domingo, 30 de octubre de 2016

10 viñetas sobre la elección presidencial de 2.016 en Estados Unidos.

Hillary Clinton y Donald Trump por Donkey Hotey (2.016, fuente).
El gran carnaval del año 2.016 es, qué duda cabe, la elección presidencial de Estados Unidos. Gracias a la habilidad supina que posee dicho país para transformar las cosas más serias y solemnes, en un carnaval de feria. La elección misma será el próximo 8 de Noviembre, aunque debido al sistema electoral de Estados Unidos, al momento de publicarse este posteo ya hay gente votando por anticipado, y enviando dicho voto por correo, tradicional o electrónico. A diferencia de la más bien cansina elección de 2.012, que enfrentó a un Barack Obama buscando la reelección frente a un Mitt Romney que no logró arrebatarle la Casa Blanca, la de 2.016 se ha visto bastante animada gracias a la aparición de Donald Trump en escena. Aparición aplaudida por unos cuantos y combatida por otros cuantos. Una elección que todo el mundo mira con interés similar a la de 2.008, en que fue elegido el ahora saliente Barack Obama.

Y acá en la Guillermocracia, aprovecharemos la ocasión para hacer un breve repaso por los aspectos más interesantes de esta elección. Una que podría hacer Historia... o quizás no, como argumentaremos. Porque una vez más, las cosas no siempre son tan obvias, hay grises y matices, y tomarle el pulso a esta elección es, en cierta medida, tomarle el pulso al mundo.

1.- En Estados Unidos no ha existido un gran estadista desde Ronald Reagan.

Admitamos que ninguno de los dos candidatos es realmente un estadista. El último gran estadista en la Oficina Oval, esto es, el último político que le imprimió un sello propio a su nación, fue Ronald Reagan. Por supuesto, hablamos en términos valóricamente neutros acá: si hablamos de gentes que le dieron su sello a su nación e incluso al mundo, entre los estadistas debemos considerar a gentes como Simón Bolívar, Mahatma Gandhi, Abraham Lincoln, Franklin Delano Roosevelt o Adolf Hitler, en el sentido de que todos ellos cambiaron a sus países e incluso el mundo en una u otra manera, pero no todos ellos han quedado como modelos para la posteridad. La Presidencia de Reagan entra en la galería, al darle un férreo golpe de timón a la República rooseveltiana del New Deal e inaugurar la moderna era del Neoliberalismo; esto es algo nefasto, por supuesto, pero debe reconocérsele a Reagan a lo menos ese talento, o siquiera, elegir bien a sus asesores para la tarea. Todos los Presidentes de Estados Unidos posteriores a Reagan han seguido sus aguas. Incluso Barack Obama, que en su minuto al ser el primer Presidente negro de Estados Unidos se transformó en una gran esperanza blanca, para acabar en una Presidencia gris, resultó ser casi como una extensión de la Presidencia de George W. Bush pero ahora con más carisma. En ese sentido, en esta elección no se juega demasiado: Donald Trump es un neocon ultrista, y Hillary Clinton es más o menos lo mismo que la Presidencia de su marido Bill Clinton entre 1.993 y 2.001, que fue un Reaganismo en versión light. Lo que no cabe esperar de ninguno de los dos, es que terminen por enfrentarse a las grandes corporaciones que, muy en el fondo, se han enquistado a manejar la política y la economía mundiales.

2.- Los partidos políticos en Estados Unidos son más coaliciones que partidos.

Desde los inicios de la vida política de Estados Unidos, la misma se estructuró de manera más o menos automática dentro de una arquitectura bipartidista. En la actualidad, éstos son el Partido Demócrata y el Republicano, aunque ambos datan en su forma definitiva más o menos apenas desde mediados del siglo XIX, y sus ideologías actuales recién se perfilaron durante el rooseveltismo (1.933 a 1.945). Ambas máquinas están tan bien engrasadas y consolidadas, que hacen muy difícil el surgimiento de terceras alternativas; no es que no se haya intentado, pero todas han fracasado. Eso sí, este modelo bipartidista no da mucha cuenta de la enorme diversidad de intereses que existen en Estados Unidos: conservadores del interior versus progresistas de las costas, campesinos de la América Profunda versus comerciantes e industriales cosmopolitas, religiosos bíblicos versus liberales, libertarios versus gentes socializantes, ecologistas versus industrialistas... la cantidad de conflictos está servida. Por eso, ambos grandes partidos en realidad no son tiendas unificadas, sino grandes paraguas que albergan a muchos intereses a menudo en conflicto entre sí; los senadores de Estados Unidos, en particular los más viejos, son famosos por votar lo que se les antoja, sin obedecer las órdenes de partido que no les gustan. Frente a la caricatura tradicional, no todos los republicanos son rednecks que van por la Biblia en mano, y los hay que son tipos preocupados de los derechos individuales de latinos e inmigrantes, mientras que no todos los demócratas son fulanos entusiasmados con dilapidar el erario público en programas sociales. De ahí la importancia suprema de las primarias: es la única manera en que fulanos de sensibilidades tan diferentes e intereses tan opuestos que aún así están agrupados en un mismo partido político, puedan ponerse de acuerdo en una candidatura única, en vez de fragmentarse en mil pedazos.

3.- Los candidatos suelen cambiar de posición desde las primarias hasta la elección misma.

El modelo de elecciones en dos fases, las primarias dentro de los partidos primero, y la gran elección general después, genera una dinámica interesante. Como en Estados Unidos el voto es voluntario, las primarias suelen ser decididas por los grupos más fanatizados o ideologizados, que son quienes tienen más incentivos para votar. Por eso, en las primarias suelen triunfar los tipos que muestran un discurso más extremista. Pero luego, en las elecciones generales, se supone que ese público ya está cautivo, y hay que ir a por los indecisos y moderados del centro, lo que lleva a que los candidatos deban a su vez moderar sus discursos. Un candidato en Estados Unidos debe tener la habilidad suficiente para conseguir dar esta voltereta sin aparecer como ajustándose a la conveniencia y perder así credibilidad frente a sus votantes. Barack Obama lo consiguió en parte porque la Presidencia de su antecesor estaba tan desprestigiada, que no tuvo necesidad de morigerar demasiado su discurso luego de ganar las primarias. Donald Trump no ha mostrado el mismo talento. En las primarias combatió con el discurso más radical de todos los que hemos visto en el Republicanismo desde Ronald Reagan, y de hecho consiguió ganar las primarias, pero luego al tratar de moderar su discurso, lo han perseguido los fantasmas de sus propias declaraciones anteriores. Hillary Clinton lleva parte de la carrera ganada debido a que se presentó desde el inicio como continuista de la Presidencia de Obama, y como alternativa moderada frente a las salidas de madre de Donald Trump, con lo que sostener un discurso moderado después se le dio de manera natural.

4.- La fortaleza de Donald Trump en 2.016 es la misma que la de Barack Obama en 2.008.

En posiciones políticas, no cabe duda de que Barack Obama y Donald Trump están en lugares completamente antagónicos. Y sin embargo, irónicamente, Obama y Trump consiguieron tomarse por asalto la política vendiendo ambos un discurso de renovación. La principal baza de ambos es haberse promocionado como outsiders que no estaban directamente involucrados con el desprestigiado mundo político de Washington. En 2.008, ese discurso fue bienvenido como alternativa refrescante en contra de la muy desprestigiada Presidencia de George W. Bush; en 2.016, es la Presidencia de Barack Obama la más o menos desprestigiada, aunque no a los niveles históricos de Bush, debido a los problemas internacionales, la crisis económica, la mano blanda demostrada con Wall Street, las dificultades en sacar adelante el Obamacare, y el problema casi constitucional que surgió cuando el Congreso intentó negarle la sal y el agua al Gobierno por vía de no aprobar la ley de presupuestos. Sin embargo, aunque el desprestigio de Obama no llega ni de lejos a los extremos de su antecesor, aún así es suficiente como para darle carbón a la incendiaria campaña de Trump y su apelación al eternamente recurrente "¡Hagamos a América grande otra vez!". América que se empequeñeció brutalmente... bajo la administración de los halcones republicanos de George W. Bush, con su decisión suicida de cargar al presupuesto nacional con la invasión militar de dos países completos en el Medio Oriente. Las responsabilidades, a quien pertenecen.

5.- Donald Trump trae a la carrera presidencial su propio estilo empresarial.

La política y los negocios se parecen en que sus practicantes deben ser animales capaces de moverse con instinto asesino para sobrevivir en un mundo regido por el maquiavelismo más radical. Y sin embargo... ambos requieren estilos distintos. En los negocios, lo único que importa es la ganancia, y por lo tanto, se pasan mejor los golpes bajos porque es lo que se espera de ellos, por lo que el abuso y la prepotencia son valores ganadores, mientras que en la política, debido a la necesidad de seducir al electorado, recompensa más moverse con tacto de terciopelo. Hillary Clinton ha vivido acunada en el mundo político durante toda su vida, y entiende bien esa necesidad de enfundar la manopla de hierro dentro de un guante de seda. Donald Trump en cambio se ha lanzado desde el mundo de los negocios. Su honestidad brutal le ha dado una buena imagen de cara a ciertas audiencias que están cansadas del eterno baile de máscaras en las orillas del Río Potomac, pero también existe mucha gente que no quiere ver en la Casa Blanca a un tipo que vende con tanto descaro su prepotencia, su paletismo intelectual y su misoginia. Barack Obama en su día consiguió ganar proyectando una imagen de honradez y honestidad, pero lo hizo al servicio de valores mucho menos divisivos al interior de una sociedad democrática como la de Estados Unidos. En su día, Obama despertó anticuerpos por ser negro y sus posibles afinidades con el mundo musulmán, pero nadie piensa que alguna chica querrá ser Trump Girl, así como Amber Lee Ettinger en su día fue la Obama Girl con el video Crush on Obama. Por supuesto, hay mucho redneck suelto que ve en Trump su oportunidad histórica de revancha contra ese sofisticado socialista de champaña instalado en la Casa Blanca que, además, es negro. Pero también hay mucha gente que no quiere ver en la Casa Blanca a un tipo que llama Miss Piggy a una Miss Universo que además es latina, enajenándose así las simpatías de dos sectores claves de votantes, los latinos y las mujeres. En ese sentido, Trump cometió el error histórico de abordar la política como otra empresa más, en vez de un mundo con sus propios códigos y costumbres. Tipos como Sebastián Piñera o Silvio Berlusconi podrían darle un par de lecciones acerca de lo poco que al final renta esta actitud.

6.- Donald Trump entiende bastante mejor de lo que parece la crisis de Estados Unidos.

Para cualquier persona que vea más allá de lo aparente, resulta evidente que Estados Unidos se encuentra en una crisis enorme. Dicho país emergió de la Segunda Guerra Mundial como la más grande superpotencia a nivel planetario, y por lo tanto, no sin cierta reluctancia, debió hacerse cargo de sus nuevas responsabilidades hegemónicas. Algo que no siempre hizo bien, por supuesto. Pero Estados Unidos se transformó en la columna vertebral de Occidente frente a la Unión Soviética primero y Rusia después, por no hablar de China, Japón y el mundo islámico. Y esto le ha costado su poco. El mito de la invencibilidad de Estados Unidos se trizó con el ataque contra las Torres Gemelas en 2.001, y luego recibió un golpe quizás incluso fatal, con la estúpida idea de irse a la guerra en Irak y Afganistán, tensando al máximo el erario nacional, enajenándose amistades internacionales, y generando vacíos de poder utilizados después por gentes como ISIS para crear todavía más caos en algunas de las regiones geopolíticamente más sensibles del planeta. Trump podrá ser un paleto misógino y xenófobo, pero al menos debe concedérsele el crédito de entender que Estados Unidos ya no está para aventuras militaristas o hegemónicas porque su poder político, militar y económico ha declinado mucho frente a una Rusia y una China que golpean cada vez más fuerte la mesa. Pero por supuesto, es más fácil conseguir clicks publicando notas acerca del machismo de Trump, que su entendimiento de las relaciones internacionales. Machismo que, por supuesto, necesita ser destacado porque quién quiere ver en la Casa Blanca a un tipo tan despectivo con las mujeres, pero que tampoco debería opacar los aspectos positivos porque la realidad no es en blanco y negro.

