domingo, 26 de marzo de 2017

La Gran Muralla y la Gran Lanza.

Defendiendo a China de la escoria extranjera.
Veinticinco siglos atrás, después de cerca de medio milenio de guerras sucesivas, China fue unificada por la férrea mano militar de un monarca llamado Qin Shi Huang. Sus conquistas fueron tan avasalladoras, y su empresa tan exitosa, que el nombre original de su reino, Tsin, acabó dándole nombre al territorio entero de lo que hoy en día se llama China. Cierto es que después de su muerte, bajo el papanatas de su hijo, su dinastía se vino abajo, pero el linaje que ascendió de reemplazo, la Dinastía Han, terminó de consolidar la obra de Qin Shi Huang, y todo lo que llamamos la cultura china de paso. Qin Shi Huang fue también un déspota temible que mandó a enterrar a los sabios confucianos, y con enterrar, quiero decir enterrar vivos. Y además, se hizo cargo de una cadena de muros y fortificaciones que ya existía en el norte, y los unificó en una gran y única estructura: la Gran Muralla China. Por supuesto, de la misma queda poco menos que nada: andando el tiempo, los sucesivos monarcas la han ido reparando, parchando y ampliando hasta que los ladrillos de la época de Qin Shi Huang, hace tiempo que son polvo; la muralla actual, de hecho, data de la Dinastía Ming, o sea, más o menos medio milenio atrás. Pero Qin Shi Huang fue el visionario que ideó y ejecutó el concepto de esa construcción colosal, para detener las invasiones bárbaras.

Todas estas reflexiones y algunas más, vienen a mi mente después de haber visto La Gran Muralla, ese intento de blockbuster que se estrenó ahora en 2.017. Y digo intento porque por estos días se calcula que la película a lo sumo hará apenas una modesta ganancia, en su paso por los cines a lo menos, porque todavía queda el mercado doméstico por delante, claro está. Una lástima, porque aunque no es la séptima maravilla ni tan ciclópea como la obra en la que se inspira, aún así es una bastante pasable y entretenida película de aventuras, o al menos, mucho más pasable y entretenida que otras mugres varias que Hollywood de tarde en tarde tiene a mal el chorrearnos encima. Pero este posteo no va acerca de crítica fílmica. Lo he dicho en otras ocasiones y lo repito aquí: la Guillermocracia no es un sitio de crítica cinéfila. Pero sí le voy a dedicar un posteo a ciertos temas relacionados con la película, porque la misma amerita un poquito de reflexión. Como de costumbre, toda película debe apelar a su público para resultar exitosa, y por lo mismo, cada una lleva impresa en sí la huella digital de su Zeitgeist. Y hay varios temas que son muy de actualidad, infiltrados en la película. De manera inconsciente, probablemente. Como decía en su tiempo el incombustible productor hollywoodense Samuel Goldwyn: "si quisiera enviar un mensaje, pondría un telegrama" (o algo así. Cito de memoria). Pero esos temas están ahí, y la reflexión es siempre... motivo para reflexionar. Ejem. Y por cierto, lo mencionaré para tranquilidad de los lectores. El comentario que sigue, no contiene spoilers de importancia, o al menos no revienta nada que no se haya visto de manera previa en el trailer, de manera que si no han visto la película, aún así éste es un posteo más o menos seguro. O mejor dicho, sí voy a soltar un pequeño spoiler aquí: al final, ganan los buenos. Apuesto a que no lo veían venir.

La película en cuestión se ambienta en el siglo XI, como puede deducirse de una línea perdida de diálogo que alude a la batalla del rey Haroldo de Inglaterra contra los daneses. El asunto va de un viajero occidental, en concreto británico, a China para buscar pólvora, con la intención de regresar a Occidente y hacerse rico comerciándola. Una vez allí, es capturado en la Gran Muralla, y descubre un horrible secreto: la misma ha sido construida para contener la invasión de unos misteriosos monstruos que, si llegaran a alimentarse y reproducirse en la capital imperial, podrían alcanzar poder suficiente para extenderse por todo el mundo y destruir a la Humanidad. El protagonista parte como un mercenario egoísta y algo amoral que, luego de combatir mano a mano con los chinos en contra de las criaturas, le descubre un sentido más grande a su existencia, el guerrear por algo más grande que él mismo, y en última instancia, se convierte en instrumental para la salvación de China y el mundo. No es una historia que jamás hayamos visto antes, por supuesto. De hecho... uno de los creadores de la historia es Edward Zwick, el hombre que dirigió El último samurai en 2.003, película con la cual de hecho La Gran Muralla guarda alguna semejanza narrativa e ideológica. Los guionistas, nótese aquí, son todos occidentales, pero el director es chino, en concreto Zhang Yimou, que tiene una larga reputación directorial por películas como Sorgo rojo, Ju Dou: Amor secreto o Héroe. Curiosamente, en esta última el Emperador de China es Qin Shi Huang... aunque no lo vemos construyendo la muralla, eso sí.

