domingo, 19 de marzo de 2017

¿Fue 2.016 el año en que cambió el mundo?

Donald Trump en la campaña presidencial de 2.016.
  • "Mis hijos, a los que nunca les dije 'eres turco', empezaron a decir 'Somos turcos' después del cuarto grado. Porque eran excluidos. Eso me duele" - Ayse Köse Küçük, 47 años, trabajadora social de origen turco y habitante en Berlín.
  • "Putin me irrita. ¡Pero que ningún extranjero intente criticarlo! Yo siempre defiendo a Rusia" - Liza, 24 años, abogada rusa.
El año 2.016 agarró al mundo por sorpresa. El Brexit. Donald Trump. El año de los Summer Bomb Busters. No cabe ninguna duda de que fue el año más movido en la Historia Universal desde quizás 2.001. Aunque con una diferencia: en 2.001 fue un único golpe, el ataque contra las Torres Gemelas, lo que cambió el mundo, mientras que en 2.016, vimos lo que fue una concatenación de explosiones que se coordinaron y produjeron el máximo efecto posible de una manera tal, que de manera intencional no hubiera salpicado tanta metralla alrededor.

El primer gran golpe, no por orden cronológico, fue el Brexit. El evento que lo disparó todo, fue uno que apenas hizo ruido más allá de las fronteras británicas: la elección parlamentaria de 2.014. Pero la misma significó un terremoto de proporciones en la política británica, gracias al ascenso del Partido de la Independencia del Reino Unido, que envió al Partido Conservador directo al tercer lugar en la votación; esto rompió el espinazo de la política tradicional del Reino Unido, que a partir de las elecciones de 1.922 se había alternado entre los conservadores y los laboristas. La victoria de los independentistas llevó de cabeza al referéndum del 23 de Junio de 2.016, en el cual se convocó a la ciudadanía británica a decidir si querían seguir dentro de la Unión Europea o no. La mayoría de votantes, como sabemos, decidió salirse, o sea, el Brexit.

El terremoto que esto significa, se puede cuantificar midiendo la importancia de la Unión Europea en la Historia Universal. En el más o menos milenio y medio que va desde la caída del Imperio Romano hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa fue un constante y cansino campo de batalla. El norte y centro de Italia, y el territorio alemán, fueron los constantes reñideros de gallos en los cuales las potencias europeas fueron a desangrarse una y otra vez, buscando ganancias territoriales y materiales que solían durarles hasta la siguiente guerra. Eso, hasta que lucharon una conflagración tan devastadora, que bien puede decirse que ningún europeo ganó: después de la Segunda Guerra Mundial, tanto Alemania como Italia quedaron devastadas, pero por su parte, las nominalmente vencedoras Inglaterra y Francia quedaron tan desgastadas por el esfuerzo bélico, que acabaron transformándose en peones políticos del águila calva occidental como remedio desesperado contra el dominio del oso oriental. En medio de esto, descubrieron que la unión hace la fuerza, dejaron atrás sus rencillas, no sin dificultades, y empezaron un laborioso proceso de integración que fue desde el Benelux y la Comunidad del Carbón y el Acero a la Comunidad Económica Europea, y de ésta, a la Unión Europea. No cabe duda que, desde el punto de vista del Derecho Internacional, la Unión Europea es la más portentosa institución creada en la Historia Universal, atendiendo sus alcances territoriales, económicos y jurídicos. A ella se le debe que los europeos puedan viajar por todo su continente casi como si no hubieran salido de su país, enormes ventajas económicas de cara a competir contra colosos como Estados Unidos o China... y el cómic Aguas turbias, que también se lo debemos, para que no crean que la gente del Parlamento Europeo son burócratas que se ganan el sueldo sin trabajar. El Brexit significó, en esencia, darle la espalda a todo eso y arriesgarse a seguir un camino independiente, para bien o para mal.