7.- Hillary Clinton aparece como más mesurada debido a que es mucho más general en sus planteamientos.

Donald Trump hizo maravillas por hundirse a sí mismo en los debates, con su actitud insolente y falta de respeto, y su estilo quizás demasiado confrontacional. Pero hay una diferencia entre los estilos de Hillary Clinton y Trump para argumentar. Con mentalidad de buen empresario, Trump va directo al grano, y presenta datos concretos: hechos, fechas, lugares. Otro cuento es si lo que presenta es cierto, lo cual es más discutible, porque parte del talento de un buen empresario es saber vender voladores de luces. Pero por mucho que sus opiniones en materias raciales o de género sean discutibles por lo menos, al menos deja tras de sí la imagen de ser alguien con convicción en lo que cree, y éste es un valor que no debe ser despreciado en política. Clinton por el contrario, tiende a refugiarse en declaraciones amplias y llenas de buenas intenciones, pero sin concretar demasiado, lo que es muy político, pero que no le ayuda a conseguir votantes. En un análisis serio y desapasionado, Clinton podría perfectamente desmontar los argumentos de Trump, pero lo hace más bien desde una cierta corrección política y una renuencia a entrar en el debate de lleno, algo a lo que no teme el más confrontacional Trump. La buena suerte de Clinton es que Trump se las arregla para enredarse solito en declaraciones quizás demasiado honestas sobre su propia mentalidad, y ya sabemos a dónde conduce eso.

8.- Hillary Clinton podría ser la primera demócrata elegida para suceder a otro demócrata en más de siglo y medio.

En Estados Unidos ha existido por lo general una buena alternancia entre demócratas y republicanos, pero los republicanos han conseguido ganar en general más elecciones que los demócratas. El último republicano que consiguió ganar una elección y suceder a otro republicano fue George Bush padre en 1.988. ¿El último demócrata que consiguió ganar una elección y suceder a otro demócrata...? James Buchanan en 1.856. Y por supuesto, las dos Presidencias demócratas en cuestión (Franklin Pierce desde 1.853 a 1.857, James Buchanan desde 1.857 a 1.861) fueron las que precipitaron al país a la Guerra Civil. Desde entonces, todos los demócratas que han sucedido a otro demócrata, es porque el Presidente demócrata anterior estiró la pata en plena Presidencia: fue así que Harry Truman y Lyndon B. Johnson llegaron a la Presidencia, aunque ambos ganaron después la elección siguiente. En cuanto a tiempo de gobierno, el último bloque demócrata que duró más de ocho años fue el de las Presidencias de Franklin Delano Roosevelt y Harry Truman (1.933 a 1.953), y eso en parte porque el propio Roosevelt fue elegido cuatro veces consecutivas. Los republicanos, por el contrario, hilaron tres en el siglo XX: los dieciséis años de McKinley, Roosevelt y Taft (1.897 a 1.913), los doce de Harding, Coolidge y Hoover (1.921 a 1.933) y los doce de Reagan y Bush (1.981 a 1.993). Si Hillary Clinton resulta elegida, sería la primera vez que los demócratas gobernaran más de dos períodos al hilo desde los mencionados Franklin Delano Roosevelt y Harry Truman. Lo que bien podría revelar un cambio de sensibilidad en la política de Estados Unidos. No en balde, se ha dicho, la crisis de 2.008 guarda muchas semejanzas con la de 1.929, la misma que ayudó a aupar a Roosevelt a la Presidencia...

9.- La política de Estados Unidos envejece.

Cuando Barack Obama llegó a la Presidencia, la misma fue saludada casi como un recambio generacional. Obama nació en el último trecho de la generación del Baby Boom, en Agosto de 1.961, ya en plena Presidencia de John F. Kennedy, y por lo tanto, tenía 46 años al asumir la Presidencia de Estados Unidos. Sus dos antecesores inmediatos, Bill Clinton y George W. Bush, ambos nacieron en 1.946, mientras que George Bush padre nació en 1.924, y Ronald Reagan en 1.911. Esto ayudó por supuesto a darle una imagen geek a Barack Obama, algo apropiado para alguien que nació el mismo año en que comenzó a estructurarse el actual el Universo Marvel. Pero por alguna razón, la tendencia ahora se revirtió: Donald Trump nació en 1.946 y Hillary Clinton en 1.947. O sea, gane quien gane, el nuevo Presidente de Estados Unidos será una década y media más viejo que Barack Obama, lo que pondrá a un septuagenario a cargo de la Casa Blanca. ¿Acaso los votantes de Estados Unidos se sienten tan a la deriva que prefieren a candidatos envueltos en el aroma de la nostalgia, cuya atmósfera intelectual es la del Baby Boom? Debemos recordar que en Estados Unidos, la edad mínima para postular a la Presidencia es de 35 años, por lo que teóricamente en 2.016 podría haberse postulado alguien nacido en 1.981 inclusive, o sea, un Generación X ya pasándose a millennial. No se me ocurre una buena explicación para este retroceso, más allá de la hipótesis según la cual los votantes sientan que su país está tan hundido que necesiten la sabiduría ancestral de la tercera edad para salir avante. Pero tanto conservadurismo no puede ser bueno para Estados Unidos. La última vez en que ocurrió esto fue en la elección de 1.981, en donde el septuagenario Ronald Reagan nacido en 1.911 sucedió a un Jimmy Carter nacido en 1.924; de hecho, Carter con sus 93 años todavía está vivo y es el ex Presidente de Estados Unidos más viejo al momento de escribir estas líneas. Y Reagan también sucedió a Carter en un medio ambiente de profunda depresión moral para Estados Unidos...

10.- El nuevo Presidente de Estados Unidos no cambiará demasiado el rumbo de las cosas.

Por debajo de sus diferencias en cuanto a visión del mundo, estilos de liderazgo, llevarse bien o a las patadas con los códigos de la política, y el trato dado a mujeres e inmigrantes, lo cierto es que salga quien salga elegido, ni Trump ni Clinton van a tener mucho margen de maniobra para hacer algo. Estados Unidos es una nación con una maquinaria demasiado bien engrasada, y meterle mano para enmendar el rumbo sin arrojar al país al desastre, es una empresa como mínimo algo complicada. De hecho, se perdieron dos oportunidades de darle un golpe de timón al Neoliberalismo reaganiano, primero con la pésima respuesta dada a la crisis de las Torres Gemelas en 2.001, y luego con la enorme blandura que el Gobierno mostró con Wall Street durante y después de la crisis de 2.008. En la actualidad, Estados Unidos está atrapado en medio de sus responsabilidades hegemónicas internacionales, su dependencia política de Wall Street, y su creciente pérdida de poder frente a una Rusia cada vez más militarizada y una China que en lo económico está batiendo a Estados Unidos en su propio juego capitalista. Si las cosas siguen así como van, de aquí a diez años la mayor potencia económica del mundo va a ser China y no Estados Unidos. Es posible incluso que la crisis de 2.008 sea sólo un preludio, y que en los próximos cincuenta años, se repita a lo largo y ancho del país la crisis de marras, como Destroit multiplicado por mil, con un Estados Unidos proletarizado hasta convertirse en un país del Tercer Mundo cuya única fortaleza sea el arsenal nuclear. O sea, es posible que Estados Unidos se transforme en Pakistán. En medio de ese mapa, es más bien poco el margen de maniobra que Trump o Clinton puedan tener en adelante. Es posible que el próximo Presidente de Estados Unidos acabe convertido en un Winston Churchill que, cierto es, pudo pararle los pies a Hitler, pero eso, sólo para que en las siguientes dos décadas Inglaterra viviera el humillante desmantelamiento de su orgulloso imperio colonial.

En conclusión...

Si hay un motivo por el cual el mundo debería preocuparse de la elección presidencial de 2.016 en Estados Unidos, no es por la posibilidad de que un empresario con mentalidad de redneck llegue a la Casa Blanca, o de que la candidata alternativa tenga historial de ser demasiado halcón para su perfil demócrata. Lo verdaderamente interesante del caso, es que a través de esta elección estamos asistiendo al angustiado retrato que Estados Unidos hace de sí mismo. Para los otros países que han tenido que soportar la prepotencia chulesca de Estados Unidos, esto puede ser motivo de regocijo. Pero no debería serlo tanto. Aunque disminuido como potencia económica y militar, todavía sigue siendo cierto que cuando Estados Unidos estornuda, todos los demás se resfrían. Esta elección quizás no sea decisiva a nivel de eventos históricos mundiales, pero sigue teniendo su buena cuota de importancia para todo el resto del planeta.

miércoles, 26 de octubre de 2016

"Erase una vez... el hombre": Repaso de la serie episodio a episodio (1 de 2).


Hace algunos años atrás, publicamos acá en la Guillermocracia un posteo acerca de una antigua serie animada, Erase una vez... el hombre, que ya está a punto de cumplir los cuarenta años desde su primera emisión en Francia. Y aunque tiene una edad suficiente como para que a los niños de ahora no les diga demasiado, pareciera ser que ha despertado algunos tiernos recuerdos en los lectores de la Guillermocracia. Y como la serie además es una excelente introducción a la Historia Universal e insistir con ella sirve de maravillas para rellenar aquí en la Guillermocracia, volveremos sobre la misma. Así como en su minuto hicimos con la serie Capitán Futuro, que la analizamos saga por saga, haremos lo mismo con Erase una vez... El hombre, analizándola capítulo por capítulo.

Para ponernos en antecedentes. Erase una vez... el hombre es una serie animada de 26 episodios que se emitió por primera vez en 1.978. Fue creada por el francés Albert Barillé, y desarrollada por una alianza de varias productoras en Francia, España, Italia, Bélgica, y la mítica Tatsunoko en Japón. Tuvo el éxito suficiente como para que Barillé insistiera después con Erase una vez... el espacio, Erase una vez... la vida, Erase una vez... las Américas, etcétera. La premisa de la serie es narrar la Historia Universal a través de un elenco estable de personajes, que van repitiéndose en sus roles según las épocas. Así, en todos los capítulos veremos a Pedro y el Gordo como los amigos que ponen el cerebro y los músculos respectivamente, la familia de Pedro que incluye a Flor, Florcita y Pedrito, el Maestro como mentor y figura de autoridad intelectual, y los villanos Tiñoso y Enclenque con sus correspondientes maquinaciones en contra de los jovencitos, más el clásico calendario con ojos y brazos que señala el paso de los años.

En general, puede decirse que la serie logra su objetivo didáctico con creces. No está exenta de problemas ni fallos, pero son disculpables habida cuenta la doble ambición de abarcar toda la Historia Universal por un lado, y hacerlo en un formato que para los niños sea accesible, divertido y educativo. Y sin más preámbulos... vamos con el detalle de la serie. O con la primera parte de la misma, mejor dicho, porque debido a la extensión de este posteo, lo dividiremos en dos partes, como suele ser un clásico de la Guillermocracia en estas circunstancias, por lo demás. Y una última cosa. Usaremos los títulos de los episodios tal y como debieron ser traducidos del francés, y que fueron los utilizados en la serie de revistas, me parece recordar, porque los títulos del doblaje español son ligeramente diferentes.

