domingo, 30 de abril de 2017

¿Qué queda de los cool culturetas corporativos?


Hace aproximadamente cinco años atrás, acá en la Guillermocracia, escribíamos un posteo acerca de los C.C.C., nuestra muy poco afectuosa manera de referirnos a los Cool Culturetas Corporativos, esos raros bichos que surgieron en los albores de la blogósfera y las redes sociales, y que eran una especie de rebeldes domesticados, así tan contradictorio como suena. Los Cool Culturetas Corporativos, recordemos, eran la clase de chicos cool porque pertenecían a la nueva generación de consumidores de cultura popular que la asumían desde lo ñoño y lo friki. Era la generación que había crecido un poco a la sombra de ciertos modelos de lo que debía ser cultura: el Boom Latinoamericano con cosas como Cortázar o García Márquez, la música de raíces latinas, etcétera. Y resintiendo esta sombra. Un movimiento de repudio que ya había sido preludiado en el título de un libro de Alberto Fuguet, que no se llamaba Macondo como el poblado de Cien años de soledad, sino McCondo como una Latinoamérica colonizada por el imperialismo cultural de Estados Unidos. Los C.C.C. fueron más allá, y ya no se plantearon desde la rebelión contra ese modelo, sino desde la ignorancia y el ninguneo al mismo.

Si tuviera que fijar una línea divisoria de las aguas como fecha, diría que la línea de largada para el Cool Cultureta Corporativo, debemos ubicarla en el estreno de El Señor de los Anillos en los cines, en 2.001. Hasta el minuto, la cultura friki estaba relegada a circuitos fuera de lo que el academicismo consideraba como cultura. Había casos de obras frikis que llegaban hasta el academicismo, pero siempre expurgándola de su frikismo: así, era clásico considerar que Crónicas marcianas era "Literatura, y no sólo Ciencia Ficción", o que 2001: Odisea del espacio era "Cine, y no sólo Ciencia Ficción", como si lo literario o lo cinematográfico fuera la oficialidad y lo friki fuera la marinería bruta de los niveles inferiores de la nave. En ese sentido, la trilogía fílmica de Peter Jackson significó una especie de asalto a los cielos, en particular luego de que El regreso del rey fuera recompensada con extraordinarios once Oscares que le taparon la boca a todo el mundo; con ello, el frikismo de pronto se convirtió en respetable. De pronto, para sacar patente de cultureta no era necesario leer a tipos como Salinger, Bukowski o Loriga y sus descripciones de sórdida suciedad social; ahora podía sacarse patente de cultureta a partir del manga y el anime, la Fantasía y la Ciencia Ficción. Fenómenos que diez o veinte años antes hubieran sido carne de ghetto, como Battlestar Galactica o Lost, ahora por el contrario eran alabados y encumbrados hasta lo más alto. Y en medio de todos ellos surgió... el Cool Cultureta Corporativo.

El Cool Cultureta Corporativo fue la enésima versión de un viejo cuento: un fenómeno social surge en la periferia de la sociedad, como un gesto de abierta rebelión en contra de los estándares de dicha sociedad, y cuando adquiere una determinada masa crítica, la sociedad prefiere lidiar con el problema asimilándolos. La idea es transformar a los tiñosos gatos salvajes en mullidos felinos de chalet, siempre rebeldes y siempre deseosos de hacer su propio gusto, pero ahora desde el infantilismo y desde proveerles todo el material. Así surgieron tipos que empezaron a pontificar acerca de frikismo, transformados en fenómenos sociales, hablando de infracine coreano o japonés, de manga que nadie había leído o anime que nadie había visto, de películas de culto de los últimos treinta o cuarenta años en Estados Unidos, de cómic europeo, etcétera, pero siempre desde el ángulo efectista, desde lo cool, porque recordemos, el Cool Cultureta Corporativo no ha sido reclutado por el establishment para pensar ni para hacer pensar, sino como parte del espectáculo, del simulacro y de la imagen. De películas como Akira, por ejemplo, no se destacan la potente parábola política ni la crítica social, sino lo bulboso que es el monstruo que aparece al final o lo bestiales que son las explosiones.

