domingo, 9 de abril de 2017

¿Están envejeciendo los X-Men?


2.016 y 2.017 han sido dos años interesantes para la franquicia de los X-Men en el cine. Recordemos que la misma es la veterana de los universos compartidos de superhéroes en el cine, anticipándose en ocho años a Iron Man en la idea de un universo narrativo en donde coexistieran varios superhéroes al mismo tiempo, aunque con el tiempo, por tales o cuales circunstancias, el Universo Cinemático Marvel ha crecido más y mejor. El modelo de película superheroica en el siglo XX era claramente el Superman de Richard Donner, seguido después por el Batman de Tim Burton, cada uno con sus respectivas secuelas: un único superhéroe, a veces un sidekick, y uno o unos pocos supervillanos. Hubo como un intento temprano de convertir a un superhéroe único en universo compartido, con el estreno de Supergirl en calidad de spin-off de la serie de Superman por allá en 1.985, pero el asunto no prendió, por muy vistosa que se veía Helen Slater en lycra y minifalda. La película X-Men de 2.000 cambió el juego narrativo para siempre: ahora era posible tener a varios superhéroes compartiendo estrellato en la pantalla, enfrentados a varios supervillanos, y además ellos podían ser perfectos desconocidos para las audiencias masivas más allá de los cuatro frikis de toda la vida... y la fórmula aún así podía funcionar. Aunque por supuesto, como sabemos, al final quien se robó la gloria fue Hugh Jackman como Wolverine, pero a lo menos, los tres spin-offs dedicados al personaje funcionaron más o menos bien en taquilla, aunque no tanto a nivel crítico.

Una señal importante del éxito que han tenido los X-Men en el cine, es la sorda pugna por los derechos que pende sobre ellos. Hubo una época en la cual los superhéroes de la Marvel fueron casi sacados a remate, y numerosos estudios se llevaron los derechos para tales o cuales personajes. La situación llegó a su paroxismo con el gran cataclismo que significó para la Marvel la crisis y bancarrota de la década de 1.990. Al final, la Marvel se quedó con los derechos de los superhéroes sobre los cuales no existía mayor interés, o sea los menos populares, conocidos también como el raspado de la olla, además de ir recuperando de manera lenta y dolorosa algunas franquicias que en manos de otros estudios no rentaron todo lo que se esperaba, como Daredevil, Punisher, o quién lo diría... Spiderman. Y con todo eso, empezó a armar su propio universo superheroico, el Universo Cinemático Marvel. ¿Y los X-Men? La Fox, que tenía los derechos cinematográficos de éstos, así como de los Cuatro Fantásticos, se ha negado de plano a regresárselos a la Marvel. Y habría que estar majareta para haber decidido otra cosa. Las diez películas estrenadas de los X-Men hasta 2.017, incluyendo las dos trilogías principales, la trilogía spin-off de Wolverine, y Deadpool, en conjunto han amasado la brutalidad de cerca de 5.000 millones de dólares en ingresos. Ya la Fox perdió los derechos de distribución de Star Wars con la compra de Lucasfilm por parte de la Disney en 2.013, y traspasarle los derechos fílmicos sobre los X-Men de regreso a la Marvel significaría una vez más beneficiar a la Disney, que también es dueña de la editorial de cómics, y su subsidiaria dedicada a producir películas de esos personajes de cómics.

