martes, 18 de julio de 2017

La escoria que Schwarzenegger se llevó (2 de 2).


Ya vamos por la mitad del repaso a la escoria de Schwarzenegger se llevó, y es para quedarse con los pelos como escarpias. Ya vamos en aguerridos mercenarios entrenados para matar. ¿Qué clase de enemigo puede ser incluso peor que esto? A estas alturas del partido ya se nos están acabando los enemigos simplemente humanos, y de manera lenta pero segura entramos en un terreno diferente. Uno en el cual veremos a nuestro héroe de físico cuadrado muy característico y un cerrado acento austríaco desatar todo su verdadero poder. Sientan miedo. Salvo que sean chicos buenos, amen a su familia, defiendan a Estados Unidos, voten republicano, y se coman todos sus cereales. Pero hay gente que no comparte esa clase de valores. Como por ejemplo, los...

...terroristas.

Ahora ya no hablamos de gentuza que está en el negocio por los viles dólares, sino de fanáticos dispuestos a ver arder el mundo. Curiosamente, por alguna razón que no me atrevo a especular, en cada película tenemos a una terrorista mujer mandando a un terrorista hombre, aunque en un caso se trata de una vuelta de tuerca, porque inicialmente pensamos que el hombre es el villano. ¿Acaso a los terroristas les gusta la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer? Misterio. El caso es que en Mentiras verdaderas de 1.994, la terrorista es Tia Carrere, en sus años de estar más estupenda que nunca, más o menos la misma época de El mundo de Wayne. Mentiras verdaderas tenía un cierto valor camp, por lo que lo mortalmente serio de las escenas de acción resaltaban incluso más. Aunque al final la película no se contiene, y en su escena final, se carga al matón de la villana de una manera bastante esperpéntica, casi autoparódica. Pero aunque Tia Carrere estaba a todo dar en esos años, al final Schwarzenegger decide quedarse con una entonces en mitad de la treintena Jamie Lee Curtis. Claro, el bailecito erótico en lencería negra ayuda, por supuesto. Por cierto, la hijita corazón de Schwarzenegger acá es... sorpresa: Eliza Dushku. De tal palo...

A diferencia de Mentiras verdaderas, ligeramente ridícula pero a propósito, Daño colateral de 2.002 se toma a sí misma tan en serio, que llega a ser aburrida. Arnold Schwarzenegger aquí es un bombero, vale por eso, que luego de un atentado terrorista que se ha cargado a su familia, y que el gobierno de Estados Unidos se moje entero de cobardes que son, decide ir a la jungla a cobrársela. Lo que viene, se supone que es spoiler, pero es una vuelta de tuerca tan anunciada, que es imposible no adivinarla, a poco que uno haya visto esta clase de subproductos. Al final, la verdadera terrorista es Francesca Neri, cuarentona que llevaba una década de haber rodado Las edades de Lulú; porque en Hollywood, una mujer al mando no puede ser otra cosa sino una terrorista o una Margaret Tatcher. Díganselo a Allison Taylor y la muy espectacular serie de ataques de disentería con los cuales se fusila su propia Presidencia en 24...

Megacorporaciones.

Subiendo un escalón más en los niveles de maldad, ahora tenemos a seres humanos que deben reunirse en gigantescos equipos económicos corporativos para tener siquiera alguna ligera oportunidad de sobrevivir más allá de un par de cambios de golpes con Schwarzenegger. Hablamos de megacorporaciones aquí, que como sabemos, están fagocitando al mundo y sus alrededores. La más realista, y realismo es un decir aquí, es la que se esconde tras la conspiración en El protector de 1.996. En esa película, Arnold Schwarzenegger trabaja para el programa de protección a testigos... protegiendo testigos, justamente. Pero las cosas se complican cuando cierta testigo, una Vanessa Williams todavía de buen ver a pesar de haber pasado una década de esas fotitos sáficas en Penthouse, está en la mira de una poderosa corporación que intenta cubrir un negocio sucio con armas. Que van a vender una superarma imparable a un grupo terrorista, o sea, lo de siempre, vamos. Y para amenizar las cosas, hay un traidor dentro de las filas, etcétera. Aquí, Schwarzenegger se las ve con mercenarios, traidores, una megacorporación, y... un cocodrilo. El único pobre bicho que, bien mirado, no se merecía lo que le iba a pasar, porque cuando eres un cocodrilo no tienes malicia, sólo haces lo que tu instinto te dice que debes hacer. La respuesta de Schwarzenegger después de faenárselo: "Eres una maleta". Y nosotros diciéndonos: pobre reptil. Pobre reptil por el cocodrilo, no por los ejecutivos corruptos. Ellos son reptiles, pero son ricos, no pobres.

