domingo, 29 de mayo de 2016

Tom Strong: Un pulp para el siglo XXI.

Número 1 de Tom Strong. No confundir con la casi idéntica portada del número 20...
El cómic La Liga de los Caballeros Extraordinarios saltó a la fama en el mainstream el año 2.002, con el estreno de una versión fílmica que tenía todas las marcas de una adaptación infiel: guión simplificado hasta lo insultante, situaciones sanitizadas, personajes estupidizados, y en general la eliminación de todo aquello que hizo de La Liga de los Caballeros Extraordinarios un cómic extraordinario en primer lugar. Menos gente se enteró entonces que dicho cómic no era el único trabajo retro en que Alan Moore andaba metido por esos días. Porque en paralelo, Alan Moore estaba escribiendo los guiones para otro tipo de héroe pulp: Tom Strong.

Si La Liga de los Caballeros Extraordinarios es un homenaje al Steampunk recargado con una erudición extraordinaria, en sus inicios a lo menos, Tom Strong es un homenaje afectuoso al Dieselpunk, a la mitología pulp de Ciencia Ficción de la primera mitad del siglo XX. Su protagonista es Tom Strong, un chico que ha quedado varado junto con su familia en una isla tropical, y que gracias a haber sido criado en una cámara hiperbárica construida por su padre antes de morir, ha desarrollado superfuerza. Aunque su familia muere, Tom Strong es criado por Pneuman, un robot mayordomo a vapor que hace las veces de Alfred; además hace amistad con la gente de la isla, con la hija de cuyo líder, Dahlua, contrae matrimonio, teniendo después una hija llamada Tesla. En conjunto con King Solomon, un gorila a quien Tom Strong ha conferido inteligencia con experimentos neurológicos, el equipo se relocaliza en Ciudad Millennium, para emprender una incansable lucha por el bien y la justicia.

Todo eso, con ciencia.

Porque Tom Strong es ante todo un héroe científico. Se parece más al Capitán Futuro que a Superman, para decirlo más claro, y comparándolo con dos héroes pulp. La dinámica entre Pneuman y King Solomon incluso recuerda a la dinámica de los dos asistentes robots del Capitán Futuro. Otro referente claro para Tom Strong, aunque algo más reciente que la era clásica del pulp, es Reed Richards, con el Bastión recordando un poco lo que es la Torre Baxter. Incluso el propio Tom Strong no se hace llamar superhéroe sino héroe científico. Aunque el nombre de héroe científico en la historia es un tanto difuso, ya que se le aplica también a personajes con superpoderes que no tienen mucho que ver con la ciencia. Salvo que consideremos que la magia en el mundo de Tom Strong es un tipo diferente de ciencia que no existe en el nuestro.

El número 3 de Tom Strong. Enemigo de turno: un Imperio Azteca de un universo paralelo.
Las historias aprovechan esta mitología para explorar un montón de tópicos de la era pulp. El número 3 por ejemplo trata el cliché de la civilización precolombina que usa sus poderes místicos para invadir el mundo moderno; aunque les da la vuelta porque los aztecas en cuestión proceden de un universo paralelo y utilizan una sofisticadísima supercomputadora como su arma principal. O el número 4 en donde se enfrentan a villanas nazis muy sexies, en una alusión a los pulp de... villanas nazis muy sexies, precisamente. O el número 5 en donde Tom Strong regresa al pasado primordial de la Tierra, una historia con un cierto tinte lovecraftiano. O el número 10, en donde Tom Strong utiliza un autogiro para viajar a la tierra de los muertos, en clara alusión a la manía por el espiritismo que invadió a la sociedad de inicios del siglo XX. Y así sucesivamente.

Lo refrescante del asunto es que las historietas de Tom Strong no se limitan a copiar clichés sin más. En vez de ello le aplican una sensibilidad moderna, deconstruyendo algunos, o dándole una vuelta de tuerca a otros. Uno de los principales clichés subvertidos es el llamado comic book time. Los personajes no viven en una línea de tiempo flotante como los héroes de Marvel o DC, sino que existe una cronología de fondo y los años transcurren. Tom Strong y su esposa tienen más de cien años, pero aparentan solamente cuarenta gracias al consumo de una raíz procedente de la isla en que se criaron, y que ralentiza su envejecimiento; el resto de los personajes en cambio envejece a ritmo normal. Lo que origina la curiosa nota de por qué Tom Strong nunca ha estudiado dicha raíz y ha extraído el compuesto químico, que seguro tendría numerosas aplicaciones médicas. Pero los pulps de la primera mitad del siglo XX tampoco hacían demasiadas preguntas respecto de estos elementos puestos un tanto para que la historia funcione, y hay tradiciones que no pueden obviarse. Salvo en un cómic ambientado en un universo paralelo, en donde el sucedáneo de Tom Strong de dicho universo paralelo convence al villano de no utilizar sus inventos en el crimen para ganar unos miserables miles de dólares, sino patentarlos para ganar unos portentosos millones de los mismos.

Esto lleva a otro punto interesante del cómic: su imprevisibilidad. Algunas aventuras se resuelven por el expediente habitual del bueno encontrando al villano, teniendo una gran batalla con él y triunfando. Pero otros se resuelven de maneras algo más bizarras. Tom Strong es fuerte y perfectamente capaz de enfrentarse a un enemigo a puñetazo limpio, pero suele preferir las soluciones intelectuales. En el número 2, enfrentado al Hombre Modular, Tom Strong consigue solucionar la crisis de turno a través de una salida negociada, no diré cuál para no arruinarles la diversión, pero sí que es un tipo de salida poco habitual en los cómics de superhéroes.

También el cómic presenta algunos guiños muy interesantes. Que el robot mayordomo de Tom Strong se llame Pneuman no es casualidad. Es un homenaje a John von Neumann, el genio matemático que fue entre otras cosas un pionero de la inteligencia artificial. Pero también es una referencia al pneuma, el aire que es también el alma o el principio vital en la tradición filosófica grecorromana y gnóstica; no debemos olvidar que Pneuman es una máquina impulsada por vapor. O que uno de los universos paralelos sea un mundo de comic book infantil con equivalentes animales de los principales personajes, en una clara alusión a los funny animals predominantes hace medio siglo atrás, incluyendo la célebre Tierra-C de Captain Carrot en los cómics de DC.