1.- Y la Tierra fue.
  • Hilo conductor del episodio: La evolución humana.
Meter toda la evolución humana en un solo episodio es una tarea titánica, y además sumarle toda la evolución planetaria previa, es casi insano. Pero la serie se atrevió. Para llegar hasta el antiguo Egipto le tomó cuatro episodios, eso sí. El capítulo y la serie se abren con la formación de la Tierra, y una secuencia de la evolución que quizás, sólo quizás, pudo haber inspirado una secuencia análoga en Cosmos de Carl Sagan. Luego viene una relativamente extensa descripción del mundo de los dinosaurios, notable por su crudeza a ratos, aunque decae con el uso de comedia de porrazos en otros. Luego vemos el cataclismo que extingue a los dinosaurios, aunque el episodio se atiene a concepciones propias de la época; la teoría de que a los dinosaurios los mató un meteorito fue enunciada por primera vez en 1.980 por el paleontólogo Walter Alvarez, o sea, dos años después del estreno de la serie. Luego viene todo el arco evolutivo de los australopitecos y el Homo Erectus, también un tanto desactualizado. No es un mal episodio y se esfuerza bastante en tratar todo su asunto, pero se resiente por estar desactualizado en varios detalles, lo que no es su culpa por supuesto, pero tampoco de los espectadores. Además, aunque aparecen por primera vez Pedro y el Gordo, al ser antepasados del hombre actual no aparecen con su apariencia definitiva, y por lo tanto, se hace un poquito difícil reconocerlos a primera vista.
  • El momento para enmarcar: El final de los dinosaurios. Desactualizada desde un punto de vista científico, pero aún así, después de haber visto a unos cuantos de esos bichos gozando la vida en el episodio, su destino final da mucha pena.

2.- El hombre de Neanderthal.
  • Hilo conductor del episodio: La vida cotidiana del hombre de Neanderthal.
Por alguna razón, una serie que se caracterizó por la manera atropellada de presentar un montón de eventos históricos metidos a presión, le dedicó un capítulo entero al Hombre de Neanderthal, el cual tiene su interés, por supuesto, pero que no era exactamente algo indispensable de ahondar en detalle. Vale que los neanderthales inventaron la religión, por ejemplo, pero aún así. El episodio se abre con un poco de la vida cotidiana de los neanderthales, para luego pasar al Maestro y sus intentos por desarrollar la tecnología lítica. Uno de los puntos altos del episodio es una moraleja muy poco correcta desde el punto de vista político, pero por desgracia también muy realista: Pedro, el por otra parte inteligente padre de Pedrito, rechaza las innovaciones de éste porque es un conservador, ya que la incomprensión hacia el pensamiento creativo es por desgracia parte de la vida. Promediando el episodio, el Maestro comienza a desarrollar los primeros calendarios, lo cual es históricamente discutible, por supuesto. Pero no importa: eso sienta las bases para la llegada de las glaciaciones. Lo cual también es discutible, por supuesto. El episodio repunta con un gran final en donde vemos cacería. No de los mejores y no de los más imprescindibles, pero sumando y restando, una buena adición a la serie.
  • El momento para enmarcar: Spoiler del final del episodio aquí... La muerte del Maestro, uno de los momentos más tristes de toda la serie. Remarcado por la voz en off que nos refiere la extinción absoluta de todo ese simpático grupito de personajes que acabamos de ver, o de cómo Dinosaurios no inventó esa clase de final depresivo.

3.- El hombre de Cromañón.
  • Hilo conductor del episodio: La vida cotidiana del hombre de Cromañón.
Lo que decíamos más arriba. En una serie que intenta reducir toda la Historia Universal a apenas 26 episodios de media hora, dedicarle tres de ellos a la vida antes de la civilización es quizás un poco mucho. Este capítulo en realidad repite varios puntos narrativos del anterior, hasta el punto que se podría haberlos abreviado y crear un solo capítulo a partir de los dos. El episodio se centra de nuevo en la vida cotidiana antes de la civilización, ahora aderezado con los conflictos de la tribu principal versus la tribu del Tiñoso y el Enclenque; al menos, los tristes intentos de espionaje industrial por parte de Enclenque, proporcionan un buen par de risas. El final del episodio remata con un relato quizás inexacto desde el punto de vista histórico, acerca del origen de la ganadería.
  • El momento para enmarcar: El origen de la ganadería. No muy exacto desde el punto de vista histórico, pero simpático de ver.

4.- Los valles fértiles.
  • Hilo conductor del episodio: La agricultura y las obras arquitectónica como motor del surgimiento de las civilizaciones. O eso intentan, por lo menos.
Después de gastarse tres episodios de veintiséis en los cavernícolas, la serie de pronto decide acelerar a tope. Tenemos aquí entonces el primer episodio en donde observaremos uno de los vicios de la serie: la voluntad de meter en un mismo capítulo, más cosas de las que humanamente es posible asimilar. Partimos con una bonita e incluso inspiradora recreación de los orígenes de la agricultura. Luego, so pretexto del tópico del viajero por el mundo antiguo, en este caso el Maestro, echamos un vistazo a Mohenjo Daro, así como a los intentos por construir redes de canales en Mesopotamia. El grueso del resto del capítulo se centra en Egipto, concretamente en la construcción de las pirámides, que es por supuesto lo más vistoso de la civilización egipcia, con algunas escenas de violencia bastante subida si se considera que el programa es para niños. Hasta ahí ya tenían un episodio un tanto recargado, pero además, luego de terminar de despachar la historia del Antiguo Egipto, meten a saco una mención atropellada de varios episodios de la Biblia, incluyendo algunos de discutible base histórica, como el Exodo por ejemplo. El episodio hace un esfuerzo heroico porque tengamos un retrato completo del origen de las civilizaciones en el Medio Oriente, pero me pregunto cuántos niños se habrán quedado mirando por dónde se fue la cuadriga que los atropelló...
  • El momento para enmarcar: El momento en que los recaudadores de impuestos egipcios descubren que un pobre desgraciado ha escondido trigo para alimentar a su familia, y recibe sus latigazos como castigo. La violencia es fuera de cámara, pero es un buen recordatorio de que la vida no siempre es justa.

5.- Los primeros imperios.
  • Hilo conductor del episodio: El origen del humanismo universalista.
Para el mundo anterior a la civilización grecorromana, ya debería haber quedado claro del capítulo anterior, la serie decidió saltarse a la torera el esquema clásico y didáctico de poner a egipcios por un lado, Mesopotamia por el otro, la India y China por un tercero. De manera muy interesante, decide dedicarle un episodio casi completo al Imperio Aqueménida, lo que tiene mérito si se piensa que es una civilización no europea, y además, Persia en la época de la serie era gobernada por el Shah Mohammad Reza Pahleví, hombre polémico que intentó respaldar su dictadura con un discurso nacionalista de reivindicación de los aqueménidas, y por tanto, pintar un retrato positivo de los mismos podía prestarse a lecturas suspicaces. El episodio presenta una lectura decididamente positiva de los persas, a través de un interesante hilo conductor: hace una rapidísima pintura de los imperios mesopotámicos, en particular el Imperio Asirio y el Imperio Caldeo, y de las manifiestas crueldades de los mismos, para poner de relieve cómo el Imperio Aqueménida fue una fuerza para la tolerancia y la civilización. Al final del episodio, el mismo rompe otro esquema conceptual clásico, al incluir ahora, y por lo tanto antes de los griegos, la historia de Alejandro Magno; a diferencia del retrato heroico clásico del personaje, la serie lo presenta bajo una luz mucho más ambigua, con sus luces pero también con sus sombras, en un retrato vastamente superior tanto a la película de 1.956 como a la de 2.004, que contaron con presupuestos mucho mayores para contar su historia.
  • El momento para enmarcar: El instante en que los rebeldes persas intentan elegir a su nuevo rey, en particular por los fútiles intentos del Tiñoso al respecto.

6.- El siglo de Pericles.
  • Hilo conductor del episodio: El esplendor de Atenas.
Después de haber visto a Alejandro Magno y los griegos en el episodio anterior, éste retrocede para mostrarnos de dónde vinieron esos griegos. El episodio se abre con Creta, la gran olvidada de las historias universales para niños; el capítulo les hace un gran favor al reconstruir su vida cotidiana como seres de carne y hueso en vez de centrarse en sus frescos y restos arqueológicos, algo que los libros de Historia suelen no hacer, debido a lo poco que en realidad sabemos de ellos. Luego se salta la Guerra de Troya y a Homero, lo que es una opción discutible considerando que ahí está el nervio y savia de la cultura griega misma, pero que puede aceptarse en beneficio de la brevedad. De ahí saltamos a una bonita reconstrucción de la Atenas de Pericles, que pone mucho énfasis en el racionalismo helénico. El capítulo no omite tampoco mencionar algunas sombras de la cultura griega, incluyendo momentos decididamente tan poco aptos para niños y madres mojigatas como mostrar a Pedro yéndose a disfrutar de un ágape con chicas a espaldas de Flor. O la boda espartana, con escena de violación marital implícita, aunque el tono del episodio deja en claro que censura esta costumbre; el retrato de Esparta, por otra parte, aunque algo sensacionalista, es bastante respetuoso. El episodio se cierra con las Guerras del Peloponeso, y no se corta en deplorar que el ocaso de la cultura de Atenas, y del mundo grecorromano en general, significó un retroceso o al menos un retraso de la civilización de a lo menos dos mil años. Es cierto que hoy en día ya no entendemos a la Edad Media como la época de las tinieblas, pero desde el punto de vista que importa, o sea el científico, la ciencia no volvería a ponerse a la par del mundo grecorromano sino en el Renacimiento, y es muy positivo que el episodio haga hincapié en eso.
  • El momento para enmarcar: El desfile de grandes hombres que era posible encontrar de manera simultánea en la Atenas de Pericles, y que es una muestra tangible de que dicho período y lugar fue uno de los puntos álgidos de la Historia Universal.

7.- La Pax Romana.
  • Hilo conductor del episodio: La vida cotidiana en la época de Julio César.
¿Cómo comprimir toda la historia de la Roma antigua, que abarca más de mil años entre Rómulo y Rómulo Augústulo, en apenas 22 minutos de episodio? La serie tomó la decisión más inteligente de ni siquiera intentarlo, y prefirió retratar el Imperio Romano a partir del que probablemente es su personaje más famoso: Julio César. El grueso del episodio abarca apenas ocho años, los que van desde la rendición de Vercingetórix en 52 a.C. hasta el asesinato de César en 44 a.C., con una brevísima coda mencionando el nacimiento de Jesús de Nazaret. Considerando las circunstancias, fue una decisión atinada. Los chicos se van a perder el grueso de la historia romana, pero a cambio tienen una buena introducción a lo que era la vida cotidiana bajo el Imperio Romano. El episodio, eso sí, es el primero en el cual advertimos una cierta tendencia chauvinista francesa de la serie. Pedro y el Gordo aquí son esclavos galos que son llevados a Roma, mientras que Julio César el conquistador de la Galia es descrito de manera sutilmente negativa. A ratos, el capítulo parece más una adaptación sin acreditar de Asterix y Obelix, que un intento por trazar un retrato histórico serio. Es un buen episodio y una buena introducción a lo que fue la atmósfera social y política del Imperio Romano, o mejor dicho de finales de la República, pero no es el mejor capítulo de la serie.
  • El momento para enmarcar: Sería Pedro y el Gordo combatiendo como gladiadores, pero esto es superado por el asesinato de Julio César, por supuesto.