Pero nuevos vientos han soplado para los X-Men en el cine durante 2.016 y 2.017. Previamente, en 2.014, habían estrenado la película más taquillera en recaudación bruta de la franquicia hasta ese minuto, X-Men: Días del futuro pasado, que se llevó casi 750 millones de dólares en taquilla. Fue un salto impresionante de los algo más de 350 millones de dólares de la entrega anterior, X-Men: Primera generación, que incluso podrían haber sido quizás más, si en ese tiempo la franquicia de los X-Men no hubiera estado muy tocada por las fallidas X-Men: La batalla final de 2.006 y Wolverine de 2.009, que de hacer caja la hicieron, pero que todo el mundo las puso a parir. Además, X-Men: Días del futuro pasado marcaba el regreso a la dirección de Bryan Singer, el director considerado como el papi de la franquicia luego de haberse mandado las estupendas X-Men y X-Men 2. Singer marcó territorio rodando una película con un guión de viajes en el tiempo que, por lo mismo, se las arregló para enviar a la tercera película de los X-Men y a los dos primeros spin-offs de Wolverine a un oscuro limbo que puede considerarse prácticamente como fuera de la continuidad oficial. En esos días de vino y rosas, la franquicia de los X-Men parecía que era la única verdadera alternativa cinematográfica al Universo Cinemático Marvel, después de la más que divisiva respuesta recibida por El Hombre de Acero y el proyectado inicio del Universo Expandido DC.

Y en 2.016, las cosas cambiaron de pronto. Se estrenó X-Men: Apocalipsis. Con Singer de nuevo en la dirección, por cuarta vez en la franquicia. Y la película simplemente no funcionó como debería. De hacer caja, la hizo. Casi 544 millones de dólares. Pero esa cifra, que para cualquier blockbuster corriente sería el triunfo y la gloria, para esta franquicia representó una bajada brutal de cerca de un tercio de recaudación en la taquilla. 200 millones de dólares menos, de un plumazo. Simplemente, la gente no mostró tanto interés por esta entrega. O juzgaron que X-Men: Días del futuro pasado había sido demasiado impulsada por el hype y decidieron pasar de ésta, o por el contrario esperaron demasiado de ésta y salieron decepcionados... o simplemente la fórmula ya no funciona.

Chicos... Sigan las reglas, obedezcan a sus padres, estudien mucho y coman mucha fruta, y así crecerán para NO SER tan cool como soy yo.
Y las cosas se volvieron más dramáticas porque ese mismo año se estrenó Deadpool. Que oficialmente forma parte de la franquicia de los X-Men, pero que en realidad viene a ser casi el opuesto de la franquicia. En X-Men el protagonista es un elenco coral, en Deadpool es un único tipo en solitario más unos secundarios incorporados para la ocasión. En X-Men las amenazas tienden a ser de índole global, en Deadpool todo el conflicto es más personal que otra cosa. En X-Men el tono es bastante serio, en Deadpool todo es broma y sarcasmo. En X-Men la violencia es sanitizada, en Deadpool es sangrienta y brutal, aunque mitigada por una generosa dosis de humor negro. En X-Men lo sexy llega apenas a Mystique, sea la versión de Rebecca Romjin o la de Jennifer Lawrence, nada de mal ambas por supuesto, pero con prótesis las dos para no aparecer completamente desnudas como en el cómic, mientras que en Deadpool veíamos a Morena Baccarin completamente desnuda y sin remilgos. ¿Resultado? 783 millones de dólares en taquilla. Con un presupuesto de apenas 50. O sea, una recaudación bruta más de quince veces superior a sus costos, sin incluir gastos en publicidad, que tampoco parecen haber sido excesivos. Todo eso, en la cara de X-Men: Apocalipsis.