Un cómic un tanto pacato para los estándares de Alan Moore, pero Moore siendo Moore...
A medida que el cómic avanza, la continuidad se va haciendo progresivamente más enmarañada. No es que llegue un instante en que deje de ser legible sin un mapa de personajes al lado, pero a medida que las fechas y personajes se amontonan, como que la frescura inicial de los primeros números se va perdiendo. El propio Alan Moore se retiró del personaje a las alturas del número 22 de la serie, y la misma se resiente un poco. No es que bruscamente pierda la calidad y se haya hecho un bodrio, pero como que un toque especial que le aportaba Alan Moore, ahora ha partido. Los guionistas sucesivos construyen historias bastante interesantes, pero no aportan nada verdaderamente nuevo o relevante al concepto.

Un aspecto muy interesante del cómic es el dibujo. Este no presenta un estilo único, sino que se va ajustando a las necesidades del capítulo. El dibujo en la tierra de los animales divertidos por ejemplo es mucho más caricaturesco que el universo propio de Tom Strong. El capítulo en donde Tom Strong descubre estar atrapado en un mundo de porquería en donde sus propias ideas de haber sido Tom Strong son una ilusión, presentan un estilo de dibujo más realista que el promedio, aunque sin llegar al fotorrealismo de un Alex Ross, eso sí. Y el episodio del autogiro en la tierra de los muertos se lleva la palma, ya que en realidad es una historia en prosa con ilustraciones al estilo de los grabados de finales del siglo XIX. A su vez, las portadas también se ajustan a lo que se necesite, colándose de por medio más de algún homenaje a portadas clásicas del cómic.

En el número 36, Tom Strong se despide con una escena en que el héroe y su familia le da las gracias a Ciudad Millennium por haberlos apoyado durante tantos años; la escena está dibujada de manera tal que nosotros adoptamos el punto de vista de los ciudadanos, en una manera sutil de darnos las gracias a nosotros los lectores por haber sido fieles con Tom Strong. Lo que a su vez se conecta con un tema recurrente de los cómics, que es la presencia de los fanáticos de Tom Strong, que incluso, en la más fiel tradición del pulp de antaño, a veces ayudan a su héroe. Pero aunque la serie regular fue cancelada, Tom Strong ha tenido nueva presencia después. Así en 2.010 llegó una miniserie llamada Tom Strong and the Robots of Doom. Y en 2.013 comenzó la publicación de Tom Strong and the Planet of Peril. Como no he leído ninguna de las dos, no las comento, y lo mismo vale para Tom Strong's Terrific Tales. Pero si les gusta la cultura pulp, sienten nostalgia por esos tiempos pasados en donde los problemas se resolvían con ciencia, entonces dénle una oportunidad a los 36 números de Tom Strong. Se llevarán una sorpresa, y una sorpresa de las agradables.

Sí. Es Tom Strong como un funny animal.

domingo, 22 de mayo de 2016

¡La Guillermocracia te llama a las filas: Vota por tu tema favorito para Julio!


Así a lo tonto, se aproxima un nuevo aniversario de la Guillermocracia, el sexto, ahora el próximo 30 de Julio de 2.016. ¿El problema? Esta celebración no va a ser ni de lejos tan bombástica como la del quinto año. Que fue todo un hito, porque es media década. Como los lectores habituales han podido apreciar, la Guillermocracia ha bajado su poco el ritmo de producción. Ahora estamos publicando un solo posteo por semana. La Guillermocracia es un país chico y de escasos recursos, y no existe un fondo de ayudas internacionales que llevarse a Suiza al estilo Junta.

Aún así, queremos que nuestros lectores estén complacidos, de manera que para celebrar, haremos una pequeña maratón de posteos en torno a un tema determinado. Y esta es la ocasión porque ya estamos trabajando en dejar programados los posteos de Junio, y por tanto, falta poco para Julio. Y para complacerlos... nada mejor que preguntarles.

De manera que, en la parte superior de la Guillermocracia, podrán encontrarse con una miniencuesta en la cual ustedes podrán votar acerca de qué tema prefieren para los posteos de los días 3, 10, 17 y 24 de Julio de 2.016. Las opciones son, por orden alfabético:
  • Anime.
  • Cine.
  • Historia.
  • Literatura.
  • Música.
En caso de empate entre las dos primeras mayorías, se repartirán dos y dos. En caso de haber empate entre tres o cuatro o cinco o las seis mayorías, lo que sería ridículo por supuesto pero puede pasar, elijo yo según se me antoja, que para algo soy el Director Supremo de la Guillermocracia.

De manera que quedan cordialmente invitados para votar, así como para seguir visitando la Guillermocracia, el país más turístico de la blogósfera. O de la parte de la blogósfera que está en castellano de dialecto guillermocrático y que es gobernada por un Director Supremo y Presidente Generalísimo Vitalicio De Por Vida, que haya nacido en 2.010.

El jardín de Ariosto, de Anselm Feuerbach (1863).

jueves, 19 de mayo de 2016

Reconocimiento para la Guillermocracia.


Faltando poco más de un par de meses para que la Guillermocracia cumpla su sexto año de vida, ha llegado un nuevo reconocimiento a la misma. Estos eran más abundantes en el pasado porque la blogósfera en general tenía más actividad, mientras que hoy en día, muchos antiguos blogueros se han pasado a Facebook o a Twitter; esto es algo positivo o negativo a según la opinión, pero como escribimos de eso en el posteo ¿Se está muriendo la blogósfera?, no abundaremos sobre el particular.

El caso es que aceptar el reconocimiento implica agradecer el reconocimiento, cosa que se lo hago a don Elwin Alvarez de El Cubil del Cíclope, dar un par de consejos a otros blogueros, y nominar a otros blogs, no más de quince. Esas eran las reglas, me parece.

A continuación, el par de consejos.

Consejo 1.- Es un pasatiempo. Un hobby. No te vas a hacer famoso con un blog, y menos en estos tiempos de contracción de la blogósfera. No te vas a transformar en líder de opinión como un yutúber, y vas a gastar una enorme cantidad de tiempo y esfuerzos para que, muy de tarde en tarde y en los días buenos, alguien te dé las gracias. Hazlo con alegría, hazlo con entusiasmo, pero hazlo sin mayores ambiciones, sólo por el gusto, o si no, la decepción va a ser mayúscula. Escribí al respecto en el posteo Cinco razones por las que NO tener un blog, y a lo escrito ahí me atengo.