8.- Las conquistas del Islam.
  • Hilo conductor del episodio: El Medio Oriente desde el Imperio Romano hasta Mahoma.
Con la perspectiva que da el tiempo, y en particular a la luz de las crecientes tensiones entre musulmanes y nacionalistas en Francia, terrorismo incluido, sorprende que una serie televisiva para niños creada por un francés, ofrezca un retrato tan comprensivo y ecuánime de Mahoma. Y sorprende más aún que el episodio haga lo que varios libros históricos serios y profesionales no terminan de enfatizar lo suficiente: el contexto geopolítico que explica de dónde salió el Islam. El episodio se abre con el temprano Imperio Bizantino, incluyendo a Justiniano y Teodora, así como con un retrato de las interminables guerras entre bizantinos y persas, poniendo énfasis en que el agotamiento de ambos posibilitó la posterior conquista islámica; debe ser la única serie televisiva en donde figuran de manera prominente como personajes históricos tanto Heraclio del Imperio Bizantino como Cosroes el Grande del Imperio Sasánida. Luego saltamos a lo que ocupará el grueso del episodio: un retrato de la vida pastoril en la Arabia de la época, el medio social desde el cual eclosionó el Islam. De manera muy respetuosa con el tabú islámico, el episodio siempre muestra a Mahoma de espaldas, y no le vemos así nunca el rostro. El capítulo muestra como el odio de los comerciantes llega a la Héjira, la huida de Mahoma a La Meca, y después a la guerra santa. Hacia el final se cierra de la manera que a estas alturas ya es habitual en la serie: con una descripción atropellada de las conquistas islámicas hasta la Batalla de Poitiers de 732, dejando fuera por desgracia el renacimiento cultural grecorromano en el seno del Islam. Aún así, por su humanismo, su ecuanimidad y el adecuado uso de la panorámica histórica, este episodio cuenta como uno de los mejores de la serie.
  • El momento para enmarcar: Al final del episodio, fiel a la mirada humanista de la serie, vemos la Batalla de Poitiers de 732... con un Pedro y un Gordo islámicos peleando contra un Pedro y un Gordo francos, remarcando así el carácter inheremente fraticida que en última instancia tienen todas las guerras.

9.- Los carolingios.
  • Hilo conductor del episodio: El feudalismo.
A pesar del título del capítulo, el verdadero núcleo del mismo es la sociedad agraria feudal. Esto explica que parta todavía en tiempos del Imperio Romano, o sea, unos tres a cuatro siglos antes de Carlomagno. Vemos un poco de imágenes de archivo, repitiendo las secuencias de Atila del capítulo anterior, lo que es una pequeña vergüenza dentro de una serie por lo demás muy poco dada al reciclaje de metraje previo. El episodio le da bastante énfasis a un punto importante, que las obras para niños no siempre enfatizan: la gente se acogió al sistema feudal y al predominio de la Iglesia Católica en buena medida porque el colapso de la autoridad del Imperio Romano los dejó indefensos contra el caos y el pillaje. Luego de ver algunos atropellados incidentes de historia de los francos, algo lógico en una serie de televisión francesa, entramos de lleno al Imperio Carolingio. Somos testigos de los abusos de los nobles y poderosos a través de las exacciones del Enclenque en contra de Pedro y el Gordo. Luego vemos a los missi dominici, los agentes del Imperio Carolingio encargados de imponer la justicia. Y culminamos con un encomio de la labor civilizadora de los carolingios. Quizás el único aspecto criticable del capítulo, aunque comprensible siendo una serie televisiva francesa, es el retrato decididamente idealizado de Carlomagno. Este personaje histórico en general hizo un profundo intento por mejorar la condición de vida de sus súbditos y por organizar, centralizar y administrar su imperio, lo que es digno de elogio por supuesto, pero no estaba por encima de algunas prácticas bastante cuestionables, que hoy en día contarían como persecución religiosa e incluso genocidio, en particular contra los sajones, aspectos negativos que el episodio ni siquiera menciona. Esta falta de ecuanimidad le resta puntos a un capítulo por lo demás bastante bueno dentro de la serie.
  • El momento para enmarcar: El Maestro como la voz de la razón entre los missi dominici.

10.- La era de los vikingos.
  • Hilo conductor del episodio: La vida cotidiana de los vikingos y sus invasiones.
Podemos considerar a este episodio como un breve respiro dentro de la serie, en particular después de dos capítulos, el del Islam y el del Imperio Carolingio y el feudalismo, que por debajo de su estructura en apariencia más o menos simple en realidad son bastante densos. En vez de centrarse en las incursiones vikingas, el episodio decide hacer un extenso relato de las costumbres, estructura social y vida cotidiana de los vikingos. Así, vemos a los vikingos tener familias, ir a pescar cetáceos, hacer fiestas, y también librar feroces guerras de venganza tribales; éste es el único episodio de la serie en donde Pedro, de hecho, muere. Para el final del capítulo, en la manera atropellada que ya es costumbre en la serie, vemos en efecto las incursiones vikingas al resto de Europa. Desgraciadamente menciona apenas de pasada algunos episodios que son de interés supremo en la épica historia de los vikingos, y que hubieran merecido siquiera algunos minutitos en pantalla: la fundación de Novgorod por Rurik, el reclutamiento de una expedición vikinga como la Guardia Varega por los bizantinos, y en particular el asentamiento de colonias vikingas en Groenlandia y América. No de los mejores episodios de la serie, pero como dijimos, cumple muy bien en ser un necesario capítulo de respiro, en particular con una cultura tan carismática como la vikinga.
  • El momento para enmarcar: La toma de Luna. Basado en un episodio que podría ser histórico o legendario, y protagonizado por el Tiñoso, pero demasiado bestia como para dejarlo pasar.

11.- Los constructores de catedrales.
  • Hilo conductor del episodio: El nacimiento de las ciudades europeas modernas, en el doble hilo de las catedrales y las cruzadas.
Este es otro episodio que aborda un período históricamente muy complejo, y reduciéndolo a lo esencial, consigue hacer un excelente y muy vivo retrato del mismo. Nos referimos a la época en donde el Feudalismo ya presentado en el episodio de los carolingios estaba en su apogeo, pero por el otro lado, al margen del sistema feudal, estaban creciendo las ciudades y el comercio, es decir, estaba surgiendo lo que llamamos la vida burguesa. El episodio se abre con el Maestro construyendo una torre para el Tiñoso, un señor feudal cuyo modus vivendi es asaltar a los viajeros a quienes atisbará mejor desde su nueva torre, precisamente. Pero el Maestro se hace amigo de Pedro y el Gordo; cuando éstos llegan a la ciudad, se reclutarán entonces para el Maestro en su nuevo y grandioso proyecto, que es construir una catedral. El episodio se deja ver así un poco como la versión para niños y en un solo episodio, de la miniserie Los pilares de la Tierra que comentábamos hace algunos años acá en la Guillermocracia. La segunda mitad del episodio alterna la vida cotidiana en la ciudad y en torno a la construcción de la catedral, con la épica de las Cruzadas, en un muy efectivo contrapunto entre ambas maneras de vivir la Cristiandad, y pone un énfasis supremo en que ambos proyectos, las catedrales por un lado y las Cruzadas por el otro, se prolongaron durante años e incluso siglos; el episodio es uno de los pocos en donde vemos a varias generaciones de Pedros y Gordos, unos detrás de otros, trabajando en un proyecto común. El momento en que la catedral está por fin terminada, resulta incluso hasta emotivo.
  • El momento para enmarcar: Se cargan al Gordo en las Cruzadas. ¿Necesito decir más?

12.- Los viajes de Marco Polo.
  • Hilo conductor del episodio: Marco Polo, para sorpresa de nadie.
Vaya por delante mi reconocimiento de que cuando era niño, este episodio era uno de mis favoritos, pero hoy en día, mi apreciación del mismo ha declinado bastante. No es un mal episodio, pero desmerece un tanto dentro del conjunto, porque ni aporta demasiado en términos de panorámica histórica, ni tampoco explora esa otra gran baza de la serie que es detallar la vida cotidiana. En realidad es un capítulo de aventura pura y dura metida con un pretexto histórico dentro de la serie. El capítulo ni siquiera se abre o se cierra con mención de eventos históricos que sirvan para enmarcar las aventuras de Marco Polo: partimos con el italiano de marras, y punto. En cuanto al argumento en sí, es justo eso: Marco Polo sale con su padre y su tío en una expedición a Oriente, para encontrarse con el Gran Khan de China, y tanto Pedrito como Gordito los acompañan, un poco a manera de personajes surrogatorios de la audiencia. La primera mitad del episodio son los lances entre Marco Polo y su caravana por un lado, y los bandoleros capitaneados por el Tiñoso y el Enclenque por el otro, que por alguna razón los persiguen desde el Medio Oriente hasta China. La segunda mitad del episodio explora un poco la civilización china bajo los mongoles, en lo que es el único capítulo de toda la serie que le dedica algo de espacio a una de las civilizaciones más monumentales e importantes de toda la historia planetaria. Un detalle significativo y enternecedor del episodio, es que el rol de Kublai Khan, el Gran Khan de China, se le adjudica al Maestro, en otro de esos rasgos de tolerancia y multiculturalismo por lo que se hizo tan destacada la serie.
  • El momento para enmarcar: La brevísima pero significativa conversación entre Marco Polo y el Maestro como Kublai Khan.

13.- La Guerra de los Cien Años.
  • Hilo conductor del episodio: Francia antes del Renacimiento.
Este es un episodio de la serie que sólo se explica porque la misma es francesa, y por lo tanto, es necesario darles un poco de historia francesa a los pequeñuelos. Aparte de eso, es más bien poco lo que aporta, porque la visión de la vida cotidiana de la época es algo que más o menos ya habíamos podido ver, con variantes, en el capítulo de las catedrales, y la Guerra de los Cien Años en sí, si bien tuvo una importancia local tremenda, no fue un evento tan definitorio para la civilización como las Cruzadas por ejemplo. La primera mitad del capítulo es un tanto morosa, detallando como después de la Batalla de Azincourt de 1.415 tanto Pedro como el Gordo se instalan en una ciudad francesa. La segunda mitad del capítulo cobra algo más de interés porque surge en el trasfondo el personaje de Juana de Arco. Por alguna razón, el episodio siempre la mantiene en la sombra, de manera que nos enteramos de lo que le pasa a ella por las noticias que va entregando poco a poco el Maestro. El episodio termina por supuesto con Juana de Arco quemada en Ruán, en 1.431, y con la mención de que Gutenberg inventa la imprenta en 1.453. En definitiva, un episodio simpático, no cabe duda, pero de los más prescindibles de la serie.
  • El momento para enmarcar: Uno simpático. Los burgueses deben conseguir dinero para comprar madera con la que reconstruir sus hogares, y adivinen quién tenía dos monedas adicionales...

Y próximamente, en la segunda parte de este posteo... ¡La segunda mitad de la serie televisiva Erase una vez... el hombre! Supongo que eso tampoco es una sorpresa para nadie, ¿verdad?

domingo, 23 de octubre de 2016

De vivas y vivos.


Esta semana que acaba de pasar, uno de los grandes acontecimientos noticiosos ha sido la enorme marcha por los derechos de las mujeres, que ha acontecido en varias partes de Latinoamérica y el mundo, el pasado Miércoles 19 de Octubre de 2.016. Recapitulemos: en días pasados se supo del horrible crimen perpetrado en contra de una joven argentina de dieciséis años llamada Lucía Pérez, cuyos detalles prefiero no repetir porque ya hay bastante fulano alimentando el morbo allá afuera con su insistencia en los aspectos más macabros del hecho. Esto llevó a la creación de un meme, "Ni una menos", y a la convocatoria a una marcha masiva en repudio contra la violencia de género. El Miércoles antedicho, las manifestantes se tomaron calles y espacios públicos en varias ciudades de Latinoamérica. En paralelo, hubo quienes intentaron crear un meme de respuesta, "Ni uno menos", el cual fue saludado con un montón de comentarios negativos y rechiflas en las redes sociales. Y ahora... acá en la Guillermocracia nos vamos a meter en la boca del león, y hacer nuestro comentario al respecto.

