando su premisa: un grupo de humanos coloniza otro planeta y para sobrevivir e imponerse, se mejoran a sí mismos hasta convertirse en inmortales, creando de hecho una sociedad que opera bajo el sistema de castas de la Mitología Hindú, en que ellos son los dioses. Los parecidos con el Cuarto Mundo son bastante evidentes, por supuesto, en particular el uso de tópicos de la Ciencia Ficción para narrar lo que en definitiva es una historia de Fantasía Epica. La película nunca se rodó, pero sus diseños tuvieron una inesperada aplicación posterior: la CIA se hizo con ellos para montar una operación en que, se dijo, un grupo de personas buscaba locaciones para rodar la película. En Irán. Justo en 1.979, la época en que revolucionarios iraníes mantenían a prisioneros occidentales como rehenes. Todo en realidad era, por supuesto, parte de un operativo clandestino para sacarlos de Irán y llevarlos a la libertad. Si les suena conocida la historia, debería: la misma fue adaptada para el cine en la película Argo de 2.012. En la cinta, Jack Kirby recibe un cameo, aunque por desgracia no con nombre; también por desgracia, los diseños exhibidos de la falsa película no son los de Kirby, sino otros dibujados de manera especial para la película en sí.

OMAC número 7, de Octubre de 1.975: OMAC contra el Grupo Quantum, por el agua de Bolivia.
Jack Kirby también se dedicó a trabajar en la animación, por regla general únicamente en los diseños visuales, eso sí. Recordemos que en su tiempo, Kirby vivió días bastante miserables trabajando a soldada de los Estudios Fleischer, pero ahora las cosas habían cambiado: era una leyenda viviente, y sobre todo, el resto del equipo de trabajo lo trataba con un respeto que Kirby rara vez había encontrado trabajando para Marvel Comics o DC Comics. No sin cierta ironía, colaboró brevemente con Los Cuatro Fantásticos de 1.976, la versión animada que suele ser odiada por incorporar a H.E.R.B.I.E. el robot en vez de la Antorcha Humana. Y con El joven Turbo, un por suerte hoy en día olvidado programa animado sobre un adolescente que cuando entra en calor, se transforma en... un automóvil. Es tan deleznable como suena. Pero su trabajo más recordado en el rubro, es probablemente Thundarr el Bárbaro. La premisa tiene algunos puntos de contacto con su personaje Kamandi: un apocalipsis ha sacudido a la civilización y la ha regresado a una época de barbarie, en la cual Thundarr y sus dos amigos luchan por imponer la justicia en contra de malvados hechiceros y señores de la guerra. Una vez más, una historia en la cual el trasfondo de Ciencia Ficción en realidad es un pretexto para montarse una historia de Fantasía Epica. Supongo que Jack Kirby se sintió como en su casa, trabajando para esta serie.

La contribución de Kirby para Thundarr el Bárbaro ha dejado un poco en la sombra otra serie animada que también tiene mucho de kirbyana, y de hecho su premisa recuerda algo a OMAC. Me refiero a Los centuriones. En conjunto con Gil Kane. La cual fue emitida en 1.986. En esta serie, un grupo de soldados en el futuro cercano usan armaduras de alta tecnología para invocar el poder supremo del hombre y la máquina, usando tales armaduras para encajarse maquinaria de combate a manera de exoesqueletos, siempre en perpetua lucha contra la malvada dupleta de cyborgs conformada por el Doctor Terror y su secuaz Hacker. Apoyados desde un satélite artificial llamado Sky Vault, a falta de un Brother Eye orbitando por ahí. Lo dicho: esta serie cuenta casi como una adaptación de los presupuestos que Kirby había desarrollado en O.M.A.C. La serie cuenta como un muy temprano ejemplo de transhumanismo, en una época en que dicho concepto recién estaba surgiendo. A destacar uno de sus episodios en que el protagonista es un trasunto de detective de novela negra, investigando un caso de suplantación de identidades y de memorias, que debe ser seguramente la primera historia realmente Cyberpunk que salió en la animación occidental. Y eso, apenas dos años después de publicada la novela Neuromante. Más detalles, pueden ustedes leerlos en Los Centuriones: El poder supremo del hombre y la animación, que publicamos en su día acá en la Guillermocracia.

También mencionemos la siguiente anécdota, aunque sea por un tema de justicia poética. Todo el mundo conoce los cameos de Stan Lee en películas de la Marvel, ¿verdad? Ayuda que el hombre haya sido muy longevo, con 94 años al momento de editar este posteo (nació en 1.922, recordemos). Pero aunque no lo crean, Jack Kirby lo batió en este terreno, ya que obtuvo su cameo primero, aunque no en una película sino una serie de televisión. Basada en un personaje de Marvel Comics, eso sí. En un episodio de la serie televisiva El Hombre Increíble emitido en 1.979, un dibujante hace un boceto de Hulk. No hay premio para quién adivine la identidad del actor interpretando al dibujante: Jack Kirby, por supuesto. Lo que entibia el corazón cuando uno recuerda que, en efecto, Hulk fue dibujado primero por Jack Kirby, y el monstruo perseguido de manera injusta por ser eso, un monstruo, en definitiva tiene una veta kirbyana muy característica. Con el tiempo, Stan Lee ha sumado más cameos que Kirby, vale, pero el primero suyo vino recién en 1.989, en el telefilme El juicio del Hombre Increíble, aunque había hecho roles de voz antes. Al menos en materia de cameos de la Marvel, Kirby obtuvo su reconocimiento antes, mientras todavía estaba vivo por supuesto, y además, en un rol plenamente alusivo a su labor como dibujante.

Thundarr el Bárbaro: Jack Kirby invade tu televisión.
En la década de 1.980, Kirby tuvo todavía otro encontrón con Marvel Comics, ahora por el tema de los originales. Kirby quiso recuperar los dibujos originales que éste había entregado a Marvel Comics, en calidad de autor de los mismos. Marvel Comics se negó, con los argumentos de siempre: Kirby había sido un dibujante a contrata, y por lo tanto, ese material pertenecía a Marvel Comics. El asunto motivó nuevos piques entre Stan Lee y Jack Kirby, que llegaron hasta un programa radial, inclusive. Lee ya no era editor en jefe de Marvel desde 1.972, pero seguía siendo una especie de portavoz. Pero al empecinarse en ningunear a Kirby, Marvel Comics no contaba con los fanáticos. Estos, admiradores del trabajo kirbyano, montaron en cólera contra Marvel Comics y se movilizaron en su contra hasta un punto tal, que Marvel Comics decidió salvar la cara enviando a Kirby los originales. Algunos de ellos, por lo menos. El resto nunca llegó a las manos del dibujante. ¿Se perdieron por el camino? ¿Alguien los birló como recuerdo o como posible inversión? ¿Estaban en Marvel Comics y simplemente decidieron hacerse los desentendidos con ellos? Misterio.

Por ese mismo tiempo, una editorial independiente llamada Pacific Comics llegó a un trato bastante inusual con Kirby: publicaría una obra suya, pero con los derechos radicados íntegramente en Kirby, en calidad de creador. El resultado fue Captain Victory and the Galaxy Rangers, probablemente uno de los primeros cómics independientes de superhéroes de la época moderna, entendiendo por tal, aquella que vivimos desde 1.961. La serie era Kirby clásico: un híbrido de superhéroes y Ciencia Ficción. Aguantó apenas trece números más un especial, entre 1.981 y 1.984, y acabó cancelado por las bajas ventas. En los últimos números, Kirby dejó caer algunas pistas en el dibujo, por las cuales el lector avisado puede deducir que el padre de Captain Victory era Orion, y su abuelo era Darkseid; no podía ponerlo en letras de molde porque tanto Orion como Darkseid pertenecían a DC Comics, y los abogados aguijonean en serio, pero el lector inteligente es aquel quien establece relaciones en el subtexto. Lo que crea una curiosa situación en que Captain Victory and the Galaxy Rangers es la secuela no oficial del Cuarto Mundo, que a su vez es la secuela no oficial de Thor... ahí tienen más material para fanfic, los interesados.