Luego vienen las megacorporaciones del futuro. Porque, ya sabemos, el mundo se va a ir al demonio, terminaremos viviendo en una era Cyberpunk, la democracia se extinguirá, y... no estoy demasiado seguro que eso todavía sea el futuro. En fin, en The Running Man de 1.987, estamos en el futuro, en... ¿2.017? Ay, eso es estar viejo. En el futurista año de 2.017, luego de un horrible colapso económico... ¿esto es Ciencia Ficción? ...un gobierno dictatorial domina Estados Unidos... ¿están seguros de que esto es Ciencia Ficción? ...envenena a las masas con televisión chatarra... ¿realmente seguros de que esto es Ciencia Ficción? ...en donde el espectáculo principal es ver un reality show con gente muerta. Bueno, eso sí que es Ciencia Ficción... aún. Lo más cerca que hemos tenido es a Donald Trump espetando eso de "You're fired", aunque perder el empleo en nuestra sociedad corporativista es la muerte en vida, en realidad. The Running Man está basada en una novela de Stephen King, pero para el protagonista de la misma, un tipo de mediana edad algo barrigón, contrataron a... Arnold Schwarzenegger, con su, ya lo saben, físico cuadrado muy característico y cerrado acento austríaco. La gente de Hollywood sí que sabe cómo mejorar el material de base, digo yo. Obligado por las circunstancias, Schwarzenegger acaba siendo uno de los pobres fulanos arrojados a un programa televisivo para ser asesinados en vivo y en directo por un equipo de cazadores bien armados. Lo que sigue es bastante obvio, tratándose de Schwarzenegger. Después de cargarse a uno de esos pobres diablos que no saben con quién están tratando, un tal Sub Zero, el austríaco va y dice: "Ahí está Sub Zero, ahora es un cero a la izquierda". Bueno, al menos Schwarzenegger tiene un par bien puesto y hace lo que se debe hacer, en vez de esperar a que los astros se alineen de manera milagrosa para que todos quienes andan tras suyo caigan muertos por una u otra razón, como lo hace una muy cobarde Jennifer Lawrence en Los juegos del hambre...

Luego vienen las megacorporaciones futuristas malvadas que ya no es que te metan en un reality a que te mueras y seas carne de audiencia, sino que empiezan a jugar directamente con tu mente. Como en El vengador del futuro de 1.990, en donde vemos como Arnold Schwarzenegger es un obrero en el todavía futurista año 2.089, que para salir un poco de la rutina, va a una empresa que implanta sueños, que debe ser como el 3D del futuro. Y luego de que se somete al procedimiento, Schwarzenegger descubre que en realidad es un espía que está en lucha contra un poderoso gremio corporativo que... ya se imaginan el resto. Creo que había visto un anime similar, se llama Super Agente Cobra, y data de 1.982, aunque la obra original de Philip K. Dick (Podemos recordarlo todo por usted) es anterior a ambas. Eso sí, El vengador del futuro se ríe cosa mala de los clichés propios del cine de Schwarzenegger, que a estas alturas del partido es casi un subgénero fílmico por derecho propio, exagerándolos hasta prácticamente la parodia... para luego insinuarnos que todo es una gran farsa porque a lo mejor, quizás, posiblemente, el protagonista nunca abandonó el procedimiento, éste salió mal, y todas las aventuras tipo James Bond futurista en Marte no son más que el brote psicótico de un pobre tonto que se quedó náufrago en su propia mente. Por supuesto, esto es también un comentario metatextual respecto de los propios espectadores que se toman demasiado en serio las películas, y luego hacen tonteras como rayarse con "soy el Joker" y montarse matanzas en algún cine de Aurora... ¡Ah! Y se me olvidaba. Entre la escoria con la que barre Schwarzenegger en esta película, está Sharon Stone; bueno, su personaje, claro está. Pero como era una arpía manipuladora de cuidado, pues está bien; la igualdad de derechos entre hombres y mujeres también aplica en el ser exterminados cuando se aparten del recto camino de la justicia, por supuesto. Y ustedes ya se saben el diálogo clásico. Sharon Stone: "Cariño... No me lastimarías, ¿no, amorcito? Amorcito, sé razonable. ¡Después de todo, estamos casados!". Schwarzenegger: "Considéralo un divorcio". Y Rachel Ticotin: "¿Esa era tu esposa? ¡Qué perra!".