Pero hoy en día, ya entrando en la segunda mitad de la segunda década del siglo XXI, el Cool Cultureta Corporativo parece haber desaparecido del horizonte. El posteo de marras que refería, tiene cerca de media década, ya lo decía, y en ese entonces, el Cool Cultureta Corporativo era todavía una presencia bien visible. En cambio, ahora... ¿Qué sucedió con ellos...?

En lo personal, creo que el Cool Cultureta Corporativo está en peligro inminente de extinción, nivel CR o EW en la escala del estado de conservación, debido a la propia dinámica social de Internet. Simplemente, el Cool Cultureta Corporativo ya no tiene razón de ser, en la era de lo que alguna vez se llamó la Web 2.0. Cambiaron los Cool Cultureta Corporativos, cambiaron las corporaciones, y cambió la misma audiencia.

El principal cambio de las audiencias, es que se empoderaron. El surgimiento de las redes sociales, con el estallido y contracción de la blogósfera primero, de Facebook después, y de Twitter al último, llevó a una revolución significativa. Antaño, los consumidores de Internet eran pasivos por necesidad. Hasta 2.005, año más o año menos, montarse un sitio web era un infierno. O se tenía un servidor propio, o se arrendaba un servidor en alguna parte, o si se trabajaba en una universidad, se aprovechaba la capacidad de espacio que quisiera darle el establecimiento de marras. Una vez conseguido el espacio, había que programar el sitio, y para eso había que saber lenguaje HTML. Una pesadilla. No cabe duda entonces de que los pocos elegidos para la gloria que conseguían montar un sitio, en particular en terrenos tan poco habitados como lo era la cultura friki, tendían a transformarse en gurúes casi por defecto, porque no había nadie más entregando información o comentando sobre ciertos temas.

El surgimiento de la Web 2.0 llevó a que, por primera vez, montarse su propio lugar en Internet fuera la cosa más sencilla del mundo. Crearse un blog era cosa de inscribirse, hacer algunas opciones, y luego ponerse a publicar. En Facebook, crearse un perfil propio es tan simple como registrar un nombre y una contraseña, y luego, pueden crearse páginas con grupos de interés. Y en Twitter, ya ni hablemos. De pronto, hubo una avalancha de usuarios que ahora ya no consumían contenidos ajenos, sino que también creaban los suyos propios. Que en la mayoría de los casos esos contenidos sean basura pura y dura, como por ejemplo tu amigo de Facebook que siempre le saca fotos a la hamburguesa que está por almorzarse, no obsta a lo ya dicho: el caso es que cada usuario de Internet ahora es casi por defecto no solo un consumidor, sino también un productor de contenido. De pronto, volverse un gurú friki era mucho más difícil, en primer lugar porque todo el mundo podía ahora crear contenidos con los cuales hacerse gurú... y en segundo término porque precisamente por lo mismo, había mucho menos interés en seguir a otros gurúes que transformarse uno mismo en gurú.

De parte de las corporaciones, por su parte, el surgimiento de las redes sociales motivó un cambio importante en la manera de vender los productos. Las corporaciones más interesadas en promover a los Cool Culturetas Corporativos eran las que se relacionaban con la industria de contenidos. Así, por ejemplo, una empresa de cable podía contratar a un Cool Cultureta Corporativo como gurú, y cuando llegara el minuto de emitir la nueva temporada de Battlestar Galactica o de Lost, sigamos con los mismos ejemplos, era cuestión de ponerlos a postear acerca de las series, de lo buenas que eran, y de las temporadas. En el fondo, contrataban a los Cool Culturetas Corporativos para que escribieran infomerciales disfrazados de artículos más o menos objetivos, y que machacaban de manera más o menos subliminal un mismo mensaje: nuestro producto es lo máximo porque es muy friki, todos lo van a ver y yo que soy el gurú también lo voy a ver, y por lo tanto, si no lo ves te vas a quedar fuera de la onda.

