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domingo, 29 de enero de 2017

Aristóteles: 2400 años (2 de 2).

Descarada copia romana de un busto original griego de Aristóteles. Faltos de vergüenza que eran estos romanos, en eso de hacer arte...
En 2.016, se cumplieron 2.400 años exactos y cabales desde el nacimiento de Aristóteles, uno de los más insignes filósofos de todos los tiempos. ¿Y qué se nos ocurrió hacer aquí en la Guillermocracia? Pues ponernos a explicar sus ideas filosóficas, y ponernos así a tiro de toda la industria filosófica emperrada en que reverenciemos la Filosofía como una forma de conocimiento o cuestionamiento superior, o algo así. Así de valiente somos por acá. En la primera parte del posteo hablábamos un poco de la vida, pasión y milagros de Aristóteles, y esbozábamos sus principales ideas acerca de la Lógica, algo inevitable considerando que Aristóteles usó sus investigaciones lógicas como escalinata para arribar a lo que de verdad le interesaba: construir una Metafísica. Y es aquí, en donde las cosas se vuelven realmente esotéricas. Porque Aristóteles da vueltas y más vueltas, tratando de que sus benditas proposiciones formales lleguen en algún minuto a tener substancia. Y lo que logra extraer de su doliente encéfalo son... más proposiciones formales. ¿Hay algún punto en que pueda dar el salto más allá? Aristóteles cree haberlo encontrado en su Teoría de las Cuatro Causas: la forma, la materia, el motor y el fin. O mejor dicho, en una de esas cuatro causas: el fin. Vamos a ello.

Para Aristóteles, la causa final viene a ser el Bien. Esto, porque nadie hace las cosas para obtener un resultado negativo. Si hacemos un pastel, es para deleitarnos con él. Y si lo hacemos y le echamos veneno para desembarazarnos de alguien al estilo Agatha Christie, es porque... bien... lo consideramos un bien, de alguna retorcida manera. Como suele suceder, las teorías optimistas sobre el mundo tienen problemas para explicar el Mal; Aristóteles de todas maneras ofrecerá su propia explicación. Según él, de que cuando surgen algunas cosas, de las mismas salen accidentalmente otras cosas distintas. O sea, los pasteles son buenos porque son ricos y alegran la vida, pero accidentalmente, alguien puede cocinar un pastel y echarle veneno para desembarazarse de alguien al estilo Agatha Christie. Pero aunque eso es algo malo, los pasteles siguen siendo buenos porque... son ricos y alegran la vida. El pastel es la forma de la harina, y las formas no son ciento por ciento perfectas. Pero por el minuto, gracias a su idea de que el fin último es el Bien, nos acercamos a un concepto carísimo a muchos defensores de Aristóteles, en particular los teólogos escolásticos: el Primer Motor, la Forma Pura, el Motor Inmóvil. Me imagino que ven hacia dónde marcha esto.

Ya estamos llegando hasta la parte más épica de Aristóteles: su Cosmología. El Estagirita presupone que existe un infinito, porque de otra manera serían inconcebibles cosas como las magnitudes matemáticas o el paso del tiempo. Pero el infinito no puede tener un soporte material porque... bien, si existiera algo infinito entonces no existiría nada más. Entonces, si el infinito no existe en forma concreta, formado, como acto, entonces debe existir como mera potencia. Lo infinito es por lo tanto lo imperfecto, incompleto o inacabado. Es en ese infinito en donde encontramos el espacio y el tiempo contra el cual ocurren los movimientos que llevan de la potencia a los actos.

