sábado, 30 de julio de 2016

Guillermocracia: Seis años y a por el séptimo.


Estamos en el año 2.016 después de Jesucristo. Toda la blogósfera está abandonada por yutuberos, feisbuqueros, tuiteros, tumbleros e instagrameros. ¿Toda? ¡No! La Guillermocracia poblada por irreductibles guillermócratas resiste todavía y siempre al abandono. Y he aquí que, andando a lo tonto, la Guillermocracia ha cumplido seis terribles y maravillosos años en línea desde el mítico y jamás leído primer posteo. Son seis años en los cuales la Guillermocracia ha contribuido a cambiar la faz del completo planeta Tierra... un poquito. Al menos, de sus... ¿veinte, treinta, cuarenta lectores? Pero esos veinte, treinta o cuarenta lectores salen de aquí un poquito más sabios, un poquito más reflexivos, un poquito más racionales, en definitiva un poquito más aporte para el mundo. Porque todo en la vida tiene un efecto multiplicador. La Guillermocracia, lo hemos dicho varias veces, es para seres humanos pensantes y racionales, no para zombis que aceptan de manera acrítica, ora los discursos oficiales, ora la rebeldía cool de quienes se rebelan contra las reglas sociales según las reglas sociales acerca de cómo hay que rebelarse contra las reglas sociales.

Los últimos 366 días de la Guillermocracia, porque no debemos olvidar que 2.016 es bisiesto, han visto algunos pequeños cambios. La blogoserie Bastión Esperanza, que comenzamos a publicar en 2.015, quedó en hiato por un tiempo; ya hablaremos sobre eso. Por ciertas circunstancias, a partir de 2.016 hubo que bajar el ritmo de posteos, a uno por semana, por lo que va camino a transformarse en uno de los años con menos posteos en la historia de la Guillermocracia. La idea es remediar eso, aunque por otra parte, algún año tenía que ser el con menos posteos, de manera que no es tan grave; ya llevamos cerca de una cuarentena, después de todo, y eso es una cantidad superior de posteos al noventa y nueve por ciento de los blogs supervivientes allá afuera.

Pero no hay que llamarse a engaño ni a desesperación. Que la Guillermocracia haya disminuido el ritmo de publicación, no significa el final ni mucho menos. Salvo circunstancias imprevistas, claro está, pero si todo sigue más o menos como de costumbre, entonces habrá Guillermocracia para rato.

A lo menos, de la segunda mitad de 2.015 e inicios de 2.016, han quedado cosas memorables. La gran serie de posteos que hemos llamado Marvel 75 años, por ejemplo, que en general fue muy bien recibida por los lectores. O el gran repaso que hicimos a las películas de James Bond, en la serie 007x25. Y el broche de oro que fue la ciclópea Block40busters, en que a propósito de los 40 años de Tiburón de Steven Spielberg, considerada por lo general como el primer blockbuster, hicimos un repaso por los más influyentes del período. Y no sé si debiéramos considerarlo como una serie de posteos, pero en cuanto especial con tema único, los cuatro posteos que integraron nuestra celebración de los seis años de la Guillermocracia, encontraron una recepción bastante calurosa, instaurándose de inmediato en la lista de los 10 posteos más leídos, todos a la vez, lo que no suele suceder demasiado a menudo por acá; lo más habitual, por el contrario, es que luego de una a dos semanas los nuevos posteos salgan del listado, por lo general para no volver. Debemos recordar que dicho especial, el que publicamos en Julio de 2.016, fue sobre temas históricos porque tal fue la votación de los lectores. Por lo mismo, ya estamos considerando la manera en que incluir más posteos acerca de Historia en lo sucesivo, cosa que parecen apreciar los lectores.

Y hablando de temas históricos, cómo olvidar el posteo La Guerra Mundial Cero: Regreso al siglo XVIII, en donde postulamos que la verdadera primera conflagración que puede ser llamada una guerra mundial, fue la Guerra de los Siete Años, seguido algunos meses después por Despotismo ilustrado: Todo para el pueblo pero sin el pueblo, que describe el fenómeno histórico del siglo XVIII y no las democracias actuales, las que serían más bien sin el pueblo y además ojalá lo menos posible para el pueblo. O El nacimiento de la épica occidental: Siete puntos claves para entender a Homero, en donde explicamos a las nuevas generaciones imberbes, para asombro y estupor de éstas, por qué Homero es más grande que los y las actuales novelistas de literatura distópica juvenil. O el posteo en dos partes en que vimos 10 intentos por ser más grandes que Jesucristo, cuya recepción ha hecho pensar que, quizás, en un futuro podríamos dedicar más posteos a temas religiosos, no para hacer proselitismo, que Dios y Alá y el Buda Amithaba y el Sacrosanto Dólar nos libren de eso, sino para hablar de estos temas como corresponde y como generalmente no se habla, o sea, de manera analítica y desapasionada. Y vamos a promocionar un poco el pobre y muy poco popular posteo acerca de William Orpen: El pintor de la guerra, que no es el mejor pintor del mundo ni mucho menos, pero no todos los artículos van a ser sobre Leonardo, Miguel Angel, Rafael y Donatello. Y si lo están pensando, ni se atrevan a comentarlo: me refiero a los artistas del Renacimiento y no a cierto cuarteto de quelonios hipertrofiados con los cuales Michael Bay se ha hecho el agosto en los últimos años.

En materias musicales hemos tenido algunas partidas sensibles, y dedicamos dos posteos a dos sendos grandes que nos dejaron en 2.016: Domo arigato Tomita-sama acerca de Isao Tomita, y David Bowie: La rareza espacial caminó entre nosotros, acerca del ínclito de marras que se despidió a lo bestia con un disco lanzado cuando ya tenía una extremidad fuera de la camilla y en dirección al cajón. También publicamos Siete grandes bandas sonoras del cine bíblico, que si no las has escuchado, ya estás perdiendo tiempo.

En asuntos cinéfilos hemos estado bastante activos en el último tiempo. Ahí están El cine ya no quiere héroes, en donde le dimos un contundente repaso a cómo ya no quedan héroes que admirar en las películas, o ¿Hay Marvel después de los Vengadores? en donde hacíamos algunas reflexiones acerca del futuro del Universo Cinemático Marvel, o Premios Oscar: Veinte a treinta años tarde en donde nos reíamos a mandíbula batiente comentábamos con mucho respeto sobre el conservadurismo extremo de la Academia a la hora de premiar películas, o Siete clases de espectadores insufribles en el cine en donde repasábamos causales que hacen a ciertos espectaculares potenciales blancos de ladrillazos a la cara, o "Rambo" y "Blade Runner": Parecidos razonables, acerca de cómo ambas películas tienen discursos parecidos en muchos respectos a pesar de pertenecer a géneros fílmicos distintos.

Y no dejemos en el olvido el miniespecial sobre Ciencia Ficción que hicimos en Agosto del año pasado, para inaugurar el sexto año de vida de la Guillermocracia que ya está llegando a término. Miniespecial que incluyó a 15 hitos definitorios de la Ciencia Ficción, que despertó las iras de un lector que se consideró ofendido porque postulábamos nuestros 15 hitos definitorios en vez de sus 15 hitos definitorios, en una línea argumental cercana a que esto es una democracia y todos los burros tienen igual derecho a rebuznar. O Los cinco animes que definieron al mecha, en el cual mencionamos a Neon Genesis Evangelion a tiempo para que un amable lector no hiciera arder la Guillermocracia hasta que no quedara piedra sobre piedra. O Romance Planetario: Las junglas y desiertos del espacio, que despertó más atención de la que me imaginaba en un género que no parece tan muerto en la conciencia popular como yo lo suponía. O Robotech: 10 problemas de continuidad que no habías notado antes, que en lo que a estas alturas del partido es un chiste recurrente, enojó a un lector porque el posteo analizaba... 10 problemas de continuidad que no habías notado antes, en una muestra de que la comprensión de lectura de algunas personas no alcanza ni siquiera a pasar del título de un posteo, en otra muestra de la decadencia inexorable de nuestro sistema educativo occidental. O finalmente, La Ciencia Ficción de Steven Spielberg, el posteo quizás no mejor pero sí más entrañable para mí en lo personal del quinteto y que por lo tanto, de manera consecuencial, se transformó en el segundo menos popular (el que registra menos visitas es el del Romance Planetario). Y si les parece mezquino de mi parte, regodearme en los comentarios negativos e ironizar sobre ellos con recochineo, eso me obliga a responderles que... tienen toda la razón. Pero soy el Director Supremo de la Guillermocracia, ser buena persona es algo más propio de plebeyos que de Directores Supremos, y yo no escribí las reglas del mundo, sólo me beneficio un poquito de ellas, allí donde se puede.

¿Y qué viene en el período que falta hasta el séptimo año? Si no hay circunstancias extraordinarias que impliquen cambio de planes, pues... veremos. El ritmo de posteos a razón de uno por semana seguirá más o menos igual por los meses siguientes, por motivos completamente ajenos a la Guillermocracia; los mismos serán publicados los Domingos, salvo por mañana 31 de Julio en que haremos un pequeño descanso ya que hoy día es Fiesta Nacional. A finales de años, confiamos en subir de nuevo la cantidad de posteos por semana, para darle espacio a nuevas series, así como a blogoseries. En particular a Bastión Esperanza. Lo que nos lleva de regreso a...

