miércoles, 1 de marzo de 2017

Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta - Episodio 4.


VALLE DEL RÍO MAPOCHO, COLLASUYO EN EL TAHUANTISUYO. AÑO 1.494 D.C.

Hasta Tobalaba llegaron las noticias: expedicionarios venían desde el norte. Tobalaba, el cacique gobernante de la región al oriente del Cerro Huelén, frunció el ceño. El dominio del Tahuantisuyo no era violento, pero eso no lo hacía menos humillante. Por el Camino de la Costa solían correr sólo los chasquis, y de tarde en tarde, las tropas del Sapa Inca. ¿Quién más querría exponerse a la ira del Sapa Inca, usando los caminos para él y sus tropas destinado?

Por eso, grande fue la sorpresa de Tobalaba, cuando descubrió que el jefe de los expedicionarios era Sinchiruca. Antaño, Sinchiruca se había comportado con el orgullo y la arrogancia propios de los conquistadores, aunque no le había faltado magnificencia; ahora, en cambio, venía más viejo, con semblante humilde. Tobalaba decidió ser prudente e interrogarlo con calma.

– En otro tiempo, cuando vos fuisteis joven, os ayudé a asentaros como curaca de estas regiones. Ahora, sin otros medios para compeleros que esta apelación a vuestra magnanimidad, es que pido refugio tanto para mí como para mi hijo – dijo Sinchiruca, presentando a un mozalbete que estaba en la edad de abandonar la infancia, y abrazar el camino hacia la madurez.

Tobalaba miró al chico con desconfianza. Había oído rumores de manera previa. El año anterior había fallecido el Sapa Inca, Túpac Yupanqui. Las noticias eran confusas. El heredero nombrado había sido Huayna Cápac, según algunos, y Cápac Huari, según otros. Pero al tiempo después, habían sido los emisarios de Huayna Cápac, y no los de Cápac Huari, quienes le habían pedido lealtad a Tobalaba. Cápac Huari, y su madre, la ambiciosa concubina Chuqui Ocllo, habían sido ejecutados, se decía. Pero, ¡ay!, Cuzco se encontraba a tanta distancia, como para tener noticias ciertas…

La espina de una sospecha se clavó en Tobalaba. ¿Y si alguien había salvado al mozo pretendiente al trono del Sapa Inca? ¿Y si ese alguien era Sinchicura? ¿Y si el chico no era su hijo en verdad…?

Si sus sospechas eran ciertas, entonces Tobalaba estaría cometiendo un acto de traición, pero… ¿lo era si desconocía el origen del chico? De manera que hizo un gesto a todas las personas para que salieran, incluyendo al chico, pero menos a Sinchicura. Este miró como el chico salía de la residencia de Tobalaba, y había angustia en sus ojos. Una vez en solitario, Tobalaba miró entonces a Sinchicura.

– Se me ocurrió una idea estúpida, Sinchicura – dijo Tobalaba, con dignidad. – Se me ocurrió que, quizás, sólo quizás… ese chico no fuera tu hijo, sino Cápac Huari, el pretendiente prófugo.

El rostro de Sinchicura centelleó. Iba a decir algo, pero Tobalaba lo interrumpió.

– En honor de la amistad que un día me brindaste, Sinchicura, yo nada inquiriré al respecto. Tendrás tierras y calma. Tú y tu… chico. Hay unos terrenos en la precordillera, están abandonados pero no falta la caza ni los arroyos en tal lugar. En tanto no seas buscado, tendrás un pasar tranquilo. Espero que os sintáis honrado de la amistad que os profeso en esta hora de vuestra desgracia, así como vos me brindásteis la vuestra en la hora de la mía.

– Grande es la generosidad, pero aún lo es más la gratitud. Más grande es mi deuda que la vuestra.

Poco después, Sinchicura y los suyos, incluyendo al chico, emprendieron el camino hacia la precordillera, hacia el sitio que había sido señalado por el cacique Tobalaba, y en el cual, más de medio milenio después, una empresa constructora llamada Ibis Blanco empezaría las labores para edificar un condominio el cual, si llegare a ser completado, sería llamado Corona de Amenofis…

Este episodio se titula: “Antiguamente el Imperio Inca...”.

Llacolén se quedó muy quieta, cerrando los ojos y apretando al máximo el pecho para evitar que su respiración se descontrolara, como si con ello fuera a desaparecer por arte de magia el hombre que acababa de disparar. Aún así, a través de los párpados vio un poco de claridad yendo y viniendo, y concluyó que alguien estaba iluminando el agujero con una linterna. Luego, la oscuridad.