Ahora bien, ya hemos mencionado que las cosas individuales son una forma respecto de una materia más o menos genérica. Pero eso significa que existe una materia inmutable, sobre la cual las características específicas, los accidentes, varían. Aquí tenemos la distinción entre lo esencial o substancial por un lado, que es inmutable, y los accidentes. He aquí la naturaleza, concepto que desde ese entonces ha gravitado sobre la mentalidad occidental para los más variados fines. Cuando los teólogos españoles seguidores de Ginés de Sepúlveda afirmaban que los amerindios eran naturalmente inferiores y por tanto destinados a esclavitud, usaban la expresión naturaleza en toda la palmaria dimensión aristotélica del término: o sea, esa supuesta inferioridad de los amerindios es algo eterno e inmutable, parte del orden cósmico de las cosas. Visto de esta manera, es buena cosa haber nacido blanco y cristiano como Ginés de Sepúlveda, y no amerindio y pagano. También dio origen a la doctrina del Derecho Natural, que ha permeado de una manera u otra todo el devenir jurídico de Occidente hasta, por lo menos, el siglo XX, y sigue dando coletazos cada vez que algún reaccionario sigue fastidiando con sus intentos de imponer la pechonería ultramontana a la gente que quiere vivir feliz y sin hacerle daño a nadie. Es de Derecho Natural, según estas gentes, por ejemplo, que el matrimonio es entre hombre y mujer, y por lo tanto, el matrimonio homosexual no es matrimonio porque... no es natural. Muy aristotélico, pero poco convincente.

¡Hey, que yo no tengo la culpa de que ustedes sean esclavos! Un sabio griego llamado Aristóteles decía...
Ahora bien, la naturaleza tiene un principio interno que la lleva a cambiar, de la potencia al acto, de la materia a la forma. Y ese movimiento es siempre vida, armonía, belleza y bien, y vivan los hippies. ¿Qué pruebas tenemos de esto? En un movimiento poco característico de Aristóteles, éste se limita a decir que... es evidente que es así, esto no necesita prueba, si no lo ves, es que eres un ciego de capirote. Lo dicho, hippismo puro. La naturaleza entera aspira a pasar de la materia a la forma, a alcanzar los fines para los cuales existe, que es el bien, recordemos, etcétera. La naturaleza es por supuesto inmóvil porque nunca cambia... sólo que cambia cuando va pasando de materia a forma. La harina no cambia, pero sí cambia cuando es horneada y pasa a ser un pastel... o algo así. Para entender esto, recordemos que la potencia y el acto son lo mismo, según Aristóteles, sólo que antes de cambiar y luego de cambiar; es un "devenir según la esencia" o algo así. Por supuesto, nosotros podríamos decir que ese principio interno no está probado y a lo mejor no existe, y la explicación de todo esto es diferente, pero será que somos unos incrédulos de porquería, ávidos de aguarle la fiesta de los 2.400 al pobre viejo.

Ahora bien, todo móvil necesita siempre un motor. Pero a su vez, ese motor es un móvil que debe necesitar a su vez un motor, que a su vez... creo que se entiende. El universo entero entonces es un montón de motores, el sueño húmedo de un mecánico de Fórmula 1, y cada uno de esos motores es movido por un motor anterior. Pero como esto no puede llegar hasta el infinito, entonces debe haber un Primer Motor que es un Motor Inmóvil. ¿Por qué debe haber un límite, por qué no puede haber una regresión infinita? Pues... quién sabe. Yo no veo problema lógico con esto, siendo que el universo en sí parece que es infinito. Pero Aristóteles lo encontraba falto de lógica por alguna razón, así es que existe un Primer Motor Inmóvil. Este es la Causa Primera, a partir de la que derivan todas las demás. Es también un Primer Motor que es inmóvil, o sea, que no se mueve hacia ninguna parte, y además eterno, o sea, que llena todo el infinito del tiempo. Por lo visto, Aristóteles parecía tenerle miedo al infinito y por eso predicó un Primer Motor en vez de una sucesión infinita de éstos, y acto seguido, dijo que ese Primer Motor es infinito en el tiempo y el espacio. Congruencia, señor Aristóteles, congruencia. Este Primer Motor también es acto, un Acto Puro, porque es la única manera en que puede activar otros motores para pasar de potencia a acto, etcétera, porque lo que es en potencia, es, pero sólo en potencia.