Pero siendo bien materialistas en el sentido filosófico del término, la mente no es más que una construcción o ilusión, y lo único real es el cuerpo, ¿verdad? Da lo mismo lo que pase con la cabeza, en tanto haya un cuerpo al que conectarse y con el cual tener un sentido de identidad, a partir del cual se pueda decir que "yo soy yo", "pienso luego existo", "Ayn Rand tenía razón y soy un dios entre insectos - ustedes son los insectos". Pero claro, luego llega una maldita empresa de clonación, como pasa en El sexto sentido El sexto día de 2.000, y de pronto, hay más de un Arnold Schwarzenegger rondando allá afuera. Y por supuesto, el clon suplanta a Arnold Schwarzenegger, toma su trabajo, su vida, y lo que es más doloroso, su esposa. El asunto podría ir de clon contra clon, lo que tratándose de Schwarzenegger es lo máximo, pero bien pronto sabemos que en realidad la megacorporación es la malvada, que juega a ser Dios y crea clones humanos a pesar de que esto está prohibido por las leyes... ¿Realmente necesito escribir aquí cómo termina la película? Sí, es un spoiler, pero no creo que sea uno difícil de verlo venir... Menos spoiler es el hecho de que el dueño de la malvada megacorporación es malvado por... alguna razón, pero bien mirado, sus argumentos a favor de la clonación no son tan indefendibles, después de todo. O de cómo una maldita película de acción a cargo del bendito Arnold Schwarzenegger debería ser visionado obligado para todos los seminarios de Bioética, de todas las posibles aplicaciones que podrían caer aquí... ¿Que la película no es tan buena para eso? Bueno, la gente que se toma en serio los seminarios de Bioética, y su inflado sentido de la propia importancia como anclas morales del mundo o algo así, no se merecen algo mejor, en realidad.

Soldados del futuro.

Si hay algo más poderoso que un soldado del presente, es... un soldado del futuro. Piénsenlo. Los falangistas de 300 o los legionarios de Gladiador eran la leyenda de su tiempo, pero, ¿alguno de ellos tendría la más miserable de las oportunidades contra un gurka del siglo XIX o un black-ops actual, si es que ellos decidieran volver en el tiempo? Creo que no. Incluso viniendo desnudo desde el futuro y sin traer armas, Kyle Reese es capaz de pararse de tú a tú contra nada menos que todo un cyborg. Que es Schwarzenegger con su, ya lo sabemos, físico cuadrado muy característico y cerrado acento austríaco. En Terminator de 1.984, porque por el Kyle Reese de Terminator Génesis no doy tres centavos de dólar. De hecho, ésta es una de las pocas veces en que Schwarzenegger... (spoiler, pero... ¿acaso nunca han visto Terminator de 1.984?) ...¡acaba derrotado! Aunque le costó morir, eso sí. Era un cyborg, lo ya dicho. En su época fue un casting perfecto: nadie mejor que un austríaco de físico cuad.... vamos a cambiar la frase para no aburrir al personal. Nadie mejor que un austríaco con acento centroeuropeo y contextura de camión de relaves mineros de CODELCO para interpretar a un cyborg imparable. Hoy en día, en que sabemos que Schwarzenegger es Schwarzenegger, chirría que deba ser un cyborg para ser tan poderoso, y además, que aún así entre un soldado en bolas y una camarera de restaurante barato se lo acaben por cargar. La magia del cine, eso es lo que es.

El condenado Batman.

