martes, 20 de junio de 2017

8 argumentos de la religión contra la ciencia y cómo refutarlos (2 de 2).


En la entrega anterior de este posteo en dos partes, nos adentrábamos en un terreno bastante espinoso: las críticas de la religión en contra de la ciencia. Y tiene que ser en dos partes porque el tema en sí, es bastante substancioso. Ahora, en esta segunda entrega, vamos con un favorito de todos: lo que pasa cuando la ciencia decide examinar con lupa lo que es la palabra bíblica. Tan favorito, que da para dos argumentos, de hecho. Y sin más preámbulos, vamos a por ello.

5.- La ciencia contradice la Biblia.
  • El argumento: La ciencia afirma cosas que no están en la Biblia, o que derechamente contradicen a ésta. Por lo tanto, la ciencia está equivocada.
Por qué este argumento no funciona: Quien no cree, tiende a descartar este argumento sin más porque "yo no creo en la Biblia". Lo irónico es que eso es tan poco científico como la opción contraria, o sea, aceptar la Biblia de manera acrítica y sin más. La verdadera actitud científica no es creer o dejar de creer en la Biblia, sino tomarla y analizarla para desentrañar qué de correcto y qué de erróneo tenga. Porque, después de todo, sí cabe la posibilidad de que la Biblia sea un texto sagrado y una revelación divina. Bueno, también podrían serlo el Quijote, o Dune, o los escritos de Corín Tellado, por qué no, pero en cuanto posibilidad, ésta existe. Y si fuera el caso, tendríamos que cambiar la ciencia entera de suelo a techo. Pero por desgracia para los creyentes, la Biblia es cualquier cosa menos un texto científico. De partida, ni siquiera existe un texto bíblico uniforme, ya que cada religión abrahámica acepta un canon distinto. Los judíos aceptan la Torá, pero no el Nuevo Testamento. Los cristianos aceptan el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero las confesiones cristianas no aceptan todas ellas el mismo canon al ciento por ciento, de manera que algunos consideran tales o cuales libros como parte de la Biblia, y otros como apócrifos. Los musulmanes aceptan el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero además le añaden el Corán con estatus de actualización definitiva, dejando así la Biblia como mero texto complementario. Los mormones por su parte hacen lo mismo que los musulmanes, pero no le añaden el Corán sino el Libro de Mormón. Y así, suma y sigue. Ante el argumento de que la ciencia contradice la Biblia, habría que preguntarse: ¿La Biblia según quién...?

Además, aceptando como más o menos canónico el texto bíblico tal y como lo entienden el grueso de los cristianos, dejando tales o cuales potenciales apócrifos volando allá afuera, aún así es difícil concebir el texto bíblico como una revelación divina. Porque en un análisis desapasionado del mismo, resulta que el texto bíblico tiene una buena dosis de errores, contradicciones, e información que no se colige con nuestro actual estado de conocimiento del mundo, sino con el estado propio de un pueblo de pastores de cabras de la Edad del Bronce. Un ejemplo básico es que la Biblia afirma que la Tierra es plana, mientras que hoy en día sabemos que la Tierra es redonda. Eso no ha detenido a una frondosa industria de gente intentando justificar lo injustificable, como por ejemplo citar algún versículo suelto por ahí para argumentar que la Biblia considera la Tierra como redonda, cuando varios pasajes bíblicos dejan entrever que el mundo sería plano, bien con forma de disco, bien con cuatro esquinas. Por lo tanto, afirmar que la ciencia contradice la Biblia no debería ser un argumento en contra de la ciencia, sino más bien a favor de ella: porque la ciencia ha puesto a prueba las afirmaciones empíricas hechas por la Biblia, y si bien en algunos casos le ha dado la razón al texto bíblico, en otros ha tenido que enmendarle la plana.

