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martes, 16 de mayo de 2017

10 películas sobre ser una persona decente (1 de 2).


En una conversación hace muchos años atrás, alguien me comentaba de que en el cine ganan siempre los buenos porque en la vida ganan siempre los malos. Otra persona retrucó que el cine era simplista porque los buenos y los malos siempre están bien definidos, mientras que en la vida real las cosas son un poco más opacas y grises. El primer argumento me parece excelente, ya que después de todo, el grueso de la gente que ve películas, lo hace para evadirse de la realidad, razón fundamental por la que los dramones costumbristas acerca de lo mala que es la existencia cotidiana nuestra de cada día no tienen ni van a tener nunca verdadero éxito masivo. Si eres un tipo que malvive cavando zanjas, lo que menos quieres al final del día es ir a ver una película sobre un personaje que malvive cavando zanjas, por mucho que se supone, sea una denuncia social sobre el tópico. La segunda idea en cambio me parece más discutible. Hay ciertas cosas que son moralmente grises. Otras no lo son. Salvo que se trate de legítima defensa, matar a otra persona por regla general está mal. Ser un cochino traidor por regla general también lo es. Y así.

Relacionado con esto, se encuentra el tema de la decencia. Tema complicado en donde los haya. Para algunos, la decencia es simplemente tener un comportamiento de gente. Si hay cadáveres en el armario, el asunto es esconderlos. Para esa gente, no hay contradicción entre ser decente e hipócrita. Para otras personas, decencia implica un mínimo de dignidad, y esa dignidad conlleva no acumular tales cadáveres en el armario.

Es más difícil de lo que parece. Todos, en un momento u otro, cual más o cual menos, debemos terminar vendiéndonos al sistema, ya que nadie puede ser perfectamente autárquico en el mundo moderno, y ese venderse significa negociar un poquito con los valores personales. Pero esto no es una excusa para mirar hacia el lado, siempre y en todo lugar, únicamente por comodidad. El argumento de que la vida es injusta y debes tomarla así como es, implica la idea de que ninguna persona puede hacer la diferencia. El problema es que a lo mejor sí es posible que una persona marque la diferencia, grande o pequeña... pero esa persona será alguien diferente a quien sostuvo el argumento de que una persona no puede marcar la diferencia, porque la que sostuvo dicho argumento, se rindió desde la entrada. A lo mejor, ser decente no implica solamente aceptar la vida tal y como es, sino también el no hacerse cómplice de personas y situaciones, pudiendo evitar dicha complicidad por supuesto. Es complicado, pero nadie dijo que ser una persona decente fuera algo sencillo.

Todo este largo proemio es para hacer un listado inusual. Esta no es una lista de las mejores películas o de las más curiosas o las más de género. Es un listado sobre diez películas cuyos personajes podrían conseguirse una existencia mucho más acomodada si es que siguieran las reglas, miraran hacia el lado, y aceptaran que la vida es injusta. En vez de ello, deciden arriesgar el pellejo, incluso aunque no van a ganar nada de ello. ¿Por qué? Porque eso es lo decente por hacer. El cine puede tener una moral mucho más de blanco y negro que la vida real, en eso estamos de acuerdo, pero en esto no es necesariamente un simple escapismo: puede ser también una ventana para demostrarnos que sí es posible ser alguien decente y noble, y sí es posible que una persona marque la diferencia. Así es que, a continuación aquí en la Guillermocracia... diez películas sobre diez personajes de ficción que sí consiguieron marcar la diferencia, simplemente siendo gente decente. A costa de sudor y sacrificio, por supuesto. Ya lo mencionaba más arriba: nadie dijo que fuera sencillo.

1.- Caballero sin espada (Mr. Smith Goes to Washington, 1.939).

