domingo, 24 de abril de 2016

Por qué no leo cómics de superhéroes del siglo XXI.

Escena de Final Crisis número 3.
Puede parecer algo fuera de tiesto, viniendo de un bloguero que ha publicado varios artículos acerca de cómics, incluyendo Superman 75 años y Batman 75 años, series de seis posteos cada una, acá en la Guillermocracia. Pero en realidad, el cómic de superhéroes del siglo XXI no me gusta. Por lo menos, no los manufacturados por los dos grandes, DC Comics y Marvel Comics. Afuera hay otros cómics bastante interesantes, como por ejemplo Tom Strong de Alan Moore, pero cuando uno piensa en superhéroes, piensa en el duopolio DC / Marvel.

En realidad, mi contacto más profundo con el mundo de los cómics vino recién desde mediados de la década de 2.000, en particular gracias a la explosión de la blogósfera, en donde numerosos blogueros se dedicaron a hablar de cómics, aprendiendo mucho de la materia gracias a ellos. De manera previa, y todavía hoy, mi gran especialidad artística es la Literatura, no el llamado Noveno Arte. Lo que no quita el que haya leído mi ración de cómics, por supuesto, pero mi incorporación al género fue más bien tardía. En mis años de adolescencia podía encontrárseme con un libro entre las manos, no con una grapa de cómic.

Pero a pesar de todo, nunca he logrado superar mi desagrado ante el cómic de superhéroes del siglo XXI. No sabría decir en qué año o evento fijar el salto de tiburón, en lo que a mi opinión personal se refiere. El cómic de la década de 1.990 era demasiado oscuro, y sacrificaron historias y personajes a destajo en beneficio de lo cool mal entendido, pero aún así era posible encontrarse con grandes obras maestras; Kingdom Come se me viene a la mente, una maravilla de cómic cuyo planteamiento y guión no tienen nada que envidiarle a la novela promedio de un galardonado por el Premio Nobel. Pero el siglo XXI es otra cosa. Algunas obras maestras deben haber, pero entre el berenjenal me es difícil encontrar.

Lo primero que me echa hacia atrás del cómic de superhéroes del siglo XXI es el dibujo. Soy consciente de que el dibujo de la Edad de Plata muchas veces pecaba de exceso de ingenuidad, pero lo prefiero con creces a lo que se publica actualmente. Demasiada pose, demasiado cuerpo hipermusculado y apolíneo, demasiada exhibición de bíceps, busto, nalgas, etcétera. En lo personal, me cansa. Es lo cool llevado al máximo. Es la pesadilla de tener el legado de Todd McFarlane repartido por todas partes. Ese estilo de dibujo funcionaba en Spawn debido a la naturaleza misma del cómic de marras, pero no creo que Green Lantern u otros personajes parecidos se beneficien de la misma manera. Son personajes retratados de manera tan potente y heroica, que termino por no conectar con ellos. Para mí, esos no son seres humanos, sino alienígenas. Entiendo que para vender los cómics deban dibujar a las chicas todo lo sexy que se pueda, y no voy a ser tan cínico como para denostar un aspecto que me parece placentero... pero después de la enésima chica dibujada con un cuerpo imposible, en una postura también imposible, usando sus superpoderes de una manera más imposible sobre todo lo imposible anterior, la conexión se rompe. Para mí, es el equivalente el dibujo de la chica del mundo real que se arruina a sí misma colocándose pechos de tallas imposibles, adelgaza hasta la anorexia, y se echa un litro de bótox en los labios; el efecto no es que se vea más sexy, sino el ridículo.

Y todo ello, en escenarios absolutamente imposibles. Las arquitecturas son opresivas y agobiantes: mucha casa vieja, mucho callejón, mucho edificio corporativo sin vida... No pareciera que el dibujante pone el mínimo de amor en dibujar sus fondos. Todo lleno de detalles, pero extrañamente sin vida. Todo complementado con colores falsos que crean una atmósfera todavía más orwelliana. Un montón de negro para la noche, un montón de rojo para el día. Y lluvia. Mucha lluvia.

Y siguiendo con los personajes. El grueso de ellos son serios, pedantes, estirados. ¿En dónde quedó el sentido del humor? Tratan de crear historias tan épicas, tan grandilocuentes, que se olvidan de descender desde lo alto. Todos los personajes son imponentes, pero en un universo en donde todos son imponentes, nadie lo es. Quizás, parafraseando a Ana Karenina, se trata de que todos los personajes normales se parecen, pero todos los superhéroes son desgraciados a su manera. Todo ello complementado con el abuso del globo de texto para reflejarnos la rica vida interior de los personajes... que por lo general, a poco que uno analice, tiende a ser más bien banal. Porque cuando uno lee sobre el enésimo héroe torturado por tener superpoderes, en circunstancias de que uno se daría la vida bomba teniendo esos mismos poderes, entonces adiós. Superhéroes con problemas del Primer Mundo, por decirlo más claro.

Todo lo anterior, al servicio de historias que se extienden como cánceres en torno a cincuenta millones de publicaciones. Si quieres seguirle el rumbo a Superman, o a Batman, o a los X-Men, entonces tienes que adquirir una tonelada de cómics por separado. Porque cada uno de ellos tiene no una sino varias revistas. Algo que ha alcanzado su paroxismo en los malditos eventos en donde usted tiene la publicación principal de seis a doce números, las publicaciones del resto de la casa, las ediciones especiales y tie-ins que son una o varias precuelas, una o varias historias sobre sucesos que ocurren en paralelo, una o varias historias de consecuencias de todo lo visto... es demasiado. Las novelas de Harry Potter o de Juego de Tronos podrán ser bastante masivas, pero al menos se leen en hilera una detrás de otra, y después de ese esfuerzo ingente, uno se queda listo.

