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domingo, 28 de febrero de 2016

Premios Oscar: Veinte a treinta años tarde.

Argo se lleva el Oscar a la Mejor Película.
A estas alturas del partido, los Premios Oscar son una institución del cine. Una institución que no es apoyada necesariamente por la calidad, como lo testimonia el hecho de que numerosas películas galardonadas después han quedado sepultadas en el olvido, mientras que las perdedoras de determinados años se han transformado después en clásicos imperecederos del cine. Pero que se hizo su lugar por la más legítima de las maneras que conoce el sistema capitalista: publicidad a mansalva. Puede que no sean los mejores premios, pero los Oscares son los más publicitados de todos, y esa inyección constante de los mismos en la conciencia colectiva, por parte de la maquinaria propagandística de Hollywood, es lo que finalmente ha hecho el milagro de convertirlos en parte de nuestra cultura popular.

Por supuesto, los Oscares han recibido una enorme cantidad de críticas por diversas razones. Algunas más valederas que otras, pero todas ellas presentes. Como por ejemplo el privilegiar la estrategia de estrenar las películas candidatas a finales de año, para que estén frescas en la memoria de los jueces. O darle más espacio a los grandes estudios por encima de las películas independientes. O la indulgencia hacia las películas que tratan ciertos temas, como lo parodiaba brillantemente Lacrimógeno, un episodio de American Dad! en donde el villano quiere crear la película llorona definitiva, llamada significativamente Oscar Gold, y que trata de un niño retardado que durante el Holocausto debe esconderse con su familia en una buhardilla estilo Ana Frank, y que se vuelve alcohólico luego de que se muere su perro. Eso, por no hablar del brillante diálogo de Una guerra de película: "Mira. Dustin Hoffman, 'Rain Man', se ve retardado, actúa retardado, no es retardado. Cuenta mondadientes, hace trampa en las cartas. Autista, seguro. No es retardado. Sabes de Tom Hanks, 'Forrest Gump'. Lento, sí. Retardado, quizás. Aparatos en los brazos. Pero le cayó bien a Richard Nixon y ganó un campeonato de ping-pong. Eso no es retardado. Peter Sellers, 'Desde el jardín'. Infantil, sí. Retardado, no. Tú interpretaste a un completo retardado, hombre. Nunca hagas un completo retardado. ¿No me lo crees? Pregúntale a Sean Penn, 2.001, 'Yo soy Sam'. ¿Recuerdas? Hizo un completo retardado, se fue para la casa con las manos vacías"...

Pero no creo que eso, de aceptarlo como crítica, explique por completo por qué los Oscares tienen cada vez menos importancia respecto del público en general, por mucho que la prensa y la publicidad traten de hacernos creer lo contrario, tratando de sobornarnos incluso con los pezones bajo el vestido de Anne Hathaway. Yo tengo una teoría adicional respecto de los mismos, y que se relaciona con un retraso de la ética y las preocupaciones de las películas premiadas, y la ética y preocupaciones actuales de la sociedad. En mi concepto, el problema con los Oscares es que quienes eligen las películas, lo hacen pensando con una mentalidad de veinte a treinta años por detrás de la fecha actual, tanto en la técnica narrativa como en los temas tratados, cualquiera sea la fecha actual de la que hablemos con los Oscares. De tarde en tarde aparecen películas que son de rabiosa actualidad, vale por eso, pero son eso, excepciones. Y para tratar de probar mi aserto, es que haremos un breve y sumario repaso acerca de las películas que han obtenido el Oscar a la Mejor Película, entre sus orígenes y la actualidad.

Oh, bueno... una vez más no hace daño. Digo yo.
No hablo demasiado por las primeras películas premiadas con los Oscares, ya que no he visto casi ninguna. Lo que conozco de ellas, es por los trailers y los montajes diversos que aparecen por aquí y por allá. Pero la impresión que me dejan las películas entre 1.927 y 1.933, es el tener todos los tics y manías del cine mudo. Los Premios se hicieron una actualización cuando Sucedió una noche le birló el Oscar en las narices a Cleopatra en la séptima ceremonia, en 1.934; no en balde, Sucedió una noche es la película que sentó las bases para el género que sería conocido después como screwball comedy, y que iba a sobrevivir más o menos hasta La comezón del séptimo año de Marilyn Monroe, probablemente el último clásico de este género, más allá de revivals posteriores. La tendencia de actualizarse siguió con El motín del Bounty de 1.935, antes de retroceder con El gran Ziegfeld de 1.936. De las ganadoras del Oscar a la Mejor Película de la década de 1.930, la que mejor ha sobrevivido el paso del tiempo es Lo que el viento se llevó, estrenada en el año milagroso de 1.939, que sin negar las enormes virtudes que la han convertido en una de las mejores películas de todos los tiempos, es también una actualización del epic sudista clásico estilo El nacimiento de una nación de 1.915 o El maquinista de la General de 1.926, a los estándares suntuosos de una superproducción de su tiempo.

La década de 1.940 se inició de manera ambivalente: era difícil ignorar la existencia de la Segunda Guerra Mundial, lo que imponía lugar a un tipo de cine con más nervio. En 1.940 se lo llevó Rebeca, una de las pocas películas de Alfred Hitchcock en llevarse el premio para la casa, aunque el propio Hitchcock se quedó como nominado; el mismo Hitchcock jamás recibiría el Oscar al Mejor Director, y sus películas clásicas Vértigo, Intriga internacional y Psicosis serían ninguneadas en su tiempo sin misericordia, por cierto. En 1.941 se privilegió un drama social que, aunque ambientado en el siglo XIX, encajaba muy bien en el espíritu de la Gran Depresión... cuando ésta ya estaba remitiendo después de una década: Qué verde era mi valle batió así a El ciudadano Kane, no sólo de actualidad mucho más rabiosa, sino que en su retrato y parábola del ascenso y caída de la arrogancia humana, es perfectamente atemporal, así como a El Halcón Maltés, una de las películas más influyentes de todos los tiempos al codificar el llamado Cine Noir. Pero la actualidad es difícil de ignorar, y al menos dos películas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial se llevaron el premio a la Mejor Película: Casablanca en 1.943 y Los mejores años de nuestra vida en 1.946. En 1.947, el Oscar fue para El sol sale para todos, sobre un tema también rabiosamente de actualidad en esos años posteriores al descubrimiento del Holocausto y la Solución Final: el antisemitismo escondido detrás de las buenas maneras en la sociedad occidental. Aunque esta tendencia de ir a por la actualidad se morigeró en 1.948, dándole el premio a Hamlet, dejando de paso en el camino a la muy amarga y muy contemporánea, entonces y ahora, crítica social de El tesoro de la Sierra Madre.

En la década de 1.950 revivió la tendencia de premiar el gran espectáculo. En cierta medida, los Oscares involucionaron para premiar películas con cierto espíritu a la década de 1.930. Así fue como Un americano en París le birló el Oscar en 1.951 a Un tranvía llamado deseo. Al año siguiente, en 1.952, la Academia prefirió premiar a El más grande espectáculo de la Tierra, una inofensiva y no muy meritoria película de puro cine espectáculo, por encima de la rabiosa crítica social contra el Macartismo disfrazada de Western que es A la hora señalada (Sólo ante el peligro, en España); entre los nominados había otras dos películas también un tanto escapistas y ambientadas en el pasado nostálgico, que eran Ivanhoe y Moulin Rouge. Los tres años siguientes, el Oscar fue para películas algo más dramáticas, con cierta dosis de conflicto social: el dramón romántico de De aquí a la eternidad en 1.953, ambientada doce años antes en el ataque a Pearl Harbor, el contundente drama social de Nido de ratas en 1.954, y el drama romántico Marty en 1.955. Y casi como si se hubieran arrepentido, la Academia en los tres años siguientes premió a una notable cinta de aventuras... ambientada en el siglo XIX y con un espíritu no demasiado lejano a los epics de Errol Flynn en la década de 1.930 aunque sin su carga de espadachines por supuesto, cual es La vuelta al mundo en ochenta días en 1.956. Y otro drama de la Segunda Guerra Mundial doce años después de terminada la guerra: El puente sobre el río Kwai en 1.957. Y un romance de época ambientado medio siglo antes: Gigi en 1.958. Dentro de este mapa, premiar a Ben-Hur en 1.959 se siente casi como una bocanada de aire fresco, porque aunque también es un refugio en el romanticismo del pasado idealizado, al menos acredita el enorme auge que por esos días vivía el epic clásico, fenómeno que llevaba seis años rondando en Hollywood, desde El manto sagrado de 1.953.