Es muy posible que no hayan visto esta película, porque es vieja y en blanco y negro. Y ya sabemos que para las nuevas generaciones, el cine partió con Quentin Tarantino, y todo lo anterior es prehistoria. Mal hecho, en este caso por lo menos. Porque si hay una película que tiene una actualidad cetrina, es ésta. Un fulano llamado Jefferson Smith, interpretado por un jovencísimo y carismático James Stewart, es convencido para postularse a un sillón como senador de Estados Unidos, en reemplazo de un vejete corrupto que se ha caído muerto como una mosca. El señor Smith es tan buena gente que llega a ser tonto de ingenuo, y por lo tanto ignora que en realidad se lo ha elegido para ser una marioneta dócil en los manejos corruptos del Estado al que representa. Pero en su papanatismo, el señor Smith hace justo lo que no debe: se comporta como un político honesto, que cuando descubre el tinglado de la corrupción, se rebela y decide hacer política por su cuenta. Lo que viene es una titánica guerra en contra de las máquinas políticas partidistas de su propio Estado. Como dirige Frank Capra en vez de, digamos, Martin Scorsese, la película termina bien. Si no han visto la película pero les suena el argumento, puede ser porque el episodio Mr. Lisa Goes to Washington, de Los Simpsons, el capítulo en el cual Lisa Simpson da un discurso en Washington, se fusila la película en masa, so pretexto de homenaje. Los Simpson volvieron a homenajearla, mostrando a Mel Gibson haciendo un remake de ella en ya saben cuál episodio, y luego una vez más, en todavía otro episodio, cuando un barrendero enseña a Lisa Simpson cómo pasar una ley en Washington, en un diálogo calcado de la película de 1.939.

Aunque han pasado más de tres cuartos de siglo, esta película que forma parte del Año Milagroso de Hollywood sigue siendo uno de los más formidables alegatos contra la corrupción política y su rol en socavar las democracias y el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Porque el mensaje de la película es muy potente: la corrupción existe y es muy posible que siempre siga existiendo, pero ésta no existe en el vacío, sino que depende de la inercia y la desidia de los ciudadanos para mantenerse. El Sr. Smith es presentado como un tipo ingenuo, y en un minuto de la película, parece que va a quebrarse y dejarse arrastrar por la corriente, pero encuentra el espíritu y el nervio en su propio interior para plantar cara y luchar por la democracia, arrostrando los enormes costos personales que eso significa. Al final resulta que el ingenuo, el tontorrón papanatas, el pobre bonachón que cree en los seres humanos, es justo la clase de persona que posee la nobleza y la decencia necesarias para que el sistema funcione como debe funcionar. Mensaje éste que es una bofetada en la cara a todas las personas complacientes en la actualidad que se quejan de la corrupción publicando cosas en Facebook, pero que a la hora de la verdad, se encogen de hombros musitando un "bueno, hombre, yo ya hice lo mío, ahora que otros terminen lo que yo inicié". Piénsenlo por un instante: si los habitantes de las Trece Colonias hubieran tenido esa misma actitud en 1.776, el territorio de la costa este de Norteamérica seguiría siendo un soñoliento apartado de los dominios británicos, súbditos leales y bien calladitos de doña Isabel II de Inglaterra. Aunque de todas maneras, al menos eso es mejor que The Man in the High Castle...

2.- Casablanca (Casablanca, 1.942).

Muy monumental tiene que ser una película para que su argumento se base principalmente en el suspenso, en comerse las uñas preguntándose cómo va a terminar, y aunque conozcas el final, aún así vuelves a verla con gusto cuantas veces sea necesario. Casablanca es una de esas películas. Todo el mundo sabe, aunque sea a través de las incontables parodias de la escena, que al final Ilse y Rick se separan, enamorados y todo, presumiblemente para no verse nunca más. Y si no lo sabías y acabamos de reventar el spoiler aquí... mal por tí y por tu falta de cultura cinéfila. Sin embargo, aunque se sepa el final, aún así da gusto volver a ver un drama tan sólido como éste, una y otra vez. Parte importante de esto se debe a que Rick, el protagonista, es en definitiva un personaje con un cierto halo de tragedia. El es un perdedor, un tipo desencantado del mundo, que ha conseguido armarse su pequeño pedacito de vida en una ciudad africana apartada de todo el mundo, tratando de no meterse en líos, cuando de pronto la chica de su vida, de la que tuvo que separarse por causa de la guerra, entra de casualidad al bar y a su vida. El resto de la película es, por supuesto, el viaje espiritual que lleva a Rick a creer de nuevo en las causas por las que vale la pena luchar.