6.- La ciencia ha probado que la Biblia tiene la razón.
  • El argumento: A pesar de todos los intentos de los científicos por probar que la Biblia está equivocada, más tarde o más temprano se han visto forzados a admitir que, a pesar de sus prejuicios y malas intenciones, el texto bíblico sí que tenía razón.
Por qué este argumento no funciona: No deja de ser una peregrina cabriola intelectual, que algunos creyentes intentan descalificar a la ciencia porque va en contra de la Biblia, lo que veíamos en el argumento anterior, pero luego tratan de apoyarse en ella para demostrar que la Biblia tiene la razón. Suena un poco al argumento que usó el Califa Omar en 640 para quemar lo que quedaba de los textos de la Biblioteca de Alejandría: si estaban conformes al Corán eran superfluos, y si lo contradecían eran heréticos. Pero lo cierto es que el creyente en sí que tiene su miga de razón, en lo que a este argumento se refiere. Durante la oleada de Racionalismo que invadió a la intelectualidad europea durante la Ilustración, se puso de moda denostar a la Biblia, tratando sus narraciones como un montón de supercherías inventadas sin fundamento histórico alguno. Pero gracias a las investigaciones arqueológicas modernas, desplegadas en Egipto y el Medio Oriente a partir de mediados del siglo XIX, estos descreídos tuvieron que empezar a aceptar que los relatos bíblicos sí que tenían una base histórica real, aunque no de manera literal, eso sí. Por lo que resulta irónico que mucho de lo que todavía no sabemos sobre la Biblia, se debe a que en el día de hoy, son dos grupos de creyentes, los judíos habitantes del Estado de Israel y los musulmanes habitantes de Palestina, quienes ponen sucesivos obstáculos y cortapisas a nuevas excavaciones arqueológicas que puedan probar que la Biblia se equivocaba, cuando en realidad podría ser que la Biblia sí tuviera la razón. Pensemos por ejemplo en lo que podríamos aprender sobre el Segundo Templo de Jerusalén si excaváramos ahí... pero eso significaría tocar el Muro de los Lamentos, el último resto de tal templo, lo que por supuesto levantaría la ira radical de los judíos ortodoxos.

Por supuesto, este argumento envuelve una cierta mentalidad conspiranoica por parte de los creyentes. Sincerando el argumento, vendría a ser algo así como lo siguiente: "¡Ah, miren! ¿Ven? Ustedes los incrédulos científicos despreciaban a la Biblia, y resulta que ahora tienen que admitir que la Biblia tiene la razón". Por supuesto, las cosas no son tan así. En primer lugar, porque un científico verdaderamente objetivo no tiene ningún interés en probar o refutar las afirmaciones bíblicas: sólo le interesa conocer la verdad, sea que ésta favorezca la narración de la Biblia o no. Piensen en lo que significaría si encontráramos en una excavación arqueológica, el palacio del rey David. Para los creyentes sería una fiesta, pero para un científico, sería una pieza más para entender nuestro pasado histórico, sin consecuencias religiosas de algún tipo u otro. Y por supuesto, luego está la serie de puntos en donde la investigación arqueológica ha entregado versiones significativamente diferentes del relato bíblico. Hoy en día, por ejemplo, no consideramos como cierta la historia de Noé luchando contra un Diluvio Universal, sino que consideramos que dicha leyenda está inspirada en una anterior, la de un personaje ficticio mesopotámico llamado Utnapishtim, contenida en la Epopeya de Gilgamesh, y que a su vez sería un eco de relatos de antiguas inundaciones en Mesopotamia. Es gracias a la arqueología moderna que hemos desenterrado tablillas con la mencionada epopeya, así como hemos encontrado vestigios de esas inundaciones.

