domingo, 18 de junio de 2017

Ucronías: 6 nociones básicas para escribir una.

Si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial...
Todos en la vida nos preguntamos acerca de qué nos habría sucedido, de haber tomado otro camino. ¿Y si hubiera entrado al Ejército, en vez de a la Universidad? ¿Y si le hubiera propuesto matrimonio a esa chica con la que salí durante tanto tiempo? ¿Y si hubiera cogido un AK-47 y hubiera buscado mis quince minutos de fama dentro de un supermercado? Toda decisión siempre tiene un costo: el costo es el camino que no tomamos, la decisión alternativa por la que no optamos. Y como el pasto es siempre más verde en el coto ajeno, nos preguntamos qué hubiera sucedido si es que lo hubiéramos hecho.

El género de la ucronía se basa un poco en esta misma pulsión. Es la idea de cómo hubiera ido la Historia Universal si es que tal o cual evento hubiera sucedido de manera diferente. Existen algunas variantes que a estas alturas del partido son clásicos del género: ¿qué tal si Napoleón hubiera ganado la Batalla de Waterloo?, ¿qué tal si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial?, etcétera. La ucronía es el relato que nos describe ese mundo alternativo en donde la Historia es como la de nuestro propio mundo hasta cierto punto, y de ahí, o sucedió algo que en nuestro mundo no, o no sucedió algo que en nuestro mundo sí, o sucedió algo que en nuestro mundo aconteció de manera diferente, y por lo tanto, toda la historia futura cambió de maneras en principio imprevisibles.

Escribir una ucronía es fácil. Basta con buscarse un evento histórico clave, darle la vuelta, y pensar en cómo habría sido el mundo unos cincuenta, cien, quinientos o sesenta y cinco millones de años después. Escribir una buena ucronía, eso ya es más complicado. Leer algunas ucronías puede ser algo tedioso, porque de pronto nos encontramos con que las cosas están demasiado armadas para que encajen. O que el escritor trata de forzar tales o cuales ideas en nuestra garganta. La ucronía ideal es, por supuesto, la que detalla su nuevo universo con rasgos tan creíbles, que podamos llegar a concebir la posibilidad de que, en efecto, esa alternativa era posible; la verdadera inquietud no se produce al deslumbrarnos con el mundo alternativo diferente, sino al conseguir que en nuestros cerebros surja del estremecimiento de pensar que "ese mundo pudo haber sido el nuestro por un pelo de gato"... Por eso, a continuación acá en la Guillermocracia es que daremos seis recomendaciones acerca de cómo escribir una buena ucronía. Disfruten.

1.- Debemos escoger bien nuestro punto de divergencia.

El aspecto más básico de una ucronía, es el punto de divergencia. En principio puede serlo cualquier evento histórico, pero si lo que queremos escribir es una ucronía seria, entonces debemos ser más cuidadosos y selectivos. Pensemos por ejemplo en el siguiente punto de divergencia: "Cristóbal Colón no llega a América en 1.492, y por lo tanto, en pleno siglo XXI aún el Viejo Mundo y América no entran en contacto". No suena razonable, ¿verdad? Lo cierto es que si Colón no hubiera llegado hasta América, alguien más lo hubiera hecho más tarde o más temprano. No es por nada que a esa época se la llama la Era de los Descubrimientos, el Océano Atlántico estaba infestado de navegantes, y alguno podía haber logrado lo mismo que Colón, año más u año menos. Sin ir más lejos, ocho años después de que Colón llegara a la futura tierra de los resorts en el Caribe, Alvares Cabral llegó a Brasil arrojado por una tempestad en Africa. ¿Hubiera cambiado mucho la Historia por esto? Probablemente no. Que Portugal o España hubieran conquistado América es casi cosmético, considerando que ambas naciones tenían una presencia política similar en Europa, y además culturas muy parecidas. Que lo hubieran hecho Inglaterra o Francia, ya hubiera sido algo más significativo. Por eso, si queremos obtener un determinado estilo de sociedad, debemos buscar un punto de divergencia significativo, o de lo contrario tendremos que forzarlo demasiado.

Por supuesto que esto depende mucho de la seriedad del trabajo. Si lo que se pretende es una fantasía en donde los elfos llegan al pasado de la Tierra por un pórtico desde un universo tipo Rhapsody of Fire, o un delirio Steampunk en donde el contexto ucrónico es apenas un pretexto para montar máquinas de vapor bonitas e hipertrofiadas, entonces esto no es tan importante. Pero de todas maneras, eso no exime de la necesidad de justificarlo. Aunque sea con una línea perdida en medio de toda la narración. De lo contrario se va al caño la coherencia narrativa, y con ella, la capacidad de convencer al lector de que ese universo que nunca fue, era tan probable como la Historia Universal que de hecho sí llegó a ser.