Y subiendo en la siempre ascendente escala de poder entre los oponentes de Schwarzenegger, hemos llegado hasta el ser humano más poderoso sobre el planeta Tierra: the goddamn Batman. Porque hablamos de un tipo que es un ropero de tres cuerpos entrenado en gimnasio, especialista en artes marciales, millonario, armado de alta tecnología, el mejor detective del mundo, y el hombre que por sí solo impide que DC Comics pase a segunda división, ahora que Superman está de capa caída. Porque todos sabemos que LEGO Batman: La película es mejor que cualquiera del Universo Expandido DC, aunque tratándose de Wonder Woman, por poco. Y contra este Ubermensch es que vimos a Schwarzenegger, interpretando a nada menos que a Mr. Freeze en Batman y Robin, la denostada película de 1.997, que justamente cumple veinte años por estos días, siéntanse viejos. Lo más sorprendente de todo es que, contra la imagen tradicional de Schwarzenegger como un cabeza de músculo de acento gracioso, su actuación en esta película supera de lejos a un elenco en el cual se contaban algunos valores tan sólidos como un ascendente George Clooney, Uma Thurman, Alicia Silverstone en sus efímeros días de estrellato, y un otoñal Michael Gough. La actuación de Schwarzenegger, seria y contenida, está tan por encima de la película, que uno se puede preguntar qué no habría salido de ahí si se lo hubieran tomado en serio, en vez de rodar el mamarracho que fue esa cosa, una especie de actualización sin gracia del Batman de Adam West a lo peor de la década de 1.990, horrorosa electrónica rave incluida, y sobre todo, si no hubieran incluido ese dolorosísimo intento de broma que fue el "¿Qué mató a los dinosaurios? ¡La Edad de Hielo!".

Zombies.

Ya es oficial. Hemos cruzado la línea. La escoria que ha barrido Schwarzenegger ahora necesita ser tan poderosa, que entramos directamente en el reino de las criaturas imaginarias. Aunque llamar imaginario a un zombi, viendo a tanto yonki enchufado al opio del pueblo que son los mundiales de fútbol, quizás sea algo de otros tiempos. El caso es que en Maggie, película de 2.015, Arnold Schwarzenegger se enfrenta a... una infección zombi. Cosa rara, no se embarca en una escabechina a tiro limpio estilo Marque Z por Zombies de Los Simpsons, o su versión más seria y por lo mismo más aburrida, Guerra Mundial Z con Brad Pitt. En este caso es la hija de Schwarzenegger la que es infectada. Y como no hay mercenarios masacrables como en el caso de Alyssa Milano, Schwarzenegger debe limitarse a... ser un buen padre. O algo así. ¿Qué puede hacer Schwarzenegger cuando el objetivo a masacrar no es escoria, sino que es tu propia hija? ¿Interpretada por Abigail Breslin, la mismísima Little Miss Sunshine, para colmo? Pues... no mucho. Por cierto, recaudando poquito más de un millón de dólares, esta película se la pegó dura en taquilla, y eso que por presupuesto, no costó ni cinco millones. Moraleja: nos gusta más Schwarzenegger cuando se carga truhanes de baja estofa. Verdades son verdades, por desgraciadas que sean.

Hechiceros.

Arnold Schwarzenegger será muy Arnold Schwarzenegger, pero, ¿qué puede hacer una miserable espada 1d4+1 de golpe frente a todo un arsenal de magia negra? Pues, como lo sabe cualquiera que haya jugado AD&D con un mago o clérigo nivel 5 o más... no mucho. Pero Arnold es mucho Arnold, así es que consiguió batírselas con tres hechiceros en la franquicia de Conan. Sí, ya sé que una de esas películas no es oficialmente de Conan, pero, vamos... El primero en donar su cuerpo a la ciencia fue Thulsa Doom, en Conan el Bárbaro de 1.982, aunque ahí Schwarzenegger recibió un poquito de ayuda, y no fue una victoria sin costos... Ser interpretado por James Earl Jones ayuda, por supuesto. Y he aquí el detalle que enfurece a todo fanático de Conan: en la serie de relatos de Robert Howard, Conan el Cimerio fue siempre amo de su destino, que iba hacia donde se le antojaba porque era el Ubermensch apolíneo que tú, friki de toda la vida, siempre has querido y no podido ser, mientras que en esta película fue Thulsa Doom quien indirectamente lo creó al saquear su aldea, matar a su madre, reducirlo a esclavitud... y luego de quejan del Joker en Batman de 1.989.