Pero luego, vino la cultura del click y del like. La posibilidad de crear perfiles para acceder a las redes sociales permitió comenzar la potente industria de la minería de datos de los usuarios. Gracias a ello, era posible vender el producto de manera mucho más precisa, casi como un misil teledirigido. Lo que era una especie de pesca con red, en donde se echaba la misma al agua para ver cuántos peces salían, se transformó en una especie de pesca con mosca, o mejor aún, de pesca con arpón, en donde se dirige éste contra el blanco específico que se busca. Además, los propios usuarios al darle al botón me gusta y compartiendo, estaban haciendo implícitamente publicidad del producto. El resultado es que, de pronto, el Cool Cultureta Corporativo contratado como gurú para guiar a las masas, era un paso innecesario en el proceso. En vez de eso, la corporación podía subir el nuevo material en forma de video promocional en YouTube, por ejemplo, sin que ningún gurú lo recomendara, y las masas solitas iban a empezar a compartirlo, sea insertándolo directamente en sus propias redes sociales, sea haciendo saber a otros que existe vía que los otros vean que el usuario apretó el botón me gusta.

Y por último, el propio Cool Cultureta Corporativo sufrió un relevo generacional. El Cool Cultureta Corporativo promedio era un Generación X o un miembro de la parte temprana de la Generación Y, o sea, un nacido entre 1.970 por un lado, y 1.985 o 1.990 por el otro. Era un personaje que no era exactamente un nativo digital, sino un inmigrante digital, y por lo tanto, tenía un respectivo carácter oracular respecto de sus pares, porque era el que primero probaba el nuevo cacharro computacional, o el que primero veía tal o cual serie o película. Además, para ser un Cool Cultureta Corporativo, debía mantenerse en una cierta posición un tanto infantiloide. Como lo hemos dicho, el chiste del Cool Cultureta Corporativo es vender humo y espejos, no reflexión. Y por supuesto, el grueso de las personas tienden a madurar con el paso del tiempo, incluso los Cool Culturetas Corporativos. Ahora, es casi imposible que ellos puedan dárselas de jovencitos, porque ahora el Cool Cultureta Corporativo ha pasado a ser un personaje de mediana edad, y sus referentes culturales ya no son los mismos de las nuevas generaciones que, por supuesto, son el mercado más atractivo para las corporaciones productoras de contenido. ¿Qué puede decir un Cool Cultureta Corporativo anclado en los goonies, en los gremlins, en los cazafantasmas o en Volver al futuro, que pueda tener algún interés para las nuevas generaciones criadas con Harry Potter, Crepúsculo, o las películas de la Marvel...? Probablemente nada. En particular si se piensa que la premisa de una película tan cool como Volver al futuro era que un adolescente ochentero volvía en el tiempo treinta años para reencontrarse con sus padres y eso era viajar a la prehistoria... y en 2.015 se cumplieron treinta años de esa película y por lo tanto ahora es prehistoria la propia película original, hasta el punto que si se rodara un remake ambientado en la actualidad, el protagonista debería viajar... a la era de la primera película.

Pero hay más. Podría pensarse que la primera hornada de Cool Culturetas Corporativos envejeció, pero que podrían llegar nuevos de recambio, ¿no? Sí... pero no. Porque el mismo recambio generacional, se relaciona con una nueva dinámica, una nueva manera de relacionarse con los computadores. En la época en que los Cool Culturetas Corporativos caminaban sobre la Tierra, más o menos en la primera década del siglo XXI, todavía existía una cierta verticalidad en las relaciones de Internet. Estaban los productores de contenidos, una casta especializada todavía, y los consumidores puros y duros. Pero en la actualidad, con la cultura del compartir vía botón me gusta, los nativos digitales viven en una cultura de la horizontalidad digital. Los millennials ya no reconocen superioridades externas que ellos mismos no admitan como tales. O bien, pulido un poco mejor el concepto, la superioridad jerárquica viene sancionada por una concepción democrática en donde el propio nativo digital, al darle like a una persona, reconoce una cierta relación de jerarquía democrática. El mensaje al darle al botón de me gusta viene siendo algo así como: "Comparto tu contenido porque reconozco que tu contenido es bueno y mejor de lo que yo podría haberlo hecho por mi mismo, pero este reconocimiento me da una autoridad que es igual a la tuya, porque yo tengo el poder para darte o negarte popularidad vía elegir o no elegir si comparto tu contenido o no". Entre los millennials, los códigos de reconocimiento funcionan de manera distinta, porque elevar a otra persona en nivel jerárquico lleva también a una elevación propia en el nivel jerárquico. Antiguamente se reconocía a un gurú, y había una suerte de subordinación intelectual al mismo; en la actualidad, en la cultura del botón me gusta, hay una suerte de alzamiento mutuo. Esto es bien visible, por ejemplo, en la retroalimentación entre usuarios, en donde si un usuario comparte el contenido de otro, y ese otro a la vez no comparte el del primer usuario, éste probablemente desista de seguir compartiendo dicho contenido.