Por supuesto, aunque hoy en día tendemos a ver a Aristóteles como confrontando a su maestro Platón, es fácil ver que hay más de algún punto de contacto entre ambos. El propio Aristóteles se confesaba más bien platónico. Y en realidad, ambas filosofías no difieren mucho; la de Aristóteles es más alambicada, más plomo a tierra, con más ínfulas lógicas, pero en realidad es un refinamiento del Platonismo. Al último, se trata de la vieja aspiración de los filosófos de entonces y ahora y siempre, de encontrar una única respuesta a todo el universo, que ojalá sea lo suficientemente corta como para imprimirla encima de una polera. Para Platón, la respuesta estaba en el Mundo de las Ideas. Platón creía que éste era eterno, inmaterial, etcétera, y las cosas perecederas de esta tierra no importaban porque eran aspectos más o menos ilusorios de esa eternidad. Aristóteles, tres cuartos de lo mismo: tanto darse vueltas respecto de las reglas del razonamiento lógico, y todo eso, ¿para qué? Para acabar afirmando que todas las cosas terrenales son accidentes, lo que importa es la substancia, y esa substancia tiene una naturaleza que remata en un Primer Motor Inmóvil, que es eterno, inmaterial, etcétera. Al final, en ambos casos tenemos una doctrina que es a un tiempo dualista, en que existen dos realidades, pero al final monista, porque de esas dos realidades, la realidad material está subordinada o supeditada de alguna manera a la otra realidad, sea el Mundo de las Ideas o sea el Primer Motor Inmóvil.

Al final, dejando de lado los accidentes de ambas doctrinas y yendo a la substancia de éstas, por usar la nomenclatura aristótelica, son esencialmente lo mismo, un intento o pretensión por escribir la fórmula de la realidad arriba de una camiseta playera. Una importante cuota de filósofos posteriores caerá en esta misma trampa una y otra vez: lo que Platón buscó en el Mundo de las Ideas y Aristóteles en su Primer Motor inmóvil que es a su vez un Acto Puro y la potencia de todos los otros actos, los teólogos medievales lo encontrarán en Dios, Descartes en su propia mente solipsista, Kant en su cosa en sí del mundo numénico, Heidegger en su Ser, Wittgenstein en eso que puede ser mostrado pero no dicho, etcétera. Lo que todas estas elucubraciones dejan de lado, es justamente la realidad: la observación, la experimentación, la formulación y contrastación de hipótesis. Es siempre mucho más simple y seguro tratar de deducir la naturaleza de la realidad desde un sillón, que ponerse la bata de laboratorio y salir a interrogar a la naturaleza. Eso es lo que hacen los científicos, y por eso, de manera cada vez más prominente a partir del siglo XVIII, es lo que ha ido separando a la ciencia de la Filosofía, hasta dejar a la misma enclaustrada en los púlpitos universitarios. En la época de Aristóteles, la cosa tenía un pase porque la ciencia estaba tan en mantillas, que en Medicina todavía se creía en los cuatro humores, en Astronomía se debatía si la Tierra o el Sol estaban en el centro del universo, y la Física se explicaba por motores que arrancaban de motores que arrancaban desde un Primer Motor Inmóvil. A lo menos, ya lo hemos dicho, Aristóteles se gana un aplauso porque aparte de todas estas elucubraciones, se dedicó a una entusiasta serie de investigaciones en lo natural y social, que lo convirtieron en uno de los grandes eruditos de su tiempo. Otros filósofos posteriores, conviviendo con más desarrollo científico a su alrededor, tienen menos excusa.

"Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?" (Jorge Luis Borges... ¿contestándole acaso a Aristóteles y su famoso Primer Motor?).
Nos vamos a dejar fuera toda la teoría del alma de Aristóteles para no alargar en demasía lo que ya viene siendo un ladrillazo de los buenos. Digamos, eso sí, que Aristóteles pone un cierto énfasis en nuestra libertad ética, y nuestra consiguiente responsabilidad... y los problemas que afrontamos entre esas cosas y nuestros impulsos irracionales. Pero de todas maneras, la visión aristotélica del ser humano tiende a ser más bien benevolente. Según él, nuestro fin último es la eudaimonia, y les descargo a ustedes en los cráneos el término griego porque, en realidad, no tiene traducción al castellano; habitualmente se lo traduce como felicidad, pero aunque esto no es falso, sí que resulta impreciso. La palabra eudaimonia (εὐδαιμονία) está compuesta de εὐ- ‎(eu-, o sea, "bueno") y δαίμων ‎(daímōn, o sea, "espíritu"); una traducción literal significaría tener un buen espíritu, o bien tener una buena disposición vital. Fiel al ideario griego de autorrealización individual, diríamos que la eudaimonia es el adecuado florecimiento del espíritu humano en cada persona. A su vez, este florecimiento se vincula a una cierta serenidad de espíritu. Es posible que un tipo en su casa y con su familia sea tan feliz como un tipo amasando millones de dólares en transacciones bursátiles de vértigo, pero nosotros vincularíamos la eudaimonia más con el primer personaje, que con el segundo, en términos aristotélicos por lo menos, porque eudaimonia y una vida de vértigo son por definición opuestos.

Traigamos a colación toda la metafísica aristotélica: recordemos que la naturaleza tiende siempre a un fin, y se define por éste. Ahora, por naturaleza el ser humano es racional, ésa es su característica específica. Por lo tanto, según Aristóteles, la racionalidad humana sirve para alcanzar la felicidad. Ahora bien, como lo más racional es ser virtuoso, entonces al final termina siendo que una vida de virtud, lleva a la felicidad. Si encuentran todo esto demasiado idealista, no me digan nada: por favor, no maten al mensajero. Por supuesto, el conocimiento es una virtud racional, por lo que de ahí es posible concluir que una vida de conocimiento lleva a la virtud, y ésta a la felicidad, la famosa triple identidad que predicaba Sócrates en su día. O la enésima justificación de que la vida contemplativa y filosófica es la mejor vida posible; de autojustificaciones está hecha la existencia humana. Por lo que se sabe, Aristóteles parece haber aplicado en la práctica sus teorías; más allá de accidentes por aquí y por allá, no parece que el hombre haya tenido una vida excesivamente infeliz. Y ya sabemos que no debemos mirar a los accidentes sino a la naturaleza, Aristóteles dixit.

Por supuesto, hay una conexión entre el bien y la belleza. Recordemos: todo en la naturaleza tiende a sus fines. Y la belleza es un fin, por supuesto; si no me creen, díganme si no prefieren que su galán sea Chris Hemsworth o su chica sea Candice Swanepoel en vez de, digamos, el vecino o la vecina feuchos promedio, y díganme si no se visten y arreglan para verse más bonitos o más feos. Así es que lo bueno es bello y lo bello es bueno. Que a su vez, es lo racional y virtuoso. La práctica de la virtud es un arte, y la función del arte es producir belleza... ya ven para donde va. Ahora bien, la práctica de cualquier arte, el ejercicio de cualquier razón, lleva a la dominación de las pasiones, de la parte irracional, y eso se consigue con la prudencia, como el opuesto de los excesos, que se corresponden con las bajas pasiones. Por supuesto, algún burlón por ahí ironizó esta teoría, afirmando que Aristóteles era "prudente en exceso". Pero como sea, el resultado final de todo esto debe ser la sabiduría. De alguna manera.