He aquí lo que ha sucedido con Bastión Esperanza. Los nuevos episodios encontraron un inconveniente bastante peregrino. Es noticia que a mediados de este año 2.016, en medio de la temporada de blockbusters, se estrenó (y se estrelló) Día de la independencia: Contraataque, la secuela de cierta película de alienígenas revientacasablancas que nadie pidió. La película en sí, más bien aburrida aunque dio pie para un posteo acerca de las patadas a la ciencia en la franquicia, que por el minuto está en calidad de borrador y a la espera de ser corregido. Pero tuvo un efecto más profundo: el escenario que plantea y algunos desarrollos argumentales tenían algunos parecidos escalofriantes con los episodios que estaban por venir de Bastión Esperanza. Por supuesto que fue una coincidencia: ni yo había visto la película, ni creo que ellos sepan siquiera que existe Bastión Esperanza. Además, ambas historias pertenecen a un género común, que es la Ciencia Ficción, y dentro de ahí el subgénero de la Space Opera, y dentro de ahí el infragénero de las invasiones alienígenas, de manera que los parecidos son bastante razonables. Pero decidí ser prudente, no porque tema demandas de alguna clase, sino simplemente por el orgullo profesional de que el lector de Bastión Esperanza lea algo que sea Bastión Esperanza, y no un refrito de una película de Hollywood, por más que el parecido sea coincidencia. Bastión Esperanza no pretende ser, después de todo, un refrito de blockbuster hollywoodense sino un refrito del anime de las décadas de 1.970 y 1.980, eso ya lo he escrito antes. De manera que comenzó un enorme proceso de reescritura del material para los episodios sucesivos lo que, por supuesto, significa nuevos retrasos en lo que vendrá. ¿Cuánto? Como quiero tener una lista de episodios programados para publicar sin parones de importancia, es probable que la nueva tanda de capítulos venga recién a finales de año. Un fastidio para los lectores que quedaron mordiéndose las uñas después de ver que los habitantes del planeta Esperanza deben lidiar al mismo tiempo con invasores alienígenas y con una epidemia, pero más tiempo se demora George R.R. Martin en lo suyo, y menos avanzan las cincuenta millones de subtramas de Game of Thrones, de manera que todavía estamos dentro del límite de lo aceptable, supongo. Y espero que el resultado sea tan positivo, que los lectores esperando una continuación de la historia se olviden de estos pequeños contratiempos.

Y hablando de blogoseries. Entre 2.016 y 2.017 es el aniversario número diez, una década completa, desde el inicio de las publicaciones de tres blogoseries hoy en día olvidadas en todas partes, salvo en el fondo de mi corazoncito dictatorial de Director Supremo de la Guillermocracia. Me refiero por supuesto a Corona de Amenofis, Infra Terra y Marbod el Bárbaro. De las tres, hubo un intento de publicar Corona de Amenofis en una versión corregida aquí en la Guillermocracia, pero el experimento no pasó del episodio tres, mientras que Marbod el Bárbaro fue publicada hasta el episodio nueve de la primera serie, o sea, algo más de un tercio de la misma, e Infra Terra ni siquiera ha asomado sus subterráneas narices por la Guillermocracia. Y como buen aniversario, ya estamos planeando cómo hacerlas resurgir, a manera de homenaje siquiera.

Sin perjuicio de potenciales cambios a mitad de camino, el proyecto por el minuto es el siguiente. Las tres blogoseries regresarán, pero ahora no en sus propios blogs como en su día, sino como publicaciones en la Guillermocracia. Y lo harán con tres... miniblogoseries, llamémoslas así. La idea es que las mismas sean más o menos autocontenidas, de manera que el lector que jamás haya leído el material original, no se quede colgado con personajes y situaciones. Así, Marbod el Bárbaro volverá en forma de secuela de la historia original, pero ambientada años después de la misma, en una aventura autoconclusiva, enfrentado el personaje ahora a un oponente completamente nuevo. Infra Terra por el contrario regresará en forma de precuela; la idea inicial era una secuela ambientada años después del final de la serie original, pero luego me di cuenta de que debía aludir a hechos tanto de la serie original como algunos que forman parte del manual detrás de la serie, lo que podía fastidiar a algunos lectores, por lo que la solución más simple era el camino de la precuela, aprovechando que en la serie misma se aludía a sucesos de veinte años antes sólo a través de los recuerdos de ciertos personajes. Corona de Amenofis, en cambio, tiene una continuidad demasiado complicada, y acumuló algunos problemas de lógica interna en su narración, de manera que he optado lisa y llanamente por el reboot. En los tres casos, habrán más informaciones sobre la premisa y el argumento, a medida que hayan sucesivos desarrollos.

En los tres casos, la idea es que cada miniblogoserie se extienda por una cantidad breve de episodios, idealmente de cuatro a seis como máximo. Y si todo marcha como debe, entonces los mismos serán publicados a finales de este mismo año, en conjunto con los nuevos episodios de Bastión Esperanza.

Como pueden apreciar, aunque maltrecha en algunos respectos, la Guillermocracia sigue firme adelante, y con las mejores intenciones de continuar ofreciendo material de calidad para sus lectores. De manera que quedan cordialmente invitados a hacerse ciudadanos de esta nación hoy por hoy virtual, a lo largo de éste, el inicio del Año VII de la Guillermocracia. Y recordad: Vernunft macht Frei (La Razón los hará libres).

domingo, 24 de julio de 2016

Los cátaros: El camino de los perfectos.

Carcasona, uno de los más importantes bastiones cátaros.
Uno de los episodios de la Edad Media que más ha prendido la imaginación popular, es la historia del auge y la destrucción del Catarismo. Esta mezcla muchos ingredientes explosivos: la Iglesia Católica, la Santa Inquisición, una cruzada de aniquilación, y sobre todo, el aura mágica de misterio que rodea a una secta o doctrina de la cual sabemos más bien poco, en buena medida porque el grueso de las informaciones que nos han llegado sobre el Catarismo proceden de las actas y testimonios de gentes relacionadas con la Iglesia Católica... es decir, sus enemigos mortales. Por supuesto, la historia del Catarismo es menos mística de lo que se predica, y a poco que uno conozca el trasfondo histórico, muchos de sus detalles son bien explicables. Pero aún así, es una historia por sí misma muy interesante, ya que es una historia clásica acerca de lo que significa vivir en una época de cambio social.

En términos muy generales, el Catarismo es una doctrina cristiana que emergió en Occitania, en el siglo XII d.C., extendiéndose luego hacia la Lombardía. La inmensa mayoría de los territorios que integran la Occitania, hoy en día son parte del sur de Francia, pero no nos referiremos a los mismos de esta manera para no predisponer a los lectores de una manera tal, que acaben considerando que esos territorios eran Francia en la época. Aunque en teoría Francia abarcaba casi todos los territorios desde los Pirineos hasta el Rin, en la época lo controlado directamente por los monarcas franceses en realidad se reducía a un puñado de feudos en los alrededores de París, por lo que calificar de franceses a los territorios occitanos es inexacto en el mejor de los casos, y un abuso del lenguaje en el peor. De hecho, fue la Cruzada Albigense que acabó con el Catarismo, precisamente la que inició el dominio francés sobre Occitania, y por lo tanto no fue tanto un acto de autoridad por parte del rey francés, como una verdadera invasión militar a gran escala. Pero relacionamos el Catarismo con la Occitania únicamente porque la coalición de la Iglesia Católica y la corona francesa pudo matar esta doctrina en embrión; fue su crecimiento explosivo lo que de hecho motivó la medida desesperada y cruenta de barrer a los cátaros mediante una cruzada.

Hagamos un poco de historia. A inicios del siglo IX, y por primera vez desde el Imperio Romano, la mitad occidental de Europa fue unificada bajo los auspicios del Imperio Carolingio. Sin embargo, el desplome de dicho imperio y su fragmentación, sumado a las invasiones de vikingos, magiares y sarracenos, llevó a una época de estancamiento económico y cultural de la cual Europa vino a salir sólo en el paso de los siglos X a XI, una vez paradas o derrotadas dichas invasiones. En este período se consolidó un sistema social que ya venía existiendo desde la caída del Imperio Romano, y que es el Feudalismo. En dicho sistema, la sociedad se estructura en tres clases: los caballeros que son los hombres que guerrean, el clero que son los hombres que rezan, y los labradores y campesinos que son los hombres que cultivan. A pesar de su relativa mala fama, como un sistema de despotismo, abusos y atraso semirrural, críticas que se las merece, por lo demás, el Feudalismo por lo menos tuvo la virtud de aportar estabilidad a una época de caos y desintegración política y social. Y así, el Feudalismo terminó por ser víctima de su propio éxito: la estabilidad que el sistema promovió, permitió el desarrollo del comercio y la industria, y esto significa que en el siglo XII, surgió una nueva fuerza social al margen de los caballeros, los clérigos y el campesinado: los burgueses. Todo esto debemos mencionarlo porque el Catarismo es, como profundizaremos, un fenómeno eminentemente burgués.

La palabra burgués viene de burgo, y ésta a su vez del alemán Burg, que significa fortaleza; los burgos son esencialmente las ciudades comerciales y fortificadas de la Edad Media. Europa está plagada de topónimos que hacen referencia a estas ciudades que se fortificaban para defender a su comercio e industria: Edimburgo en Escocia, Friburgo y Ausburgo en Alemania, Estraburgo en Francia, Gotenburgo en Suecia, Burgos en España... Sin embargo, y esto es importante destacarlo, los burgos no tenían lugar en el sistema feudal porque nacieron no en su interior, sino al margen de éste y como reacción a los excesos del mismo. Los primeros burgueses no eran caballeros, ni clérigos, ni labriegos, que decidían seguir bajo el sistema feudal de toda la vida; por el contrario, los primeros burgueses eran descastados y perdedores del sistema feudal que se buscaban una vida mejor y más próspera, descastados como por ejemplo caballeros segundones que no iban a heredar un feudo, o campesinos fugados de la tutela de su señor feudal. Una vez en los burgos, esos burgueses se dedicaban a la industria y el comercio, actividades que estaban al margen de la sociedad feudal, eminentemente agraria y autárquica en lo económico. Y sobre todo, eran libres de las trabas y ataduras del sistema feudal. "Stadtluft macht frei" ("El aire de la ciudad te hace libre"), proclamaban de manera muy sucinta y clara los alemanes.