Ben-Hur de 1.959. Once premios Oscar. Once.
La década de 1.960 vio fenómenos fílmicos claves como la consolidación de Stanley Kubrick, el cine contestatario que venía de Europa, y el nacimiento de la franquicia de James Bond, ¿y qué se le ocurre premiar a la Academia? Musicales, un género que ya en su revival de la década de 1.950 olía a un tanto rancio, y musicales de época además: ahí están West Side Story de 1.961, que al menos trataba de ajustarse a su época, al ser en esencia Romeo y Julieta en los barrios bajos hispanos de Estados Unidos, My Fair Lady en 1.964, La novicia rebelde en 1.965, y Oliver en 1.968. Por lo menos el premio de 1.960 fue para El apartamento, una ingeniosa deconstrucción de la moral puritana de Estados Unidos durante la Era Eisenhower... cuando ésta se encontraba en el último de sus ocho años. El Oscar para Lawrence de Arabia en 1.962 fue al menos merecido, porque la película en su época fue muy innovadora en la manera en que deben ser rodados los epics, aunque ahora no lo parezca tanto en buena medida por lo muy imitada que han sido en lo principal sus técnicas de edición con posterioridad; de todas maneras, Lawrence de Arabia le robó en la cara el Oscar a una película mucho más política e incómoda, cual es Matar a un ruiseñor con Gregory Peck. Lo más cercano a un premio para el entonces muy pujante y vanguardista cine europeo fue para... El hombre de dos reinos de 1.966, una interesante reflexión acerca del deber de obediencia al poder versus la obediencia a la conciencia personal, por más que su puesta en escena sea más reminiscente de los clásicos de Lawrence Olivier de dos décadas antes que de las tendencias cinematográficas más de avanzada en su tiempo. Sólo a finales de la década, la Academia tomó recibo de que el mundo estaba ardiendo en llamas y abrazó los problemas sociales de su tiempo, dándole el Oscar a la parábola antirracista que fue Al calor de la noche en 1.967, y al potente drama social Cowboy de medianoche en 1.969.

En los inicios de la década de 1.970, la Academia optó una vez más por refugiarse en visiones románticas del pasado de un cuarto de siglo antes (Patton en 1.970 y El Padrino en 1.972), o la América de entreguerras (El golpe en 1.973, o la mitad de El Padrino II en 1.974). De ese período, la única película que se aboca a problemas contemporáneos es Contacto en Francia de 1.971, que era y sigue siendo un percutante drama policial sobre el combate al narcotráfico en Estados Unidos. Eso sí, Contacto en Francia dejó en el camino a La naranja mecánica, película bastante superior en cuanto a innovación y filosofía. Interesamente, dos clásicos del cine de catástrofes, de moda en la época, se quedaron en el camino, aunque por una vez con una pizca de razón, si de calidad fílmica hablamos: Aeropuerto en 1.970 e Infierno en la torre en 1.974.

En la segunda mitad de la década es que la Academia empezó a tomar conciencia de la oleada de cine social que fue el sello de la época, y empezó a premiar películas que iban acorde con la crítica de la época contra el sueño americano: Atrapado sin salida y su examen de la locura en 1.975, Rocky y su cínica visión del submundo en los barrios estadounidenses en 1.976, Annie Hall y su deconstrucción de las cada vez más individualistas relaciones sentimentales de la época en 1.977, El francotirador y su entonces muy de avanzada crítica contra Vietnam en 1.978, Kramer versus Kramer y su muy ácida visión de los roles de género en la familia en 1.979, y Gente como uno y su crítica y examen de lo que es una familia en esos tiempos turbulentos en 1.980. Eso sí, en esta época se produjo uno de los más grandes ninguneos de todos los tiempos: Annie Hall le ganó como Mejor Película a La guerra de las galaxias, probablemente porque ésta era, horror de horrores, una fantasía escapista espacial... cuando en realidad La guerra de las galaxias es la película que codificó el actual blockbuster, como lo comentamos en Block40busters, y por lo tanto, acabó resultando una de las películas más influyentes de todos los tiempos.

Señor Allen, ¿esa cara es porque le está sacando el Oscar en las narices a La guerra de las galaxias...?
Y casi como si se arrepintieran de esta racha, la Academia inauguró la década de 1.980 refugiándose en un tipo de cine que intentaba reconstruir el tipo de cine que premiaban en la década de 1.960... y que ya olía a rancio incluso entonces. Ahí está Carros de fuego en 1.981, ambientada en ¡las Olimpíadas de 1.924!, que batió a la mucho más influyente Los cazadores del Arca perdida, y que hoy en día es recordada apenas por la banda sonora de Vangelis, si es que alguien hace la asociación en lo absoluto. O la épica, más o menos inofensiva y terriblemente aburrida Gandhi en 1.982, que dejó atrás a la mucho más recordada ET el extraterrestre, a la más potente Missing, y a mucho más ácida y actual Tootsie. O el aguado melodrama La fuerza del cariño en 1.983. O el epic ampuloso Amadeus en 1.984, casi del todo olvidado hoy en día pese a sus ocho Premios Oscar. O Africa mía en 1.985, un romance pasteloso pero muy cinematográfico, que era la peor de las cinco opciones posibles, porque las otras cuatro candidatas eran todas ellas mejores: El color púrpura, El beso de la mujer araña, El honor de los Prizzi, y Testigo en peligro. Después del interludio de 1.986, en 1.987 premiaron a El último Emperador, que podría haber sido rodada en la época de 55 días en Pekín de 1.963, y nadie hubiera notado demasiado la diferencia.

Hablamos del interludio de 1.986. En ella se decidieron a premiar a Pelotón, por lo que ya no hablamos de un regreso al epic clásico de la década de 1.960, sino apenas al cine social de la década anterior, lo que es una mejora. Esta tendencia a premiar cine social que hubiera estado bien diez años antes, siguió con Rain Man: Cuando los hermanos se encuentran en 1.988, y Conduciendo a la señora Daisy en 1.989, el primer intento por premiar a una película sobre el racismo desde Al calor de la noche veinte años antes, en una época en donde el tema del racismo volvía a levantar cabeza... pero no era cosa de premiar a una película sobre la cultura afroamericana contemporánea al estilo de Haz lo correcto en 1.990, así es que mejor era premiar a una película ambientada décadas en el pasado, con una señora racista pero muy amable que de pronto aprende a querer a su chofer negro, y su chofer negro muy servicial y buena gente. O sea, una película que criticara el racismo, pero de una manera suave e inofensiva, con un mensaje buenrollista para que nadie peleara. Esta tendencia a buscar la buena onda siguió ahora con el ecologismo, en una película que hubiera encajado bien en la era del New Age también de veinte años antes: Danza con lobos de 1.990, y su discurso acerca de lo muy buenos que son los nativos americanos. Para colmo, esos nativos ni siquiera son azules como los de Avatar...

Dentro de este contexto, el premio a El silencio de los inocentes en 1.991, un muy oscuro drama policial, resultó un golpe de timón inesperado y refrescante, por más que parte de la puesta en escena remitiera un poco al cine social de la década de 1.970; a la larga resultó un premio justo, de cara al impacto de la película en el cine y en la cultura popular en general, aunque quedaran en el camino piezas que, admitámoslo, fueron muy alabadas en su día pero acabaron por no tener la misma proyección, como La bella y la bestia o JFK. Pero luego, hubo que esperar hasta 1.994 para que la Academia se arriesgara con un premio más de actualidad, con Forrest Gump, aunque dentro de esa línea se lo merecía más Pulp Fiction, que resultó mucho más influyente a la larga.