Consejo 2.- Que tu blog tenga un valor agregado. Antes de escribir o publicar cualquier cosa, pregúntate: ¿qué puedo incluir yo en mi posteo, que nadie más haya incluido? Pueden ser muchas cosas: temas sobre los cuales no hay mucho en Internet, datos que son poco conocidos, imágenes o memes que nadie más conoce (o que tú mismo las hiciste en primer lugar), un cierto sentido del humor, reflexiones personales, tu propio estilo literario... Cualquier cosa que tú puedas aportar, y que no sea fácil de replicar. Si la gente va a leer tu blog en vez de dedicarle el tiempo a otras cosas, es porque hay algo que ofreces, que les gusta, y que no van a encontrar en otra parte. Ese es tu valor agregado. Cúidalo, dosifícalo, pero siempre inclúyelo, porque eso hará que la gente regrese a tu blog.

Y acá van mis nominados:

1.- El Cubil del Cíclope. Es el blog que me nominó, pero en ninguna parte de las reglas vi que saliera que no podía enviarse la nominación de vuelta, de manera que es una jugada legal. Supongo, eso sí, que el sr. Alvarez queda eximido de volver a publicar el reconocimiento, o de lo contrario se transformaría en el juego del eterno pasarse la pelota.

2.- El Cuchitril de Cidroq. Fue nominado por el antedicho Cubil, pero lo mismo, no vi en las reglas que no se pudiera hacer, y en Derecho Civil, está permitido todo lo que no está prohibido.

Por cierto, uno de estos días voy a terminar mezclándolos y hablar de El Cuchitril del Cíclope y El Cubil de Cidroq. Después de todo... ¡las siglas de ambos blogs es ECDC!

3.- Cine 9009. Diez años en línea, y siempre firme al pie del cañón. Mi blog de cine favorito, qué duda me cabe.

4.- Siglos Curiosos. Cumplió diez años este mismo año, también, y quedó de que iba a actualizar, aunque de eso hace algunos meses ya. Veremos qué pasa.

5.- Blog Sin Dioses. Como lo decía en los blogs que seguimos desde la Guillermocracia, una necesaria punta de lanza a favor del agnosticismo y el pensamiento racional por encima de la charlatanería y la superstición.

6.- La Realidad Estupefaciente. Otro blog que parece yacer en el más profundo de los limbos. Lo nomino de todas maneras, con la esperanza de que regrese algún día.

Y ésos son mis nominados. Una vez más se agradecen los reconocimientos, y quedan siempre invitados a seguir leyendo la Guillermocracia.


domingo, 15 de mayo de 2016

どうもありがとう, 冨田様 (Dōmo arigatō, Tomita-sama).


La semana pasada, en concreto el Jueves 5 de Mayo de 2.016, un importante fragmento de la historia de la música electrónica ha desaparecido para siempre. Nos referimos al fallecimiento de Isao Tomita (冨田 勲, Tomita Isao en japonés), conocido por lo general únicamente con su nombre artístico de Tomita. En muy breves y resumidas palabras, Tomita es uno de los padres fundadores de la moderna música electrónica, una de las grandes bisagras entre la electrónica experimental de mediados del siglo XX, y la moderna electrónica pop de discoteca. Ya nos referimos a él como uno de los precursores de la electrónica ochentera en la primera entrega de Synth80s, aquí en la Guillermocracia, pero ahora que lo estamos despidiendo, ahondaremos un poco más en su trabajo.

Para el público masivo, la escena electrónica es algo que arrancó en la década de 1.980, con Depeche Mode cantando Just Can't Get Enough, o bien OMD cantando Enola Gay, por ejemplo. Yendo mucho hacia el pasado, en la década de 1.970, habrán quienes se acuerden de Das Model de Kraftwerk, aunque muchos no lo asocian con el disco Die Mensch-Maschine de 1.978 sino con fecha algo posterior, porque el tema fue relanzado como single en 1.982. Para ellos, encontrarse con que la música electrónica existe como tal desde la segunda década del siglo XX como mínimo, o sea, hace la friolera de un centenar de años atrás, puede ser casi un shock cultural. Y sin embargo, ése es el caso. Con todo, la electrónica musical hasta la década de 1.970 en realidad era un agregado secundario a la música de instrumentos tradicionales, o bien, una exploración avant-garde más bien lejana al público masivo.


Ahondemos un poco en esto porque nos ayudará a entender la importancia de Tomita en el devenir de la música electrónica. A inicios del siglo XX, ya se había formado la moderna cultura de masas como algo más o menos divorciado de la cultura de élite, y la Música Selecta antaño omnipresente, ahora comenzaba su repliegue hacia un público más refinado, ayudado porque en esos años, muchos compositores de este estilo se lanzaron a toda la experimentación vanguardista del siglo XX, que los llevó a ser todavía más inescrutables e incomprendidos; la gente común, por su parte, empezó a volcarse en masa hacia estilos más populares, como por ejemplo el Jazz, que en esa época era música de ghettos negros y de los bajos fondos mafiosos, algo difícil de conceptualizar en una época como la actual, en donde escuchar Jazz es casi sinónimo de esnobismo. En paralelo, las nuevas tecnologías relacionadas con los circuitos y el manejo en general de la electrónica, llevó a la posibilidad de crear instrumentos musicales accionados ya no por teclas como un piano, arcos como un violín, o el fuelle de los pulmones como las trompetas, sino por el poder invisible de la electricidad. El primer instrumento electrónico moderno, el theremin, cuyo sonido ululante y onírico es bien conocido por su uso extensivo en la Ciencia Ficción Atompunk de la década de 1.950 y asociado por tanto a lo que llamaríamos música de platillos voladores, data de... 1.928.