Luego viene Conan el Destructor de 1.984, por supuesto. La secuela que mató oficialmente la franquicia, a pesar de que al final se nos recuerda que Conan vivió otras aventuras, ganó la corona de Aquilonia sobre sus atribuladas sienes, etcétera. Aquí el hechicero de turno es... debería anunciar spoiler, pero es cuestión de ver al personaje y se sabe de inmediato que es el villano. La reina Taramis, por supuesto. Ayuda que es interpretada por Sarah Douglas, la chica del trío de villanos de Superman II, por más señas. Conan aquí es reclutado para resucitar a cierto personaje muy querido para él, pero las cosas funcionan de otro modo. La clase de otro modo que implica traer un ser lovecraftiano de otra dimensión para sembrar el caos y potencialmente el fin del mundo. Aunque lo de lovecraftiano deberíamos tomárnoslo en solfa; lo escuálido de los efectos especiales y el nivel en general ramplón de la película, no ayudan mucho a que lo veamos como una abominable amenaza cósmica capaz de aniquilar a la raza humana o algo así. Aunque al menos la película nos dio una de las mejores líneas de la Historia del Cine: "¡Lo matamos, Conan!". Sí, hombre sí, entre ambos lo mataron, ten por seguro que será incluido en el posteo "La escoria que Mako y Schwarzenegger se llevaron juntos", el día en que yo esté tan loco como para escribirlo.

Y finalmente tenemos a Conan el Bárbaro en una tercera aventura... pero bajo el nombre de Kalidor. Porque con el éxito del personaje, y los clones de pacotilla que brotaron en la bella Italia, ¿por qué no llevar al cine otra franquicia de Robert Howard? Así llegó a los cines Sonja la guerrera de 1.985, personaje que adoptó las formas entonces contundentes de Brigitte Nielsen. Y como había un problema con los derechos de autor, Schwarzenegger fue contratado, pero no para interpretar a Conan como era la intención primaria, sino a Kalidor, que es el Conan de Schwarzenegger en todo menos el nombre. Falta de registro actoral, es lo que tiene el tema. Aquí la mala es la reina Gedren, interpretada por Sandahl Bergman, que es, adivinaron, otra hechicera de magia negra, alma negra, corazón partío negro, etcétera. De lo que tanto abundaron en su tiempo, y nos libramos por suerte, porque de lo contrario, ¿cómo habría llegado a existir nuestro mundo moderno? Aunque considerando el aura lovecraftiana que tienen las Escuelas de Economía, uno puede preguntarse hasta qué punto nos libramos.

Alienígenas.

Ya hemos acabado con prácticamente todas las formas de vida que podían oponérsele a Arnold Schwarzenegger en nuestro aporreado planeta Tierra, cocodrílidos incluidos. Esa reflexión no la hago yo ahora, es que ya se la hacían en la década de 1.980. Bueno, la hacían con Stallone. Alguien dijo que el único que faltaba por barrer en el piso por parte de Rocky Balboa, era ET el extraterrestre. Y voilà. Escribieron el guión con un ET de malas pulgas y con Schwarzenegger en vez de Stallone. Todos sabemos de qué va Depredador de 1.987. Schwarzenegger forma parte de un equipo de comandos que va a la jungla un poco por hacerle un favor a un amigo, que al final le ha hecho la jugada. Pero las cosas se complican cuando la misión los hace acabar en el lugar equivocado y el momento equivocado, para ser cazados de manera implacable por un alienígena que extrae espinazos por deporte. No creo que sea necesario decir aquí cómo termina el asunto. Sólo digamos que se rodó una secuela, Depredador 2 de 1.990, en donde ahora un policía interpretado por Danny Glover es quien le da la pelea a un depredador... y en donde Schwarzenegger hubiera salido en un rol secundario. Pero Schwarzenegger creía que llevar la secuela a una ciudad era una mala idea, declinó aparecer, y su rol fue para Gary Busey, ligeros cambios argumentales mediantes, por supuesto. Tampoco apareció en Depredadores de 2.010, y parece que no repetirá plato para The Predator de 2.018. Al menos (spoiler), el alienígena de Depredador tuvo el raro honor de no ser liquidado de manera directa por Schwarzenegger, sino tomar su propia vida en un intento de llevarse a Schwarzenegger consigo a la muerte. No funcionó, pero puntos por intentarlo.

Robots y cyborgs.