Y dentro de esta cultura, por supuesto, no puede surgir ningún gurú, o al menos, ninguno en el sentido clásico del término. Lo más cercano a un moderno gurú que es posible encontrar en las redes sociales, son los youtubers. Y sin embargo, aunque algunos youtubers son muy seguidos y se vuelven celebridades, e incluso YouTube les paga millones por seguir creando contenidos, su liderazgo es increíblemente volátil. Dentro de la cultura del consumo rápido de Internet, muchos youtubers surgen y son compartidos por el factor novedad, y luego, pasado el mismo, y ante la imposibilidad obvia de que el youtuber pueda compartir el contenido de todos sus seguidores, o a lo menos una importante proporción de los mismos, los seguidores terminarán por abandonarlo, y volverse hacia otros contenidos. Sólo aquellos contenidos muy trabajados, como por ejemplo Honest Trailers o Everything Wrong With, por mencionar dos que consulto con regularidad, pueden llegar a mantenerse en el tiempo.

De esta manera, curiosamente, el mismo fenómeno social que surgió de la mancomunión entre la nueva respetabilidad de la cultura friki, y el ascenso de Internet como moderno medio de comunicación, que posibilitó el surgimiento de los Cool Culturetas Corporativos en primer lugar, acabó por producir su extinción cuando siguió adelante. Así, el Cool Cultureta Corporativo aparece en retrospectiva como una especie de criatura cuyo ecosistema era la fase de transición desde la antigua cultura vertical de contenidos, a la actual cultura horizontal de los mismos. El Cool Cultureta Corporativo no murió por el fracaso del modelo de cultura vía Internet que lo acogió al nacer, sino por el contrario, porque el éxito de dicho modelo y su profundización lo transformaron en una reliquia del pasado, condenado a desaparecer, devorado por los propios hijos a quienes ayudó a parir.

El Cool Cultureta Corporativo se parece así al viejo pistolero del Far West, que surgió como consecuencia colateral de llevar la civilización occidental a las planicies de Estados Unidos, y luego, cuando el éxito de llevar dicha civilización llevó a su profundización, de pronto el pistolero se transformó en un indeseable que, o se reconvertía, o se extinguía. El Cool Culturetismo Corporativista fue así una fase tan transitoria entre la cultura anterior a Internet y la moderna cultura de redes sociales, como el Far West fue una fase transitoria entre la barbarie de las tribus seminómades, y la moderna civilización de ciudades y autopistas de concreto y hormigón.

Creo que todo lo anterior se hizo evidente por primera vez con Game of Thrones. Aunque se considera que la llamada Edad de Oro de las Series de Televisión empezó con Los Soprano, lo que nos retrotrae hasta 1.999, lo cierto es que salvo casos como House, 24 o Lost, el grueso de las series consideradas como de qualité en la época debían ser propulsadas por los Cool Culturetas Corporativos. Game of Thrones, y a renglón seguido The Walking Dead, son probablemente las primeras series de temática friki, Fantasía Epica y zombies respectivamente, que nadie considera como tales, sino como productos culturales mainstream. En consecuencia, fueron las primeras series que se vendieron de manera amplia por las redes sociales y sin necesidad de gurúes de por medio... y lograron ser más que meros productos de nicho. Nótese por ejemplo que Game of Thrones es en lo esencial una sucesora espiritual de Los Tudor, en el sentido de seguir una fórmula que mezcla historia de época (época real o ficticia, eso sí), intrigas palaciegas, y subidas dosis de guapas luciendo carrocería. Pero aunque exitosa en su día, Los Tudor nunca consiguió transformarse en un fenómeno de masas al nivel de Game of Thrones. El hecho de que los Cool Cultureta Corporativos ya no fueran necesarios para vender un producto que parecía tan condenado a ser de nicho como Game of Thrones, marcó en cierta medida el inicio del fin para éstos.

