jueves, 22 de junio de 2017

Siete datos de trivia sobre "Infra Terra: Entronización".


La semana pasada le echábamos un vistazo a siete datos de trivia sobre Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, una de las tres miniblogoseries que publicamos acá en la Guillermocracia, entre finales de 2.016 y el primer semestre de 2.017. Ahora es el turno de Infra Terra: Entronización, y haremos exactamente lo mismo, es decir, publicar siete datos de trivia para que los lectores puedan asomarse a la trastienda de la misma. Por supuesto, creo que no necesito decirlo, seguir leyendo a partir de este punto implica incurrir en spoilers, de manera que si no han leído la miniblogoserie original, entonces retrocedan, lean los seis capítulos de la misma, y luego vuelvan a este punto. Para los que ya hicieron tal cosa, pues, allá vamos sin más trámite. Disfruten.

1.- Hubo varios elementos de la blogoserie original que iban a ser presentados a lo menos como un guiño, y que después fueron descartados.

En una escena planificada, Wolfgang Spengler iba a encontrarse por primera vez con los revedas; esta escena fue descartada porque no hacía progresar el argumento de ninguna manera. También iba a hacerse mención de los Seis Reinos, que son presentados de manera prominente en un arco argumental de aproximadamente veinte capítulos en la blogoserie original. Sin embargo, incluir a los mismos iba a complicar el argumento de manera excesiva, al introducir todavía otro frente en conflicto respecto a los ya presentados, por lo que todo esto fue eliminado. Las tropas femeninas al servicio de Kriegsweltz III por su parte, iba a mencionarse explícitamente que procedían del reino de Lin, mencionado varias veces en la blogoserie original, aunque nunca mostrado de manera directa; pero luego esto se descartó porque hubiera obligado a ahondar en la mitología propia de la historia. También iba a presentarse el inicio de los sucesos que iban a rematar en todo lo relativo a los indorroan, pero esto fue reservado para una potencial secuela.

2.- Ciertas cuestiones de continuidad revelan la extensión del daño emocional sufrido por Wolfgang Spengler.

Aunque a rasgos generales, la historia del romance de Wolfgang Spengler y Darma sigue lo presentado en la blogoserie original, hay también algunos elementos que resultan incongruentes e incluso contradictorios. Como los recuerdos de lo sucedido entre Wolfgang Spengler y Darma son presentados a través de la óptica de éste, cabe colegir de ello que el propio Spengler ha sufrido un enorme trauma emocional, y por lo tanto, los recuerdos de lo sucedido en el pasado han sido referidos a través de una emocionalidad distorsionada. Esta es una nueva lectura que no estaba tan presente en la blogoserie original, o por lo menos, no de manera tan explícita.

3.- Se revela el origen del disgusto de Kriegsweltz IV por la cultura de la superficie.

Un elemento subyacente en el argumento de la blogoserie original, es el desprecio que siente Kriegsweltz IV respecto de la cultura de la superficie, a la cual considera como tierra bárbara. Infra Terra: Entronización ahonda en este punto, explorando un poco las posibles motivaciones que pueden haberle llevado a este desprecio.

4.- Las intrigas palaciegas iban a ser originalmente más extensas.

En el bosquejo original del argumento, iba a existir una subtrama con todavía otra potencial facción intentando hacerse con el trono en Kriegsburg. En el boceto original, la evolución de esa intriga iba a sembrar las semillas para el conflicto dinástico final. Todo esto fue eliminado finalmente por motivos de espacio. De haber quedado, esto hubiera sembrado mayor ambigüedad sobre las actuaciones de Darma a lo largo del argumento.

5.- Uno de los objetivos fue explicar un poco más la sociedad del mundo subterráneo.

Muchos detalles acerca de cómo funciona el mundo subterráneo y cómo se las arregla para sobrevivir en un mundo sin luz solar, ya habían sido incluidos en la blogoserie original, pero un poco a vuelapluma, debido a privilegiar en ella la aventura. Sin embargo, el tener a un joven Wolfgang Spengler como personaje en pleno proceso de aprendizaje, facilitó el profundizar un poquito más en estos aspectos. De esta manera, como lectores vamos aprendiendo sobre la sociedad subterránea al mismo tiempo que lo hace Wolfgang Spengler.

6.- "Infra Terra: Entronización" estuvo a punto de ambientarse en 1.997.

La historia original partía en 2.007, que es el año de la publicación del primer episodio, y por lo tanto, los sucesos de "veinte años atrás" transcurrían en 1.987. En un minuto existió la posibilidad de tratar a Infra Terra: Entronización como un reboot completo, y esto hubiera permitido actualizar la fecha del primer contacto entre Wolfgang Spengler y el mundo subterráneo, a 1.997. Sin embargo, finalmente decidí en contra de esto, y mantuve la fecha original de 1.987. Esto tiene como consecuencia colateral, que el mundo de Infra Terra es técnicamente una historia paralela, o bien una ucronía, considerando que en 2.007, la superficie terrestre fue prácticamente aniquilada gracias al ataque orquestado por Kriegsweltz IV.

7.- Los destinos finales de Reinhard Becker y Darma fueron invertidos.

En el primer borrador de la miniblogoserie, Darma sobrevivía, mientras que Reinhard Becker fallecía de una muerte heroica. Luego me di cuenta de que era posible que su habilidad como lingüista le diera una herramienta impensada, y muy útil y decisiva, para sobrevivir, lo que llevó a su modificación. El destino de Darma, por su parte, quedó sellado después de darme cuenta de que no había manera alguna de conseguir que el personaje sobreviviera, sin que eso tuviera algunas drásticas consecuencias para el devenir de la saga como un todo.

Y una cuestión adicional. Al planificar Infra Terra: Entronización, la misma fue planteada como una precuela a la blogoserie original, y así es como la ofrecimos a los lectores en su día. Sin embargo, aunque sigue funcionando como tal, el planteamiento de la misma abre bastantes posibles extensiones, que no estaban presentes de manera tan nítida en la historia original, así es que de ahora en adelante, la trataremos como un reboot completo de la franquicia. Esto quiere decir que a partir de ahora habrán dos continuidades, la primera conformada por Infra Terra: Entronización, y por Infra Terra la blogoserie original, y una segunda conformada por Infra Terra: Entronización, y las potenciales secuelas, precuelas y spin-offs que puedan venir a partir de aquí. O lo que es lo mismo, Infra Terra: Entronización tendrá estatus de canónica para las dos continuidades de Infra Terra. O lo que también es lo mismo... un mago lo hizo. O algo así.

martes, 20 de junio de 2017

8 argumentos de la religión contra la ciencia y cómo refutarlos (2 de 2).


En la entrega anterior de este posteo en dos partes, nos adentrábamos en un terreno bastante espinoso: las críticas de la religión en contra de la ciencia. Y tiene que ser en dos partes porque el tema en sí, es bastante substancioso. Ahora, en esta segunda entrega, vamos con un favorito de todos: lo que pasa cuando la ciencia decide examinar con lupa lo que es la palabra bíblica. Tan favorito, que da para dos argumentos, de hecho. Y sin más preámbulos, vamos a por ello.

5.- La ciencia contradice la Biblia.
  • El argumento: La ciencia afirma cosas que no están en la Biblia, o que derechamente contradicen a ésta. Por lo tanto, la ciencia está equivocada.
Por qué este argumento no funciona: Quien no cree, tiende a descartar este argumento sin más porque "yo no creo en la Biblia". Lo irónico es que eso es tan poco científico como la opción contraria, o sea, aceptar la Biblia de manera acrítica y sin más. La verdadera actitud científica no es creer o dejar de creer en la Biblia, sino tomarla y analizarla para desentrañar qué de correcto y qué de erróneo tenga. Porque, después de todo, sí cabe la posibilidad de que la Biblia sea un texto sagrado y una revelación divina. Bueno, también podrían serlo el Quijote, o Dune, o los escritos de Corín Tellado, por qué no, pero en cuanto posibilidad, ésta existe. Y si fuera el caso, tendríamos que cambiar la ciencia entera de suelo a techo. Pero por desgracia para los creyentes, la Biblia es cualquier cosa menos un texto científico. De partida, ni siquiera existe un texto bíblico uniforme, ya que cada religión abrahámica acepta un canon distinto. Los judíos aceptan la Torá, pero no el Nuevo Testamento. Los cristianos aceptan el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero las confesiones cristianas no aceptan todas ellas el mismo canon al ciento por ciento, de manera que algunos consideran tales o cuales libros como parte de la Biblia, y otros como apócrifos. Los musulmanes aceptan el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero además le añaden el Corán con estatus de actualización definitiva, dejando así la Biblia como mero texto complementario. Los mormones por su parte hacen lo mismo que los musulmanes, pero no le añaden el Corán sino el Libro de Mormón. Y así, suma y sigue. Ante el argumento de que la ciencia contradice la Biblia, habría que preguntarse: ¿La Biblia según quién...?

Además, aceptando como más o menos canónico el texto bíblico tal y como lo entienden el grueso de los cristianos, dejando tales o cuales potenciales apócrifos volando allá afuera, aún así es difícil concebir el texto bíblico como una revelación divina. Porque en un análisis desapasionado del mismo, resulta que el texto bíblico tiene una buena dosis de errores, contradicciones, e información que no se colige con nuestro actual estado de conocimiento del mundo, sino con el estado propio de un pueblo de pastores de cabras de la Edad del Bronce. Un ejemplo básico es que la Biblia afirma que la Tierra es plana, mientras que hoy en día sabemos que la Tierra es redonda. Eso no ha detenido a una frondosa industria de gente intentando justificar lo injustificable, como por ejemplo citar algún versículo suelto por ahí para argumentar que la Biblia considera la Tierra como redonda, cuando varios pasajes bíblicos dejan entrever que el mundo sería plano, bien con forma de disco, bien con cuatro esquinas. Por lo tanto, afirmar que la ciencia contradice la Biblia no debería ser un argumento en contra de la ciencia, sino más bien a favor de ella: porque la ciencia ha puesto a prueba las afirmaciones empíricas hechas por la Biblia, y si bien en algunos casos le ha dado la razón al texto bíblico, en otros ha tenido que enmendarle la plana.

6.- La ciencia ha probado que la Biblia tiene la razón.
  • El argumento: A pesar de todos los intentos de los científicos por probar que la Biblia está equivocada, más tarde o más temprano se han visto forzados a admitir que, a pesar de sus prejuicios y malas intenciones, el texto bíblico sí que tenía razón.
Por qué este argumento no funciona: No deja de ser una peregrina cabriola intelectual, que algunos creyentes intentan descalificar a la ciencia porque va en contra de la Biblia, lo que veíamos en el argumento anterior, pero luego tratan de apoyarse en ella para demostrar que la Biblia tiene la razón. Suena un poco al argumento que usó el Califa Omar en 640 para quemar lo que quedaba de los textos de la Biblioteca de Alejandría: si estaban conformes al Corán eran superfluos, y si lo contradecían eran heréticos. Pero lo cierto es que el creyente en sí que tiene su miga de razón, en lo que a este argumento se refiere. Durante la oleada de Racionalismo que invadió a la intelectualidad europea durante la Ilustración, se puso de moda denostar a la Biblia, tratando sus narraciones como un montón de supercherías inventadas sin fundamento histórico alguno. Pero gracias a las investigaciones arqueológicas modernas, desplegadas en Egipto y el Medio Oriente a partir de mediados del siglo XIX, estos descreídos tuvieron que empezar a aceptar que los relatos bíblicos sí que tenían una base histórica real, aunque no de manera literal, eso sí. Por lo que resulta irónico que mucho de lo que todavía no sabemos sobre la Biblia, se debe a que en el día de hoy, son dos grupos de creyentes, los judíos habitantes del Estado de Israel y los musulmanes habitantes de Palestina, quienes ponen sucesivos obstáculos y cortapisas a nuevas excavaciones arqueológicas que puedan probar que la Biblia se equivocaba, cuando en realidad podría ser que la Biblia sí tuviera la razón. Pensemos por ejemplo en lo que podríamos aprender sobre el Segundo Templo de Jerusalén si excaváramos ahí... pero eso significaría tocar el Muro de los Lamentos, el último resto de tal templo, lo que por supuesto levantaría la ira radical de los judíos ortodoxos.