¡Interpreto a un discapacitado! ¡Dénme mi maldito Oscar!
Pero el resto de la década, la Academia siguió con esa misma mirada nostálgica hacia el pasado. Los imperdonables de Clint Eastwood ganó en 1.992, es una excelente película, y se lo merecía mucho más que el dramón fácil de época que es La mansión Howard por ejemplo, pero no deja de ser una revisión del Spaghetti Western como género fílmico, lo que era por tanto más o menos equivalente a premiar un estilo de cine que había revolucionado el cine un cuarto de siglo antes, sin que la Academia parara siquiera mientes en ello en su día. En 1.993 prefirieron premiar a La lista de Schindler, que es un drama en general bien filmado, no digo que no, pero dejando de lado a la mucho más interesante y contemporánea En el nombre del padre, o a la más sólida y atemporal Lo que queda del día. Y entre 1.995 y 1.998 vino una racha de inofensivas películas de época con una moralina una vez más reminiscente del cine más conservador de treinta años antes, y que con una excepción, no han envejecido bien: Corazón valiente en 1.995, El paciente inglés en 1.996, Titanic en 1.997, la única que ha sobrevivido en condiciones, y Shakespeare apasionado en 1.998. Tanto Titanic como Shakespeare apasionado, acusan recibo de una tendencia de la época, el surgimiento de la moderna mujer empoderada que puede hacer lo mismo que un hombre, pero lo hace de manera descafeinada, sin demasiada crítica, que no cause demasiado daño, disgusto u ofensa. Luego del interludio de 1.999, la tendencia siguió con Gladiador, que gira sobre una premisa similar a La caída del Imperio Romano de 1.964, pero con esteroides.

Hablando del interludio de 1.999, ese año el Oscar fue para Belleza americana, un intento de construir un drama social más o menos contemporáneo. Probablemente el Oscar se lo merecían más El informante con Russell Crowe y sobre todo El sexto sentido, por lo general subvalorada por ser una película de terror y por lo tanto sin verdaderos valores artísticos, para los esnobs de toda la vida. Pero con el premio a Belleza americana, por lo menos se aprecia el intento por no quedarse anclados en una mentalidad rancia y conservadora de otra década. Además, se diga lo que se diga de Belleza americana, al menos le dio el puntapié de partida a una breve racha de películas de drama suburbano, lo que no deja de tener su mérito. Pero luego, en 2.001, retrocedió a un no tan brillante drama, cual es Una mente brillante. Luego se abocó a premiar a un género en ese entonces y hoy en día extinto para bien, cual es el musical clásico: Chicago se vendía como un musical clásico pero con un filo de crítica social, pero no se puede decir que haya sobrevivido bien la prueba del tiempo. Fue en 2.003 en donde por fin se pusieron plenamente con los tiempos, y la cultura friki tuvo su propio reconocimiento con el Oscar para El retorno del rey, que muchos leyeron probablemente de manera correcta más como un reconocimiento para la trilogía en pleno, que para la película en sí, que probablemente no es la mejor de éstas, aunque mantiene el tipo de las dos entregas anteriores. Recordemos que esta cultura friki moderna creció en el cine en la década de 1.980... mientras la Academia premiaba a Carros de fuego, Gandhi o Amadeus, como ya dijimos.

Entre 2.004 y 2.008 la Academia se puso al día... con la década de 1.990. Ya era tiempo. En 2.004 el premio se lo llevó Million Dollar Baby, un drama de superación femenina al estilo de 1.995, mezclada con eutanasia para darle el toque progresista moderno. En 2.005 decidieron ir sobre el tema del racismo una vez más, dándole el premio a Crash, lo que hubiera sido hot en 1.992, aunque quizás porque el tema de la homosexualidad era todavía demasiado, razón por la que Brokeback Mountain se fue derrotada para la casa. En 2.006, el premio fue simplemente para que Martin Scorsese no se muriera sin uno, a pesar de que Los infiltrados es muy inferior tanto a otras películas de Scorsese, como a la original Asuntos infernales hongkonesa de la cual es remake; que los villanos sean la mafia irlandesa, revela claramente que esta película tiene una mentalidad firmemente enclavada en la década de 1.990, y por su estilo de realización, es casi un thriller similar a los que rodaba Tom Cruise en la década de 1.990. En 2.007 el premio fue para No es país para débiles, que funciona casi como un compendio de las constantes del cine que los Coen venían desarrollando desde la década de 1.990, una vez más. Y en 2.008 fue el triunfo del multiculturalismo con Slumdog Millionaire, y un tipo de discurso firmemente anclado en... la primera mitad de la década de 1.990, cuando criticar a las culturas orientales se hizo más o menos impresentable, durante un tiempo a lo menos, y podían rodarse películas de ambientación islámica como Aladino (¡por Disney!) sin que nadie te acusara de antipatriota en Estados Unidos.

Racismo es maaaaaaaaloooooooo...
En 2.009, el premio fue inesperadamente para The Hurt Locker, que al menos intentaba ponerse al día con la Guerra de Irak. Pero luego, la Academia volvió a refugiarse en el revisionismo y el ejercicio nostálgico. El discurso del rey de 2.010 es en muchos sentidos similar al drama de época que la Academia premiaba treinta años antes, mientras que El artista de 2.011, siendo una película notable en muchos respectos, es por supuesto una revisión de la transición del cine mudo al sonoro, casi como si los Oscares quisieran de esta manera exorcisar el miedo creciente a quedar a trasmano de la Historia del Cine. Y en 2.012 volvieron la mirada, una vez más, hacia el drama social de época, premiando a Argo, una película no sólo ambientada más o menos en 1.980, sino también muy deudora de la estética y resortes narrativos propios del thriller setentero. En 2.013 volvieron a incidir sobre un drama de racismo, ahora acompañado con esclavitud, premiando a 12 años de esclavitud, pero nuevamente sin atreverse a abordar el racismo de una manera directa, y por tanto, haciéndolo a través del velo del cine de época. Recién en 2.014 se atreven con algo distinto, dándole el premio a Birdman.

De todo lo anterior, queda patente que uno de los principales problemas de los Premios Oscar, es su patente desconexión con el mundo del aquí y del ahora. Cuando el cine estaba embarcándose en la screwball comedy, la Academia premiaba películas con cierta nostalgia del cine mudo. Y el estilo de drama propio de esa época siguió llevándose premios hasta bien entrada la década de 1.960, cuando ya el cine estaba siendo volteado de cabeza por todas partes. En la década de 1.970 no se atrevió directamente con el llamado Nuevo Hollywood, y prefirió las películas de época rodadas por grandes estudios, aunque con algo de aires por parte de cineastas de la nueva camada para no perder el filo, y fue recién a finales de la década que se atrevió con un cine más conectado con la rabiosa actualidad social de la época. En la década de 1.980 insistió de manera denodada en volverle la espalda a la cultura del blockbuster, que es el verdadero gran fenómeno cultural del cine en ese tiempo, y lo más cercano a premiar una película de este tipo es cuando el blockbuster es también una película de época, como Danza con lobos o Titanic, o tiene ciertos valores de cine independiente como El silencio de los inocentes; el primer blockbuster puro y duro, sin vergüenza de serlo, en recibir su premio a la Mejor Película vino recién con El retorno del rey. En la década de 1.990, la Academia fue incapaz de abrirse al multiculturalismo, al tema del racismo, o a la nueva oleada de feminismo que invadió la agenda pública, o si lo hizo, fue de manera tibia, tratando de no molestar a nadie. Y habrá que esperar hasta The Hurt Locker en 2.009 para que la Academia venga recién a premiar una película en sintonía con el mundo post 9-11, aunque su primera fase estaba casi acabada, porque dicho mundo estaba evolucionando desde el problema del terrorismo hacia el actual problema del espionaje y la invasión de la privacidad.