Uno podría argumentar que, desde cierto punto de vista, la propia Guillermocracia aparece así como una empresa anticuada, y yo, su Director Supremo, como el último de los Cool Culturetas Corporativos. Pero no creo que sea el caso. Una característica basal del Cool Cultureta Corporativo era la superficialidad, el afán por el espectáculo. Nosotros somos de una raza diferente. Una preocupada por la reflexión y el análisis. Eramos minoría en la cultura anterior a Internet, y seguimos siéndolo en la actualidad. Es natural: siempre es más fácil para las personas dejarse llevar por opiniones ajenas, que reflexionar y formarse las suyas propias. Pero los que intentamos reflexionar sobre el mundo y sus demonios un poquito más allá de la superficialidad del Cool Cultureta Corporativo, cumplimos una misión importante. Nosotros somos la conciencia crítica del mundo, y somos necesarios porque nada genera resultados tan nefastos como el pensamiento unidireccional que produce el refuerzo de grupo. De manera que nosotros seguiremos aquí. Yo mismo, no sé por cuánto tiempo más, si sólo por mañana o si por los siguientes treinta años; pero no me cabe duda de que si abandono por cualquier motivo, habrán otros que tomarán la bandera, así como yo la tomé de gentes anteriores. Eso nos diferencia de los Cool Cultureta Corporativos, que no tomaron su bandera realmente de nadie, y tampoco han tenido a alguien para legársela. No somos tan populares, no somos gurúes, pero ponemos nuestro grano de arena para que el mundo sea un poquito menos a la imagen de la superficialidad friki de los Cool Cultureta Corporativos, y un poquito más amistoso con principios básicos de dignidad, decencia y humanidad.

5 comentarios:

Erika Dellafrancesca dijo...

La Guillermocracia tiene tan pocos comentarios en cantidad como buenos en calidad, y por eso, y por eso ya es diferente. (Bravo)

Por cierto, muy buen análisis. Pero yo diría que todo lo que dices es más una consecuencia del libre mercado que actualmente hay en la red, lo que significa que el laziez faire tan odiado y satanizado por todo el mundo, resulta que, en la red, por lo menos, funciona muy bien. Sería interesante investigar cuánto del odio al lazies faire se debe precisamente a los diferentes casos (variantes y subvariantes) hay del "pistolero del Far West, que surgió como consecuencia colateral de llevar la civilización occidental a las planicies de Estados Unidos, y luego, cuando el éxito de llevar dicha civilización llevó a su profundización, de pronto el pistolero se transformó en un indeseable que, o se reconvertía, o se extinguía".

Creo que son todos esos diferentes casos de "elementos" superados por el mismo laziez faire los que odian a muerte al laziez faire y le hacen propaganda negra a morir. Resentidos vengativos que simplemente no supieron adaptarse.

Pero si son muchos...constituyen un buen ejemplo de lo que Engels llamaba la ley de la diálectica: la cantidad que se termina convirtiendo en cualidad.

Erika Dellafrancesca dijo...

Pd. Sí ya sé que esta mal escrito: se teclea laissez faire pero puse una pequeña trampa a ver si alguien me corregía la ortografía...sin hacer ningún aporte intelectual a NADA de lo que yo había escrito. (Y así poder burlarme luego de que sólo habían captado el error en las letras, sin haber analizado nada de nada del contenido escrito: burlarme de los criticones del continente incapaces de criticar el contenido es uno de mis viejos vicios)

Pero luego me arrepentí.

Creo que era una trampa demasiado malintencionada. Caería demasiada gente.

murinus2009 dijo...

Desde hace tiempo arrastro la duda de si los culturetas, los hipsters y los cool culturetas corporativos son lo mismo, o son 3 clases diferentes.

Por lo que mencionas Guillermo, la extinción de unos no es necesariamente la extincion de los otros 2 grupos, con lo que la duda, queda mas o menos resuelta.

Definitivamente espacios como la Guillermocracia son de un material diferente, no hay muchos espacios en Internet en que promuevan la Cultura (alta o popular), el pensamiento Racional Ilustrado, el Análisis y el Entretenimiento de Calidad, todo en un solo espacio y con un aprecio máximo por los lectores y el material escrito, si, yo soy de los que deseo otros 30 años, mínimo, de este Genial espacio, que seguro vera el surgimiento auge y caida un montón de modas y "sabores del mes".