Por supuesto, este argumento envuelve una cierta mentalidad conspiranoica por parte de los creyentes. Sincerando el argumento, vendría a ser algo así como lo siguiente: "¡Ah, miren! ¿Ven? Ustedes los incrédulos científicos despreciaban a la Biblia, y resulta que ahora tienen que admitir que la Biblia tiene la razón". Por supuesto, las cosas no son tan así. En primer lugar, porque un científico verdaderamente objetivo no tiene ningún interés en probar o refutar las afirmaciones bíblicas: sólo le interesa conocer la verdad, sea que ésta favorezca la narración de la Biblia o no. Piensen en lo que significaría si encontráramos en una excavación arqueológica, el palacio del rey David. Para los creyentes sería una fiesta, pero para un científico, sería una pieza más para entender nuestro pasado histórico, sin consecuencias religiosas de algún tipo u otro. Y por supuesto, luego está la serie de puntos en donde la investigación arqueológica ha entregado versiones significativamente diferentes del relato bíblico. Hoy en día, por ejemplo, no consideramos como cierta la historia de Noé luchando contra un Diluvio Universal, sino que consideramos que dicha leyenda está inspirada en una anterior, la de un personaje ficticio mesopotámico llamado Utnapishtim, contenida en la Epopeya de Gilgamesh, y que a su vez sería un eco de relatos de antiguas inundaciones en Mesopotamia. Es gracias a la arqueología moderna que hemos desenterrado tablillas con la mencionada epopeya, así como hemos encontrado vestigios de esas inundaciones.

7.- La ciencia es responsable por la eugenesia y los nazis.
  • El argumento: La ciencia enseña que no existen verdades sagradas, y por eso, los científicos carecen por completo de moral. Es así que los científicos son responsables por toda clase de horrorosos experimentos, como por ejemplo las atrocidades de los nazis.
Por qué este argumento no funciona: En primer lugar, la ciencia no enseña la inexistencia de verdades sagradas. Lo que la ciencia enseña es algo bien distinto: que todo lo que sabemos y afirmamos, deberíamos basarlo en la experiencia. Muchos pensadores e intelectuales a lo largo de los siglos le han dado vuelta al tema de si existen verdades éticas o morales trascendentes. Al final del camino, no hay acuerdo en ello. Por ejemplo, ¿es ético comer cerdo, o no? Según un cristiano, no hay problema en asar una rica chuleta sobre una la parrilla para merendársela después, pero según un judío o un musulmán, eso es abominación. ¿Y qué dice la ciencia al respecto? Nada. Esa clase de afirmación ética no es una que se base en la experiencia, y por lo tanto, no tiene contenido científico alguno. Un científico puede hacer recomendaciones de cierta índole respecto de comer cerdo, como por ejemplo que si lo vas a consumir, mejor hiérvelo o ásalo a la parrilla bien, porque de lo contrario puedes terminar con un grave caso de triquinosis. Pero eso es apenas una recomendación de carácter médico, no una afirmación ética, porque se basa en lo que es mejor para tu salud, no en si con dicha conducta estarías ganándote un pase para el Cielo o el Infierno.

Desde luego, el quid del asunto radica que la ciencia es éticamente neutra. La ciencia sólo ofrece descripciones acerca de cómo funciona el mundo. Son las personas quienes debemos tomar decisiones éticas respecto del mismo. El consenso científico hoy en día, más allá de algunos teóricos de la conspiración dando vueltas allá afuera, es que no hay eso que los racistas en su época llamaban razas superiores e inferiores. ¿Significa eso que está bien o mal discriminar por motivos raciales? ¿Significa que debemos darles tratamiento de discriminación positiva a tales o cuales grupos raciales? La ciencia no ofrece respuestas a eso, porque ésas son decisiones éticas que debemos tomar una vez que tenemos todo el conocimiento de los hechos. Por supuesto, eso nos hace a nosotros responsables, no a la ciencia en cuanto ciencia. Es más: gracias a que la ciencia ha avanzado en la investigación del mundo, podemos tomar mejores decisiones éticas que en el pasado. Por ejemplo, ¿es ético depredar el medio ambiente? Muchas culturas antiguas ignorantes de la Ecología pensaron que sí, y luego les pasó lo que les pasó: que hoy en día las visitamos en los museos. El libro Colapso de Jared Diamond, se dio un festín con esto. Hoy en día, es gracias a la ciencia que conocemos los peligros de la degradación del medio ambiente, y por eso, estamos en condiciones de tomar decisiones sobre la materia que sean mucho más éticas que cualquier civilización en el pasado. Porque la ciencia está tras los experimentos médicos de Auschwitz, o de la Unidad 731, o de Tuskegee, o la bomba nuclear, por ejemplo, pero también está tras las vacunas y antibióticos, la exploración espacial, e Internet gracias al cual usted está leyendo la Guillermocracia.

8.- A la ciencia no le corresponde criticar a la religión porque son dos magisterios diferentes.
  • El argumento: La ciencia puede cacarear todo lo que se le antoje sobre la naturaleza, porque ése es su magisterio, pero en temas de ética y moral, no le corresponde pronunciarse, porque eso es magisterio de la religión.
Por qué este argumento no funciona: Aquí hay tanto que comentar, que se hará corto el espacio. En primer lugar, esta afirmación es correcta desde cierto punto de vista. La ciencia, ya lo hemos mencionado más arriba, de hecho no hace o no debería hacer afirmaciones éticas. La ciencia es éticamente neutra. Las afirmaciones científicas pueden ser usadas como fundamento para una política determinada, o para una de signo completamente diferente. Es como la electricidad: usted puede usarla para iluminar una casa, lo que es algo bueno, o para achicharrar a un pobre desgraciado en una cámara de torturas en Guantánamo, lo que es algo malo, pero eso no es culpa de la electricidad en sí, sino de cómo elegimos usarla. De todas maneras, hay algunos matices que introducir. En primer lugar, los científicos sí que tienen derecho a participar en debates éticos, y a traer consigo todo el bagaje científico que han conseguido acumular, para usarlo como argumentación. Pero no tienen ese derecho porque su condición de científicos les confiera un estatus especial y distinto al resto de los seres, sino en cuanto ciudadanos que tienen el derecho y también el deber de preocuparse por los asuntos concernientes a su comunidad. Ser un científico no quiere decir ser un eunuco moral, después de todo. El científico investiga, mientras que el ciudadano tiene una posición ética frente a la sociedad, y un científico puede e incluso tiene el deber cívico de ser ambos. Por otra parte, no debemos entender esto en el sentido de que la gente religiosa tenga alguna especie de superioridad ética sobre el resto. Eso es lo que a muchos creyentes les gustaría pensar, pero luego hemos visto a creyentes quemando libros, o peor aún, quemando a personas, lo que no parece ser demasiado ético, en el contexto de una democracia moderna por lo menos.

Pero se pone peor. Porque una cosa es hacer una afirmación ética, y otro punto es fundamentarla. Y aquí es donde se puede producir una invasión de magisterios... desde la religión hacia la ciencia. Porque la religión hace muchas afirmaciones no a partir de lo que pueda ser más adecuado o conveniente en términos éticos, sino a partir de un discurso en cuya génesis suele haber una revelación o un texto sagrado. Y eso no es un tema ético sino de hecho, y por lo tanto, cae dentro del magisterio de la ciencia. Pensemos por ejemplo en la prohibición que intenta imponer la religión, acerca del control de natalidad. Hay una diferencia entre afirmar que deberíamos prohibir el control de la natalidad porque podría producir resultados indeseables para la sociedad, lo que es una afirmación más o menos ética, a afirmar que deberíamos prohibirlo porque va en contra del cuerpo de principios revelados por un carpintero hebreo llamado Jesús de Nazaret, que era el Hijo de Dios, hace dos milenios atrás. Afirmarlo de la primera manera deja la cuestión en la esfera ética, y los datos científicos podrán ser usados para debatir y tomar una decisión como sociedad. Afirmarlo de la segunda manera, en cambio, sí autoriza a los científicos para meter sus narices y hacerse preguntas: ¿Existió de verdad un Jesús de Nazaret? ¿Fue carpintero? ¿Fue realmente el Hijo de Dios, resucitó al tercer día, etcétera? ¿Habría dicho lo que dijo según la Biblia, si hubiera existido el control de natalidad en sus días, tal y como lo conocemos en los nuestros? Y así sucesivamente. Esas son cuestiones de hecho, y por lo tanto, afirmaciones científicas que pueden y de hecho deben ser sometidas a prueba. Y eso es una cuestión científica, por lo que los creyentes no tienen autoridad para sustraerlo de ese magisterio.

En conclusión...

Como puede observarse, muchos de los argumentos que esgrime la gente religiosa en contra de la ciencia, se basa en concepciones erróneas de lo que es y significa la actividad científica. Es natural que la ciencia y la religión tiendan a chocar. El discurso religioso tiende a ser totalitario, en el sentido de que ofrece un paquete de afirmaciones que, se supone, son la todalidad de las respuestas que tienes que conocer para funcionar en el mundo. El discurso científico es todo lo contrario, tiende a cuestionar y poner en solfa. Y a la gente suele gustarle más que le den la razón, que ser cuestionada. No debemos olvidarnos del omnipresente tema del ego, las autojustificaciones y los refuerzos de grupo, después de todo.

Así, el creyente intenta imponer su discurso por la propia naturaleza totalitaria del mismo, mientras que el científico no. Algunos científicos pueden tener un carácter prepotente y autoritario, y existen incontables relatos de matonaje científico entre colegas, por supuesto, pero eso tiene que ver más con la debilidad humana que con la ciencia en cuanto actividad. A la larga, dentro de la ciencia, dichos actos de matonaje tienden a no tener efecto, porque habiendo una masa crítica de científicos, la comunidad científica termina corrigiéndose por sí sola. El discurso religioso no cuenta con ese beneficio porque tiende a funcionar bajo el principio de autoridad, y por eso, tiende a ser más débil en sus fundamentos. Pero eso sí, debemos entender esto siempre desde lo que hemos afirmado más arriba: la ciencia es éticamente neutra. La ciencia y el discurso científico son sólo herramientas. Al final, el factor decisivo no es lo que la ciencia afirme, sino lo que nosotros como ciudadanos hagamos con ella.

domingo, 18 de junio de 2017

Ucronías: 6 nociones básicas para escribir una.

Si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial...
Todos en la vida nos preguntamos acerca de qué nos habría sucedido, de haber tomado otro camino. ¿Y si hubiera entrado al Ejército, en vez de a la Universidad? ¿Y si le hubiera propuesto matrimonio a esa chica con la que salí durante tanto tiempo? ¿Y si hubiera cogido un AK-47 y hubiera buscado mis quince minutos de fama dentro de un supermercado? Toda decisión siempre tiene un costo: el costo es el camino que no tomamos, la decisión alternativa por la que no optamos. Y como el pasto es siempre más verde en el coto ajeno, nos preguntamos qué hubiera sucedido si es que lo hubiéramos hecho.