Por supuesto que el asunto va acerca del negocio editorial. Si un evento tipo Crisis de esto o aquello cubre en total cerca de un centenar de publicaciones entre la saga principal, las revistas en paralelo y los tie-ins, es porque habrá gente que irá y se comprará el cerca de un centenar de publicaciones, sea en grapa o en tomo. No tengo una muy buena opinión de esa clase de fanático. Las cosas son buenas en su justa medida. Existe la persona que le gusta el café y se toma una taza al día de un buen café. Existe otra clase de persona que le gusta el café y se toma cualquier porquería que vendan con ese rótulo, varios litros al día, y en la noche también porque con tanta cafeína no podrá dormir. Yo soy del primer tipo de consumidor, pero las editoriales rentabilizan más apelando al segundo tipo de fanático, el que se traga lo que sea, y las consecuencias las pagamos nosotros. Para eso, mejor no embarcarse en el enésimo evento de la casa.

Lo que nos lleva a los problemas de cinemática, el odioso decompressive storytelling. Una historia sin demasiada chicha, que daría para un número o dos a lo sumo, es estirada hasta seis números para cubrir el tomo en que después se venderán las grapas. Lo que hace insufrible la experiencia de leerse las grapas, y un latazo leerse el tomo. Un ejemplo que se me ocurre es Extremis, con una historia que bien narrada hubiera cubierto dos números, pero se lleva seis. Y menciono Extremis porque dicho cómic, a pesar de todo, me gustó; qué queda entonces para el resto. La primera historia de Batman, la batalla contra el sindicato químico, tenía apenas una decena de páginas, y era apenas una historia más dentro de Detective Comics número 27. Esa misma historia, después de 2.000, la habrían estirado hasta seis números de veinticuatro páginas, y luego la habrían empastado y vendido en tomo. A Crisis en las Tierras Infinitas le bastaron doce números para introducir a prácticamente la totalidad de los superhéroes DC de la época; es cierto que el resultado era bastante caótico y es un cómic que debe ser leído con un cuidado supremo para no perderse, pero aún así...

En definitiva, echo de menos la época en que los cómics eran más inocentes y se tomaban menos en serio. Los cómics de Stan Lee son desarmantemente ingenuos e incluso algo ridículos para nuestra época, pero tienen una rabiosa alegría de vivir que los actuales no poseen. Después de sumergirse en los marasmos del demasiado serio cómic de superhéroes actual, lleno de personajes alienados y demasiado inflados, con narrativas en las que se entiende la mitad, nada más refrescante que volver a un cómic de la Edad de Plata de los de Curt Swan por ejemplo. Incluso a los cómics de la Edad del Bronce, que hoy en día se leen con algo de extrañeza, demasiado luminosos para tomárselos en serio pero demasiado oscuros para disfrutarlos con ingenuidad, pero que aún así produjeron obras maestras como la saga del Capitán América contra el Imperio Secreto o el Cuarto Mundo de Jack Kirby. Echo de menos la época en donde los cómics eran sólo eso, cómics, y no eventos destinados a lectores con demasiados problemas de autoestima, que necesitan de personajes leviatanes para sentirse identificados porque el verdadero cariño, el verdadero calor humano, es algo que les resbala. Echo de menos, en definitiva, el cómic que se hacía no con los dos ojos en la caja registradora, sino uno de ellos en esa dirección, porque no va a dejar de ser negocio por supuesto, pero con el otro ojo apuntando hacia el corazón.

domingo, 17 de abril de 2016

Despotismo ilustrado: Todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Carlos III de España por Anton Raphael Mengs, hacia 1.761.
Uno de los eternos quebraderos de cabeza de la vida en sociedad, es el problema de cómo vamos a gobernarnos. En una comunidad pequeña, conformada por unos poquitos grupos familiares, poner de acuerdo a todo el mundo tiende a ser sencillo. Pero a medida que la población crece, los intereses se diversifican, y lo más importante, hay más bienes materiales en juego con las cuales satisfacer las siempre insaciables ambiciones personales, y por lo tanto, se hace más imperativa la necesidad de introducir alguna forma de regulación, algún tipo de arbitraje, y por lo general, de darle a ese árbitro un buen garrote para que apalee a los insumisos que sigan queriendo ir por libre. Pero resolver la necesidad de paz social con un gobierno que haga justo eso, que gobierne, hace surgir otro problema: cómo arreglárselas para que ese gobierno no termine transformándose en lo que Jared Diamond llamaba una cleptocracia, o sea, una casta o élite de fulanos que terminan explotando al resto de la comunidad en su propio beneficio, y por ende, destruyendo la mismísima finalidad para la cual, en teoría, el gobierno fue creado o aceptado, o al menos tolerado, en primer lugar.

La Europa del siglo XVIII afrontó este problema de manera muy aguda. Hagamos un poco de historia. En la época del Renacimiento, Europa sufrió una enorme rearticulación política. El antiguo sistema feudal, así como el nuevo sistema de ciudades libres, fue progresivamente acorralado por monarquías absolutas que, aprovechando nuevos inventos como la contabilidad moderna, la imprenta de tipos móviles, los nuevos instrumentos bancarios, etcétera, utilizaron la escala de los estados nacionales para destruir o a lo menos someter al grueso de las autonomías locales existentes con anterioridad. En un sentido esto fue positivo, porque ayudó a crear una Europa más ordenada y estable. Pero en otro sentido, trajo una consecuencia indeseable: estos nuevos gobiernos eran monarquías nacionales que se mandaban y rendían cuentas a sí mismos, y punto. A esto se le llamó el Absolutismo. Si a un Luis XIV se le ocurría ir a la guerra, nadie iba a pararle los pies, y el resultado iba a ser, y de hecho fue, una enorme serie de sangrías descomunales. Y en lo interno, claro, quienes estuvieran bien con el monarca absoluto iban a prosperar, sin que hubiera el más mínimo o elemental criterio de justicia o beneficio económico en todo esto. Es decir, el Absolutismo llevó también al empoderamiento de un grupo de privilegiados, los aristócratas y el clero, mientras que el bajo pueblo tendía a hundirse en la más abyecta miseria.