Podría alegarse en beneficio de la Academia, que eso podría ser una opción más o menos deliberada, para no premiar películas que, por ser demasiado contingentes, terminen por pasar a la Historia cuando sus temas pierdan vigencia. Es una posibilidad, por supuesto, y una muy seria además. Sin embargo, esta objeción se cae por la base si pensamos en dos cosas. En primer lugar, una buena película sobre un tema contingente no pierde vigencia si ese tema se sale de la agenda, porque quedan los valores fílmicos en sí, y si la película plantea un tema contingente de manera atemporal, entonces sirve como reflexión más allá de la contingencia y se transforma en un vislumbre de la filosofía de lo que podríamos llamar el alma humana, por ponerle un nombre. Casablanca era una película muy contingente, ya que trataba de la Segunda Guerra Mundial, pero hoy en día es un clásico porque tiene un valor diferente, el de reflexión sobre la decencia humana y el compromiso con las causas nobles y buenas, por no hablar de su fuerza como drama romántico puro y duro. Por el otro lado, considerando muchas películas premiadas que no tienen nada que ver con la contingencia, ¿han resultado éstas duraderas en el tiempo? En algunos casos sí: nadie pone en duda a El Padrino por ejemplo, como reflexión catedralicia acerca del poder y nuestra relación con él. Pero películas como El más grande espectáculo sobre la Tierra, Oliver, Carros de fuego, La fuerza del cariño o El paciente inglés, hoy en día no las ve nadie, y por una buena razón: nacieron añejas incluso en su día, y sus premios fueron más un episodio de nostalgia voluntariosa, que el reconocimiento a valores cinematográficos que pudiéramos considerar más o menos como eternos. En ese sentido, estamos frente a un intento inconsciente pero presente de huir hacia un pasado inofensivo, premiando películas que no ofendan mucho, vía hacerle lugar a temas, visiones y géneros que ya lleven sus buenas dos o tres décadas girando allá afuera. ¿Por qué dos o tres décadas? Porque en ese tiempo, los jóvenes se hacen maduros y se convierten en jueces de la Academia, y la tendencia que nació como rebelde, en sus días ha llegado a ser el canon y estándar... cuando en realidad el verdadero cine de avanzada está en otra parte, y ellos o no lo ven, o le tienen temor, y por lo tanto no lo premian. En definitiva, el Oscar a la Mejor Película no premia necesariamente el mejor cine actual, sino el que podría haber sido el mejor cine, dos a tres décadas antes del día de la premiación.

Premios Oscar: Casi noventa años premiando a las mejores películas de 30 años atrás.


jueves, 25 de febrero de 2016

Block40busters (6 de 6).


Y he aquí que hemos llegado hasta el final de la serie de posteos que hemos llamado Block40busters, aquí en la Guillermocracia, que en atención a los 40 años del inicio de la era del blockbuster, hemos repasado las películas que consideramos más influyentes en la historia de este género esta manera de concebir el cine, desde la mítica Tiburón de Steven Spielberg hasta... no, no vamos a incluir ninguna película de 2.015. Demasiado poco tiempo. Nosotros no creemos en la teoría del clásico instantáneo, esa película que ustedes la ven, y saben de inmediato que va a sobrevivir los tiempos y las edades. La única manera de saber si una película o una obra de arte cualquiera es capaz de sobrevivir a la prueba del tiempo, es dejar pasar un poco de tiempo, precisamente. Algo que saben bien los que han buceado en los Premios Oscares, en donde todo el mundo se lleva las manos a la cabeza al considerar el Oscar a la Mejor Película de 1.941 para Qué verde era mi valle en vez de El ciudadano Kane o El Halcón Maltés, o Annie Hall en 1.977 en vez de La guerra de las galaxias, o Slumdog Millionaire en 2.008 en vez de The Dark Knight. De manera que detendremos el recuento algunos años antes. Y sin más preámbulos... la parte final de esta serie de posteos, aquí en la Guillermocracia.

61.- Transformers (2.007).

La década de 2.000 fue el revival de la década de 1.980, en más de un sentido. Y en medio de esto, tenían que llegar las adaptaciones de franquicias ochenteras. Durante un tiempo se rumoreó que Steven Spielberg, dios tutelar de los blockbusters, iba a rodar la adaptación de Transformers, la franquicia que Orson Welles en su minuto definió como una de juguetes que hacen cosas horribles a otros juguetes. Lo divertido del caso es que primero se pensó en G.I.Joe, pero luego vino la Guerra de Irak, y de pronto, G.I.Joe era demasiado sensible políticamente, de manera que los productores viraron a la franquicia de unos robots del espacio que nos defienden de la invasión de otros robots del espacio. La película, dirigida finalmente por un Michael Bay desatándose de todas las cadenas de la cordura cinéfila, se coronó con éxito absoluto, costando 150 millones de dólares y recaudando 750 millones; las secuelas lo único que hicieron fue el incrementar estas cifras. De pronto, todos los estudios de Hollywood volvieron la mirada hacia la posibilidad de llevar franquicias de la década de 1.980 al cine, aunque esta tendencia pareció ceder un poco luego del relativo fracaso de G.I.Joe: El origen de Cobra en 2.009, que obtuvo secuela únicamente porque los muñequitos se vendieron bien. Hubo rumores también de posibles adaptaciones de ThunderCats y He-Man, pero todo ha quedado en nada por el minuto. En 2.015 se estrenó una película basada en Jem y las Holograms, que no fue capaz ni siquiera de recuperar su presupuesto miserable de cinco millones de dólares. Pero en un nivel más general, Transformers tuvo una influencia más sibilina, la de impulsar un cierto renacimiento del subgénero de blockbuster con robots, incluyendo a Terminator: La salvación, Gigantes de acero, Grandes héroes, La era de Ultron, y en una liga ligeramente diferente, Chappie. No es una gran influencia, pero es una influencia y con eso basta.

62.- 300 (2.007).

A lo tonto, aprovechando el tirón de Sin City, es que de pronto Frank Miller se volvió material deseable de adaptar. De esta manera llegó a los cines 300, basado en el cómic 300 de Frank Miller, quien a su vez se inspiró en la película Los 300 espartanos de 1.962, que a su vez está basado en lo que Heródoto dice que sucedió en las Termópilas en 480 a.C., para darle combustible a los que se quejan de la falta de ideas en Hollywood. La película fue realizada un poco con el vuelto del pan, apenas 65 millones de dólares, y recaudó casi 500 millones, convirtiéndose en la décima película más taquillera de 2.007. Por supuesto, 300 ahondó en la idea de Sin City, de tomar un cómic como el storyboard y ahorrarse el sueldo del dibujante, pero su influencia llegó un poco más allá. Nos referimos a un cierto cambio de orientación del peplum. Las llamadas películas de romanos habían experimentado una resurrección gracias a Gladiador, pero por lo general, tendían a retratar la Antigüedad clásica de una manera sobria o clásica, precisamente. Pero 300 marcó una ruta en donde el decorado empezó a ser trabajado directamente con CGI para conseguir una ambientación fantástica o irreal, a despecho de todo preciosismo que pudiéramos calificar de neoclásico. Al calor de 300 surgieron entonces películas como Inmortales o el remake de Furia de titanes, o la escena final con glorioso CGI de Hércules con Dwayne Johnson, que beben más de aquí que de Gladiador, para que nos entendamos.

63.- The Dark Knight (2.008).