El género de la ucronía se basa un poco en esta misma pulsión. Es la idea de cómo hubiera ido la Historia Universal si es que tal o cual evento hubiera sucedido de manera diferente. Existen algunas variantes que a estas alturas del partido son clásicos del género: ¿qué tal si Napoleón hubiera ganado la Batalla de Waterloo?, ¿qué tal si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial?, etcétera. La ucronía es el relato que nos describe ese mundo alternativo en donde la Historia es como la de nuestro propio mundo hasta cierto punto, y de ahí, o sucedió algo que en nuestro mundo no, o no sucedió algo que en nuestro mundo sí, o sucedió algo que en nuestro mundo aconteció de manera diferente, y por lo tanto, toda la historia futura cambió de maneras en principio imprevisibles.

Escribir una ucronía es fácil. Basta con buscarse un evento histórico clave, darle la vuelta, y pensar en cómo habría sido el mundo unos cincuenta, cien, quinientos o sesenta y cinco millones de años después. Escribir una buena ucronía, eso ya es más complicado. Leer algunas ucronías puede ser algo tedioso, porque de pronto nos encontramos con que las cosas están demasiado armadas para que encajen. O que el escritor trata de forzar tales o cuales ideas en nuestra garganta. La ucronía ideal es, por supuesto, la que detalla su nuevo universo con rasgos tan creíbles, que podamos llegar a concebir la posibilidad de que, en efecto, esa alternativa era posible; la verdadera inquietud no se produce al deslumbrarnos con el mundo alternativo diferente, sino al conseguir que en nuestros cerebros surja del estremecimiento de pensar que "ese mundo pudo haber sido el nuestro por un pelo de gato"... Por eso, a continuación acá en la Guillermocracia es que daremos seis recomendaciones acerca de cómo escribir una buena ucronía. Disfruten.

1.- Debemos escoger bien nuestro punto de divergencia.

El aspecto más básico de una ucronía, es el punto de divergencia. En principio puede serlo cualquier evento histórico, pero si lo que queremos escribir es una ucronía seria, entonces debemos ser más cuidadosos y selectivos. Pensemos por ejemplo en el siguiente punto de divergencia: "Cristóbal Colón no llega a América en 1.492, y por lo tanto, en pleno siglo XXI aún el Viejo Mundo y América no entran en contacto". No suena razonable, ¿verdad? Lo cierto es que si Colón no hubiera llegado hasta América, alguien más lo hubiera hecho más tarde o más temprano. No es por nada que a esa época se la llama la Era de los Descubrimientos, el Océano Atlántico estaba infestado de navegantes, y alguno podía haber logrado lo mismo que Colón, año más u año menos. Sin ir más lejos, ocho años después de que Colón llegara a la futura tierra de los resorts en el Caribe, Alvares Cabral llegó a Brasil arrojado por una tempestad en Africa. ¿Hubiera cambiado mucho la Historia por esto? Probablemente no. Que Portugal o España hubieran conquistado América es casi cosmético, considerando que ambas naciones tenían una presencia política similar en Europa, y además culturas muy parecidas. Que lo hubieran hecho Inglaterra o Francia, ya hubiera sido algo más significativo. Por eso, si queremos obtener un determinado estilo de sociedad, debemos buscar un punto de divergencia significativo, o de lo contrario tendremos que forzarlo demasiado.

Por supuesto que esto depende mucho de la seriedad del trabajo. Si lo que se pretende es una fantasía en donde los elfos llegan al pasado de la Tierra por un pórtico desde un universo tipo Rhapsody of Fire, o un delirio Steampunk en donde el contexto ucrónico es apenas un pretexto para montar máquinas de vapor bonitas e hipertrofiadas, entonces esto no es tan importante. Pero de todas maneras, eso no exime de la necesidad de justificarlo. Aunque sea con una línea perdida en medio de toda la narración. De lo contrario se va al caño la coherencia narrativa, y con ella, la capacidad de convencer al lector de que ese universo que nunca fue, era tan probable como la Historia Universal que de hecho sí llegó a ser.

2.- Debemos analizar bien las ramificaciones de nuestro punto de divergencia.

Relacionado con lo anterior. Hemos decidido cuál será nuestro punto de divergencia, y ahora toca ver qué sucede a partir del mismo. Lo normal es elegirlo porque se quiere un único resultado. Por ejemplo, "Hitler gana la Segunda Guerra Mundial y conquista Europa y América" es un punto de divergencia habitual para crear una distopía Dieselpunk. Sin embargo, las cosas no siempre son tan sencillas. Los hechos históricos están enmarañados unos con otros, lo que tiene dos consecuencias. Por un lado, se genera un efecto mariposa en donde un único punto mueve varios otros a veces muy distantes entre sí. Por ejemplo, si Hitler no hubiera llegado al poder, quizás no hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial, o de haber estallado, no se hubiera desarrollado de la misma manera; eso parece obvio, ¿no? Lo que es menos obvio, es que sin Hitler en el poder, muchos físicos alemanes se habrían quedado en Alemania y por lo tanto es posible que Alemania hubiera obtenido la bomba nuclear antes que Estados Unidos, o que muchos cineastas alemanes también se habrían quedado en Alemania y no hubieran emigrado a Estados Unidos inyectando su formación expresionista en el cine de Hollywood y ayudando a darle forma al Cine Negro. Pero por el otro lado, el resto del mundo posee una inercia enorme, que tiende a anular determinados cambios; por ejemplo, aunque Napoleón Bonaparte hubiera ganado la Batalla de Waterloo, Francia estaba demasiado exhausta de recursos y enfrentando a demasiados enemigos como para que hubiera intentado una segunda invasión a Rusia.

Es por eso que, determinado un punto de divergencia, es necesario preguntarse con cuidado no solamente por el efecto histórico que se pretende conseguir, sino también por todos esos fenómenos colaterales que podrían surgir. Ello implica mirar no solamente en la política o en las guerras, sino también en la economía, el comercio, la industria, el arte, la religión, la vestimenta, la entretención, etcétera. Todos esos rubros pueden ser afectados de una manera u otra por el cambio histórico en cuestión. Si de todas maneras vamos a por Napoleón Bonaparte ganando la Batalla de Waterloo, entonces no debemos fijarnos en la geopolítica posterior, sino también en que la caída de Napoleón tiene sus propias ramificaciones en novelas como Los miserables de Víctor Hugo o El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, que de hecho incluyen la mencionada batalla como parte de su narrativa.

3.- Debemos evitar la trampa de la sociedad estática siglos después del punto de divergencia.

Un error clásico de muchas ucronías, es ambientarse medio milenio o uno completo después del punto de divergencia, y aún así, asumir que las cosas siguen más o menos como salieron después de dicho punto de divergencia. La sociedad más o menos ha avanzado, o eso se supone, pero el status quo mundial sigue siendo más o menos el mismo. Un ejemplo glamoroso de esto por ejemplo es Pavana, uno de los grandes clásicos del género ucrónico, pero que comete el error de considerar una actualidad ultracatólica sólo porque su punto de divergencia es el asesinato de Isabel I de Inglaterra en 1.588. Esto es factible si la ucronía en sí se ambienta apenas unos años o décadas después del punto de divergencia, pero mientras más pasen los siglos, más posible es que las cosas cambien. Piensen por ejemplo en ese mismo 1.588, Inglaterra sí que venció a España, pero algo más de cuatro siglos después, Inglaterra ya no era la superpotencia que había sido (salvo en las películas de James Bond), sustituida por unos Estados Unidos que ni pensaban en existir en 1.588, una China que en ese 1.588 era un imperio medieval, y una Rusia en la que un Iván el Terrible parecía más tártaro que ruso, también en ese 1.588. Incluso ejemplos clásicos de sociedades en teoría inmutables, como Egipto o China, a poco que uno se adentre en los meandros de su Historia, descubrirá una turbulenta crónica de revoluciones, invasiones, cambios dinásticos, guerras civiles, y en cierto caso particular, un profeta barbón partiendo las aguas del Mar Rojo para amenizar.

Por eso, el escritor de ucronías debe tener bien presente cuánta distancia habrá entre su punto de divergencia, y su actualidad: mientras más años de separación haya entre ambas, mayores probabilidades de que el mundo marche de maneras por completo imprevistas. En mil o dos mil años de tiempo, imperios pueden levantarse y caer, religiones pueden fundarse y desaparecer, y revoluciones industriales pueden cambiar la faz del planeta. Es casi seguro afirmar inclusive, que mientras más remoto en el tiempo sea el punto de divergencia respecto de la actualidad en que transcurre la ucronía, menos importancia tiene dicho punto de divergencia, porque los cambios seminales que éste ha impulsado, se pueden ver alterados u oscurecidos por otros potenciales eventos claves. Por ejemplo, si elegimos como punto de divergencia una posible victoria republicana en 1.939, dentro de la Guerra Civil Española, dicho punto de divergencia tendrá mucha más importancia para una ucronía ambientada en la década de 1.960, con J.F.K., The Beatles y James Bond rondando allá afuera, que para una ambientada en un 2.016 en donde los últimos sobrevivientes de dicha conflagración ahora son octogenarios o nonagenarios (¡o incluso centenarios!) que ya no pesan demasiado en la marcha de los acontecimientos.

4.- Debemos vigilar bien el desarrollo científico y tecnológico de nuestra historia alternativa.

Relacionado con lo anterior. Hasta el minuto, la ciencia ha demostrado tener un camino propio y diferente a otros fenómenos históricos. Cosas tales como imperios, modelos económicos, instituciones jurídicas, e incluso escuelas filosóficas y religiones, han tendido a marchar en ciclos y anularse o revertirse en sus opuestos casi de manera hegeliana cada tanta cantidad de tiempo. La ciencia y la tecnología, por el contrario, parecieran operar de manera acumulativa, y si bien han existido edades oscuras como el colapso del Imperio Romano, o la derrota de los mutazilíes, al final no parece ser que la ciencia y la tecnología retrocedan de lleno hasta la casilla uno. Sin embargo, tampoco hay que caer en la trampa opuesta de considerar el desarrollo científico como algo dado e inexorable. La ciencia y la tecnología florecen allí donde coinciden factores que pueden darse en combinación o no, a según cómo se muevan multitud de otros fenómenos históricos. Así, habrá edades de oro científicas allí donde haya una disponibilidad de materias primas, relativa movilidad social, tolerancia religiosa, fomento del espíritu crítico, facilidad material de difusión de las ideas, sistemas educativos fuertes, cierto liberalismo económico, protección jurídica para los beneficios que puedan extraérsele a los inventos, etcétera. De eso ya hablamos largo y tendido en las Crónicas Antrópicas, acá en la Guillermocracia, así es que a ellas nos remitimos para mayores detalles.