Algunas almas sensibles se dieron cuenta de este problema, y se abocaron a resolverlo. Las razones son múltiples. Algunos eran almas idealistas que se embarcaron en la empresa por quijotismo. Otros veían con preocupación que los abusos de los poderosos degeneraran en alguna clase de rebelión o estallido social que lo hiciera saltar todo por los aires. Y los había que, simplemente, pensaban que era posible introducir mejoras en la eficiencia económica, suavizando algunos de los aspectos más crueles del Absolutismo. Y entra aquí... el despotismo ilustrado.

Catalina la Grande caracterizada como Minerva, escultura de 1.790 por Fedot Chubin.
Conceptualizar el despotismo ilustrado es difícil porque no se trata exactamente de un movimiento filosófico o de una doctrina. Ni siquiera puede decirse que hayan teóricos de peso en el despotismo ilustrado, o por lo menos, no de una categoría tan icónica como el obispo Bossuet lo fue del Absolutismo, Locke del Liberalismo británico, o Montesquieu de la separación de poderes. En realidad, el despotismo ilustrado fue más bien una práctica, la de aquellos reyes que por idealismo, o por simple y elemental sentido de la prudencia, decidieron introducir ideas procedentes de la Ilustración, el movimiento filosófico de moda en la época, y así mejorar la calidad de vida de sus súbditos. Pero todo esto, sin que los monarcas renunciaran un ápice a su propio poder absoluto. Esta filosofía ha sido resumida en una frase escueta y reveladora: "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo". O sea, el gobernante absoluto le cede todo al pueblo... excepto lo absoluto de su gobierno. Se dice que Catalina la Grande, déspota ilustrada ella, le dijo a su favorito Potemkin algo más o menos como lo siguiente, y valga la precisión de que cito de memoria aquí: "Debemos darle educación al pueblo, pero no demasiada, porque si el pueblo se educa de verdad, lo primero que harán será echarnos a patadas a ti y a mi".

Esto mismo se refleja también en la historia del monarca prusiano Federico el Grande, de quien ya hablamos aquí en la Guillermocracia a propósito de la Guerra de los Siete Años, y el filósofo francés Voltaire. En su juventud, Federico el Grande era un chaval entusiasta de las nuevas ideas, lo que en realidad no era exactamente raro. Federico es considerado una de las inteligencias más extraordinarias de su propio siglo, y no por nada, y encajonado como estaba en un país de segunda fila como Prusia, la idea de introducir principios filosóficos basados en la Ilustración para fortalecer la economía y la sociedad de su propio país, y hacerlo entrar en definitiva en las grandes ligas, era cuando menos un concepto atractivo.

De esta manera, Federico invitó a su corte a Voltaire, un filósofo francés famoso por su iconoclastia, y que por lo mismo, estaba llevando un mal pasar en su Francia nativa. Voltaire acabó como asesor personal de Federico el Grande, hasta el punto que se considera que un opúsculo del joven príncipe, el Antimaquiavelo, escrito para refutar las tesis de El príncipe de Nicolás Maquiavelo, en realidad sería obra de Voltaire como escritor fantasma. Pero después, Federico el Grande llegó a ser rey, y descubrió que gobernar era un arte un poco más sórdido y mezquino de lo previsto. Voltaire, que no tenía sobre sus hombros el peso del gobierno, insistió a Federico en reformas y cambios, y éste empezó a no hacerle caso. Chasqueado, Voltaire acabó por regresar a Francia, mientras que Federico, déspota ilustrado él mismo, en realidad acabó por no ser el tipo más reformista del mundo.

Federico el Grande de Prusia, en un retrato de 1.772 por Anna Dorothea Therbusch.
Todo esto no es exactamente novedoso. En realidad todo esto recuerda, y no por casualidad, los conceptos vertidos por Platón en la República, tratado filosófico que en la época de los déspotas ilustrados tenía ya la friolera de veintidós siglos. Platón planteaba un sistema político rígido y estructurado por castas, en donde a los súbditos, para mantenerlos en línea, debía contárseles una serie de mentiras acerca de los dioses y los héroes. A cargo de dicha sociedad debía estar un monarca absoluto, pero como un monarca absoluto puede derivar en un Joffrey Baratheon de la vida, entonces el rey debe también ser un filósofo porque los filósofos son la gente mejor y más sabia de todas, según Platón por lo menos, que según recordamos, era filósofo y no recolector de basura, por supuesto. Y si no se podía tener un rey filósofo, a lo menos había que tener un filósofo detrás del rey para que asesorara al monarca. El propio Platón lo intentó con Dionisio el Joven, tirano de Siracusa en Sicilia, hasta que Dionisio se cansó y Platón tuvo que hacer natación olímpica hasta Atenas para salvar el pescuezo. Algo más de dos milenios después, Voltaire y Federico el Grande repitieron la misma historia.

No se puede decir que los déspotas ilustrados no se pusieran con el progreso de sus naciones, aunque podemos añadir con una vena cínica, en muchos casos la propia corona se veía favorecida con las reformas. Bajo los déspotas ilustrados surgieron los primeros códigos legales, por ejemplo, que intentaban introducir algo de racionalidad en la frondosa y a menudo desordenada legislación anterior, unificando principios legales y corrigiendo privilegios particulares que resultaran abusivos. También introdujeron algo de sensatez en los procedimientos legales, aboliendo o a lo menos limitando la tortura por ejemplo. Lucharon contra los privilegios tributarios de la aristocracia, con mayor o menor éxito. Establecieron catastros para la tierra, lo que redundó tanto en los derechos de los campesinos, como en mayores recaudaciones impositivas para la corona. Intentaron abolir o a lo menos limitar las servidumbres. En general, intentaron humanizar un resto el sistema social, para que los pobres y menesterosos tuvieran siquiera un espejismo de protección frente a los abusos de los poderosos.

Y entre los pasos más audaces, estuvo el estimular la vida cultural. Los déspotas ilustrados intentaron en general promover una cierta tolerancia religiosa, lo que por supuesto servía para hacer entrar a los curas en cintura. Además fomentaron los cenáculos literarios y las academias de artes y ciencias, en lo que era el equivalente dieciochesco de lo que en la jerga tecnocrática actual se llama invertir en I+D. El espíritu general era que permitir y fomentar el libre debate de ideas por parte de eruditos e intelectuales, iba a significar un estímulo para la creatividad artística, a la vez que las ciencias iban a experimentar un desarrollo que permitieran nuevas teorías económicas que mejoraran la administración del Estado... y, por qué no, nuevas tecnologías que pudieran ser aplicadas al alegre arte de masacrar enemigos en la guerra.