En este plano, varios compositores de Música Selecta avant-garde empezaron a utilizar el potencial de estos nuevos instrumentos para generar música distinta a la orquestación sinfónica tradicional. A mediados del siglo XX, esto había cristalizado en la llamada musique concrète, que consiste en mezclar ruidos naturales e industriales a manera de collage, y es por lo tanto el ancestro remoto de las actuales técnicas de sampleo; numerosos músicos electrónicos tempranos tenían muy presente esta línea musical a la hora de componer, como por ejemplo Kraftwerk en su disco Autobahn. Pero otra línea importante de experimentación surgió cuando varios músicos, explorando las posibilidades sónicas de los nuevos instrumentos electrónicos, empezaron a crear versiones de Música Selecta tradicional para tales instrumentos. Y en esta línea, quizás el más destacado sea Tomita.


Isao Tomita nació el 22 de Abril de 1.932. Ya en la década de 1.950 estaba trabajando como músico, y en calidad de tal, compuso el tema musical para el equipo japonés de gimnasia en los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1.956. En la década siguiente, trabajó mano a mano con Osamu Tezuka, el Padre del Manga, creando la banda sonora de Kimba el León Blanco, aunque por desgracia su obra es poco conocida fuera de Japón, toda vez que en sus versiones de exportación, el anime recibió una nueva banda sonora; ignoro si tal es el caso para la versión que vimos aquí en Latinoamérica, pero debo mencionarlo de todas maneras.

En la década de 1.970, comenzó a utilizar de manera extensiva un novedoso instrumento electrónico, el moog, que había sido desarrollado por Wendy Carlos, innovadora de la música electrónica mejor conocida por haber compuesto la banda sonora de la película Tron, de 1.982. Trabajando con el moog, Tomita llegó a la conclusión, hoy en día obvia pero en su época revolucionaria, de que no había razón por la cual debía usar estos instrumentos sólo para imitar los sonidos de los instrumentos naturales, y que los ruidos artificiales producidos podían ser procesados para crear un nuevo tipo de música, con sonidos jamás antes escuchados.


Es posible establecer una conexión entre la obra de Tomita, y lo que era el Japón de la época. Para dicho país, la ocupación militar por parte de Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, representó el nadir de su historia; nunca antes, Japón había sido ocupado por una fuerza militar extranjera. Esto representó un duro golpe para el nacionalismo, pero también obligó a la sociedad japonesa a abrirse al mundo. La misma abrazó la occidentalización con entusiasmo, y a partir de la década de 1.950 inició el despegue conocido como el Milagro Japonés. Esto no fue sin reticencia por parte de los grupos tradicionales; es famoso el suicidio por sepukku (hara-kiri) por parte del escritor Yukio Mishima, en protesta por la pérdida de los valores ancestrales y nacionalistas nipones. Pero a pesar de estos intentos por revivir una visión nostálgica de un Japón de Preguerra, el proceso de occidentalización parecía imparable. Los Juegos Olímpicos de Tokio en 1.964, y la Expo '70 en Osaka, fueron la carta de presentación internacional de Japón frente al mundo. Al mismo tiempo, Japón empezó a transformarse en un actor relevante en la cultura internacional: comenzó a exportar música híbrida entre la música japonesa folklórica y el pop contemporáneo, género conocido como Kayōkyoku, incluyendo el temprano éxito Sukiyaki de Ryu Sakamoto, las películas kaiju o de monstruos tipo Godzilla, y sobre todo, el manga y el anime. Es en medio de toda esta corriente cultural, que debemos entender y encajar la obra de Tomita.

Tomita tenía discos anteriores, pero el primer disco que puede considerarse un clásico dentro de su discografía, es Snowflakes are Dancing, de 1.974; en mi propia opinión personal, la que dada la materia es discutible por supuesto, este disco también es su obra maestra y el pináculo de su discografía. El título del disco (Los copos de nieve están danzando, en castellano) es una traducción incorrecta de La neige danse (La nieve danza), el título del cuarto movimiento de El rincón de los niños, una suite escrita por Claude Debussy. El disco entero consiste en versiones electrónicas de Debussy, precisamente. Resulta muy interesante que Tomita haya creado un disco entero en torno a temas de Debussy, considerando que éste es uno de los primeros compositores de Música Selecta que podemos llamar modernos. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, en efecto, Debussy fue uno de los compositores que rompió con el concepto de tonalidad tradicional, tal y como había sido codificado en los tiempos de Johann Sebastian Bach entre siglo y medio a dos siglos antes, explorando nuevas maneras de componer música que crearon efectos de sonido asombrosos para la época. La música de Debussy en general es, dentro de la Música Selecta, de lo más parecido que existe a algo que podríamos llamar un paisaje hecho música, o música ambiental, precisamente por esta voluntad experimental, y este efecto de la música de Debussy, Tomita lo amplifica a la enésima potencia gracias a una muy juiciosa explotación de los recursos musicales que proporcionaba la electrónica en su día, incluyendo reverberaciones, simulaciones convincentes para la época de instrumentos reales, sonidos abstractos que no pretenden representar instrumento alguno, y la explotación de la entonces más o menos novedosa tecnología del sonido stereo.


Puede que no suene tan impresionante hoy en día. Incluso, escuchado sin más, el disco puede parecer increíblemente ingenuo. Pero debe considerarse que en la actualidad, crear música electrónica suele ser sinónimo de tener el programa adecuado en el computador. No es tan fácil como programarlo en modo automático a ver qué sale, salvo que estemos buscando crear punchi punchi simplista de discoteca, pero aún así es más sencillo que en los buenos y viejos tiempos. En la época de Snowflakes are Dancing, los computadores personales simplemente no existían. La música debía elaborarse de manera penosa y artesanal en sintetizadores análogos, y el resultado se imprimía en cintas magnetofónicas que después debían ser editadas de manera lenta y dolorosa. El proceso entero de grabar Snowflakes are Dancing tomó la friolera de catorce meses, en buena medida a las limitaciones técnicas de la época, llegando al extremo de que el propio Tomita debió hacer de ingeniero de sonido y crear sus propios circuitos e incluso sus propios instrumentos para conseguir tal o cual sonoridad deseada. El resultado es un disco de una sonoridad espacial, casi cosmológica, que se transformó en el sello de fábrica de Tomita, y que va muy acorde con lo que era el Japón futurista y cada vez más robotizado de sus días.