Finalmente, a todo el mundo le llega su hora. La de Jack Kirby fue el 6 de Febrero de 1.994. Falleció en su hogar en California, de un ataque al corazón; tenía 76 años de edad. Pero sin embargo, en 2.017 su legado sigue más vivo que nunca. Vean la cartelera de los cines si no, plagada de personajes kirbyanos: por el lado del Universo Cinemático Marvel están Ego el Planeta Viviente en Guardianes de la Galaxia 2, Iron Man en Spiderman: De regreso al hogar, más Thor y Hulk, y unos cuantos secundarios, en Thor: Ragnarrok, mientras que por el lado del Universo Extendido DC tenemos como villano a Steppenwolf del Cuarto Mundo en La Liga de la Justicia. Por cierto, suele afirmarse que Thanos, el personaje presentado como el villano definitivo del Universo Cinemático Marvel, es la respuesta de la Marvel a Darkseid, que Kirby creó para DC Comics después de que Marvel rechazó la idea del Cuarto Mundo... Y en 2.017, de manera póstuma, Disney Legends le confirió a Jack Kirby un listón por servicios prestados a Disney; debemos recordar que a dicha empresa pertenece la Marvel ahora. Sin embargo, quizás el más sentido homenaje que se le ha hecho a Kirby, es el rendido por el guionista Mark Waid en el número 511 de Fantastic Four, de Mayo de 2.004, en donde este cuarteto kirbyano se encuentra de manera directa y cara a cara con un personaje que, está más o menos implícito, es el Dios Supremo y el más poderoso personaje de la Marvel. ¿Y cómo es presentado este personaje? Como un dibujante en su atril de trabajo... y con las facciones de El Rey, ahora literalmente Dios de los Superhéroes: Jack Kirby.

Página de Fantastic Four número 511, de Mayo de 2.004. Ahora es canónico y oficial: existe un Ser Supremo y Omnipotente en el Universo Marvel, y es Jack Kirby.

domingo, 27 de agosto de 2017

El lado irracional de la racionalidad científica.


Así como en todo orden de cosas, las actividades científicas tienen adosadas algunas imágenes que son clásicas. La más típica es el laboratorio. Puede ser uno con olores a alquimia, como el de Lavoisier en el siglo XVIII, o uno moderno y aséptico con sus tubos, pipetas, mecheros, matraces, cápsulas de petri, etcétera. Otra es el pizarrón trufado de ecuaciones sobre ecuaciones sobre ecuaciones. De manera algo más restrictiva, porque se corresponden a rubros más acotados de la ciencia, podríamos incluir al botánico en mitad de la jungla volviéndose loco de contento porque ha dado con una nueva y rarísima especie de orquídea, al astrónomo con el ojo pegado en su telescopio, etcétera. ¿Qué tienen en común el grueso de estas imágenes...?

Una respuesta posible sería un cierto aroma a neoclasicismo. Todas las imágenes relacionadas con la actividad científica evocan algo que expresado de manera positiva podemos llamar como formal o racional, y de manera algo más crítica, como frío, aséptico, carente de romanticismo y de alma. La ciencia es, después de todo, una actividad de lógica implacable dentro de la cual todo debe estar demostrado, medido, pesado y calculado. Para una teoría científica, si no es QED (Queda Entonces Demostrado), es QEPD (Que En Paz Descanse). Y perdonen el chiste fácil. Otra vez.

Los propios científicos intentan promover un poco esta imagen de serena racionalidad que evoca la actividad científica. La ciencia busca, después de todo, encontrar las respuestas acerca de cómo funciona el mundo, y eso se logra investigando en la naturaleza y trazando ecuaciones matemáticas, no entregándose a desvaríos místicos. Y tanto la observación como el trazar ecuaciones son un asunto eminentemente racional. Un exceso de entusiasmo por una teoría podría devenir en el empecinamiento por defender lo indefendible, lo que no se puede demostrar, o directamente lo que es erróneo. Y la ciencia no puede permitirse el lujo de cometer errores; si los comete, y desde luego que es así, se trata de enmendarlos con la mayor rapidez posible. De ahí que la imagen de sensata serenidad que los científicos intentan vender sobre su actividad, tiene un cierto valor publicitario: se trata de mostrar cómo los mejores científicos son los más sesudos y racionales, y por ende, sus resultados son los más confiables. En última instancia, es casi como la versión secular de las tentaciones de los monjes en el desierto, que se mantienen firmes y serenos casi como yoguis frente a los crueles mordiscos de la carne.

También esta imagen ha servido como crítica en contra de los científicos. Desde los ámbitos más allá de la ciencia, principalmente desde el discurso religioso anticientífico, o desde el mundo pseudocientífico vinculado a la New Age o a otras ramas del esoterismo, esta imagen calmada y racional sirve para vender el discurso de que los científicos son fríos e inhumanos. Y esto no es para tomárselo a broma. Mucho del triunfo de chamanes, curanderos y homeópatas de mala ralea, viene de vender una noción de que "los médicos son inhumanos que consideran sólo lo material, mientras que nosotros tratamos al paciente de manera holística, integral", etcétera. En este montón de supercherías vemos el triunfo de lo emocional por encima de lo racional, y dicho triunfo es posibilitado por caricaturizar a los científicos como Menschmaschinen ambulantes con engranajes de óxido y hierro en el lugar en donde el resto de los humanos tienen el corazón. En casos extremos, esta crítica a la ciencia como actividad inhumana que destruye al ser humano por no considerarlo como tal en primer lugar, deviene en presentar a angelitos como el Doctor Mengele, como si fueran el prototipo del científico, en vez de desviaciones psicopatológicas del mismo.

Espécimen de científico frío y sin corazón, en su medio ambiente natural.
Por supuesto, esta imagen científica no es del todo falsa. La actividad científica consiste ante todo en una observación e interpretación metódica de la realidad, observación e interpretación que tiene unas ciertas y determinadas pretensiones de objetividad. Es decir, las respuestas que emanan de esa observación e interpretación metódicas, deben ser igualmente válidas para todo el mundo, a despecho de la subjetividad de cada uno. Si usted usa un indicador de pH, por ejemplo, dicho indicador de pH cambia de color o no cambia, a según el pH de la substancia (para los no enterados: el pH es el grado de acidez o de alcalinidad de una substancia). Según su pH, una substancia no puede ser ácida para un sector de los científicos y alcalina para otro diferente: o es ácida o es básica (alcalina), o es neutra, y con un determinado grado de acidez o alcanilidad además, eso le guste a quien le guste. El ácido cítrico, componente principal del jugo natural de limón, es ácido le guste a usted o no, y el amoníaco es alcalino, también le guste a usted o no. Eso es un hecho objetivo.

Por supuesto, las cosas son más o menos sencillas a según qué rubro del mundo intentemos estudiar. Calcular el pH de una substancia es algo que podemos considerar más o menos simple. Investigar cuerpos estelares ubicados en la periferia del universo, de los cuales recibimos cuatro malos rayos electromagnéticos perdidos en el ruido cósmico general, o las criaturas submarinas que viven en las fosas abisales y que no podemos extraer porque la diferencia de presión los reventaría, es algo más difícil. Y cuando tratamos con seres humanos, como lo hace la Economía, la Psicología o la Sociología, humanos que ante un experimento científico tienden a reaccionar de maneras que podrían distorsionar esos mismos resultados y convertirlos en incorrectos o directamente inútiles, el asunto puede volverse un verdadero desafío. La ciencia tiene pretensiones de objetividad y racionalidad, pero a según el objeto de estudio científico, es necesario afinar al máximo los experimentos e instrumentos para eliminar los factores que nos impiden una comprensión más cabal de la realidad. Pero en general, el concepto de fondo es el mismo: debemos depurar nuestras observaciones al máximo para lograr ser lo más objetivos posibles, a la hora de enfrentar la realidad.