Por eso, simular el desarrollo científico y tecnológico es labor como mínimo un poco complicada. Así, debemos preguntarnos cómo, desde nuestro punto de divergencia en adelante, ha evolucionado nuestra sociedad, se han dado factores que ayudan al desarrollo científico y tecnológico, se han producido conflictos de intereses entre nuevos desarrollos y grupos sociales perjudicados y con capacidad para entrabar e incluso prohibir esos desarrollos, se haya podido producir un colapso ecológico como resultado de las nuevas tecnologías, hayan surgido reacciones fundamentalistas contra la ciencia, etcétera. Y si el desarrollo científico y tecnológico se ha detenido como víctima de las fuerzas de la reacción, debemos preguntarnos si ha sido una detención temporal, o se ha caído en una edad oscura de decadencia intelectual. Y si el desarrollo científico y tecnológico se ha reactivado, debemos preguntarnos cómo y por qué. Y por supuesto, estos problemas se agudizan más, mientras más distancia hay entre el punto de divergencia por un lado, y la presente de la narrativa por el otro. Y esto importa mucho, porque el desarrollo científico y tecnológico condiciona tanto la vida cotidiana de los personajes, como la disponibilidad de recursos materiales que éstos tengan para vivir sus aventuras, en términos de armas, medios de transporte, sistemas de comunicaciones, etcétera. La historia cambiaría mucho, por ejemplo, si el caballo americano no se hubiera extinguido en los albores del Holoceno, y por lo tanto, Mesoamérica hubiera podido disponer de equinos para trabajar la tierra o librar guerras; en este caso, quizás sí hubiera sido posible que los aztecas hubieran invadido Europa a saco, y muchos corazones europeos hayan sido sacrificados con cuchillos de obsidiana para mayor gloria de Huitzilopochtli.

5.- Debemos escoger bien la historia principal que vamos a narrar.

Si estamos escribiendo una novela o cuento ucrónico, no basta con diseñar nuestro universo alternativo con todo mimo y primor. Todo eso no es más que escenario. Lo realmente importante, como en cualquier otra novela o cuento, sigue siendo la historia. Una historia predecible, o cliché, o con personajes sin enjundia, no mejora sólo porque aparecen máquinas a vapor en una realidad paralela Steampunk como parte del escenario. Y esto es complicado porque debemos lograr en primer lugar que la historia sea buena en sí misma... y en segundo lugar, que dicha historia adquiera un significado especial por estar ambientada en esa ucronía. Si lo que tenemos entre las manos es apenas otra historia romántica más, sin valores añadidos, esa historia romántica no va a mejorar ni se va a hacer más interesante porque la ambientemos en una ucronía con el Imperio Español aún dominando Latinoamérica en el siglo XXI, o una en donde el Imperio Napoleónico ganó la Segunda Guerra Mundial. Muy en el fondo, se trata de que esa historia romántica, o cualquier historia que estemos planeando, sólo pueda ocurrir en esa realidad paralela y no en nuestro propio universo, para justificar la creación literaria de esa realidad paralela en primer lugar. Lo ideal es, por supuesto, no exponer al lector a un empapelado de información que haga parecer a ese libro como un tratado de Historia o de Sociología. Puede escribirse una novela cuyo argumento sea un pretexto para presentar una teoría histórica o sociológica, por supuesto, pero si vamos a hacer eso, debemos preocuparnos de que sea ameno de leer, y no un mamotreto indigesto o un panfleto para ventilar tales o cuales opiniones personales. En lo principal, debemos mantenernos literarios, con todo lo que eso significa.

Eso obliga a una delicada elección de los personajes. Si optamos por personajes de alta sociedad, con el poder para cambiar el mundo a su alrededor, será muy fácil poner de relieve los elementos históricos que hacen de nuestro mundo narrativo una ucronía, pero a cambio corremos el riesgo de que el mismo se sienta un poco artificial, desconectado de las vivencias del hombre común. En cambio, si optamos por personajes de la calle, podremos retratar de manera vívida lo que es la vida cotidiana en esa ucronía... pero corremos el riesgo de que lo narrado en definitiva no sea tan interesante, simplemente porque por debajo de las modas, las tecnologías o algunas costumbres peculiares, el grueso de las sociedades humanas son en general más o menos lo mismo, y sus habitantes se mueven más o menos por los mismos pensamientos, instintos, afectos y pasiones, y por lo tanto, tendremos que hacer un esfuerzo extra por darle personalidad propia a nuestra ucronía, en vez de ser simplemente nuestra época o alguna época histórica, con máquinas de vapor Steampunk. Y luego, debemos mover a esos personajes a través de una historia que favorezca mostrar los elementos ucrónicos que la hacen especial, sin que eso suene demasiado forzado. No es una tarea fácil, y no pocas ucronías terminan por naufragar en este empeño.

6.- Debemos vigilar bien los chistes metahistóricos.

Uno de los bonos por escribir una ucronía, es trufarla de chistes metahistóricos. Nos referimos a esos guiños que los habitantes de la ucronía no deberían identificar como tales, o al menos, no sin romper la cuarta muralla, pero nosotros como lectores sí. Un ejemplo eximio es la novela El sueño de Hierro de Norman Spinrad, que es una narración enmarcada: la misma se vende como el texto completo de una obra escrita por el novelista Adolf Hitler, quien viajó a Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial y se transformó en un autor de Ciencia Ficción pulp de la Edad de Oro. Para los habitantes del universo ucrónico descrito, el dato de que Hitler es un escritor de Ciencia Ficción carece de mayor significación, porque desconocen que hablamos de alguien que en nuestra propia realidad (que para ellos es una realidad alternativa) llegó a ser el Führer del Tercer Reich; somos nosotros como lectores quienes pescamos el guiño y el comentario, porque Spinrad se propone, a través de este chiste, poner en evidencia los elementos fascistas, totalitarios, racistas o xenófobos que en su concepto, son más o menos inherentes a la narrativa de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción. Esto es un chiste metahistórico: en la propia historicidad del universo narrado el dato sobre Hitler tiene un valor más o menos plano, y es en su metahistoricidad, o sea, en nuestro propio entorno como lectores de esta narración enmarcada, que el dato cobra el sentido pleno que el lector trata de asignarle. Otro ejemplo característico es la cantidad de ficciones, partiendo por Asterix y Cleopatra, en las cuales los personajes de la narrativa destruyen la nariz de la Esfinge, lo que para nosotros es chistoso porque es una explicación alternativa a la realidad histórica de que la misma fue destruida a cañonazos por las tropas napoleónicas, pero que dentro del universo es apenas un incidente más, desagradable para los egipcios por cierto, pero sin rasgos de comicidad o guiño cómplice para los testigos del hecho que reviste caracteres de delito contra el patrimonio arqueológico egipcio.

El chiste metahistórico puede enriquecer mucho una ucronía, por supuesto, en particular cuando se nos permite explorar qué pasa con tales o cuales personajes, muy importantes en nuestra realidad, en esa otra realidad en donde ellos no llegaron a ser tan importantes, o cuyas vidas siguieron cursos distintos e inesperados. A veces funciona simplemente por hacer un poco de humor erudito, y a veces puede ser utilizado para hacer algunos comentarios interesantes acerca de los períodos históricos, o de cuestiones más generales. Los chistes metahistóricos en sí no son un defecto, pero sí que lo son su exceso. El problema es que por su propia metahistoricidad, el chiste metahistórico sólo tiene sentido para nosotros los lectores, pero por lo general son eventos sin mayor peso para los personajes de la narrativa. Por eso, basar toda la narrativa ucrónica en hilar chistes metahistóricos como cuentas en un collar, sólo sirve para crear un universo narrativo vacío, sin una consistencia narrativa propia. Todo lo que hace dicho universo, es ser apenas un espejo del nuestro, y con eso, pierde toda la significación propia que podría tener. Es por eso que los famosos universos espejo en que vemos versiones alternativas de nuestros queridos personajes de ficción, como por ejemplo en Star Trek o Buffy la Cazavampiros, funcionan sólo en pequeñas dosis: porque son demasiado dependientes de la narrativa principal para funcionar por separado, ya que la significación de los personajes no parte de ellos mismos, sino de ser versiones alternativas de otros personajes a quienes ya conocemos de antemano, o se supone que los conozcamos. De manera que si incluimos chistes metahistóricos en nuestra ucronía, debemos hacerlo de manera juiciosa: uno de ellos, o unos pocos, pueden enriquecer nuestra narrativa a manera de comentario, pero no son un sustituto para una narrativa pobre, o para planteamientos intelectuales de poco calado. Si queremos incluir chistes metahistóricos, no hay problema en hacerlo, pero como complemento de una narrativa vigorosa, capaz de sostenerse por sí misma, de manera que si no hubiéramos incluido esos chistes, el universo ucrónico que estamos describiendo todavía podría generar emociones en el lector.

En conclusión...

Nadie dijo que escribir una buena ucronía fuera fácil. Crear una ucronía cualquiera es sencillo: basta con elegir un punto de divergencia, pensar en cómo eso podría haber cambiado la Historia, y correr adelante con una historia, y eso lo puede hacer cualquier escritor medianamente decente. Lo difícil es hacerlo bien: que el desarrollo histórico de esa ucronía sea coherente, que el lector sienta que esa ucronía era necesaria para escribir una historia que de otra manera no hubiera funcionado, o lo hubiera hecho de manera imperfecta, y que todo eso deje una sensación de asombro en el lector. Pero por supuesto, nadie dijo que escribir buena literatura fuera sencillo. Los verdaderos clásicos literarios son pocos en cualquier género, y en materia de ucronías, esto no es una excepción.

jueves, 15 de junio de 2017

Siete datos de trivia sobre "Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta".


¿Cómo se escribe una blogoserie al estilo de Corona de Amenofis? ¿Es todo improvisado y sobre la marcha, o existe alguna clase de planificación previa? En el caso particular de Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, ayuda mucho que es el reboot de un universo narrativo que ya existía con anterioridad, lo que facilita la manera de pensar, plantear y entrelazar sus diversos elementos. Y supongo que los lectores agradecerán el descubrir un poco qué se cocinaba en la trastienda, a la hora de escribir los episodios de la blogoserie en cuestión. De manera que, a continuación, un poco de trivia respecto de cómo fue escrito Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta.

Por supuesto, creo que no necesito advertir: en lo que resta del posteo hay varios datos e informaciones que cuentan como spoilers de Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, de manera que si no la han leído, es buena idea detenerse aquí, darle lectura a sus seis episodios, y luego regresar aquí. Luego de lo cual, vamos ahora sí, con siete datos de trivia sobre esta blogoserie.

1.- La miniblogoserie presenta una escena clave contemplada en la continuidad original, pero que nunca hubo oportunidad de incluir.

En la blogoserie original, el arco argumental de Leoncio se cerraba con su viaje al futuro, a la época desde la cual viene Yasna. Menciones posteriores iban a hacerse a lo que le acontece a Leoncio en ese tiempo, pero al final dicha subtrama nunca fue desarrollada de manera cabal, por un motivo u otro. Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, por su parte, desarrolla justamente esa escena clave, en la cual Leoncio y Yasna se encuentran por primera vez... o por segunda, a según el punto de vista. En cualquier caso, se conocen en el futuro desde el cual viene Yasna. De manera ideal, en una posible secuela deberíamos ver justamente la escena contraria: cómo Yasna y Leoncio se encuentran por primera vez, pero en el presente.

2.- La decisión sobre quién iba a ser el cordero para el sacrificio fue tomada literalmente durante la escritura del episodio en cuestión.

Los personajes de Vicente y Llacolén no figuraban en la continuidad original de Corona de Amenofis, y fueron incluidos desde el comienzo para que alguno de ellos fuera el cordero para el sacrificio, es decir, el personaje que fallece para demostrar que la amenaza va completamente en serio. Ambos personajes tuvieron su respectiva caracterización por ese mismo motivo. Sin embargo, esto hizo más difícil eliminar a alguno de los dos, por lo que decidí que eso iba a ocurrir de la manera más natural en que se dieran los eventos, mientras escribía el episodio. Al final, acabó resultando de la manera en que los lectores ya leyeron, valga la redundancia. Con todo, esta solución también fue la más idónea de cara al futuro de la blogoserie, ya que de los dos personajes, el que sobrevive tiene el mayor potencial para solucionar un problema de lógica interna que existía dentro de la continuidad original, y que es de esperar, no va a presentarse en la nueva continuidad.