Podía haber sido un fenómeno aislado. Cosas raras ocurren en el mundo. Una salida de guión por parte de la realidad misma, que en una especie de metatextualidad de espejos reflejando a espejos, pareciera querer homenajear a Deadpool como personaje, y sus eternos comentarios dirigidos a los lectores fuera del universo de lo narrado. Pero eso era Deadpool, ¿no? No cabe la posibilidad de que algo así suceda de nuevo, ¿no? Pues bien, sí sucedió de nuevo. En 2.017. Con Logan. La tercera parte de la trilogía spin-off de Wolverine que es la primera con calificación para adultos, y que por las molestias se ha llevado para la casa casi 600 millones de dólares a la fecha de corregir este posteo, resultando la película más taquillera de 2.017 hasta que la destronó La bella y la bestia. Como Deadpool, Logan es también una película muy opuesta a la franquicia madre. En Logan apenas tenemos a Wolverine, Charles Xavier y una chica nueva, en vez de elenco coral de los X-Men. En Logan sí tenemos una amenaza global, pero ésta no es inminente como en los X-Men sino que ya lleva muchos años obrando en el mundo. En Logan no tenemos a los protagonistas operando desde un lugar fijo y determinado que les sirve de base, sino que vagan de un lugar a otro, un poco en plan road movie, en busca de una salvación hipotética en un lugar determinado que puede existir o no. En Logan tenemos un montón de violencia muy bruta, contra las ya mencionadas peleas sanitizadas de la franquicia original. Y en Logan, en fin, los héroes no se alinean con el status quo de un mundo democrático que debe ser defendido de amenazas fundamentalistas, sino que se vuelcan en contra de un status quo que es una distopía postcapitalista en la cual la economía, se deja entrever, se ha ido básicamente al demonio.

La explicación más sencilla, es que los X-Men como franquicia ya han sido bastante explotados, y no tienen mucho más que decir. Seis películas de la rama principal de la franquicia no es poco, después de todo. En ese sentido, la explicación oficial es que Deadpool y Logan habrían triunfado por apartarse de la fórmula clásica, y apostar por algo nuevo. Sin embargo, es una explicación que no termina de convencerme del todo. Después de todo, no debemos olvidar esto, los X-Men en su día también se apartaron de la fórmula clásica. En muchos sentidos, ni Deadpool ni Logan van contra la corriente de la franquicia fílmica, sino que más bien, tomando sus premisas básicas, lo que hacen es seguir las mismas hasta sus últimas y más o menos lógicas consecuencias, deconstruyendo el mito superheroico desde la parodia y desde un cierto existencialismo, respectivamente. Cuando fue estrenada X-Men en 2.000, tuvo éxito en parte porque era una historia de superhéroes de cómics que había eliminado, o al menos limado el perfil, de algunas de las señales más reconocibles del cómic original. Así, en la forma, X-Men había eliminado los característicos uniformes originales, e incluso Wolverine se permite una pulla a propósito de que en el cómic original usaba spandex amarillo, mientras que aquí todos los X-Men usaban uniformes negros como la boca de la noche. En el fondo, por su parte, las sagas más estrambóticas y galácticas habían quedado de lado por una amenaza global contra los mutantes, es cierto, pero llevada a cabo con un tono relativamente de bajo perfil. Incluso para la adaptación de la historia de la Fénix Oscura en X-Men: La batalla final, eliminaron de un plumazo todas las referencias a su origen galáctico, y en vez de eso, lo atribuyeron a una mutación de la mismísima Jane Grey. O de cómo la película de 2.000 hizo por los X-Men un poco lo mismo que Batman inicia y en general la Trilogía de Christopher Nolan por el Justiciero Encapotado en 2.005... pero años antes.

El resultado fue que la película X-Men de 2.000 eliminó los aspectos más infantiles de la franquicia, y depurando los conceptos más adultos en la trastienda, para vender una película que sí pudiera convencer a la crítica y al gran público más allá de los frikis de toda la vida. Por cierto, yo no me quejo de esto. Creo que el cómic de superhéroes se beneficia de un tratamiento camp, es su seña de identidad, y Superman no sería Superman si no engañara a todo el mundo con apenas un par de lentes, o Batman no sería Batman si no se vistiera de negro para aporrear criminales en la noche, en vez de financiar a grupos de presión a favor de la seguridad ciudadana, por más que ambos conceptos serían ridículos en la vida real. Por eso mismo, porque funciona en el cómic pero no en la vida real, es que esto se traslada mal a las películas, que al no ser dibujos sino actores de carne y hueso, trasuntan más la falsedad. Ahí están las horrorosas películas de Batman dirigidas por Joel Schumacher para corroborarlo. El pecado de las películas de Batman de Joel Schumacher es justamente respetar la narrativa de cómic propia del original, y así, todo en ella rechina, mientras que el Batman de Nolan triunfa precisamente porque consigue mantener un equilibrio adecuado entre la esencia del personaje por un lado, incluyendo su planteamiento algo camp, con la eliminación de los aspectos más grotescamente de cómic. Es un equilibrio muy delicado, por supuesto. Renegar demasiado de la atmósfera de cómic lleva a cosas como Batman vs Superman: El origen de la justicia, que no funciona precisamente porque trata de conservar a los personajes de cómic, pero poniéndolos en un medio ambiente más realista, y estrellándose cuando ambas lógicas, la del cómic y la de la realidad, terminan por no cuadrar de ninguna manera.