Siguiendo esta línea, a lo largo de la película vemos que Rick no es exactamente un buen tipo. Veamos: es cínico, marrullero, egoísta, un tanto mentirosillo y manipulador. El personaje verdaderamente positivo es en realidad Victor Laszlo, el agente de la Resistencia en contra de los nazis, que lucha por la libertad aquí, ahora y siempre, mientras que Rick es más bien un antihéroe, e incluso a ratos, podría decirse que es un villano. Ayuda por supuesto la enorme interpretación que brinda Humphrey Bogart, de un tipo a la vez endurecido y destrozado por la vida, cuyas motivaciones son muy simpáticas a pesar de que sus acciones a veces estén al filo de la villanía. Pero al final, después de que la película ha jugado a lo largo de todo su metraje con la idea de que Rick es un canalla, descubrimos su entero plan, que es de una nobleza y desinterés supremos. Rick nada tiene que ganar, y sí mucho que perder, con seguir adelante, y aún así decide hacer lo correcto, únicamente porque es lo correcto, con una entereza digna de Immanuel Kant. Rick es la prueba definitiva de que es cierto que por un lado los tiempos duros crean personajes duros e insensibles, pero que también son capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos, en la hora suprema. Y nos condolemos por Rick más que por Victor, por la razón evangélica de rigor: nos alegra más la oveja perdida que vuelve al rebaño, que la oveja que nunca se extravió en primer lugar.

3.- A la hora señalada (High Noon, 1.952).

Esta película, conocida en España como Solo ante el peligro, es la obra maestra del muy estimable director Fred Zinnemann. Su argumento es más o menos sencillo. El comisario del lugar está contrayendo matrimonio, y pronto abandonará el pueblo, mientras que su puesto será ocupado por otro personaje diferente que aún está por arribar. Sin embargo, llegan novedades. Un pistolero que le quiere cobrar cuentas al comisario, y su banda de rufianes, están en ruta para emboscarle, y ojalá asesinarle. El comisario no tiene ninguna razón para quedarse en el pueblo: oficialmente ya no lo es porque el cargo le ha sido asignado a otro, y además tiene una esposa a la cual proteger. De manera que se monta en su carreta para abandonar el pueblo y quizás salvar la vida... pero en el momento de la verdad, en el límite del pueblo, razona que si los bandidos no lo encuentran, será el pueblo quien pague las consecuencias. Y regresa para afrontar a los forajidos. Empero, cuando pide ayuda a los pueblerinos para enfrentar a la amenaza, todos ellos encuentran buenas razones para no enrolarse en la guerra para defender a su hogar. Sólo unos poquitos personajes, todos ellos perdedores de una manera o de otra, intentan ayudarlo, pero el comisario rehúsa su ayuda, a sabiendas de que no tienen la madera para sobrevivir en un duelo de esas características. El gran final será el enfrentamiento del comisario casi en solitario, contra los bandidos que quieren agujerearlo y dejarlo para que sea pasto de buitres, todo ello en defensa de un pueblo cuyos habitantes han demostrado toda la película ser indignos de semejante generosidad. Lo ya dicho: es duro ser una persona decente.

La película fue rodada en medio de la llamada caza de brujas del Macartismo, y es una enorme parábola acerca de la comodidad de las buenas gentes, muy encantadas todas ellas de conocerse entre sí, pero que a la hora de los problemas, sólo pueden pensar en salvar su propio pescuezo, sin querer hacer ningún sacrificio por una causa noble que sea superior a ellos mismos. Es decir, la misma actitud de los buenos ciudadanos que quizás no apoyaban al Macartismo, pero que tampoco hacían nada por ponerle coto. De antología, y una bofetada para la época, es la serie de escenas en donde la virginal esposa del comisario comparte habitación con una prostituta que, se insinúa, ha sido amante de éste; a las últimas resulta ser la prostituta quien es más mujer de las dos. La prostituta le dice a la esposa: "Si Kane fuera mi marido, yo nunca lo dejaría así. Yo agarraría un arma. Yo lucharía". La esposa le replica: "¿Y por qué no lo haces?". Y la prostituta le cierra la boca con un épico: "Porque no es mi hombre. Es el tuyo". Pocas veces se revolcó tanto en el suelo, el contraste entre la persona decente por encima de su condición social, versus la persona acomodada para quien la decencia es sólo una pose. Así, ésta película hace un profundo hincapié en la verdad siempre insistida y nunca escuchada de que el mal florece no solamente allí donde hay hombres malos, sino en general allí donde los hombres buenos no hacen nada por evitarlo, convirtiéndose así en cómplices sin la intención e incluso sin la conciencia de serlo.