2.- Debemos analizar bien las ramificaciones de nuestro punto de divergencia.

Relacionado con lo anterior. Hemos decidido cuál será nuestro punto de divergencia, y ahora toca ver qué sucede a partir del mismo. Lo normal es elegirlo porque se quiere un único resultado. Por ejemplo, "Hitler gana la Segunda Guerra Mundial y conquista Europa y América" es un punto de divergencia habitual para crear una distopía Dieselpunk. Sin embargo, las cosas no siempre son tan sencillas. Los hechos históricos están enmarañados unos con otros, lo que tiene dos consecuencias. Por un lado, se genera un efecto mariposa en donde un único punto mueve varios otros a veces muy distantes entre sí. Por ejemplo, si Hitler no hubiera llegado al poder, quizás no hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial, o de haber estallado, no se hubiera desarrollado de la misma manera; eso parece obvio, ¿no? Lo que es menos obvio, es que sin Hitler en el poder, muchos físicos alemanes se habrían quedado en Alemania y por lo tanto es posible que Alemania hubiera obtenido la bomba nuclear antes que Estados Unidos, o que muchos cineastas alemanes también se habrían quedado en Alemania y no hubieran emigrado a Estados Unidos inyectando su formación expresionista en el cine de Hollywood y ayudando a darle forma al Cine Negro. Pero por el otro lado, el resto del mundo posee una inercia enorme, que tiende a anular determinados cambios; por ejemplo, aunque Napoleón Bonaparte hubiera ganado la Batalla de Waterloo, Francia estaba demasiado exhausta de recursos y enfrentando a demasiados enemigos como para que hubiera intentado una segunda invasión a Rusia.

Es por eso que, determinado un punto de divergencia, es necesario preguntarse con cuidado no solamente por el efecto histórico que se pretende conseguir, sino también por todos esos fenómenos colaterales que podrían surgir. Ello implica mirar no solamente en la política o en las guerras, sino también en la economía, el comercio, la industria, el arte, la religión, la vestimenta, la entretención, etcétera. Todos esos rubros pueden ser afectados de una manera u otra por el cambio histórico en cuestión. Si de todas maneras vamos a por Napoleón Bonaparte ganando la Batalla de Waterloo, entonces no debemos fijarnos en la geopolítica posterior, sino también en que la caída de Napoleón tiene sus propias ramificaciones en novelas como Los miserables de Víctor Hugo o El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, que de hecho incluyen la mencionada batalla como parte de su narrativa.

3.- Debemos evitar la trampa de la sociedad estática siglos después del punto de divergencia.

Un error clásico de muchas ucronías, es ambientarse medio milenio o uno completo después del punto de divergencia, y aún así, asumir que las cosas siguen más o menos como salieron después de dicho punto de divergencia. La sociedad más o menos ha avanzado, o eso se supone, pero el status quo mundial sigue siendo más o menos el mismo. Un ejemplo glamoroso de esto por ejemplo es Pavana, uno de los grandes clásicos del género ucrónico, pero que comete el error de considerar una actualidad ultracatólica sólo porque su punto de divergencia es el asesinato de Isabel I de Inglaterra en 1.588. Esto es factible si la ucronía en sí se ambienta apenas unos años o décadas después del punto de divergencia, pero mientras más pasen los siglos, más posible es que las cosas cambien. Piensen por ejemplo en ese mismo 1.588, Inglaterra sí que venció a España, pero algo más de cuatro siglos después, Inglaterra ya no era la superpotencia que había sido (salvo en las películas de James Bond), sustituida por unos Estados Unidos que ni pensaban en existir en 1.588, una China que en ese 1.588 era un imperio medieval, y una Rusia en la que un Iván el Terrible parecía más tártaro que ruso, también en ese 1.588. Incluso ejemplos clásicos de sociedades en teoría inmutables, como Egipto o China, a poco que uno se adentre en los meandros de su Historia, descubrirá una turbulenta crónica de revoluciones, invasiones, cambios dinásticos, guerras civiles, y en cierto caso particular, un profeta barbón partiendo las aguas del Mar Rojo para amenizar.