Los superhéroes casi inmortales y con factor curativo pero que envejecen a lo largo de una trilogía de películas, también lloran.
En este sentido, ni Deadpool ni Logan inventaron la rueda oscureciendo la franquicia de los X-Men. La misma ya era una versión más oscura y seria del cómic original, y esto fue positivo porque lo camp que funcionaba en el cómic, no iba a funcionar en el cine. Compárese por ejemplo la película de 2.000 con la estupenda serie de animación de 1.992, que es un glorioso festival de camp a la vena, pero que funciona y de manera magistral porque el medio, o sea, ser hecha en animación, le confiere una cierta irrealidad a través de la cual el camp refuerza el resultado en vez de minarlo. Así, al botar por la borda todavía más camp desde la cubierta, Deadpool y Logan simplemente siguieron hasta sus últimas consecuencias una tendencia que ya venía marcada desde la mismísima película original de 2.000. Y entonces viene la pregunta de cajón: ¿por qué ahora y no entonces? ¿Por qué hace falta un segundo movimiento? Una respuesta fácil podría ser: porque la franquicia ya está agotada, y necesita renovación. Pero eso no me termina de convencer. Después de todo, el Universo Cinemático Marvel, aunque mucho más joven, ha explotado su fórmula durante casi el doble de películas que los X-Men en el cine, sin modificarla de manera substancial entre película y película, y siempre con resultados a lo menos decentes en cuanto a valoración, y buenos en cuanto a taquilla. En lo personal, creo que la explicación estriba en un factor adicional, sobre el cual yo mismo había hablado, pero no respecto de esta franquicia sino de otra. A finales de 2.015, comentaba que el ya mencionado Universo Cinemático Marvel comienza a mostrar señales de estancamiento, y que ahora a punto de cumplir los diez años de vida, enfrenta un desafío mayúsculo al tener que mantenerse vigente ante la renovación de su base demográfica.

En general, todas estas franquicias se dirigen al público infantil o adolescente. Es obvio que así sea, por una serie de razones. Por un lado, los niños y adolescentes son más impresionables, por lo que vender una película de argumento simple y buenos efectos especiales es una fórmula probada y segura. Además, no hay que trabajar tanto los guiones porque los niños y adolescentes en general son menos exigentes, no porque sean tontos y hormonales como a veces la insolente condescendencia adulta deja transpirar, sino simplemente porque por un tema de cronología, no han visto tanto cine como el público mayor, y por lo tanto son más fáciles de sorprender. En tercer lugar, si un niño es llevado al cine, el adulto responsable también pagará su entrada, algo que no ocurre al revés si la película es para adultos. Además, a los niños y adolescentes es posible venderles el 3-D, que fue la piedra de salvación de muchas películas después de Avatar y Alicia en el País de las Maravillas. La combinación de todos esos factores redunda en la multiplicación de ese sensual objeto de deseo que es el flujo de dinero hacia las cuentas corrientes. Los productores de películas no son las hermanitas de la caridad; lo suyo es hacer dinero, y si además de eso la película queda artística, tanto mejor, pero los actores, guionistas, camarógrafos y personal de tramoya se pagan con dinero, no con frases de verbo florido acerca de lo muy estético y artístico que les ha quedado el trabajo. Y si el dinero está en los niños y adolescentes, pues habrá que confeccionar las películas dentro de un molde que éstos consuman. Y todo eso funciona bien... por un tiempo.