Lo que decíamos más arriba: hace casi una década, The Dark Knight fue la película más importante del año y una de las más influyentes del siglo XXI, un potente drama de acción además cargado de temas filosóficos de variada índole... y el Oscar a la Mejor Película fue para un olvidado drama multiculturalista llamada Slumdog Millionaire, mientras que la de Batman no recibió ni siquiera una postulación. El caso es que Christopher Nolan, director de películas de culto minoritario como Memento e Insomnia, había dado el salto a las ligas mayores con Batman inicia; para la secuela elevó el nivel hasta rodar lo que es un clásico de inicios del siglo XXI. Empero, la influencia de The Dark Knight probablemente fue para peor. Porque su legado consiste en que, de pronto, todo el cine blockbuster debió tender hacia la seriedad y la oscuridad. Eso es algo que ya habíamos visto con El Imperio contraataca, más oscura que La guerra de las galaxias, pero Lucas nunca dejó que la oscuridad lo consumiera todo. Y quiero que se me entienda bien: esto no es un problema de The Dark Knight como película en sí. En esta película, la oscuridad sirve para un propósito: calza muy bien con un personaje como Batman, en primer lugar, está acorde con el pozo de basura que es la Gotham City descrita en la película, en segundo, y funciona como vehículo para varios apuntes filosóficos muy interesantes que ya tratamos en La Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan, aquí en la Guillermocracia. El problema es que los imitadores, como de costumbre, se quedaron con la idea o elemento más vendedor, la oscuridad en sí, sin compensarla con los otros elementos que Nolan sí incluyó en la película para que lo sombrío no se saliera de tiesto: notas enternecedoras sobre los personajes, reflexiones sobre el valor de la esperanza y los símbolos, y un final agridulce en que al final, aunque las tinieblas parecieran dominarlo todo, en realidad es un triunfo de la decencia y lo más noble del ser humano. Uno de los ejemplos egregios de cómo se ha aplicado la oscuridad y seriedad porque sí, sin un propósito claro más allá de darle un supuesto espesor narrativo a la historia, lo constituye El Hombre de Acero de 2.013. The Dark Knight es un ejemplo triste de película que, siendo casi una obra maestra ella misma, dejó la vara tan alta que los imitadores lo único que han conseguido es mancillar su legado.

64.- Iron Man (2.008).

El mismo año en que los cines fueron tomados por asalto por The Dark Knight, apareció un blockbuster sobre un superhéroe que siempre había jugado un poco en ligas secundarias. En lo personal, yo me crié con la noción de que Iron Man era un personaje importante del Universo Marvel gracias a la serie de dibujos animados de la década de 1.960, pero por supuesto, no todo el mundo la vio, y justo es decir que en años sucesivos, más allá de la serie animada de la década de 1.990, Iron Man no tuvo una presencia real en la cultura popular, más allá de los lectores de cómic Marvel. En retrospectiva es fácil explicarse el éxito de Iron Man por el carisma de Robert Downey Jr., un guión que es una saludable mezcla de aventura, seriedad y humor, y una cierta conciencia de que no estamos viendo una historia realista sino jugando con las reglas de la lógica de los cómics, en donde un fulano cualquiera confecciona un traje de Iron Man en una cueva de Asia con una caja de chatarra, y muy en el fondo, nadie se asombra demasiado de ello por muy genio que sea el inventor en cuestión. Hasta ahí, lo que tenemos entre las manos es un blockbuster entretenido e interesante, pero lo que realmente cambió las reglas del juego fue el stinger, la escena final de postcréditos en la que aparece Samuel L. Jackson como Nick Fury, y anuncia algo llamado la iniciativa Avengers. Por supuesto, esta película no inventó la escena de postcréditos; yo al menos recuerdo la de Skeletor en la película Amos del Universo de 1.987, y seguro que las hay más antiguas. Pero Iron Man las puso de moda, y muy en particular, las hizo servir para un propósito más allá de la película: para ayudar a construir franquicias introduciendo un elemento que va a ser presentado a plenitud en la secuela. En la actualidad, es casi impensable que un blockbuster no tenga una escena de postcréditos, o de intercréditos, y que en ella no veamos algo que nos abra el apetito para la secuela. Incluso hasta Deadpool, que tiene su propia escena de postcréditos en la cual se burla de lo lindo del concepto, quiebre de la cuarta pared incluido, cumple con dejar el gancho para la secuela. Y si no se quedaron en el cine viendo Deadpool hasta el último o quieren saberlo de inmediato, se los reviento aquí, a título de spoiler por supuesto, les aviso por si quieren saltarse la línea que viene: Deadpool anuncia que Cable aparecerá en la secuela. Pero por supuesto, considerando que ambos compartieron cartel en los cómics... después de todo, el payaso Jerry Lewis era más cómico teniendo al lado al siempre serio Dean Martin, ¿no?

65.- Kung Fu Panda (2.008).

A mediados de la década de 2.000, habían claramente dos vertientes de animación estadounidense: Pixar y todo lo demás. Las películas de Pixar se caracterizaban por tomar conceptos en principio extraños e incluso alienantes para el gran público, y luego sacar grandes historias de ellos inyectándoles una mezcla de emotividad, buenos valores y una cierta carga filosófica. El resto seguía la estela de Shrek, pero sin la carga irónica del modelo: historias a menudo simplonas, moralina barata, y humor basado en reirse de los personajes que van de listillos por la vida, o en referencias culturales caducas muchas veces incluso al momento de estrenarse la película. Irónicamente fue la propia DreamWorks que había parido Shrek, que de pronto dio un viraje de timón, y lo hizo con Kung Fu Panda. A diferencia de otros protagonistas de animación de la época, que van de cool por la vida hasta que son castigados en su orgullo y al madurar aprenden una valiosa lección, el protagonista de Kung Fu Panda parte como un adorable perdedor cuyo proceso de maduración implica aceptarse a sí mismo en vez de aprender a no exagerar en eso de la aceptación a sí mismo. Además, las referencias y guiños postmodernos son seriamente limitados, en beneficio de una ambientación mucho más fiel a la cultura y tradiciones que intenta retratar, en este caso, el mundo histórico y legendario chino. Durante los años siguientes este nuevo modelo implementado por Kung Fu Panda, alejándose de la simplonería rampante de otros productos de la época y acercándose a una versión simplificada de lo que podríamos llamar el modelo Pixar, terminó transformándose en el referente para mucho del cine de animación posterior que vino. Incluso, cosa rara, hasta la propia Pixar parece haber acusado recibo, como lo prueba Cars 2, que parece más una película DreamWorks, y una no demasiado meritoria que digamos, que una creación de la gente de la mismísima Pixar.

66.- Crepúsculo (2.008).

Entre pitos y flautas, apareció una película de presupuesto relativamente bajo, basada en la novela de una escritora llamada Stephenie Meyer, con una guionista que hasta el minuto había trabajado casi íntegramente en televisión, y con una directora, Catherine Hardwicke, que ya había intentado retratar el mundo adolescente en A los trece y narrar una historia de tintes sobrenaturales con El nacimiento en 2.006, y que por lo tanto, parecía una buena opción para dirigir una historia ambientada en el mundo adolescente y con tintes sobrenaturales. Y resultó que Crepúsculo, una historia romántica entre un vampiro con superpoderes e inmortal, y una chica como tú, querida, se transformó en un inmenso éxito de taquilla. No llegó a coronarse entre las diez más taquilleras de 2.008 porque ése fue un año particularmente duro (The Dark Knight, Kung Fu Panda, Quantum of Solace, Iron Man, WALL-E...), pero recaudó más de diez veces su presupuesto de 35 millones de dólares. Nada mal para una película que está rodada más como un producto indie que como un blockbuster. La franquicia subsiguiente se extendió por cinco películas y recaudó la brutalidad de más de 3.000 millones de dólares a nivel mundial. Pero más importante que eso, creó una nueva fórmula ganadora que los estudios de Hollywood desde entonces se esforzaron por imitar: crear franquicias, ojalá basadas en novelas, que cuenten una historia romántica adolescente en un entorno alejado de nuestra realidad, bien sea por la irrupción de elementos fantásticos, o bien sea por tener una ambientación de Ciencia Ficción. Eso sí, pocas de las imitaciones de Crepúsculo arribaron a buen puerto, quizás porque Crepúsculo había sido la película justa en el momento justo. Mi teoría personal es que Crepúsculo fue una película de graduación para los que eran adolescentes en torno a 2.010: éstos son los chicos que cuando eran niños crecieron viendo Harry Potter, y cerca de una década después, un poco avergonzándose de las cosas que les gustaban en la infancia, se volvieron hacia otra franquicia que les asegurara su dosis de fantastique. Y el que Harry Potter terminara en 2.010, terminó de sellar el trato. Esos adolescentes que nacieron en la década de 1.990, hoy en día están entre la adolescencia o esa etapa que se llama adulto joven, y que hoy en día en realidad es una segunda infancia con más dinero que gastar en cachivaches tecnológicos... y que, negándose a ser adultos, seguro que seguirán embarcados en una u otra franquicia romántica, cuando ésta aparezca. Antes de que, románticos como son, conformen familia y su dieta de cine empiece a componerse de las películas infantiles que les exhiban a sus niños pequeños, y Crepúsculo quede atrás como ese nostálgico pecado de juventud de cuando ellos eran inmaduros y el mundo era verde y nuevo...