3.- Algunos potenciales cameos fueron eliminados.

Dentro de los varios personajes que integraron la continuidad original de Corona de Amenofis, barajé la posibilidad de incluir cameos de Vania Mestrovic y Aníbal Aquino. Sin embargo, no hubo manera coherente de incluirlos en el argumento, como no fuera a través de un guiño forzado, por lo que finalmente fueron reservados para una potencial secuela. En cualquier caso, la inclusión de cierto elemento de la continuidad antigua abre la posibilidad de que Aníbal Aquino sí se encuentre presente en esta continuidad nueva, aunque no haya aparecido como personaje ni se lo haya mencionado todavía. La situación de Vania Mestrovic, por el contrario, es algo más nebulosa por el minuto.

4.- Las devi fueron una inclusión de último minuto.

En la continuidad original, las devi tenían una cierta importancia como otro de los poderes en la sombra, aunque su inclusión un tanto tardía generó algunos problemas de continuidad; principalmente, la cuestión de por qué las devi no se presentaron desde el inicio en Corona de Amenofis, considerando la importancia del condominio en el ajedrez global. También quedó un poco en el aire la relación de las dos primeras presentadas, con el resto del colectivo devi. Pero como en el reboot iba a presentar a los misselianos, y cierto personaje en la continuidad antigua era en efecto una doble agente trabajando para las devi y para los misselianos, su inclusión pareció de lo más natural, y ayudó a solucionar ese problema.

5.- Una subtrama incluyendo a la ARCECh fue eliminada.

Los cuatro gatos que llegaron a leer la blogoserie original Corona de Amenofis, recordarán lo mucho que revolvió el gallinero la ARCECh, la Agencia de Respuesta Contra Enemigos de Chile. Por lo mismo, parecía casi indispensable incluirlos en Arquitectura Oculta. Sin embargo, al final eso no llegó a ser. En primer lugar, porque no hubo manera de incluirlos en el argumento sin que resultara demasiado forzado. Y en segundo, por motivos de espacio. De todas maneras, la ARCECh recibe un guiño en el último episodio, lo que significa que la Agencia existe en la nueva continuidad. Y un pequeño caramelo para los fanáticos: está programado que la ARCECh aparezca en una potencial secuela, aunque con un pequeño lavado de cara para sintonizar mejor con la realidad de 2.017.

6.- La estructura de los episodios es refleja de algunos detalles de la continuidad original.

El continuará con el que se cierra Construcción, el primer episodio de Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, es muy similar al que cierra el primer episodio de la blogoserie original, ya que en ambos finales de capítulo se revela por primera vez la existencia de cucarachas inteligentes que están vigilando a los personajes humanos con algún propósito desconocido. Asimismo, la serie original se abría con la habilitación del condominio para sus habitantes, en un episodio titulado Bienvenidos a Corona de Amenofis, mientras que en el reboot, que se ambienta en la época de la construcción del condominio, es el último episodio el que recibe dicho título.

7.- El último episodio es esencialmente un enorme guiño a la continuidad original.

El episodio Bienvenidos a Corona de Amenofis, el último de Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, sólo termina de rematar algunos cabos sueltos que iban quedando de un argumento que, en estricto sentido, ya había sido cerrado en el episodio anterior. Sin embargo, deja a su vez el terreno preparado para varios arcos argumentales que fueron presentados en la continuidad original. De esta manera, en el mismo queda firme la existencia de varios elementos de la antigua continuidad, que existen de alguna manera todavía no especificada en el reboot: Gerssel, el Protocolo de Erradicación Humana, Ludwica, la ARCECh, el planeta Missel, la Progenie de Imagocoyotl y los qwindazar. Por supuesto, la manera en que éstos se presenten, puede variar respecto de la continuidad original.

Y una curiosidad adicional, sólo para rematar. Por accidente del destino, resultó que el posteo en el cual fue publicado el primer episodio de Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, es también el número 666 en total, dentro de la Guillermocracia. ¿Querrá decir eso que estamos frente a una blogoserie... satánica? Quién sabe...

Por si se lo están preguntando. La imagen que ilustra este posteo, no tiene nada que ver con Corona de Amenofis. Pero estaba tan bonita, y la tentación de incluirla fue tan grande, que...

martes, 13 de junio de 2017

8 argumentos de la religión contra la ciencia y cómo refutarlos (1 de 2).


Uno de los más enconados debates intelectuales de la Modernidad, es el librado entre la ciencia o la religión. O, mejor dicho, entre quienes sostienen que la ciencia es el mejor medio para conocer el mundo, versus los que sostienen que todo lo necesario para comprender el mundo se encuentra en la religión. En lo relativo a cómo debemos conocer el mundo, las diferencias entre ambas son muy agudas. La ciencia rechaza, en principio, cualquier afirmación que no esté basada en un dato u observación empírica. La religión, en cambio, acepta por principio de fe, ciertas descripciones del mundo que no han sido observadas sino reveladas a un profeta, o dentro de un texto sagrado. Por supuesto, en la realidad las cosas no son tan extremas o maniqueas. Hay científicos que son sumamente religiosos, así como hay gente religiosa que, empeñada en entender la labor de Dios, se ha dedicado a realizar observaciones empíricas sobre el mundo. El principal pasatiempo de Isaac Newton no era descifrar las leyes de la gravedad sino averiguar con Biblia en mano, cuál es la fecha profetizada por el texto sagrado para el fin del mundo, mientras que por su parte, al teólogo Teilhard de Chardin le debemos el hallazgo del sinántropo u Hombre de Pekín, como muestra de que ambas actividades a veces están más entremezcladas de lo que a veces suponemos.

Mucha gente religiosa o creyente, ha intentado refutar a la ciencia, sea poniendo en duda sus observaciones porque contradicen su fe, o sea cuestionándola en cuanto actividad. Sin embargo, hasta el minuto ningún creyente ha conseguido desmontar con argumentos racionales a la ciencia como manera de conocer el mundo. Por supuesto, esto no tiene por qué convencerlos, ya que la fe no es racional sino todo lo contrario. No faltan creyentes que concuerdan con la frase tertuliana que dice: "Creo quia absurdum" ("Creo porque es absurdo"). Literalmente tertuliana, porque se basa en una cita de Tertuliano, un apologista cristiano que vivió y escribió a caballo entre finales del siglo II, e inicios del III. En beneficio de la religión, digamos que el Papa Benedicto XVI declaró en 2.012 que "Creo quia absurdum no es una fórmula que interprete a la fe católica". Pero algunos sí piensan que la fe se basa en lo absurdo, y eso los lleva a cuestionar la actividad científica en cuanto ciencia y racionalidad de por sí.

¿El problema? Históricamente, la religión funcionó como una manera de conocer el mundo sólo hasta el surgimiento de la ciencia moderna. La religión ha cumplido un rol social importante, por supuesto, incluyendo la creación de discursos políticos y sociales destinados a mantener el orden social andando. Buenos o malos discursos políticos y sociales, pero ahí están y para algo han servido: un mal orden social, por regla general, suele ser preferible a la anarquía y la guerra civil. Pero es a la actividad racional que llamamos ciencia, la que le debemos una mejora en las condiciones de vida de la Humanidad. No es por nada que la fe se encuentra en todas partes, pero la ciencia, sólo en los países desarrollados. Algo en lo que debería pensar el próximo troll de Internet, cuando decida usar Internet para criticar a la ciencia que ha inventado Internet en primer lugar. Después de todo, "por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:15).

Por eso, acá en la Guillermocracia vamos a desmontar algunos de los argumentos más comunes de la gente creyente en contra de la ciencia. Nos vamos a ir sólo con los argumentos generales, sin entrar en debates particulares como por ejemplo la Teoría de la Evolución versus el Creacionismo, o de lo contrario no terminaríamos nunca. Así, vamos a exponer el argumento que usan estos creyentes en particular en contra de la ciencia, la lógica invocada con el argumento, y la manera de refutarlo. Porque, y me estoy repitiendo, el mundo moderno y sus bondades se basan en el discurso científico, más que en la religión, y por lo tanto, defender a la ciencia es también defender lo que podríamos llamar el Western Way of Life, parafraseando el conocido lema estadounidense. Y sin más preámbulos, vamos con el tema.

1.- La ciencia no lo sabe todo.
  • El argumento: La ciencia no lo sabe todo. Existen muchas cosas de la naturaleza sobre las que los científicos no tienen idea. Todos los días se descubren especies nuevas, y la respuesta a cómo funciona el universo parece demasiado lejana. Por eso debemos volvernos a la religión, porque en la religión sí que están todas las respuestas.
Por qué este argumento no funciona: Este argumento se basa por supuesto en una grosera mala interpretación de lo que es la ciencia. La afirmación de marras podría darse vuelta más o menos de la siguiente manera: "la religión lo sabe todo y la ciencia pretende saberlo todo y no lo sabe, de manera que la ciencia es una religión imperfecta en el mejor de los casos, y descarriada en el peor". Y esto no es así. La ciencia no es una religión, un credo ni un culto. Los científicos no consideran que El origen de las especies de Charles Darwin o los papers de Albert Einstein sean textos sagrados con verdades absolutas e incuestionables, que es el sello de un texto sagrado según la religión. Los científicos no creen que Louis Pasteur o Carl Sagan sean profetas. Por esa razón, los científicos no acuden al templo para golpearse el pecho diciendo: "Creo en la Ley de Gravedad, creo en la evolución, creo en los átomos". Para el científico, en principio no es cuestión de creer en estas cosas por un asunto de fe, sino de examinar la evidencia y darla por buena si es que cumple con determinados parámetros.

Téngase presente: los científicos justifican su actividad científica no a partir de una pretensión de saberlo todo, sino justo de lo contrario, de nuestra ignorancia relativa frente al mundo que nos rodea. Por eso es que el científico observa la realidad empírica: para aprender lo que todavía no sabe. El creyente por el contrario, al hacer esta afirmación en tono de crítica, implícitamente está afirmando que el religioso no tiene nada que aprender porque ya todo está enseñado, en la revelación o el texto sagrado. Los científicos hablan de una eventual Teoría del Todo, sí, que explique por completo cómo funciona la realidad, pero esto a título de meta o aspiración, no como algo que ya tengamos entre nuestras manos. A lo mejor es posible una explicación del todo por medios científicos, o a lo mejor no, pero el científico de raza no afirma que sea posible saberlo todo, sino apenas que sólo investigando podremos llegar a determinar si de verdad existe una respuesta final o no.

2.- Que la ciencia no pueda explicarlo todo es una prueba de que Dios existe.
  • El argumento: La ciencia no lo sabe todo porque hay misterios que se supone que sean eso, misterios, y que Dios ha puesto ahí no para que los entendamos, sino para que los aceptemos sin más. Los seres humanos somos demasiado pequeños, y debemos tener la humildad suficiente como para entender que Dios no ha querido darnos todo el conocimiento sobre la realidad.
Por qué este argumento no funciona: Esta es una forma de falacia llamada apelación a la ignorancia. Cambiando un poco las palabras, el argumento funciona así: "Como hay cosas que no sabemos, entonces debemos concluir que son un misterio y no tiene caso investigarlos porque jamás llegaremos a entenderlos". Lo cual es por supuesto un sinsentido. Si no hacemos la labor de investigación, por supuesto que el misterio seguirá siendo un misterio, y acabará siendo una profecía autocumplida. Digamos que a usted, alguien le dice que no puede correr la maratón porque es demasiado trecho y usted no está en forma física. Siguiendo este argumento, usted debería encogerse de hombros, aceptar que no tiene el cuerpo para una maratón, y dedicarse a otras cosas. Pero siguiendo el enfoque científico de las cosas, usted debería entrenarse, correr todos los días un poquito, y llegado el instante, lanzarse a la maratón. Si lo logra, entonces sí se podía, y si no, a lo mejor se podrá otro día. Puede ser que usted no pueda correr la maratón porque tenga algún problema, por ejemplo una cojera imposible de tratar por vía médica, pero eso es una evidencia contundente, y por tanto, científica; aquí no hay misterio en primer lugar.