Porque a medida que crecen, estas franquicias deben afrontar dos retos. Por un lado, la continuidad. ¿Deben seguir apostando por películas aisladas, para que la gente pueda subirse libremente andando la serie? ¿O deben apostar por una continuidad cerrada, para retener al público cautivo? La primera opción significa darle la posibilidad a la gente de subirse aunque hayan pasado cuatro, cinco u ocho películas; pero así como se suben, pueden bajarse a la siguiente. Una franquicia icónica en este enfoque, son las más de veinte películas que lleva James Bond en el cuerpo, que salvo algunos casos puntuales, en general se mantienen en una cierta continuidad flotante que permite verlas casi en completo desorden, sin que el fanático se pierda de mucho por el camino. La segunda apuesta mantiene a un público cautivo... pero excluye que otros se suban cuando la serie ya está bien desarrollada, y además, si alguien del público cautivo se baja, puede que no regrese más porque se habrá perdido los desarrollos de continuidad en el intertanto. Hasta el minuto, las películas de X-Men han sabido equilibrarse bien, primero fabricándose spin-offs de Wolverine que funcionan bien sin necesidad de haber visto la serie principal, luego creando con X-Men: Primera generación y X-Men: Días del futuro pasado, un reboot blando que casi elimina tres películas de un plumazo sin liquidarlas del todo, y deja otras dos en calidad de continuidad sólo en sus rasgos generales. Y por último, Deadpool casi no tiene continuidad con el material original, más allá de algún guiño en los diálogos. Es una solución interesante que permite quedarse con lo mejor de ambos mundos: el espectador ocasional puede ver una película sin perderse de mucho al ignorar el resto de la continuidad, y el espectador habitual puede disfrutar de cómo los guionistas juegan con la continuidad. O no.

Pero el problema se produce cuando el tema de la continuidad choca con el problema de la base demográfica. Porque los niños y adolescentes siempre están mirando a aquello que es cool en el momento en que ellos son niños y adolescentes. Miran a lo último, para decirlo más fuerte y claro. Una franquicia que tiene más de diez años, para ellos es algo viejo, y podrán mirarlo como algo divertido, pero es difícil que los entusiasme del mismo modo que el estreno de este verano. La publicidad alrededor ayuda a esto, por supuesto. Respecto de esto, no lo olvidemos, la continuidad actual de los X-Men lleva más de década y media en el cine, aunque con un reboot blando de por medio. Esto quiere decir que un joven nacido el mismo año del estreno de la X-Men original, en la actualidad es casi un mayor de edad con derecho a voto en las elecciones presidenciales. Esto es una tormenta perfecta: al joven de ahora le venden una película cool dentro de una franquicia que, para ser entendida, hay que haber empollado unas cuantas películas para atrás, que no son de su era que es cool, sino de la era de sus padres que no son cool. Si ustedes ya no son adolescentes, entonces alguna vez lo fueron, así es que saben a lo que me refiero.