67.- Avatar (2.009).

En el tiempo algo superior a una década que va desde Terminator (1.984) hasta Titanic (1.997), James Cameron fue uno de los directores más bestiales del cine. En lo personal me niego a considerarlo el genio que algunos ven, pero es innegable su buen ojo para inyectar escenas rompedoras en la cultura popular: la llegada del T-800 a Los Angeles en Terminator, Ripley en un exoesqueleto en Aliens: El regreso, La criatura líquida en El secreto del abismo, el T-1000 pasando por la reja de una cárcel en Terminator 2: El juicio final, la escena de acción en un jet de combate en Mentiras verdaderas, Jack abrazando a Rose en la proa del Titanic... la lista es interminable. Por eso es que había mucha expectación cuando Cameron rompió un silencio de doce años para estrenar Avatar, una epopeya extraterrestre que en realidad es un Romance Planetario a la antigua usanza, pero con todo lo que la moderna industria de efectos especiales puede ofrecer. Y la audiencia enloqueció. Cameron se destronó y reentronizó a sí mismo, batiendo su récord de recaudación con Titanic al conseguir casi 2.800 millones de dólares a nivel mundial. Pero en términos históricos, la influencia de Avatar fue más bien discreta, consecuencia obligada de una película que, en realidad, no arriesgaba demasiado en lo narrativo, y como dijo más de alguien, era más bien Danza con lobos o Pocahontas en otro planeta. Con todo, su impacto sí se dejó sentir en un aspecto tecnológico: el 3D. Anteriormente hubo dos oleadas de dicha técnica, una en la década de 1.950 y otra en la década de 1.980; esto no debe ser casualidad, toda vez que mucho de la cultura popular de la segunda miró hacia la primera, y la cultura popular en 2.009 miraba a su vez mucho hacia la década de 1.980. La tercera oleada del 3D en realidad tenía precedentes (Viaje al centro de la Tierra y Kung Fu Panda, ambas de 2.008), pero la película que realmente puso al 3D sobre el escenario una vez más fue Avatar. Entre 2.010 y 2.011 hubo una pequeña luna de miel del cine con el 3D, apoyado porque Alicia en el País de las Maravillas recaudó cerca de mil millones de dólares a pesar de que los comentarios fueron displiscentes en el mejor de los casos. Después, la fiebre tendió a bajar, y aunque en 3D no ha desaparecido de los cines, desde luego que ya no tiene el mismo peso específico que en 2.010. En buena medida porque los estudios tratando de enviar más copias en 3D a los cines en vez de 2D, espantó a las audiencias, además de que muchas películas se rodaron en 2D y fueron convertidas mediante computación en vez de ser rodadas en 3D desde el comienzo, proceso este último mucho más caro pero con resultados más fiables en términos de calidad de imagen, con las consecuencias que son de prever.

68.- Star Trek (2.009).

Después del bestial fracaso de Viaje a las Estrellas: Némesis en 2.002, y la cancelación de la serie televisiva Enterprise en 2.005, muchos daban a la franquicia de Star Trek por muerta, una reliquia de los más felices tiempos hippies que no tenía oportunidad de sobrevivir en un mundo más cínico y desencantado como los inicios del siglo XXI. Estaban equivocados. Porque J.J. Abrams, que ya había conseguido salvar a Misión Imposible de su terrible segunda entrega, se abocó a la tarea de modernizar Star Trek. Los resultados son ampliamente discutibles, por supuesto, ya que tanto Star Trek como Star Trek: En la oscuridad empujaron quizás demasiado la aventura pura y dura, en desmedro de toda la exploración filosófica que hacía diferente a la franquicia en primer lugar. Pero esta película tuvo una influencia menor, en enseñar a los estudios una nueva técnica para aplicar un reboot a una franquicia: el viaje en el tiempo. En Star Trek, el villano viaja hacia el pasado e introduce un cambio que crea toda una nueva línea temporal: es decir, funcionalmente es un reboot, pero en términos narrativos sigue siendo el mismo universo de siempre, aunque con una continuidad nueva creada a partir de una paradoja temporal. Hasta la fecha, otras dos franquicias intentaron hacer lo mismo. En los X-Men estaba el marrón de que X-Men: Primera generación de 2.011 fue bien recibida, pero detrás venían las mediocres X-Men III y Wolverine. ¿Cómo encajar X-Men: Primera generación como precuela de las celebradas X-Men y X-Men II, y saltarse las otras? La respuesta: rodar X-Men: Días del futuro pasado adaptando un cómic de 1.981 con paradoja temporal incluida, y así despejando la mesa de una manera tal, que los guionistas en adelante pueden tomar lo que quieren de las películas anteriores y descartar el resto, so pretexto de una nueva continuidad. La misma receta intentaron aplicarla después con Terminator Génesis en 2.015, aunque ahí las cosas no resultaron demasiado bien que digamos. Todavía está por verse a qué otras franquicias intentarán aplicarla, si deciden considerar el éxito de X-Men: Días del futuro pasado y no el fracaso de Terminator Génesis. De manera muy interesante, el propio J.J. Abrams no intentó aplicarla en Star Wars, aunque los estudios Disney optaron por una salida incluso más drástica: declararon todo el Universo Expandido anterior a El despertar de la Fuerza como fuera de canon, sin pretextos narrativos de ninguna clase, y punto final, para fastidio de los fanáticos que llevaban años gastando toneladas de dinero y acumulando novelas, cómics, videojuegos... Puede que sea rebuscado, pero las paradojas temporales tienen su punto amable de cara a los fanáticos de la continuidad original, después de todo.

69.- Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 1 (2.010).

Ya habíamos mencionado la influencia que tuvo Harry Potter en la cultura popular, una influencia tan grande que hasta Alan Moore se permite incluirlo como personaje, sin mencionarlo por nombre por el tema del copyright por supuesto, en 2009, la tercera parte de la trilogía Century de La Liga de los Caballeros Extraordinarios, sobre la que viene una Interminablelogía en camino acá en la Guillermocracia, por cierto. Pero para el gran final, Harry Potter se inventó una nueva idea para sustraerle ladinamente el dinero de los bolsillos al público para mejorar el nivel de las adaptaciones de novelas al cine. Una queja recurrente de los fanáticos era que las películas abreviaban las novelas sacando puntos vitales del argumento, lo que parece ser cierto si se considera que la saga de películas tiene varios agujeros de guión bastante considerables. En How It Should Have Ended por ejemplo se burlan de que la saga debería haberse acabado a la altura de la tercera película, simplemente aplicando la tecnología del viaje en el tiempo, lo que parece que en las novelas sí tiene una explicación plausible; quienes las hayan leído, me informarán al respecto. ¿Y qué hicieron entonces los genios de la productora? Dividieron la adaptación del último tomo en dos partes, de manera que en 2.010 se estrenó Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 1, y en 2.011 se estrenó Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 2. Por supuesto que ellos dijeron que esto no tuvo nada que ver con que ya no habían más novelas hacia adelante que adaptar, que la séptima novela cerraba la historia de Harry Potter para bien, y que por lo tanto, esta maniobra ayuda a hacer caja, haciendo que los fanáticos pasaran una vez adicional por la boletería, y naturalmente que yo me lo creo, léase lo anterior en modo sarcástico también por supuesto. El caso es que la idea de dividir la adaptación de la última novela de una saga en dos películas fue imitada después por Crepúsculo (Amanecer Parte 1 y Amanecer Parte 2), por los Juegos del Hambre (Sinsajo Parte 1 y Sinsajo Parte 2) y Divergente (Leal y Ascendant, esta última con estreno programado para 2.017). La moda llegó incluso hasta el Universo Cinemático Marvel, que no tiene el pretexto de adaptar material literario o comiquero de base más allá de ser una franquicia basada en el Universo Marvel de los cómics, pero que de todas maneras amenaza con un Avengers: Infinity Wars Parte 1, y Avengers: Infinity Wars Parte 2. Pero, ¿funcionó con Harry Potter, a lo menos? Digámoslo así: en Honest Trailers, esta película fue catalogada como "la que te puedes saltar"...