La película se ha hecho destacar por ser uno de los primeros intentos de China por tomarse al asalto el cine occidental. No es la primera coproducción entre China y Hollywood, pero es la primera de esta envergadura. Como bien sabemos, en los últimos años el mercado chino se ha transformado en extraordinariamente importante para el cine de Hollywood. Películas como Warcraft, que iban de cabeza a transformarse en fracasos económicos que son la materia con la cual se escriben las leyendas, fueron salvadas de la quema por el mercado chino. De ahí que las películas de Hollywood, lo nunca visto, en los últimos años estén cada vez más empeñadas en poner bien a los chinos. En el remake de Amanecer rojo, por ejemplo, los malos iban a ser los chinos, pero a último minuto los cambiaron por los norcoreanos, ediciones digitales mediante inclusive. En la cuarta entrega de Transformers, la última traca de la película se ambienta en China, y los chinos son pintados como los buenos. Y en varios blockbusters recientes hay actores chinos ubicados en roles de héroes secundarios o mentores de los héroes, como en la secuela de Día de la independencia. Era cuestión de tiempo antes de que acabaran por dar el paso final, y se decidieran a una película que fuera una coproducción en plena forma, ambientada en China, pero con protagonistas occidentales. Si La Gran Muralla hubiera funcionado bien en taquilla, se habría transformado en la Gran Lanza con la cual el cine chino hubiera podido finalmente penetrar en Occidente. Más allá de los circuitos del cine arte, quiero decir, por supuesto.

El mundo anglosajón metiendo una vez más las narices allí en donde nadie los ha llamado.
El argumento de la película, por supuesto, está calculado para satisfacer a todas las audiencias. Para los occidentales, un protagonista occidental, en concreto un mercenario británico. Por cierto, tiene guasa que el actor protagonista que actúa de mercenario británico es Matt Damon, nacido en... Massachussets. Bueno, al menos los habitantes de Massachussets forman parte de Nueva Inglaterra, que es lo más cerca a nacer británico que se puede ser, naciendo en Estados Unidos. Sigue siendo menos británico que Daniel Radcliffe, pero es una buena aproximación. Con Willem Dafoe en un rol secundario. Y para interpretar a un personaje español, llamaron a un actor... estadounidense nacido en Chile, llamado Pedro Pascal, y que venía de, adivinen... Game of Thrones. Seguramente Javier Bardem no estaba disponible, ahora que aparecerá en la quinta entrega de Piratas del Caribe. El resto del casting es, por supuesto, chino, incluyendo alguna estrella venerable como Andy Lau. Es decir, se supone que los occidentales vean la película por los protagonistas, y los chinos la vean porque se ambienta en China, el grueso de los secundarios son chinos, y presenta a ese orgullo nacional que es la Gran Muralla. Por supuesto, es posible que haya funcionado al revés: quizás los occidentales decidieron no verla porque había demasiados chinos en ella, y quizás los chinos decidieron no verla porque los protagonistas eran occidentales. A la gente le gusta ser quisquillosa. Por cierto, ya que mencionamos Game of Thrones: el soundtrack es de Ramin Djawadi, que compuso la música de la serie televisiva de marras.

Pero lo realmente interesante, es la sincronía entre el argumento y la geopolítica mundial de 2.017. Como sabemos, 2.016 fue un año... bastante interesante. En el sentido chino, que maldicen a sus enemigos deseándoles que tengan años interesantes, probablemente. Uno de los puntos capitales de 2.017 es el rechazo a la globalización, o a lo menos, a la globalización en su vertiente neoliberal: el Brexit, la elección de Donald Trump, el fortalecimiento de Vladimir Putin... Esto se ha manifestado en varios conceptos que han cobrado nueva fuerza por estos días: proteccionismo, aislacionismo, xenofobia... Y una de las mayores encarnaciones de estos conceptos es justamente la Gran Muralla China, cuya xenófoba misión era proteger y aislar a China de los bárbaros del norte.

