martes, 4 de abril de 2017

Los 12 personajes de mayor impacto en la Historia Universal (1 de 3).


Una cita más o menos conocida de Lamartine, el escritor, historiador, filósofo y peligroso agitador disidente francés, reza así: "Si la grandeza del propósito, la pequeñez de los medios, y la inmensidad de los resultados son las tres medidas del genio del hombre, ¿quién podría comparar humanamente a un gran hombre de la Historia moderna con Mahoma?". Con independencia de si uno siente simpatías o antipatías por el Islam, lo cierto es que razón no le falta a Lamartine. El hombre fue un comerciante que cuando se puso a predicar, tuvo que salir escopetado de La Meca... y hoy en día, milenio y medio después, una quinta parte de la población mundial sigue sus enseñanzas. No es poco. Pero si este francés postulaba como personaje histórico de las ligas mayores a ese musulmán, otros han postulado sendas hagiografías sobre otros personajes. O como la Revista Time, que postula a un Hombre del Año todos los años. Aunque ese Hombre del Año a veces seas , como en 2.006, o los manifestantes, como en 2.011. Y aquí en la Guillermocracia no queremos ser menos, así es que también haremos nuestro propio listado de los grandes próceres cuya obra cambió al mundo. Porque no nos atrevemos a considerar a uno en particular como el más grande y el mejor, por mucho que hayan serios candidatos como Muhammad Ali, que se consideraba como el más grande y el mejor, aunque no el más listo según él mismo dijo, o como Zak Tell, el hombre que cantaba la hilarante The Biggest and the Best mientras era el vocalista de Clawfinger.

De manera que para apostar sobre seguro, postularemos a una docena de ellos. Nuestros criterios serán algo disímiles a los de Lamartine. Para elegir a nuestra docena de potenciales candidatos a The Real And Historical Avengers, nos fijaremos en qué tan revolucionarios fueron sus proyectos para la época en que los ejecutaron, así como en la cantidad de gente que vino detrás, secundándolos. Porque no sirve de nada tener una idea que cambie al mundo, si no hay gente que la tome para, ya saben, cambiar de manera efectiva el mundo.

Eso significa que la lista sorprenderá a más de alguno. Por ejemplo, algunos considerarán que, lo adelantamos, no incluir ni a Jesús de Nazaret ni a Cristóbal Colón en la lista, es algo rayano en la blasfemia. Después de todo, uno fundó el Cristianismo, probablemente la religión más importante en la Historia Universal aunque sea porque era la fe llevada a otros países por todas las potencias imperialistas desde el siglo XVI en adelante, y el credo más popular en casi todas las grandes potencias que son alguien actualmente en la geopolítica mundial. Y el otro fue el que descubrió América, según los europeos, o inauguró el contacto entre las dos mitades del mundo, según los americanos; la Historia Universal, ya lo sabemos, tiene su buen punto de perspectivas e interpretaciones. Y sin embargo, los motivos para no incluirlos en el listado es algo que explicaremos en su minuto. Lo que tienen en común esta docena de personajes, los que sí hemos elegido, es que su obra tuvo un impacto prácticamente universal, hasta el punto en que la obra del grueso de ellos, si no todos, siguen afectándonos hasta el día de hoy, en nuestro pensamiento, mentalidad y costumbres.

Por supuesto, no queremos apoyar la tesis heroica de que "la Historia la hacen los grandes personajes". En muchos casos hay tipos geniales dando vueltas allá afuera, pero no tienen el talento, los recursos o la habilidad para hacerse oir. ¿Leonardo da Vinci, alguien? El hombre fue uno de los mayores genios de todos los tiempos, de eso no cabe duda. Pero, ¿revolucionó el mundo? Probablemente no. Se destacó principalmente por sus pinturas, las cuales siguen contándose entre las más grandes obras plásticas de todos los tiempos, y con justicia. Pero las mismas fueron el resultado de una larga evolución estilística que venía desde mucho antes, y no representaron un giro en la Historia hacia ninguna parte; el arte, de hecho, un par de décadas después de su muerte había corrido hacia los muy diferentes caminos del Manierismo. ¿Su obra como ingeniero, científico e inventor? En su día no hizo nada de ruido, y cuando llegó a ser descubierta de nuevo, casi todas sus ideas habían sido desarrolladas por otros personajes de manera independiente. No basta con ser el primero en tener una idea revolucionaria, ni basta con ser un gran personaje: también hay que saber vender la idea para que ésta cambie al mundo. Parece ser más cierto eso de que la Historia la hacen los pueblos, porque éstos en definitiva, al seguir al personaje histórico, evitan que sus aportes caigan en el vacío, y hacen bueno su trabajo revolucionario.