En términos lógicos, el argumento del creyente aquí gira en torno a una contradicción lógica. Afirmar que algo será siempre u misterio, es afirmar que hay un punto de la realidad que jamás llegaremos a conocer, y al hacer esa afirmación, ya estamos diciendo que conocemos algo sobre ese algo que supuestamente no podemos conocer. Es decir, hay algo completamente incognoscible, pero al afirmar que es completamente incognoscible, automáticamente descalificamos eso porque podemos conocer algo sobre ello: que es incognoscible. Una cosa es afirmar que algo es un misterio el día de hoy porque no tenemos las técnicas necesarias para investigarlo, y otra muy distinta, afirmar que siempre lo será porque es parte de algo más allá de nuestro entendimiento. Lo primero es sensatez, lo segundo es una contradicción lógica, por no hablar de una actitud derrotista frente a la existencia.

3.- La ciencia no es confiable porque se ha equivocado y desdicho muchas veces.
  • El argumento: La ciencia es un montón de sofismas en donde los científicos, en su falibilidad humana, tienen la arrogancia de interpretar las cosas, y después, cuando se equivocan, ahí tienen que estar corrigiéndose a sí mismos para salvar la cara. La religión, en cambio, es una y auténtica, no se desdice a sí misma, y sus verdades son eternas y para todos los siglos.
Por qué este argumento no funciona: Aquí, el creyente incurre en dos errores fundamentales. El primero es por supuesto, insistir en que el conocimiento científico es o debería ser una especie de discurso religioso, lleno de verdades objetivas y eternas. Si así fuera, entonces por supuesto que el argumento sería atendible. Pero el discurso científico no nace de revelaciones ni textos sagrados, sino de la observación empírica de la experiencia. Es normal entonces que, a medida que se depuran las técnicas de investigación y por lo tanto percibamos los hechos de manera cada vez más precisa, la ciencia deba corregirse a sí misma. Por ejemplo, la Teoría de la Evolución. En la época de Charles Darwin, se pensaba que el principal mecanismo evolutivo era la selección natural. A inicios del siglo XX, al descubrirse las mutaciones y las leyes de la herencia por Gregor Mendel, se pensó que éstas eran el principal mecanismo evolutivo, y al Darwinismo muchos lo dieron por muerto. En la actualidad entendemos que tanto la selección natural como las mutaciones son parte del mapa, y ambas son necesarias para una Teoría de la Evolución integral. Ni Darwin ni Mendel estaban equivocados: sólo estaban limitados por el nivel científico de su tiempo. Cuando dicho nivel científico avanzó, hubo que introducir correcciones a sus modelos. Eso no sólo no es perjudicial, sino todo lo contrario, es la fortaleza de la ciencia para hacer descripciones cada vez más precisas acerca de la realidad.

Por otra parte, el segundo error del creyente aquí es considerar el discurso religioso como algo monolítico. Y la evidencia indica que no es así. De partida, no tenemos un único discurso religioso, sino una tonelada de ellos, coexistiendo de manera más o menos incómoda en este preciso instante: católicos, evangélicos, anglicanos, cristianos ortodoxos, mormones, chiítas, sunitas, budistas, hinduístas, lamaístas, y un larguísimo etcétera. Incluso dentro de una misma confesión religiosa, las creencias han ido variando con el paso del tiempo. Los católicos, por ejemplo, en su minuto pensaban que el infierno era un lago de fuego y azufre hirviendo, mientras que en la actualidad consideran que, más que un lugar físico, el infierno sería una situación de "separación eterna de Dios", como dice el Catecismo de la Iglesia Católica. Por supuesto, cada creyente considera que su verdad es la verdad, y todas las otras supuestas verdades religiosas en realidad son herejías. El científico, en cambio, mira a los creyentes y no los considera sus creencias como herejías de la ciencia, porque la ciencia no es una confesión religiosa, y por lo tanto, sus proposiciones no son verdaderas en el mismo sentido que pretenden serlo las verdades religiosas. Cuando el científico critica a la religión establecida, no lo hace a partir de una verdad fundamental que él tenga, sino a partir de ciertas verdades parciales que se han conseguido desentrañar, y que bien podrían cambiar el día de mañana, a medida que la ciencia avance más. Que podrían cambiar tanto que, de hecho, podrían terminar dándole la razón a la religión. Ha ocurrido, de hecho: por ejemplo, hoy en día es bastante seguro que el Diluvio Universal sí sucedió, aunque no de manera tan exagerada como lo describe el Libro del Génesis, sino más bien como una inundación cataclísmica en Mesopotamia. La ciencia no tiene nada en contra de la religión por principio, así es que si la evidencia científica confirma lo dicho por los textos religiosos, lo acepta sin problemas.

4.- La ciencia no ha podido refutar la existencia de Dios.
  • Argumento: Por más que los científicos se han empeñado en demostrar que Dios no existe, lo cierto es que no han conseguido ninguna prueba empírica de que no exista.
Por qué este argumento no funciona: Más allá de las agendas personales de tal o cual científico, la verdad es que la misión de la ciencia no es probar la inexistencia de Dios. Hay científicos religiosos y hay científicos ateos, pero en términos laborales, el verdadero científico debería mantener abierta su mente a las posibilidades, más allá de las convicciones personales. Los científicos simplemente siguen la idea de Laplace, el matemático y astrónomo del siglo XIX que cuando fue cuestionado por Napoleón Bonaparte por no incluir a Dios en sus escritos, afirmó de manera llana y sencilla: "Sire, nunca he necesitado de una hipótesis semejante". Así, si un equipo científico el día de mañana consiguiera la prueba definitiva e irrefutable de que el Big Bang fue producto de un acto de creación divina, lo primero que harían sería vocearlo a los cuatro vientos, porque habrían becas y subvenciones de por medio, por no hablar de un más que seguro Premio Nobel de Física por las molestias. La idea de que los científicos son un grupo de malvados incrédulos dispuestos a perder espiritualmente a toda la Humanidad con su ateísmo inmoral, tiene más que ver con las paranoias de ciertos creyentes, que con una verdadera actitud científica. Un científico de fuste debe estar abierto a todas las evidencias, vengan de donde vengan, y eso significa tanto evidencia a favor como en contra de la posible existencia de Dios.

El creyente incurre también en otra falacia lógica aquí, en concreto la violación de lo que técnicamente se llama el onus probandi, es decir, la carga de la prueba. El Código Civil de Chile en su artículo 1698 lo dice de manera tan bonita, que lo voy a citar aquí: "Incumbe probar las obligaciones o su extinción al que alega aquéllas o ésta". Es decir, si yo hago una afirmación en juicio, cualquier afirmación, me corresponde a mí probarla, no a mi contraparte refutarla. Esto es aplicación de un principio más general, según el cual el hecho positivo, o sea el que  ha sucedido, se prueba, mientras que el hecho negativo, o sea, el que no ha sucedido, debe probarse por el hecho positivo contrario. Por ejemplo, si yo afirmo haber viajado a otro país, me corresponde a mí probarlo, y si afirmo no haber hecho tal viaje, me corresponde probar un hecho positivo contrario, es decir, por ejemplo, que yo estaba en mi casa o en otra parte, en vez de en ese viaje. En cualquier caso, a mí me corresponde la carga de la prueba. En el caso de Dios, no le corresponde al agnóstico o al ateo la prueba de refutar su existencia porque quien afirma su existencia en primer lugar es el creyente. Por tanto, respecto de la cuestión de la existencia de Dios, es el creyente quien tiene la carga de probar la misma, no el agnóstico el refutarla. Que la ciencia no haya podido probar la inexistencia de Dios, no es argumento para el creyente, quien sigue obligado a presentar pruebas sólidas y contundentes de lo que afirma, o sea, de que Dios existe.

Con esto, ya hemos avanzado hasta la mitad de nuestra pequeña excursión a través de las críticas de la religión en contra de la ciencia. Y comenzaremos la siguiente entrega con un favorito y un clásico de siempre: los conflictos entre las afirmaciones científicas y el contenido de la Biblia. Entrega que publicaremos siempre y cuando en el intertanto esos malvados científicos armados con sus aceleradores de partículas no inventen un agujero negro que se trague a la Tierra, o algo por el estilo...

domingo, 11 de junio de 2017

Vuestros votos deciden: Qué universo narrativo desarrollaremos en la Guillermocracia.


Ahora en el Mayo de 2.017 recién terminado, hemos publicado en la Guillermocracia los últimos episodios de tres miniblogoseries, que se extendieron por seis episodios cada una. Nos referimos a Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, Infra Terra: Entronización, y Marbod el Bárbaro: Imago Dei. Y ha llegado la hora de que usted, estimado lector, decida qué universo sigue adelante.

La cuestión es la siguiente. Por mí, seguiría adelante con las tres historias. Como secuela, precuela, spin-off, de alguna manera, pero las seguiría. Más allá de la acogida que puedan haber tenido o no, en lo personal quedé conforme con los resultados de cada una, así es que seguiría dándoles episodios a las tres. Sin embargo, mis esfuerzos en lo que resta de 2.017 van a estar encaminados a la tantas veces postergada continuación de Bastión Esperanza, y también al evento que hemos llamado ¡¡¡BLOGOSERIE A LA CARTA!!!, así con mayúsculas para darle más énfasis. De manera que eso deja espacio sólo para una de las tres miniblogoseries... por el minuto. ¿Cuál de ellas? La que haya impresionado más a los lectores, por supuesto.

De manera que, al final de esta columna, he dejado una encuesta abierta: ¿Cuál miniblogoserie debería recibir primero una continuación en la Guillermocracia? Las opciones son, por supuesto:
  • Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta.
  • Infra Terra: Entronización.
  • Marbod el Bárbaro: Imago Dei.

La que obtenga más votos, ésa va a recibir una secuela primero. O precuela. O spin-off. O varias de ellas a la vez, por qué no. Las dos restantes van a quedar en suspenso por el minuto. Por supuesto, en suspenso significa en suspenso, no canceladas ni sumergidas en el olvido. El proyecto es retomarlas más adelante, dependiendo por supuesto de qué tan populares hayan resultado.

Por cierto. La encuesta cierra el día 30 de Junio de 2.017.

De manera que, en este mes de Junio, todos ustedes quedan invitados a votar y ayudar a decidir qué universo narrativo se verá expandido primero acá en la Guillermocracia, si Corona de Amenofis, Infra Terra o el Marbodverso.

Los resultados, en Julio, por supuesto.

Seguid siendo bienvenidos acá en la Guillermocracia. Porque, ¿quién necesita Netflix o Cannes, teniendo las blogoseries de la Guillermocracia a la mano...?

jueves, 8 de junio de 2017

Miniblogoseries de 2.016 a 2.017: Indice completo.