Ejemplar de la Enciclopedia de 1.770.
Ahora bien, no debemos caer en el error de generalizar. Los monarcas europeos tuvieron reacciones muy dispares hacia este nuevo juguete que era el despotismo ilustrado. Por regla general, podemos decir, las naciones más atrasadas abrazaron el movimiento con mucho más entusiasmo que las más avanzadas. En Inglaterra, que había emergido de la Guerra de los Siete Años como la mayor superpotencia del mundo, y que de hecho ya era una monarquía constitucional, el despotismo ilustrado ni siquiera llegó a poner un pie. En Francia, por su parte, la más grande potencia militar del continente, bajo el gobierno de un huevo tibio y pasado por agua como lo era Luis XV, las ideas del despotismo ilustrado fueron intensamente combatidas por el clero, que adivinaban muy bien lo que tales ideas significaban para su base de poder. En la península ibérica, hogar de dos naciones que después del Tratado de Utrecht en 1.714 habían pasado a ser potencias de segundo orden, José I de Portugal y Carlos III de España abrazaron con cierto entusiasmo las ideas de reforma al interior del Estado, y de hecho llevaron a cabo importantes proyectos de modernización... lo que no impidió al marqués de Pombal, favorito del monarca portugués, aplicar una drástica persecución política a todos los enemigos de la corona. Y en el centro de Europa, que después de la Guerra de los Siete Años iba en declive inexorable, así como en Rusia, que estaba emergiendo como la gran superpotencia del este, las ideas del despotismo ilustrado también fueron muy bien acogidas.

Y entonces vino el estallido contra los privilegiados de 1.789. Que se produjo no en alguna de las naciones que habían abrazado el despotismo ilustrado, sino en la más hostil de todas ellas: Francia. De pronto, los monarcas europeos descubrieron lo que pasaba si se dejaba salir fuera de todo control a las ideas ilustradas: podía ser que la plebe se tomara esos conceptos demasiado a pecho, agarraran a sus monarcas, y los pasaran por la guillotina junto con un montón de aristócratas para que la fiesta fuera de verdad en grande. Los reyes europeos tomaron nota, y a partir de 1.792 armaron sendas coaliciones para atacar y ojalá arrasar a Francia del mapa; las guerras subsiguientes vinieron a terminar sólo con el Congreso de Viena de 1.815, el mismo que desmembró al Imperio Napoleónico. Y lo más importante: que promovió una restauración brutal del Absolutismo, que a su vez generó otra oleada de revoluciones que vinieron a ocupar la mayor parte del siglo XIX. En la práctica, el estallido revolucionario de 1.789 significó que ya no podía haber lugar para un despotismo ilustrado que era demasiado para los monarcas, y demasiado poco para los revolucionarios.

Y esto nos lleva a un punto crucial, dentro de lo que es el despotismo ilustrado. En realidad, dicho movimiento político estaba destinado a fracasar prácticamente desde el minuto uno. Porque el despotismo ilustrado en definitiva intenta el imposible de mezclar agua con aceite. La Historia ha probado una y otra vez, que los regímenes políticos más eficientes son los que respetan los principios fundamentales de la democracia. El respeto a la vida, la seguridad y la propiedad de los ciudadanos generan para éstos una base económica sobre la cual pueden emprender y prosperar, y la sociedad en su conjunto termina haciéndose así más rica. Desde este punto de vista, la generación de una casta de privilegiados capaces de imponer su abuso sobre el resto de la sociedad, termina por destruir esa base de emprendimiento económico, y la sociedad entera se ve frenada y termina entrando en crisis. Así, cualquier política que busque una mayor prosperidad para los gobernados, pasa por combatir y limitar los privilegios.

Caricatura que muestra al tercer estado (los burgueses y el pueblo) cargando en andas a la nobleza y el clero.
En este contexto, el despotismo ilustrado fue un intento por parte de los privilegiados del siglo XVIII, de introducir ideas de respeto a la vida, la seguridad y la propiedad, conservando al mismo tiempo el estatus de los monarcas absolutos como privilegiados. Y ambas cosas son por definición antagónicas. Mientras más obligación haya de respetar la vida y la seguridad de los súbditos, menos armas legales tienen los gobernantes para perseguir a los disidentes. Mientras más obligación haya de respetar la propiedad o de mantener un sistema tributario racional y equilibrado, menos poder para hacerse ricos tienen los privilegiados. En definitiva, los monarcas absolutos y su camarilla de privilegiados, que devinieron en déspotas ilustrados, se veían ante la dramática realidad de que la mejor manera de conseguir los objetivos propios de los déspotas ilustrados, de fortalecer a sus naciones y a sus respectivas sociedades, era suprimir su propio poder absoluto. Es decir, los déspotas ilustrados intentaron incrementar su propio poder fortaleciendo a sus naciones, aplicando políticas y principios que, en última instancia, terminaban por negar ese mismo poder que estaban intentando incrementar, en lo que en definitiva venía a ser dispararse en el propio pie.

Y aún así, es significativo que el gran estallido revolucionario se produjera justamente en Francia, la nación más hostil al despotismo ilustrado. Los privilegiados franceses adivinaban muy bien lo que ocurriría si se aplicaban políticas de despotismo ilustrado a mansalva, se opusieron a ellas, y la situación de miseria resultante para el bajo pueblo fue tal, que llevó a la Revolución Francesa y a la decapitación en masa de los aristócratas. En buena medida, los restantes monarcas absolutos de Europa se libraron en buena medida de ese destino, justamente por haber mejorado en el intertanto las condiciones de vida de sus súbditos. Hubo estallidos revolucionarios fuera de Francia, siguiendo el ejemplo de la Toma de la Bastilla por supuesto, pero éstos no resultaron ni de lejos tan significativos o sangrientos como el de la misma Francia. Quizás el estallido más revolucionario y bestial de todos los que siguieron en la onda expansiva de 1.789, fue el que durante la década siguiente se produjo en Haití, y que remató en su independencia en 1.803... y no por casualidad, Haití era un territorio lacrado por la plaga de la esclavitud, y además, una colonia francesa, o sea, una que tenía el ejemplo casi a la mano.