La vida es extraña. Cuando Arnold Schwarzenegger era un cyborg imparable, un humanito llamado Kyle Reese se lo cargó, con alguna dificultad, pero se lo cargó. Pero luego en Terminator 2, aparece Arnold Schwarzenegger como el mismo modelo de cyborg, el T-800, luchando contra un robot más avanzado, y ahora gana Schwarzenegger. Misterios del caché en Hollywood. El caso es que en Terminator 2 de 1.991, Arnold Schwarzenegger vuelve a viajar en el tiempo, ahora para detener a un robot líquido que quiere... no sé por qué me gasto, ustedes ya saben de qué se trata esta película. Pero aquí, Arnold Schwarzenegger debe arrostrar un enemigo todavía más infernal que un androide líquido, concepto ridículo allí en donde los haya, por mucho que el morphing haya salido resultón. Y ese enemigo más infernal es... el idioma castellano. En el doblaje le pusieron "Sayonara" para mantener el chiste, pero entre los que sabemos inglés y vimos la película en versión original con subtítulos, nos partimos la caja de risa con un muy cerrado y austríaco "hazta la vizta, baby". Habrá que esperar hasta la llegada de las canciones en castellano de la banda de ska Russkaja para que Austria nos regale tanta hilaridad en el campo de la Fonética hispanoparlante.

Y después, volvió a suceder. En 2.003, Arnold Schwarzenegger volvió una vez más a la carga, con un concepto extrañamente presciente de la oleada feminazi actual según la cual todos tus personajes favoritos ahora deben ser mujerizados, sus gónadas masculinas sacrificadas en el altar de la corrección política salida de madre. Ahora, el robot malo es... mujer. ¡Machismo! ¡Heteropatriarcado! ¡Cómo se atreven a seguir satanizando de esa manera a las mujeres independientes y de carácter, que no necesitan de un hombre ni andan buscando pareja! La robot femenina venía con las muy buenas formas de Kristanna Loken, cuyo mejor crédito anterior había sido... ser parte del trío protagónico de Mortal Kombat: Conquest. Y ni siquiera como uno de los personajes del videojuego, sino uno creado para la serie. El caso es que, por una vez en la vida, a Arnold Schwarzenegger se le pone difícil el asunto. Muy difícil. Tanto, que... (spoiler) ...al final, por una vez en la vida, no consigue evitar el juicio final. Que el mundo se va a freir berenjenas, y con freir, queremos decir invierno radioactivo nuclear. Ya ven por qué los nutricionistas insisten tanto en prevenirnos contra las frituras.

Por alguna razón no vimos a Arnold Schwarzenegger dando vueltas en Terminator: La salvación, la cuarta entrega de la saga que todos quieren olvidar. ¿Esa escena individual que ustedes recuerdan si vieron la película? Simple CGI, Arnold no pisó ni un solo día el estudio. Lo que nos lleva hasta... Terminator Génesis. La película que llamaron Terminator GeniSHIT en Honest Trailer. Y en donde el androide maligno era... debería anunciar spoiler aquí, pero no lo haré porque los mismísimos tarados de los productores reventaron el gran secreto en el trailer. Gran trabajo, genios. El androide malo es el mismísimo John Connor, que ha sido secuestrado por Skynet y convertido en un cyborg, porque el cine ya no quiere héroes. Y porque puestos a imitar las películas de Superman, se les ocurre calcar un punto de nada menos que Superman III, considerada por todo el mundo casi como el nadir de la franquicia si no fuera por Superman IV. Una película tan desastrosa, que incluso intentan justificar que ahora el T-800 parece tener cuatro o cinco centurias de edad. Al paso en que vamos, la siguiente película de Schwarzenegger como Terminator va a ser un nuevo remake de La momia...

Dioses.

Hemos ascendido en la escala de enemigos de Schwarzenegger hasta llegar a los mismísimos dioses. Así, en plural, porque un Unico Dios no es suficiente para el poder de Schwarzenegger. Por supuesto, es altamente probable que no hayan visto esta película; yo mismo no recuerdo haberlo hecho. Me refiero a Hércules en Nueva York, el primer rol protagónico de Arnold Schwarzenegger, por allá en ¡1.969! Recuerden, aunque hoy en día lo asociamos con la década de 1.980, y en menor medida con la de 1.990, para la época de esta película nuestro héroe ya se empinaba ligeramente por encima de la veintena. Hércules en Nueva York fue rodada un poco al calor de la fiebre del peplum, las películas de romanos de serie B que venían rindiendo desde el Hércules de 1.958. En esta película, Arnold Schwarzenegger, acreditado como Arnold Strong, es Hércules. Por tal o cual razón, debe habérselas con gangsters en Nueva York, y también con las intrigas de la diosa Juno, que lo quiere castigar por tal o cual motivo. Ya sé que suena a bodrio, pero suena mejor que el remake de Furia de titanes...