Por otra parte, tampoco queremos caer en la trampa de considerar a estos doce grandes personajes históricos como tan geniales, que sin ellos todavía seguiríamos en el Medioevo, la Edad del Bronce o viviendo en cavernas. Es altamente probable que sin ellos, y en condiciones similares, alguien más hubiera terminado por realizar una obra similar, porque las ideas y los proyectos están ahí afuera, sólo esperando a que alguien tenga la inteligencia o habilidad para llevarlos a cabo. Pero resulta que no fueron otros sino ellos quienes los ejecutaron, y al hacerlo, fueron ellos quienes cambiaron el rumbo de la Historia Universal y definieron la marcha de las civilizaciones e incluso del planeta, hasta el mismísimo día de hoy. La Historia vive así en constante tensión entre el ser humano que consigue ir más allá de sí mismo y guiar a las masas por un lado, y las masas que están dispuestas a seguirlo y auparlo a la cima por el otro, en una relación simbiótica de la que los grandes hombres no pueden escapar, si quieren dejar su huella en la Historia.

Por supuesto, como cualquier lista, existe un cierto grado de subjetividad en la misma. Pero para eso están los comentarios: para estar de acuerdo o en desacuerdo, matizar, postular otros nombres, etcétera. No creo en la teoría de que la Historia Universal es ante todo interpretación, porque siempre hay unos hechos objetivos, más o menos establecidos a según nuestro conocimiento histórico, a los cuales atenerse. Pero en materia de valoración histórica siempre se puede argumentar, y cualquier lista de este tipo, es ante todo valoración. Con tal de que los argumentos se basen en hechos, razones, lógica, etcétera, y no en el "no me gusta tu lista, eres un estúpido porque yo tengo a otros personajes, y yo soy tan estupendo que yo tengo razón y tú no", los apuntes y comentarios son bien recibidos. Dicho lo cual, podemos partir con la lista de los doce personajes históricos que, en mi opinión estrictamente personal, son quienes tuvieron un mayor impacto en la Historia Universal.

1.- Isaías.

Existen muchos fundadores de religiones allá afuera que vivieron hace milenios, pero su obra se extendió a los límites locales de un estado parroquial, como el caso de Moisés entre los hebreos; la Ley Mosaica, no lo olvidemos, durante siglos apenas se aplicó a los reinos hebreos de Israel y Judá, hasta que la Diáspora de los judíos en tiempos del Imperio Romano eliminó el elemento nacionalista en el Judaísmo. Luego vino el Sionismo, pero eso es otra historia. O la obra de estos reformadores o fundadores de religiones pretendía ser universal, pero por un motivo u otro acabó teniendo una vigencia modesta, como ocurrió con Akenatón entre los egipcios, que intentó implementar el culto monoteísta al dios Atón, sólo para que después de su muerte, Amón y el resto de los dioses egipcios con sus revoltosos sacerdotes, volvieran por sus fueros. Pero a través de una larguísima evolución, desde ciertas religiones parroquiales de un solo Estado acabaron surgiendo las grandes religiones universales de la actualidad. Las del tronco abrahámico, por ejemplo: el Judaísmo, el Cristianismo, el Islam, y las varias congregaciones periféricas cuya adscripción a este tronco es un poco más dudosa. Una característica común a prácticamente todas las religiones abrahámicas, es la creencia de que un nuevo y mejor mundo vendrá de la mano de Dios, que obrará a través de un mesías; dicho mesías cambiará por completo la Historia y hará venir nada menos que el fin de los tiempos, algo nuevo en las religiones de la época en que surgió el Mesianismo como concepto. Y en las religiones abrahámicas, ese mesianismo está íntimamente vinculado a la Dinastía del Rey David. Por lo tanto, el hombre que fundó el Mesianismo Davídico, acabó por crear la bisagra a través de la cual la oscura religión parroquial de una tribu medio perdida en el Medio Oriente, los hebreos, acabó por transformarse en la más que quizás es la más importante fuerza espiritual de la Historia Universal. Y sea que lo haya inventado de la nada o que haya desarrollado ideas preexistentes, este creador del Mesianismo Davídico fue un profeta que vivió en el siglo VIII a.C., llamado Isaías.