Se movió levemente, mirando por debajo de la capa de tela negra que la cubría, cuidando mucho de no moverse en exceso para no delatarse. En el borde del agujero no había nadie.

Llacolén no era invisible, por supuesto, pero llevaba ropas oscuras, y además la capa de tela negra que se había puesto sobre la cabeza para disminuir al máximo el flash de la cámara fotográfica, había contribuido a esconderla en la oscuridad del agujero, a pesar de la débil iluminación nocturna exterior. Braulio la hubiera distinguir si hubiera enfocado su linterna sobre ella… pero no lo hizo porque no tenía idea de que ella estaba ahí, y cuando el haz de la linterna había pasado de manera fugaz por encima de la capa negra, Braulio no había llegado a discriminar su presencia entre las manchas naturales del terreno en el interior de un agujero de construcción.

Llacolén se movió casi arrastrándose hacia el lugar del agujero en donde estaba Vicente. Lo palpó, y sintió las manos pringosas con un líquido viscoso y caliente. Temiendo lo peor, intentó mover el cuerpo de Vicente. Pero no había respuesta; estaba por completo lánguido. Llacolén era una ingeniera, y ser ingeniero significa ante todo mantener la cabeza fría, de manera que ni se desesperó ni entró en pánico; aún así, le costó algunos segundos asimilar que Vicente estaba probablemente muerto.

Y ella lo había arrastrado a esta aventura aciaga, que ahora era una pesadilla de terror. En fin, el propio Vicente había insistido primero, pero si ella no hubiera aceptado…

– Tranquila, Llacolén. Tranquila – murmuró ella para sus adentros. – Hiciste lo que pudiste, no sabías que iba a venir un tipo armado con una pistola, y…

Oyó sollozos ahogados arriba, y volvió a la realidad. La persona que hubiera disparado no estaba en el borde, pero podía volver en cualquier momento. Y dentro del agujero, Llacolén era presa fácil. De manera que se lanzó a las empinadas paredes del agujero, escalando con desesperación. No supo cómo lo logró, pero consiguió llegar hasta el borde, y se escurrió buscando un escondite.

En ese minuto, se vieron luces en el exterior. ¿Todavía otra camioneta más…? Aquello empezaba a ser ridículo. ¿Cuánta gente se había fijado en Corona de Amenofis, esa noche…? Llacolén ahora sólo estaba preocupada por salir con vida del trance, de manera que se agazapó detrás de unos tubos de polivinilo apilados en un rincón, y se quedó esperando acontecimientos. Después de todo, nadie la buscaría si nadie sabía que estaba ahí.

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Annabelle, escoltada por sus tres hombres, inspeccionó el desastre. La entrada había sido completamente volada por la explosión.

– Revisen y aseguren el área – dijo Annabelle, y luego miró en todas direcciones, todavía incrédula acerca de la marcha de los acontecimientos.

Mientras los tres agentes de Arquitectura Oculta inspeccionaban el área, Carmiel encontró a Yoni, todavía amarrado a la retroexcavadora. Este lo miró con ojos de súplica.

– Por favor, compadrito, no me deje aquí, hay un hueón que me quiere matar…

Carmiel vaciló un minuto, luego sacó su 9x19mm Parabellum, y le descargó dos secos disparos, uno a la cabeza y otro al pecho. El cuerpo de Yoni se movió de manera eléctrica, y luego cayó a un lado, con las muñecas todavía amarradas a la altura de la cabeza.

A lo lejos, Braulio contemplaba la escena. Se había ido a buscar más explosivos, pero las luces de las dos camionetas de Annabelle, le habían alertado de la situación. El delicado e ingenioso plan que había preparado para incriminar a dos pelafustanes, dejando libre de responsabilidades a Leandro y a la empresa constructora Ibis Blanco, hacía mucho rato que se habían ido al demonio. Dudaba sobre qué hacer, y no se atrevía a consultar a Leandro sobre el curso de acción a tomar. Por supuesto, si hubiera enviado un Whassap a Leandro, éste no le hubiera respondido; Braulio no tenía idea de que la masacre que Annabelle y los suyos habían montado en la casa del empresario.