Como hemos mencionado, la idea de fondo del despotismo ilustrado, ha ido surgiendo en otros tiempos y lugares, antes y después del siglo XVIII. De hecho, es casi una fórmula de supervivencia, desesperada por supuesto, para todos quienes se ven enfrentados al problema de cómo mantener a un grupo de privilegiados sobre una ciudadanía cada vez más descontenta con esos privilegios. Y es muy poco probable que esta historia no vuelva a repetirse. La tendencia de los sistemas políticos a generar castas de privilegiados, después de todo, es inherente al sistema, porque forma parte de la naturaleza humana misma el querer empinarse un poquitito por encima de los demás. Así es que, mientras haya sociedad e Historia humanas, lo más seguro es que la un tanto penosa historia del despotismo ilustrado se vuelva a repetir una y otra vez, con frecuencia quizás algo monótona.

La llegada de Isabel de Borbón-Parma para su boda con José II de Austria, pintura de 1.760 por Martin van Meytens.

domingo, 10 de abril de 2016

El horóscopo misántropo: Tu parte negra que tu astrólogo no quiere revelarte.


¿Sabe usted cuál es su grupo sanguíneo? ¿Su factor Rhesus? ¿Cómo anda el sístole y diástole de su corazón, o cuántas dioptrías de corrección necesitan sus ojos? Quizás no. Pero, ¿sabe usted cuál es su signo zodiacal? Seguro que ese dato sí que lo conoce. Esa es la influencia del horóscopo en nuestras vidas: es más probable que sepa usted cómo clasifica en un método de conocimiento que viene literalmente de la ciencia medieval y antes, que de cómo está funcionando su biología de acuerdo a los conocimientos de los últimos dos siglos. Porque el grueso de las persona sabe qué signo del horóscopo occidental es el suyo, el cual tiene una genealogía que arranca más o menos desde Mesopotamia. Los más osados conocen incluso a qué signo del horóscopo chino pertenecen. Y los realmente rayados con el asunto, llegan incluso a saber su signo del horóscopo azteca, navajo, coatí, o el que haga falta.

Por supuesto, parte importante del encanto del horóscopo y de las predicciones basadas en éste, es la hábil tendencia de los astrólogos para reforzar a su clientela. Es decir, los astrólogos le dicen a la gente que su signo es lo más de lo más porque tienen un chorreón de cualidades positivas, a continuación de lo cual le dicen que tienes que tener cuidado con tales o cuales características negativas, pero que de todas maneras no importa, que lo positivo supera a lo negativo, que si usted trabaja un poquito se superará, etcétera. Ningún astrólogo va a mirar su signo y decir: "Eres una mugre de ser humano, condenado más allá de toda remisión, tu signo apesta y tu ascendente te hunde más, y que lástima haber tenido la desgracia de conocerte". Por pura estadística, si la Astrología fuera una ciencia honesta, alguna vez debería suceder que a alguien le saliera el horóscopo fallado, de la misma manera como de tarde en tarde nacen personas que, por pura fatalidad, vienen con un cromosoma de menos o de más en la dotación genética. Pero si los astrólogos hicieran tal cosa, tendrían que cerrar el negocio. La gente quiere oir cosas bonitas, y un astrólogo honesto pronto se vería sin clientes deseosos de recibir de parte de las estrellas, esos halagos que no reciben en la vida real. Pura y dura selección darwiniana: la evolución favorece a los capaces de adaptarse, y eso incluye a los astrólogos obligados a adaptarse a la clientela. Pero no los culpemos demasiado por ello: existe otra especie de astrólogos que también mienten como bellacos para congraciarse con su clientela, y tampoco saben del futuro mucho más que el fulano promedio, y éstos se llaman economistas.

Pero como acá en la Guillermocracia consideramos la ecuanimidad como un valor supremo, pensamos que sería interesante trazar un retrato negativo de las personas, partiendo de las cualidades que se atribuyen de cada signo y que en conjunto conforman algo así como el lado oscuro de cada uno de esos mentados signos. Algo así como un horóscopo misántropo. Lo que viene a continuación no es invento. Es simplemente exagerar un poco más las cualidades negativas que los astrólogos suelen mencionar respecto de cada signo zodiacal. Algo así como si usted abriera el horóscopo del periódico, y se encontrara con el pronóstico habitual ("hoy día te levantarás con ánimo, tendrás buenas noticias en tu trabajo, cuidado en el romance, tus números de suerte son 5 y 42"), pero en versión negativa. ¿Por qué en versión negativa en vez de algo más, digamos, equilibrado entre lo positivo y lo negativo? Simplemente porque el lado positivo de cada signo zodiacal, usted lo encuentra en cualquier parte, mientras que el negativo es el que tiende a ser barrido bajo la alfombra, por las razones que reseñábamos. De manera que no lo lea usted como un retrato íntegro y cabal de cada signo zodiacal, sino más bien como un complemento gris o incluso negro, de los tonos rosados o pastelosos propios de otros horóscopos que andan circulando por ahí.

Luego de esta frondosa introducción, ¿tiene usted las agallas para enfrentar la cara negativa de su horóscopo? Entonces siga leyendo y diviértase buscando su signo y el de su pareja y amigos. O deprímase. No sé. Lo que resulte procedente. En cualquier caso, recuerde una cosa: acá en la Guillermocracia creemos en la ciencia y en la razón. Los horóscopos y la Astrología no son ni una cosa ni otra. Esto es sólo para diversión, y el presente posteo es para hacer un poco de comedia negra. Después de todo, si cada persona fuera definida en la base por su signo zodiacal, eso quiere decir que... ¡usted sería igual a la doceava parte del resto de la Humanidad! Somos en la actualidad unos 7.400 millones de personas, de manera que usted comparte promiscuamente signo con cerca de 600 otros millones de seres humanos. Si ustedes creían que Divergente era original porque en la novela y película se divide a la Humanidad en cinco facciones, ya ven que los babilonios hacían lo mismo pero con doce facciones, cuéntenlas bien, doce, hace la friolera de cuatro mil años atrás... Pero sin mayores preámbulos, vamos con el horóscopo misántropo, la parte negra de tu signo zodiacal que tu astrólogo favorito no quiere revelarte, aquí en la Guillermocracia.