El siglo VIII a.C. fue duro para los hebreos. Tres siglos antes, bajo el gobierno de David y Salomón, una monarquía hebrea unificada había sido la principal potencia política del Medio Oriente; si le debemos dar crédito en esto al Libro de Reyes, sus fronteras iban desde Egipto hasta el Eufrates, o sea, todo lo que hoy en día es Palestina y Siria. Por supuesto, los hebreos aprovechaban el vacío político dejado por el repliegue de Egipto y Mesopotamia, pero aún así. Pero en el siglo VIII a.C., los hebreos estaban divididos en dos reinos, Israel al norte y Judá al sur. Para peor, en 721 a.C. los conquistadores asirios destruyeron Israel; sólo sobrevivió Judá. Isaías parece haber predicado poco antes de la caída de Israel, y ya en ese tiempo, las cosas pintaban mal para Judá. Isaías parece haber sido un profeta cortesano, y los reyes de Judá le pedían consejo de la misma manera en que hoy en día, los políticos le piden consejo a los economistas o a los enchufados de los think tanks; sobre quién sabe más sobre algo, si los profetas, los economistas o los enchufados de los think tanks, eso se lo dejo a la discreción del lector. Isaías estaba interesado en fortalecer el poder de la monarquía que gobernaba desde Jerusalén, la capital de Judá, y que tenía un estatus especial no sólo por motivos políticos, sino también porque era la ciudad que el añorado Rey David había conquistado y elegido como sede de su gobierno. Y para fortalecer la monarquía judaica en Jerusalén, Isaías inventó, o al menos le dio su forma actualmente reconocible, a un concepto nuevo: la idea de que iba a venir un mesías restaurador del pueblo hebreo, y éste iba a descender genéticamente del rey David. No hay que ser un genio para leer entre líneas, las consecuencias políticas de este credo religioso.

Podría pensarse que el concepto del Mesianismo Davídico estaba condenado a desaparecer si es que Judá era barrido del mapa, como en efecto sucedió cuando el Imperio Caldeo arrasó Jerusalén en 587 a.C. Pero la idea de Isaías demostró tener una supervivencia extraordinaria. Cuando vinieron los cristianos, más o menos ocho siglos después, tomaron la idea del mesianismo y la reconvirtieron en un mensaje de salvación universal, con Jesucristo entronizado como el descendiente de David que ha traído la salvación para el género humano. La noción de que los hebreos eran un pueblo elegido es anterior a Isaías, por supuesto, pero Isaías creó, o al menos le dio forma, a las herramientas teológicas que permitieron amarrar los conceptos de pueblo elegido, mesianismo y Divinidad, y estos conceptos son exactamente los mismos que gravitan en todos los fenómenos mesiánicos de las religiones abrahámicas. Esto fue tan así, que los primeros cristianos tuvieron que construirse toda una teología nueva según la cual el Pueblo Elegido ahora no eran los judíos, sino los que seguían a Jesucristo, porque a través suyo, Dios había celebrado un segundo (y definitivo, según los cristianos) pacto con la Humanidad. Y si no les parece, no digan nada en mi contra, que yo sólo soy el mensajero aquí. En cualquier caso, aunque construyó sobre la obra de Moisés, Isaías lo sobrepasó de largo, abonando el terreno para que viniera la prédica de Jesucristo y los apóstoles primero, la de Mahoma y el Islam después, y la de una caterva de otros mesías, predicadores y reformadores religiosos de mayor o menor calaña al último. Incluyendo incidentes que serían bochornosos de no ser por la tragedia. ¿Recuerdan por casualidad a David Koresh, el líder de la secta en Waco que llegó a su fin en un tiroteo policial en 1.994? El nombre original de Koresh era Vernon Wayne Howell; adivinen por qué se hizo llamar David. Y mucho me temo que, probablemente, no va a ser el último de la lista.

2.- Tucídides.