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Todavía más a lo lejos, alguien más contemplaba la situación. Se trataba de la chica que había denunciado, en la tarde de ese día, la primera incursión de Vicente y Llacolén. Le habían advertido que su primera intervención en Corona de Amenofis iba a ser caótica, pero jamás llegó a imaginar que tanto. Todo debía acabar con Braulio y los suyos por un lado, y Llacolén y Vicente por el otro, arrestados por la policía y metidos hasta el cuello en problemas, como la mejor manera de involucrarlos en lo que se iba a venir en los años venideros, además de ayudarse con Llacolén y Vicente para que Braulio no volara las malditas ruinas precolombinas bajo Corona de Amenofis, o al menos, no hasta investigarlas debidamente. ¿Tenía vuelta la situación, o ya se había descarrillado por completo? Meditó un instante acerca de qué hacer. Ella no era una chica de acción; muy en el fondo, era una rata de biblioteca que se sentía más cómoda entre libros que al aire libre.

No sabía ni qué hacer, ni cómo. Suspiró, y decidió abandonarlo todo por el minuto. Que todos ellos, la parejita ésa de Llacolén y Vicente, y el tipo que había entrado con dos sujetos luego de volar la caseta, y ahora el cuarteto en el furgón, que los tres grupos distintos se las arreglaran entre sí. Ya llegaría ella para ayudar a encauzar el desastre, con los poquitos recursos que tenía a su alcance.

Y de pronto, entendió qué debía hacer. No esperaba la llegada del último grupo, y eso ponía en peligro a Llacolén. Y ella era la pieza más esencial de todo el plan. Si había ayudado a que Llacolén acabara metafóricamente en los leones, tendría que buscar cómo salvarla. Y si además de eso alcanzaba a salvar al pobre Vicente… tanto mejor.

De manera que la chica, decidida, renovada con optimismo casi ciego, dejó los binoculares a un lado, abandonó la carpa, y emprendió la caminata hacia Corona de Amenofis.

La chica ignoraba que alguien más observaba la escena sin ser visto. Alguna vez había sido un ser humano, pero en la actualidad era algo… distinto. Su nombre era Cápac Huari, y había vivido en la región durante los últimos cinco siglos. Aunque la expresión “haber vivido”, es a falta de una mejor…

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Klunn se movía con frenesí para todas partes, dentro de Corona de Amenofis. Por supuesto, de noche, y siendo además Klunn una cucaracha, nadie la había visto, y aunque hubiera sido el caso, ningún humano le hubiera prestado atención. Flenn no había hecho contacto desde Misseldavia. Y antes de actuar, quería saber qué rayos planeaba Annabelle. Hasta el minuto, parecía fácil. Según Flenn, Annabelle había impulsado la construcción de varios condominios y edificaciones alrededor del mundo para alojar a los agentes de Arquitectura Oculta, la agencia de inteligencia que los misselianos habían creado para impulsar su agenda de control mundial. Pero ahora, todo parecía ser algo más. ¿Acaso Annabelle tenía alguna relación con las ruinas que habían encontrado en Corona de Amenofis? Era la única manera de explicar el repentino interés que había manifestado Annabelle en esa parte específica de su por otra parte vasto programa de edificaciones, tan vasto que se extendía por treinta y siete países en total. Y por supuesto, sin saber qué se traía Annabelle entre manos, cualquier cosa que Klunn hiciera, sería un destello en las tinieblas.

De pronto, la comunicación con Flenn a través de sus neurosensores, se abrió. Justo a tiempo.

– Flenn, necesito que me digas, ahora ya, qué demonios está ocurriendo en torno al plan de Arquitectura Oculta. Porque acá en Corona de Amenofis, las cosas están increíblemente raras.

– No sé, no tengo nada concluyente…

– ¡Flenn, eso no me basta! Tienes que decirme algo, porque no tengo idea de qué voy a hacer…

– Tengo una hipótesis, Klunn – interrumpió Flenn. – Pero podría estar equivocado.

– Dispara – dijo Klunn.

– Parece que la idea de las edificaciones es una cortina de humo – dijo Flenn. – Goran encontró a Annabelle en Malta, y se la llevó con él. Annabelle convenció a Goran de apoyar el proyecto de construcción alrededor del mundo a través de empresas títeres como Ibis Blanco, pero…

– Todo eso ya lo sabemos, Flenn. Anda a la hipótesis.

– Todo eso es una fachada. Si mi idea es correcta, Annabelle está manipulando a Goran y a los misselianos para avanzar en su propia agenda. Su propósito nunca fue ayudar a Arquitectura Oculta. Todo parece indicar que lo verdaderamente importante del plan de construcción, son los posibles hallazgos arqueológicos. Hay un patrón común en algunas de esas construcciones, en varias de ellas pero no en todas, se han encontrado ruinas anteriores a la llegada de los occidentales. Todas esas ruinas se vinculan en cierta medida con energías relacionadas a su vez con el campo magnético terrestre. Pienso que Annabelle en realidad usa el plan de construcciones para localizar esos puntos y… activarlos. Algo así como… hacerle acupuntura al planeta Tierra, no sabría describirlo mejor.