El Castel de Montségur, último bastión de defensa del Catarismo; la relativa protección militar que otorgaban los casteles, ayudó a fomentar el crecimiento de esta doctrina.
En el sistema feudal, la Iglesia Católica tenía el control absoluto sobre la vida espiritual de toda la Cristiandad. Para ello, se había convertido en la mediadora de la redención de los pecados y de la vida eterna; toda su autoridad emanaba de aquí. En estos tiempos de secularismo puede parecer risible, pero en la Edad Media, que un territorio fuera castigado con el interdicto por parte del Papa, era de una gravedad suprema; el interdicto significaba que los sacerdotes no celebrarían los sacramentos, y eso significaba que no habría comunión, ni confesión, ni extremaunción, por lo que las gentes se arriesgaban a morir en pecado mortal e irse al infierno, en la mentalidad de la época por lo menos. Por supuesto, mediadora de la salvación, la Iglesia había preparado todo un discurso ideológico en el cual, cada persona podía encontrar la salvación de acuerdo a su rol en el sistema feudal: los caballeros, guerreando por la Cristiandad, en las Cruzadas por ejemplo, los clérigos rezando y sirviendo al Señor, y los campesinos labrando la buena tierra y santificándose a través del trabajo. Todo funcionó muy bien hasta que surgieron los burgueses, los habitantes de las ciudades, dedicados al comercio y a la industria, que no encajaban en ninguna de estas categorías, y que por lo tanto, teóricamente, no tenían un camino para santificarse y alcanzar la salvación.

En el siglo XII, la Iglesia Católica intentó fortalecer su poder mediante la difusión de la vida monacal. Los agentes más entusiastas del nuevo monacato fueron los cistercienses, una orden monástica fundada por Bernardo de Claraval. Frente a los monasterios cistercienses, modelos de santidad, los burgos eran vistos como centros de pecado y corrupción. Y en este debemos conceder el punto, porque razón no les faltaba. Como producto de la actividad comercial e industrial, las ciudades generaban dinero, y los burgueses tenían por tanto recursos que gastar en placeres hedonistas y mundanos, incluyendo vino y mujeres. Que los labriegos fugados de los abusos de los señores feudales prefirieran refugiarse en los burgos a recluirse en los monasterios, no ayudaba demasiado a la causa. Y por supuesto, cada campesino convertido en burgués era un alma menos bajo la férula de la Iglesia Católica. Como consecuencia, los primeros burgueses vivían en un vacío espiritual que la Iglesia Católica se negaba a llenar... y dicho espacio podía ahora ser rellenado por alguna otra doctrina. Como la de los cátaros, por ejemplo.

Nadie sabe muy bien de dónde salieron los cátaros. Hoy en día se cree que los primeros cátaros fueron oyentes de predicadores bogomilos y paulicianos, dos doctrinas consideradas heréticas, que venían desde el Imperio Bizantino. Otros creen que el Catarismo es un desarrollo indígena europeo; los antiguos textos teológicos de la Patrística de los siglos IV y V seguían disponibles después de todo, gracias a los copistas irlandeses, no para grueso público, pero sí para la pequeña élite capaz de leer y con poder para adquirir libros. Lo cierto es que las ideas y nociones principales del Catarismo no son exactamente originales. Aunque no sabemos qué camino recorrieron hasta llegar a integrar el Catarismo, sus ideas rectoras pueden ser encontradas a lo menos en embrión, ya en el Gnosticismo y el Maniqueísmo de los tiempos del Imperio Romano. Como sea, el Catarismo que partió de manera muy larvada, experimentó un crecimiento explosivo en la segunda mitad del siglo XII.

La doctrina de los cátaros, lo decíamos, guarda muchos parecidos con el Gnosticismo. En ambos casos, hablamos de una visión del mundo en la cual existe un grupo de elegidos que tienen acceso a una doctrina secreta, versus el resto de las gentes; y en ambos casos, el resto de las gentes incluye no sólo a los paganos, sino también a los cristianos que por un motivo u otro no han accedido a la verdadera doctrina, que es la de los cátaros. Al igual que los maniqueos antaño, los cátaros creían que el mundo material estaba en las garras del demonio, y sólo a través del Catarismo sería posible purificarse y acceder al plano espiritual que estaba más allá de este mundo de la carne. Debido a su crecimiento más o menos espontáneo, los cátaros carecían de una estructura religiosa formal y jerárquica que pudiera compararse a la Iglesia Católica. Además, no miraban con demasiado respeto a los sacerdotes, debido al legendario nivel de corrupción de éstos por aquellos días, mientras que los cátaros ponían un énfasis supremo en la pureza espiritual interior por sobre los signos exteriores de la ordenación sacerdotal. Esta misma actitud crítica con la falta de pureza espiritual de los sacerdotes católicos, la encontraremos después repetida en el Husismo en el siglo XV y en el Luteranismo, en el siglo XVI; si la Iglesia Católica hubiera escuchado a los cátaros, cabe la posibilidad de que hubiera podido evitarse el quiebre de la Reforma Protestante, y la Historia Universal hubiera corrido por cauces muy distintos a los actuales, aunque respecto de esto sólo podemos especular, por supuesto.

Expulsión de los habitantes de Carcasona luego de la caída de la ciudad en 1.209, según un ilustrador del siglo XV.
Los cátaros no creían en los sacramentos, y entre ellos existía tan solo uno, el consolamentum, cuyo nombre de por sí es muy significativo respecto al estado de extravío espiritual del que los cátaros creían ser salvados. El consolamentum es un ritual de purificación similar al bautismo por inmersión, y que se tomaba una vez en la vida, aunque se admitía a veces repetirlo en el lecho de muerte, porque si uno está en las puertas de la salvación o la perdición eternas, asegurarse no cuesta nada. Pero aunque se parece al bautismo, el consolamentum tiene una significación distinta; el bautismo tiene una dimensión social, como un ritual de entrada para participar en el seno de la Iglesia Católica, mientras que el consolamentum es de índole más bien personal, refiriéndos sólo a la relación entre el cátaro y Dios. La persona que recibía el consolamentum se entendía purificada, haciendo por tanto en principio innecesarios otros rituales o sacramentos; el cátaro, por supuesto, debía comprometerse a vivir una vida de santidad. La persona que recibe el consolamentum pasa a ser llamada entonces un perfecto, un cátaro en todo el sentido de la palabra. La palabra cátaro viene de hecho del griego καθαροί (katharoi), que significa "puro". Ni qué decir, la idea de que una persona pudiera ser salvada con un solo ritual y que después no se necesiten servicios sacerdotales para nada, en vez de mantenerlos como público cautivo yendo a comulgar cada semana, era un concepto que irritaba profundamente a la Iglesia Católica, por razones obvias.

El Catarismo se hizo muy popular entre los burgueses precisamente porque ofrecía un camino de salvación para éstos, al margen de los ofrecidos por la Iglesia Católica en el sistema feudal. Tomar el consolamentum no era un cheque en blanco ni una patente de corso para pecar todo lo que se quisiera; de hecho, se suponía que el cátaro después del consolamentum se hiciera célibe y vegetariano. Pero aún así, era un medio accesible de salvación para los burgueses. Pronto, los cátaros se hicieron fuertes en Occitania, como mencionamos más arriba. En la época, y remarquemos esto, Occitania era tan independiente de Francia que incluso hablaban otro idioma diferente del francés; el núcleo principal del Catarismo era una parte de la Occitania llamada el Languedoc, cuyo propio nombre nos informa que allí no se hablaba francés sino la lengua de oc. Por qué el Catarismo se hizo fuerte en Occitania y sobre todo en la región de la Occitania que era el Languedoc, se explica por razones geopolíticas. La región es un macizo montañoso en donde el burgo prototípico adoptó una forma particular, el castel, que viene a ser un híbrido entre burgo y fortaleza en las montañas. Los casteles eran virtualmente inexpugnables, y ésta es la razón por la que la Cruzada Albigense se tardó tantos años en reducirlos. Los señores feudales de los casteles eran de hecho tan poderosos, que uno de ellos, Raimundo IV de Tolosa, se había contado entre los más grandes líderes de la Primera Cruzada, a finales del siglo XI. Esta inexpugnabilidad de los casteles favoreció también que se transformaran en plazas seguras para el comercio, y pronto, las mercancías que viajaban desde las tierras abiertas por las Cruzadas para Italia, seguían curso a través de los casteles para llegar a Francia e incluso a Inglaterra. De todo lo que hemos escrito, es fácil colegir que todo lo que beneficiara al comercio, también ayudaba al crecimiento y la propagación del Catarismo.