Sin embargo, también existe una cuota de leyenda acerca de la racionalidad de la ciencia, sea que la veamos como leyenda heroica cuando hablamos de quienes la defienden, o leyenda negra cuando hablamos de quienes la critican. Porque la ciencia también tiene sus aspectos irracionales. Por supuesto, porque los científicos son seres humanos, y los seres humanos no son ciento por ciento racionales. Los científicos son proclives a buscar posicionarse como vacas sagradas en su campo de conocimiento, privilegiar los resultados que favorecen sus teorías, usar maquinaciones de pasillo para desbancar a otros científicos rivales, etcétera. Esto no es porque sean científicos, sino simplemente porque son seres humanos, y la mayor parte de las personas hacen lo mismo. La honestidad ha sido siempre un valor difícil, y para los científicos es más o menos lo mismo que para el resto de los mortales. Pero esta actitud es irracional, porque al fin del día, le hacen un daño a la ciencia. Afortunadamente, el peso mismo de la comunidad científica tiende a corregir los errores que estas actitudes provocan: esa es la ventaja de contar con una masa crítica de científicos para examinar las teorías y experimentos de sus pares.

Pero más allá de eso, hay elementos completamente irracionales que juegan un rol importante en el corazón mismo de la ciencia: el descubrimiento científico. Podemos llamarlo de varias maneras: intuición, imaginación, etcétera. A los científicos e historiadores de la ciencia les gusta presentar el avance de nuestro conocimiento sobre el mundo como la imparable marcha de una implacable maquinaria de racionalidad sobre una naturaleza en apariencia caótica y que le gusta jugar al escondite. En la realidad, no pocos científicos han hecho sus descubrimientos más extraordinarios un poco por simple casualidad, más allá de la lógica.

Einstein era un loquillo.
Pensemos en Albert Einstein, probablemente uno de los paradigmas de racionalidad científica. La obra culminante de este titán científico es la Teoría de la Relatividad. La misma puede parecer un montón de anomalías y sinsentidos para la gente foránea, porque en la Relatividad Einsteniana nos encontramos con que el espacio y el tiempo parecieran cambiar a capricho cuando si miramos por la ventana pareciéramos ver que no es así. Sin embargo, el mérito de Einstein es justo el contrario: haber probado que el espacio y el tiempo sí pueden modificarse o distorsionarse, pero que lo hacen de acuerdo a ciertas relaciones matemáticas que pueden ser establecidas según ciertas ecuaciones. La Relatividad Einsteniana no sólo anuncia que si usted dispara un reloj a velocidades cercanas a la luz entonces dicho reloj incrementará su masa, nosotros veremos como el mismo se ralentiza, y desde el mismo veríamos que el espacio se dilata, sino que además, usando las ecuaciones que dicha teoría provee, podemos calcular en qué medida se produce ese incremento de masa, esa ralentización del tiempo, y esa dilatación del espacio. Ese es el aspecto racional de la ciencia: saber no sólo que algo sucede, sino además predecir en qué circunstancias, y también, en qué cantidad.

Pues bien, Einstein tuvo su inspiración... en una imagen mental. O sea, en algo que, en principio, no tiene nada de racional. El germen de su teoría partió cuando se imaginó a sí mismo tratando de perseguir un rayo de luz. Desde todo punto de vista, es una imagen absurda. Un rayo de luz es algo inmaterial, no puede agarrarse ni menos perseguirse. Y sin embargo, ¿y si se pudiera...? Lo interesante es que Einstein estaba usando una imagen de amplia solera en la tradición, sólo que sus antecesores no usaban rayos de luz sino balas de cañón. Como el Barón de Munchhausen... o como Isaac Newton explicando cómo funciona la fuerza de gravedad, ejemplificándola con el disparo de una bala de cañón. Todos conocemos la idea: Newton argumentaba que si disparaba una bala con la fuerza suficiente, la misma iba a romper la gravitación terrestre y ponerse en órbita. Es el mismo principio que siguen hoy en día los satélites artificiales, de hecho. Lo único que hizo Einstein, desde el punto de vista mental, fue cambiar la bala por un rayo de luz, pero el concepto básico es el mismo: el personaje haciendo un Barry Allen, años antes de que se inventara The Flash, por supuesto.

Fue esta imagen mental que se forjó Einstein dentro de su encéfalo, la que lo llevó a su gigantesca revelación. Se dijo a sí mismo algo más o menos como lo siguiente: "Todos nosotros asumimos un espacio y tiempo absolutos, que nunca cambian, según lo enseña Newton, pero... ¿y si no fuera así? ¿Qué pasaría si prescindiéramos del carácter absoluto del espacio y el tiempo? A lo mejor no hay nada aquí, pero vale la pena tirar un par de líneas de ecuaciones, sólo para ver qué sucede"... Por supuesto, Einstein no desarrolló la idea de la relatividad como un todo y de inmediato. Después de esta intuición hubo mucho trabajo y sudar tinta china, pero los resultados están a la vista: una revolución conceptual acerca de nuestra concepción del universo que sigue pegando coletazos incluso hasta el día de hoy, más de un siglo después de su obra.

Otro ejemplo que es clásico hoy en día, es el descubrimiento del anillo bencénico. Recapitulemos un poco. El benceno es una molécula orgánica compuesta por seis átomos de carbono y seis átomos de hidrógeno. Sin embargo, durante unas cuantas décadas luego de su descubrimiento en 1.825, los científicos se partieron la cabeza preguntándose acerca de cómo esos doce átomos se organizaban. Las cualidades químicas de las moléculas vienen determinadas no solamente por sus átomos constituyentes sino también por sus estructuras, porque los átomos tienen una cantidad limitada de potenciales enlaces, y por lo tanto, la manera en que éstos se ubican influye en cómo interactúan con otros átomos y moléculas alrededor. Era como saber que existe un continente integrado por doce países, pero ignorar qué países son fronterizos con cuáles, y por lo tanto, no tener la más berenjena idea acerca de cómo funcionan las relaciones internacionales entre ellos y con el exterior. Así es como todos los intentos por definir la estructura del benceno se estrellaban contra la evidencia química, hasta que de pronto, un científico alemán llamado August Kekulé anunció una idea revolucionaria: en el átomo de benceno, los seis átomos de carbono estaban unidos entre sí, en un anillo de forma hexagonal. Es el llamado anillo bencénico, justamente. La idea de que los átomos pudieran unirse entre sí como anillos era revolucionaria para la época, y sin embargo, andando el tiempo, este concepto acabó siendo basal para la Química Orgánica, porque las estructuras en anillos son el pan nuestro de cada día para las miles de moléculas orgánicas que pueden construirse siguiendo las leyes de la Química.

Un personaje que todavía no ha aparecido en Civilization de Sid Meier.
Y aquí viene el punto interesante de la historia. Para obtener su idea, Kekulé debía dar un salto conceptual en el vacío, e incorporar la forma de anillo a los posibles modelos químicos. Y ese salto al vacío le vino dado, según la confesión propia de Kekulé, en la actividad más irracional de cuantas puede dedicarse el cerebro humano: el sueño. En efecto, refirió Kekulé en su día, éste tuvo una ensoñación diurna en la cual vislumbró serpientes mordiéndose la cola, quizás una referencia al viejo símbolo místico o esotérico de ciertos cultos antiguos, y al salir de esa ensoñación, de pronto la idea del anillo bencénico estaba ahí. Por supuesto, luego Kekulé debió sentarse a trazar las ecuaciones matemáticas necesarias para determinar si esa posible estructura funcionaba o no. Y de hecho, funciona. Una cristalógrafa británica llamada Kathleen Lonsdale probó de manera empírica en 1.929, irradiando moléculas orgánicas con rayos X, que en efecto el anillo bencénico es la forma en que se organizan los enlaces del benceno. Porque, debemos recordar, una cosa son las demostraciones matemáticas, y otra muy distinta la evidencia empírica.