Se suele mirar a los griegos como padres de muchas cosas de la cultura moderna, incluyendo la Filosofía y la Democracia, pero ésta es una afirmación que debemos relativizar. Lo que los griegos entendían por Filosofía y por ciencia, desde los tiempos del Racionalismo Jónico por lo menos, es radicalmente distinto a nuestras concepciones sobre la misma; el verdadero origen de la ciencia moderna tal y como la entendemos, debemos buscarlo en el Renacimiento, por más que los renacentistas se inspiraran en los filósofos griegos. Otro tanto ocurre con la democracia a lo Pericles el Olímpico, que frente a frente con nuestras democracias modernas, que imitan más a Inglaterra que a Atenas, ni siquiera se reconocerían. También Hipócrates, el llamado Padre de la Medicina, lo es en sentido relativo, porque la Medicina de observación y experimentación existía a lo menos en embrión, entre los egipcios, los chinos, los pueblos de la India, etcétera. Pero sí hay un caso en que un griego consolidó de manera definitiva nuestra forma de concebir una disciplina que además es clave para la cultura de cualquier nación: la Historiografía. Por lo general, Heródoto de Halicarnaso es llamado el Padre de la Historia, pero si lo fuera, entonces deberíamos llamar a su epígono Tucídides el verdadero Padre de la Historia Científica y Moderna. El propio Tucídides, por más señas, no tenía una muy buena opinión de Heródoto, a quien criticó con un par de pullas pasadas más o menos bajo el radar. Ayuda que cuando Tucídides escribió su texto histórico, Heródoto llevaba más o menos un cuarto de siglo muerto, y por lo tanto no podía contestar, por supuesto.

Tucídides fue un general ateniense que vivió y guerreó en el siglo V a.C. Junto con el resto de Atenas, le tocó pelear en las Guerras del Peloponeso, pero acabó desterrado de la ciudad a resultas de una derrota que podía considerarse más o menos como su responsabilidad personal, aunque dadas las circunstancias, esto puede discutirse. Un poco sin nada que hacer, se abocó a escribir la historia de ese conflicto. Su relato es una narrativa más o menos completa de las Guerras del Peloponeso, aunque parece ser que en calidad de borrador, ya que determinados pasajes parecen estar más elaborados y pulidos que otros. En particular, esto se nota en la incorporación de los discursos de los personajes históricos como herramienta para explicar sus puntos de vista y motivaciones; tales discursos están en las partes más desarrolladas, y faltan en las menos pulidas, lo que revela un poco lo metódico que era Tucídides para su labor historiográfica. Pero lo realmente importante en Tucídides no es la elección de su tema histórico, ni tampoco la explicación última acerca de qué causó la guerra; lo más influyente de Tucídides es la manera en que abordó su trabajo.

La obra de Tucídides, es la primera de lo que entendemos por Historiografía propiamente tal. A Heródoto se lo llama el Padre de la Historia, pero su texto es más una colección de anécdotas y datos eruditos que otra cosa; Heródoto sigue siendo consultado hoy en día porque es una fuente irremplazable allí en donde no tenemos otros testimonios de tales o cuales países o eventos, pero es más parecido a consultar un almanaque, que un texto investigativo en forma. Pero al menos Heródoto era más o menos honesto e imparcial; otros historiadores en cambio hacían Historia para justificar agendas políticas en tal o cual dirección, como los cronistas de la Biblia por ejemplo. Tucídides, en cambio, fue el primero que escribió Historia de una manera más o menos racionalista, preguntándose por las causas y concatenaciones de fenómenos históricos, dejando de lado cualquier explicación de índole divina o mística, y recurriendo a todas las disciplinas científicas que tenía a su alcance para explicar los fenómenos. Eso es algo que hoy en día lo damos como obvio y por sentado, hasta el punto que lejos de ser una novedad, es casi un estándar mínimo en materia de investigación histórica; pero este estándar que es mínimo en la actualidad, en la época de Tucídides era un trabajo de calidad premium. Compárese a Tucídides con su predecesor Heródoto; éste no termina de despegarse de su convicción de que las fuerzas divinas o los equilibrios cosmológicos, filosóficos o morales tienen alguna injerencia en la Historia, mientras que Tucídides lo explica todo en términos humanos y racionales, o sea, científicos. Tucídides es así el primer historiador realmente moderno, y todos los historiadores que han venido con posterioridad, o al menos todos quienes ejercen su trabajo de manera seria y sobria, muy en el fondo están siguiendo las aguas abiertas por primera vez, por este ateniense genial cuya gran obra histórica nació a resultas del ocio en que vivía por el destierro después de una derrota militar histórica.