ARIES (signo cardinal de fuego).-

Tu carácter prepotente y arrollador una vez más hará de las suyas, pasando a llevar los tiernos sentimientos de las demás personas y generando así una cuota más de rencor y resentimiento alrededor tuyo. Hoy te darán un buen consejo, que harías bien en escuchar, aunque entre la pared y nosotros, sabemos perfectamente que lo vas a ignorar porque eres Aries. Cuidado con la actividad física, hay riesgo de esguince en tu futuro. Tus números de suerte son los que son, y no los que se te antojan.

TAURO (signo fijo de tierra).-

Una vez más te veremos apoltronado en tu sillón favorito, haciendo nada por nadie, y harás tus comentarios lúcidos y prácticos de siempre, con tu especial sentido del humor algo paleto y seco de costumbre, y conseguirás que los demás sonrían por cortesía a tu alrededor. Hoy te ofrecerán un excelente proyecto, aunque como es un tanto revolucionario, lo más seguro es que pasarás de él, tradicionalista como eres. Cuidado con ignorar los exhabruptos sentimentales de tu pareja, podría ser que tu pareja tuviera razón en ese asunto. Tus números de suerte son los que son, y no los que te empecinas en que sean.

GÉMINIS (signo mutable de aire).-

Tu eterno jugar al vendedor de automóviles usados, cuchufleta y mentiroso, te estallará en la cara cuando se descubra la maraña de frágil mitomanía que has construido alrededor de tus proyectos. Hoy te embarcarás en una nueva empresa sin los papeles necesarios, y a la vuelta de algunos días, te encontrarás con que todo se te va a derrumbar como un castillo de naipes. Cuidado con mentirle a tu pareja, la mentira tiene las patas cortas, y si no es largo, debe ser el doble de eficiente. Tus números de suerte son los que son, y por más que lo intentes, no podrás conseguir que sean los que quieres únicamente palabreándolos.

CÁNCER (signo cardinal de agua).-

Tu actitud de eterno quejica tratando de inspirar ternura y lástima no te va a llevar a ninguna parte, con las gentes que han aprendido a ver tu juego y ya no están dispuestos a llevarte un pañuelito para las lágrimas. Hoy aparecerá en el horizonte un buen prospecto sentimental, que corres el riesgo de ignorar porque, después de todo, si fueras feliz tendrías que botar la máscara de payaso triste que tanto te gusta. Cuidado con la sopa de mamá, puede que te la sirvan demasiado caliente, y te quemarás la lengua tratando de no desairar. Tus números de suerte son los que son, acéptalo, y deja de llorar abrazando tu cobija y lamentándote de que no sean otros.

LEO (signo fijo de fuego).-

Ese orgullo arrogante y ese carisma son una combinación fatal, el día en que se te ocurra dirigir a todo el mundo más allá del borde de un barranco, al estilo lemming, y se terminen estrellando los que se terminen estrellando. Hoy te encontrarás con una persona que no te va a comprar el discurso de león rugiente, y te humillará enfrente de muchas personas. Cuidado con la gente de vocación anarquista, ellos no respetan ninguna majestad por delante, incluyendo la tuya. Tus números de suerte son los que son, por más que grites, chilles, berrees y patalees.

VIRGO (signo mutable de tierra).-

Ahora que, después de analizar la situación con el debido detenimiento, has llegado a la conclusión de que es prudente leer estas líneas, podemos decirte que tu propensión a pensar y darle vuelta mentalmente a las diversas facetas de la vida te impedirá disfrutar de las cosas buenas que tienes por delante. Hoy te caerán una oportunidad inmensa y una oportunidad pequeña, y por pensarlo tanto, terminarás quedándote con la pequeña y buscando pretextos para mentirte a ti mismo y decidir que la grande no era tan buena. Cuidado con tu relación, la falta de pasión no puede suplirse fingiendo. Tus números de suerte son los que son, deja de analizarlos tanto y aprovéchalos.

LIBRA (signo cardinal de aire).-

No te escribiremos a ti, querido Libra, porque sabemos que aún no te decides a leer o no leer este posteo. Así es que le escribiremos a tus amigos para que ellos te digan. Así es que: querido amigo de Libra. La eterna indecisión y ese punto manipulador de tener a toda la gente en vilo alrededor suyo, propio de tu amigo Libra terminará por impedirle juntarse contigo. Hoy, tu amigo Libra perderá otro amigo cuando éste se de cuenta de que hay gente más sincera y menos manipuladora, y sobre todo con carácter más amable, en otras partes. Díganle que tenga cuidado con bufetes, tenedores libres, menús de restoranes, y otras instancias de elegir su propio almuerzo. Sus números de suerte son los que son, no hay más opciones.

ESCORPIÓN (signo fijo de agua).-

Te crees seductor y atractivo con tus poses de calculado misterio, hasta que te das cuenta, y eso te revienta el hígado, de que todos sólo están siendo amables contigo; en realidad están mirando al Leo o al Libra de la habitación, porque no pasas de ser un pretencioso y un plomo. Hoy, el amigo al que no habías visto después de unos cuatro añitos, se reirá en tu cara diciéndote que te vio en la época en que había que cambiarte pañales, cuando intentes ensayar otra vez tu número de calculado misterio. Cuidado con tener demasiado cuidado: a veces, ser demasiado prudente significa dejar pasar las mejores oportunidades de tu vida. Tus números de suerte son los que son, deja de tratar de descubrir nuevos con ecuaciones tramposas.