Además de obtener reconocimiento internacional, Snowflakes are Dancing se convirtió en un disco seminal para toda la futura música electrónica. Tomita siguió explorando esta veta de convertir Música Selecta tradicional en orquestación electrónica. En Pictures at an Exhibition de 1.975 tomó a Musorgski, y en el mismo año, en Firebird, adaptó El pájaro de fuego de Stravinski, más el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy y La noche en el Monte Pelado de Musorgski. En 1.976 lanzó The Planets, basado en la suite sinfónica Los planetas de Gustav Holst, lo que le valió algunos problemas legales por parte de los herederos del señor Holst, por el siempre espinoso tema de los derechos de autor, lo que ha convertido a este disco en una rareza... disponible en YouTube. En 1.979 se atrevió con Maurice Ravel, con un disco titulado Daphnis et Chloé por el ballet compuesto por éste, aunque la versión internacional más allá del archipiélago nipón, fue lanzada con los títulos alternativos de Bolero en Norteamérica, o The Ravel Album en Europa.



Mención aparte merece el trabajo de Tomita como compositor de bandas sonoras. Tomita no se prodigó demasiado en la materia, pero dejó algunos trabajos en esa línea. Ya hemos mencionado su colaboración con Osamu Tezuka. Pero su banda sonora más memorable es, quizás, la compuesta para la película Apocalipsis 1999, de 1.974; el argumento de la misma gira en torno al inminente fin del mundo, la guerra nuclear y el surgimiento de mutantes caníbales, mientras que los héroes luchan por evitar la inminente extinción de la raza humana guiados por las profecías de Nostradamus. La película es muy difícil de encontrar debido a la protesta en su contra por parte de varios grupos de opinión, y no hace mucho más fáciles las cosas el que tenga varios títulos: Nosutoradamusu no daiyogen (Las profecías de Nostradamus) en japonés, y los títulos alternativos de Catastrophe: 1999 o The Last Days of Planet Earth en inglés. A diferencia de su trabajo íntegramente electrónico, Tomita aquí mezcla elementos electrónicos de manera más o menos sutil, casi como música ambiental, con una orquestación más tradicional. El resultado es, en efecto, la música que debería sonar si algún día debemos afrontar el fin del mundo: el tema principal es simplemente sobrecogedor, mientras que el tema romántico es quizás algo simplista, pero enormemente efectivo.

También mencionemos que uno de sus temas, The Sea Named Solaris, formó parte de la banda sonora de Cosmos de Carl Sagan, en 1.980. The Sea Named Solaris es el arreglo que hizo Tomita de dos temas de Johann Sebastian Bach, en concreto Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ (BWV 639) e Invención en tres partes número 2 (BWV 788), y fue incluido en el disco Kosmos de 1.977. Esto no debería resultar una sorpresa, si se considera el uso extensivo que hizo dicha serie televisiva de música vanguardista moderna, o lo que era vanguardista y moderno para 1.980, por lo menos. Y hablando de música cósmica, el mencionado disco Kosmos incluye también una versión del tema principal de Star Wars de John Williams, en arreglos electrónicos.


A partir de la década de 1.980, Tomita fue poco a poco eclipsándose, quizás en parte devorado por su propio éxito. Después de todo, en conjunto con Kraftwerk y hasta cierto punto Vangelis, Tomita le enseñó al mundo que podía hacerse música popular exitosa armado únicamente de instrumentos electrónicos, y esto pavimentó el camino hacia la música electrónica de la década de 1.980. Y se quiera o no, la música de Depeche Mode, Eurythmics, Erasure, etcétera, era mucho más simple y accesible que el trabajo de Tomita, que comenzaba a sonar como algo trasnochado y un poco ingenuo. Así, su obra pasó a ser campo de conocedores, y por qué no decirlo, con algo de pena por supuesto, pasto de esnobs. No ayudó por supuesto que de los dos posibles campos de fanáticos que podían surgir en torno suyo, Tomita fuera un tanto alienígena para ambos: demasiado elaborado e ingenuo para los fanáticos de la música electrónica, y demasiado electrónico para los fanáticos de la Música Selecta. Aún así, el maestro siguió en activo y bien activo hasta la fecha de su muerte, además de recibir reconocimientos y homenajes; en 2.015, por ejemplo, recibió el Premio de la Fundación de Japón, como contribuyente a mejorar las relaciones entre la cultura japonesa y la del resto del mundo. Un premio muy merecido, por lo demás. Porque como hemos dicho, el nombre de Tomita es esencial para entender el paso de la música electrónica, desde su nicho primigenio en la experimentación vanguardista, hasta un estilo de gusto popular y masivo.



domingo, 8 de mayo de 2016

Snobbish.


Aprendí a escribir, leer y hablar inglés un poco en dos pasos. El primero de ellos fue el colegio, en donde a lo largo de la Enseñanza Media tuve la suerte de contar con una excelente profesora de inglés. El segundo salto se produjo cuando, por encuentros con otras personas, mis gustos musicales se ampliaron hacia esferas que en ese entonces eran bastante raras. Hasta entonces, mis nociones de música anglo eran canciones llenas de "I love you", "I want you", "I need you", etcétera. Entonces descubrí que había bandas que podían tener letras como: "Opium, bring me forth another dream, spawn worlds of flesh and red, little jewels of atrocity" (Opium de Moonspell). O como: "Greet me my proud little soldiers of brown, purple and grey... Carry us on your shoulders, carry us far away" (Teonanacatl de Tiamat). O como: "Believe? In a deily long dead? I would rather be a pagan suckléd in creeds outworn, whith faärtytales fill'd up in head, thoughts of the Book stillborn" (And When He Falleth de Theatre of Tragedy). O como "A son in search for the truth following the pages of Almagest, discovering the origin of dreams, stargazers ride through the ancient realms" (Stargazers de Nightwish). Tratándose de mí, que cuando escucha una canción no sólo se deja impresionar por la melodía o por lo cool del sonido, sino que también quiere saber qué está cantando, me era inevitable meterme en el laberinto de qué decía la letra; a través de semejante entrenamiento del infierno es que llegué a perfeccionar mi inglés. Hablo de una era en donde todavía no existía Darklyrics ni Lyrics Wikia, y por lo tanto, si uno no tenía la edición original del album con el booklet respectivo, agenciarse dichas letras era un parto; y ni hablar de traductores en línea u otras ocurrencias. Y por cierto, después de los ejemplos antedichos, el que siga diciendo que la música gótica es para gente con desperfectos en la azotea, que se tire a un pozo; hace falta mucha más inteligencia para entender y asimilar estas letras, que para el último hit K-Pop, o, peor aún, para el reguetón.