En medio de este panorama, huelga decir que la Iglesia Católica tronó en contra del Catarismo, con los mencionados monjes cistercienses en la primera línea de ataque. Los cátaros afirmaban que la Iglesia Católica y sus rituales eran innecesarios para la salvación, y esto era en definitiva un ataque directo al poderío eclesiástico. Además los cátaros criticaban profundamente la moral de los clérigos, y lo que es peor, sus críticas eran muy certeras, dada la catadura moral de muchos sacerdotes de la época. Y había otro detalle que provocaba rechinar de dientes a la Iglesia Católica: las mujeres dentro del Catarismo tenían un rango similar a los hombres e incluso podían ser perfectas y aplicar el consolamentum, a diferencia de una Iglesia que ni entonces ni ahora ha admitido el sacerdocio para las mujeres. La primera reacción de la Iglesia Católica fue enviar a misioneros para que exhortaran a las buenas gentes a no dejarse tentar por la herejía y volvieran al redil de la Iglesia. Como los monjes cistercienses eran de extracción principalmente francesa, estaban mejor preparados en lo intelectual, y además eran gentes más decentes en general que el sacerdote promedio de la época, el grueso de los misioneros fueron reclutados entre sus filas. Pero fue en vano: los cátaros no encontraban motivos para escucharlos. La Iglesia Católica pidió también de manera explícita que se persiguiera a los herejes, pero los señores en los casteles se negaron. No es que pretendieran desobedecer directamente a la Iglesia, aunque sea porque la buena diplomacia ayuda al comercio, pero por otra parte, todos los cátaros en sus dominios eran parientes de alguien, y por lo tanto, iniciar una persecución hubiera generado profundas divisiones fraticidas dentro de los casteles.

Domingo de Guzmán reprimiendo la herejía, en la visión artística de Pedro Berruguete.
Las cosas terminaron por salirse de madre a inicios del siglo XIII. En la época llegó a ser Papa un personaje llamado Inocencio III. En la época del Papa Gregorio VII, algo más de un siglo antes, había comenzado a tomar carta de presencia una doctrina por la cual los reyes seculares le debían obediencia a la Iglesia Católica, porque Jesucristo le había entregado a Pedro el primer Papa la jurisdicción sobre toda la Tierra; Inocencio III no sólo era un firme creyente de esta doctrina, sino que fue uno de sus máximos impulsores en la práctica. A lo largo de su Papado, Inocencio III se enfrentó a brazo partido contra los monarcas de media Europa para imponerles la autoridad papal, a menudo con éxito. Y no bastándole todos estos frentes de batalla, se dispuso a hacer algo respecto de la cuestión de los cátaros, que por supuesto, eran otros desobedientes que debían ser metidos en cintura.

El enviado de Inocencio III para tratar con los cátaros fue un hombre llamado Pierre de Castelnau. Fue nombrado por su actitud intransigente con la herejía, y fue su actitud intransigente con la herejía lo que acabó por llevarlo a la tumba, porque luego de excomulgar a un señor muy poderoso, se descubrió su cuerpo en un camino, cosido a puñaladas, con todo el mundo silbando para otro lado cuando comenzaron las preguntas acerca de quién lo había hecho caerse encima del cuchillo. La muerte de Castelnau era el pretexto que Inocencio III necesitaba; ni corto ni perezoso, entró en negociaciones con Felipe Augusto, el rey de Francia. El fruto de estas negociaciones sería la Cruzada Albigense. La misma fue llamada así porque los cátaros eran llamados también albigenses, asociados con la ciudad de Albi; en realidad, los cátaros estaban tan presentes en Albi como en otras localidades, pero por circunstancias históricas más o menos casuales, los principales reportes de herejía surgieron ahí, y el nombre de albigense pegó en la época.

El rey francés Felipe Augusto había llegado al trono en 1.180, y había dedicado una energía increíble a fortalecer el poder real a costa de lo que fuera. Una de sus grandes batallas había sido la demolición del Imperio Angevino, la colección de señoríos feudales que había construido Enrique II de Inglaterra entre Escocia y los Pirineos. En medio de esto, la venia y permiso papal para iniciar la invasión militar de Occitania, le venía como anillo al dedo. En la época, lo hemos dicho, la corona francesa controlaba en realidad el norte de lo que actualmente es Francia, y el sur, aunque dependiente en teoría, en la práctica se mandaba solo, y además estaba en mejores relaciones diplomáticas con Aragón más allá de los Pirineos que con Francia. Había también un aspecto económico en todo el asunto. En la época, la Occitania era un verdadero núcleo económico y comercial, como intermediaria de las rutas comerciales entre Italia por un lado y Francia por el otro, mientras que los alrededores de París estaban poblados apenas por campesinos y señores feudales semianalfabetos. En lo cultural, Occitania era la refinada patria de los trovadores y del amor caballeresco, que se desarrollaron ahí, mientras que en los alrededores de París todavía se vivía... bien, todavía se vivía en la Edad Media, por decirlo fuerte y claro. Era la oportunidad para un monarca poderoso en lo militar pero relativamente pobre en lo económico, de conquistar un territorio muy rico del cual extraer riquezas.

Detengámonos por un instante a considerar lo que significa llamar cruzada a la Cruzada Albigense. Hasta la fecha, las cruzadas eran expediciones militares enviadas contra los infieles, principalmente contra los sarracenos. Esta era la primera vez que se proclamaba la cruzada no contra paganos, sino contra otros cristianos. Que no obedecían la autoridad del Papa, pero que sí creían en Jesucristo, de manera que sí eran cristianos. Parte del horror de la Cruzada Albigense es que fue la primera cruzada realmente fraticida dentro de la Cristianidad, y el antecedente que serviría de base después para toda la estructura de represión de la herejía por la fuerza si fuere preciso, que vino a montarse después. Conceptual e ideológicamente, la Cruzada Albigense marca un punto de no retorno para la Iglesia Católica. La idea de que la Iglesia puede lidiar con violencia extrema contra los herejes, ayudó a desarrollar muchos anticuerpos contra ella en los siglos venideros, lo que por supuesto desembocó en la Reforma Protestante.

Domingo de Guzmán preside un auto de fe para ejecutar cátaros, en una pintura de Pedro Berruguete.
La primera fase de la Cruzada Albigense se libró en 1.209, y su primera campaña se saldó con la caída de Carcasona, ciudad que acabó dándole nombre a cierto muy entretenido y adictivo juego de mesa. La caída de Carcasona fue un golpe recio para la causa occitana, y de hecho varias ciudades se rindieron sin luchar, incluyendo la famosa Albi que le había dado nombre a la cruzada. Pero la caída de Carcasona no significó el final de la Cruzada. Habían otros casteles menos poderosos, pero estaban decididos a resistir hasta el fin, en particular después de que llegaran las nuevas los horrorosos saqueos y crueldades que los cruzados perpetraban en las ciudades conquistadas, so pretexto de que eran herejes, o al menos, gentes que protegían a herejes. La resistencia fue tan enconada, de hecho, que Montségur, el último castel resistente a la invasión, cayó recién en 1.244, más de veinte años después de la muerte de Felipe Augusto y casi treinta de la muerte de Inocencio II. El odio y el fanatismo de los cruzados fueron tan enconados, que la floreciente región de Occitania quedó reducida a un despoblado semirrural; comenzó así la decadencia de Occitania y su estatus de segundona económica frente a los alrededores de París, situación que dura hasta el día de hoy. La sujección a París también extinguió la influencia política que ejercía Cataluña sobre la Occitania, lo que redundó en que, en adelante, las regiones en ambos faldeos de los Pirineos seguirían caminos separados. Por su parte, la rica cultura provenzal fue aniquilada, y la cultura de los trovadores se extinguió, aunque su legado permaneció durante todo el resto de la Edad Media, allí a donde los trovadores pudieron arrancar. La lengua de oc fue reducida a un vulgar dialecto, y el francés se extendió por tales tierras. No fue solo una guerra de conquista, sino una verdadera operación de genocidio humano y exterminio cultural, que en forma proporcional a los medios tecnológicos y la población de la época, puede ser considerado como uno de los más dantescos holocaustos de toda la historia europea.

La suerte de los cátaros en las ciudades conquistadas fue horripilante. Se dice que interrogado un monje cisterciense acerca de cómo distinguir a un cátaro de un católico, éste habría respondido: "Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius" (traducido muy libremente: "Mátenlos a todos. Dios reconocerá en el Cielo a los suyos"). La Iglesia Católica hizo masiva una nueva costumbre: las hogueras. Los caballeros agarraban a los cátaros y los enviaban a arder en la hoguera, en medio de celebraciones de júbilo. El celo religioso encubría una motivación económica, por supuesto: los bienes y tierras que quedaran sin dueño porque éstos fueran ejecutados, podían ser apropiados como expolio o como señorío por los invasores. Como sea, el Catarismo fue virtualmente exterminado, por el recurso de literalmente no dejar a ningún cátaro vivo. Los que pudieron escapar, se cuidaron muy bien de revelar sus convicciones doctrinales, aunque de todas maneras, núcleos aislados de Catarismo crecieron en otras regiones de Europa, llevados allá por los fugitivos; a la larga, estos núcleos terminaron por desaparecer, asimilados dentro de la corriente más general del Catolicismo. Siguiendo a la relativa ineficiencia de los cistercienses por lidiar con los cátaros, una nueva orden monástica tomó el relevo: los dominicos, fundados por el monje castellano Domingo de Guzmán. El Papado concedió a los dominicos licencia para crear un tribunal que investigase las acusaciones de herejía, naciendo así el Tribunal del Santo Oficio, mejor conocido como la Inquisición.

Si bien es cierto que la Iglesia Católica realizó con los cátaros una operación de exterminio digna de Hitler o Stalin, no es menos cierto que el Catarismo no volvió a levantar cabeza en parte porque la propia Iglesia tuvo el buen sentido de adecuar su discurso para los nuevos tiempos. El mismo año 1.209 en que se iniciaba la Cruzada Albigense, un monje italiano llamado Francisco de Asís, fundaba otra nueva orden religiosa, la de los franciscanos. Francisco de Asís no venía del mundo feudal, sino que era un burgués, en concreto un hombre nacido en el burgo de Asís, y por lo tanto, entendía la mentalidad burguesa. Si bien Francisco de Asís no se refirió directamente al tema de los burgos, su discurso lleno de caridad y aceptación significó un agudo contraste con el talante condenatorio de los anteriores monjes, en particular de los cistercienses. Francisco de Asís enseñó a considerar a la naturaleza no como una enemiga a ser batida, sino como otra parte de nuestra realidad a la que debemos amar, y esto ofrece un contraste con el Catarismo, para quienes, como ya decíamos, el mundo material es el dominio del demonio. La doctrina franciscana era mucho más aceptable para los burgueses que ahora tenían abierto un camino de salvación obrando con rectitud, aunque fueran comerciantes, y por lo tanto, se ofrecía como una alternativa más aceptable e inofensiva, frente a un Catarismo que ahora era demasiado peligroso para ser profesado, en público por lo menos.