SAGITARIO (signo mutable de fuego).-

Oscilando entre la neurastenia y la tentación eterna de una nueva fiesta, ocurrirá lo inevitable: toda esa gente que te encuentra divertido y asequible, terminará por fastidiarse de ti, y te encontrarás con un cornetín de cumpleaños, absolutamente solo. Hoy encontrarán que eso que estás haciendo es taaaan del año pasado, y te ignorarán. Cuidado con los baldoquines sueltos en la calle, volarse los dientes con uno de ésos es algo de lo que ni tú serías capaz de sacar una fiesta. Tus números de suerte son los que son, tómatelos en serio.

CAPRICORNIO (signo cardinal de tierra).-

Serio y circunspecto hasta en un concurso de quién ríe más fuerte, eres el ídolo de los fotógrafos de cédula de identidad, entre otras gentes aburridas hasta lo mortífero. Hoy, todos tus intentos por congraciarte con los demás fingiendo sonrisas, fracasarán de una manera estruendosa, y te encontrarás como un cacique sin indios a los cuales mandar. Cuidado con los redactores de horóscopos como el que está escribiendo ahora y al que estás leyendo: podrías encontrarte con un par de verdades que romperían a martillazos la bella autoimagen que te has forjado. Tus números de suerte son los que son, deja de soñar con que son otros.

ACUARIO (signo fijo de aire).-

Tus desquiciantes excentricidades seducen a mucha gente que te encuentran interesante, hasta que descubren que muy en el fondo eres un porfiado, dogmático y testarudo sabelotodo con quien es imposible llegar a lograr un buen equipo de trabajo. Hoy, cuando estés investigando algo, toda la gente aburrida con tus bruscos cambios de humor te darán la espalda, y te quedarás con la curiosidad insatisfecha. Cuidado con el helado de aceite de cochayuyo hervido, siendo el único atrevido capaz de probar un menjunje semejante, serás también el único que habitarás los próximos cuatro o cinco días en el baño, muy cerca de la taza del mismo. Tus números de suerte son los que son, no pierdas el tiempo metiendo la mano al sombrero para sacar otro papelito a ver si te sale otro número más a tu gusto.

PISCIS (signo mutable de agua).-

Tu carácter de pez frío y resbaladizo terminará por alejar a toda la gente alrededor, que tratará contigo con una mezcla de condescendencia, diplomacia y desdén. Hoy, tu pareja se aburrirá de tus eternas indecisiones, y se buscará a alguien más hot con quien estar. Cuidado con los horóscopos misántropos como éste, podrías sugestionarte y de verdad terminar perdiendo a tu pareja o a otras personas alrededor. Tus números de suerte son los que son, deja de esperar que los demás te traigan otros números distintos.

OFIUCO (signo de no sé de qué se yo).-

Lo tuyo ni siquiera es un signo, se lo inventaron los astrónomos para tratar de cargarse a los astrólogos, y no les funcionó. Hoy, no existirás porque tu signo no existe. Cuidado con no existir. Tus números de suerte no existen.

Y para rematar...

No sé si están al corriente, pero si no es el caso, aquí lo comento. Los signos del zodíaco están sometidos a un movimiento de la Tierra llamado la precesión de los equinoccios. Este es un movimiento del eje terrestre, que gira como una peonza a razón de un giro completo cada 26.000 años, de manera que el Polo Norte que ahora apunta a la Estrella Polar, o Polaris de manera más técnica, en 13.000 años apuntará a la Estrella Vega. Como cada signo zodiacal cubre la duodécima parte del cielo, entonces la posición de los signos en el cielo se mueve un casillero en la duodécima parte de esos 26.000 años, o sea, cada algo más de dos mil años. Siendo que la Astrología se inventó en la antigua Babilonia y por lo tanto hace unos cuatro mil años atrás ya estaban circulando los actuales signos zodiacales... entonces cabe la posibilidad de que tu signo zodiacal ni siquiera sea tu verdadero signo zodiacal, sino uno que esté emplazado a una o dos posiciones de la rueda del zodíaco, dependiendo de las tablas astrológicas que se usen para calcular tu carta astral. O sea, puede que las características negativas de su signo listadas arriba ni siquiera sean sus características negativas, sino que usted tenga que retroceder uno o dos casilleros para leer esas otras características negativas... Si usted todavía cree en el horóscopo, ahí tiene algo para ir pensando por el camino.

domingo, 3 de abril de 2016

Tengen Toppa Gurren Lagann: El universo no basta.


El nervio y espinazo del anime japonés durante las décadas de 1.970 y 1.980 fueron los mechas. Hitos para el bronce en materia de mechas: Iron Man 28, Mazinger Z, Getter Robo, Gaiking (El Gladiador en Latinoamérica), Dancougar, Gundam, Macross, Patlabor, Neon Genesis Evangelion... El listado es interminable. Pero de pronto, algo pasó. No es que los mechas hayan dejado de producirse. Pero el auge del shonen de pelea, anunciado por El puño de la estrella del norte y seguido después por Dragon Ball y Caballeros del Zodíaco, llevó a un cierto eclipse del mecha, en beneficio de las artes marciales y superpoderes místicos. Las historias de mechas que se han producido con posterioridad a Neon Genesis Evangelion, han tenido un cierto componente de deconstrucción o parodia, como si los mechas ya no fueran cool, y hubiera que pedir perdón por introducir alguno en la historia. Hasta que dentro de este marasmo, en 2.007, se estrenó... Gurren Lagann. Título con el cual se conoce en Occidente a la serie cuyo título completo en japonés es Tengen Toppa Gurren Lagann.

Si les parece un título largo, es que no saben cómo se titula la canción principal de la misma. A pesar de lo que dice el estribillo, que ustedes después de escuchar el tema no dejarán de cantar, no se llama y no digan por ahí que se llama Row Row Fight the Powah (aunque pueden buscarla por ese título en YouTube). No, el tema de la serie se llama Rap wa Kan no Tamashii da! Muri wo Toushite Douri wo Kettobasu! Ore Tachi dai Gurren Dan no Theme wo Mimi no Ana Kappo Jitte yo~ Kukiki Yagare!!... o si lo prefieren en castellano: ¡El Rap es el alma del hombre! ¡Nosotros pateamos la razón a un costado para hacer posible lo imposible! ¡Abre tus oídos y escucha el tema de nuestro equipo Dai-Gurren! Acostúmbrense. La serie entera es así. Es un rap. Pero el tema Libera Me From Hell mezcla Rap con Opera, y aunque parece una combinación antinatura... ¡Funciona! ¡Y el resultado es asombroso! Ya debería aprender un par de cosas Steven Jablonski, el tipo que compone bandas sonoras para Michael Bay.