Hagamos un poco de historia. Por su situación geográfica, China siempre ha estado a merced del pillaje de las tribus en la estepa centroasiática. Las primeras fortificaciones en el norte tenían por objeto justamente parar esas invasiones, y Qin Shi Huang las unificó con el mismo objetivo. El tagline de la película, "1700 años para construirla", es acertado: es más o menos la distancia de tiempo entre Qin Shi Huang y sus epígonos de la Dinastía Ming, y entre medio, varios emperadores y dinastías se esforzaron por mantenerla operativa y lista para rechazar a los invasores. No siempre funcionó. Los mongoles la forzaron en el siglo XIII, bajo Gengis Khan, y sus sucesores rigieron en China durante siglo y medio. En el siglo XVII, China fue conquistada no por bárbaros de las estepas sino por los manchúes, que eran agricultores del noreste. Y en pleno siglo XXI, es poco probable que la construcción sobreviva a un ataque de Rusia, si algún día el Oso Ruso despierta con la peregrina ocurrencia de que es una buena idea tomar baños de sol en las playas de Shanghai.

Por supuesto, la Gran Muralla China es otra muestra de la eterna batalla de las civilizaciones por mantener sus preciados recursos, que tanto tiempo, esfuerzos e industria les ha costado elaborar y conservar, a salvo del pillaje de los bárbaros. No es la única. De manera contemporánea a la Gran Muralla, el Imperio Romano construyó su propia cadena de fortificaciones fronterizas, el celebérrimo limes, y además, en Inglaterra construyó el Muro de Adriano; cuando se expandieron al norte, al Muro de Adriano siguió el Muro de Antonino, hasta que la presión de las tribus en Escocia obligó a retroceder al anterior. Y en un ejemplo más modesto, cuando los españoles tuvieron que habérselas con los mapuches, también construyeron su propia versión del limes, una cadena de fuertes, la cual quedó más o menos estacionada alrededor del Río Biobío durante el grueso de los siglos XVII, XVIII y XIX. Es una tendencia natural de las civilizaciones el construir muros para defenderse de los bárbaros, tan natural como, digamos, usted poniéndole cerrojos a su propia casa para defender su familia, sus muebles, sus mascotas, y el preciado laptop o smartphone en el cual usted lee posteos como éste en la Guillermocracia.

Los defensores de la civilización.
Y eso nos trae de cabeza al muro más famoso del siglo XXI: el que defiende la frontera de Estados Unidos de los inmigrantes mexicanos. Muro que parece estar lleno de agujeros, pero que Donald Trump ha prometido reforzar, y además, hacer que los mexicanos paguen. Lograrlo sin una invasión militar en forma parece algo difícil, y las perspectivas son terroríficas, por decirlo con suavidad, pero esa fue la promesa de Trump, y con ella consiguió llegar hasta la Casa Blanca. Resulta irónico pensar que La Gran Muralla es una película construida al gusto del nacionalismo chino, en la cual los heroicos chinos defienden a su China de los monstruos desde más allá de su cultura, pero la premisa de la película es igualmente aplicable a los Estados Unidos del siglo XXI. Podrían incluso rodar un remake en la cual un mercenario chino acaba como contratista militar en el muro de Trump para defender a Estados Unidos de los monstruos venidos desde México, y sería más o menos la misma película, argumentalmente hablando. Una que los mexicanos se negarían a ver, probablemente.

Uno de los puntos más simpáticos de la película, usando la palabra simpático en un sentido sarcástico por supuesto, es el retrato decididamente negativo de lo foráneo y extranjero. En la película, la Gran Muralla no fue construida para defenderse de los bárbaros de las estepas, que serán todo lo bárbaros que se quieran, pero son seres humanos al final del día. No: fue construida para defenderse de monstruos, literalmente monstruos inhumanos. Todos conocemos la estrategia aquí: nada hacer ver tan heroico a los héroes como la deshumanización del enemigo. Pensemos en los stormtroopers de Star Wars: el que todos usen el mismo uniforme y escondan el rostro detrás de cascos nos ayuda a olvidar que son seres humanos, los deshumaniza frente a nuestros ojos, y convierte en algo aceptable que los héroes se bajen a decenas y decenas de ellos sin que a nosotros nos importe el tema en lo más mínimo. Otra manera de deshumanizar al otro, al diferente, es retratarlo en la ficción de manera tal, que sea en efecto un monstruo. El monstruo es un blanco aceptable porque por su propia naturaleza de monstruo, no se puede negociar o razonar con él, y por lo tanto, hay una legitimidad moral en destruirlo. Por supuesto, hablamos de una película nacionalista china aquí, pero esa tecla también la tocan en el piano de Hollywood, y no mucha gente se queja. Todos nosotros hemos visto películas de Hollywood en los cuales los jovencitos vestidos de un atavío tan estadounidense y tradicional como la camisa y el sombrero de vaquero, bajan a balazo limpio a hordas y hordas de apaches que quieren conquistar e incendiar el fuerte, y matar a flechazos a todos sus ocupantes; el cine moderno, lo que ha hecho es reemplazar a los apaches por los vietnamitas, por los terroristas musulmanes, por los guerrilleros balcánicos, por los narcotraficantes latinoamericanos, o por lo que haga falta. Sería gracioso que el público de Estados Unidos no haya empatizado con una película que, muy en el fondo, no es demasiado diferente a sus propios productos nacionalistas, sólo que en este caso los héroes son los chinos y no los estadounidenses.