Puestos a repasar la historia del conocimiento científico, muchos avances y descubrimientos tienen una cierta cuota de carambola. De pronto, alguien tiene un vislumbre que lo lleva a cambiar el punto de vista de todo lo que ha considerado. A veces por sí mismo, a veces por influencia ajena. Eso vale también para los avances tecnológicos, que no son otra cosa sino ciencia aplicada. Un caso clásico es la anécdota que le aconteció a Edwin H. Land. El hombre se entretuvo un día en tomarle fotos a su hija pequeña, y da la casualidad de que la mocosa va y le pregunta por qué no puede ver las fotos de inmediato. Es una pregunta que un adulto no se hace, porque la razón nos dice que hay todo un proceso químico por el cual el negativo debe convertirse en la foto definitiva, etcétera. Pero la hija hizo una pregunta que era irracional desde el punto de vista lógico, porque iba contra lo que eran las convenciones tecnológicas del momento. Y el señor Land a su vez adopta otra actitud fuera de la racionalidad de la época: se pregunta por qué, en efecto, no puede ver las fotos de inmediato. El resultado: el señor Land acabó inventando la cámara instantánea Polaroid. En todos estos casos, lo que tenemos son situaciones en las cuales los científicos están pensando en términos que los anglosajones llaman thinking outside the box, o sea, pensar con originalidad, pensar fuera de la caja o de los patrones establecidos.

Por supuesto, la racionalidad científica no es falsa ni es un mito. Como hemos visto, que la actividad científica requiera una cuota de imaginación e intuición no quiere decir que la misma se pueda permitir el faltar a las reglas de la razón. Porque se requieren dos cosas para que esa imaginación o intuición lleguen a funcionar y se traduzcan en nuevos descubrimientos o avances científicos, y ambas cosas son expresión de la actividad racional. Una de ellas es tener una cabeza bien amueblada. De una manera que habría enorgullecido a sus contemporáneos conceptistas, Blaise Pascal lo expresó con mucha claridad: "El azar favorece a las mentes preparadas". Es cierto que Einstein tuvo una intuición brillante con su idea de ser el primer fotonauta, pero no es menos cierto que para dar el salto de la intuición a la teoría necesitó conocer un montón de matemáticas previas, porque de esa manera descubrió que al cálculo relativista debía aplicar algo llamado ecuaciones de Lorenz. Las mismas fueron desarrolladas por Hendrik Lorenz, un matemático alemán del siglo XIX que sin embargo no tuvo la intuición einsteniana para llevarlas hasta sus consecuencias definitivas, sin desmerecer su genio matemático por supuesto, porque por algo Herr Lorenz se llevó el Premio Nobel de Física en 1.902. Y en 1.895, el novelista Herbert George Wells explicaba en su novela La máquina del tiempo que el tiempo era una cuarta dimensión vecina a las tres dimensiones espaciales, diez años antes de que Albert Einstein postulara exactamente lo mismo... pero Wells no tenía la preparación matemática que Einstein sí, y por eso, su idea se quedó como una premonición brillante, pero poco más que eso.

Se buscan sujetos para experimento sobre caídas en agujeros negros relativistas. Buena paga para los que consigan regresar a buscarla. Seguros de vida no incluidos en el contrato.
La segunda cosa que se requiere, aparte de neuronas bien engrasadas, es trabajo posterior. Einstein tuvo su intuición, es cierto, pero después tuvo que aplicarse a la tarea de convertir la misma en un cuerpo sólido de Matemáticas que le dieran fundamento. La intuición y la imaginación resultan claves para el avance científico, pero sin el trabajo posterior para crear y montar los experimentos, desarrollar las ecuaciones, y en general corroborar si la intuición funciona o no, todo eso acaba por resultar inútil, salvo que la intuición en particular inspire a otro científico que sí se aboque a la labor. Esa es la diferencia entre el discurso científico y el místico: los místicos tienen una idea o intuición acerca de cómo funcionan las cosas, pero luego se quedan en esa idea sin más, y se limitan a atacar a los críticos con mensajes tales como "los científicos no lo saben todo", "la imaginación al poder" o "como no lo sabes todo entonces yo sí que sé por ti", mientras que los científicos prueban y cotejan las ideas para ver si funcionan o no. Y esas pruebas y cotejos deben poseer unos parámetros mismos de racionalidad, porque después, cuando hagan valer sus conclusiones, las mismas serán puestas a prueba por otros científicos para verificar si se cumplen o no. Los que tenemos cierta edad recordamos el bochorno que significó el anuncio de la fusión fría en 1.989: los científicos Fleischmann y Pons anunciaron el obtener energía barata y casi ilimitada a través de procesos de fusión nuclear a temperatura ambiental, pero luego, sus reclamos fueron desechados porque ningún otro científico pudo arribar a las mismas conclusiones después de intentar la repetición del experimento.

Y por último, no debemos olvidar un aspecto crucial del avance científico, que en sí mismo es puramente irracional: el sentido de la maravilla ante la existencia. El grueso de los científicos que han hecho descubrimientos importantes sobre el mundo, ha sido porque se han preguntado cómo funciona éste. Repasemos algunas preguntas. ¿Qué sentiría yo, un científico alemán, montado arriba de un rayo de luz? ¿Cómo se organizan doce átomos, seis de carbono y seis de hidrógeno, para reproducir las condiciones químicas del benceno? ¿Cómo evolucionan las especies? ¿Qué nuevas plantas y animales exóticos habrá tras esa cordillera o en esa jungla inexplorada? ¿Qué hay más allá de lo que podemos observar con los actuales telescopios?

Todas estas preguntas implican un cierto sentido de la maravilla, y por qué no, una perspectiva optimista del mundo: vale la pena preguntarse por lo que hay más allá, vale la pena preguntarse sobre cuáles son las respuestas, vale la pena saber las respuestas, vale la pena usar las respuestas para hacerse nuevas preguntas, y así. Por detrás del científico encallecido por años de investigación en laboratorios, o luchando por obtener subvenciones para sus estudios, o practicando política académica, existe un niño pequeño que, muy en el fondo, nunca ha dejado de maravillarse con las estrellas, con los fondos marinos, con los animales vivos o extintos, con las bacterias o las secuoyas, con el azul del cielo, o con la simple y abstracta belleza de las ecuaciones formales escritas con tiza sobre un pizarrón. Una mente científica se muere el día en que pierde ese sentido de la maravilla, el cual tiene que ver con una contemplación emocional del universo, con la idea de que el conocimiento es la felicidad y el poder para cambiar el mundo. Esa cosa irracional que llamamos el sentido de la maravilla termina siendo así el corazón mismo de lo que hoy en día llamamos la actividad científica.

Y luego dicen que no hay belleza en las Matemáticas.

jueves, 24 de agosto de 2017

Bastión Esperanza - "El siguiente ataque de los arzawe".


En la negrura del espacio exterior, doce gigantescas naves arzawe, las dos terceras partes de su flota, se deslizaban en el profundo silencio sideral con destino a Esperanza, el planeta sobre el cual se encontraban los humanos a quienes planeaban doblegar. No se lanzaban rayos láser entre sí, porque no veían la necesidad de comunicarse por el minuto. A bordo de ellas había hordas y hordas de decápodos, todos ellos en un estado próximo a la catatonia; ya se activarían en el minuto del combate.

Habían pasado aproximadamente un par de días en Esperanza, mientras las naves arzawe se movían hacia su destino final.

– Preparen los Detonador-9 – dijo el Comandante Luca, con un tono de voz apagado, casi mortecino.

– ¿Cuántos, señor?

– Todos ellos – dijo el Comandante Luca. Durante el ataque anterior, el cual había rematado en la Batalla de la Orbita, los misiles Detonador-9 habían tenido su utilidad, pero eran nada frente al poderío armamentístico de los arzawe. Pero no tenía caso guardar algunos para una próxima ocasión; dadas las circunstancias, dicha próxima ocasión quizás jamás llegaría…

Al lado del Comandante Luca, el Presidente Kulkov contemplaba la escena. En realidad, aunque fuera la máxima autoridad de Esperanza, como civil no era mucho lo que podía aportar. Este podía ser el último día de su Presidencia, se decía para sus adentros, y si algún humano llegaba a sobrevivir a este nuevo ataque, entonces sería recordado como el último Presidente de un planeta Esperanza libre.

– ¿No hay noticias sobre Alba? – preguntó el Comandante Luca vía menterminal.

– No, señor. Sigue hospitalizada – respondió el profesor Higgins, también vía menterminal.

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En el pabellón médico a bordo de la nave espacial Ganímedes, Alba estaba profundamente dormida, respirando con mucha pesadez a través de una máscara de oxígeno, y amarrada a la cama para no salir volando por la microgravedad.