Y sin embargo, aunque erradicado de la faz de la Tierra, y habiendo durado menos de un siglo en total, el Catarismo ha seguido inflamando la imaginación posterior. El Catarismo es la otra cara de la cultura provenzal de su época, la misma cultura provenzal de la que arrancan conceptos carísimos para nuestra cultura, incluyendo el amor cortés y caballeresco; existe una correlación profunda a nivel de mentalidad, entre dicho amor cortés expresado como un ideal de nobleza y pureza, y el ideal de corrección y supresión de los vicios espirituales y carnales que predicaban los cátaros. Además, el hecho de que los cátaros no hayan dejado registros escritos, en particular por la eficiente y brutal labor de supresión por parte de la Inquisición, los ha rodeado de un aura de misterio que les ha otorgado un lugar privilegiado en el panteón de los mitos conspiranoicos de todos los tiempos. Y además de eso, el trágico destino final de los cátaros es un interesante modelo a estudiar, para todos quienes quieran entender las mecánicas de funcionamiento del cambio social, y en particular, como esas mecánicas pueden llegar a chocar con el poder establecido, y como dicho poder establecido puede llegar a reaccionar.

Si los cátaros levantaran la cabeza...

domingo, 17 de julio de 2016

Arte e injuria: Seis movimientos artísticos bautizados por quienes los insultaron.

El crítico de arte, por Norman Rockwell (1.955).
En cierto episodio de Los Simpsons, Homero Simpson protestaba contra los gays que adoptaban palabras denigrantes como propias. Su reclamo era que los heterosexuales inventaban insultos contra los gays, y luego los propios gays adoptaban dichos insultos con orgullo, por lo que la palabreja en cuestión terminaba perdiendo todo valor insultante en primer lugar. Lo mismo ha ocurrido en la Historia del Arte. Ningún movimiento artístico nuevo ha conseguido imponerse sin que la vieja hornada se haya puesto a insultar a esos jóvenes rebeldes por atreverse a romper los buenos y viejos esquemas de toda la vida. Lo que los viejos carcamales no son capaces de captar, es que el insulto resbala porque los insultados se sienten halagados de que los viejos despreciables los desprecien a su vez. Porque si los insultados fueran alabados por esos vejetes contra los cuales se rebelan, se sentirían cubiertos de oprobio. De esta manera, es fácil que si los vejetes utilizan un calificativo irónico, despectivo o injurioso, los jóvenes desafiantes lo adopten como grito de guerra. "¡Sí, nosotros somos eso que dices, y somos mejores por eso porque no somos como tú!", sería la respuesta.

Y es así que, acá en la Guillermocracia, haremos un breve repaso acerca de cómo el nombre de seis de esos movimientos artísticos, en realidad partieron como insultos dirigidos en su contra. El hecho de que hoy en día casi se haya olvidado esto, y los nombres se utilicen de una manera prácticamente casual, algo dice acerca de cómo quienes insultaban iban desencaminados. Pero es el precio a pagar por ser un innovador en el arte: no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos. En particular, los huevos de los críticos. Metafóricamente hablando, esperamos.

1.- Gótico.

Hoy en día, ser un gótico es sinónimo de andar vestido de negro como una cucaracha, estereotipo del cual se burlaba incluso Type O Negative en su canción Black #1; la mención vale la pena porque la canción forma parte del disco Bloody Kisses, que lanzado en 1.993, es el primer disco de Metal rGótico propiamente tal en la Historia. Qué se puede esperar de un movimiento en el cual uno de sus discos seminales incluye un tema en que se burla de ese movimiento... El caso es que hubo una época en la cual el calificativo de gótico venía de otra fuente. El adjetivo se refiere simplemente a los godos, esa tribu germánica que azotó la Europa posterior al Imperio Romano. De manera que si usted usa la palabra visigótico en vez de visigodo como adjetivo, está usted hablando con propiedad; dicho sea de paso, y por alguna razón, la RAE acepta visigótico, pero no ostrogótico, que sería el mismo adjetivo, pero aplicado a los ostrogodos.

El caso es que en el Renacimiento, empezó a hablarse de arte gótico para referirse al arte medieval; era su manera de apuntar que las construcciones medievales eran tan feas y toscas, tan poco aferradas a los benditos cánones estéticos grecorromanos que tanto gustaban a los renacentistas, que sólo alguien tan bestia como un godo podía haberlo edificado. Sucedió después que llegó gente que sí les gustó el arte gótico, y eran felices con la Edad Media. Un novelista inglés llamado Horace Walpole, por ejemplo, que en 1.764 publicó El castillo de Otranto, considerada universalmente como la primera novela gótica jamás escrita. El propio Walpole, para la segunda edición de la novela, porque la primera la publicó fingiendo que era una traducción (larga historia), la subtituló "A Gothic Romance", o sea, una novela gótica. El resto es historia, por supuesto. Aunque es poco probable que un gótico de hoy en día, sepa que al originarse el término en su acepción actual de medieval y romántico, en realidad se los estaba comparando más con Sigfrido o Conan el Bárbaro, que con Drácula...

2.- Decadentismo.

En realidad, Decadentismo es una etiqueta bastante amplia que cobija menos un movimiento artístico que una cierta sensibilidad. Puede definírselos como el eslabón perdido entre el Romanticismo y el Modernismo, si se quiere. La primera mitad del siglo XIX fue la era del Romanticismo, y la primera mitad del XX, la del Modernismo; ambas épocas tuvieron en común una cierta batida en retirada de los valores que consideraríamos como positivistas, ilustrados, dieciochescos, racionalistas, etcétera. En cambio, la segunda mitad del siglo XIX fue la era del Positivismo, de la confianza férrea en que la Humanidad marcha hacia adelante, etcétera. Para que luego digan que los románticos eran los ilusos.

El caso es que siempre hay rebeldes, quienes mantuvieron viva la flama romántica, pero ahora dejando de lado un resto la imaginería gótica o medievalista que tendía a impregnar a los románticos, no tanto que la excluyeran, pero sí tomándosela de manera incluso más artificiosa, si es que cabe. O sea, pintar de manera efectista o escribir con ampulosidad, y por supuesto, elevando el morbo sexual con el casi único fin declarado de escandalizar a los buenos plutócratas conservadores. Piénsese en Rimbaud o en Oscar Wilde, por citar dos autores bien diferentes, y se tendrá una noción. Incluso aunque no un decadentista propiamente tal, hay quienes han echado al pobre Herbert George Wells al saco; después de todo, en su tiempo, escribir novelas sobre viajes en el tiempo e invasiones marcianas era algo efectista. Los críticos se ensañaron con los decadentistas, y los llamaron justamente así, decadentistas, porque veían en ellos la degeneración del arte, el intento por privarlo de toda substancia y convertirlo en puro juego de artificio y luces. Los decadentistas, encantados de oir esto, y siempre conscientes de lo que vale un buen escándalo en el mundo del arte, asumieron la bandera con orgullo. Que hoy en día, tipos como Rimbaud o Wilde sean leídos en los colegios, o al menos en las universidades, y nadie diga nada, debería ser la máxima frustración para estos pobres tipos. Porque, sí, los leen, pero, ¿y en dónde está la pimienta del escándalo, eh...?

3.- Impresionismo.

Durante el Renacimiento, la Pintura había descubierto las leyes de la perspectiva, y esto abrió el camino para crear pinturas que intentaban ser cada vez más realistas. Leonardo da Vinci introdujo el sfumatto, el Canaletto en el siglo XVIII empezó a trabajar las atmósferas en sus pinturas de canales venecianos, etcétera. Ya a inicios del siglo XIX, para lograr efectos sismológicos en el alma de los asiduos a las galerías de arte, algunos pintores como los ingleses Constable y Turner empezaron a centrarse de manera casi exclusiva en la atmósfera, por encima incluso de la forma. En definitiva, hicieron de manera más o menos intuitiva, un descubrimiento que, sabemos, tiene base científica: nosotros no vemos los objetos en sí mismos, sino que vemos la luz que tales objetos reflejan, de manera que vemos de manera distinta un mismo objeto según si es de día o de noche, según si está nublado o despejado, según si está a campo abierto o bajo techo, etcétera. Esta nueva escuela de pintores empezó a trabajar ya no con las formas y contornos, sino tratando de reproducir la luz en sí.

En la década de 1.860, cuatro pintores llamados Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Alfred Sisley y Frédéric Bazille, se hicieron amiguetes y empezaron a desarrollar todos estos conceptos en lo que parecía ser una revolución artística. Para el academicismo de su tiempo, engolosinado con ninfas mitológicas de cuerpos rotundos, la idea de cuadros que parecían a medio terminar, con pincelazos que a primera vista no parecían querer reproducir nada, eran la imagen misma de la flojera técnica consagrada como arte. Uno de estos cuadros, Impresión: Amanecer, de Claude Monet, le dio a uno de los críticos la mandíbula que necesitaba para el chiste fácil, y dijo que estos tipos no eran más que un montón de impresionistas que trataban de llamar la atención del público con una pintura pobretona y mal acabada. Adivinen qué sucedió. Durante más de cien años, el Impresionismo fue la más valorada escuela pictórica del siglo XIX, y la cuna de la cual nacieron todas las vanguardias posteriores, mientras que el Academicismo vivió un eclipse total; hoy en día hay una visión más equilibrada de las cosas y se estudia tanto el Academicismo como el Impresionismo, como dos escuelas separadas de Pintura, cada una con sus respectivas propuestas y méritos. Nada mal para tipos que nacieron como una pandilla de alborotadores, y cuyo movimiento, en lo medular y desde que nació el grupo hasta que emprendieron caminos separados, duró apenas una década...