Pero la película introduce además un giro interesante en esto. Usualmente, las películas de tipo asedio al fuerte apache están contados en una perspectiva binaria: los defensores bien perfilados y caracterizados como personajes por un lado, versus los atacantes sin rostro por el otro. Pero en La Gran Muralla, la perspectiva es ternaria: tenemos a un lado a los chinos defensores, por el otro a los monstruos atacantes... y por un tercer flanco, a los occidentales que vienen llegando desde afuera, a bancarse un conflicto que en apariencia no les incumbe ni les va en lo más mínimo. Esto resulta interesante. Tradicionalmente, Hollywood ha retratado a los chinos como el peligro amarillo, y a China como una civilización petulante e inescrutable. Esta es una deriva similar a la que sucedió con los nativos amerindios en el cine de Hollywood: en el Hollywood clásico era de recibo que los indios fueran malvados y caóticos, hasta que la reivindicación de la herencia amerindia de Estados Unidos llevó a cambiar su retrato. Después de una a dos décadas de creciente autoflagelación por parte de la cultura de Estados Unidos, el gran giro final en la cultura popular se dio con Danza con lobos de 1.990, que parte planteándose un poco en esa dicotomía, luego de lo cual el protagonista evoluciona hasta volverse completamente nativo, hasta el punto de volver sus armas en contra de los occidentales. Esta misma historia la vimos en clave de Ciencia Ficción hace pocos años, en Avatar de 2.009. La Gran Muralla plantea exactamente esta historia, sólo que volverse nativo en este caso significa que el protagonista aprende a respetar, valorar, y en última instancia a combatir bajo las banderas de la cultura china. Parece oficial: los chinos se han graduado en la mentalidad occidental, ya no son el enemigo foráneo, y son bien recibidos en el banquete. Puede que los chinos sean un tanto petulantes en su trato con el resto del mundo, pero los occidentales tampoco le van muy a la zaga que digamos.

Como puede observarse, aunque en la película los chinos son los grandes héroes, La Gran Muralla tiene más afinidades con la mentalidad tradicional del cine de Hollywood de lo que parece. ¿Por qué entonces tuvo una recepción tan tibia por parte de la taquilla? Me da la idea de que hay un tema de mentalidad. Hay algo inherentemente chino en la película, que no se traduce bien a las ideas y expectativas del espectador occidental. En el grueso de las películas occidentales, la trayectoria del héroe va desde ser un pobre diablo que no tiene el respeto ni la comprensión de nadie, al hombre poderoso que impone su voluntad al mundo, y la usa para hacer el bien. El Clark Kent valiente pero un tanto debilucho que por el camino se convierte en un Superman por encima de todo y de todos, para hablar más claro. Quizás por eso es que el shounen tipo Dragon Ball Z ha tenido tanto éxito en Occidente. Esta tendencia al héroe individualista es posiblemente una herencia de la cultura luteranocalvinista de Estados Unidos. Ya sabemos que luteranos y calvinistas fueron los fundadores de Estados Unidos, y en ambas doctrinas se privilegia la relación individual del creyente con Dios, sin que la sociedad alrededor importe un bledo: ambas doctrinas dan por sentado que si una persona cree en los valores correctos, terminará haciendo el bien de manera automática. La idea de que alguien se vuelva poderoso pero use ese poder para el mal, para dicha mentalidad es algo casi alienígena. Por ello es que Superman decide automáticamente ser el bueno, y practica una mentalidad laissez faire en la cual hay que dejar a la Humanidad ser como es, en vez de transformarse en dictador planetario e imponer su voluntad para bien o mal; tales versiones dictatoriales de Superman pertenecen a universos alternativos o paralelos que están bien encajonados en el canon principal, o directamente no forman parte del mismo. Y mientras menos hablemos de cómo Hollywood hoy en día desprecia a los héroes con valores correctos, tanto mejor.