El impacto del Brexit en la economía y sociedad global fue tan grande, que ni siquiera todo el Reino Unido quiso seguirlo. Desglosando los resultados, acabó siendo que dos de los cuatro reinos, Inglaterra y Gales, sí apoyaban al Brexit, pero Escocia e Irlanda del Norte no. El asunto llegó a tanto, que los independentistas escoceses cobraron nuevos bríos en sus empeños por separarse de una vez por todas de los ingleses. Sobre si los escoceses están viendo de nuevo Corazón valiente de manera masiva, no lo sabemos, pero no sería de extrañar. Debemos recordar que aunque solemos llamarlo Inglaterra por costumbre, en realidad Inglaterra es uno de los cuatro constituyentes del Reino Unido de Gran Bretaña, el cual nació primero con la unión personal de ambos en una misma corona, la ubicada en la testa de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra en 1.603, y luego en una unión jurídicamente propiamente tal, con el Acta de Unión de 1.707. Ni qué decir, los ingleses que tanto reclamaban por su derecho a separarse de la Unión Europea, ven con malos ojos que Escocia a su vez haga valer su derecho a separarse de ellos... Algo de eso vimos en Estados Unidos, en 1.861, y esa vez, la cosa no acabó demasiado bien para los separatistas. Por decirlo con suavidad.

Brexit: This will gonna suck...
Por supuesto, todo esto corre en paralelo con una xenofobia europea cada vez más rampante. Desde el siglo XIX, Europa ha sido el destino de muchos inmigrantes del Tercer Mundo. Es natural: si vives en un país que básicamente es un sumidero, y a cierta distancia tienes otro país que parece defenderse mejor, a lo mejor acabas por tomar la decisión de irte a ver qué tal te va allá. Y por supuesto, te llevas tu propia cultura contigo, porque es lo que te hace sentir cómodo y como en casa. Y por supuesto, a donde llegas, la gente que siempre ha tenido una cultura, tradiciones y manera de ver la vida, empieza a sentirse amenazada. Para colmo, esa inmigración recibió una ayuda de los imperios coloniales, de parte de súbditos que viajaron en busca de nuevos horizontes en la metrópoli, simplemente porque era el destino más obvio hacia dónde ir. Así, Francia invadió Argelia y se llenó de argelinos, Inglaterra invadió al Raj Mogol y se llenó de indios y pakistaníes, y Alemania... Alemania no invadió demasiados países porque llegó tarde, pero es la nación próspera más cercana a Turquía, y en respuesta, se ha llenado de turcos. El resultado es que los movimientos nacionalistas y xenófobos han levantado cabeza una y otra vez.

Hasta el minuto, las políticas oficiales habían conseguido ponerles coto al asunto, ayudados un poco por la vergüenza histórica que significó el asunto de la Solución Final en el período de 1.939 a 1.945, que hizo al racismo y a la xenofobia algo poco respetable. Pero es posible que el asunto se esté saliendo de madre. Hubo un preludio en Grecia, considerando que en medio del caos de su crisis económica, un grupo ultraderechista y ultranacionalista llamado Amanecer Dorado (Χρυσή Αυγή, o sea Chrysí Avgí, en griego), alcanzó cierta prominencia. Pero Grecia, idos ya los tiempos de Pericles, Aristóteles y Alejandro Magno, siempre ha sido mirada un poco como la antesala del Tercer Mundo por parte de las simpáticas y condescendientes otras naciones europeas. Pero luego vino el Brexit. Y para colmo, con la crisis originada por ISIS en Siria, la oleada de refugiados sirios hizo el asunto incluso peor. Por supuesto, no es que de pronto los grupos xenófobos hayan levantado cabeza de repente. Ellos siempre estuvieron ahí, latentes, esperando. Pero la presión de los refugiados sirios por un lado, y el empujón que ha dado el ejemplo del Brexit, les han dado nuevas fuerzas.