La Teología vuelve a asomar su cabeza en este punto. A través de la sabiduría, el ser humano se aproxima a lo divino, que es la perfección de los fines. Como es el Bien y lo Bello absoluto, entonces lo divino es también el Principio y Fin de Todo, Acto Puro, Forma Inmutable e inmaterial. Y como lo divino es perfecto, entonces no puede pensar en la imperfección, y como lo único perfecto es lo divino mismo, entonces lo divino sólo piensa en lo divino. Si lo divino deja de pensar por un instante, o piensa en algo imperfecto, entonces desaparece, por lo que es imposible que lo divino deje de pensar en sí mismo. Si lo hiciera, entonces desaparece el Primer Motor Inmóvil y el Fin de Todo, y con él, todo lo que existe se desvanecería en la nada. Por supuesto, un ser divino que sólo piensa en sí mismo, o más aún, que piensa en el pensar puro, que sería lo más perfecto de lo perfecto, es... un ser divino que no parece un ser demasiado divino, que digamos. Es un pastel, la más perfecto de las formas que llamamos pasteles confeccionados con esa substancia que es la harina, y que sólo se preocupa de su propia pasteleidad. No prueben ustedes a rezarle, porque esa voluntad divina no tiene voluntad para nada que sea fijarse en ustedes o cualquier otra cosa de este mundo inmaterial. Claro está, los teólogos musulmanes y cristianos posteriores que adaptaron a Aristóteles, tuvieron problemas mayúsculos en este punto. Un Dios que se dedica todo el santo día a pensar en el pensar en vez de, ya saben, acceder a las plegarias y defender a sus fieles, es uno que no es fácil de vender a las masas desesperadas por un poquito de misercordia divina.

El más perfecto de los pasteles, Primer Pastel Inmóvil y el Fin de Todos los Pasteles, Forma más perfecta de la Harina, pensando en su propia pasteleidad.
No necesito decir que toda la exposición anterior es enormemente tosca, y plagada de lagunas por todas partes. Aristóteles era un pensador sutil que se daba cuenta de los problemas intelectuales que iban apareciendo en su camino, y debe dársele crédito por resolverlos como mejor podía. También, por otra parte, y creo que no necesito decirlo, el hombre ha generado una enorme industria de escritos posteriores. Aristóteles ha atraído a muchos pensadores posteriores gracias a sus denodados esfuerzos por darle precisión a sus ideas, precisando conceptos, categorías, etcétera, lo que le confiere un cierto rigor a sus ideas. También ha sido odiado por lo mismo: Aristóteles debe ser el filósofo más envidiado por la posteridad. Platón es fácil arrumbarlo a un lado, tachándolo de místico encubierto, o acusarlo directamente de totalitarismo como lo hace Karl Popper, pero con Aristóteles y su batería de categorías y conceptos, eso resulta más difícil. Al igual que Kant y su interminable retahíla de categorías, Aristóteles suena lógico; que lo sea en verdad, es harina (o pastel) de otro costal. A lo largo del texto he mencionado algunos problemas obvios con Aristóteles. Hay otros, claro está. Pero estos dos posteos han pretendido ser un repaso sumario, no una tesis doctoral. Esto es la Guillermocracia y no la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Conjeturalandia, después de todo.

Pero volviendo desde el Primer Motor Inmóvil a nuestra tosca realidad. Alejandro Magno, como decíamos, falleció en 323 a.C. El poder quedó en manos de Pérdicas, pero ya se hacía evidente que los generales de Alejandro iban a sacar los cuchillos para quedarse con el botín; las guerras subsiguientes por el control de los dominios alejandrinos iban a durar durante las cuatro décadas siguientes. En medio de todo esto, estaba fresca la conquista de Grecia por parte de Alejandro, y su dominio político y militar en tales tierras había durado apenas década y media. En varias ciudades helénicas, los partidarios de rechazar a los macedonios cobraron fuerzas. Aristóteles juzgó prudente abandonar Atenas, en particular considerando lo que le había pasado a Sócrates seis décadas y media antes, y bajo circunstancias similares, de manera que marchó a la isla de Eubea. Allí falleció al año siguiente, en 322 a.C., sin que sepamos con claridad las causas de su muerte.