4.- El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma, 1.957).

Es posible que hayan visto el remake de este western, protagonizado en 2.007 por Christian Bale como el héroe, y Russell Crowe como el villano, pero la versión original data de medio siglo antes. Y antes de que surja el debate entre los fanáticos de "la original era buena, por favor paren de profanar los clásicos con remakes absurdos que no añaden nada" versus los partidarios de "la original es un petardo ñoño de su época, ojalá hayan más remakes que rescaten buenas historias y las hagan entretenidas", diré que ambas son más o menos similares en cuanto a trama o argumento, aunque con una diferencia clave al final, eso sí; de manera que si vieron el remake sin ver el original, de todas maneras se pueden hacer una idea, con tal de que se la imaginen en blanco y negro. El tren de las 3:10 a Yuma está basado en un relato corto de Elmore Leonard, más conocido por sus novelas policiales, o mejor dicho aún, por las adaptaciones de esas novelas al cine (Un romance peligroso, El nombre del juego, etc.). El caso es que la historia trata acerca de un peligroso bandido de apellido Wade, que es capturado en un pueblo de porquería; la única manera de lidiar con él, es llevarlo a la cárcel de la ciudad de Yuma. El problema es que el pueblo es tan pequeño, que ni fuerza policial tiene, de manera que se ofrece una recompensa de 200 dólares a los hombres que se ofrezcan voluntarios para la misión. Entra entonces Dan, un granjero cuya familia está muriéndose de hambre por la sequía, y para quien los 200 dólares representan la salvación económica. El trabajo de Dan es peligrosísimo, por supuesto, ya que aunque Wade ha sido capturado, su banda de forajidos sigue allá afuera, y hará lo imposible por rescatar a su jefe. Ahora, Dan deberá aguantar en la estación del tren hasta las 3:10 de la tarde, hora a la que sale el tren con rumbo a Yuma. Y aguantar significa, por supuesto, acabar liándose a tiros con los compinches de Wade, que no se detendrán ante nada para rescatarlo.

La historia es bastante gris, con un héroe no demasiado heroico, que está en la labor sólo por la desesperación de que su familia no muera de hambre, y con un villano que puede ser muy cruel, pero también muy carismático, difuminando así la frontera entre el bien y el mal. Este es el punto en donde aparece el concepto de la decencia. A su peculiar manera, tanto Dan como Wade son hombres decentes; Dan por llevarse a sí mismo más allá de sus propios límites a la hora de cuidar a su familia, y Wade porque muy en el fondo, es un hombre que aprecia el valor allí donde lo encuentre, incluso en la persona que ha asumido la labor de entregarlo. La película incluso se permite jugar con la idea de que todo el trabajo es inútil, porque a la larga, es posible que Wade de todas maneras termine fugándose de prisión, e incluso regrese al pueblo para vengarse. En las historias maniqueas con un bien y un mal claramente definidos, las opciones éticas son bastante claras, y además de la recompensa estándar de obtener la mano y el cuerpo de la chica de turno, el héroe también tiene el empuje psicológico de estar al lado de los buenos y por la causa justa; acá, en cambio, las cosas no son tan claras. El héroe lo tendría más fácil quedándose tranquilo en casa, y al asumir el trabajo, está echándose encima un riesgo tremendo para el cual, como granjero, él no está preparado. Y aún así lo hace, porque es la opción más decente que tiene. La película es así otro retrato acerca de lo que significa la decencia en la vida de alguien que, en definitiva, no es un héroe sino apenas un hombre común como cualquier otro.

5.- Harry el Sucio (Dirty Harry, 1.971).

Estamos frente a una de las películas más polémicas que ha salido alguna vez de Hollywood. El inspector Harry Callahan, del Departamento de Policía de San Francisco, interpretado de manera impecable por el incombustible Clint Eastwood, ha sido acusado de ser un personaje matón y fascista. Y sin embargo, la película pone el dedo en la llaga sobre la necesidad de tomar medidas extremas, cuando los inocentes son víctimas indefensas que no tienen cómo combatir al mal. En la película, el villano Scorpio extorsiona a la municipalidad por una gruesa suma de dinero, y si ésta no se le paga, entonces comenzará a ejecutar a personas al azar. Surge así un enorme problema entre los principios democráticos, por un lado, que aseguran la libertad y los derechos a todas las personas, incluso los delincuentes, y por el otro los derechos de las víctimas, que pueden perder la vida únicamente por el fiat de un rufián decidido a aprovecharse de las garantías del sistema. Dentro de ese panorama, Harry el Sucio no se anda con remilgos. Scorpio es un hombre brutal y psicópata con el cual no caben componendas. Para rescatar a una chica que es rehén de Scorpio, Harry el Sucio debe administrarle una paliza brutal. Pero es en vano: la chica en el intertanto ha fallecido, abandonada hasta morir por el villano. Y para colmo, el sistema se vuelve en contra de Harry el Sucio. Lo que lleva a lo que venimos diciendo en este posteo: hacer lo correcto es difícil, ser una persona decente es duro, etcétera.