Klunn hubiera fruncido el ceño, si hubiera sido humano y no cucaracha. Le parecía una idea por completo absurda. Pero por otra parte, los humanos a veces dedicaban una cantidad increíble de esfuerzos a perseguir los misticismos más absurdos.

Y lo más importante: había que determinar si esos esfuerzos obraban a favor o en contra de que, en definitiva, se construyera Corona de Amenofis.

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Los agentes de Arquitectura Oculta habían inspeccionado el lugar, pero no habían encontrado a nadie más. Aún así, la presencia de la camioneta de Braulio significaba que alguien seguía ahí; Llacolén por su parte había adoptado la precaución de estacionar mucho más lejos de Corona de Amenofis, por lo que su propia camioneta no había sido descubierta. Sin embargo, nada habían conseguido descubrir.

– No podemos seguir atrasándonos. En cuanto antes terminemos, mejor – dijo Annabelle. – Injiel, acompáñame. Irina, Carmiel, ustedes quédense afuera del agujero y vigilen. Cualquier cosa, nos avisan.

Dispuesto lo cual, Annabelle amarró una cuerda a una máquina cercana, y la echó al agujero. No es que no se pudiera subir o bajar, pero con una cuerda, eso sería mucho más sencillo. Luego, repitió el mismo procedimiento en el agujero dentro del agujero. Así, Annabelle e Injiel llegaron hasta la habitación precolombina. Una vez ahí, Annabelle inspeccionó el altar, hasta descubrir el sol grabado en roca, y en la frente de dicho sol, el símbolo del círculo amarillo dentro de un borde rojo, con un triángulo también rojo apuntando hacia arriba. Annabelle sonrió. Era el mismo símbolo que ella llevaba tatuado, muy pequeño, en la parte interior de su muñeca izquierda.

Annabelle desplegó varias substancias rituales, e hizo algunos pases de preparación, mientras Injiel obraba como asistente. Completada la primera fase, Annabelle empezó a invocar, de manera lenta y repetida, con severidad y aplomo, como un ensalmo, las mismas palabras, una y otra vez:

– Cápac Huari, yo te convoco. Cápac Huari, yo te convoco. Cápac Huari, yo te convoco. Cápac Huari…

Mientras pronunciaba estas palabras, a lo lejos, el espíritu de Cápac Huari se sentía de pronto zarandeado primero, y luego tirado, jalado, arrastrado por una fuerza cada vez más y más irresistible, una que amenazaba con precipitarlo de cabeza a las ruinas precolombinas en el interior de la construcción de lo que se suponía, algún día iba a ser Corona de Amenofis; alrededor de Cápac Huari se arremolinaban las corrientes invisibles de las negras dimensiones espirituales, y esas corrientes formaban nudos y remolinos que ahora lo estaban arrastrando con todo su poder. Y muy al fondo, en el centro de esa ciénaga espiritual que era un nudo entre mundos espectrales, una voz femenina invocaba con robótica monotonía: “Cápac Huari, yo te convoco. Cápac Huari, yo te convoco. Cápac Huari...”.

En ese minuto, en la superficie, ignorante por completo del ritual que Annabelle estaba llevando a cabo abajo en el agujero, Braulio tomó una decisión. Iba a arriesgarse en ejecutar su plan inicial. Habían sólo dos tipos arriba; un disparo, dos disparos, y estarían muertos. Luego, una carga de dinamita al fondo del agujero, las ruinas precolombinas volarían, y el trabajo quedaría hecho.

Próximo episodio: “Corona de Amenofis es parte del plan”.

1 comentario:

murinus2009 dijo...

Parece que el buen Vicente no lo logra despues de todo, eso despeja la duda de si habría triangulo amoroso con Llacolén.

En este capitulo hace su aparicion la siempre util para todo Magia, tal vez Cápac Huari requiera un "recipiente" humano y tome el de Vicente.

Otro buen "cliffhanger" Guillermo, sera bueno ver como se resuelve, van a coincidir Braulio, la adolescente que pensé que era Anabelle, la propia Anabelle y Cápac Huari, ademas aparece por vez primera Klunn, viejo conocido de la serie.

A esperar a Abril de 2017.



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