Por supuesto, es difícil hacer un análisis serio y mesurado de la situación, considerando el clima imperante. La marcha del pasado Miércoles 19 ha tenido mucho de reacción visceral, y ése no es el medio más adecuado para ser la voz de la razón. Dicho lo anterior sin ánimo de crítica. Es de humanos reaccionar como los humanos reaccionan, permítanme el pleonasmo, y yo también tengo mujeres queridas en mi vida, en distintas calidades, a quienes no quiero ver que acaben como Lucía Pérez. Pero es justo cuando las cabezas se calientan más, que debiera imponerse el análisis sereno y razonado de las cosas. Y análisis sereno y razonado no se condice con el choque a tres bandas entre los machistas de toda la vida, las feminazis de nueva cepa, y los feministas atrapados entre ambos fuegos. Ya hablé sobre las diferencias entre feminismo y feminazismo en otro posteo acá en la Guillermocracia, pero es bueno repetir lo básico aquí. El feminismo parte de la idea de que debería existir una relativa igualdad o equivalencia entre hombres y mujeres, en lo que a derechos se refiere, lo que no es otra cosa sino la mentalidad democrática de toda la vida, proyectada al ámbito de las relaciones de género, mientras que el feminazismo parte de la idea de que el hombre es el malvado enemigo a batir en una lucha sin cuartel por la liberación femenina de la opresión de esa entelequia que llaman el heteropatriarcado. Esta distinción tiene consecuencias importantes, por más que las feminazis traten de disimular su misandria camuflándose entre las filas de las feministas. Y a la luz de semejante distinción, la marcha del pasado Miércoles 19 cobra nuevos matices. Esa palabra, matices, resulta clave aquí: la realidad no es en blanco y negro, con héroes y villanos, sino que tiene grises, colores y matices que deben ser considerados, si queremos ir más allá de la consigna y el panfleto fácil y rompedor, pero al final carente de mayor contenido.

Primero que nada, partamos por lo obvio. La situación de la mujer en las democracias occidentales, y en las naciones latinoamericanas, es mucho mejor de la que tenían hace uno a dos siglos atrás. Piensen en las diferencias: en la actualidad, las mujeres pueden trabajar y ganar su propio dinero, pueden contraer matrimonio con la persona que deseen, pueden convivir con alguien del sexo que prefieran sin que se las tache de mujeres de mala reputación, tienen derecho tanto a votar como a ser elegidas en cargos públicos, etcétera. Ninguna persona, o al menos ninguna persona de mentalidad democrática, discutiría la justicia de tales cosas... pero lo cierto es que hubo una época en que sí se discutió, y hubo resistencia enconada a garantizar estas condiciones mínimas de dignidad democrática. Por supuesto, que la mujer antaño fuera propiedad del marido, o que debiera conservarse doncella y virginal hasta el matrimonio, eran cosas que se explicaban bajo la existencia de regímenes sociales y económicos diferentes a la actualidad, pero explicar no es lo mismo que justificar. Antes de las revoluciones liberales del siglo XIX, por lo menos existía la excusa de que tales sociedades no conocían nada mejor, pero desde que se abrió paso la idea de que debe existir igualdad de derechos e igualdad ante la ley que protege y garantiza esos derechos, tales desequilibrios se fueron haciendo cada vez más inexcusables.

Compárese por ejemplo la situación de las mujeres en Latinoamérica, versus la situación de las mujeres en regiones de Africa o Asia. En tales naciones, todavía se espera que una mujer contraiga matrimonio nada más alcanzar la pubertad e incluso antes, que lo haga con el candidato previamente escogido por la familia, que lo haga muchas veces dentro de un régimen de poligamia, y que el marido tenga derechos ilimitados para disciplinarla y reducirla a la obediencia, mutilaciones físicas inclusive si fuera el caso. Es un régimen que resulta absolutamente inaceptable de acuerdo a cualquier canon democrático occidental, y en buena hora que así sea.

Pero la destrucción del antiguo sistema machista, tampoco ha sido inocuo. Porque con todo lo brutal que pueda haber resultado su aplicación, también por otra parte ha significado la destrucción de un enorme sistema de certezas sociales. Uno de los principales problemas que ha tenido el feminismo como ideología, y ahora me refiero al feminismo en sentido amplio y no refiriéndome en exclusiva al feminismo extremo o feminazismo, es explicar cómo la supuesta sociedad heteropatriarcal rigió durante tantos y tantos siglos, sin que las mujeres acertaran a levantar cabeza y rebelarse. Hablamos, después de todo, de un grupo de oprimidas que abarca la mitad de la entera sociedad histórica humana. Es un escenario de paridad de fuerzas, en términos numéricos, que hace muy difícil entender cómo es que no estalló una guerra civil frente a tanta opresión y abusos. Si la Historia algo enseña, es que un grupo oprimido, cuando de verdad quiere luchar por su libertad, se rebela sin que importen los números, hasta sacudirse el yugo de la opresión o bien ser exterminado en el intento. Los ejemplos sobran: rebeliones de nativos sudamericanos, rebeliones de campesinos, rebeliones de obreros asalariados, rebeliones de esclavos, rebeliones de negros, rebeliones de herejes, etcétera. Elijan el tipo de caso que prefieran, y ejemplos encontrarán a porfía.

No tengo una respuesta para ese problema, pero sí puedo adelantar una explicación a título de hipótesis provisoria de trabajo. El feminismo en general, insiste en que lo que llaman la sociedad heteropatriarcal, se ha impuesto gracias a la educación, el adoctrinamiento, y una especie de lavado de cerebro en donde la religión, las leyes y las costumbres sociales han sido construidas por los malvados hombres opresores para así enseñarles obediencia y sumisión a las mujeres. Pero esa explicación no me convence, por un sencillo motivo: las religiones y los grandes discursos sociales en general, si bien tienen poder para modelar las sociedades, no son omnipotentes. Los grandes discursos sociales son, ante todo, justificación y autojustificación. No es que las personas abracen un determinado sistema de creencias y luego se adapten a él, sino por el contrario, las personas tienden a tratar de que tal sistema de creencia se adapte a ellas mismas y sus necesidades. Eso explica que en todas las religiones, por ejemplo, cada teólogo y casi cada fiel, interpreta los mandatos divinos, mesiánicos o proféticos a su manera, que por lo general es justo la que más les conviene. Así, nadie aparece como obrando por conveniencia o interés personal, sino por principios tan amplios y abstractos como la justicia, el bien común, etcétera. Por supuesto, el discurso machista es también otra forma de autojustificación: muy en el fondo, se dicen estos personajes, las mujeres se tienen merecido lo que les pase si se sublevan por no saber conservar su lugar, no saber obedecer, no tener una conducta decente de acuerdo a tales o cuales cánones morales, etcétera. Y sin embargo, ¿por qué, si las mujeres estaban siendo tan cruelmente oprimidas, no surgió un discurso de autojustificación en sentido inverso, por parte de las mujeres, tan potente que haya llevado a hacer saltar en trizas el llamado heteropatriarcado? Eso funcionó para el Cristianismo frente al Imperio Romano, para la Reforma Protestante frente a la Iglesia Católica, para los occidentalizadores versus las culturas tradicionales en las civilizaciones no occidentales de los siglos XIX y XX... ¿Por qué no para las mujeres?

Mi explicación alternativa, es que los privilegios de los varones se mantuvieron porque irrogaban una serie de ventajas para las mujeres. No digo que haya sido el paraíso al que deberíamos volver, ni mucho menos. Digo que el discurso del machismo tradicional crea dos roles, el femenino y el masculino, y cada uno de esos roles tiene sus ventajas y bendiciones, y también ambos cada uno sus respectivas cargas. Cuando se piensa en machismo, se piensa ante todo en los beneficios del varón, versus la sufrida vida de opresión de las mujeres, pero se tiende a olvidar la contraparte, que es las cargas propias del varón versus los beneficios para las mujeres. Usualmente se ha argumentado que la pertenencia de una mujer a un varón es opresión, pero en realidad, esto es relativo. Por un lado, dicha pertenencia lleva a situaciones de abusos, por supuesto, y habría que ser tarado para no verlo ni reconocerlo. Pero también dicha pertenencia crea, permítanme la redundancia, un sentido de pertenencia que muy en el fondo todas las personas, varones y mujeres, buscan. Pertenecerle a alguien tiene la enorme ventaja de eximir de la necesidad de pensar por sí mismo. Debe recordarse que la idea de que las personas aman la libertad, en realidad es algo más teórico que práctico: en los hechos, muchas personas detestan la libertad porque una vez obtenida, no tienen idea de qué hacer con ella. Una persona libre puede hacer de su vida lo que quiera, es cierto, pero también es una persona que no tiene a nadie cerca para echarle la culpa de sus errores o cargarle con sus responsabilidades, por no hablar de sufrir el oprobio social que surge cuando usa su libertad de una manera que no complace al resto de las personas. ¿Vale la pena ser libre para eso? Yo en lo personal pienso que sí, pero mi respuesta personal a ese respecto no es la misma para todas las personas. El grueso de la actual cultura de masas, en donde las personas parecen más un rebaño de borregos que verdaderos seres pensantes, tiene mucho que ver con esta ignorancia de qué hacer con la libertad. De manera que las mujeres debían sufrir los rigores del machismo, cierto, pero a cambio, al menos tenían una relativa estabilidad psicológica y emocional. La misma estabilidad psicológica y emocional de un esclavo en galeras, por supuesto, pero estabilidad a fin de cuentas.

Eso, en lo relativo a los beneficios que obtiene la mujer versus el varón. ¿Y qué pasa con el varón? Es cierto que el varón tiene en sus manos la sujección de la mujer, en este esquema tradicional de cosas, pero a cambio, su vida se transforma en una lucha constante y darwiniana para impedir que otros varones quieran sujetar a la mujer propia. Piensen por ejemplo en que las guerras tienden a ser libradas principalmente por varones: esto tiene mucho que ver con la posibilidad de pillaje y saqueo al final de la guerra, pillaje y saqueo que incluye, por supuesto, apoderarse de las mujeres del vencido. O es la filosofía detrás de los harenes, que en casi todas las sociedades han sido de varias mujeres para un solo hombre: es cierto que las mujeres tienen que compartir a un mismo varón, pero a cambio es éste quien debe preocuparse de tener los recursos económicos para mantener su harén, y además, impedir que otros varones accedan al mismo... u otros varones que no sean eunucos, por lo menos. Y si nos vamos a la España del Siglo de Oro, nos encontramos con los famosos crímenes pasionales en los cuales el hombre debía matar a su mujer para lavar las afrentas que ella hubiera cometido contra el honor; vale que la mujer se llevaba la peor parte de esto, pero si admitimos que la mujer es propiedad del varón, entonces esa muerte es también una pérdida en la propiedad del varón, un menoscabo del mismo.

Por favor, que no se entienda mal lo que acabo de escribir. No defiendo la idea de que en la sociedad machista, los varones eran unos pobrecitos incomprendidos que, soltar lagrimita aquí, debían oprimir a las mujeres por su propio bien, mientras que las mujeres en realidad eran unas pérfidas aprovechadas que sacaban todos los beneficios posibles de sus varones. Verlo de esa manera es tan sesgado como verlo al revés, a los varones como malvados opresores versus mujeres de carnes núbiles demasiado débiles para rebelarse contra la opresión. Lo que quiero decir es algo más sutil: los regímenes sexuales en los cuales se le confiere un predominio o autoridad al varón por sobre la mujer, no nacieron por casualidad, sino que fueron el resultado de determinados equilibrios y transacciones de poder, y se mantuvieron debido a que todas las partes recibían beneficios del mismo, cargando consigo también problemas e inconvenientes. En ese sentido, y lo que voy a escribir sonará a herejía para muchos, las relaciones de género eran asimétricas, pero equitativas: equitativas en que ambas partes daban y recibían, pero asimétricas porque había una marcada diferencia entre los roles, que a su vez llevaba a una marcada diferencia en las prestaciones, obligaciones, cargas, derechos y beneficios que obtuvieran.