Por eso, el escritor de ucronías debe tener bien presente cuánta distancia habrá entre su punto de divergencia, y su actualidad: mientras más años de separación haya entre ambas, mayores probabilidades de que el mundo marche de maneras por completo imprevistas. En mil o dos mil años de tiempo, imperios pueden levantarse y caer, religiones pueden fundarse y desaparecer, y revoluciones industriales pueden cambiar la faz del planeta. Es casi seguro afirmar inclusive, que mientras más remoto en el tiempo sea el punto de divergencia respecto de la actualidad en que transcurre la ucronía, menos importancia tiene dicho punto de divergencia, porque los cambios seminales que éste ha impulsado, se pueden ver alterados u oscurecidos por otros potenciales eventos claves. Por ejemplo, si elegimos como punto de divergencia una posible victoria republicana en 1.939, dentro de la Guerra Civil Española, dicho punto de divergencia tendrá mucha más importancia para una ucronía ambientada en la década de 1.960, con J.F.K., The Beatles y James Bond rondando allá afuera, que para una ambientada en un 2.016 en donde los últimos sobrevivientes de dicha conflagración ahora son octogenarios o nonagenarios (¡o incluso centenarios!) que ya no pesan demasiado en la marcha de los acontecimientos.

4.- Debemos vigilar bien el desarrollo científico y tecnológico de nuestra historia alternativa.

Relacionado con lo anterior. Hasta el minuto, la ciencia ha demostrado tener un camino propio y diferente a otros fenómenos históricos. Cosas tales como imperios, modelos económicos, instituciones jurídicas, e incluso escuelas filosóficas y religiones, han tendido a marchar en ciclos y anularse o revertirse en sus opuestos casi de manera hegeliana cada tanta cantidad de tiempo. La ciencia y la tecnología, por el contrario, parecieran operar de manera acumulativa, y si bien han existido edades oscuras como el colapso del Imperio Romano, o la derrota de los mutazilíes, al final no parece ser que la ciencia y la tecnología retrocedan de lleno hasta la casilla uno. Sin embargo, tampoco hay que caer en la trampa opuesta de considerar el desarrollo científico como algo dado e inexorable. La ciencia y la tecnología florecen allí donde coinciden factores que pueden darse en combinación o no, a según cómo se muevan multitud de otros fenómenos históricos. Así, habrá edades de oro científicas allí donde haya una disponibilidad de materias primas, relativa movilidad social, tolerancia religiosa, fomento del espíritu crítico, facilidad material de difusión de las ideas, sistemas educativos fuertes, cierto liberalismo económico, protección jurídica para los beneficios que puedan extraérsele a los inventos, etcétera. De eso ya hablamos largo y tendido en las Crónicas Antrópicas, acá en la Guillermocracia, así es que a ellas nos remitimos para mayores detalles.

Por eso, simular el desarrollo científico y tecnológico es labor como mínimo un poco complicada. Así, debemos preguntarnos cómo, desde nuestro punto de divergencia en adelante, ha evolucionado nuestra sociedad, se han dado factores que ayudan al desarrollo científico y tecnológico, se han producido conflictos de intereses entre nuevos desarrollos y grupos sociales perjudicados y con capacidad para entrabar e incluso prohibir esos desarrollos, se haya podido producir un colapso ecológico como resultado de las nuevas tecnologías, hayan surgido reacciones fundamentalistas contra la ciencia, etcétera. Y si el desarrollo científico y tecnológico se ha detenido como víctima de las fuerzas de la reacción, debemos preguntarnos si ha sido una detención temporal, o se ha caído en una edad oscura de decadencia intelectual. Y si el desarrollo científico y tecnológico se ha reactivado, debemos preguntarnos cómo y por qué. Y por supuesto, estos problemas se agudizan más, mientras más distancia hay entre el punto de divergencia por un lado, y la presente de la narrativa por el otro. Y esto importa mucho, porque el desarrollo científico y tecnológico condiciona tanto la vida cotidiana de los personajes, como la disponibilidad de recursos materiales que éstos tengan para vivir sus aventuras, en términos de armas, medios de transporte, sistemas de comunicaciones, etcétera. La historia cambiaría mucho, por ejemplo, si el caballo americano no se hubiera extinguido en los albores del Holoceno, y por lo tanto, Mesoamérica hubiera podido disponer de equinos para trabajar la tierra o librar guerras; en este caso, quizás sí hubiera sido posible que los aztecas hubieran invadido Europa a saco, y muchos corazones europeos hayan sido sacrificados con cuchillos de obsidiana para mayor gloria de Huitzilopochtli.