3.- Alejandro Magno.

Comentábamos en el posteo acerca de los fenómenos históricos que fueron increíblemente breves, que la obra completa de Alejandro Magno fue ejecutada en, a lo sumo, trece años; porque ésta fue la distancia de tiempo entre su cruce desde Europa hasta Asia en 336 a.C., y su muerte en 323 a.C. Y de estos trece años, le bastaron apenas seis para tumbar al Imperio Aqueménida, la más grande superpotencia del mundo, si contamos la conquista de Babilonia en 330 a.C. como el final de facto del poderío aqueménida. Debemos recordar un punto que el grueso de los libros de Historia Universal, escritos por occidentales y para occidentales, suelen pasar por alto, o no destacar lo suficiente: en la época, la región más civilizada de la Tierra y el verdadero centro del mundo no era la Atenas de Pericles, sino el Medio Oriente. El mismo estaba dominado por el ya mencionado Imperio Aqueménida, un gigantesco conglomerado político que era la nación más tolerante, multirracial y pluricultural que el mundo había conocido hasta la fecha. Bajo los dos siglos de dominio aqueménida, el Medio Oriente vivió un período de paz y prosperidad que es, en conjunto con el apogeo del Califato Abasida, posiblemente el más largo y estable en toda la historia de esa castigada región del planeta.

La caída del Imperio Aqueménida en manos griegas ya había sido presagiada por una expedición de mercenarios griegos que en 399 a.C. estuvo a punto de derrocar al monarca; aunque fracasada, dicha expedición enseñó a los griegos que unas cuantas falanges bien entrenadas y dispuestas a todo, bien podían lograr la hazaña. Algo más de seis décadas después, como ya dijimos, lo hizo Alejandro Magno. La labor fue simplificada porque Darío III, el último monarca aqueménida, era débil, cobarde e incompetente. En algo más de una década de guerras, Alejandro Magno construyó un imperio que iba desde Egipto hasta el Asia Central, y desde los Balcanes hasta la India. Sin embargo, su muerte en 323 a.C. fue seguida no por un gobierno estable que asentara dichas conquistas, sino por una pandilla de generales ambiciosos que se trenzaron en guerras que duraron cuatro décadas adicionales, y que acabaron por desintegrar al Imperio Macedónico. En términos políticos, la obra de Alejandro Magno acabaría resultando un fracaso monumental.

Y sin embargo, Alejandro Magno dejó un legado más profundo y perdurable. El había llegado a concebirse a sí mismo como un monarca ecuménico, por encima de griegos y persas, un líder y señor de una Humanidad completa e indivisa. Un par de milenios después, Alejandro Magno bien hubiera podido hacer de One Vision de Queen, su himno de cabecera. O de su cover de Laibach, por qué no. Alejandro intentó proyectar esta filosofía en una activa política de intercambio cultural. Parte de la misma fue la fundación de una enorme cantidad de ciudades en antiguos territorios aqueménidas, que pobló con guarniciones de antiguos soldados macedónicos; con el tiempo, estas ciudades se transformaron en focos de sincretismo cultural, e incluso religioso. Esto llevó a la expansión del Helenismo por todo el Medio Oriente, que de hecho sobrevivió a su impulsor durante todo el siguiente milenio, hasta la irrupción del Islam, e incluso después. La nueva cultura, una mixtura de Helenismo y tradición mediooriental, resultó una rica mixtura de racionalismo filosófico griego, con tradiciones culturales que ya en ese entonces eran milenarias. La obra de Alejandro es el antecedente de una tonelada de fenómenos culturales que abarcaron un milenio completo: el esplendor científico de Alejandría, el surgimiento del Cristianismo, de la variante mahayánica del Budismo, del Gnosticismo, del Maniqueísmo y del Mitraísmo, la recepción de la Filosofía Helénica en el Islam... Todos los occidentales, y también todos los hijos del mundo musulmán, o sea, quizás la mitad de la Humanidad actual, y desde luego que casi todas las naciones más desarrolladas, prósperas e influyentes de la actualidad, viven en una atmósfera cultural que arranca de manera casi directa, desde ese hervidero cultural que Alejandro Magno creó con sus relampagueantes conquistas militares.

4.- Pablo de Tarso.