Fanservice: ¿Chica dura y de pelea? Chequeado. ¿Oriental? Chequeado. ¿Armadura con formas vagamente femeninas? Chequeado.
En cambio, La Gran Muralla corre sobre ideales éticos completamente diferentes. El héroe de la película parte como un personaje completamente individualista: es un mercenario que arriba a China buscando la pólvora, y quiere la misma no para mejorar el mundo sino para provecho personal. Su crecimiento personal pasa por aceptar la existencia de un colectivo que tiene una misión que es superior a la suya propia, y luego, la decisión libre y voluntaria de unirse a ese colectivo como un soldado más. En la película vemos que el protagonista en el fondo es un buen tipo y tiene el corazón en su lugar, pero eso no lo hace más fuerte o poderoso; es un buen guerrero, eso es cierto, pero la película deja deslizar que eso se debe más al uso de tácticas no acostumbradas entre los chinos, y por lo tanto exóticas para los monstruos, que por verdadero poderío personal. El protagonista no es Gokú, para decirlo fuerte y claro. Al final, éste sí acabará transformado en el héroe de la jornada, por supuesto, pero eso no es sin el sacrificio de centenares y centenares de soldados chinos que obran como un cuerpo militar coherente y unificado, sacrificios que vemos varias veces en pantalla... y duelen. Es la misma razón por la que en su día decíamos que en Guardianes de la Galaxia resulta más heroico el Denarian Saal que los mentados guardianes; los guardianes salvan el día, es cierto, pero no lo habrían logrado sin los Nova Corps apoyándolos.

Todos estos conceptos disgustan al estadounidense individualista promedio. A la gente occidental le gusta las ficciones en las cuales el héroe es lo máximo y no debe responder ante nada y ante nadie, por el placer vicario de identificarse con un niñato malcriado que, si se le antoja, moverá un par dedos para defender y salvar el mundo, y si no se le antoja, pues no pasa nada, porque no se lo merecen. Por el contrario, el concepto de restringirse a uno mismo, amarrarse a una moral superior, obrar con espíritu de equipo, todas esas cosas implican una madurez emocional que la cultura occidental, prisionera de su exacerbación de la adolescencia psicológica, parece ser incapaz de asumir. Dicho más claro: los ideales éticos presentados en La Gran Muralla simplemente le quedan grande al grueso de las audiencias occidentales. Lo que las audiencias occidentales le habría gustado ver, es a un protagonista occidental muy macarra yendo a enseñarles a los chinos cómo hace las cosas un verdadero Hijo de Occidente, para que éstos al final hagan kowtow delante suyo y lo veneren como el gran salvador del mundo. La idea contraria, de que el héroe salve al mundo disciplinándose y sometiéndose a trabajar en equipo, y sobre todo aceptando una civilización con valores y costumbres diferentes y probablemente superiores dentro de sus defectos y flaquezas, es un gran apagado de motor para los occidentales.

La Gran Muralla, decíamos, puede no ser una película perfecta. Puede ser a veces un poquito grosera en su discurso nacionalista y xenófobo. Tiene algunos problemas de lógica interna. Y su argumento tiende a ser dolorosamente cliché. Pero no cabe duda de que toca varios palos de interés para lo que es nuestra civilización occidental. Y sobre todo, presenta un modelo moral de héroe que está muy por encima de los penosos niñatos individualistas con que Hollywood nos está inundando por estos días. Por todas esas cosas la película quedará, quizás no como un hito en la cinematografía mundial, pero al menos como un interesante documento histórico y retrato de lo que era el mundo en ese lejano año 2.017. O mejor dicho, del año 4.714, que como sabemos, se encuentra bajo la tutela del Gallo de Fuego.

El Occidente y el Oriente unidos, jamás serán vencidos.

7 comentarios:

Erika Dellafrancesca dijo...

Buen comentario.

Erika Dellafrancesca dijo...

Sin embargo, los anglosajones no son tan quisquillosos con eso de las nacionalidades para un rol: mientras que los latinos nos tomamos a pecho que un anglosajón o un español (y NO un latino) haga el rol de un personaje latino, ellos no. Así, un irlandés, Kenneth Branagh hace de Enrique V y otro irlandés, Peter O´Toole de Lawrence de Arabia. Curiosamente Sean Connery es escosés y no inglés y bastante activo en la promoción de la independencia de escocia (parece que no está tan al servicio de Su Majestad). Y Banderas hizo ganancia doble con el doblaje del gato con botas por ser el único que pudo hacer la versión en dos idiomas. Me gusta más en español por el toque andaluz que le da; bueno, Banderas es malagüeño, así que da el pego.