En tu cara, espectador.
Tampoco ayuda que existe un cierto círculo, en el cual los adolescentes al crecer tienden a renegar de las cosas que disfrutaban en su infancia. Eso es algo natural. Forma parte de generar una identidad. El niño genera sus gustos un poco guiado por los adultos, pero cuando se hace adolescente, parte de afirmar su propia identidad frente a los adultos es encontrar sus propios gustos al margen de éstos. Así, reafirmarse como adultos en entrenamiento significa dejar atrás las cosas que se disfrutaban de niño. En algunos casos, cuando llega la treintena y esa adultez ya está confirmada y asegurada, no hay nada que demostrarle a nadie, y en particular cuando la vida se ha hecho dura, gatilla el factor nostalgia, y el antiguo niño vuelto adolescente y ahora adulto regresa a mirar con cariño la franquicia que fue sus amores y su refugio fantástico en la infancia. Así, una franquicia suele pasar por ciclos de unos veinte a treinta años, entre que son cool, dejan de serlo y nadie les hace caso, y vuelven a ser cool otra vez. Es por eso que a finales de la década de 2.000, y buena parte de la de 2.010, la de 1.980 volvió a ponerse de moda. Piensen en Lady Gaga como sucesora de Madonna, en el reboot de los Thundercats, en las películas de Transformers, en la resurrección de Star Trek... todas cosas presentes en la década de 1.980, y que vimos su resurrección en los últimos cinco a diez años. Y desde más o menos 2.015 en adelante, la década de 1.990 ha vuelto a levantar cabeza: en los cines hemos tenido la primera reactivación de Star Wars desde La amenaza fantasma de 1.999, las dos películas del reboot de las Tortugas Ninjas, una nueva película que es a su vez un reboot de los Power Rangers...

Es posible que ahora, en la segunda mitad de la segunda década de 2.010, los X-Men simplemente ya no sean cool. Lo fueron durante X-Men y X-Men 2, antes que la tercera entrega de la primera trilogía, y Wolverine de 2.009, lastraran su buena reputación; la recuperaron después, pero no en la misma escala porque en el intertanto, el Universo Cinemático Marvel se transformó en la siguiente gran cosa a la cual girarse, y tomó el relevo. En muchos sentidos, el Universo Cinemático Marvel es para la década de 2.010, lo que la franquicia de los X-Men fue para 2.000, y eso le hizo mucho daño a los X-Men, por supuesto, que en la década de 2.010 no han pasado de ser películas segundonas respecto de la Marvel. Porque por muy bien que hayan funcionado en taquilla, lo cierto es que el pandero en términos de impacto cultural, hoy por hoy lo lleva el Universo Cinemático Marvel y no los X-Men.

No ayuda por supuesto que el discurso de los X-Men gira en general en torno a la idea de la tolerancia y la aceptación de lo diferente. Las dos primeras películas hicieron un muy buen trabajo respecto de esto. Era algo necesario en los primeros años del siglo XXI, porque todos sabemos lo que realmente significó la Guerra Contra el Terror, en términos de amenaza a los derechos civiles. Era también el legado lógico y natural de la década de 1.990, que hizo de la tolerancia y el multiculturalismo sus estandartes básicos. Pero en la actualidad, tales valores ya no son populares porque han sido cooptados por grupos de gente que piensa bien, y que son vistos por el contrario como unos pesados insoportables que andan pontificando a todo el mundo acerca de cómo deben vivir. Mucho de la fobia que despiertan los movimientos feministas, pro gays, animalistas, de minorías étnicas, etcétera, tienen que ver con un comportamiento a veces desaforado y victimista por parte de quienes forman parte de ellos, una petulancia en insistir en considerarse con una moralidad superior y predicar a los demás... exactamente como lo hacen los X-Men en sus películas. Gente que simpatizaran con los X-Men, quizás hubieran votado por un multicultural Barack Obama en su día, pero hoy en día, la gente ha votado por Donald Trump. Bien o mal, pero eso fue lo que votaron. Los giros culturales no vienen de la nada: en realidad, son el reflejo de cosas que están ahí la atmósfera.

Además, los chicos que vieron X-Men y X-Men 2 de niños, ya crecieron, y para ellos, puede que la enésima secuela de ellos ya no despierte interés. Lo que sí podría despertar interés en ellos, son películas de los X-Men, pero que aborden este universo narrativo desde una perspectiva más adulta. Y eso significa: con más sexo y violencia. Y también eso significa haciéndolo desde la perspectiva del humor y la parodia desmadrados, riéndose de los clichés con los cuales crecieron y que ahora encuentran absurdos. Como lo hace Deadpool. O bien, dándoles la vuelta a esos mismos clichés, para pintar el lado doloroso y trágico que puedan tener. Como lo hace Logan. Y en definitiva, hacerlo de una manera tal, que no parezca película de superhéroes, porque el superhéroe canónico siempre tiene un regusto camp, y por lo tanto, algo infantil. Y esto puede hacerse de varias maneras. Una es dejar a los superhéroes de verdad ligeramente en ridículo, como Coloso en Deadpool. O hacerlos sufrir y convertirlos en los castigados por la vida, debido a sus actividades superheroicas, como Charles Xavier y Wolverine en Logan.