Los lectores de la Guillermocracia probablemente siguieron las tres miniblogoseries que publicamos entre Diciembre de 2.016 y Marzo de 2.017. Nos referimos por supuesto a Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, a Infra Terra: Entronización, y a Marbod el Bárbaro: Imago Dei. En ese caso, felicitaciones, porque pueden darse el lujo de esbozar una sonrisa petulante y decir: "Oigan, gentes, yo estuve ahí". Incluso pueden ir en plan hipster por la vida, y decir: "yo leía las miniblogoseries de la Guillermocracia cuando todavía no eran populares". Pero bien podría ser que recién vienen arribando a las mismas. O estaban esperando a que terminaran para hacer lo que hoy en día se hace con las series televisivas: binge-watching. Lo que es mandarse una maratón de toda la vida, pero binge-watching suena mejor porque... snobbish.

Cualquiera sea la razón, si es que quieren hacer una lectura maratónica de las miniblogoseries, sentándose una tarde entera a leerlas de corrido de principio a fin... la Guillermocracia al rescate. Porque a continuación, publicamos el índice de episodios de las mismas, con los correspondientes enlaces. Más fácil, imposible.

Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta.

En el emplazamiento del futuro condominio Corona de Amenofis, durante su construcción, aparecen unas ruinas prehispánicas. Ibis Blanco, la empresa constructora, debate acerca de si denunciarlas, cumpliendo la ley, pero paralizando las obras, o simplemente arrasarlas para evitar demoras en la edificación. Poco a poco, se va haciendo evidente que el tema es mucho más importante que una mera cuestión empresarial, y que hay un plan... o varios planes, mejor dicho, que involucran la conservación de las ruinas prehispánicas... o su destrucción.
  1. Construcción.
  2. Utendi et fruendi.
  3. La intervención de Arquitectura Oculta.
  4. Antiguamente el Imperio Inca...
  5. Corona de Amenofis es parte del plan.
  6. Bienvenidos a Corona de Amenofis.

Infra Terra: Entronización.

Chile, año 1.987. Con el máximo secreto, un grupo de expedicionarios de la OTAN, acompañados por soldados del Ejército de Chile, emprenden un viaje impensado: descienden hasta el interior de la Tierra, en busca de una civilización subterránea, encontrándose con un imperio muy organizado cuyo dominio se extiende por debajo de la superficie terrestre. El plan: conseguir la firma de un tratado entre la OTAN y el imperio subterráneo de Freilande. El resultado: los expedicionarios se han metido en la boca del lobo, y Wolfgang Spengler, uno de los traductores reclutados, está metido en el corazón mismo del conflicto...
  1. Viaje al centro de la Tierra.
  2. Dos mundos.
  3. Cerca del ojo del huracán.
  4. Situación desesperada en el Palacio de Kriegsburg.
  5. Avance por las calles de Kriegsburg.
  6. El ascenso de Kriegsweltz IV.

Marbod el Bárbaro: Imago Dei.

El duelo definitivo: Marbod el Bárbaro, el hombre que se resucitó a sí mismo, adorado como un dios pero que niega serlo, contra Calígula, el hombre que quiere ser adorado como un dios. El Emperador Calígula no se detendrá ante nada para aplastar a Marbod el Bárbaro y reclamar para sí la divinidad, ignorante de un pequeño detalle: destruir a Marbod el Bárbaro no lo destruye, sólo lo pone más furioso. Empieza un épico duelo entre estos dos colosos, y las consecuencias son inconmensurables, ya que el futuro mismo de la Humanidad podría estar en juego...

Por supuesto, si alguna, varias o todas ellas les gustaron... no olviden comentar. Los comentarios son un pequeño indicador de que la historia ha tenido éxito, lo que allana el camino para que hayan futuras secuelas. Las cuales son esperadas por quienes les gustaron las historias, suponemos, porque en la base y raíz de nuestra sociedad capitalista palpita un implacable monosílabo: "¡¡¡MÁS!!! ¡¡¡MÁS!!! ¡¡¡MÁS!!!". (Neoliberales pro mercado saltando en tres, dos...).

Y naturalmente, quedan invitados para seguir visitando la Guillermocracia y sus locos y descacharrantes proyectos literarios.

martes, 6 de junio de 2017

10 películas sobre ser una persona decente (2 de 2).


En la entrega anterior de este posteo en dos partes, veíamos algunas películas clásicas que inciden, de una manera u otra, sobre el tema de la decencia. Ahora entramos en la década de 1.980, la era de los blockbusters, las franquicias, etcétera. O de cómo ser gente decente en tiempos indecentes, parafraseando a cierto personaje de The Dark Knight. Y sin embargo, aunque no haya mucha nobleza en extender las franquicias como churros, aún así, entre blockbuster y blockbuster siguen presentándose películas que inciden sobre el tema...

6.- El regreso del Jedi (Return of the Jedi, 1.983).

El regreso del Jedi es una película con una complicación: si alguien no ha visto las dos entregas anteriores, es fácil no entender nada, o peor aún, entender pero no encontrarle la gracia. Aunque por supuesto, la mayor parte de la civilización occidental ha visto la trilogía de marras, de todos modos. Y si no saben de qué hablo: es la película en donde Leia aparece en bikini de metal y... como lo dijo Carrie Fisher: "Una babosa gigante me capturó y me forzó a usar ese estúpido traje, y entonces la maté porque no me gustaba". En cualquier caso, esta película es la que quizás tiene mayor conflicto, desde un punto de vista moral. Porque el resto de las películas de Star Wars, delimitan a la perfección el bien y el mal: el bien es la gente que lucha por la libertad de las personas, y el mal son los que buscan el poder, hacer daño, etcétera. Pero hay un personaje a la mitad: Darth Vader. En El Imperio contraataca todavía era un villano: trató de quebrar psicológicamente a Luke Skywalker, amputación de mano mediante, para convertirlo en un adepto del lado oscuro. En El regreso del Jedi, en cambio, aparece un Darth Vader que ya no está demasiado seguro de qué lado debería seguir. Ha sido un villano demasiados años, y está acostumbrado a eso. Luke Skywalker es la primera persona que cree en él, en su potencial, en sus capacidades, y esto lo hace dudar. El conflicto de Darth Vader es a escala cósmica, el mismo que el ciudadano de a pie tiene en la vida cotidiana: estoy acostumbrado a un entorno insensible y egoísta, y debo acumular poder para sobrevivir, pero... ¿es acaso posible construir una sociedad mejor, una basada en el respeto y no en el miedo, una en donde lo que eres es más valioso que el poder que acumulas?

El conflicto final entre Luke Skywalker y el Emperador es así, en definitiva, uno por el alma de Darth Vader, por redimirlo en definitiva o enviarlo a su condenación. Al final, Luke Skywalker le da a su padre la lección definitiva: al perdonarle la vida prefiere, de manera muy socrática, sufrir un mal antes que ocasionarlo. El Emperador decide entonces que Luke no es adecuado para sus fines y resuelve matarlo. Mala idea. Porque entonces Darth Vader por fin entiende de qué se trata, y toma la mayor decisión moral de su vida: se subleva contra la comodidad, contra todo lo aprendido, contra una vida entera al servicio del miedo, y al proteger a su hijo, al mismo tiempo apuesta por la esperanza. En su hora final, Darth Vader encuentra por fin la decencia que, años atrás, ha perdido como individuo. Dentro de este contexto, el diálogo final entre Luke Skywalker ("No te dejaré aquí. Tengo que salvarte") y Darth Vader ("Ya lo has hecho") cobra una dimensión a la vez mucho más humana, y mucho más metafísica. Darth Vader morirá, pero lo hará como un hombre renacido, que en sus últimos instantes de vida ha vivido con más sentido que en todos sus años anteriores. Parece Ciencia Ficción, pero piénsenlo: allá afuera, ¿cuántas gentes conocen ustedes que no se atreven a hacer lo que es decente por miedo a lo que dirán, por miedo a las represalias, por miedo a perder su trabajo o su estatus económico, por miedo a estar equivocados...? El conflicto de Darth Vader traslada, en clave de ficción espacial, lo que es el dilema de todas las ovejas aborregadas que siguen manteniendo las injusticias del mundo, sin esforzarse por corregirlas porque el mundo es así. Yoda lo decía, en la película anterior: el Lado Oscuro de la Fuerza no es más poderoso, pero es más seductor. El triunfo final de Darth Vader se da al romper con esa tentación, y abrazar la decencia hasta sus últimas consecuencias.

7.- Viaje a las estrellas VI: La tierra desconocida (Star Trek VI: The Undiscovered Country, 1.991).

Praxis, la luna klingon, estalla. El Imperio Klingon decide que este asunto de seguridad interna es un problema propio, pero al poco tiempo, los analistas de ambos bandos llegan a la misma amarga conclusión: al Imperio Klingon le quedan, a lo sumo, unos cincuenta años de vida. Para la Federación, enzarzada en una guerra eterna con los klingon, existen dos alternativas. Una de ellas es lanzar un ataque final a escala total para barrer a los klingon del mapa, y asegurarse la hegemonía de su sector de la galaxia, aunque a costa de enormes pérdidas civiles y militares, en hombres y recursos. La otra de ellas es buscar una salida negociada en donde la Federación y los klingon por fin lleguen a encontrar la paz, y se abran a un futuro en donde la colaboración y la solidaridad reemplacen a las hostilidades y la guerra. Finalmente, la Federación se inclina por la vía diplomática, pero una conspiración enraizada tanto entre los klingon como en la Federación, intenta llevar las relaciones hasta la guerra total. Esta película fue rodada no sólo como celebración del cuarto de siglo de Star Trek, y despedida de la tripulación original en el cine, sino además al calor del conflicto geopolítico de la época: la desintegración de la Unión Soviética, con el estallido de Praxis como obvia referencia a Chernobil. Un evento tan significativo en su época, que incluso dio lugar a teorías sobre el fin de la Historia, en particular el libro El fin de la Historia y el último hombre, de Francis Fukuyama. Hoy en día, claro, seguimos oyendo acerca de la Historia, pero no tanto de Fukuyama. Por algo será.

Lejos de lo que podríamos llamar el maniqueísmo clásico, la película se esfuerza al máximo por mostrarnos lo difícil que es el cambio de paradigma. Los conspiradores, desde luego que no creen en la paz, pero el grueso de la tripulación del Enterprise que intentan pararle los pies a los renegados, en realidad tampoco. Ellos han crecido y aprendido durante una vida entera en un entorno dentro del cual, los klingon son el enemigo a batir; así, después de un abismo de desconfianza, darle una oportunidad al enemigo es la empresa más difícil de las que han afrontado. Porque luchar contra anomalías cósmicas o entes cósmicos es fácil cuando uno está seguro de luchar por el bien, pero, ¿qué pasa cuando todo lo que se consideraba el bien, de pronto deja de serlo, y surge un bien incluso superior? De manera que la tripulación debe afrontar una doble guerra: tanto contra la conspiración que amenaza con desatar el infierno bélico en el sector de la galaxia, como contra ellos mismos y sus propios prejuicios y convicciones. En algún minuto, el propio capitán Kirk declara que quiere ver a los klingon muertos, por lo que ellos le hicieron a sus hijos, y un punto importante de la película es cómo Kirk aprende que el odio es mutuo y nada engendra, viendo reflejadas sus propias creencias en la conspiración, y de cómo debe aprender a moverse espiritualmente en otra dirección. Viaje a las estrellas VI: La tierra desconocida no es una película sin falencias, que las tiene, y algunas de ellas bastante serias, pero es quizás la película más humanista de la saga, una que rehuye el conflicto fácil entre nosotros los tolerantes versus ellos los fundamentalistas, y pone de relieve el verdadero esfuerzo que requiere tomar la decisión decente, en vez de aquella que nos gustaría por nuestros gustos, conveniencias o prejuicios.