Parece que los tiempos están cambiando, porque los españoles eligieron a el nórdico Vigo Mortensen para el muy español rol de Alatriste y curiosamente Catherine Zeta Jones no recibió muchas críticas por desplazar a Shakira en el papel de chica del Zorro. (En mi opinión a pesar de lo anglosajona que es parecía más latina que el Banderas). Tanto Mortensen da bien el tipo de español rubio como la Jones de morenaza hispánica. (Mucho mejor que Bergman en Por Quién Doblan las Campanas, no sé a quién se le ocurre poner a una sueca en el rol de española pura raza; y lo curioso es que la idea era del propio Ernest).

De todos modos, el cine Western manejaba pieles rojas buenos y malos desde mucho antes: Victor Mature fué Caballo Loco, el jefe indio rebelde y...bueno. Dustin Hofman en Pequeño GRan Hombre, y Richard Harris en Un Hombre Llamado Caballo (modelo de Danzando Con Lobos, que vendria mucho después a copiar la fórmula) dan ejemplos muy anteriores a los que citas. Casos de indios buenos tanto como malos sobran en Hollywood desde siempre.

murinus2009 dijo...

Erika Dellafrancesca tiene un gran conocimiento del cine, yo solo recordaba "Un Hombre llamado Caballo y "El Regreso de un Hombre llamado Caballo" como peliculas en las que el protagonista extranjero se volvía parte de la cultura extranjera y combatia por su causa, existen otras donde el protagonista, enemigo, tambien se vuelve contra su propia nacion, o se une a otra cultura extraña a la suya, pero es mas bien una aventura o misión aislada como:
Rambo III,
La Bestia de la guerra en ingles "Beast of War"
donde un soldado sovietico combate al lado de los Mujaidines en afghanistan contra su propio tanque.
Escorpion Rojo con Dulph Lundgren (¿Alguien mas aparte de mi conocerá o recordará esa cinta?
Donde un soldado sovietico (Lundgren) se vuelve contra su ejercito.
Lo común es que se "blanquee" a los protagonistas si estos son de otra cultura, por ejemplo:
La serie Kung Fu de los 70s.
Fue idea de Bruce Lee y el iba a ser el protagonista, pero al final se escogió a David Carradine, que para nada es asiático.
Dr Strange.
Un personaje de un anciano oriental, se cambio por...Tilda Swinton.

Creo que va a tomar mucho tiempo o quizá no se logre, que se acepte la "cultura del colectivismo" por asi decirlo y es que en occidente el individualismo se aprende desde los primeros años de escuela, solo hay que recordar que quien coopera en los examenes (copia, pasa información) es por lo general castigado, de igual manera se impulsa a todos a ser "El Mejor" ser "El Primero de la Clase" un maestro decía que contra ese individualismo los chinos, si tenian que aprender algo lo hacian en grupo, por ejemplo manejar un tractor:
Al manejar el tractor no solo se escogía a los mejores para hacerlo, sino que los mejores ayudaban a los que les seguián y nadie se iba hasta que todos eran capaces de manejar el susodicho tractor.

Hasta pronto.

Erika Dellafrancesca dijo...