La base demográfica está envejeciendo.
Esto puede confirmar lo que augurábamos un tiempo atrás para el Universo Cinemático Marvel. Ahora en 2.017, ellos van a estrenar tres películas: Guardianes de la Galaxia 2, Spiderman: De regreso a casa, y Thor: Ragnarrok. Con ellas, el Universo Cinemático Marvel sumará diecisiete películas en casi una década, un promedio de casi dos por año. Cuando el universo de los X-Men tenía esa edad, estaba estrenando Wolverine, su primer spin-off, y la cuarta película en total. Vale que la Fox no intentó siquiera explotar a los X-Men al mismo nivel que la Marvel con lo suyo, pero de todas maneras, los síntomas de agotamiento son más o menos los mismos. Y eso significa que, a inicios de la década que viene, e incluso antes, a medida que crezca y se haga adulta la base demográfica de espectadores que partieron viendo el Universo Cinemático Marvel siendo niños en el tiempo del estreno de Iron Man, ellos mismos van a tener que tomar las mismas decisiones dramáticas que la Fox está haciendo respecto de los X-Men. Será algo interesante de ver, por supuesto.

De hecho, puede verse el Universo Expandido DC como un intento de explotar este talón de Aquiles de los otros dos universos compartidos, la Fox y la Marvel. Es posible que hayan apostado por un tratamiento más serio y oscuro simplemente porque estaban tratando de captar a los espectadores adolescentes o adultos que crecieron con el material más infantil de X-Men o el Universo Cinemático Marvel, pero a quienes dicho material en el presente ni los cautiva ni puede cautivarlos ya. Por supuesto, si esta hipótesis es correcta, entonces resulta claro que no han sabido capitalizar esto como un proyecto viable en el largo plazo. Aunque también el Universo Cinemático Marvel partió renqueando con las débiles Hulk: El Hombre Increíble y Iron Man 2, que siguieron a Iron Man, y después consiguieron recuperarse y levantarse, así es que es demasiado pronto para enterrar a la Liga de la Justicia y compañía. A lo mejor aprenden y comienzan a hacerlo bien, y con esto, quienes salimos ganando al final somos los espectadores, por supuesto.

Es posible también que esto tenga un paralelo con lo que ocurre con los cómics en la actualidad. Como sabemos, los cómics ya no son dibujados o hechos para niños. Eso no vale la pena: los niños, o ven cine, o ven videos en YouTube. Los que leen cómics en la actualidad son los adolescentes y adultos que agarraron el vicio en la era anterior a YouTube. Eso debe explicar por qué cosas como Los Nuevos 52, en DC, intentaron ser casi como un regreso a la era oscura de los cómics, a la época entre Watchmen o The Dark Knight Returns por un lado, y Kingdom Come por el otro. En ese sentido, la oscuridad de los cómics tendría un paralelo en que hayamos visto películas de superhéroes más adultas, como Deadpool o Logan. De manera que el éxito de estas dos películas, que de ninguna manera parece ser casual, podría ser el reflejo de algo más grande: el colapso de los propios superhéroes como género propio, el agotamiento de un discurso narrativo que fue creado en el siglo XX para atender las necesidades psicológicas de los lectores y espectadores del siglo XX, pero que en el siglo XXI, o tendrán que renovarse hasta quizás perder sus señas características, o bien, ceder el terreno a alguna otra clase de narrativa en la cual se refleje la eterna batalla valórica entre lo deseable y lo odioso, que ha sido desde siempre el péndulo que mueve los conflictos dramáticos de las mitologías que han prendido en el alma popular.