El verdadero fundador del Cristianismo... no fue Jesucristo. Una lectura pura y simple de los Evangelios, sin meter cuestiones doctrinales de por medio, muestra que Jesús de Nazaret no pretendía crear una nueva religión, sino en vez de ello, darle una nueva vida y una lectura más espiritual al Judaísmo, que en ese entonces estaba ahogado en un montón de prácticas y legalismos asfixiantes. Si hemos de dar crédito a los Evangelios en cuanto documentos históricos, entonces Jesús de Nazaret mismo dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas" (Mateo 5:17-18). Contrástese con la Epístola a los Hebreos, que dice algo radicalmente distinto: el viejo pacto, o sea la alianza de Dios con Abraham y Moisés, es nulo porque los hebreos lo han desobedecido, y por eso Dios ha celebrado una nueva alianza, que es con los cristianos y que por lo tanto tiene nuevas cláusulas que no incluyen la Ley de los judíos. Pueden cotejarlo por ustedes mismos: la Epístola en cuestión tiene apenas un puñado de versículos, no es como que les va a dar un empacho leyéndola de primera mano. También, ni Jesús de Nazaret ni los apóstoles que fueron discípulos suyos, manifestaron un gran interés en expandirse más allá del Judaísmo, hasta el punto que los apóstoles exigían que a los seguidores de Jesús que vinieran desde el mundo pagano, que siguieran la ley judía. Por supuesto, esta mentalidad era la propia de hombres que se habían criado en el mundo judío, y lo veían todo a través de ese prisma. En esas condiciones, es bastante obvio que el Cristianismo hubiera vivido y muerto como una oscura secta judía, apenas una anotación al pie de página de los libros de Historia, en particular considerando que los nuevos conversos, para obedecer la Ley... debían circuncidarse. Eso es ponérselo difícil a la gente: elegir entre la salvación eterna, o cortarse un pedacito de tela. Visto de esa manera, no creo que la gentilidad haya acudido a convertirse en masa, precisamente.

Entró en escena entonces un hombre llamado Saulo, que venía no del mundo judío mismo, sino de una colonia judía en la cosmopolita ciudad y puerto comercial de Tarso, en lo que actualmente es el sur de Turquía; después, éste cambiará su nombre a Pablo. Para toda la trascendencia histórica que tuvo, es bastante poco lo que sabemos de él. Una biografía suya, el libro llamado Hechos de los Apóstoles, fue escrita por su secretario Lucas o Lucano, que también escribió el Evangelio de Lucas, pero no podemos estar ciento por ciento seguros de su objetividad, por la relación laboral que los unía; la propia estructura del libro, que parte con los apóstoles mismos pero que luego se desplaza hacia Pablo, enfatizando su labor a despecho de las noticias de los otros apóstoles revela algo de parcialidad hacia el biografiado. Leyendo ambos textos de manera seguida, el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles, diera la idea de que Lucas está describiendo una única historia en que la pelota del mensaje de salvación pasa de Jesucristo a Pedro y los suyos, y luego de Pedro y los suyos a Pablo. Los historiadores han reconstruido la figura de Pablo a través de sus escritos, pero estas reconstrucciones tienen bastante de especulación. Lo que parece cierto, es que Saulo partió persiguiendo a los cristianos antes de sufrir alguna clase de revelación en el desierto, y convertirse él mismo al Cristianismo, consagrarse a sí mismo como apóstol "por la Gracia de Dios" sin pedirle autorización ni venia a ninguno de los otros apóstoles, y en general, mostrándose bastante desafiante frente a Pedro y el resto de los apóstoles. Ya conocemos esta clase de personaje: el individuo que sabe más Medicina que el médico, más Ingeniería que el ingeniero... Pero Pablo de Tarso tenía una ventaja sobre los otros apóstoles: entendía al mundo gentil porque había estado más en contacto con él. Y promovió una doctrina revolucionaria: la idea de que los cristianos ya no necesitaban seguir la Ley judía porque la doctrina de Jesús de Nazaret no era complementaria a la de Moisés, sino que la había reemplazado. Esta simple idea, garantizó la supervivencia y éxito futuro del Cristianismo, al desligarlo de cuajo de sus raíces judías.