7.- La ciencia es responsable por la eugenesia y los nazis.
  • El argumento: La ciencia enseña que no existen verdades sagradas, y por eso, los científicos carecen por completo de moral. Es así que los científicos son responsables por toda clase de horrorosos experimentos, como por ejemplo las atrocidades de los nazis.
Por qué este argumento no funciona: En primer lugar, la ciencia no enseña la inexistencia de verdades sagradas. Lo que la ciencia enseña es algo bien distinto: que todo lo que sabemos y afirmamos, deberíamos basarlo en la experiencia. Muchos pensadores e intelectuales a lo largo de los siglos le han dado vuelta al tema de si existen verdades éticas o morales trascendentes. Al final del camino, no hay acuerdo en ello. Por ejemplo, ¿es ético comer cerdo, o no? Según un cristiano, no hay problema en asar una rica chuleta sobre una la parrilla para merendársela después, pero según un judío o un musulmán, eso es abominación. ¿Y qué dice la ciencia al respecto? Nada. Esa clase de afirmación ética no es una que se base en la experiencia, y por lo tanto, no tiene contenido científico alguno. Un científico puede hacer recomendaciones de cierta índole respecto de comer cerdo, como por ejemplo que si lo vas a consumir, mejor hiérvelo o ásalo a la parrilla bien, porque de lo contrario puedes terminar con un grave caso de triquinosis. Pero eso es apenas una recomendación de carácter médico, no una afirmación ética, porque se basa en lo que es mejor para tu salud, no en si con dicha conducta estarías ganándote un pase para el Cielo o el Infierno.

Desde luego, el quid del asunto radica que la ciencia es éticamente neutra. La ciencia sólo ofrece descripciones acerca de cómo funciona el mundo. Son las personas quienes debemos tomar decisiones éticas respecto del mismo. El consenso científico hoy en día, más allá de algunos teóricos de la conspiración dando vueltas allá afuera, es que no hay eso que los racistas en su época llamaban razas superiores e inferiores. ¿Significa eso que está bien o mal discriminar por motivos raciales? ¿Significa que debemos darles tratamiento de discriminación positiva a tales o cuales grupos raciales? La ciencia no ofrece respuestas a eso, porque ésas son decisiones éticas que debemos tomar una vez que tenemos todo el conocimiento de los hechos. Por supuesto, eso nos hace a nosotros responsables, no a la ciencia en cuanto ciencia. Es más: gracias a que la ciencia ha avanzado en la investigación del mundo, podemos tomar mejores decisiones éticas que en el pasado. Por ejemplo, ¿es ético depredar el medio ambiente? Muchas culturas antiguas ignorantes de la Ecología pensaron que sí, y luego les pasó lo que les pasó: que hoy en día las visitamos en los museos. El libro Colapso de Jared Diamond, se dio un festín con esto. Hoy en día, es gracias a la ciencia que conocemos los peligros de la degradación del medio ambiente, y por eso, estamos en condiciones de tomar decisiones sobre la materia que sean mucho más éticas que cualquier civilización en el pasado. Porque la ciencia está tras los experimentos médicos de Auschwitz, o de la Unidad 731, o de Tuskegee, o la bomba nuclear, por ejemplo, pero también está tras las vacunas y antibióticos, la exploración espacial, e Internet gracias al cual usted está leyendo la Guillermocracia.