Esto suele ser difícil de entender o tragar para hombres y mujeres nacidos en el seno de las sociedades democráticas occidentales de los siglos XX y XXI, acunados desde la infancia con una serie de beneficios sociales tales como salud, educación y sistema financiero, tan omnipresentes que los damos por hecho. Con todas estas redes sociales, todavía sigue siendo posible caer desde una relativa situación económica hasta la pobreza, pero esto es mucho más difícil que antaño. Porque la situación hace un par de siglos atrás, por ejemplo, era bien distinta. Hace dos siglos atrás, si usted quedaba en la indefensión económica, era el fin del camino. Un obrero que perdiera un brazo o una pierna, se transformaba en un lastre, y no pocas veces quedaba reducido a la mendicidad. Una madre que por un motivo u otro no pudiera trabajar y no tuviera un marido que la mantuviera, posiblemente debiera entregar a sus hijos al cuidado de un orfanato o a la caridad de la Santa Madre Iglesia. En esa época un rey podía tener un harén, es cierto, pero también estaba expuesto a perder su reino o incluso la vida en alguna conjura palaciega, si es que gestionaba mal las cosas. En esa época se acuñó la leyenda de la espada de Damocles, el cuento griego por el cual un rey siciliano, para enseñarle a Damocles lo que era ser rey, le proporcionó un banquete con toda clase de lujos y esplendores... y sentó a Damocles en un asiento bajo una espada colgando de un pelo a punto de romperse. Si los reyes vivían sus lujos bajo constantes espadas de Damocles, entonces qué quedaba para el resto de los hombres y mujeres. Dentro de ese contexto, las relaciones asimétricas de género que hoy en día se nos antojan tan injustas, eran un mal necesario.

Eso es algo visible en la actualidad, en el estatus de las mujeres en los países islámicos versus el de las mujeres occidentales. Hoy en día es fácil ver en los países musulmanes un movimiento feminista que busca acabar con la situación de desventaja de las mujeres bajo la Sharia o ley civil islámica. ¿Por qué ahora y no antes? Simplemente porque ahora existe una alternativa: occidentalizarse, bien escapando hacia una nación occidental en busca de una nueva vida, o bien luchando por la occidentalización en esas propias naciones. Pero esa opción, hace dos siglos atrás en el mundo musulmán simplemente no existía. En el mundo musulmán clásico, la mejor opción que tenía una mujer para escalar socialmente, era ser reclutada para algún harén. Esto explica que los agentes del sultán en el Imperio Otomano se pasearan por los campos buscando y reclutando doncellas, y los padres las dejaran ir sin intentar rebelarse; porque las chicas reclutadas de esta manera iban a ir a dar a una cárcel dorada, pero siempre era mejor una cárcel dorada que la durísima vida en el campo.

Y llegamos hasta las modernas marchas, como la que vimos el Miércoles pasado. ¿Qué ha sucedido aquí? ¿No resulta paradójico que las mujeres reclamen por más derechos y mayores libertades, justo en un minuto y en una sociedad en los cuales nunca han gozado de tantas libertades en toda la Historia Universal? En lo personal, creo que no. Si ese fuera el caso, entonces no veríamos crímenes como el de Lucía Pérez, que gatilló toda esta situación en primer lugar. Las feministas tienen un punto de razón cuando argumentan que todavía subsiste una fuerte cultura machista bajo la cual el cuerpo de la mujer es propiedad del varón, a disposición de éste, y que por lo tanto, el varón tiene una suerte de derechos sexuales por sobre la mujer. Es muy cierto, por ejemplo, que el grueso de los homicidios pasionales, no todos eso sí, sean de hombres contra mujeres, en algunos de cuyos casos se ha llegado a alcanzar niveles de brutalidad alarmantes, que no se condicen con un mero perder la cabeza sino que tienen que ver más con situaciones de puro y simple odio. En ese sentido, se palpa a simple tacto la existencia de fuertes bolsones de pensamiento machista dando vueltas allá afuera.

Eso también ha cubierto de ridículo la campaña de "Vivos nos queremos". Recapitulemos: como reacción ante el lema "vivas nos queremos", intentaron crear el lema más universal de "vivos nos queremos", en donde también se comprendan como violencia de género las manifestaciones de abuso de las mujeres en contra de los varones. El problema es que difícilmente puede hacerse un empate cuando de un lado, las tácticas de guerra incluyen el abuso y el maltrato psicológico, que son graves por supuesto, pero de ninguna manera lo son tanto como el homicidio, y más aún si éste es antecedido por prácticas que cuentan lisa y llanamente como tortura. Pero en un punto, los creadores de esta contracampaña también tiene su punto de razón: en muchos casos, el feminismo de reclamar por los derechos se ha desplazado un resto hacia la postura feminazi que divide a los géneros en buenos y malos como un cómic de superhéroes, en donde las mujeres son las pobrecitas víctimas inocentes de un sistema superior a ellas, versus los malvados machos opresores que se benefician del mismo. Como hemos argumentado más arriba, esto no es necesariamente así. La sociedad ha ido cambiando y evolucionando, y con ella, los patrones de relaciones de género, aunque aún falte camino por recorrer.

Por otra parte, no deja de ser llamativa la indiferencia con la cual algunas mujeres han saludado esta movilización. En lo personal, examinando mi perfil de Facebook por estos días, me he dado cuenta de que una fracción importante de mujeres se ha movilizado a favor de "Vivas nos queremos"... pero aunque importante, no dejan de ser eso, una fracción, mientras que el resto mira con displicencia, cuando se han tomado la molestia de referirse al tema en lo absoluto. El mismo día de la movilización, una chica determinada en Facebook a quien no voy a identificar, y a la que nadie acusaría de machista, se limitó a publicar una foto de su almuerzo. Lo que cabría esperar, si la situación fuera tan desesperada como claman algunas mujeres de que "nos están matando a todas" y "estamos luchando simplemente por nuestro derecho a vivir", es que todas ellas estuvieran volcadas en masa en las redes sociales y en la calle también. Por mucho menos que eso, se han derribado gobiernos enteros, como bien lo saben por ejemplo los argentinos cuando la economía hizo crisis en 2.001, por mencionar apenas un ejemplo. Eso sugiere que, si bien el tema de la violencia de género es importante y grave, no es exactamente desesperado.

Creo que la explicación ante estas disonancias cognitivas es simple: lo que estamos viendo, es simplemente una fase de ajuste, el paso desde una sociedad en que los varones tenían autoridad sobre las mujeres, a una en donde hombres y mujeres deberían mirarse y tratarse como iguales. Este paso ha sido relativamente reciente. En Latinoamérica ha sido un proceso de apenas la segunda mitad del siglo XX, y no puede decirse que se haya completado. En la segunda mitad del siglo XX significa que es lo suficientemente reciente como para que todavía queden vivas personas que llegaron a conocer la sociedad anterior. Y miles de años de tradiciones sociales no se borran de un solo plumazo: hay inercias sociales asociadas a los discursos de legitimación que no pueden doblegarse ni vencerse de buenas a primeras. Es natural entonces encontrar en estas fases de transición, gentes que prefieran enclavarse en cualquiera de los posibles estados, desde la sociedad ancestral con potestad del varón hasta una moderna sociedad igualitaria, e incluso en algunos casos, pasarse de roscas y tratar de implementar una sociedad con predominio femenino si fuere posible, por no hablar de la enorme gama de posibilidades intermedias. Todas estas manifestaciones no serían entonces sino los necesarios dolores de parto para que alumbre una nueva sociedad que todos podamos sentir como más legítima, y más ajustada a lo que esperamos de una democracia occidental, en lo que a relaciones de género se refiere.

Creo que esta idea responde a algo que he venido observando por estos días respecto de los debates acerca de qué hacer con la violencia de género y los femicidios: la falta de propuestas. Porque hay cierto consenso en el diagnóstico del problema, pero ante los remedios, pareciera que viéramos el desierto. He escuchado un montón de ideas genéricas: "el Estado debe hacerse cargo", "deben dictarse leyes que protejan a las mujeres de la violencia machista", "debemos producir un cambio de mentalidad como sociedad", etcétera. Son ideas muy bonitas, por supuesto, pero que tienen el encanto de lo genérico y abstracto: no tienen ningún aspecto concreto que pueda ofender a nadie. El lema mismo de la campaña es igualmente genérico: "vivas nos queremos". Ante un lema como ése, cualquier persona racional se pregunta: ¿Quién podría ser tan psicópata, retrógrado o cerril como para quererlas muertas? Algunos los hay, y más de algunos por lo visto, pero desde luego que no son una plaga endémica ni mucho menos, o por lo menos, no a los niveles que hubiéramos visto en sociedades anteriores a la democracia occidental. No vivimos en una sociedad que mire con indiferencia o que salude como un macho que mantiene su casa en orden, a un hombre que mutile, torture o mate a su esposa, como es el caso entre los pashtunes de Afganistán por ejemplo, por más que individuos como ésos sí existen en nuestra sociedad. Pero cuando pasamos al tema de las propuestas para resolver el problema: ¿cómo lo hacemos? ¿Dictando leyes que criminalicen el odio por razones de género? Si hacemos eso, ¿cómo probamos ante un tribunal, que un crimen determinado se cometió por razones de género y no por otros motivos entre los varios que pueden existir, y cómo hacerlo sin vulnerar el principio democrático de que toda persona es inocente hasta que se le pruebe su culpabilidad más allá de toda duda razonable? ¿Mejoramos las cosas creando más programas de apoyo para las mujeres? ¿Se puede hacer eso sin cruzar la barrera desde la mera discriminación positiva, para pasar a tratar a las mujeres como un sector privilegiado, lo que es tan contrario a la democracia como darle trato privilegiado al varón? ¿Debemos crear más organismos preocupados de la mujer, como un Ministerio de la Mujer? Ministerio que, por cierto, en Chile ya existe, y se llama Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género en vez de Ministerio de la Equidad de Género a secas, lo que es tan absurdo como llamar Ministerio de los Trabajadores al que actualmente es el Ministerio del Trabajo y la Previsión Social, o Ministerio de los Agricultores al que en la actualidad es el Ministerio de Agricultura. Si se llama micromachismos a determinadas prácticas y conductas sexistas en contra de las mujeres, ¿no deberíamos considerar este nombre como una muestra de microfeminismo o microfeminazismo?

Esta falta de propuestas concretas, hace vivo contraste con las propuestas del feminismo hace cincuenta o cien años atrás. En esa época se planteaba darle voto a las mujeres, crear regímenes matrimoniales alternativos a la sociedad conyugal, eliminar el sexo o el aspecto físico como causal de contratación o despido de una persona, etcétera. Eran medidas simples y concretas que tendían a dinamitar aspectos particulares en que se manifestaba la discriminación en contra de las mujeres. En la actualidad, en estas manifestaciones, no he visto ninguna propuesta de ese estilo o calibre. Si estoy desinformado al respecto, entonces pueden hacerlo notar en los comentarios, pero hasta donde llega mi conocimiento del asunto, no he escuchado propuestas de ese tipo por ninguna parte. Y creo que no podría escucharlas, por el motivo que reseñaba más arriba: porque como sociedad, hemos alcanzado niveles de igualdad entre géneros nunca antes vistos en la Historia Universal, y lo que queda por recorrer del camino es lo menos, la eliminación de los bolsones y resabios machistas que son importantes, pero que son sólo eso, bolsones o resabios.

Al final, creo que el único remedio que queda por delante para solucionar lo que resta, es el de siempre: la educación. Las generaciones actuales ya vienen programadas con mensajes mezclados, en donde varios medios educativos pueden a la vez ser feministas o machistas (¡o feminazis!). Y por medios educativos me refiero no sólo a los padres o los establecimientos educacionales, sino también a canales más informales: los amigos, las redes sociales, los medios de comunicación de masas. No creo que las generaciones anteriores sean un caso perdido ni mucho menos, pero por supuesto, son árboles que empezaron a crecer en una determinada dirección, y enmendar el rumbo cuesta un poquito más que partir creciendo rectos desde la semilla. Las generaciones que se están formando, o que están por venir, por otra parte, son el reino venidero. Educarlos para vivir en una sociedad que no discrimine por razones de género, ni a varones ni a mujeres, es el gran reto. Si vivas las queremos, y si vivos los queremos también, debemos partir por educarlos para eso, para la vida. Para que aprendan que todo ser humano es valioso con independencia de su género, y que son criaturas vivientes y no un objeto o una propiedad que está ahí para el uso del primero que pase o se la apodere. Eso es el camino largo, por supuesto. No soluciona los problemas ahora. Uno de los bemoles de una sociedad democrática es ése, que los medios para introducir cambios sociales están limitados por la prohibición de hacer imposiciones e introducir discriminaciones de manera arbitraria; tales caminos son atajos, pero no son los atajos propios de una sociedad democrática. Por supuesto, nadie dijo que vivir en una sociedad democrática fuera sencillo, por no hablar de construirla. Pero a la larga, es más satisfactorio vivir en una sociedad en donde todos nos respetemos mutuamente por el solo hecho de ser personas, que vivir en... lo que sea que hayan sido las sociedades del pasado histórico.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Aaron Spelling: El Emperador de la televisión (1 de 2).