5.- Debemos escoger bien la historia principal que vamos a narrar.

Si estamos escribiendo una novela o cuento ucrónico, no basta con diseñar nuestro universo alternativo con todo mimo y primor. Todo eso no es más que escenario. Lo realmente importante, como en cualquier otra novela o cuento, sigue siendo la historia. Una historia predecible, o cliché, o con personajes sin enjundia, no mejora sólo porque aparecen máquinas a vapor en una realidad paralela Steampunk como parte del escenario. Y esto es complicado porque debemos lograr en primer lugar que la historia sea buena en sí misma... y en segundo lugar, que dicha historia adquiera un significado especial por estar ambientada en esa ucronía. Si lo que tenemos entre las manos es apenas otra historia romántica más, sin valores añadidos, esa historia romántica no va a mejorar ni se va a hacer más interesante porque la ambientemos en una ucronía con el Imperio Español aún dominando Latinoamérica en el siglo XXI, o una en donde el Imperio Napoleónico ganó la Segunda Guerra Mundial. Muy en el fondo, se trata de que esa historia romántica, o cualquier historia que estemos planeando, sólo pueda ocurrir en esa realidad paralela y no en nuestro propio universo, para justificar la creación literaria de esa realidad paralela en primer lugar. Lo ideal es, por supuesto, no exponer al lector a un empapelado de información que haga parecer a ese libro como un tratado de Historia o de Sociología. Puede escribirse una novela cuyo argumento sea un pretexto para presentar una teoría histórica o sociológica, por supuesto, pero si vamos a hacer eso, debemos preocuparnos de que sea ameno de leer, y no un mamotreto indigesto o un panfleto para ventilar tales o cuales opiniones personales. En lo principal, debemos mantenernos literarios, con todo lo que eso significa.

Eso obliga a una delicada elección de los personajes. Si optamos por personajes de alta sociedad, con el poder para cambiar el mundo a su alrededor, será muy fácil poner de relieve los elementos históricos que hacen de nuestro mundo narrativo una ucronía, pero a cambio corremos el riesgo de que el mismo se sienta un poco artificial, desconectado de las vivencias del hombre común. En cambio, si optamos por personajes de la calle, podremos retratar de manera vívida lo que es la vida cotidiana en esa ucronía... pero corremos el riesgo de que lo narrado en definitiva no sea tan interesante, simplemente porque por debajo de las modas, las tecnologías o algunas costumbres peculiares, el grueso de las sociedades humanas son en general más o menos lo mismo, y sus habitantes se mueven más o menos por los mismos pensamientos, instintos, afectos y pasiones, y por lo tanto, tendremos que hacer un esfuerzo extra por darle personalidad propia a nuestra ucronía, en vez de ser simplemente nuestra época o alguna época histórica, con máquinas de vapor Steampunk. Y luego, debemos mover a esos personajes a través de una historia que favorezca mostrar los elementos ucrónicos que la hacen especial, sin que eso suene demasiado forzado. No es una tarea fácil, y no pocas ucronías terminan por naufragar en este empeño.

6.- Debemos vigilar bien los chistes metahistóricos.

Uno de los bonos por escribir una ucronía, es trufarla de chistes metahistóricos. Nos referimos a esos guiños que los habitantes de la ucronía no deberían identificar como tales, o al menos, no sin romper la cuarta muralla, pero nosotros como lectores sí. Un ejemplo eximio es la novela El sueño de Hierro de Norman Spinrad, que es una narración enmarcada: la misma se vende como el texto completo de una obra escrita por el novelista Adolf Hitler, quien viajó a Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial y se transformó en un autor de Ciencia Ficción pulp de la Edad de Oro. Para los habitantes del universo ucrónico descrito, el dato de que Hitler es un escritor de Ciencia Ficción carece de mayor significación, porque desconocen que hablamos de alguien que en nuestra propia realidad (que para ellos es una realidad alternativa) llegó a ser el Führer del Tercer Reich; somos nosotros como lectores quienes pescamos el guiño y el comentario, porque Spinrad se propone, a través de este chiste, poner en evidencia los elementos fascistas, totalitarios, racistas o xenófobos que en su concepto, son más o menos inherentes a la narrativa de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción. Esto es un chiste metahistórico: en la propia historicidad del universo narrado el dato sobre Hitler tiene un valor más o menos plano, y es en su metahistoricidad, o sea, en nuestro propio entorno como lectores de esta narración enmarcada, que el dato cobra el sentido pleno que el lector trata de asignarle. Otro ejemplo característico es la cantidad de ficciones, partiendo por Asterix y Cleopatra, en las cuales los personajes de la narrativa destruyen la nariz de la Esfinge, lo que para nosotros es chistoso porque es una explicación alternativa a la realidad histórica de que la misma fue destruida a cañonazos por las tropas napoleónicas, pero que dentro del universo es apenas un incidente más, desagradable para los egipcios por cierto, pero sin rasgos de comicidad o guiño cómplice para los testigos del hecho que reviste caracteres de delito contra el patrimonio arqueológico egipcio.