Satán.

En esta escala ascendente de villanos, ¿creían acaso que los dioses eran la última parada? ¡Error! Porque si hay alguien más poderoso que un dios, ése es Satán. Piénsenlo. Miren el mundo alrededor. Porque cuando se necesita de pestes como la canción We Are the World de 1.985 para hacer algo por Africa, es que vivimos en un mundo realmente demoníaco. Pero por supuesto, hablamos de Arnold Schwarzenegger aquí. Porque, dejando los superpoderes aparte para no acordarnos la infamia que fue Nicolas Cage como Ghost Rider, si hay un antropoide normal y corriente que es capaz de plantarle cara al mismísimo Príncipe de las Tinieblas y doblarle la mano, ése es Chuck Norris... suponemos, porque no se ha dado, que sepamos. Y Arnold Schwarzenegger también, situación que vimos en la película El día final de 1.999. Recordemos que en esos tiempos se venía encima el fin del mundo, con el año 2.000, el Y2K y todo eso, y Satán, con la distinguida presencia del actor Gabriel Byrne, venía al mundo para seducir a Robin Tunney y dejarla preñada del Anticristo, o algo así. ¿A quién? A una chica que en esos años parecía llamada para la gloria (Jóvenes brujasEmpire Records, Supernova, Límite vertical), y que se hubiera desinflado del todo después, de no haber sido por el seguro refugio que le dio allegarse a los 151 capítulos de The Mentalist. En cuanto a El día final, adivinen... Schwarzenegger interpretando a un humilde policía de tendencias suicidas y su pistola, consiguen pararle los pies al mismísimo Satán, el mundo ha seguido existiendo incluso después del Apocalipsis Maya de 2.012 porque ya estamos en 2.017 y contando, aunque considerando que el Presidente de Estados Unidos es un negacionista del Calentamiento Global, uno puede preguntarse cuánta cuerda le queda a la Humanidad sobre este reloj llamado la Tierra. O de cómo quizás El día final acabó siendo la precuela de The Running Man...

Y así es como hemos acabado con este repaso de escoria a la que Schwarzenegger se llevó. Conteo total: algo más de 500 muertes. Lo que decía en la primera parte de este posteo: estaríamos por inaugurar toda una nueva sección del cementerio, el Ala Arnold Schwarzenegger. Gracias a él, nuestro mundo es más seguro para nosotros, nuestras familias, el capitalismo y la libre empresa. Gracias a Austria, el país que nos ha legado a gente como Mozart, Freud, y... mejor dejemos fuera al austríaco de bigotito chistoso. Salvo que sea como en El sueño de hierro de Norman Spinrad, en que el austríaco de bigotito chistoso viajó a Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial y se dedicó a escribir Ciencia Ficción pulp postapocalíptica con guerreros arios luchando contra mutantes... pensándolo bien, esa es la película que Schwarzenegger nunca rodó, ahora menos que ha cumplido setenta, y que yo sí hubiera pagado por ver. Si no hubiera salido buena, por lo menos me habría partido de risa con el subtexto...

3 comentarios:

Martín dijo...

Muy bueno, pero me parece imperdonable que entre las frases para l bronce de los personajes del Schwarzenegger no esté la oración a Crom, ni el épico "You're one ugly motherfucker" que le suelta al depredador.

Gaby Fonseca dijo...

Buen repaso de las peliculas de Schwarzenegger, pero me quedo mas con mi descubrimiento( gracias a usted) de El sueno de hierro. Se ve muy interesante!

Saluditos ^^

Cesar Cuevas Rueda dijo...

“El día final” es una de mis películas favoritas, porque más allá de ser otra típica historia de acción -coqueteando con el terror- muestra a un tipo común y corriente enfrentándose a lo inabarcable (casi lovecraftiano) sin ser necesariamente un hombre de fe. Y ni siquiera hay onda entre él y la chica, por lo que descalifica como blockbuster, ¿no?

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