Esto representó por supuesto un enorme cisma entre los cristianos y los judíos. Los paganos durante mucho tiempo los identificaban a ambos como más o menos la misma cosa, lo que en efecto eran, durante sus primeros años a lo menos. Pero poco a poco, y en particular después de las enseñanzas de Pablo, cristianos y judíos empezaron a verse en lados distintos de una gran fisura que crecía entre ambos, y que de hecho dura hasta el día de hoy. Como sea, las exigencias éticas y legales a los cristianos eran bastante más ligeras que la entonces muy pesada Ley judía. Además, el Cristianismo desarrolló un componente ecuménico que iba más allá del Judaísmo, que no conseguía desligarse de su vínculo nacionalista con la etnia hebrea. Esto fue enfatizado después cuando el Cristianismo recibió la influencia de toda la tradición filosófica grecorromana, a la cual el Judaísmo permaneció inmune. Y fue el componente nacionalista judío lo que acabó por traicionarlos: se rebelaron contra el Imperio Romano en 70 d.C., y luego en 135 d.C., y en consecuencia, el Imperio Romano prácticamente los erradicó de Palestina, iniciándose la historia de la Diáspora, la dispersión de los judíos por el mundo. Como los cristianos corrían por cuerda separada, sufrieron un poco de persecución, pero nada que amenazara su supervivencia. Hasta el día de hoy, el Judaísmo ha tenido enormes problemas para adaptarse al mundo moderno, precisamente por su componente étnico y nacionalista, y de esa hipertrofia patológica que es el Sionismo moderno, tanto mejor si lo dejamos de lado en este comentario. Al Cristianismo en cambio, se opine a favor o en contra del mismo, hay que reconocerle su extraordinario éxito en darle forma al mundo moderno. Y esto se debe en buena medida a la obra de Pablo de Tarso, que fue capaz de identificar el profundo talón de Aquiles en la doctrina cristiana primitiva, y corregirla para darle una fuerza y esplendor que, dos milenios después, no tiene visos de querer apagarse.

Y hasta aquí dejamos el repaso a las cuatro primeras figuras que hemos seleccionado, de un total de doce. En la próxima entrega veremos otras cuatro, incluyendo aquélla a la cual hemos considerado como más influyente que el mismísimo Cristóbal Colón. Pero abriremos los fuegos con... ¿alguien se mostrará sorprendido de que incluyamos a ese personaje en particular dentro del listado? Creo que no. Después de todo, ya lo decíamos, una quinta parte de la Humanidad hoy en día cree que لا إله إلا الله محمد رسول الله...

6 comentarios:

Sayabros dijo...

Me encantan este tipo de artículos, un tema realmente interesante

CESAR_55 dijo...

Siempre consideré a Jeremías el profeta más influyente, por haber sido uno de los profetas de transición, junto a Ezequiel, que pudo unir en una sola creencia conceptos mesopotámicos y hebreos (me cuesta por ejemplo pensar como se hubiera podido desarrollar el cristianismo sin la terrible noción del diablo, cuando el zoroastrismo no tenía el potencial judío para sacarlo al mercado del misticismo univeral), así que me sorprendiste con Isaías.
Reconozco que en el aspecto de formalizar la ley Isa fue un capo, pero quizá tenga a un serio competidor en Nehemías... En fin, a Isaías hay que agarrarlo con pinzas, pues su libro en realidad es un fix-up de dos personajes distintos: El Isaías propiamente dicho, formalizador de la ley, y el llamado (a falta de desconocer su nombre real) Isaías II, que vivió a fines del exilio y forjó las promesas mesiánicas.
Excelente post (me encantó la inclusión de Pablito). Espero ansioso las próximas entregas.

murinus2009 dijo...

No tenía idea de la importancia de todos estos personajes, de 2 de ellos isaias y Pablo de Tarso, ni siquiera sabía su existencia.

"La Batalla del Peloponeso" de Tucícides es un libro que tengo pendiente de leer desde hace 20 años, alguien decía que este libro, muestra como una vez que las inercias humanas son muy fuertes y estan por cambiar la historia, no hay mucho que hacer salvo adaptarse al cambio.

Alejandro Magno no dejará nunca de sorprender, debido al Enorme Tamaño de su Obra hecha en tan poco tiempo, muchos estudiosos de su Legado pueden pasar su vida, especulando que es lo que pudo lograr, de vivir unos años mas, e incluso ser capaz de nombrar un descendiente, o grupo de ellos que siguiera su Trabajo.