Y el legado de Aristóteles no desapareció con su muerte, como sabemos. La escuela de los peripatéticos sobrevivió. Sus seguidores fueron altamente influyentes, y siguieron conservando el sabor empírico de su escuela particular. Uno de los más destacados fue Teofrasto, que además de filósofo, fue científico y literato. Dejó para la posteridad una obra llamada Los caracteres, en donde describe distintos tipos humanos en tono de sátira: el cretino, el tacaño, el flojo, etcétera. Si pueden agenciársela, háganlo y léanla, que se pasarán un buen rato en grande con ella. En este intento de Teofrasto por satirizar a la sociedad humana diviéndola en categorías de tipos humanos ideales, resulta difícil no vislumbrar un punto de influencia aristotélica. Ya en tiempos del Imperio Romano, Aristóteles experimentó un cierto eclipse en beneficio del Platonismo, que volvió por sus fueros luego de algunos años de sequía por el desierto. Esto tiene lógica: el racionalismo y empirismo aristotélicos eran cada vez menos populares frente al misticismo y el apriorismo platónicos, en una cultura cada vez más atravesada por el misticismo oriental. Sin embargo, quizás fiel al espíritu del bizantinismo, en Constantinopla experimentó un nuevo auge, lo que fue de provecho para nosotros, porque se copiaron muchos textos aristotélicos que de esta manera llegaron hasta nosotros.

Tomás de Aquino le ofrece sus escritos a la Santísima Madre Iglesia Católica. Aristóteles aparece sentado al fondo, porque adivinen a quién se fusiló Tomás de Aquino para escribir la Summa Theologica.
En el mundo cristiano occidental, Platón fue mucho más popular que Aristóteles, en buena medida gracias a que Agustín de Hipona se basó en su propio pasado pagano platónico para escribir La Ciudad de Dios, el texto teológico seminal de la Cristiandad de la primera mitad de la Edad Media. Pero Aristóteles resucitó en el mundo islámico, que en ese entonces buscaba dotar a su fe de una cierta racionalidad. Esto duró por supuesto hasta que surgieron los inevitables conflictos entre el Aristotelismo y el Islam. Por ejemplo, según la concepción del Islam, el mundo fue creado, mientras que según Aristóteles, el mundo es infinito en el tiempo. Los pensadores más prudentes, siguiendo la prudencia aristotélica, decidieron que no valía la pena arriesgar el cuello bajo el hacha del Califa, y decidieron que Aristóteles tenía razón en todo lo que no contradecía el Corán. De todas maneras, toda la teoría del Primer Motor y de la Causa Final fueron tomados como pruebas racionales de la existencia de Alá.

A través de los traductores en la Hispania medieval, los textos aristotélicos y de sus comentaristas árabes, en particular de Averroes, pasaron al mundo europeo, e impactaron de lleno en la Escolástica. Los teólogos del siglo XIII afrontaron los mismos problemas que los musulmanes para ajustar a Aristóteles dentro del Cristianismo, y llegaron a conclusiones similares: a Aristóteles había que hacerle caso en todo lo que no contradijera la Revelación. Y si Aristóteles resultaba demasiado convincente, entonces había que creer en los dogmas cristianos por cuestión de fe, y asunto arreglado. Aristóteles encontró carta definitiva de naturaleza gracias a la Summa Theologica escrita por Tomás de Aquino, y desde ese entonces, con altas y bajas, puede afirmarse que el grueso de la Teología Cristiana ha tenido una base más o menos aristotélica. Afirmar que el Cristianismo es una de las principales fuerzas modeladoras de nuestra civilización occidental es un sobreentendido, de manera que si afirmamos que el Aristotelismo tiene un rol central en la mentalidad occidental moderna, no estamos demasiado lejos de la verdad. Cualquiera que haya estudiado Derecho y se haya enfrentado a la teoría de la causa, o haya oído hablar de elementos esenciales, naturales y accidentales de los actos jurídicos, sabe que Aristóteles todavía planea encima de sus cabezas, aunque no conozcan la identidad de esa sombra encima suyo.