Con independencia de las opciones morales de cada cual, lo cierto es que esta película acredita un enorme problema de las democracias y los derechos humanos: su relativa impotencia para combatir a los malhechores que están dispuestos a explotar los beneficios del sistema para satisfacer sus propios fines egoístas. En este caso, el malhechor es un asesino sicópata, y por tanto un sujeto al que reconocemos como un villano a la legua. Sin embargo, ¿qué pasa si reemplazamos a éste por un político comprado, o por un empresario corrupto, o por un juez venal? En un contexto moral, la película es difícil porque no hay una respuesta clara al problema, y cualquiera sea la respuesta que demos, siempre hay algo que sacrificar. Interesantemente, la secuela Magnum 44, en donde se muestra a un grupo de policías que se dedica a la vigilancia y ejecuta a villanos sin más, muestra la otra cara del problema: la democracia puede ser débil contra el mal, pero la necesitamos a ella y sus instituciones para que exista una vida con un mínimo de civilización, en vez del imperio de la ley del más fuerte. Desafortunadamente, las tres secuelas posteriores (Sin miedo a la muerte, Impacto fulminante, y Sala de espera al infierno), se limitan a ser películas de acción, muy entretenidas por cierto, pero sin la fuerza ética de los planteamientos de la primera y seminal película de la saga.

Y con esto terminamos la primera parte de este posteo. En la segunda parte, entre las cinco películas que abordaremos, vamos a partir con un clásico de la Ciencia Ficción. Uno que, probablemente, no habían visto hasta el minuto desde la perspectiva en que lo abordaremos aquí.

7 comentarios:

Oliverio Graelent dijo...

Te has lucido, Guillermo: esta es una de las mejores entradas que he leído. Me asombra el dominio que demuestras del cine, y del tema. Estoy impaciente por leer las otras 5 entradas. ¿Cuáles serán? El suspenso me mata.

Yo te recomendaría dos especiales: La ley del silencio de Marlon Brando, y El manantial de Gary Cooper. Creo que son las mejores sobre el particular.También te propongo La vida de los otros, una producción alemana que en cierto modo plantea el mismo caso de Harry el Sucio pero al revés: el problema del guardián de la ley en un régimen totalitario donde los inocentes carecen de protección frente a los abusos de poder del totalitarismo. Es curioso como presenta el dilema opuesto al de Harry. Y lo desarrolla muy bien.

Otro título muy bueno sería Tropa de Elite, una película brasileña muy interesante que nos muestra también una serie de dilemas morales, muy bien presentados al espectador, aunque más para que sea este el que dé una respuesta, que para darle un mensaje del director.

Dos títulos para finalizar; una película de Viggo Mortensen titulada Good que en mi opinión es todo un ejemplo de película fallida (el tema era soberbio: un hombre muy bueno que se afilia al partido nazi y termina alienado ante su ideología, la idea de "cómo fue posible que eso pudiera pasar, y porqué había gente buena que respaldaba a los nazis" era en sí misma un temazo muy interesante aunque difícil de manejar, pero el film fracasa a la hora de desarrollarlo. Sin embargo, un film fallido también puede ser muy interesante de analizar, y es un ejercicio cinematográfico muy estimulante intentar averiguar porqué la película no funcionó). Y R.A.F. fracción del ejército rojo una película casi documental sobre la historia de Baader Meinhof. En la película parece que nadie se salva de la quema y que nadie (menos quizá el personaje de Bruno Ganz) que por eso mismo podría ser un tanto interesante de tratar: porqué no hay nadie que haga la diferencia. Analizar una película así, donde parece que simplemente no hay nadie bueno, también podría quizá ser un ejercicio interesante para tí: espero que te estimule la idea de intentarlo a ver que sale.