Ya se nos estaba yendo por debajo de la mesa, el aniversario número diez del fallecimiento de uno de los grandes leviatanes de la Historia de la Televisión. Nos referimos al gran Aaron Spelling, quien hasta su fallecimiento el 23 de Junio de 2.006, a los 83 años de edad, fue sin lugar a dudas el rey de la televisión. Porque suya es la impronta detrás de un montón de programas televisivos que acabaron consolidándose como clásicos. El grueso de los cuales tiene una característica en común: tú nunca jamás admitirás que te gustaban, o que te sentabas a verlos. Mucha gente considera la televisión de Spelling como el equivalente a la comida chatarra dentro de la Gastronomía, productos de consumo fácil y rápido, con ingredientes hechos aposta para enganchar a los espectadores. Ante lo cual cabe sólo una pregunta: ¿cuál es el problema con eso? El hombre tenía que vender su trabajo, y lo logró creando algunas de las series televisivas más icónicas de todos los tiempos. Eso no puede ser algo malo. Por supuesto, nadie va a saludar a Aaron Spelling como el más grande genio artístico de todos los tiempos ni mucho menos. Lo suyo no era crear arte. Pero su televisión era absolutamente honesta al respecto. Si lo compras, está bien. Si no, bien también. Pero creo que no hay una sola persona hija del mundo occidental, que en algún minuto no se haya enganchado a alguna temporada de alguna serie producida por Aaron Spelling.

Para prueba, el par de posteos que le vamos a dedicar a las series de Aaron Spelling acá en la Guillermocracia. No son todas las que produjo, por supuesto. En IMDb, el hombre tiene la friolera de más de doscientos créditos como productor. Claro que haciendo un poco de trampa: muchos de esos créditos son por telefilmes. Y no es lo mismo producir un telefilme que una serie completa. Además, como cualquier creador, los éxitos de Spelling esconden también varios fracasos, series que no pasaron de una temporada y hoy en día están perfectamente olvidadas. Nosotros no bucearemos tan profundo. Nos contentaremos con lo principal y lo esencial. Y aún así, nos da material para rellenar dos posteos completos. Spelling era así de grande. Algo irónico, considerando que el apellido puede traducirse como Deletreo al castellano; aunque tenemos aquí otro caso de hijo de inmigrante judío que anglicanizó su apellido, que originalmente era Spurling.

Una nota adicional. Que una serie haya sido producida por Aaron Spelling, no quiere decir que haya sido creada por éste. En muchos casos, los creadores de la serie simplemente vendieron una idea o concepto, Spelling lo compró, y después lo desarrolló a concho, durante muchas temporadas. En otros casos, los creadores se quedaron dando vueltas, aunque siempre con el nombre de Spelling asociado a la producción. Y en algunos casos... ¿Alguien creerá que Aaron Spelling fue uno de los productores de Twin Peaks? Pero la serie es tan del estilo de David Lynch y Mark Frost, que no vamos a incluirla acá. O a lo mejor deberíamos incluir su segunda temporada, que sí se fue por los cauces más propios de la soap opera convencional... al estilo Spelling. Aquella mítica segunda temporada en la cual Twin Peaks se fue a pique como un flotador de plomo. Algún día quizás hablaremos sobre ello aquí en la Guillermocracia, pero por el minuto, vamos a por el sumario de las series producidas por Aaron Spelling.

1.- La ley de Burke (1.963 - 1.966).

Este es un concepto que sólo un ceporro de Estados Unidos podía dejar pasar. Un capitán de la Policía de Los Angeles que... es millonario. Y resuelve sus crímenes montado en un Rolls-Royce, porque quizás un Batimóvil sería pasarse un poco. Y todos los crímenes ocurren entre la socialité de Los Angeles, por supuesto, porque vivimos en un universo paralelo en donde no existe la gente pobre. Doble misterio aquí: cómo el concepto pudo ser vendido en primer lugar, y cómo aguantó tres temporadas al aire, tres. O triple, si además le sumamos el hecho de que engendró un spin-off, una serie llamada La rubia peligrosa, que duró apenas una temporada eso sí, y protagonizada por la bellísima Anne Francis. Como sea, el caso es que La ley de Burke fue un taquillazo en sus dos primeras temporadas... hasta que a la cadena televisiva se le puso entre ceja y ceja, y viene decisión idiota aquí, pensar que lo bueno era plegarse a la moda de los espías estilo James Bond. Porque algunos no aprenden que si funciona, no lo toques. El caso es que despidieron a todos los actores que no eran Burke y el bendito Rolls-Royce, el cual de paso adquirió superpoderes: el vehículo agarró inmunidad a las balas. Resultados: la tercera temporada marcó el hundimiento a plomo de la serie. Dicho sea de paso, el protagonista de la serie era Gene Barry, actor cuyo mejor crédito en el cine es haber protagonizado La guerra de los mundos de 1.953, que no es poco, y que ya había protagonizado la televisiva Bat Masterson, que era más o menos lo mismo, pero con ambientación Western. Aaron Spelling produjo un revival de la serie, con el mismo actor treinta años más viejo (¡septuagenario!), que intentó apelar a lo camp y la nostalgia, y no pasó de una temporada, quizás porque buena parte de su público objetivo, o ya eran septuagenarios ellos mismos, o ya estaban lisa y llanamente criando malvas.

2.- Patrulla juvenil (1.968 - 1.973).

Una de las jugadas maestras de la televisión de todos los tiempos es presentar una premisa rompedora, pero trabajada de tal manera que al final, el mensaje no puede ser más reaccionario. Patrulla juvenil era esto. Un negro, un blanco y una rubia, inmersos en la contracultura hippie, terminan como terminan todos esos desafectos al sistema, o sea, en la criminalidad. Pero ahí está el vigilante y severo, aunque preocupado, capitán de policía que los recluta y los convierte en ciudadanos de bien; en este caso, ciudadano de bien significa infiltrar a la contracultura juvenil de la época para llevar hasta esos alienados el imperio de la ley y el orden. Negocio redondo: los jóvenes viéndola porque era hip, y los adultos viéndola porque enseñaba los buenos valores conservadores de toda la vida. Porque, ya lo saben, chicos, el sistema siempre tiene razón. El caso es que la serie duró sus buenas cinco temporadas al aire. Por cierto, la chica linda que era Peggy Lipton, veinte años después maduró hasta transformarse en la bella MILF que era dueña de la cafetería en Twin Peaks. En la ola de adaptaciones cinematográficas de clásicos camp que vino con el cambio de milenio, salió una película protagonizada por una Claire Danes entonces a tope por Romeo y Julieta y en proceso de ir estrellándose, años antes de su resurrección en Homeland; También andaba dando vueltas Giovanni Ribisi, antes de estrellarse sin potencial resurrección a la vista.

3.- Los novatos (1.972 - 1.976).

Después de hacer el amor y no la guerra, ya en la década de 1.970, Estados Unidos se volvió un país duro, y eso significa que, entre otras cosas, prosperaron las series policíadas como setas, en donde lo estilizado del policial televisivo clásico dio paso a la acción urbana más cable a tierra, muy realista y gráfica, todas ellas más o menos heredera de la seminal película Harry el Sucio de 1.971; hoy en día esas series lucen adocenadas, por supuesto, pero era una época con niveles de censura mucho mayores a los actuales, eso también hay que considerarlo. Una serie que tuvo particular éxito fue Area 12, exhibida entre 1.968 y 1.975. La cadena ABC tuvo interés en tener su propia Area 12, y dio vía libre a un telefilme que acabó sirviendo de piloto para Los novatos. La serie tuvo éxito en su minuto, aunque ha quedado un tanto aparcada al lado de otros clásicos policiales de la década como la mencionada Area 12, o la más glamorosa CHIPS: Patrulla motorizada. Pero hubo una persona que sacó buen provecho de su paso por la serie: Kate Jackson, que tenía uno de los roles protagónicos, y que después se consagraría con otra serie producida por Aaron Spelling. Si no saben de cuál hablo, es que no vivieron la década de 1.970. Ya llegaremos a ella, pero primero hablemos de...

4.- S.W.A.T. (1.975 - 1.976).

Estrenada en algunos países como S.W.A.T. y en otros como Los hombres de Harrelson, esta serie siguió la tendencia del policial duro de la época. En Estados Unidos, el equipo SWAT (acrónimo por Special Weapon and Tactics) es lo que se conoce como fuerzas policíacas especiales, y que son usados para casos que son demasiado para la policía convencional: criminales con armamento pesado, actividades antiterroristas, rescate de rehenes, operaciones de alto riesgo, etcétera. Hablamos de los policías con fusiles de asalto, francotiradores, ametralladoras, y armaduras pesadas de combate. El material ideal para una serie de una década opaca y mortecina. En realidad, S.W.A.T. fue un spin-off de Los novatos, y es mucho más famosa aunque duró apenas dos temporadas, además de obtener su propia película, S.W.A.T. de 2.003, con Colin Farrell y Samuel L. Jackson, que tuvo un paso discreto por la taquilla. Pero volviendo a la serie. Su nivel de acción es casi un picnic al lado de productos como 24 o The Shield, pero para su época, fue una serie polémica y adulta por sus niveles de violencia. Lástima que no duró demasiado más. Aún así, uno de los actores de la serie, Robert Urich, se transformaría después en un famoso duro setentero.

5.- Los ángeles de Charlie (1.976 - 1.981).

Hemos llegado a la que quizás es la serie más exitosa de Aaron Spelling. Porque la franquicia completa consiste en: Los ángeles de Charlie original, dos películas, una versión latina (Angeles, una temporada en 1.998), una ¡alemana! (Wilde Engel, en 2.002), y una serie remake en 2.011. Eso, por no hablar de las influencias, porque series posteriores como Acapulco H.E.A.T., V.I.P., She Spies o Totally Spies, cada una a su modo, tienen más que un aroma a Los ángeles de Charlie. La premisa era simple a decir basta: tres chicas de cuerpos esculturales y atléticos, porque su trabajo involucra acción y no para propósitos de exhibir carne, por supuesto, son reclutadas por un misterioso jefe, varón por supuesto, llamado Charlie, y se dedican a salvar el mundo un caso a la vez, en misiones que por regla general les exigen, casualidades del guión, pasearse con escotes, leotardos, bikinis, cualquier cosa menos trajes de oso pardo de montaña. La serie duró cinco temporadas, y debido a la premisa, pudieron cambiar ángeles como quien se cambia de camiseta: la única ángel que duró de principio a fin fue Jaclyn Smith. Kate Jackson, quien ya había aparecido en Los novatos, apareció tres temporadas, antes de ser reemplazada por Shelley Hack (¿quién?) y Tanya Roberts, una temporada cada una. Por otra parte, Farrah Fawcett se convirtió en una de las ángeles más canónicas a pesar de aparecer apenas una temporada, siendo reemplazada las cuatro restantes por Cheryl Ladd.

La serie sirvió como inmejorable plataforma para sus guapas protagonistas. El matrimonio de Farrah Fawcett con Lee Majors, el Hombre Nuclear, fue material de tabloides en sus días, además de saltar a la pantalla grande con un par de clásicos menores de la Ciencia Ficción, en concreto Escape en el siglo XXIII y Saturno 3. Tanya Roberts por su parte consiguió abrirse paso hasta varios subproductos fílmicos cuyo principal reclamo era su presencia, además de que En la mira de los asesinos, la última película Bond de Roger Moore, interpretó a la chica Bond de rigor. Años después vinieron las dos películas en donde las ángeles son Cameron Diaz, Drew Barrymore y Lucy Liu; resulta interesante observar que las mismas no son un reboot de la franquicia sino secuelas estrictas, lo que explica la aparición de Kate Jackson en la segunda entrega. Y para el registro digamos que entre las ángeles posteriores estuvieron Patricia Manterola en Angeles, Eva Habermann en Wilde Engel (famosa por Lexx... famosa es un decir aquí), y Minka Kelly en el remake. Y si hubiera prosperado el fallido proyecto Angels '89, hubiéramos tenido de ángel a... Téa Leoni, la futura señora de David Duchovny. Lo que es darle al clavo y tratar de seguir martillándolo durante décadas después.