4.- Fauvismo.

Pintores fauvistas han existido a lo largo de todo el siglo XX y parte del XXI, principalmente como imitaciones baratas de Henri Matisse. Porque eso pasa con algunos artistas: buscan originalidad tratando de imitar a alguien original, sin reparar en que la imitación es justo lo contrario de la originalidad. Pero el Fauvismo en tanto movimiento propiamente tal, apenas duró media década: había sido lanzado ya en el siglo XX, y para 1.910 podía considerarse una vanguardia agotada. El caso es que desde la década de 1.880 en adelante, el legado impresionista hizo clic en una nueva generación de pintores, que siguió con experimentos cada vez más audaces. En esencia, los pintores fauvistas entendieron que el intento de los impresionistas por captar el color de la luz en los objetos en vez de los objetos mismos, podía ser desviado en una interesante dirección: ¿qué tal si aplicamos colores arbitrarios, al tiempo que reducimos nuestro objeto pintado a algo próximo a una caricatura, para potenciar al máximo esa sensación de estallido de color en el espectador que buscaba el Impresionismo...?

El resultado fue un estallido justamente, pero no sólo de color, sino también social, en el mundillo de los pintores, porque los críticos se pitorrearon a su gusto del nuevo estilo. Por alguna razón, en la exhibición del Salón de Otoño que correspondió a 1.905, algún inconsciente decidió colocar las pinturas en las paredes, manteniendo una estatua del muy renacentista Donatello al centro. Un crítico llamado Louis Vauxcelles, escribiendo con perfecto espíritu Ratatouille, decidió acuñar su propia frase para la inmortalidad: "Donatello chez les fauves" (Donatello entre las fieras). Quizás porque entre los pintores exhibidos estaba Henri Rousseau, que es famoso por pintar fieras salvajes en paisajes ingenuos y de colores verde pastel... a pesar de que técnicamente, Rousseau no es un fauvista sino un post impresionista. Y ustedes ya predicen en qué acaba esto: a los pintores de marras les gustó aquello de fauves, y empezaron a llamarse a sí mismos como fauvistas. Gran trabajo, monsieur Vauxcelles.

5.- Cubismo.

El siglo XX, la primera mitad de él por lo menos, fue la época de las vanguardias, y esto significa que los artistas debían que estar a pescar lo que volara, en lo que a mantenerse en la onda se refiere. Apenas muerta la fiebre del Fauvismo, un joven pintor llamado Pablo Picasso, que había pasado por la ambigüedad de sus llamados período azul y período rosa, no dio el paso lógico siguiente de acabar inventando el anime o a personajes como Linterna Verde, la Bruja Escarlata o Cráneo Rojo, sino que empezó a jugar con el tema de las perspectivas, pariendo la muy influyente Las señoritas de Avignon. El, y otro personaje llamado Georges Braque, quien recibe bastante menos crédito que Picasso a pesar de haber contribuido de manera significativamente mayor al desarrollo de la criatura cuya gestación estamos comentando. Como Stan Lee y Jack Kirby.

Y aquí es donde entra en escena, por segunda vez, nuestro viejo conocido Louis Vauxcelles. Porque ante una pintura de Braque exhibida en 1.907, Vauxcelles dijo de éste, quien sabe si por alabarlo, denostarlo o ambas cosas, que "lo reduce todo, lugares y una figura y casas, a esquemas geométricos, a cubos". Quizás dándose cuenta de que tenía pólvora entre las manos, Vauxcelles siguió insistiendo con los cubos, a ver si la etiqueta pegaba. En 1.909 calificó algunas obras de Braque en una exposición como "extravagancias cúbicas" ("bizarreries cubiques"). Y por si no se entendiera que era un insulto, en 1.910 escribió de otras obras cubistas (no de Braque, irónicamente): "geómetras ignorantes, reduciendo el cuerpo humano, el sitio, a cubos pálidos". Repite, repite, que algo queda: para 1.911, la prensa había abrazado abiertamente el término Cubismo para referirse a la obra de cinco artistas dentro de dicha tendencia: Henri Le Fauconnier, Jean Metzinger, Albert Gleizes, Robert Delaunay y Fernand Léger. Irónicamente no de Picasso o Braque, quienes por una razón u otra no habían expuesto con los mencionados. O sea, el término cubista empezó a ser usado para insultar a los artistas menos importantes dentro del Cubismo, dejando fuera a los fundadores del movimiento, suponemos que menos por respeto hacia ellos que por puro y craso espíritu de ninguneo. Como sea, el caso es que el Cubismo fue la revolución en dos patas para la pintura del siglo XX, y el término acabó por pegar. Luego, entusiasmado por el tema de andar bautizando movimientos artísticos, Vauxcelles llamó Tubismo a la pintura de Fernand Léger, por la manía de éste por usar no cubos sino tubos y cilindros en su versión peculiar del Cubismo. Pero como Léger no resultó ni de lejos tan influyente, el término acabó por no pegar. No siempre se gana, monsieur Vauxcelles.

6.- Los Cinco.

En realidad este caso no es tan como los otros, pero la historia es demasiado buena como para dejarla pasar, de manera que me disculparán que incluya a esta gente que, en estricto sentido, no debería pertenecer a este posteo. Pero allá vamos. Siglo XIX: Europa estaba azotada de parte a parte por la música romántica, y parte importante del Romanticismo era el tema del nacionalismo, buscar las raíces culturales, etcétera. En la década de 1.850, en San Petersburgo que era la capital del Imperio Zarista por aquellos años, coincidieron cinco jóvenes rebeldes que sacaron sus pistolas, metafóricamente hablando, para hacer retemblar el mundo musical. Sabían de Música, pero no tenían una educación muy profunda en lo que a composición se refiere, ni la echaban de menos porque consideraban que lo suyo iba a ser algo nuevo. A diferencia de cierto compositor llamado Piotr Ilich Tchaikovski, que se inspiraba principalmente en Haydn, Mozart y Beethoven con su rigor compositivo y su melodía clara, estos terremotos ambulantes preferían inspirarse en virtuosos más de avanzada que exploraban la riqueza cromática de los instrumentos, gentes como Chopin, Schumann o Lizst; además, Tchaikovski y otros personajes similares eran de la Academia, mientras que los Cinco eran amateurs que se desempeñaban en otras profesiones: uno era químico, otro era militar... Acreditando la herencia asiática de la Madre Rusia, los Cinco incorporaron un montón de sones orientales, que le dieron a la música clásica un sello tan distintivo, que es casi el estándar de lo que se espera de un compositor ruso.



Los Cinco en cuestión fueron Mili Balakirev, César Cui, Modesto Musorgski, Nikolai Rimski-Korsakoff (el militar) y Alexander Borodin (el químico que con una mano estudiaba los aldehídos y con la otra componía En las estepas de Asia Central). Si no les suena, prueben a escuchar Cuadros de una exposición de Musorgski o Capricho español de Rimski-Korsakoff, y se harán una idea. En 1.864, cuando el grupo todavía no adquiría su estructura definitiva, todo sea dicho, un crítico los llamó la Poderosa Mano, y el resto de la historia, ustedes ya la suponen. Los críticos se burlaron de ellos, y esta gente decidió adoptar el nombre como propio, en desafío. De ahí que, cuando el grupo alcanzó su organización definitiva, algunos empezaron a referirse a ellos como los Cinco, de manera desdeñosa, un poco con el tono de decir: esos tipejos de ahí.



De todas maneras, el legado de los Cinco fue inmenso. Sin la experimentación tonal de los Cinco, toda la primera mitad del siglo XX en materia musical hubiera sido muy diferente. Aunque la versión clásica del grupo duró apenas década y media: en 1.881 falleció Mussorgski, el primero en partir. Curiosamente, el último en fallecer fue el más longevo, el segundo en nacer, y fue César Cui, que falleció en 1.918, o sea, ya en plena época de la Revolución Rusa.



domingo, 10 de julio de 2016

¿Te habías dado cuenta de lo breves que fueron...?


Magnificar las cosas ya de por sí grandes, es un defecto común en la percepción de las personas. Algo que fue muy importante o que cambió el mundo, diera la impresión de haber sido eterno, o al menos, de haber durado una enorme cantidad de tiempo. Y sin embargo, si uno mira los almanaques, se da cuenta de que tales eventos o períodos fueron mucho más breves de lo que pareciera a simple vista. Es cierto que muchos cambios sociales se preparan a veces de manera larvada durante años, pero no es menos cierto que cuando estallan, lo hacen con toda su fuerza. Las revoluciones y guerras de independencia tienden a ser así. Todo el mundo tiene una cierta conciencia de que la Revolución Francesa o el Tercer Reich fueron relativamente breves, pero otros eventos parecieran haber durado mucho más de lo que en realidad se extendieron. Mas, no debemos confundir la sombra alargada de una estatua, con la estatua en sí. Acá en la Guillermocracia haremos un repaso de esos eventos que parecieran haber durado mucho, pero que en realidad fueron bastante breves, considerando la repercusión posterior que tuvieron.

1.- Alejandro Magno.