8.- A la ciencia no le corresponde criticar a la religión porque son dos magisterios diferentes.
  • El argumento: La ciencia puede cacarear todo lo que se le antoje sobre la naturaleza, porque ése es su magisterio, pero en temas de ética y moral, no le corresponde pronunciarse, porque eso es magisterio de la religión.
Por qué este argumento no funciona: Aquí hay tanto que comentar, que se hará corto el espacio. En primer lugar, esta afirmación es correcta desde cierto punto de vista. La ciencia, ya lo hemos mencionado más arriba, de hecho no hace o no debería hacer afirmaciones éticas. La ciencia es éticamente neutra. Las afirmaciones científicas pueden ser usadas como fundamento para una política determinada, o para una de signo completamente diferente. Es como la electricidad: usted puede usarla para iluminar una casa, lo que es algo bueno, o para achicharrar a un pobre desgraciado en una cámara de torturas en Guantánamo, lo que es algo malo, pero eso no es culpa de la electricidad en sí, sino de cómo elegimos usarla. De todas maneras, hay algunos matices que introducir. En primer lugar, los científicos sí que tienen derecho a participar en debates éticos, y a traer consigo todo el bagaje científico que han conseguido acumular, para usarlo como argumentación. Pero no tienen ese derecho porque su condición de científicos les confiera un estatus especial y distinto al resto de los seres, sino en cuanto ciudadanos que tienen el derecho y también el deber de preocuparse por los asuntos concernientes a su comunidad. Ser un científico no quiere decir ser un eunuco moral, después de todo. El científico investiga, mientras que el ciudadano tiene una posición ética frente a la sociedad, y un científico puede e incluso tiene el deber cívico de ser ambos. Por otra parte, no debemos entender esto en el sentido de que la gente religiosa tenga alguna especie de superioridad ética sobre el resto. Eso es lo que a muchos creyentes les gustaría pensar, pero luego hemos visto a creyentes quemando libros, o peor aún, quemando a personas, lo que no parece ser demasiado ético, en el contexto de una democracia moderna por lo menos.

Pero se pone peor. Porque una cosa es hacer una afirmación ética, y otro punto es fundamentarla. Y aquí es donde se puede producir una invasión de magisterios... desde la religión hacia la ciencia. Porque la religión hace muchas afirmaciones no a partir de lo que pueda ser más adecuado o conveniente en términos éticos, sino a partir de un discurso en cuya génesis suele haber una revelación o un texto sagrado. Y eso no es un tema ético sino de hecho, y por lo tanto, cae dentro del magisterio de la ciencia. Pensemos por ejemplo en la prohibición que intenta imponer la religión, acerca del control de natalidad. Hay una diferencia entre afirmar que deberíamos prohibir el control de la natalidad porque podría producir resultados indeseables para la sociedad, lo que es una afirmación más o menos ética, a afirmar que deberíamos prohibirlo porque va en contra del cuerpo de principios revelados por un carpintero hebreo llamado Jesús de Nazaret, que era el Hijo de Dios, hace dos milenios atrás. Afirmarlo de la primera manera deja la cuestión en la esfera ética, y los datos científicos podrán ser usados para debatir y tomar una decisión como sociedad. Afirmarlo de la segunda manera, en cambio, sí autoriza a los científicos para meter sus narices y hacerse preguntas: ¿Existió de verdad un Jesús de Nazaret? ¿Fue carpintero? ¿Fue realmente el Hijo de Dios, resucitó al tercer día, etcétera? ¿Habría dicho lo que dijo según la Biblia, si hubiera existido el control de natalidad en sus días, tal y como lo conocemos en los nuestros? Y así sucesivamente. Esas son cuestiones de hecho, y por lo tanto, afirmaciones científicas que pueden y de hecho deben ser sometidas a prueba. Y eso es una cuestión científica, por lo que los creyentes no tienen autoridad para sustraerlo de ese magisterio.

En conclusión...

Como puede observarse, muchos de los argumentos que esgrime la gente religiosa en contra de la ciencia, se basa en concepciones erróneas de lo que es y significa la actividad científica. Es natural que la ciencia y la religión tiendan a chocar. El discurso religioso tiende a ser totalitario, en el sentido de que ofrece un paquete de afirmaciones que, se supone, son la todalidad de las respuestas que tienes que conocer para funcionar en el mundo. El discurso científico es todo lo contrario, tiende a cuestionar y poner en solfa. Y a la gente suele gustarle más que le den la razón, que ser cuestionada. No debemos olvidarnos del omnipresente tema del ego, las autojustificaciones y los refuerzos de grupo, después de todo.