Por supuesto, supongo que mantendrás los 5 títulos que ya has elegido de antemano, pero si visionaras los que te propongo, y reflexionaras sobre ellos, a lo mejor te sale otro artículo casi tan bueno como este...el mejor que he leído hasta ahora. Ruego a Dios que quede grabado en la historia de la Guillermocracia.

Mucha suerte y mucho ánimo.

Pascual Medina dijo...

1- los filmes sobre políticos suelen terminar mal. Que sorpresa.
2- no termine de verla completa.
3- esa película me hizo enojar con los cabronesdel pueblo. Esta gente. No vida el final.
4- la remake es buena pero no es exactamente memorable.
5- tuve pesadillas cuando era niño con harry y su 45 explotando mi corazón de un balazo.

Carlos Pelliser dijo...

Soberbia entrada, Guillermo, también me parece una de las mejores que he leído sobre el cine. Por cierto, es toda una sorpresa el enfoque que le das a Harry el Sucio, no se me había ocurrido verlo de esa manera, pero la lógica es notable.

Yo también te recomiento mucho La ley del silencio de Brando y Tropa de élite como dos películas muy a propósito para el tema. Me encantaría que las comentaras alguna vez. Estoy impaciente por saber que película de ciencia ficción has elegido.

Sin embargo, discrepo contigo en lo que dices de que "La segunda idea en cambio me parece más discutible. Hay ciertas cosas que son moralmente grises. Otras no lo son. Salvo que se trate de legítima defensa, matar a otra persona por regla general está mal. Ser un cochino traidor por regla general también lo es. Y así."

Toma como ejemplo precisamente la prostituta de A la hora señalada: tú mismo señalas que es más mujer que la esposa legítima y que "Pocas veces se revolcó tanto en el suelo, el contraste entre la persona decente por encima de su condición social, versus la persona acomodada para quien la decencia es sólo una pose".

De acuerdo.

Pero esa persona tan excelente...era una prostituta, así que había que preguntarse en primer lugar porqué siendo tan buena para decirle a la esposa legítima como debía comportarse...era en cambio tan mala para hacer lo mismo con su propia vida...ya que se ganaba la vida vendiendo su cuerpo al primero que pasaba.

Y eso demuestra...precisamente que el segundo argumenro, el de que

"Otra persona retrucó que el cine era simplista porque los buenos y los malos siempre están bien definidos, mientras que en la vida real las cosas son un poco más opacas y grises"

era mucho menos discutible de lo que parece, después de todo ¿No crees?

droxana807 dijo...

Pues a mí me parece que la primera opinión es la discutible: "en el cine ganan siempre los buenos porque en la vida ganan siempre los malos".
Antes que me acusen de ser una optimista incorregible, diré que todos sabemos que en la vida real no hay buenos ni malos. La humanidad no se divide en una mitad-ejército de malos incorregibles en lucha contra otra mitad-ejército de buenos igualmente impenitentes, sino que en cada persona, en cada corazón, y cada mente, el bien y el mal luchan eternamente. Perogrullada.
Lo que pasa es que tranquliza más verlo de la manera maniquea: Nosotros los buenos crisitianos contra ellos, los malos fundamentalistas islámicos. Cierto, nosotros hacemos alguna porquería de vez en ceundo, pero somos el bando de los buenos y por eso no importan mucho nuestros pecadillos sin importantia. Nostross los buenos blancos contra los malos negros, sí, también hay cada pillo entre nosotros, pero somos los buenos y por eso se nos perdona todo. Nosotros los socialdemocrátas contra los malos neoliberales, sí, a veces metemos la pata, pero somos los buenos siempre. Nosotros los hinchas del equipo de fútbol X contra los del Y. (Notarán que en religión, política y racismo no me he andando con chiquitas, mientras que en fútbol diplomáticamente digo equipos X e Y porque no quiero herir suceptibilidades). Es muy duro vivir en un mundo donde el bien y el mal son estrictamente individuales y mucho mas cómodo hacerlo en uno donde sean colectivos: así es más fácil hacer trampa. (Quizá por eso los moralistas colectivistas fanáticos de la "justicia social" odian tan a muerte el concepto individualista de responsabilidad personal).
De las películas sólo tengo pendiente caballero sin espada, me lo han recomendado mucho pero no me gusta ver pelíclas como un deber sólo porque te lo recomiendan en las redes. Casablanca me parece una película de propaganda, y Harry me pareció siempre odioso, pero ahora lo veo bajo otra luz. MUY BUEN POSTEO.

droxana807 dijo...