Vamos a partir a lo grande. No cabe duda de que Alejandro Magno es uno de los personajes más importantes de la Historia Universal. Su hazaña de conquistar el Imperio Aqueménida no tuvo mayor repercusión política porque a su muerte, sus herederos se fueron entre sí a los ojos con uñas y dientes, y terminaron creando varias monarquías separadas que más o menos reproducían el mapa anterior a las conquistas alejandrinas: Egipto, Macedonia, un Imperio Seléucida que gobernaba Mesopotamia... pero en lo que podríamos llamar la esfera espiritual, la mixtura de cultura grecooriental que surgió de sus conquistas cambió el rumbo cultural del mundo para siempre. La cultura helenística subsiguiente fue heredada por los romanos, bizantinos e incluso los primeros musulmanes que conquistaron la región un milenio después de Alejandro Magno, y en ella se produjeron fenómenos tan revolucionarios como el esplendor de Alejandría, el nacimiento del Cristianismo, y la recepción de la Filosofía y el conocimiento científico de los griegos por parte de los musulmanes. Por eso resulta sorprendente observar que Alejandro Magno realizó su obra en... apenas trece años. Esa miseria de tiempo fue lo que le tomó literalmente cambiar el mundo. Es lo que transcurrió entre su cruce desde Europa a Asia en 336 a.C., y su muerte en 323 a.C. Por comparación, Ramsés II y la Reina Victoria gobernaron cerca de seis décadas y media cada uno, y no fueron ni de lejos tan revolucionarios como Alejandro. ¿Y tú, qué has hecho en estos últimos trece años...? ¿Ah?

2.- The Beatles.

Parece indudable que The Beatles es la banda más importante de todos los tiempos. Hoy en día pareciera que el Rock y el Pop llegaron para quedarse, pero a inicios de la década de 1.960 no era así. Piensen en las canciones de las primeras películas Bond: el grueso de ellas eran sentidas baladas al estilo lounge de Frank Sinatra. Eso, en una época en donde la música exótica a lo Martin Denny, el Calipso o la Bossa Nova, esos ritmos parecían querer tomarse los rankings. Y de pronto irrumpió cierta irreverente banda de Liverpool, y el mundo cambió para siempre. The Beatles fueron seminales en la supervivencia del Rock como género musical, y además de eso le dieron forma al moderno pop, crearon el Pop Barroco de paso, e incluso su tema Helter Skelter es, bien mirada, una de las primeras canciones de Heavy Metal dos años antes de que Black Sabbath codificara el género con su disco Paranoid. Además, The Beatles fueron revolucionarios en otros respectos: fue la primera banda de éxito que componía sus propias canciones, fue la primera banda de éxito que tocaba sus propios instrumentos en vez de limitarse a cantar y usar músicos de sesión, fueron de los primeros que trabajaron los álbumes como obras completas en vez de una mera colección de singles, fueron innovadores en materia de videoclips, ya que sus películas pueden ser vistas como ancestros lejanos de la cultura MTV... Es fácil pensar que ellos rondaron una eternidad de tiempo allá afuera, en particular si uno piensa que bandas como U2, Metallica o Laibach están allá afuera desde la década de 1.980, por mencionar tres de distintos géneros musicales, y The Rolling Stones que son contemporáneos de The Beatles, cumplieron medio siglo arriba de los escenarios. Por eso, piensen que entre el primer disco de The Beatles (Please Please Me de 1.963) y su disolución en 1.970 pasaron apenas siete años. Cuéntenlos. Apenas siete años les bastaron para poner patas arriba toda la música popular. Eso es menos tiempo de lo que han durado series televisivas como 24, Los expedientes secretos X en su racha original, o Smallville, si lo piensan bien. ¡Incluso La hechizada, serie de televisión contemporánea, duró ocho temporadas! Eso es un reflejo de la extraordinaria explosión de creatividad que el cuarteto de Lennon, McCartney, Harrison y Starr desató como un huracán sobre la cultura popular moderna.

3.- Rock Around the Clock.

Y siguiendo con los ejemplos musicales. Por lo general, se acredita a Bill Haley y sus Cometas la primera canción que consideramos como un clásico Rock and Roll: Rock Around the Clock, de 1.954. No es la primera del género, porque hay algunos ejemplos anteriores, pero esta canción puso al Rock and Roll sobre el mapa, para escándalo de los vejetes que consideraron el nuevo ritmo como una salvaje intromisión de una insoportable percusión tribal africana, y por lo tanto, como el colmo de la depravación. ¿O es que nadie quiere pensar en nuestras pobrecitas y núbiles adolescentes caucásicas? Si esos pobres hubieran llegado a enterarse de que tres décadas después unos tales Marilyn Manson iban a lanzar The Beautiful People... El caso es que si les pregunto cuánto dura Rock Around the Clock y ustedes no saben la respuesta, es posible que por instinto digan que unos cuatro minutos. Después de todo, eso es el promedio de lo que dura un hit actual, aunque los ejemplos típicos van desde los tres a los cinco minutos. Incluso, si dura más, se crea una album version larga y luego una single edition o una radio version que se recorta hasta los deseados cuatro minutos de promedio. ¿Y Rock Around the Clock, cuánto dura? Depende. La versión con cuenta inicial ("one, two...") dura dos minutos con diez segundos. La versión sin esa cuenta, dos minutos con ocho segundos. Exactamente, hasta en eso los antiguos eran más pobres que nosotros: sus hits radiales apenas levantaban cabeza por encima de los dos minutos. Aunque, como decía Baltasar Gracián por allá en el siglo XVII: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Algo que debería aprender Chayanne cantando Torero y rellenando el final con el estribillo repetido una infame cantidad de veces, por ejemplo.

4.- Marilyn Monroe.

¿Cuánto tiempo estuvo dando vueltas Marilyn Monroe como celebridad allá afuera? Sabemos que murió joven, pero... ¿diez años, quince...? No. Algo menos: nueve años en total. Es la distancia de tiempo entre las películas Niágara y Los caballeros las prefieren rubias, que la lanzaron al estrellato en 1.953, y su trágico fallecimiento en 1.962. E incluso 1.961, si contamos sólo hasta Los inadaptados, su última película completa, y dejamos fuera el feliz cumpleaños que le cantó a John Kennedy, o ciertas fotitos en transparencia que se sacó y que andan dando vueltas por esos sitios cochinos de Internet y que me han contado que existen. Es cierto que Marilyn Monroe ya hacía modelaje y actuaba a finales de la década de 1.940, pero no había conseguido infiltrarse en el ojo del público. La mencionada Los caballeros las prefieren rubias, inclusive, es una película extraña de ver hoy en día debido a que todo el peso dramático recae en el personaje de Jane Russell y Marilyn Monroe pareciera estar ahí para hacer bulto... hasta que uno repara en que la Russell tenía entonces una sólida carrera de una década a sus espaldas y la Monroe era la  novata, y por lo tanto, la Monroe era la secundaria de la Russell y no al revés. Pero en apenas nueve años, el extraordinario magnetismo de Marilyn Monroe consiguió que esta chica, que cumplió treinta en 1.956, se transformara en uno de los íconos más reconocibles de dicha década. Y sí, fue una carrera prodigiosa... pero cuando uno piensa que en ese mismo 1.926 en que nació Marilyn Monroe, también nacieron otros actores que estaban ahí décadas después e incluso algunos en el siglo XXI, como Leslie Nielsen, Jerry Lewis, Peter Graves, Andy Griffith, Mel Brooks, Fred Gwynne, Julie Adams, Klaus Kinski, Richard Crenna... Incluso Hugh Hefner, que inauguró su revista Playboy con fotos desnudas de Marilyn Monroe en 1.953, también él nació en 1.926, y al momento de editar este posteo es un nonagenario, pero todavía está vivo. Y es entonces cuando uno repara en cuán breve fue el paso de Marilyn Monroe por el cine... lo que por supuesto hace mucho más extraordinario el impacto que tuvo en la cultura popular.

5.- El Imperio Azteca... o lo que llamamos como tal, a lo menos.

Había una pregunta clásica en el colegio: ¿cuáles son las civilizaciones de América antes de Colón? Y la respuesta era también un clásico, aprendido como muletilla por todo alumno flojo que quiera seguir el camino fácil para congraciarse con su profesor de Historia: mayas, aztecas, incas. El mundo amerindio, y prefiero llamarlo así porque precolombino suena mucho a que estaban ocupando espacio por mientras llegaban los europeos, dicho mundo estuvo conformado por una tonelada de civilizaciones anteriores, de las cuales los mayas, aztecas e incas fueron apenas los últimos llegados a la mesa. Los mayas estaban ahí desde sus buenos dieciocho siglos más o menos, así es que ellos sí que fueron longevos, aunque nunca formaron un imperio unificado, y en ese tiempo ni siquiera tuvieron un mismo núcleo geográfico. Pero los aztecas, en cambio, o mexicas mejor dicho, son otro cuento. Ellos aparecieron en la escena histórica recién más o menos en el siglo XIII, o sea, en fecha bastante reciente si se piensa que las primeras civilizaciones en su región, Mesoamérica, datan de más o menos dos milenios antes. Para colmo, lo que llamamos Imperio Azteca ni siquiera fue tal, sino una especie de federación sometida a la hegemonía de la ciudad de Tenochtitlán, que quizás hubiera terminado siendo un imperio centralizado si no hubiera aparecido Hernán Cortés y sus brutos barbudos en el horizonte. Y en términos históricos, el poderío de Tenochtitlán fue relativamente breve. Tenochtitlán se independizó de otra ciudad, Azcapotzalco, recién en 1.428, y la llegada de los españoles se produjo en 1.519, o sea, apenas nueve décadas después. En efecto: el llamado Imperio Azteca no alcanzó a estar en pie ni siquiera un siglo completo. Aunque muy improbable, es teóricamente posible que un niño nacido en la época de la independencia de Tenochtitlán, aún haya estado vivo para ver a Hernán Cortés, aunque fuera un nonagenario para esas fechas: eso grafica lo breve que resultó ser el imperio más poderoso de la Mesoamérica de su tiempo.