Gracias, pero no es tanto. Es sólo que me pirra el cine :-) La serie de Carradine me encanta; creo que sólo él podía dar el tipo de prota pacifista medio hippie. Pero por los flashbacks con la cultura china del monasterio creo que mantenía su identidad; en todo caso era una buena idea para ver el salvaje oeste desde el punto de vista de un monje budista. Pero ojo, él NO se hace un vaquero del oeste, conserva su propia cultura. En Shogún al inglés le pasaba algo parecido, pero al réves. Para la trivia te mencionaría también la versión de Underworld en que el lobito-siervo-feudal se enamoraba de la vampira, pero creo que tiraría más de tipo capuletos y montescos. Kharthum de Charlton Heston como occidental que al final lucha por los musulmanes más que por los británcios podría estar en un punto intermedio, pero el General Gordon nunca deja de ser británico por mucho que desespere a Gladstone.
En realidad, en el western hay más casos en que "el protagonista extranjero se volvía parte de la cultura extranjera y combatia por su causa" (yo me limité al caso de los pieles rojas, pero están también los mexicanos) como Villa Cabalga, de Robert Mitchum y Yul Brynner: la recuerdo porque es la única peli en que Yul tiene pelo, je je) Vamos a Matar Compañeros, de Jack Palance y Franco Nero (tiene una secuela/clon con los mismos actores y el mismo planteamiento que no me acuerdo como se llama) Los Cañones de San Sebastián de Queen donde el bandolero se pone de parte del pueblito en el que hace pasar por fraile, y, cosa rara, en el género romántico también tenemos Un Paso Por Las Nubes de Keanu Reeves...que podría ser considerado un western, en cierto modo.
En el género policial tenemos Infiltrados aunque aquí los polis no se identifican con los mafiosos. Curiosamente es un remake de un film chino ni más ni menos, llamado Inffiernal Affairs o algo así, muy bueno. Te lo recomiendo mucho. (Valga como ejemplo de que el cine chino se puede reciclar y hacerse occidental).
En mi opinión las mejores películas de este género son aquellas en donde ni se idaliza ni sataniza a ninguna de las dos culturas, donde no hay ni buenos ni malos, pero son rarísimas. Curiosamente, hay una versión en el cine oriental muy interesante al respecto: una película coreana titulada Joint Segurity Area que te recomiendo muuuucho si te gusta el cine bélico mezclado con el negro, el comienzo es muy bueno y el final mejor, pero hay cierta debilidad en el tramo medio que dura más de lo debido, salvo por eso, es una película casi perfecta. En el anime japonés también tenemos black lagoon como buen ejemplo de ese planteamiento: hay una serie de tres capítulos muy buenos de un chico... latinamericano! secuestrado por los mafiosos orientales que...bueno, te recomiendo que la veas, sin spolilers: tiene una secuela de varios ovas que vale la pena ver también, si te gusta el anime. (Ojo es mejor que la veas en japonés subtitulada para que aprecies mejor los diálogos en español de la versión original en japonés, primera vez que veo un anime en japonés con frases en español).
La mejor variante a mi modo de ver (pero muuuuuy retorcida) sería El Gatopardo donde los aristocrátas Lancaster y Delón se pasan al bando de los revolucionarios...por su propio interés, pero da una visión un poco demasiado acaramelada de los aristocrátas (en realidad no eran tipos tan adorables) y MUY realista de los "revolucionarios" que es el toque gamberrazo que me gusta de la peli: mi diálogo favorito es el el príncipe con el embajador que le propone que sea senador...bueno, eso, y la frase final:
"...y borregos, gatopardos, y chacales seguirán pensando todos que son la sal de la tierra".

Oliverio Graelent dijo...

Pues no te creas; sólo por saber en que película Yul aparece con pelo, ya eres una experta en trivia. (Haz la prueba; pon la diabólica preguna de "¿En que película Yul Brynner tiene pelo?" a ver quién te la contesta; a ver ese guapo).

La de Villa es muy parecida; el mercenario americano (Robert Mitchum) llega a una cultura extraña (méxico) y al final se identifica tanto con ella que termina luchando en el ejército de Villa. Muy similar a esta película, pero cambiando chinos por mexicanos.

Creo que el problema no es tanto lo de la cultura del colectivismo, sino que es perfectamente posible hacer versiones occidentales de películas orientales (Los Siete Magníficos es un western calcado de Los Siete Samuráis y La Fortaleza Escondida es una película oriental que dio lugar a...Star Wars! y en el anime hay una película titulada Inspector De Sueños o algo así que es la versión de Origen de Leonardo Di Carpio, así que es perfectamente posible) o versiones orientales de obras de occidente (Como Heidi, Remy y Marco, por poner ejemplos evidentes) ejem, hay UNA CIERTA PERSONA que escribió un artículo muy interesante en la red titulado "occidente nunca se vio tan japonés" o algo así, en una página de cuyo nombre no sé porque razón no me puedo acordar...digamos que es perfectamente posible hacerlo en los dos sentidos.

Pero el lío esta en hacerlo en los dos sentidos AL MISMO TIEMPO, es decir hacer una sola versión que sea un éxito tanto en el mercado oriental como en el occidental a la vez, en lugar de dos versiones adaptadas al mercado de cada cultura. Y eso fue lo que intentaron hacer aquí. Y si ya es un poquito complicado hacer superventas en tu propio mercado, si además quieres que sea encima, también un superventas en el mercado de otra cultura muy distinta a la tuya pues lo tienes más duro...