El caso es que, aprendiendo inglés al mismo tiempo que crecía mi cinismo, empecé a encontrar un cierto regusto en saber algo que los demás no. Hoy en día está más difundido el saber inglés, gracias a Internet, y además debido a que suele considerarse como un plus saber hablar de tú a tú con los anglosajones, pero en la época, dominar el inglés hasta el punto de mantener conversaciones aceptables en dicho idioma era algo cercano a entender la cábala hebrea. Y sucedió lo inevitable, cuando a uno se le van los humos a la cabeza: mi propio idioma se impregnó de palabras en inglés.

En esa época conocí también a algunas personas que, por un motivo u otro, también sabían inglés. Fuere por el colegio, fuere por escuchar música anglosajona. En general, quienes preferimos la música anglosajona a la castellana solemos tener un nivel cultural superior porque, se quiera o no, y le duela a quien le duela, el grueso de las innovaciones musicales viene desde allá. ¿Qué otra cosa fue el famoso Rock Latino estilo Soda Stereo, sino una reinterpretación del Post Punk, el Synth Pop, la New Wave y el proto Rock Gótico que venían de Inglaterra? El caso es que los gustos musicales se transformaron en una excelente autopista para reconocernos entre nosotros como parte de esa casta superior que sabía hablar inglés.

Y entre nosotros, empezamos a comunicarnos de tal manera. En la época empezaba a difundirse el correo electrónico, y los correos de esa época entre quienes sabíamos inglés, estaban plagados de terminología en dicho idioma. A veces, incrustando palabras en inglés; a veces escribiendo el mensaje entero en dicho idioma. Podíamos decir lo mismo en castellano, pero era más cool hacerlo en inglés; era nuestra contraseña, nuestra manera de reconocernos como mejores y superiores, culturalmente hablando a lo menos.

Pasaron los años, y por una serie de razones, mi mentalidad empezó a evolucionar en otra dirección. No sabría decir en qué minuto ocurrió. Simplemente, empecé a sentir desagrado del híbrido Spanglish. Poco a poco, mi literatura se transformó en purista castellana. Hoy en día, es raro que inserte palabras inglesas en mis textos. Lo hago de tarde en tarde, cuando el término inglés es más preciso que el castellano, o por producir un efecto irónico, o por ambos motivos a la vez. Pero no es un recurso que utilice demasiado. Si puedo usar una palabra castellana en vez de la palabra inglesa, prefiero usar la castellana.

Lo que a veces me trae problemas. Tantos años expuesto a la cultura anglosajona, algo inevitable cuando se tienen ciertos gustos y aficiones, ha llevado a que muchas veces mi propia mente esté programada para pensar en inglés tanto como en castellano. A veces, escribiendo, descubro que la palabra que encaja de manera más natural según mi mentalidad es inglesa, pero una vez leyendo el texto, suena pedante o condescendiente, lo que me obliga a la dolorosa búsqueda del atavismo castellano de reemplazo que encaje con el sentido del texto. Pero una vez que lo encuentro, sé que el texto ha quedado redondeado. La prueba es que ustedes, acá en la Guillermocracia, rara vez leen palabras inglesas. Si leyeran los borradores de los posteos, encontrarían bastantes más de las que finalmente llegan a la línea de llegada que es la publicación definitiva.

Lo irónico del caso es que hay personas con las que me contactaba con esas fechas, que siguen expresándose en inglés. Queda muy lindo. Queda muy cool. Y en general, me aburre.

(He usado varias veces la palabra cool en este artículo porque no conozco un término castellano tan potente y preciso para describir lo mismo. Es una excepción, como podrán ver).

En ciertos círculos arribistas, me he encontrado que es de buen tono usar palabras inglesas. Gente que prefiere ir al mall en vez de al centro comercial. O al outlet en vez de a la tienda de ofertas. O que va de shopping en vez de compras o el viejo y clásico vitrinear.

Se ha argumentado que muchos prefieren el inglés porque es un idioma más simple y directo. Mall: una sílaba. Centro comercial: cinco. En un mundo cada vez más acelerado, ser polisilábico parece ser una desventaja. Hablar o escribir parece ser una cuestión de asestar un golpe rápido, directo, contundente y brutal en la mente de la otra persona. La filosofía del meme rompedor, en definitiva. En este contexto, la parsimonia del castellano clásico parece ser algo fuera de onda. Tiene que ver, quizás, con la mentalidad arribista. El arribista lo quiere todo, y lo quiere ya. No hay tiempo para esperas ni para dilaciones. Desde un punto de vista psicológico, el carácter monosilábico del inglés es casi un vehículo de expresión para esa inmediatez narcisista.

Yo opino diferente. Me gusta la tranquilidad. Me gusta la sobriedad. Y el arribismo es, por supuesto, una lacra social. No hay nada de malo en luchar para salir adelante en la vida, y despedirse de la misma con un patrimonio mayor al que se tenía en el tiempo del certificado de nacimiento. Pero una cosa es la sana ambición por surgir en la vida, y otra muy distinta el arribismo; no en balde, el segundo es una exageración patológica de la primera, y quien padece de una patología, es una persona enferma. La meta de la vida es vivir sanos, no enfermos.

Y el idioma castellano se presta de maravillas para las antedichas parsimonia y sobriedad. A diferencia del inglés, el castellano es un idioma relativamente pobre en significación. Necesitamos trufar nuestro lenguaje de adjetivos porque los sustantivos castellanos son insípidos. Es un idioma muy rico en significados, sí, pero significado y significación no son lo mismo. En trazos gruesos, significado es el concepto, la definición, mientras que significación es el valor emocional de una palabra. El inglés funciona al revés: es un idioma muy rico en significaciones, pero muy pobre en significados. Piénsenlo: el castellano tiene un montón de sinónimos de significado parecido, pero no igual, sutilezas de las que carece el inglés, con una tasa inferior de sinónimos... pero a cambio, el inglés tiene onomatopeyas más coloridas y sonoras. En castellano, usted puede decir: parar, detenerse, frenar, etcétera, mientras que en inglés, usted lo sumerge todo en el concepto stop; pero por otra parte, cuando usted quiere detener realmente a alguien, es más sonoro gritar "STOP!" que "¡DETÉNGASE!". Creo que ya me entienden el punto. En definitiva, el inglés es un idioma más bien emocional, mientras que el castellano es un idioma más bien racional. El castellano, dije; que los castellanohablantes sepan sacarle partido, eso es harina de otro costal, por supuesto.