Pero por supuesto, aunque el Reino Unido tenga asiento entre los grandes del planeta, es sólo el Reino Unido, ¿verdad? Después de que el Imperio Británico se desplomara a pedazos, el único lugar en donde los británicos siguen pintando en la política internacional, es en las películas de James Bond. A lo mejor la crisis queda contenida ahí, no sale más allá, y... no. No sucedió. Porque la gripe británica se contagió a Estados Unidos, y lo hizo a niveles de neumonía. En 2.016 se celebraron las elecciones para la Presidencia de Estados Unidos, y Barack Obama no podía postularse por muy cool que sea, porque ya se había gastado sus dos períodos. El Partido Demócrata tomó entonces la decisión suicida de postular a Hillary Clinton, mientras que el Partido Republicano tomó la decisión todavía más suicida de postular a Donald Trump. Porque, ¿quién iba a votar por un campirano conductor de televisión reality, cuyo único mérito es haber amasado montones de dinero, pero que en contra es cualquier cosa menos un tipo tolerante, feminista o científico ilustrado? La respuesta: un montón de estadounidenses hastiados de la corrección política, el multiculturalismo y la globalización, y espoleados por la idea de que si la chabacanería iba a invadir el espacio público, por lo menos que sea un chabacano de los suyos y no uno de la progresía bienpensante. Y no hablaremos más del tema porque, por algo, acá en la Guillermocracia lo tratamos in extenso en los posteos 10 viñetas sobre la elección presidencial de 2.016 en Estados Unidos primero, y en ...y Donald Trump es el nuevo Presidente de Estados Unidos, después.

En Latinoamérica, por su parte, parecieran querer soplar vientos en una dirección similar. Desde hace años, el movimiento globalizador en Latinoamérica viene asociado con políticas impuestas desde Washington, más que con ideas de tipo soberanía popular, autodeterminación de los pueblos y demases. En ese sentido, Latinoamérica fue pionera: mucho antes del Brexit y de Donald Trump, acá ya teníamos a insignes próceres contrarios a la globalización como Evo Morales, las FARC, la República Bolivariana, o los zapatistas. Y en 2.016 hicieron noticia dos de estos frentes. Por un lado, una República Bolivariana cada vez más derrumbándose a pedazos, con un Presidente Nicolás Maduro escapándose a duras penas de una acusación constitucional por parte del Poder Legislativo... acusación que fue impulsada a pesar de no estar contemplada en la Constitución. Porque eso es verdadero suspenso: no es que no sabemos cómo se van a jugar las reglas del juego, sino que además, ni siquiera se respetan las reglas del juego en primer lugar. Eso es odio. La otra, es la noticia de que un eventual tratado de paz entre las FARC y el gobierno colombiano se vino abajo luego de que un plebiscito lo decretara como fuera de límites. Sobre el asunto de las FARC ya hablamos en el posteo Los días decisivos de Colombia aquí en la Guillermocracia, así es que no insistiremos.

La generación Putin: Una chica de Omsk en Rusia (fuente).
Por supuesto, es imposible tener un cuadro completo sin mirar a la Rusia de Vladimir Putin. No me cabe duda de que, andando los siglos, Putin va a ser mirado como una de las figuras más confrontacionales y divisivas de la larga historia rusa. En el aspecto positivo, salvó a una Rusia económicamente quebrada por las depredaciones neoliberales posteriores a la disolución de la Unión Soviética. Bajo el alero de Putin ha crecido toda una nueva generación de rusos. La nostalgia por los tiempos de los soviets en realidad pertenece a los adultos que ya van en camino al geriátrico, y además, el régimen de Putin recuerda en ciertos aspectos a lo que fue la Unión Soviética en sus días de gloria, sólo que sin toda su carga ideológica. Pero luego está la generación que comienza a ascender. Los que nacieron alrededor de 1.991, el mismo año en que se desplomó la Unión Soviética y comenzó la era de Neoliberalismo con aroma a vodka, dominio de la Mafiya incluido, y que en la actualidad ya bordean el cuarto de siglo de edad, y son las gentes que si fueron a la educación superior, están haciéndose su lugar en el mercado laboral. Para ellos la Unión Soviética es algo propio de los libros de Historia, eventos anteriores a su propia presencia en el mundo. Su infancia estuvo marcada por el contubernio entre el gobierno de Boris Yeltsin, la Mafiya, la privatización, la corrupción estatal, y las potencias occidentales que profitaron a lo bestia a costa de la Nueva Rusia. Natural que, hoy en día, con una economía en mejores condiciones gracias a las políticas de Putin, se muestren más apáticos de la política, estén dispuestos a aceptar una cierta cuota de autoritarismo, e incluso abracen el nacionalismo sin ambages. Puede no ser la mejor de las Rusias ni un paraíso soñado, pero entre eso y volver a la Rusia de Yeltsin, no hay demasiado en donde perderse. Al menos, Hollywood no hace muchas películas con los rusos como los malos, como solía ser en la década de 1.990.