Definitivamente si algo facilitó la expansión del Cristianismo fue su facilidad para adoptar su práctica, que no requería las leyes del judaísmo, de hecho en algunos casos,se habla de que basta seguir una sola ley para ser considerado cristiano, una sola ley, aquella de:
"Trata a los demas como te gustaría que te trataran a ti mismo y no hagas a los demas lo que no quieras para ti mismo".
No tenía idea de que el artifice de esta simple y poderosa modificacion, fue Pablo de Tarso, material para una ucronía o historia alterna, es, ¿que habría pasado en caso de no existir esta modificación? como dice Guillermo, el cristianismo se habría extinguido, como muchos otros cultos.

De Isaías, parece que la idea de seguir al descendiente de un antiguo linaje Importante, que tendrá caracteristicas increibles y sera un Lider Descomunal solo por ser descendiente de ese Linaje, se ha utilizado en muchas historias a lo largo de los siglos, ahi está Hercules, Aquiles, Luke Skywalker, Harry Potter.

Esta primera parte sacó a la luz a personajes no muy reconocidos, (salvo Alejandro Magno) y su notable -aunque inadvertido- trabajo que influyó en la humanidad.

A esperar las siguientes partes.

Gracias Guillermo y hasta pronto.

CESAR_55 dijo...

@murinus2009, si te gustan las ucronías y, específicamente, quisieras ver cómo se habría desarrollado el mundo sin el cristianismo, te recomiendo leer “Roma Eterna" de Robert Silverberg. Literariamente cojea un poquito en algunos capítulos, mientras que otros son obras maestras, pero como hipótesis es excelente. Espero que te animes y lo revises, saludos.

murinus2009 dijo...

Gracias @CESAR_55 por la recomendación, Silverberg es un autor que me gusta mucho, aunque de el solo he leído cuentos, de Ucronías que hablan de un Mundo sin el Cristianismo solo recuerdo: "Tiempos de Arroz y Sal" de Kim Stanley Robinson, que aún no leo, que habla de una Europa donde la Peste Bubónica eliminó a la población y con ella al Cristianismo, son entonces los Chinos (y el Islam creo), las Civilizaciones que cambian la Historia.

Gracias de nuevo CESAR_55 saludos igualmente y hasta pronto.

Guillermo Ríos dijo...

@Sayabros, me alegra, y espero que las otras dos entregas hayan quedado a la altura.

@Cesar_55, cuando hablamos de Isaías, nos referimos al Isaías original. Los otros son el Deuteroisaías y el Tritoisaías, que se cuelgan del nombre pero hacen planteamientos muy distintos.

Jeremías es un caso muy complicado, porque no sabemos cuánta injerencia tuvo en un proceso tan fundamental, como es la redacción de los textos históricos del Antiguo Testamento. O cuál fue su vinculación con el supuesto hallazgo del Deuteronomio por parte de Hilquías y su promulgación por Josías en 622 a.C. Si llegara a probarse algún día que Jeremías sí metió su mano en estos asuntos, entonces claramente debería ocupar el sitial que acá le asignamos a Isaías.

De Roma Eterna, tengo mis dudas. Es un clásico error de las ucronías, presuponer que si cambia algo, entonces un antiguo estado de cosas quedará petrificado para siempre en vez de, digamos evolucionar en algo completamente diferente. Sin perjuicio de que como literatura, es de las mejores cosas que escribió Silberberg, eso sí. Por su parte, está el clásico Ucronía de 1.876, por Charles Renouvier, que plantea una Historia Universal alternativa en que hubiera seguido adelante la tradición grecorromana clásica.

@murinus2009, sobre Alejandro Magno tengo mis dudas. Por un tema de personalidad, es posible que haya sido mejor guerrero y conquistador que administrador, y por lo tanto, aunque hubiera muerto de viejo, las cosas hayan terminado resultando más o menos igual.

El tema del héroe con linaje importante es anterior a Isaías. Ahí están los semidioses de la mitología grecorromana, por ejemplo. La leyenda de Cristo, de hecho, que es un pegote absurdo en términos del Judaísmo, fue forjada siguiendo el modelo planteado por los héroes grecorromanos, y muy posiblemente, la muerte y ascensión (apoteosis) de Heracles.

Tiempos de arroz y sal no lo he leído, así es que no opino.

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