Ahora bien, aparece aquí otra conexión: el esnobismo y el arribismo son respuestas emocionales. Y la respuesta emocional es, por definición, infantil. La sana ambición es racional: se evalúan los pros y los contras, y se toma con método la decisión económica más eficiente. El arribismo es emocional: consiste en abalanzarse sobre lo que se quiere sin más. El ambicioso en su justa medida es una persona madura, mientras que el arribista es una persona narcisista e infantil. En este sentido, el uso entre los hispanohablantes del inglés con preferencia al castellano es signo de otra cosa: de infantilismo. Y con esto se cierra el círculo, porque como decíamos, el uso del inglés en medio del discurso hispanohablante tiene mucho que ver con una actitud o una pose cool, y, ¿qué es lo cool sino el intento infantil por transformarse en el centro de atención de todo y de todos?

Todo lo anterior no quiere decir que uno deba transformarse en un purista cervantino cuyo discurso deba volver a la era de Góngora y Quevedo, y expurgar la larga hilera de anglicismos, galicismos e incluso japanismos que han ingresado a nuestro habla en los últimos dos o tres siglos. El idioma no debiera ser un monumento tallado en roca granítica, estancado para siempre. El idioma es un medio para comunicar cosas, y siendo el mundo un lugar esencialmente cambiante, el modo de comunicar las cosas también debe cambiar. El propio Castellano nació cuando el Latín debió adaptarse a las necesidades idiomáticas de la península ibérica medieval, incluyendo una generosa inyección de jerga árabe para entenderse con mudéjares y moriscos. Un montón de galicanismos ingresaron a nuestro idioma como expresiones estiradas y pedantes que los españoles del siglo XVIII adoptaron para estar a tono con la dinastía francesa de los Borbones. Hoy en día, la mejor manera de referirnos en castellano a determinados avances tecnológicos, en particular dentro del área computacional, es importar términos desde el inglés. La cuestión aquí es integrar las adiciones y adquisiciones del idioma de una manera coherente con el resto del mismo. Meter la palabra inglesa sin más, a puñalada limpia, cuenta como un barbarismo. La palabra clave es coherencia, para que el idioma como un todo, sea un fluido armónico, no un mero pegote de elementos sin cohesión ni estructura.

Así es que me siento muy bien por haber pasado por esa etapa adolescente de autoindulgencia, tratando de meter un híbrido spanglish allí donde pudiera. Me siento muy bien por haber madurado y, creo, ser una mejor persona. Los estirados y arribistas me odiarán por eso, pero es algo esperable: los estirados y arribistas odian a todos aquellos quienes no les soban el lomo y alimentan su narcisismo de tragaderas insaciables. Al final del día, si los estirados y arribistas te odian, quiere decir que estás haciendo algo bien.

Y una nota final, por si no dominan el idioma. Snobbish en inglés significa estirado, pedante o pretencioso. Utilizo el término inglés en el título como ironía, por supuesto.

domingo, 1 de mayo de 2016

"Iron Man" versus "Iron Man".


Voy a perder de entrada a la mitad de los lectores de este posteo, pero la honestidad me obliga. Este posteo no tiene (casi) nada que ver con el superhéroe Iron Man de Marvel Comics. En vez de ello se refiere a dos canciones, que no son una cover de la otra, como no sea un parecido muy superficial en las melodías, pero que compartiendo el mismo título, son distintas. Pero hay un punto que las relaciona. O dos, si consideramos que ambas son técnicamente Heavy Metal. El otro punto es una cierta visión del transhumanismo, disímiles entre sí, pero no por ello menos interesante de comparar.

La primera y más famosa, por supuesto, es Iron Man de Black Sabbath. Tanto, que junto con Paranoid puede considerársela como una de las dos canciones que fundaron absolutamente toda la música metalera. La misma, o Heavy Metal si nos ponemos técnicos, venía existiendo de manera embrionaria por lo menos desde mediados de la década de 1.960, pero su elemento más característico, el riff de guitarra, fue codificado por el disco Paranoid, el segundo de Black Sabbath, y el segundo que ellos lanzaron en un muy productivo 1.970; dicho disco contiene las canciones Paranoid, por supuesto... y Iron Man.



Y ahora vamos a lo que nos interesa: de qué se trata la canción. Iron Man cuenta una historia de Ciencia Ficción que tiene algún punto en común con el concepto que catorce años después escenificará Terminator en el cine. Aunque Terminator, a su vez, se parece a un guión que Harlan Ellison escribió para el episodio Soldier, del programa televisivo Rumbo a lo desconocido, que fue estrenado en 1.964. Ellison demandó por plagio a los productores de Terminator, pero el asunto acabó en un acuerdo extrajudicial en 1.986. Lo mismo podía haber demandado a Black Sabbath, pero aquello no sucedió. ¿Acaso Black Sabbath era tan desconocido y contracultural, que ni siquiera dentro del ghetto de la Ciencia Ficción, uno de sus autores más destacados, nada menos que el antologador de Visiones peligrosas, lo conocía? Misterio.

El hombre de hierro del título, es en realidad un ser humano metalizado después de viajar al futuro: "Fue convertido en acero / En el gran campo magnético / Cuando viajó en el tiempo / Por el futuro de la Humanidad" ("He was turned to steel / In the great magnetic field / Where he traveled time / For the future of mankind"). El hombre de hierro ha viajado desde el futuro para advertir a la Humanidad que se avecina un apocalipsis inminente de alguna clase. Por desgracia, al convertirse en hierro, no puede comunicarse con los humanos, quienes por tanto no le hacen caso. Lentamente, pierde la cordura, y decide que esos patéticos humanos que se niegan a escuchar sus advertencias, tal vez harían mejor en morirse, después de todo: "Nadie lo quería / El sólo contempla al mundo / Planeando su venganza / Que pronto desatará" ("Nobody wants him / He just stares at the world / Planning his vengeance / That he will soon unfold"). Finalmente ocurre lo inevitable, lo predestinado: no sólo la Humanidad se irá al demonio, sino que será el mismísimo hombre de hierro, ahora enloquecido, quien pasa de advertir el apocalipsis, a provocarlo, en una perfecta paradoja temporal con futuro ya escrito desde el pasado y un pasado ya escrito desde el futuro: "El tiempo ha llegado / Para que el hombre de hierro extienda el miedo / Venganza desde la tumba / Mata a la gente que una vez salvó" ("Now the time is here / For Iron Man to spread fear / Vengeance from the grave / Kills the people he once saved").