6.- La isla de la fantasía (1.977 - 1.984).

Esta viene un cuarto de siglo antes de Lost. Esta serie marcó un giro en la trayectoria de Aaron Spelling, quien se había prodigado más en lo detectivesco y en la acción. En la década de 1.980, oliendo los aromas de los tiempos, saltó al romance y al glamour; el eslabón perdido entre ambos bloques es La isla de la fantasía, que combina un poco de aventuras con un poco de romance. Esta anécdota podría bien ser cierta o falsa, pero es demasiado buena para dejarla pasar. Aaron Spelling estaba vendiendo conceptos a una cadena, y se los rechazaban todos. Spelling estalló entonces y gritó algo en la línea de: "¿Qué demonios quieren? ¿Una isla en donde todas las personas cumplen sus fantasías?". La idea gustó, y aunque Spelling la consideraba ridícula, el negocio es el negocio, así es que se puso manos a la obra. Cada capítulo de la serie iba sobre dos historias que corrían en paralelo, sobre dos personas que deseaban cumplir sus respectivas fantasías; por supuesto que las fantasías en cuestión nunca salían como se esperaba, porque el señor Roarke aprovechaba de meterle un poco de canela para enseñar la inevitable lección moral, ayudar a las personas a ser un poquito mejores personas, etcétera.

A cargo de todo el tinglado estaba el misterioso señor Roarke, interpretado con su gigantesca presencia escénica por Ricardo Montalbán, antiguo galán un tanto de segunda fila en Hollywood que gracias a este rol, ganó un nuevo aire para su carrera. Irónicamente, sus dos roles posteriores más recordados son lo contrario del señor Roarke: nos referimos a los villanos de Viaje a las Estrellas II: La ira de Khan, e ¿Y dónde está el policía? El señor Roarke estaba acompañado de Tattoo, interpretado por Hervé Villechaize, cuya línea "¡El avión, jefe, el avión!", con la que anunciaba la llegada de los clientes, se transformó en memética para una generación completa de telespectadores. Este Villechaize había sido el matón del villano Bond en El hombre de la pistola de oro, pero aquejado por varios problemas, tuvo un triste final vía suicidio, años después del final de la serie.

La isla de la fantasía se defendió bastante bien debido a que su formato era en el fondo una actualización de las series de antología, otrora tan abundantes en televisión, estilo La dimensión desconocida, pero con el misterio y la prédica social reemplazadas por el divertimento simple y sin mayores complejos. Además de presentar un aluvión de esos inefables personajes televisivos que son los ricos idiotas con problemas propios de ricos idiotas. En 1.998 hubo un remake con el también inefable Malcolm McDowell como protagonista, de entre todos los posibles candidatos que podían elegir, y muy estupenda Mädchen Amick como su asistente, tratando ella de mantenerse a flote después del final de Twin Peaks. Tratando de no imitar la relativa ingenuidad de la serie original, intentaron hacerla un poquito más oscura y fantástica, llegando a insinuar que la isla es la fuente de los poderes del protagonista (¡estilo Lost, pero antes!), y que es una especie de limbo en donde los sirvientes de Mr. Roarke purgan sus penas. La idea y el concepto no eran malos, pero algo faltó en la serie, que no terminó de hacer clic, y fue cancelada con apenas trece episodios.

7.- El crucero del amor (1.977 - 1.987).

El exitazo de La isla de la fantasía llevó a la cadena televisiva ABC a pedir otra serie, para construir un bloque televisivo leviatánico en las noches de los sábados. La respuesta de Spelling fue El crucero del amor. Ahora sí que lo fantástico quedaba de lado, y Spelling se dejó caer de lleno en el romance y el glamour. La serie duró nueve temporadas, hasta bien entrada la década de 1.980, aunque nunca perdió un cierto aroma de hedonismo setentero, bien entendido, o sea, sin demasiados negros funkies, conservadurismo que la hizo favorita entre los viejitos de la casa. La premisa era simple: un trasatlántico en donde personas aburridas de tanta riqueza, encontraban sus sueños, por lo general el amor, acompañados por esclavos de galeras una atenta tripulación, solícita a proporcionarles a estos pasajeros la experiencia de sus vidas. El capitán era un tal Gavin MacLeod, aunque para el fanático friki probablemente sea más reconocible el médico a bordo, interpretado por el recordado Bernie Kopell (el villano Sigfried de K.A.O.S. en la serie televisiva original de El superagente 86). Como fue recurrente en la década de 1.990 con otras series de Aaron Spelling, El crucero del amor tuvo un remake entre 1.998 y 1.999, que de alguna manera duró dos temporadas, aunque la primera casi no cuenta, con apenas seis episodios en total. El remake de marras, no lo exhibieron ni a bordo del crucero mismo, y terminó cayendo en el olvido; para la trivia, digamos que el capitán esta vez era Robert Urich, viejo amigazo de Spelling a quien ya habíamos visto en S.W.A.T.

8.- Las Vegas (1.978 - 1.981).

Esta en inglés se llama Vega$; no confundir con Las Vegas con James Caan, o Vegas con Dennis Quaid, por lo que sirva el aviso, porque no vamos a acusar por aquí de exceso de creatividad a los que bautizan series. Mientras Spelling la estaba rompiendo con La isla de la fantasía y El crucero del amor, decidió regresar a lo de siempre, el policíaco, ahora ambientada en otra locación con glamour. El resultado fue Las Vegas, una serie hecha para mayor gloria de Robert Urich, quien ya había actuado en S.W.A.T. para Spelling. El protagonista era un detective privado con un paso por Vietnam en el prontuario, que se enfrentaba a la gente mala de la ciudad del vicio, y que tenía de secretaria a la cuarentona pero vistosa Phyllis Davis. Un detalle característico de la serie era que su protagonista usaba alta tecnología, como por ejemplo... una máquina contestadora. Vietnam y máquinas contestadoras, nadie dirá que esta serie envejeció bien. El caso es que dio para tres temporadas en pantalla, además de un cross over en donde Robert Urich visita a las ángeles de Charlie, para que todo quede en familia.

9.- Los Hart investigadores (1.979 - 1.984).

No premio para uno de los títulos con juego de palabras más idiotas de la televisión: el título original es Hart to Hart, que fonéticamente puede ser el apellido del matrimonio protagonista (Hart, claro), o bien Corazón a corazón (heart). Esta serie, creada por el mismo Sidney Sheldon que años atrás creó Mi bella genio, logró el equilibrio entre dos tendencias claras de las producciones spellinguianas: la acción policíaca por un lado, y el glamour por el otro. ¿La receta? El matrimonio de Jonathan Hart (Robert Wagner) y Jennifer Hart (Stephanie Powers) es millonario y se aburre como una ostra, y como buenos millonarios excéntricos, se buscan un pasatiempo a medida: ellos resuelven misterios y combaten el crimen. Ayudados por Max, un simpático abuelito que es su chofer, mayordomo, y en general lo que haga falta para que este par de ricachones puedan seguir gozando de su riqueza y del peligro sin salir demasiado chamuscados. La serie se mantiene en forma hasta el día de hoy gracias a que es tan camp, que es imposible no cogerle cariño. Por cierto, aquí viene un datito para los fanáticos de Los expedientes secretos X. Presten atención al tema de créditos: es el primer opening compuesto por un entonces jovencito Mark Snow. Quién lo diría.

10.- Dinastía (1.981 - 1.989).

Para la década de 1.980, Aaron Spelling mostró su capacidad de adaptación. Las series detectivescas estaban pasando de moda, y el glamour de la era Reagan hacía furor. La pionera y codificadora de los culebrones con gente rica derrochando dinero mientras sufre mucho en sus enormes mansiones de lujo, es Dallas, por supuesto. En este punto fue cuando Richard y Esther Shapiro llegaron para proponer una serie que fuera sobre una gran familia, como Dallas, que esa familia fuera millonaria, como Dallas, y que su fortuna girara alrededor del petróleo, como Dallas, pero que se ambientara en Denver en vez de Dallas. Aaron Spelling tomó la idea, y la desarrolló como serie. La primera temporada, centrada en Blake Carrington, un padre de familia prepotente y amoral, su mundo de negocios, y su matrimonio con su secretaria Krystle, que se había casado con él por amor y no por dinero, mantuvo ratings vacilantes, a pesar de tratar temas por entonces al límite de lo permisible en la televisión, incluyendo el que uno de los hijos de Blake Carrington fuera homosexual. Esto marcará tendencia: los culebrones de Aaron Spelling partirán con tramas de cierto calado, para luego desmelenarse, enroscándose lo más imposible que se pueda.

Para la segunda temporada llamaron a Joan Collins, antigua guapa y muy poco tímida actriz de cine, para interpretar a Alexis Carrington, la villanesca ex esposa de Blake, y con ella, la serie hizo clic. Además, le bajaron el perfil a los argumentos de negocios, y aumentaron el contenido de soap opera, y la serie despegó de manera instantánea; a partir de aquí es cuando las peleas de gatas entre la diabética de buena Krystle y la muy entretenida villana Alexis se transformaron en un obligado dentro de la serie. El éxito fue tanto, de hecho, que se sacaron un spin-off de la manga, Los Colby. Junto con Dallas y después con Falcon CrestDinastía fue el mejor reflejo de los sueños de opulencia capitalista que azotaron a la década de 1.980.

Empero, allí donde Dallas era melodrama serio del bueno, Dinastía no se avergonzaba en lo absoluto de ser una soap opera de lujo, con argumentos cada vez más salidos de madre. Dos grandes cliffhangers han quedado para la historia, por lo estrambótico de los mismos. Uno de ellos es que una de las hijas de Blake Carrington es... secuestrada por un OVNI, para apuntarse a la moda de la Ufología por entonces muy en boga. O mejor dicho, ése fue un cliffhanger de fin de temporada de Los Colby, pero como la serie fue cancelada, trajeron al personaje de vuelta a Dinastía y le dieron apresurado carpetazo a esa ida de olla; esencialmente, un par de idas al psiquiatra por estrés postraumático, y a otra cosa, por si quieren saberlo. La otra es por supuesto la Masacre Moldava, en la cual una de las protagonistas se iba a casar con el príncipe de Moldavia, sólo para que en la ceremonia apareciera un grupo terrorista disparando ametralladoras al elenco en pleno, y dejando a todo el público expectante sobre quién viviría y quién moriría en la siguiente temporada. Al final, murió apenas un secundario que no le importaba a nadie. Y por no deshonrar la tradición, la serie fue cancelada luego de quedar en un enorme cliffhanger: Blake en la cárcel, Krystel en coma y Alexis literalmente en caída libre y a punto de estrellar su humanidad contra el suelo algunos pisos más abajo. Por rareza del destino, el cliffhanger fue resuelto algunos años después con una miniserie llamada Dinastía: La reunión, bastante olvidable si se considera que debía cerrar casi una década de argumentos e historias. Aaron Spelling intentó revivir después la fórmula con Titans, que intentó de hecho ser Dinastía para el nuevo milenio, pero que después de una temporada de trece episodios fue cancelada sin que nadie la haya echado de menos.

Y si piensan que esto es lo más grande, aún no han leído nada. Si ustedes pasaron su juventud en la década de 1.990, entonces es seguro que vieron alguna de las series que vienen a continuación, en la segunda parte de este posteo, que publicaremos pronto aquí en la Guillermocracia.

EXECUTIVE PRODUCER:
GUILLERMO RÍOS

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