Por el otro, Vladimir Putin ha impulsado una política decididamente expansionista, y llamarla contraria al Derecho Internacional es poco. En 2.014 hizo lo impensable, e invadió a Ucrania para apoderarse de Crimea, sin que las desconcertadas naciones occidentales atinaran a hacer algo para pararle los pies. Y en 2.016, mientras toda la retórica occidental intentaba condenar a ISIS, Putin tomó el asunto en sus manos e inició una serie de bombarderos que inclinaron la guerra a favor del régimen sirio. Naturalmente, Putin tenía un panorama mucho más claro que Occidente para actuar. Parte de la ética de las potencias occidentales les obliga a criticar y atacar a ISIS, pero por otra parte, es insistente el rumor de que ISIS fue financiado en las sombras por las mismas potencias occidentales que vieron al Califato como un grupo de tontos útiles para derrocar al régimen decididamente antioccidental de Bashar al-Assad. Putin en cambio se metió a defender a al-Alassad, actuó con una línea clara, y se acabaron los problemas. Por supuesto, autoritarismo y expansionismo son una combinación letal. La política exterior de Putin susurra al oído de todo el mundo un cierto término alemán de infausta memoria: Lebensraum.

Curiosamente, en el mundo de la cultura se está viviendo un fenómeno diferente, pero que responde a coordenadas similares: la cooptación del cine mundial por parte de China. Hoy en día, China tiene una industria cinematográfica muy potente, aunque sus películas no salgan demasiado al mundo; las coproducciones podrían ser el camino para que el cine chino consiga alcanzar los mercados internacionales. En paralelo, el cine de Estados Unidos parece estar implosionando. En la última década, los grandes estudios se han embarcado en una carrera suicida por ver quién saca el blockbuster más impresionante, lo cual generó una impresionante burbuja que, más tarde o más temprano, tenía que estallar. Y parece haberlo hecho en 2.016, que pasará a la Historia del Cine como el año de las Summer Bomb Busters, de las películas blockbusters que terminaron reventando como bombas en la taquilla. No pocas de ellas se salvaron de ser un fiasco en taquilla... gracias a la recaudación obtenida en China. Warcraft, por ejemplo. Por supuesto, es posible que esto sean condiciones internas del mercado, un exceso de oferta por parte del cine de Hollywood, pero, ¿no podría ser también síntoma de algo más? ¿Podría ser que hubiera una correlación entre el agotamiento del modelo globalizador promovido desde Estados Unidos, y el agotamiento del modelo de cine blockbuster que promueve los valores prototípicamente estadounidenses, que viene desde Hollywood? ¿Será que las audiencias mundiales están cansándose del cine blockbuster por las mismas razones que votaron el Brexit, o a Donald Trump, o se están empoderando en Latinoamérica...? Puede que no. Después de todo, a inicios de 2.017 vimos que La gran muralla, una coproducción entre China y Estados Unidos que promueve a la enésima lo que son los valores colectivistas y nacionalistas chinos, aunque hizo caja, parece que terminará arrojando pérdidas de todas maneras. Pero aún así, la sola idea de que China y Hollywood estén embarcándose en coproducciones para producir blockbusters, es sintomático de que algo está ocurriendo allá afuera.