70.- Alicia en el País de las Maravillas (2.010).

¿No son dulces las reconciliaciones? Tim Burton y Disney se fueron a las patadas porque el estilo oscuro y gótico del animador chocaba con el trabajo más almirabado de la compañía del ratón, pero un cuarto de siglo después, habiendo Burton rodado varias películas que se cuentan entre lo mejor de la década de 1.990, pero afrontando un cierto declive, ambos negociaron: Disney iba a financiar Frankenweenie, largometraje irónicamente sobre el mismo corto de la discordia en su tiempo, y a cambio, Burton iba a rodar cierta cosita llamada Alicia en el País de las Maravillas. Que Burton era el peor director posible para el trabajo lo testimonian sus propias palabras: la novela y otras películas son "siempre una chica vagando alrededor de un personaje chiflado a otro, y nunca sentí ninguna conexión emocional"... Considerando que ese vagabundeo al azar es muy apropiado para una novela que se basa en el absurdo y el sinsentido existencialista, ya nos podemos dimensionar el tamaño del marrón: es como rodar una película de Superman, pero como un hombre con superpoderes es demasiado inverosímil y no se puede conectar con el concepto, entonces será una película de Superman sin superpoderes. Pero Lewis Carroll el autor de la novela original ya no estaba ahí para protestar, y lo importante era hacer caja... y Alicia en el País de las Maravillas la hizo: superó la barrera de los mil millones de dólares. Ayudada por las entradas en 3D probablemente, pero eso qué más da. Y siendo la película mediocre que en definitiva es, aún así Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton generó escuela: varios estudios prestaron atención, y se lanzaron a trabajar los viejos cuentos de hadas, pero ahora en versiones más burtonianas, o sea, más góticas u oscuras. Ahí están Blancanieves y la leyenda del cazador, Hansel y Gretel cazadores de brujas, La chica de la capa roja con Amanda Seyfried, Oz: El poderoso, Maléfica... Aunque después de La Cenicienta de 2.015, la Disney parece haberse alivianado un poco, y ya no quiere producir historias tan góticas, privilegiando en cambio el remake almibarado de sus propios cuentos de hadas clásicos. A la vuelta de algunos años, comentamos en qué quedó toda esta moda.

71.- Los juegos del hambre (2.012).

Después de Crepúsculo, la fórmula ganadora parecía ser escribir una trilogía de novelas que hibridara un romance adolescente por un lado, y una historia con criaturas mágicas o en una realidad como la nuestra pero con monstruos en la sombra. En medio de eso, y de manera quizás inadvertida porque es contemporánea a la película de Crepúsculo, la novela Los juegos del hambre de Suzanne Collins usaba más o menos el mismo concepto, pero atreviéndose con un género habitualmente reservado al frikismo terminal: el futuro distópico. La película se hizo esperar hasta 2.012, y lanzó al estrellato a una entonces Jennifer Lawrence que ya había dado de que hablar como una joven Mystique en X-Men: Primera generación. El nuevo filón tuvo éxito inesperado, y pronto surgieron o intentaron surgir nuevas películas basadas en adolescentes luchando contra el sistema en futuros también distópicos: las franquicias basadas en Maze Runner y Divergence, y al momento de escribir estas líneas, está por verse si La quinta ola también lo logrará, aunque sea para salvar la carrera de una Chloë Grace Moretz que todavía debe transitar de actriz infantil a adulta. Irónicamente, el nuevo trabajo de la escritora de Crepúsculo podría haberse encaminado en dicha dirección, pero La huésped de 2.013 se mandó un estrellón de nivel distópico precisamente, y bien podría haberse cargado la todavía promisoria carrera de Saoirse Ronan... aunque se las compuso para salir del bache con Brooklyn.

72.- Los Vengadores (2.012).

Esta serie de posteos Block40busters aquí en la Guillermocracia, partió en atención a los cuarenta años que Tiburón de Steven Spielberg cumplió en 2.015, pero no incluiremos ninguna película de 2.013, 2.014 o el mismo 2.015, por la sencilla razón de que al momento de escribir estas líneas, como explicábamos más arriba, no termina de ser claro cuáles marcarán tendencias de cierta permanencia en el tiempo. Por eso nos detendremos en Los Vengadores de 2.012. En realidad, un poco como los Premios Oscar a El retorno del rey que en realidad eran de manera disimulada para toda la franquicia, hablar de Los Vengadores es hablar de la Fase 1 del Universo Cinemático Marvel en su conjunto. Porque el éxito de Los Vengadores fue apoteósico: en su minuto con sus 1.500 millones de recaudación se convirtió en la tercera película más taquillera de la Historia sin ajustes por inflación, debiendo esperar hasta 2.015 para ser relegada a lugares inferiores por Mundo Jurásico y El despertar de la Fuerza. ¿La lección aprendida por los estudios? Un proyecto en donde varias películas con historias separadas confluyen dentro de un único universo, sí tiene posibilidades de éxito. Eso sí, la logística y recursos brutos necesarios para una empresa como ésta, considerando que casi todo blockbuster debe rodarse con un mínimo de 100 millones de dólares, y un proyecto como éste debería proyectarse para un mínimo de cuatro a cinco películas, implican que debe elegirse la franquicia con un cuidado supremo. Hasta el minuto, la única que parece querer intentarlo en serio es la Universal, con su intento de convertir a Drácula: La historia jamás contada de 2.014 en el inicio de un universo compartido con los monstruos de la Universal como protagonistas. Otros estudios en cambio se han decantado por el recurso más fácil de aprovechar franquicias ya establecidas para lanzar spin-offs a mansalva. Warner quiere ir en esa dirección convirtiendo a Batman vs. Superman: El origen de la justicia, la secuela de El Hombre de Acero, en una semilla para una futura película de la Liga de la Justicia, además de películas individuales de varios superhéroes de DC Comics. Sony lo intentó con Spiderman, pero después de que la segunda entrega del reboot con Andrew Garfield no resultara el éxito demoledor que esperaban, los planes para una película de los Seis Secretos fueron cancelados. La FOX a su vez decidió apostar por segunda vez por diversificar su franquicia de los X-Men, luego de dos entregas discretas de Wolverine, y en 2.016 estrenó Deadpool con un éxito notable para una película de superhéroes en principio que no está pensada para niños precisamente. Y la Disney, además de tener al Universo Cinemático Marvel en cintura, aspira a lograr lo mismo con los proyectos spin-offs de Star Wars dedicados a Rogue One, a Han Solo y a Bobba Fett. Por lo que podemos hacernos una interesante pregunta aquí: ¿está incubándose acaso una peligrosa burbuja cinematográfica en donde cada estudio apuesta a proyectos demasiado grandes para caer, y cuyo pinchazo podría llevar a pérdidas devastadoras? Eso, el tiempo lo dirá. El tiempo y sus spin-offs, por supuesto.