Pero también Aristóteles dejó un legado un poco más intangible, que se relaciona directamente con la ciencia moderna. Aristóteles enseñó, de manera indirecta, que las más grandes cuestiones universales pueden ser resueltas por medio de la lógica y el pensamiento racional. A veces Aristóteles no era demasiado lógico o racional, por supuesto, pero lo importante es el ejemplo: debemos tratar de pensar sobre las cosas, investigarlas, analizarlas, categorizarlas, porque en última instancia, la realidad es probablemente fácil de entender, si ponemos el esfuerzo suficiente en ello. Puede que sí, puede que no, puede que al final haya respuestas o que no las haya, pero jamás lo sabremos si al menos no lo intentamos. Resulta irónico que Aristóteles se enseñó durante siglos de manera escolástica, cuando él mismo parece haber sido enemigo del escolasticismo vacío. Aunque apuntemos los puntos flacos de sus ideas metafísicas e incluso las ridiculicemos un resto, a lo menos debemos aplaudirle la serenidad de espíritu con la cual no se rindió a los desvaríos místicos, como su maestro Platón, y se preocupó siempre de reforzar al máximo sus argumentos, así como de no darle la espalda a la investigación científica del mundo. En ese sentido, Aristóteles resulta mucho más moderno y avanzado que una buena cantidad de bípedos humanoides que andan dando vueltas allá afuera, incluso en los gobiernos o en las altas esferas de las finanzas, que viven a casi dos milenios y medio de su nacimiento, y que harían bien en tomar lo mejorcito de Aristóteles como ejemplo personal.

Aristóteles en la Crónica de Nüremberg (siglo XV). Ponerle a los personajes históricos una ropa que no cuadra con su época, no es invento de Hollywood.

1 comentario:

murinus2009 dijo...

Buen cierre de esta Conmemoracion de los 2400 años de Aristóteles.

Definitivamente esta Entrada y la anterior son para releerlas varias veces, contienen mucha información.

No sabia que Aristóteles habia tenido tanto peso en el desarrollo del Cristianismo y la cultura occidental, yo tenia entendido que era Sócrates el que habia tenido mas influencia en el pensamiento cristiano, con su método de hacer una pregunta y contestarla, hasta que surgía otra y asi sucesivamente,creo que se le llama el método "Socratico Mayeutico".

Increible que la obra de Aristoteles haya sobrevivido a la cultura islamica y que de hecho esta misma cultura le dio proyeccion.

Notable que hagas incapie en que Aristóteles fue un filósofo de los que al parecer se han acabado, uno que buscaba la causa de todo y que asi llegó a su teoría del "primer motor"

Al parecer no se puede avanzar mas alla del "como" ya que siempre aparecerá una pregunta posterior: el "porque" y asi es siempre en todo, una vez que se sabe como funciona algo, podemos describirlo y hasta crear tecnologia con ello, pero no sabemos "porque" es asi, de ahi el hecho de que muchos optan por la Fe en un ser, entidad, fuerza, superiores,origen de todo,fuerza creadora, dios, o como se le quiera llamar, a la que se le atribuye el porque, pero que siempre crea nuevas dudas: ¿Porque existe ese ser superior y que o quien lo creo? y asi sucesivamente, lo que se resolvió con el uso de la siempre útil fuerza bruta: "si investigas mas alla de lo acordado, te partiremos el craneo, quemaremos en la hoguera, encerraremos, azotaremos, etc."

Estas dos Entradas Guillermo, son un gran aporte al conocimiento universal, como ya lo mencioné antes, no he sabido de nadie mas que tomara en cuenta los 2400 años de Aristóteles, ni en la tv cultural, ni en revistas, ni en Internet y menos que dedicaran tiempo a preparar tan buen material, para dar a conocer su obra, estas 2 Entradas son de Antologia y un gran material para acercarse a la obra de este olvidado filosofo.

Gracias Guillermo y hasta la proxima.


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