Por supuesto, la canción presenta una visión muy cínica del transhumanismo. La transformación de los seres humanos en organismos cibernéticos, que es en definitiva lo que el hombre de hierro es, sólo puede acarrear el fin de la Humanidad, no por su evolución sino por su extinción. Por supuesto, no es una extinción completa: el ser humano del futuro que al viajar en el tiempo se ha transformado en el hombre de hierro, ha vivido en el futuro postapocalíptico como una persona de carne y sangre, con la sensibilidad suficiente como para que le importe regresar en el tiempo para hacer su intento de advertir a la Humanidad. De hecho, fría lógica aquí, no hubiera desatado el apocalipsis robótico si no hubiera enloquecido, y no hubiera enloquecido si no se hubiera visto frustrado en su intento...


Por supuesto que teniendo esto a la vista, tiene guasa que la canción de Black Sabbath se haya transformado un poco en himno no oficial de Tony Stark, en el Universo Cinemático Marvel. En la película Iron Man de 2.008 ya se hacía una conexión entre el personaje y la canción. Tony Stark no es un viajero del tiempo, por supuesto, pero dentro del Universo Cinemático Marvel, presenta concepciones claramente transhumanistas. Además, su personalidad abrasiva lo hace candidato ideal para, alguna vez, perder la cabeza y destruir el mundo. Sus armaduras salvaron a Nueva York de una explosión nuclear en Los Vengadores, vale, pero tampoco es menos cierto que en Iron Man 3, renunció a su pequeño reactor de bolsillo en el corazón y a sus armaduras, para ser un humano de carne y hueso, ¿quizás por temor a que la cibernética termine carcomiendo su alma? Eso, a diferencia del Tony Stark de los comics, que en el arco argumental Extremis de 2.005 recibía implantes cibernéticos para actuar con la armadura como un único todo: el sueño transhumanista perfecto.

Lo que nos lleva a la siguiente canción: Iron Man de Die Krupps. Ya nos hemos referido a Die Krupps en la Guillermocracia, a propósito de la banda spin-off Neue Deutsche Welle que fue Propaganda en la serie Synth80s, o de Germaniac su single de 1.990, o de su papel como precursores de la Neue Deutsche Härte, el movimiento musical mejor conocido como la música para conquistar Polonia que hace Rammstein. Por resumir un poco, Die Krupps lanzó su primer disco en fecha tan lejana como 1.981, con un sonido crudamente industrial, una obra conceptual conocida únicamente como Stahlwerksymphonie (algo así como Sinfonía de la acerera), para luego derivar a las aguas del entonces naciente movimiento EBM. ¿Qué es el EBM, preguntan ustedes? Piensen en Synth Pop a lo temprano Depeche Mode, a lo Erasure o a lo Eurythmics, pero más crudo, más agresivo, más... para invadir Polonia, digámoslo así.

En 1.992, Die Krupps le dio un giro a su sonido. Resulta obvio que se pusieron a escuchar Metallica como locos, como que lanzaron un EP llamado A Tribute to Metallica, que son siete covers de dicha banda con sonido industrial. Pero su trabajo definitorio fue el disco I (léase como uno romano); lo que hicieron en él fue mantener el sonido electrónico EBM anterior, pero añadirle guitarras metalizadas, girando así hacia el naciente Metal Industrial a lo Ministry o KMFDM, e inventando de paso la Neue Deutsche Härte, sonido que después codificaría la ya mencionada banda Rammstein. De hecho, corren rumores de que Rammstein tuvo algunos problemillas legales con Die Krupps, debido a que la canción Tier de Rammstein guarda ciertos parecidos con The Dawning of Doom de Die Krupps... En 1.993, Die Krupps redondeó todavía más su propuesta con el disco II - The Final Option, en el cual incluyeron el tema Iron Man que nos interesa aquí.



A diferencia de Iron Man de Black Sabbath, la canción de Die Krupps no cuenta una historia, sino que puede leerse, o escucharse mejor dicho, como una invitación a sumarse al transhumanismo. Así es, una invitación. Es decir, esta canción ofrece una visión más o menos optimista e idealista del transhumanismo: los implantes cibernéticos y la optimización del cuerpo humano sólo puede redundar en progreso. Los positivistas del siglo XIX hubieran suscrito estas ideas con mucho entusiasmo, probablemente. Al respecto, el estribillo es bastante claro: "Debilidad, esos días se han terminado / La vieja carne reemplazada por armadura brillante / Nuevos pensamientos, la mente expandiéndose / Trabajos reales que son demandantes / Este cuerpo es invencible / Perfección es el principio" ("Weakness - these days are over / Old flesh - replaced by shiny armour / New thoughts - the mind expanding / Real tasks - that are demanding / This body is invincible / Perfection is the principle").

Con todo, no debemos considerar que Die Krupps es una banda abiertamente transhumanista. Ya en Germaniac, usaban la metáfora de la mecanización del ser humano para ofrecer una sátira muy sarcástica de la caricatura respecto de los alemanes, de que dicha nacionalidad sería un montón de nazis. Y en la más reciente Robo Sapien de 2.013, se ofrece una visión más neutra sobre el mismo tema: "Somos la raza humana / Volviéndonos Robo Sapiens / Ven y siente mi frío abrazo / Yo soy el Robo Sapien" ("We are the human race / Turning into robo sapien / Come feel my cold embrace / I am the robo sapien"), con un videoclip que parece rodado por el mismo equipo productor de Soldado universal, y más o menos con la misma idea de que el transhumanismo deshumaniza, si se me permite el trabalenguas.

No son las únicas canciones que andan dando vueltas allá afuera sobre el tema, por supuesto. Pero ya habrá tiempo para repasarlas.

Maldita tentación. Publiqué esta imagen sólo porque la polera es de la canción de Black Sabbath, ¿vale...?

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