6.- El Imperio Inca... o el Tahuantisuyo, mejor dicho.

Y seguimos con civilizaciones amerindias. Década y media después de que los españoles hicieran su aparición en Tenochtitlán, otro imperio se llevó lo suyo. Se trata del Imperio Inca, nombre que le damos a lo que ellos mismos llamaban el Tahuantisuyo, que en el idioma nativo significa Las cuatro regiones del mundo. Porque, en efecto, el Imperio Inca les parecía tan apoteósico, que lo consideraban como dominando el mundo entero. Qué poco sabían. Es fácil reirnos de semejante bravata considerando lo que sabemos de Historia, por supuesto, pero no creo que el asunto sea tan chistoso si algún día aparece una invasión alienígena por parte de algún imperio galáctico que nos haga pulpa en nuestro miserable planeta... y no hay manera de saber si eso nos sucederá mañana o el próximo mes, piénsenlo bien para que entiendan lo que significó para los incas la llegada de los españoles. El caso es que los incas, o quechuas mejor dicho, aparecieron en la escena histórica más o menos en el siglo XII, pero su primera gran hazaña imperial, la defensa de Cuzco y victoria de Pachacútec sobre los invasores chancas, data apenas de 1.438, mientras que Francisco Pizarro llegó a Cajamarca y apresó a Atahualpa en 1.532, o sea, apenas noventa y cuatro años después. Noventa y cuatro años es una cantidad respetable de tiempo para un imperio, por supuesto, y de hecho el Imperio Inca duró más que otros como el Imperio Caldeo o el Imperio Napoleónico, pero no es ni de lejos el pasado inmemorial que a veces se le supone. La moderna investigación arqueológica, de hecho, ha revelado que los incas fueron apenas los últimos en una larguísima serie de pueblos anteriores: los chavines, los moches, los nazcas, los tiahuanacos...

7.- El Far West.

La mayor parte de las historias Western se ambientan en una especie de universo congelado, sin pasado ni futuro. Existe la planicie, existe el pueblo con su cantina, y existe un cierto elenco estándar que incluye al comisario, el tabernero, la dueña de la casita de chicas si la historia es algo picante, y los inevitables cuatreros, pistoleros y bandoleros. Algunas historias se ambientan en lo que podríamos llamar el ocaso del Far West, y vemos escenas con caballos al lado de un Ford modelo T, pero son las menos. En general, el Western no es un género que consideraríamos como de conciencia histórica, por decirlo de algún modo. Y sin embargo, el Far West fue increíblemente breve, y por lo tanto, muy zarandeado por los vientos de la Historia. Aunque los occidentales habían estado empujando y acorralando a los indígenas a partir del siglo XVII, el impulso definitivo vino con la Fiebre del Oro de 1.848 primero, pero en particular con el final de la Guerra Civil en 1.865. Y la Frontera fue clausurada de manera oficial por el Gobierno de Estados Unidos en 1.890, cuando los últimos reductos de resistencia indígena fueron liquidados. O sea, el apogeo del Far West duró apenas veinticinco años, un cuarto de siglo completo. Piensen, ¿en dónde estaban ustedes hace veinticinco años atrás? Porque un pistolero que hubiera sido adolescente al final de la Guerra Civil, sería un adulto maduro pero no un anciano al clausurarse la Frontera. Ahora bien, si nos ponemos muy flexibles y consideramos que la conciencia de Frontera nació con la novela El último mohicano de James Fenimore Cooper, publicada en 1.826, y consideramos el ocaso definitivo del Far West con la fundación de Hollywood en 1.913, el período se extiende a algo menos de noventa años. Bastante más largo, sí, pero uno que sí puede ser cubierto por la vida entera de una persona, incluso en esos años de relativa baja expectativa de vida, tal y como lo veíamos en el caso del Imperio Azteca más arriba.

8.- Billy the Kid.

Y hablando del Far West. El pistolero más famoso de todos los tiempos fue probablemente Billy the Kid. Considerando que Billy es diminutivo de William, en castellano sería algo así como Guille el Niño, así es que podríamos considerarlo un ciudadano honorario de la Guillermocracia, de no ser por su prontuario de delincuente convicto e irredento. Y el propio nombre lo dice: falleció siendo un mocoso. En la realidad, Billy the Kid fue apenas otro pistolero más que se dedicaba al poco glamoroso oficio de cuatrero, de ladrón de ganado. En altercados, mató a ocho personas, una cantidad significativa, pero bastante menos de lo que creeríamos según su leyenda. Porque si vemos una película Western cualquiera, y en ella matan a apenas ocho desgraciados, terminaríamos echando pestes contra una porquería tan aburrida. La primera vez que arrestaron a Billy the Kid fue en 1.875, y cuando lo mataron, de manera muy poco glamorosa por casualidad y no en algún duelo épico, era 1.881, o sea, cuando su carrera criminal registrada llevaba apenas seis años. O sea, Billy the Kid fue en realidad un tipo bastante insignificante, otro de los patanes que rondaban en el Far West, que no hubiera dejado ningún rastro tras de sí, de no ser porque a algún periodista le dio por vender periódicos escribiendo artículos amarillistas sobre él, convirtiéndolo en una especie de héroe maldito y romántico de paso. Por cierto, Billy the Kid era realmente un mocoso cuando lo mataron: tenía apenas 21 años. Es decir, no sólo su carrera criminal duró menos de lo que se piensa, sino que su vida también. Piensen ustedes en dónde estaban cuando tenían 21 años, si ya pasaron esa edad, y reflexionen.

9.- Las primeras películas.

Hoy en día estamos acostumbrados a los largometrajes de dos horas. Si dura menos de una hora y media, nos sentimos estafados. Al cine épico se le permite empinarse por encima de las dos horas y media, incluso tres. Algunos maniáticos han rodado películas incluso más largas; Lo que el viento se llevó, obra cumbre del año milagroso de 1.939, con intermedio dura casi cuatro horas. Por lo mismo, es fácil olvidar que el cine en sus orígenes era increíblemente breve. Una película de una hora ya contaba como un epic, y los productores no se arriesgaban a más porque pensaban que el público se aburriría. Por eso, es motivo de asombro hoy en día que las primeras dos películas estrenadas en el cinematógrafo en la Historia Universal... duran menos de un minuto cada una de ellas. La primera película cuenta como un documental o como autobombo: es La salida de la fábrica Lumière en Lyon y dura 46 miserables segundos que nos muestran... la salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon, el título mismo lo dice, fábrica que era propiedad de los hermanos Lumière que grabaron la película, de ahí el autobombo. La segunda película es también la primera película de ficción de la Historia, o sea, la primera que narra un argumento inventado en vez de pretender captar la realidad sin más: se trata de El regador regado, que incluye el chiste más quemado de la Historia... en 45 segundos. ¿Tienen usted edad para recordar los programas dobles en el cine? Ríanse de eso, porque ambas películas fueron estrenadas en un programa décuple: diez fueron los cortos exhibidos en aquel histórico 28 de Diciembre de 1.895, la primera función pagada de cine, porque hubo algunas exhibiciones gratuitas antes. Unos ciento veinte años después, las audiencias que esperan la siguiente marvelíada con Robert Downey Jr. se arrancarían los cabellos de desesperación ante tanta brevedad. Y si tienen curiosidad por ver estas cosas, búsquenlas en YouTube: son películas tan antiguas que su copyright expiró, y por lo tanto están libres de derechos de autor.

10.- Toda la historia de la civilización.

El final del segundo capítulo de Erase una vez el hombre lo plantea de manera brutal. Hasta la extinción del Hombre de Neanderthal, el ser humano había recorrido el noventa y nueve por ciento de su historia. La serie de 26 episodios, por su parte, llevaba apenas el siete por ciento de su trayecto. En efecto: toda la historia de la civilización humana es apenas un muy breve apéndice al lado de una historia evolutiva y cósmica infinitamente más antigua. El cálculo de la serie mencionada se basa en la tesis de que el hombre moderno arrancó hace un millón de años, aunque hoy en día eso se discute. Pero no importa. Lo cierto es que en términos geológicos o astronómicos, la civilización es ridículamente bebé. Los primeros estados organizados, tal y como los conocemos, tienen apenas cinco a seis mil años de antigüedad, y las primeras ciudades apenas diez a doce mil. Si adjudicamos a la civilización completa unos diez mil años de antigüedad, entonces eso suma apenas el veinte por ciento del tiempo pasado desde cuando hace 50.000 años nuestros últimos ancestros comunes abandonaron Africa, o apenas el uno por ciento desde que aparecieron los primeros Homínidos hace un millón de años, o apenas el 0,025 por ciento desde que aparecieron los primeros primates hace 40 millones de años, o el 0,00025 por ciento desde que aparecieron las primeras formas de vida, hace unos 4.000 millones de años, o más o menos 0,00008 por ciento desde que nació el universo. Carl Sagan lo explicaba mejor en su célebre Calendario Cósmico: si redujéramos toda la Historia del Universo a un calendario de un año, entonces toda la historia de los primates cabría en el día 31 de Diciembre, y la historia de la civilización, en el último minuto. ¿Ya se sienten lo suficientemente insignificantes? Porque, bien mirado... Cualquier cosa dura menos de lo que se piensa, si la escala con la que medimos es lo suficientemente grande...

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