En la cama al lado, bajo idénticas circunstancias, estaba Numerio.

Escalante contemplaba la escena. Estaba más pálido que de costumbre, no hablaba prácticamente nada, y de cuando en cuando, apretaba los nudillos casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Al lado de Escalante se acercó Sandrine, embutida en su traje NRBQ color gris acorazado. Ella miró a Escalante por un minuto, pero éste ni siquiera le devolvió la mirada. Ella avanzó lentamente una mano hacia él, pero él la retiró un poco, rechazándola. Sandrine bajó la cabeza.

– Quieres mucho a esa chica, ¿no, Escalante?

– Tú estarías feliz si ella se muriera, ¿no? – replicó Escalante, con la modulación alterada por la fuerza en el apretar de las mandíbulas. Su rostro estaba desencajado.

– No seas injusto, Escalante – dijo Sandrine con suavidad. – Yo no… no voy a decir que... no tengo celos. Pero si fuéramos… tú y yo… No me gustaría que fuera así. Porque ella… ya sabes.

Escalante asintió levemente con la cabeza, siempre sin mirar a Sandrine.

– A veces la odio, la odio con toda mi alma. Porque ella tiene toda tu atención, Escalante, y yo… bueno, yo no – dijo Sandrine. – Pero después pienso… si ves algo… algo bueno en ella… ella no puede ser tan mala persona… creo… Y eso hace que siga sintiendo odio, pero… me odio a mí misma por no ser tan buena como ella, para que te fijes en mí como en ella.

– Para tí, todo son robots, mecanismos, piezas, engranajes, nanobots, qué se yo – dijo Escalante. – Ella en cambio… ella tiene un corazón.

– Mi marido dice… decía… decía lo mismo – dijo Sandrine. – Supongo que nos hubiéramos separado igual, con el tiempo, por eso. No sé.

Escalante no respondió nada, de manera que Sandrine siguió hablando:

– A lo mejor tengo un corazón frío, soy desapegada, y tengo muy poquito amor para dar porque es muy poquito el amor que soy capaz de sentir… Pero ese amor es para ti, Escalante – dijo Sandrine, con voz queda. – Aunque no lo quieras… para ti. Y ahora que vienen los arzawe y ésta podría ser la última batalla… no quería que nos pasara algo sin habértelo dicho.

En ese minuto, por detrás de ambos, apareció Lincopán. Trataba de mantenerse tranquila, pero resultaba evidente que estaba bajo los efectos de una fuerte impresión.

– Señor… Quise venir a decírselo en persona – dijo Lincopán.

– ¿Qué pasa, Lincopán? – preguntó Escalante.

– Ashcroft… no lo logró – soltó Lincopán, con estoicismo. – Falleció hace unos cinco minutos.

Y antes de que pudiera hacer nada, Lincopán se derrumbó, y empezó a sollozar. Escalante se acercó a ella y, abrazándola, la atrajo hacia su pecho. Lincopán hizo un esfuerzo visible por controlarse. Escalante se acordó por un minuto del pequeño rato de romance que había compartido con Ashcroft, no hacía demasiado tiempo, y apretó los labios para no gritar unas cuantas imprecaciones en contra de Dios, el Destino, el Universo o el Infierno, o todos ellos juntos a la vez.

Sandrine, mirando la escena, se dio la media vuelta y empezó a caminar de manera maquinal, de regreso a su laboratorio, mientras en su mente comenzaba a repasar, también de manera maquinal, las reparaciones y trabajos que iba a tener que seguir desarrollando en los mecanismos de Ganímedes…

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Los cruceros de batalla humanos estaban alrededor del planeta Esperanza, moviéndose en órbitas estratégicamente diseñadas para cubrir a lo menos las cinco grandes ciudades que iban quedando, así como algunos otros lugares de importancia. Las naves arzawe seguían avanzando.

– Profesor Higgins – dijo el Capitán Chu, a bordo de Ganímedes, vía menterminal. – ¿Tiene alguna idea de por qué no están atacando? Con su potencia de fuego, podrían iniciar los ataques de inmediato y ocasionarnos muchas bajas.

– Lo único que sé, es que cambiaron de estrategia. Pero ustedes los militares saben más de esas cosas.

– Le pregunto por si acaso usted haya observado algo.

– Nada diferente – dijo el profesor Higgins. Si cambiaron de estrategia por algún motivo, nuestro seguimiento de sus trayectorias, patrones de radiación, etcétera, no arrojan información al respecto.

En tierra, tampoco entendían claramente lo que estaba sucediendo.

– Son sólo doce naves. Eso quiere decir que dejaron seis en reserva – apuntó el Comandante Luca.

– Aún así, con doce naves pueden ocasionar mucha destrucción. Una sola de esas naves basta para barrer una ciudad completa de las nuestras, y nos quedan apenas cinco – observó el Presidente Kulkov.

– Si nos están dando la ventaja, entonces vamos a golpearlos primero – dijo el Comandante Luca. – Naves en órbita, disparen con todo lo que tengan. Fuego a discreción.

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Las naves arzawe estaban iniciando las maniobras de aproximación a la órbita de Esperanza.

Rantel abrió comunicaciones, lo que quiere decir que su nave, la nave arzawe doce, empezó a enviar mensajes vía rayo láser a sus compañeras.

– Dispongo: Naves arzawe uno a ocho, prepárense a confrontar las naves de la órbita. Adopten sólo actitudes defensivas, y sobre todo, hagan lo posible por esquivar la nave principal del enemigo. Naves nueve a doce, vamos a dirigir la ofensiva. Naves nueve y diez, diríjanse a la segunda ciudad que aparezca más poblada. Naves once y doce, nosotros iremos a la ciudad que parezca más poblada.

De inmediato llegaron los mensajes de vuelta: “Respondo: Comprendido y obedeciendo”.

La escuadra arzawe se separó. Ocho de las naves empezaron las maniobras para insertarse en la órbita de Esperanza. Otras dos se dirigieron hacia Ciudad de la Fortaleza. Y las últimas dos, hacia Ciudad del Progreso. Avanzaron con siniestra lentitud, silenciosas e implacables.

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– Señor, la escuadra arzawe se está dividiendo – dijo uno de los hombres a cargo de monitorear la actividad enemiga.

– Bien – dijo el Comandante Luca, y luego, dando órdenes de manera imperativa y asertiva por primera vez en la jornada, dijo de manera imperiosa: – ¡Naves en órbita, ataquen a las naves arzawe intentando insertarse! ¡Lancen los misiles Detonador-9 en contra de las cuatro naves que están descendiendo, concéntrense exclusivamente en ellas! ¡Defensas de tierra, prepárense para entrar en combate!

Luego, el Comandante Luca se dirigió hacia los edecanes del Presidente Kulkov.

– Lleven al Presidente al segundo búnker subterráneo. Dos de las naves vienen para acá, para Ciudad del Progreso, y esto podría ponerse peligroso.

– No, Comandante – dijo el Presidente Kulkov. – Mi lugar es aquí, en el puesto de mando. Si algo me sucede, ya está arreglado que el segundo búnker tome para sí el Gobierno. Los ciudadanos de Esperanza no me eligieron para dirigirlos porque yo sea un cobarde.

– Bien, señor Presidente – murmuró el Comandante Luca, de manera apenas audible.

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A bordo de la nave espacial Ganímedes, Escalante reunió a sus subordinados. Los cuatro de ellos, ahora que Ashcroft había fallecido.

– Lincopán. Brown. Paparizou. Hilmarsson. Supongo que sienten lo mismo que yo. Una muerte injusta, inmerecida, la de Ashcroft. Si ella debía morir, tenía que hacerlo como un soldado, en combate, no acabada por una peste que nos trajeron esos bichos. A lo mejor eso mismo nos sucede a nosotros, porque la epidemia está a bordo de esta nave, y son cada vez más quienes caen infectados. Pero mientras permanezcamos sanos, debemos pelear. Y pelearemos hasta el final. ¿Está claro?