4 comentarios:

Lore dijo...

El ultimo parrafo me hacer pensar en el auge y caida de la novela de la novela caballeresca medieval. Aunque eso da para otra entrada. Saludos.

murinus2009 dijo...

Definitivamente el tiempo ha pasado ya son casi 20 años de la primera X-Men, habra que ver como les va el lanzamiento de personajes mas oscuros e incorrectos, Logan y Deadpool serían los primeros, pero no se me ocurren muchos mas, ¿Cable, Bishop?, el siguiente proyecto que yo sepa de la Fox con mutantes es: X Patrol, o X Force, si no son un exito de taquilla, tendrán que ser muy ingeniosos, para crear algo que iguale el éxito de los mutantes.

Actualmente los Universos Cinemáticos están expandiendose por todos lados los mas recientes son:

Sony.
Que anuncia su Universo de "Ciencia Ficcion y Terros solo para adultos" comenzando con Venom.

The Conjuring Universe.
Que se crea a partir del exito de la pelicula El Conjuro, secuelas y Annabelle.

Antes de esos y aparte de Marvel y DC estaban

Universal.
con sus monstruos: Dracula, Frankenstein,La Momia, El Hombre Lobo, ¿Me pregunto si tambin vendrá El Mostruo de la Laguna Negra?

Warner.
Aparte del Universo DC, esta creando uno de Monstruos Gigantes, Godzilla y KIng Kong son los primeros.

Hasbro.
Se cuenta que planea su Universo con GI Joe, Mask y Los Transformers (de estos ultimos creo planean 14 peliculas).

Quiere decir que aparecen mas Burbujas de Universos y tras el fracaso de "Ghost in the Shell", parece lejos el que, tras reventar las Burbujas, sean cintas de inspiracion japonesa: anime o manga, las que continuen el legado.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡Qué texto crítico más inspirado te ha salido! Por cierto...¿Estás respondiendo a los comentarios de tus lectores? Pues me había quedado con la idea de que no últimamente, tal como veo que ha pasado con los que me anteceden y de lo que recuerdo de la vez anterior en que me pasé por acá (espero equivocarme, que lo cortés no quita lo valiente y es un tema de honor bloguero seguir esta tradición).

Guillermo Ríos dijo...

@Lore, todas las grandes narrativas han pasado por ese ciclo de crecimiento, apogeo y deconstrucción. Los mitos griegos. Las hagiografías. Las novelas de caballería. La ficción policial decimonónica y la de estilo Agatha Christie. La novela negra. La Ciencia Ficción clásica. La fantasía épica a lo Conan. Todos estos subgéneros o relatos míticos hoy en día han sido deconstruidos a veces de manera bastante salvajes, y las obras que siguen incidiendo en ellos, lo hacen o desde el artificio, o desde la parodia, o mezclándolo con elementos nuevos para mantenerlos actualizados, aunque sea traicionando en parte lo que son las esencias originales.

@murinus2009, la tendencia de los universos expandidos se va a agotar simplemente porque no hay volumen de mercado para tanto. La Marvel está sacando tres películas al año, y si alguien es tan religioso como para ir devotamente al cine una vez a la semana, pues con eso ya está copando casi un mes de los doce que tiene el calendario. Lo que va a venir no son más universos expandidos sino un estallido de burbuja monumental. Ya parece estarle pasando al Dark Universe que querían lanzar con La momia ahora en 2.017, y que si bien no fue un descalabro, tampoco hizo tanta caja, y por lo tanto, nadie tiene idea de si en verdad se van a embarcar con las siguientes o no. O si lo van a hacer como parte de un universo compartido, o van a probar suerte por separado y a ver qué sale.

@Elwin_Alvarez_Fuentes, gracias por las felicitaciones. Los comentarios de los lectores... ahora los estoy respondiendo. Con retraso, pero no con menos preocupación.

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