El chiste metahistórico puede enriquecer mucho una ucronía, por supuesto, en particular cuando se nos permite explorar qué pasa con tales o cuales personajes, muy importantes en nuestra realidad, en esa otra realidad en donde ellos no llegaron a ser tan importantes, o cuyas vidas siguieron cursos distintos e inesperados. A veces funciona simplemente por hacer un poco de humor erudito, y a veces puede ser utilizado para hacer algunos comentarios interesantes acerca de los períodos históricos, o de cuestiones más generales. Los chistes metahistóricos en sí no son un defecto, pero sí que lo son su exceso. El problema es que por su propia metahistoricidad, el chiste metahistórico sólo tiene sentido para nosotros los lectores, pero por lo general son eventos sin mayor peso para los personajes de la narrativa. Por eso, basar toda la narrativa ucrónica en hilar chistes metahistóricos como cuentas en un collar, sólo sirve para crear un universo narrativo vacío, sin una consistencia narrativa propia. Todo lo que hace dicho universo, es ser apenas un espejo del nuestro, y con eso, pierde toda la significación propia que podría tener. Es por eso que los famosos universos espejo en que vemos versiones alternativas de nuestros queridos personajes de ficción, como por ejemplo en Star Trek o Buffy la Cazavampiros, funcionan sólo en pequeñas dosis: porque son demasiado dependientes de la narrativa principal para funcionar por separado, ya que la significación de los personajes no parte de ellos mismos, sino de ser versiones alternativas de otros personajes a quienes ya conocemos de antemano, o se supone que los conozcamos. De manera que si incluimos chistes metahistóricos en nuestra ucronía, debemos hacerlo de manera juiciosa: uno de ellos, o unos pocos, pueden enriquecer nuestra narrativa a manera de comentario, pero no son un sustituto para una narrativa pobre, o para planteamientos intelectuales de poco calado. Si queremos incluir chistes metahistóricos, no hay problema en hacerlo, pero como complemento de una narrativa vigorosa, capaz de sostenerse por sí misma, de manera que si no hubiéramos incluido esos chistes, el universo ucrónico que estamos describiendo todavía podría generar emociones en el lector.

En conclusión...

Nadie dijo que escribir una buena ucronía fuera fácil. Crear una ucronía cualquiera es sencillo: basta con elegir un punto de divergencia, pensar en cómo eso podría haber cambiado la Historia, y correr adelante con una historia, y eso lo puede hacer cualquier escritor medianamente decente. Lo difícil es hacerlo bien: que el desarrollo histórico de esa ucronía sea coherente, que el lector sienta que esa ucronía era necesaria para escribir una historia que de otra manera no hubiera funcionado, o lo hubiera hecho de manera imperfecta, y que todo eso deje una sensación de asombro en el lector. Pero por supuesto, nadie dijo que escribir buena literatura fuera sencillo. Los verdaderos clásicos literarios son pocos en cualquier género, y en materia de ucronías, esto no es una excepción.

2 comentarios:

murinus2009 dijo...

la unica Ucronia que recuerdo, fuera de las que has comentado aquí, como la de:
John Strong
Iron Dream y...
El hombre del Castillo de Philip K Dick.

es
Fatherland.

Debo actualizarme.

Por cierto, en Marbod el Barbaro Imago Dei, cuando aparece el Caligulismo se menciona después que hubo Cruzadas, pequeño inconveniente, pues a Caligula no se menciona que lo crucificaran, (solo yo debo tener en cuenta ese dato).

Cesar Cuevas Rueda dijo...

Ciertamente un ejemplo eximio de una ucronía bien escrita según estos parametros es “Crónicas de la Serpiente Emplumada” del uruguayo Edgardo Civallero.
No sólo creo un universo alternativo creíble, completo y documentado (quiero subrayar esto último), sino que además lo llena de historias tan humanas que llegan al corazón y hacen reflexionar de forma increíble.
Si no lo he mencionado antes, lo hago ahora. Excelentes libros (son 4).

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