Por cierto, aquí hay un enlace donde tenemos un interesante debate sobre porqué Casablanca es una pelicula de propaganda. (No esta en la crítica a la película de la entrada, sino en los comentarios, pero es muy bueno, aunque un poco breve, recomiendo leer todo).

http://segundaguerramundialenelcine.blogspot.com/2011/04/sangre-sudor-y-lagrimas-in-which-we.html

Espero que lo encuentren interesante.

Gaby Fonseca dijo...

Mi ego aumenta cuando ya conozco algo de lo que usted Sr. Guillermo habla aqui en su blog jijiji

De esta lista solo me faltan de ver la 1 y la 4, aunque precisamente hace unos dias mire el capitulo de los Simpsons donde la parodian a la 1, me encanta el final y no se si en la pelicula sale pero es donde Bush dice "esto pondra feliz a mis jefes" y luego pregunta un tipo "sus jefes?" o algo asi y el presidente dice "si, tengo 250 millones de ellos" jajajaja que ironia!!

Y desde que iba leyendo la introduccion estaba pensando en Clint Eastwood, aunque pense mas bien en sus otras peliculas western no en Harry el Sucio.

Saluditos y que bien volver y ver tantas tantas entradas ^^ a leer !

murinus2009 dijo...

Caballero sin espada.
Solo he visto la parodia de los Simpsons, cuya resolución se me hace sacada de la manga (un agente del publico da la alerta de que "una niña pierde la fe en la Democracia" y todo se arregla: sin denuncia oficial, investigaciones, juicio, apelaciones),esta con Jimmy Stewart suena interesante.

Casablanca.
Hasta la fecha la tengo pendiente, solo me se, esa frase de: "Esto parece el inicio de una hermosa amistad" (¿o la frase es del Halcón Maltés, que tampoco he visto?) y la música.

A la Hora Señalada.
También la tengo pendiente, creo que en los Simpsons hay una parodia en la que Homero queda solo ante la Mafia y nadie quiere ayudarlo. excepto una persona.
Respecto al comentario de @Carlos Pelliser de que, la prostituta no se aplico lo de ser decente al ser prostituta, da para una Entrada completa. ¿Porque algún trabajo que depende de vender el cuerpo, en este caso la prostitución, se considera inmoral y otros que también dependen de vender el cuerpo como... casi todos, ejemplo: un futbolista o un porteador, no lo son? solo se me ocurre que porque, según algunas teorías, el Sexo promueve la Violencia, igual que se acusa al cine, la literatura, la tv. y es de alto riesgo medico y sombrío como: paramedico, enfermera, trabajador de un rastro, matancero, carnicero y...
¿Porque eso va a cambiar una afirmación que debe sostenerse por su propio peso,(que la esposa abandono al esposo a su suerte), no por el oficio de la persona que la dijo?.

El tren de las 3:10 a Yuma.
Vi la de Crowe y Bale, me gustó, me parece mas decente y honorable el bandido interpretado por Crowe, ya que actúa por puro honor, no tiene por que hacerlo, no ganara nada y de hecho se hecha encima a su propia banda, mientras que Bale estaba orillado porque tenia familia, problemas y todo lo demás, como darle ejemplo a su hijo, también esta el caso de unos alguaciles o algo así, que en un momento de definición, se comportan de manera nada decente.

Harry El Sucio.
Hace mucho que no la veo, me gusta mucho la cinta y el personaje, el problema del sistema que planteas aquí se parece a aquello de "Mas vale un culpable suelto que 1000 inocentes en la cárcel", aquí el culpable es un asesino psicópata al que le cuidan de no ser "maltratado-torturado" hay una teoría que dice que proteger los derechos de los delincuentes, evitar mano dura con ellos, limitar la legitima defensa, hasta facilitarles su libertad y hacer que la ciudadanía común, les tema (los Ricos y los Políticos tienen escoltas armadas y protección especial) es para hacer que la Sociedad dependa totalmente del Gobierno para su protección, como Esclavos de un Amo.

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