La nueva union sacrée del cine: China y Hollywood. Dios nos pille confesados.
Otra especulación más. En el año 2.016 se hizo memético el que todas las buenas estrellas del Cine, la Televisión y la Música se están yendo. La niña símbolo de esto fue Carrie Fisher, que sufrió un ataque cardíaco cerca de la Navidad, y acabó yéndose al inframundo con apenas sesenta años. Pero por otra parte, la muerte de gentes como David Bowie, Alan Rickman, Prince y otros más, alcanzaron dimensiones increíbles en la conciencia popular. Lo que es raro porque, admitámoslo, todos los años se mueren cantantes, actores, etcétera, y no por eso el asunto se vuelve memético. ¿No será acaso que las muertes de 2.016 se volvieron meméticas como una válvula de escape? ¿Será que sabemos que algo anda mal en el mundo, que se viene una crisis de proporciones, que el modelo globalizador podría venirse abajo en los próximos años, e incapaces de materializar esa angustia hacia el exterior, la estamos canalizando a través de la muerte de esos viejos amigos del Cine, la Televisión y la Música que ya no están aquí? Es casi como la teoría del Arrebatamiento, la idea de que antes del Apocalipsis y el fin del mundo, los buenos y justos serán llevados a los Cielos para ahorrarles las últimas tribulaciones, y los malos nos quedaremos a ver las últimas consecuencias de ese desaguisado que ustedes se están montando, y en el que yo estoy metido de refilón por culpa de ustedes, bola de tarados, gracias por nada.

De todas maneras, no creo que sea el fin del mundo. Ya hemos vivido esto antes. Después de Hiroshima, todo el mundo creía que el fin de los tiempos era mañana, bajo un hongo nuclear, y... setenta años después acá en la Guillermocracia sacábamos la serie de posteos Ver la Segunda Guerra Mundial, y seguimos contando. La gente puede ser bastante idiota a veces, y a veces más que a veces, pero el sentido de la autopreservación suele conferir un mínimo de sensatez. De que 2.016 ha sido un año de crisis, creo que eso nadie lo pone realmente en duda. El mundo va a cambiar. Para mejor o para peor, no lo podemos saber con certeza. Pero por supuesto, mientras el suelo se mueva debajo de nuestros pies, no nos sentiremos seguros. 2.016 fue uno de esos años en que todo se mueve bajo los pies.

En lo personal, no creo en las profecías cataclísmicas acerca del fin del capitalismo y la globalización. Ambas cosas en general son demasiado buenas, y hay demasiada gente que se beneficia de ellas, para dejarlas de lado. Pero sí creo que ha entrado en crisis una cierta perspectiva o manera de entender la globalización, una que llamamos genéricamente Neoliberalismo, y que ha venido campeando a sus anchas desde que Ronald Reagan, Presidente de Estados Unidos, emprendiera su cruzada contra las regulaciones en 1.981. Por supuesto, una crisis es una crisis, no necesariamente un final. Puede que para el Neoliberalismo sea un bache en el camino, y las cosas sigan como siempre. Puede que no. Yo no me atrevo a predicar el fin del Neoliberalismo, el cual por lo demás ha resultado ser increíblemente porfiado y resistente. Pero tampoco me atrevo a asegurar que seguirá incólumne. Como mínimo, habrá que introducir algunos matices, sea por convicción, sea por mero sentido de la autopreservación. El Brexit en sí mismo, y también las políticas proteccionistas de Donald Trump, en principio van en contra del Neoliberalismo como ideología. Ya se conoce la maldición clásica de los chinos: "ojalá que vivas años interesantes". Los próximos años serán interesantes, de eso no cabe duda alguna. Eso podría ser una maldición, por supuesto, pero si lo dicen los chinos, una de las civilizaciones más antiguas y respetadas del planeta, bueno sería hacerles caso. Si han sobrevivido tantos milenios sin derrumbarse, entonces algo deben saber, después de todo.

NOTA ADICIONAL: Respecto de las citas que encabezan este posteo, Ayse Köse Küçük fue citada en el artículo Los nuevos europeos, de Robert Kunzig, publicado en National Geographic en español, edición de Octubre de 2.016, y Liza fue citada en el artículo La generación de Putin, de Julia Ioffe, publicado en National Geographic en español, edición de Diciembre de 2.016.



2 comentarios:

murinus2009 dijo...