– Señor, a cuenta de Ashcroft, le prometo que voy a reventar a esos bichos con mis propias manos – dijo Brown, con una calma escalofriante.

– El Capitán Chu nos ha reportado a los oficiales, vía menterminal, que cuatro naves parecen haber sobrepasado la órbita, y se encuentran ahora en descenso hacia Ciudad del Progreso y Ciudad de la Fortaleza. Eso significa que quizás ahora sí que nos toque entrar en acción. Como Ganímedes no se puede mover por el estado de salud de Alba, abordaremos el Monogatari con los golem, y descenderemos al planeta. ¿Están listos para ir a por ellos?

– Por Ashcroft, señor – dijo Paparizou. Los otros tres repitieron las palabras: “Por Ashcroft”.

Rápidamente, Escalante y los suyos corrieron hacia los golem. En su fuero interno, Escalante pensaba en Alba. No iba a pelear sólo por Ashcroft, y su muerte indigna de un militar, sino también por su princesa perdida en un mundo de sueños. Escalante iba a rescatarla, a despertarla, a salvarla. Y ella…

Fue apenas un segundo: Escalante se dio cuenta de que estaba enamorado, de que Alba era la chica de su vida, y de que iba a hacer todo por estar con ella. Ahora lo veía con claridad suprema, como si hubiera sido una verdad siempre sólida y establecida, y… Al segundo siguiente, sus instintos militares volvieron a imponerse, y ya no pensaba en nada más que atacar, matar y destruir a esos odiosos alienígenas. Esperanza era de ellos, de los humanos, ellos habían llegado primero, y ellos iban a quedarse con dicho mundo entero.

Poco después, metidos en el interior de ese lodo de composición misteriosa que eran los golem, Escalante y su equipo abordaban el crucero espacial Monogatari, para marchar a la batalla.

つづく

martes, 22 de agosto de 2017

Jack Kirby: Rey y dios de los superhéroes (2 de 3).

Jack Kirby en sus días de dibujante para Marvel Comics, en la década de 1.960.
Por estos días, en concreto el 28 de Agosto de 2.017, se celebra el centenario del nacimiento de Jack Kirby, uno de los más importantes autores de cómic de todos los tiempos. Y con ocasión de esto, es que en la Guillermocracia iniciamos un épico repaso en tres partes sobre la vida, obra, pasión y milagros de este personaje. Al cual seguimos en la entrega anterior durante las décadas de 1.940 a 1.950, en el período de su colaboración con Joe Simon, hasta que ambos siguieron rumbos separados. Y sin embargo, aunque ambos no volvieron a trabajar en conjunto, una última colaboración quedó dando vueltas: Challengers of the Unknown. Esta serie, mencionémoslo, fue publicada en castellano como Los temerarios, dentro de la revista Titanes Planetarios, en la cual la mexicana Editorial Novaro publicaba material de DC Comics traducido al idioma cervantino.

Esta obra cuenta como la última invención en conjunto de Joe Simon y Jack Kirby. Con la venia de Simon, Kirby tomó la idea que había quedado en el aire después del colosal hundimiento de Mainline Publications, y la vendió a DC Comics, por lo que cuenta como el primer trabajo realmente personal de la madurez como creador de Kirby. El equipo de marras vio la luz por primera vez en 1.957. La premisa es bastante simple: cuatro personajes sobreviven a un accidente de aviación y, sintiendo que por algún motivo se les ha garantizado lo que podríamos llamar oportunidad de franquicia tiempo extra en la vida, lo dedican a investigar sucesos paranormales o de Ciencia Ficción. O sea, más o menos lo que sería Los expedientes secretos X si es que sus protagonistas fueran un cuarteto. O los Cuatro Fantásticos, si el cuarteto estuviera compuesto por cuatro varones sin grandes superpoderes. No puede decirse que Challengers of the Unknown sea la franquicia más popular en manos de DC Comics, pero se las ha arreglado para mantenerse de una u otra manera allá afuera, en lo sucesivo.

En el intertanto, lo decíamos en la entrada anterior y lo detallábamos en la primera entrega de Marvel 75 años, Timely Comics había evolucionado en Atlas Comics. Un personaje llamado Stan Lee, que era primo de la señora de Martin Goodman, el dueño de Atlas Comics, había reemplazado a Joe Simon como editor en jefe luego de la partida de éste. El brazo derecho de Lee era un dibujante y guionista llamado Joe Maneely, joven talento cuya promesa nunca llegó a materializarse debido a una horrible tragedia: falleció arrollado por un tren. Más allá de la pérdida personal, porque Lee y Maneely se llevaban bien, el editor necesitaba con urgencia a un dibujante que fuera al mismo tiempo competente, y con buena capacidad de trabajo. Alguien como Kirby, por ejemplo, que en el intertanto, después del colapso de Mainline Publications, le vendría bien un trabajo. Así fue como Kirby acabó fichando de nuevo por Atlas Comics, que más o menos por esa época cambió al que sería su nombre definitivo: Marvel Comics. Y lo hizo a tiempo para ingresar por la puerta ancha a uno de los mayores universos narrativos del siglo XX, y quizás de todos los tiempos: el Universo Marvel. Pero aún faltaban unos añitos para eso.

A finales de la década de 1.950, la moda eran las historias de monstruos, y Kirby se aplicó a trabajar en ellas. También en Western, otro género que vendía bien en ese tiempo. Entonces vino un giro inesperado: Martin Goodman, que seguía siendo el jefe supremo de Marvel Comics, observó que a la rival DC Comics le iba bien con la Liga de la Justicia, así es que encargó a Lee que lanzara un cómic con su propio equipo de superhéroes. Así, en Noviembre de 1.961 salió el número 1 de Fantastic Four, nueva revista en la cual se presentó a los Cuatro Fantásticos; a la larga, este mítico ejemplar sería el primero del moderno Universo Marvel, tal y como lo conocemos, aunque varios personajes antiguos de Timely Comics fueron incorporados después en retrocontinuidad. Incluyendo al Capitán América, por supuesto. ¿Y quién fue el artista encargado del dibujo y la portada de ese mítico número 1 de Fantastic Four? Jack Kirby. Aún así, la transición desde los monstruos a los superhéroes no fue abrupta. La primera portada de Fantastic Four presentaba en efecto a los cuatro héroes luchando con un monstruo presentado grande y al centro del dibujo. Y uno de los miembros de los Cuatro Fantásticos era de hecho un monstruo: la Mole. Así como también lo sería Hulk después, otro personaje en el cual Kirby metió mano y los lápices. Hay días en los cuales uno no puede deshacerse de las modas de los monstruos.

La mítica portada del número 1 de Fantastic Four, de Noviembre de 1.961: Este fue el gran comienzo de todo el Universo Marvel moderno.
Con el paso del tiempo, la Mole se transformó en el personaje más popular de los Cuatro Fantásticos, porque introducía un elemento nuevo en el mundo superheroico. El grueso de los superhéroes anteriores eran tipos orgullosos y felices de serlo. La Mole, por el contrario, se ha transformado en un monstruo de roca que es perseguido y rechazado por ser diferente. Así, la Mole se transformó en un favorito del público adolescente de la época, que siendo adolescentes, podían conectar muy bien con sus sentimientos de soledad y alienación. También se ha observado que muy en el fondo, la Mole tiene mucho del propio Kirby: es un tipo que no importa cuánto ponga de su parte, siempre será perseguido y maltratado. Es además un tipo retraído... y bueno para asestar golpes, como lo muestra su frase clásica: "It's clobbering time!". También es posible ver la relación entre el siempre frío e hierático Reed Richards, y el más sentimental y emotivo la Mole, como una versión en cómic de la relación entre Stan Lee y el mismo Kirby. Resulta interesante observar también que mucho del predicamento de la Mole como personaje fue después llevado a Hulk, otra creación kirbyana centrada en un monstruo perseguido por ser diferente... y que también se las arregló para conectar muy bien y hacerse popular con los adolescentes de su tiempo.