Claro, eso sí, también es mucho mas lucrativo, así que me imagino que seguirán intentando, además si comparten los costos, les cuesta menos la aventura, y ya con el tiempo acabarán dando en la tecla.

Un buen ejercicio para Guillermo sería rastrear los animes que fueron exitazos en japón pero no en occidente, y viceversa; los que allá no fueron la gran cosa, pero aquí sí. Me muero de ganas de leer esa entrada en la guillermocracia.

¿Y tú que opinas?

Guillermo Ríos dijo...

@Erika Dellafrancesca, todo va en el tema que se vea creíble en pantalla. Si un irlandés puede pasar por un escocés como Pierce Brosnan interpretando a James Bond y la gente se lo cree, pues por qué no. Si nos ponemos exquisitos con el tema del terruño, llegaríamos a absurdos como que sólo un actor londinense podría interpretar a un londinense, o uno de Nueva York a un neoyorkino, etcétera. Aunque luego tenemos horrores como el muy caucásico John Wayne interpretando a Gengis Khan, que se van al extremo contrario. Al final, el criterio debería ser que el espectador más o menos se crea que el personaje es de tal nacionalidad, y se le olvide que el actor es de otra.

@murinus2009, Ridley Scott lo ponía de manera cruda y directa contestando a las críticas raciales por el casting de Exodo de 2.014: los grandes estudios no van a financiar un blockbuster de millones de dólares si el protagonista no es un actor que tenga tirón en la taquilla, y el grueso de los actores que tienen tirón en la taquilla tienden a ser caucásicos porque el grueso del público en el muy rentable Primer Mundo son caucásicos. Al final acaba siendo como los crucifijos en las iglesias, que el Mesías es caucásico de ojos azules porque eso es lo que espera la gente en las iglesias de Europa, cuando en realidad el verdadero Jesús de Nazaret, si existió, probablemente fue un semita narigón y de carita oscura. Así es que eso va a llevar sí o sí al blanqueamiento de los protagonistas cuando la historia se ambiente en otras culturas.

@Oliverio_Graelent, el problema actual para los productores de blockbusters, es que en el afán por ir a cada vez más, invierten cada vez más a lo bestia, y por lo tanto, necesitan de todos los mercados posibles para llegar a obtener ganancias. Eso significa que hoy en día, un blockbuster de 250 millones de dólares debe ser un éxito en Estados Unidos y en China sí o sí. Ahí tienen lo que pasó con Ghostbusters, que hizo una caja bastante apreciable en Estados Unidos para todo lo que la pusieron a parir, pero luego la prohibieron en China porque allá censuran las películas con fantasmas, y... se fue a pique. WarCraft, la misma historia en Estados Unidos, pero luego se estrena en China, y consigue salvar los muebles.

Luego tenemos casos como Ghost in the Shell de 2.017, que recibió un montón de mala prensa por el tema del whitewashing de un personaje japonés... y luego, los propios japoneses parece que se encogieron de hombros y no dijeron nada, o se lo tomaron con humor.

El tema de animes que fueron éxitos en Japón pero no pasó nada con ellos en Occidente, la verdad es que me supera, de modo que no habrá posteo al respecto, por el minuto a lo menos. Gracias por la confianza, pero si sabio es el hombre que conoce sus potencialidades, más sabio es el que conoce sus limitaciones.

Erika Dellafrancesca dijo...

Según eso, ni Denzel Washingron ni Bruce Lee podían protagonizar películas de alto presupuesto. Y en la original 10 Mandamientos había un tal Yul Brinner que creo que muy caucásico no parecía ser.

Sobre lo del Jesús blanquito yo también lo creía así como tú, pero la realidad es que (precisamente en Lawrence de Arabia) hay una escena en que los turcos capturan a Lawrence pero no saben que es él y lo sueltan. Siempre me pareció absurdo que con la cara de anglosajón que tenía no sospecharan que ese tío era inglés, pero lo cierto es que en Turquía hay muchos turcos de ojos azules, porque emigraron muchas razas allí, así que hay mucho turco que puede pasar por inglés.

En Robert Klein siempre pensé que era un error poner a Alain Delon en el papel de judío porque solo había que verle la cara de galo que tenía, pero me explicaron que había muchos judíos que tenían más pinte de alemán en Europa que para que te cuento. (William Shatner creo que es judío, y mira la cara de caucásico que tiene, hasta le ponen un nombre de lo más occidental como James T. Kirk a su personaje) así que quién sabe si Jesús era realmente así.

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