Gran recuento de eventos de gran poder devastador Guillermo:
El Brexit, la xenofobia de Europa y Estados Unidos, Putin y su expansionismo, la eleccion de Donald Trump, los movimientos antiglobalizacion en Latinoamerica.
Sorpresiva (para mi) la mención de China aumentando su influencia a traves de inversiones en Hollywood, el posible estallido de la "burbuja de los superheroes" tras las "Summer Bomb Busters" y la muerte de no tan antiguas estrellas, como Carrie Fisher y David Bowie
Desde el año 2007 o 2008 tengo informacion que aseguraba que el 2016 sería un año de grandes cambios, pero mas bien en lo relativo al envejecimiento poblacional, ya que este año unos 70 000 000 de integrantes de la generación Baby Boom, comenzarían a retirar su dinero de los sistemas de pensión a ritmo de unos 1000 dolares por mes cada uno: $70 000 000 000 de dolares por mes, en Estados Unidos solamente, eso causaría un movimiento de capital de tal magnitud, que sería una Crisis Mundial, no vista a la fecha.
A esto seguiría el desmantelamiento de lo que queda de la planta manufacturera estadounidense hacía 2027, lo que desataría otra crisis igual o peor a la de 1929.
Quizá la información era exagerada o esta ocurriendo y nadie se da cuenta, coincido en que es dificil que sea el fin del mundo y menos el fin del Neoliberalismo, capitalismo salvaje, sistema de poder, este sistema es bastante resistente, no por nada lleva unos 800 años desde la promulgación de la Carta Magna de 1215 de Inglaterra o antes, con los burgueses surgiendo en la Edad Media.
Cuesta trabajo imaginar, ¿Que nuevos eventos pueden ocurrir este 2017 y que impacto tendrán?... ¿un "Super Terrorismo fase IV", guerra entre China y Taiwan, o entre Rusia y Ucrania, Corea del norte lanzando un ataque masivo contra EEUU y Corea del Sur, la guerra que sugiere Guillermo entre Inglaterra y Escocia?, lo unico que sabemos es que aquí en la Guillermocracia veremos el recuento en 2018, a menos que la catastrofe nos mande a la edad de piedra, o no la sobreviva la especie Homo Sapiens.

Hasta pronto.

Gaby Fonseca dijo...

Que buena sintesis de los eventos del 2016, aunque si ya habia tocado esos temas antes. Yo me quedo con el analisis de Rusia y de Putin. Por que sera que la gente en general ve a Putin como el heroe cuando en realidad esta haciendo cosas tan dictatoriales y autoritarias?. Me encanto que hayas mencionado que los rusos estan aceptando una cuota de eso porque yo lo he pensado tambien, y creo que es la verdad. En discusiones con companeros de la escuela, yo siempre estoy en contra de Rusia, porque, soy honesta al decir que por lo menos en la Rusia actual eso les funciona, pero vamos, Putin teniendo esos mandatos (y los que le faltan), la opresion contra los periodistas y partidos politicos que no estan aliniados con el gobierno, la corrupcion enorme... vaya, eso esta bien, pero no esta bien aqui en Mexico o en paises como Siria o Turquia. Es una doble moral muy muy peligrosa en mi opinion. Son dictaduras disfrazadas, pero sobre todo en el caso de Rusia. Pero solo porque Putin hace cosas cool la gente acepta que lleve a cabo su politica de Espacio Vital (esa es la palabra Alemana del articulo de Don Guillermo por si estan leyendo esto xD) tal cual lo hizo Hitler antes y las potencias se asustaron. Y ahora que son mas fuertes, ni un dedo mueven mas que algunos twits.

Creo que el mundo paso por cosas dificiles en 2016, y espero que pasen cosas mejores en este 2017. Personalmente, descarto alguna guerra abierta, pero seguiran los conflictos a pequena escala. No creo que Corea del Norte haga algo mas mas que lanzar misiles de prueba, no veo ni de chite esa guerra entre Inglaterra y la otra parte del Reino ni menos con Europa. Ellos se van a ir, pero la Union Europea seguira en pie.

Saluditos a Don Guillermo (que parece ya no leer los comentarios desus fieles seguidores jaja T.T), murinus2009 y a todos los demas que lean esto ^^

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