8.- Rescatando al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1.998).

No es exagerado afirmar que Rescatando al soldado Ryan es una de las películas más influyentes de la década de 1.990. La misma le dio forma al cine de acción de las siguientes dos décadas, estableciendo que las secuencias adrenalínicas debían ser rodadas con mucha cámara en mano, y la fotografía en general debe estar teñida con cierta paleta cromática, ojalá sucia y terrosa si es cine bélico. Lo que los émulos de Rescatando al soldado Ryan han fallado en entender, es que dichas opciones cinematográficas que adoptó Spielberg estaban al servicio de un planteamiento y una historia, para establecer un nexo con el cine bélico del pasado al mismo tiempo que subvertía su limpieza y pulcritud a la hora de mostrar violencia. Y todo eso, como decía, alrededor de una historia potente, algo melodramática a ratos como suele serlo Spielberg, pero no por ello menos interesante. Después del Desembarco de Normandía, los altos mandos aliados descubren que varios hermanos en una familia han sido liquidados en batalla, y sólo sobrevive uno, que se gana el pasaje de regreso a casa para volver con su familia. Sólo que deben encontrarlo en el frente de batalla primero. Para eso envían un pelotón de ocho hombres que debe buscarlo y encontrarlo. Enviar a ocho soldados para salvar a apenas uno, ocho soldados que de seguro también tienen familias esperando en casa, en una misión carente de todo valor estratégico, retrata justamente el absurdo de las decisiones de los altos mandos.

Y aunque los soldados en realidad no están por la labor, aún así muestran el respeto y apego al deber. Se dan cuenta de que la misión entera es una tontería, y se lanzan a la misma sin ninguna alegría. Pero también se dan cuenta de que para ganar la guerra, deben seguir órdenes, y de que están luchando por algo más grande que ellos mismos; eso es lo que diferencia a un ejército organizado de una pandilla de bárbaros viviendo en el desorden y la anarquía. En un minuto, incluso discuten la posibilidad de darse algunas vueltas y regresar afirmando que no han encontrado al soldado Ryan, pero pronto lo descartan porque aunque la misión no sea estratégica, sí tiene un componente de nobleza moral que no pueden ignorar. Al final, todo se remata de una manera algo irónica: encuentran a Ryan, pero éste se compromete a defender una cabeza de puente a punto de caer en manos alemanas, y se niega a ser rescatado. El heroísmo de Ryan, y el de los soldados que han acudido a rescatarle, consigue de esta manera mantener la posición el tiempo suficiente para impedir que los alemanes usen el puente para montar un contraataque. Lo que pone en evidencia otro punto importante de la decencia: no siempre resulta claro qué saldrá de ella, pero a veces, la opción decente puede mejorar las cosas de maneras que considerábamos impensadas en su minuto.

9.- The Dark Knight (2.008).

Hace aproximadamente media década atrás, acá en la Guillermocracia, escribíamos acerca de que la Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan en realidad funciona más como una deconstrucción del mito del superhéroe, y en particular de su ética, que como ejemplo palmario del mismo. Es por eso que la nolanización de Superman en El Hombre de Acero no funcionó ni de lejos tan bien como con Batman: porque éste, siendo Batman, se presta mucho más para el juego que Superman. Si Batman inicia era una película mucho más directa en su enfoque sobre el bien y el mal, con un héroe seducido por las sombras sólo para encontrar en sí mismo la luz, The Dark Knight es en este sentido más compleja. Al inicio de la misma, nos encontramos con un Batman seriamente atribulado: ha tomado la opción decente de luchar contra la corrupción de Ciudad Gótica, pero lo único que ha logrado es una escalada criminal. Frente a la alternativa de bajar los brazos y dejar que la corrupción lo invada todo, o bien de seguir adelante a riesgo de que Ciudad Gótica se transforme en territorio de guerra urbana tipo Ciudad Juárez, encuentra una tercera alternativa: él es un caballero negro, pero puede ser reemplazado por un caballero blanco. En el plan de Batman, éste ha preparado la ciudad para el regreso de la ley y la justicia, pero pasado cierto punto, él mismo no puede administrarla, sino que debe ceder el manto a un nuevo tipo de héroe, en este caso el fiscal Harvey Dent, que luche contra el crimen con otras armas. El plan funcionaría y la película se acabaría en media hora, de no ser porque la mafia, asustada, decide llamar al Joker, y ahí es donde todo se va al demonio. A diferencia de los mafiosos, que buscan más bien mimetizarse en la ciudad para vampirizarla y profitar de ella y sus habitantes, el Joker busca quebrar psicológicamente el espíritu de la misma con crecientes actos terroristas que acaben por volverla tan insana como él mismo. Y ahora, los dos héroes principales, el caballero negro Batman y el caballero blanco Harvey Dent, combatiendo cada uno desde su trinchera y usando sus propios métodos, deben abocarse a decisiones definitivas.

Para ambos personajes a lo largo de la película, la opción sencilla es rendirse y salvar vidas, y la opción difícil es seguir la lucha hasta las últimas consecuencias. Los dos héroes saben muy bien que la opción sencilla paga más en el corto plazo, pero cuando la corrupción vuelva, la vida de todos será tan miserable, que no habrá valido el costo; la opción valiente es más difícil y con mayores sacrificios, pero a la larga, asegurará la felicidad de la ciudad. Las cosas dan un giro todavía más sombrío cuando finalmente Joker consigue corromper a Harvey Dent, transformado en Dos Caras, y logra que éste se lance a una espiral de venganza enloquecida que empieza a destruir todo su legado. Transformado en la última opción, Batman toma entonces los mayores sacrificios personales para librar la batalla definitiva. Porque el mayor sacrificio de Batman no es su libertad o su vida; el mayor sacrificio de Batman, como símbolo que se ha transformado, es la destrucción de su buen nombre. El acto supremo de decencia de Batman en la película es transformarse en el chivo expiatorio, en un sacrificio casi mesiánico, para cargar todos los pecados de la ciudad sobre sus hombros, y ésta por fin se limpie de su pasado. Se ha dicho que esto no tiene mucho sentido porque tanto más daba cargarle el muerto al Joker, que estaba muerto, justamente, pero visto desde cierto ángulo, sí que lo tiene: no se trata sólo de salvar el buen nombre de Harvey Dent, sino además, impedir que la ciudad se haga dependiente de Batman como de una muleta. A partir de ahora, Ciudad Gótica deberá empezar a arreglárselas por sí sola. Cuatro años después de esto, Christopher Nolan estrenó The Dark Knight Rises, en donde descubrimos que las cosas no funcionaron tan bien, después de todo, pero eso es otra historia.

10.- Capitán América: El primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2.011).

En estos tiempos cínicos y desesperados que corren, ¿hay lugar para el idealismo al estilo de la vieja escuela? ¿Existen valores positivos que todavía valga la pena defender? La película Capitán América: El primer vengador, parece decirnos que sí. Aunque, convenientemente, mueve la acción en el tiempo hacia atrás, hasta la Segunda Guerra Mundial, un poco a manera de comentario sobre los valores idealistas. Steve Rogers es un renacuajo que cree sinceramente en los ideales, aunque eso le signifique llevarse algunas soberbias palizas. Por vueltas del guión, Steve Rogers termina por ser inyectado con el suero del supersoldado, que le otorga fuerza y movilidad sobrehumanas; por desgracia, como suele suceder, tanto el científico como sus notas y el suero mismo son destruidos por un espía, de manera que el experimento no puede ser replicado. El Capitán América irá entonces a la guerra, y se involucrará en la cacería de Cráneo Rojo, el líder de la organización terrorista HYDRA, y su terrible plan de dominación mundial. Parece la fantasía de un fanfic adolescente, pero hay un punto clave que convierte a esta película en un interesante estudio sobre la decencia. Porque el verdadero poder de Steve Rogers no es el suero del supersoldado en sí, sino su entusiasmo a la hora de librar la batalla por lo que es lo correcto. Es dicho entusiasmo lo que le gana la amistad de Bucky, quien lo critica por andarse metiendo en problemas, pero aún así, corre a rescatarlo. Es también dicho entusiasmo lo que le hace ganarse un lugar en el proyecto a cargo del doctor Erskine, quien explica de manera específica un punto importante: el suero del supersoldado amplifica lo que ya existe en el propio sujeto. Tanto Cráneo Rojo como Steve Rogers han recibido más o menos el mismo supersuero, pero éste ha tenido efectos diferentes en su mentalidad: Cráneo Rojo es un sujeto amoral y sin valores, y el supersuero lo ha transformado en un megalómano y un demente, mientras que Steve Rogers con su fuerte código ético, se ha transformado en el defensor de la justicia y la democracia.

Todo lo anterior no es sino consecuencia de un alcance más profundo, que tiene efectos constantes en nuestras vidas: la tecnología es siempre neutra, y es el uso que le damos, lo que la transforma para el bien o el mal. Así, por ejemplo, un televisor puede servir tanto para transmitir programas de alta cultura como farándula con siliconas, y un automóvil puede servir tanto para movilizarse como para atropellar a alguien. Incluso una bomba nuclear, el artefacto más destructivo fabricado por el ser humano, podría eventualmente servir para propulsar naves espaciales hacia otras estrellas. La secuela, Capitán América y el Soldado del Invierno, así como Avengers: La era de Ultrón eso sí, parecen querer hacer un comentario respecto de lo anterior. Idos los tiempos idealistas de la Segunda Guerra Mundial y en nuestra cínica era moderna, la moralidad del Capitán América suena como un poco fuera de lugar, hasta el punto que andando las películas, el Capitán América parece estarse transformando de un caballero idealista, en una especie de templario incapaz de detenerse en su afán por librar guerras y encontrarle así un sentido a su existencia, algo que queda en claro cuando su peor pesadilla, tal y como la vemos en Avengers: La era de Ultrón, es que no quede nada por lo que luchar, se proclame la paz, y entonces él mismo pierda su lugar en el mundo. Es todo un guiño que la decencia en sí, en Avengers: La era de Ultrón, pase a ser relacionado con la inocencia infantil, como lo demuestra el personaje de Visión. Y esto sirve para cuadrar el círculo, porque a su manera, también el Capitán América en la Segunda Guerra Mundial tenía una visión algo infantil del mundo, si se quiere. Para ser una persona decente, pareciera ser la moraleja, debemos conservar algo de la inocencia que teníamos cuando éramos niños; en nuestra época, la palabra inocencia tiene connotaciones bastante negativas, como ser sinónimo de tonto, tarado o fácil de engañar, pero bien mirado, considerando como salen las cosas cuando ésta se pierde, vale la pena preguntarse si no debemos darle una segunda evaluación a la inocencia como un valor.

Como puede apreciarse, el cine no versa sólo sobre héroes petulantes que se la viven luciendo lo superiores que son mientras aplastan a villanos sin piedad a su alrededor. Ni siquiera en estos tiempos cínicos en los cuales Hollywood parece no querer creer en los héroes. A poco que excavemos un poco, podemos encontrar modelos de decencia en el cine. Como de costumbre, el cine, así como el arte en general, puede servir no sólo como entretenimiento ligero, sino que además, bien analizado, puede servirnos para iluminar un poquito mejor nuestro mundo, y darle un ajuste fino a nuestra brújula moral, siempre en peligro de descarriarse, como humanos que somos.

Related Posts with Thumbnails

¿Cuál miniblogoserie debería recibir primero una continuación en la Guillermocracia?