Por alguna razón, alguien pensó que era buena idea encargarle una historia de mechas supuestamente convencional, a los estudios Gainax. Los mismos detrás de Neon Genesis Evangelion. Como no podía ser de otra manera, el resultado es una burrada de dimensiones cósmicas. Burrada en el buen sentido de la palabra, valga la aclaración. A lo largo de 27 capítulos, asistimos a la saga del equipo Dai-Gurren, en su lucha para liberar a la Tierra de una enorme cantidad de enemigos.

Trataremos de hablar sobre la historia sin mandarnos spoilers de importancia. Porque si no han visto nunca Gurren Lagann, háganse un favor a ustedes mismos, y traten de verla tan virgen como puedan. Si son valientes, háganlo incluso confiando en mi recomendación, y sáltense todo el resto de este comentario.

Y háganlo rapeando Do the imposible, see the invisible, ROW ROW FIGHT THE POWAH!



Pero por si necesitan un poco más de recomendación. Gurren Lagann parte con una comunidad subterránea, sobreviviente de un apocalipsis en principio no demasiado bien especificado. Los protagonistas iniciales son dos, Simon y Kamina. El primero es un niño, y el segundo es una especie de hermano mayor adoptivo. Circulan leyendas de que más allá de la roca, hacia arriba, hay algo llamado cielo. Excavando y excavando, a lo mejor logran llegar hasta allá.

Las cosas se ponen un poco más interesantes cuando por accidente aparece un gunmen, y Simon descubre que puede controlarlo. Lo que es bueno porque los gunmen son las máquinas que invadieron la Tierra y ocasionaron el apocalipsis en cuestión. Por lo que pueda faltar en cuanto a información de trasfondo, Simon y Kamina se hacen amigos de Yoko, una chica de la superficie que es la clásica heroína de los estudios Gainax: poca ropa, mucho busto, y movimiento de pechos al estilo Baywatch. Entre los tres, deberán combatir a los otros gunmen que quieren recapturar a su gunmen perdido, y a partir de ahí, emprenderán una guerra en contra de los invasores de la Tierra, y descubrirán algunas cosas muy inquietantes sobre ellos, de paso.


¿A qué se parece Gurren Lagann? La primera parte, al anime de robots estilo Mazinger Z. O sea, existe un único superrobot que lucha contra la amenaza de la semana, en episodios mayormente autoconclusivos. Después, a medida que se suman tanto aliados como enemigos, el programa adquiere un cierto aire a Macross. Finalmente, cuando las cosas se vuelven realmente espesas, adopta un cierto tinte a Neon Genesis Evangelion, aunque sin llevar hasta el final la truculencia psicológica de su modelo. Adelantar más detalles sería rendir spoilers de importancia, de manera que no mencionaré estos puntos.

Es probable que Gurren Lagann caiga un poco mal a quienes buscan un anime en serio. La regla cardinal de Gurren Lagann es simplemente que cada episodio sea más bestia que el anterior, que cada nueva sorpresa haga caer la mandíbula más abajo que la anterior, y en definitiva, que cada escena de explosión y destrucción, cada frase para el bronce, cada nueva arma, cada cosa nueva que surja en la historia, sea más resultona que la anterior. Y lo consiguen de sobra. En cada episodio, uno se queda preguntándose cómo se van a superar para la próxima, que mamarrachada más grande se van a mandar... y lo logran. Se superan a sí mismos. Hasta el mismísimo gran final, por supuesto.

Irónicamente, a pesar de ser un programa de mechas, Gurren Lagann guarda bastantes parecidos con los shonen de artes marciales estilo Dragon Ball, en particular gracias a sus personajes demasiado machos o demasiado hembras para este mundo. Las batallas, eso sí, son cortas, de un par de episodios a lo sumo. A ratos da la sensación de estar viendo una parodia de Dragon Ball, pero con robots en vez de artes marciales.


Pero no se crea que el programa está exento de cierta profundidad filosófica. Por debajo de su aspecto de sátira u homenaje desmadrado a los mechas o a los shonen, el conflicto entre héroes y villanos es bastante más peliagudo que un simple enfrentamiento entre el bien y el mal, o entre los personajes que buscan construir con amor y respeto versus los personajes destructores que son egoístas y sádicos. Los villanos tienen sus buenas razones para hacer lo que hacen, y de hecho, desde cierta perspectiva, no parece tan descabellado desear que en realidad ellos ganen. No se puede adelantar más, precisamente para evitar el riesgo de spoilers.

Una recomendación adicional. Debido a la propia estructura del programa, cuyo principal atractivo es ponerse cada vez más bestia a medida que pasan los capítulos, los más aburridos son justamente los primeros. En los primeros seis o siete capítulos, no pareciera que estuviéramos viendo nada especial, o al menos, nada que no hubiéramos visto en otros programas de mechas, tratado además como una parodia bien poco graciosa. Pero luego viene cierta batalla cerca de un volcán, no daré más detalles al respecto, y las cosas dan un vuelco bastante espectacular, enrielando por fin la historia. A partir de ahí, la escalada ya no se detiene hasta el gran final.

Gurren Lagann le va a gustar sobre todo a quienes les gustan los mechas, y a quienes les gustan los personajes que van de chulos por la vida. Al resto del público, puede que les parezca algo absurdo y exagerado. Pero si ustedes crecieron viendo programas de mechas, háganse un favor y dénle una oportunidad a Gurren Lagann. Terminarán cantando Touch the untouchable, break the unbreakable, ROW ROW FIGHT THE POWAH!!!, con toda la felicidad del mundo.



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