Muy notable e inteligente lo que dice @Erika Dellafrancesca, sobre el "dejar hacer dejar pasar", como eso es algo que posiblemente eliminó a los cool culturetas corporativos y tambien sobre, la ley de la dialectica de Engels, que nunca habia escuchado, aquello de:
"La cantidad que se termina convirtiendo en cualidad".
Yo solo conocía aquello de "cantidad no es calidad", esto de Engels es nuevo para mi.

¿Que tanto aplicará el Darwinismo en el Internet? hay miles de millones de espacios con información irrelevante y apenas un puñado que contienen información de gran calidad e interés como la Guillermocracia,
El filtrado parece del orden de un millón a 1, por 1000 000 de espacios insulsos, hay 1 espacio dedicado a Investigación Científica, Análisis o Creación original de calidad, el aumento de acceso a la tecnología parece aumentar mas el lado irrelevante.
Espero que espacios como la Guillermocracia se multipliquen y que los que tomen el relevo de espacios como este, (día que espero no ver), sean varios, de igual o mejor calidad si es posible.

Guillermo Ríos dijo...

@Erika_Dellafrancesca, mi crítica personal en contra del laissez faire como política viene dada por el resultado paradójico de que el resultado final de la libre competencia es la creación de grupos de poder que son demasiado grandes para caer, y que por tanto, le ponen fin a la libre competencia, o al menos, la restringen de una manera que le es muy difícil a nuevos actores el entrar en competencia.

En el caso de los opinólogos de Internet funciona bien porque al existir costos relativamente bajos, versus beneficios también relativamente bajos, cualquiera puede transformarse en uno. A veces surgen gentes como los yutúberes famosos que arrastran gentes, pero no a un nivel que vayan a convertirse en una oligarquía o algo así.

Por cierto, será interesante ver cómo evoluciona eso en el futuro. Me recuerda lo que sostenía Isaac Asimov, que en la época de los Futurianos en que él comenzó, ser friki de la Ciencia Ficción era un tema de nicho, con muy pocos beneficios, pero también bajísimas barreras de entrada. El mismo no creía poder hacerlo en la década de 1.970, cuando los derechos por la siguiente novela de Ciencia Ficción ya se transaban en sumas millonarias, existía toda una institucionalidad de revistas, organizaciones, etcétera.

Y es lo que también le sucederá a la Guillermocracia, si sigue creciendo. Los primeros comentaristas tienen ya ganado su listón de oro, pero quienes lleguen después, y de más lejos, lo tendrán cada vez más difícil para hacerse oir y crearse un lugarcito, por un simple tema de números.

@murinus2009, ya llegamos al séptimo año y estamos trabajando por el octavo, así es que... quién sabe, a lo mejor sí estamos aquí en treinta años más.

Lo de la democracia y el darwinismo en Internet, hay que tomárselo con cuidado. Si hay millones de espacios con información irrelevante, es porque en principio hay millones de gentes que son ellos mismos irrelevantes; esos espacios no se construyeron solos, después de todo. Pero esas gentes están ahí, votan, van al trabajo, mantienen andando la Economía... Como decía el bueno de Asimov, que algo sea popular no quiere decir que sea bueno, sólo dice algo respecto de la gente.

murinus2009 dijo...

Lo que comentas de Asimov sobre: lo popular y lo que dice de la gente, a su vez me recuerda algo que se le atribuye a Clive Barker el de Hellraiser, el decía:

"La Televisión es el invento de comunicaciones perfecto, es: barata, accesible todo mundo lo puede usar, puede darle a la gente lo que quiere, el Problema es ese:
Lo que quiere la Gente."

Comentando yo esto una vez, otra persona replico:
"No es que la gente, lo quiera, es que la han manipulado para que lo quiera"
lo que plantea 2 Cuestiones quizá insolubles:

1.-¿El sistema es en verdad tan poderoso para manipular así a miles de millones? si lo es, entonces no hay mucho que hacer.

2.-¿La gente es tan simple para dejarse manipular tan fácilmente? si es así se vuelve a lo anterior no hay mucho que hacer.

Por lo demás, me parecen Cuestiones Interesantes para tratar de Resolver.

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