Así, el creyente intenta imponer su discurso por la propia naturaleza totalitaria del mismo, mientras que el científico no. Algunos científicos pueden tener un carácter prepotente y autoritario, y existen incontables relatos de matonaje científico entre colegas, por supuesto, pero eso tiene que ver más con la debilidad humana que con la ciencia en cuanto actividad. A la larga, dentro de la ciencia, dichos actos de matonaje tienden a no tener efecto, porque habiendo una masa crítica de científicos, la comunidad científica termina corrigiéndose por sí sola. El discurso religioso no cuenta con ese beneficio porque tiende a funcionar bajo el principio de autoridad, y por eso, tiende a ser más débil en sus fundamentos. Pero eso sí, debemos entender esto siempre desde lo que hemos afirmado más arriba: la ciencia es éticamente neutra. La ciencia y el discurso científico son sólo herramientas. Al final, el factor decisivo no es lo que la ciencia afirme, sino lo que nosotros como ciudadanos hagamos con ella.

2 comentarios:

Cristiam Julian Ayala Peña dijo...

Me encantaron los argumentos expuestos. Te recomiendo que te pasees por diariodeunateo.blogspot.com. Ahí encontrarás más cosas que te interesarán sobre ciencia, economía y sociedad. Gracias por los artículos.

murinus2009 dijo...

Continuando con la resistencia de los creyentes contra la ciencia otra Teoría que existe para explicar la persistencia en anteponer religion y el pensamiento Magico contra Ciencia es la Teoria de las etapas del Aprendizaje Competencia, Conocimiento o como se le quiera llamar, yo la conocí usando el termino Competencia así existe
1.-Incompetencia Inconsciente.
No se sabe que no se sabe.
2.-Incompetencia Consciente.
Se sabe que no se sabe.
3.-Competencia consciente.
Se sabe que se sabe, pero también que falta mucho por aprender.
4.-Competencia Inconsciente.
Se sabe mucho, a tal grado que es posible usar el nuevo conocimiento de manera inconsciente sin pensar en hacerlo, ejemplos: hablar ingles o idioma no nativo de forma fluida, manejar un automóvil, dominar la mecanografía.
Existe otro nivel que no recuerdo si esta fuera de estos 4, quizá si, es la:
Incompetencia Intencional.
En este nivel a la persona no le importa aprender Ciencia o cualquier otra materia por ejemplo Ecología, le basta con lo que sabe para existir y no piensa gastar tiempo en entender ni lo mas básico, como el Método Científico, no necesita ni Argumentos, le basta ocuparse en otras cosas: escuchar al ministro mágico-religioso, ver soccer, farándula, alcoholizarse y en caso extremo usar la fuerza bruta.
Lo interesante es que yo creo es que todos tenemos un cierto nivel de Incompetencia Intencional para ciertas materias, por ejemplo yo, para escuchar música regional mexicana, ver soccer, farándula, tratar bien con déspotas.

Al final aquí mismo en la Guillermocracia vi una Entrada en que se mencionaba que solo un puñado de Leyes se necesitan para ser alguien decente:
-No matar ni lastimar a otros, a menos que sea en defensa propia en respuesta a un ataque.
-No robarle a otro cosas que son de su propiedad.
-Tratar con amabilidad a otros, como quisieramos que ellos nos traten.
-Dar lo mejor de nosotros mismos.
Como yo lo veo es inecesario querer que la Religión pretenda ser poseedora de la verdad absoluta para enseñar esas simples normas de comportamiento, excepto por el hecho de que ha fallado en inculcar esos simples valores, hoy día tenemos miles de redes dedicadas a contener a los depredadores humanos: puertas, cerraduras, bardas, lineas telefónicas y sistemas complejos con gente armada y centros de reclusión para castigar a quienes violen esas normas y depreden a otros.
En ese contexto las Religiones mayoritarias, incapaces de enseñar la Decencia, porque a veces ellas mismas se benefician de la falta de esta, les queda intentar atacar la Ciencia el Sistema de pensamiento mas poderoso creado hasta el momento y el que ha logrado mejorar mas la vida de la gente.

El tema da para mucho mas, es un Gran Tema Guillermo.


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