En esta época fue cuando un Jack Kirby ya cuarentón y en rumbo a la cincuentena, acabó por depurar completamente su estilo. Uno de sus aportes más revolucionarios, fue inventar una técnica para mostrar campos y rayos de energía llamada en inglés los Kirby dots, que consiste en dibujar dichos campos y rayos con un contorno de puntos en vez de líneas. Técnica después imitada hasta la saciedad por supuesto, como tantas otras innovaciones kirbyanas. Más adelante, para dotar a sus personajes de dimensiones verdaderamente cosmológicas, en muchas ocasiones recurrió al collage como técnica. Los resultados son simplemente brutales, dignos de verse. Y aunque no tiene mucho que ver con el estilo de dibujo, mencionemos también que en esta época fue cuando Kirby pisó a fondo el acelerador con conceptos y nociones que serían los más personales de su obra. Así, aparecieron en Kirby los alienígenas ancestrales en las civilizaciones antiguas, incluyendo mayas e incas, y la obra kirbyana en este rubro prácticamente definió este cliché, de cara a la moderna cultura popular. Por supuesto, Kirby acabaría por marcar época, en un tiempo en que la New Age iría en alza, y Erich von Daniken se pondría a vender libros a lo bruto con el tema.

Para entender lo que viene después, debemos referirnos a lo que se ha acabado por llamar el Método Marvel. La idea de Stan Lee, el editor de Marvel Comics, era que todos sus cómics de superhéroes se conectaran entre sí a través de un universo más amplio. Esto mejoraba la narrativa, haciéndola más cosmológica... y además ayudaba a vender más cómics, por supuesto, ya que motivaba a los lectores a comprar más de una serie para enterarse del panorama global de sus personajes favoritos. Claro está, para cualquier persona el mantenerse escribiendo todo ese material al mismo tiempo sin que empezara a patinar la continuidad era un casi imposible, de manera que Lee desarrolló un interesante método de trabajo. Lo que Lee hacía era sugerir el argumento de las historias, y luego dejaba que los dibujantes desarrollaran los detalles narrativos a según como quedara mejor en dibujo, con la condición eso sí de que dejaran en blanco los globos de texto, que luego el propio Lee rellenaba con diálogos. Este método de trabajo fue muy eficaz para sentar las bases del Universo Marvel, pero para nosotros representa un problema mayúsculo, porque no tenemos realmente idea de cuánto aportó cada creador a la faena. Durante muchos años fue verdad oficial que Stan Lee era el genio y cerebro creador tras los personajes del Universo Marvel, y Jack Kirby era simplemente un dibujante más, aunque de los competentes, eso sí.

Andando los años, empezó a aflorar la algo más turbia verdad: Kirby tuvo mucho más que ver con la narrativa del temprano Universo Marvel, de lo que se nos quiso hacer creer. Hoy en día no tenemos idea de cuánto Kirby aportó más allá del dibujo, a cosas tales como conceptos, caracterizaciones o argumentos. Y considerando tanto lo que era el Método Marvel como las cosas que Kirby vino a crear después, es fácil deducir que Kirby tuvo muchísima más participación en la mitología interna del Universo Marvel de lo que se le reconocía de manera inicial. Stan Lee no se cortaba en alabar el dibujo de Kirby, y su talento para la publicidad le adjudicó el por otra parte muy justificado sobrenombre de "The King" ("El Rey")... pero guardaba silencio sobre el tema de la planificación en sí del Universo Marvel. Inicialmente Kirby parece habérselo tomado en solfa, pero con el tiempo empezó a hacerse patente su irritación. En Fantastic Four Annual número 3, de Octubre de 1.965, Kirby dejó caer una pulla: se dibujó a sí mismo junto con Stan Lee, invitados a la boda de Reed Richards y Susan Storm. Y con un detalle de humor... Nick Fury les niega la entrada a ambos. Es un chiste simpático, por supuesto, pero lo interesante es como Kirby estaba igualándose en estatus a Lee de manera implícita, al pintarlos a ambos en igualdad de condiciones y trato.

Fotograma de Los Vengadores, la muy taquillera película de 2.012, presentando a por lo menos cuatro de seis personajes en cuya creación y desarrollo Jack Kirby metió mano. O cinco, si quieren incluir la primera aparición de Black Widow en la portada de Tales of Suspense número 52.
La cuestión anterior no es baladí cuando uno se pone a sumar la cantidad y calidad de personajes en los que Kirby metió mano. Los Cuatro Fantásticos, ya lo dijimos. Pero también Hulk, Thor, Iron Man, Black Panther, Ant-Man, Silver Surfer, los Inhumanos, el Doctor Doom, Uatu el Vigilante, Galactus, Silver Surfer, Ego el Planeta Viviente... También los X-Men, incluyendo a Magneto por supuesto, aunque éstos no prendieron de verdad sino hasta cuando Chris Claremont los tomó bajo su ala en 1.975, largo tiempo después de que Kirby ya no trabajara para Marvel Comics. Y Sargent Fury and the Howling Commandos, con el personaje que después sería Nick Fury el jefe de S.H.I.E.L.D., cómic ambientado en la Segunda Guerra Mundial en donde Kirby hizo valer su experiencia como combatiente. Experiencia que Lee por cierto no tenía, ya que si bien al final había sido movilizado igual que Kirby, su talento como dibujante fue aprovechado en el Cuerpo de Señales, y por lo tanto, a diferencia de Kirby, Lee no llegó a ver acción de combate real. De los grandes personajes marvelianos de la época, el único en el cual definitivamente Kirby no metió mano fue Spiderman, y esto porque Stan Lee, después de ver el trabajo de Kirby, por alguna misteriosa razón prefirió encargarle a Steve Ditko que dibujara otra vez la historia, porque o si no, también el Amistoso Vecino acabaría integrando la lista. También Kirby aportó al Universo Marvel una dimensión verdaderamente cosmológica, con alienígenas de poderes vastos e imcomprensibles, algo nunca visto antes en los cómics, ni siquiera con Superman viajando por las galaxias. Frente a la vena cosmogónica de Kirby, de pronto el material antiguo en materia de cómics de Ciencia Ficción lucía vetusto y caduco.

Otro cliché en el cual también Kirby tuvo influencia, es la idea de traer héroes antiguos a la actualidad, pero con un giro más oscuro. Lo hizo con su propia creación y primer gran éxito, el Capitán América, que salvo un fallido conato en la década de 1.950, ya lo mencionábamos en la entrega anterior de esta serie de posteos, no había sido publicado de manera continua en dos décadas. El Capitán América fue integrado a la alianza de superhéroes que eran los Vengadores, pero ahora ya no como el antiguo idealista luchando por Estados Unidos, sino como un anacronismo viviente que, por haber permanecido congelado en un témpano desde la Segunda Guerra Mundial, tiene dificultades para adaptarse a los tiempos modernos más cínicos y desangelados. Para que luego hablen del mito de la década de 1.960 luminosa, optimista y flower power. ¿El Capitán América de la década de 1.950, entonces, dónde quedaba? Solución de retrocontinuidad, ya lo dijimos antes: en realidad era un impostor y no lo sabíamos. Esta idea de recrear a los héroes antiguos con un trasfondo más oscuro, fue explotada algo más de una década después por Frank Miller con Daredevil primero y Batman luego, y todavía después por Alan Moore con su propia visión del fin de las aventuras del Superman clásico en 1.986, o con héroes clásicos literarios en La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Y eso por no hablar de que Watchmen, una obra con personajes originales, en realidad éstos lo eran porque DC Comics no le dejó montar esa historia con los personajes comprados a Charlton Comics, que iban a ser los protagonistas en primer lugar. Miller y Moore le dieron forma moderna al cliché del héroe antiguo que ahora es más oscuro... pero una vez más, Kirby lo hizo primero.

Desde sus inicios modernos en 1.961, uno de los puntales del Universo Marvel fue exterior a los cómics mismos: me refiero a la publicidad. Al mismo tiempo que trabajaba en los cómics, Stan Lee empezó a hacer campaña para los mismos, cimentando así su fama de showman. Lee empezó a visitar los campus universitarios para dar charlas, y con ellas, acarrear a nuevos lectores. Por supuesto, esto le dio una enorme visibilidad, mientras que Kirby trabajaba en las sombras. Un artículo aparecido en el New York Herald Tribune el 9 de Enero de 1.966 llevó la tensión al siguiente nivel: dicho artículo podía ser leído como un enorme loor a la labor de Lee, mandando a Kirby a un segundo plano. Al mismo hombre a quien, en paralelo, Lee había pedido dibujar bocetos de personajes para que el resto de los dibujantes de la Marvel lo imitaran y todos los cómics tuvieran una estética parecida, que era la de Kirby... con lo cual, el valor mismo de Kirby como dibujante tendría por fuerza que disminuir, por supuesto. Todo parecía apuntar a que Lee estaba ubicándose en una posición que lo hiciera indispensable para Marvel Comics y su jefe Martin Goodman, al mismo tiempo que socavaba la importancia de Kirby. Como ya sabemos, Kirby no era exactamente una mansa paloma cuando le buscaban las cosquillas, y la trifulca posterior llegó a ser lo suficientemente seria como para que Lee cediera, y los créditos de las revistas Fantastic Four y The Mighty Thor pasaran de "escrito por Stan Lee" a "una producción de Stan Lee y Jack Kirby".

Por si todo eso no fuera suficiente, surgió todavía otro punto adicional de roce entre Stan Lee y Jack Kirby: de pronto, Lee comenzó a vetar varias ideas argumentales de Kirby. La idea de Kirby era ir cambiando a los personajes para mantenerlos interesantes, mientras que Lee creía más en consolidar un status quo en torno al cual se movieran los personajes, y fuera más o menos reconocible para los lectores. Uno de los vetos de Lee a Kirby, estaba destinado a hacer historia. En los cómics de Thor, Kirby empezó a introducir guiños a un apocalipsis venidero que iba a acabar con los dioses de Asgard, Thor incluido. Esto es congruente con la Mitología Germánica de la que viene Thor, por supuesto, ya que la misma culmina en el Ragnarrok, la destrucción completa de los dioses. La idea de Kirby era rematar la saga de Thor en un titánico enfrentamiento final en que los dioses murieran, y le dieran paso a nuevos personajes. Pero Lee lo encontró una terrible idea: el cómic de Thor estaba vendiendo bien, y además Thor formaba parte de los Vengadores, equipo de superhéroes cuyo cómic también se vendía bien, así es que, ¿para qué inutilizar de esa manera al personaje? De manera que ese hilo argumental fue cancelado, para enorme tirria de Kirby.

La portada del primer número dedicado a los Vengadores, en 1.963: todavía más Jack Kirby.
A todo lo anterior se sumó todavía otra ofensa adicional. Los personajes de la Marvel vendían bien, y esto significaba mercadishing. Incluyendo el lucrativo negocio de los dibujos animados para televisión, que empezó a abrirse. Todos estos tratos fueron cerrados por Goodman y Lee, que se llevaban jugosas tajadas sin que Kirby viera nada de ese dinero. Según la ley vigente, que databa de 1.909, los trabajos de Kirby eran a contrata, y por lo tanto, debía conformarse con lo que se le pagara por página, ya que los personajes en cuya creación interviniera en realidad le pertenecían a la parte contratante, o sea, a Marvel Comics, igual a como la casa edificada por un albañil le pertenece al propietario del terreno, sin que importe cuánto arte el albañil ponga en la construcción. Poco después, un ahora anciano y millonario Martin Goodman vendió su imperio editorial, con un contrato en que Stan Lee quedaba asegurado cinco años en su puesto, pero que ignoraba casi por completo a Kirby. En este punto entró Carmine Infantino, uno de los más míticos editores de DC Comics, quien tenía la hercúlea tarea de intentar derrocar a una Marvel Comics entonces todopoderosa en el mercado de los comics. Infantino le asestó a Marvel Comics un muy recio golpe, ofreciéndole un jugoso contrato a Kirby. Dadas las circunstancias, éste no se lo pensó mayormente: renunció a Marvel, y se marchó a la competencia. Lo que iba a traer cola, porque puede que los personajes con los que Kirby trabajó para la Marvel sean los más famosos, pero fue su labor en DC Comics la que terminó por consagrarlo.

En vida, Jack Kirby nunca quiso ir de manera directa en contra de Marvel Comics, por el tema de las regalías. Parece haber aceptado con espíritu deportivo, aunque no sin amargura, que tales eran las reglas del juego, y las mismas son para respetarlas por muy injustas que sean. Incluso llegó a firmar un acuerdo con Marvel Comics respecto del Capitán América, cuando Joe Simon amenazó con demandarlos, aunque en esto puede haber influido que Jack Kirby debía alimentar a una esposa y cuatro hijos. Muchos años después, ya muerto Kirby, sus herederos intentaron demandar a Marvel Comics para anular los contratos leoninos de ésta con el dibujante, y reclamar millonarios derechos por regalías, todavía más millonarios desde el inicio del Universo Cinemático Marvel, y la posterior adquisición de Marvel por Disney. El caso hubiera resultado histórico, y muy rico en lo que a jurisprudencia sobre propiedad intelectual se refiere, pero para nuestra desgracia como eruditos preocupados de estas materias, el asunto no llegó a ser visto en corte: el 26 de Septiembre de 2.014, Marvel Comics y los herederos de Jack Kirby llegaron a un acuerdo extrajudicial, cuyas cláusulas son secretas como acostumbran serlo, y el asunto murió ahí.

Pero volvamos a Kirby, cuando estaba vivo. Es hora de las tortas de todavía otra anécdota más. En DC Comics, Jack Kirby fue recibido con alfombra roja, felices de fichar a uno de los mayores valores de la competencia, y por lo tanto, le ofrecieron hacerse cargo de un cómic, cualquier cómic, el que pidiera. Kirby podía haber pedido para sí alguno de los cómics de primera línea para llenarse de gloria, y se lo hubieran dado en bandeja, con una sonrisa, y servido por una chica en bikini. Sin embargo, con humildad, Kirby se limitó a pedir hacerse cargo de Superman's Pal Jimmy Olsen, la publicación que se centraba en dicho personaje secundario de Superman, que había tenido éxito en la más inocente década de 1.950, pero que ahora languidecía al borde de la cancelación. ¿La razón tras la decisión de Kirby? Como por el estado lastimoso de esa serie no había realmente un equipo de trabajo detrás, entonces nadie quedaría sin trabajo para hacerle espacio a Kirby. El tipo que había estado tras los Cuatro Fantásticos, Thor, Hulk y la práctica totalidad del temprano Universo Marvel, pensaba que el trabajo de colegas que no le llegaban a la mitad de creatividad, era tan valioso y respetable como el suyo propio. Eso es ser gente buena. Pero esto, claro, no significa ser tarado, o dejar pasar cosas. Uno de los primeros giros argumentales de Kirby fue escenificar la compra de The Daily Planet, el periódico de Clark Kent, por parte de un insidioso hombre de negocios a cargo de un importante conglomerado económico; cualquier parecido con la situación de Marvel Comics es pura coincidencia, por supuesto.

En los primeros números de Kirby a cargo de Superman's Pal Jimmy Olsen, Jack Kirby unió a ambos, Superman y Jimmy Olsen, en batalla contra una pandilla de criminales con alta tecnología. Era lo que podríamos llamar un cómic estándar, salvo porque Kirby, para remecer un poco las cosas, creó un poco de enemistad entre Superman y Olsen. Sin embargo, después Kirby revelará que la pandilla en cuestión ha recibido armas desde un lugar diferente: Apokolips. Un planeta infernal que es regido por un brutal y sanguinario dictador llamado Darkseid. Efectivamente, en Superman's Pal Jimmy Olsen es en donde Jack Kirby sentó las bases para la que con el tiempo acabará por ser considerada su obra maestra: la monumental saga del Cuarto Mundo. A la cual nos referiremos en profundidad en la tercera entrega de esta serie de posteos, la última que le dedicaremos a Jack Kirby en atención al centenario de su nacimiento, aquí en la Guillermocracia. Y como dicen en los comics... esta historia continuará.

Entrada a lo bestia de Jack Kirby a DC Comics: Portada de Superman's Pal Jimmy Olsen número 133, de 1.970.

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