¿Es demasiado deprimente dejar esta serie de posteos en el año 2.012? Entonces apuntaremos sobre cuáles podrían ser las tendencias implementadas hasta ahora, a comienzos de 2.016. Una de ellas podría ser la película espacial de Física con pretensiones realistas: la película clave aquí es Gravedad de 2.013, y sus seguidores serían Interestelar de 2.014 y Misión rescate (The Martian) de 2.015. Sin embargo, este tipo de cine tiene un público más o menos limitado precisamente porque su afán de cierto realismo y verosimiltud impide el desmelene propio de las franquicias de superhéroes, por ejemplo. Podríamos considerar también a Maléfica de 2.014 como un posible eslabón perdido entre la película de cuentos de hadas de tintes góticos al estilo de Alicia en el País de las Maravillas de 2.010, y una versión más amable y edulcorada del mismo tópico, seguida por La Cenicienta en 2.015, aunque todavía está por verse si esto se convierte en una nueva tendencia o apenas el desarrollo de la anterior. Y por último, cabe la posibilidad de que Deadpool en 2.016 inicie una nueva moda de superhéroes gamberros que se burlen de las convenciones de un género que desde Iron Man y The Dark Knight se ha vuelto quizás demasiado serio o solemne, y por ende, algo necesitado de volver al carácter simple y escapista con el cual nacieron los superhéroes en primer lugar. Si la Guillermocracia llega viva hasta el año 2.025, entonces quizás podríamos ensayar un Block50busters para ver en qué queda todo...

中國市場:最後的邊疆 (El mercado chino: La frontera final).

domingo, 21 de febrero de 2016

William Orpen: El pintor de la guerra.

Autorretrato de William Orpen, de 1.913.
El mundo está lleno de pintores de segunda fila. Y DeviantArt también. Lo que no es ni puede ser un demérito, por supuesto. Después de todo, está escrito en los astros que no todos pueden ser estrellas: a algunos les toca ser asteroides. Pero un asteroide, de todas maneras puede ser una fuente rica de hierro y silicatos que... bien, esta comparación no me está llevando a ninguna parte. Lo que quiero decir es que por cada artista que es un genio, hay diez o veinte o cien que son buenos, pero que por no llegar a las alturas de los genios, se quedan un poco a trasmano. A los genios, todos los conocen; a los de segunda fila, sólo los conocedores. Después de todo, el grueso de la gente ha visto la Mona Lisa de Leonardo, o El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens, o los girasoles de Van Gogh, o Las señoritas de Avignon de Picasso. Pero, ¿cuántos de ustedes han visto las pinturas de William Orpen? Probablemente ninguno. ¿Y es Orpen un pintor tan malo como para que poquitos lo conozcan? No lo creo. Pero entre tantos leviatanes de la Historia de la Pintura, el hombre se queda un poco corto, aunque las comparaciones sean odiosas, etcétera.

Homenaje a Manet (1.909).
Si he de serles sincero, ni siquiera yo mismo conocía al señor Orpen. Fue sólo después de la serie de especiales llamada Generación GM que publiqué acá en la Guillermocracia por allá por 2.014, y como consecuencia colateral de andar rastreando la web para ilustrar tales posteos, que descubrí la obra de este artista. Una obra bastante interesante, quizás no por ser revolucionaria o genial, pero sí por tener una personalidad bastante acusada, dentro de lo que era el estándar de los movimientos pictóricos agrupados genéricamente bajo el paraguas del Post Impresionismo.

El gran cráter (1.917), uno de los paisajes de guerra que serían parte de la obra más personal de Orpen.
Hagamos un poco de historia. En las décadas de 1.860 y 1.870, el Impresionismo vino a ponerlo todo de cabeza. Hasta el minuto, la pintura debía tratar temas históricos, o mitológicos, o bien ser obras costumbristas, y siempre dentro de ciertas limitaciones, principalmente la de no incluir desnudos porque eso era obsceno. Y debían hacerlo también dentro de ciertas técnicas, que procuraran imitar al máximo la realidad, todo dentro de los cánones de la llamada academia, por lo que esta tendencia se la suele llamar Academicismo. El Impresionismo por el contrario se decidió a abordar de lleno el costumbrismo, con un naturalismo nunca antes visto, y con una técnica que buscaba captar no los objetos en sí, sino los juegos de luces que tales objetos producen. Es como el cine de J.J. Abrams, cuya fotografía no trata de mostrarnos una película, sino una especie de pseudodocumental acerca de lo que trata la película, lleno de molestos efectos de fogonazos de cámara; con la diferencia de que los impresionistas eran genios y J.J. Abrams no. El caso es que el Impresionismo abrió la espita para una tonelada de nuevas experimentaciones, agrupadas por lo general bajo el rótulo de Post Impresionismo. A comienzos del siglo XX, éstas se consolidaron en las llamadas vanguardias: el Fauvismo, el Cubismo, etcétera. El Academicismo, por su parte, acabó muriendo de muerte natural, hasta resucitar más de medio siglo después, bajo las formas de Fotorrealismo e Hiperrealismo; pero eso es otra historia. El caso es que en medio de todo este maremágnum, que William Orpen desarrolló su obra pictórica. Influida además por otro maremágnum de naturaleza diferente y mucho más terrorífica: la Primera Guerra Mundial.

Los ajedrecistas (1.902).
William Orpen nació el 27 de Noviembre de 1.878, en Stillorgan, entonces un pueblo independiente que hoy en día ha sido engullido y anexado por el crecimiento urbanístico de la ciudad de Dublín. En la época tenía bastante fuerza el movimiento separatista irlandés, que iba a culminar con la independencia de Irlanda en 1.922, lo que por supuesto planteaba ciertos dilemas a los irlandeses de la época, acerca de si ser leales a la Corona, unirse a la rebelión, o tratar de mantenerse tan al margen de los problemas como se pudiera. Orpen fue de estos últimos; en realidad consiguió hacer carrera un poco al amparo de la academia británica, en donde fue ascendiendo posiciones, hasta llegar a ser considerado de manera más o menos oficial como el gran pintor británico de la Primera Guerra Mundial, entre 1.914 y 1.918. El resto de su vida, lo vivió en Inglaterra; de hecho falleció en Londres, el 29 de Septiembre de 1.931, a la temprana edad de 52 años.

Modelo femenina desnuda leyendo a orillas del mar (1.930).
Su más bien aburrida existencia profesional, se vio condimentada por una vida sentimental algo más sabrosa, eso sí. Tuvo un asuntillo con una modelo llamada Emily Scobel, a quien retrató en su pintura El espejo de 1.900, cuando el pintor frisaba veintidós; luego se casó con Grace Knewstub, cuñada de William Rothenstein, un pintor que después se dedicó a la administración, curaduría e investigación del arte pictórico, y que con sus contactos y relaciones, parece haber ayudado un resto a Orpen a darle un empujón. Orpen y su esposa tuvieron tres hijos, pero su matrimonio resultó no ser uno particularmente exitoso, y el pintor acabó por tener una relación paralela con Evelyn Saint-George, una millonaria de Estados Unidos radicada en Londres, con buenas conexiones, y con quien tuvo un hijo. Como puede verse, Orpen parece haber tenido el don innato para saber en dónde encajar. Todo lo cual no le impidió, durante la guerra, tener otro romance adicional, con una refugiada llamada Yvonne Aubicq. Volveremos sobre ella.

El espejo (1.900). La modelo es Emily Scobel, con quien Orpen mantuvo algunos devaneos extraartísticos.
En sus inicios, Orpen pasó por una etapa experimental, aún buscando su propio tono. Así, nos encontramos con obras de Orpen que son directamente academicistas. Pero Orpen tuvo el instinto de rechazar un movimiento pictórico por entonces en pleno proceso de declive, y viró hacia el Impresionismo primero, y hacia una mezcla de Post Impresionismo y de Expresionismo después. El resultado fue una obra pictórica de la que no puede decirse que fuera particularmente innovadora o revolucionaria, pero que la capacidad de Orpen para ser una esponja absorbiéndolo todo, le confirió una personalidad propia. Así, el Orpen de su etapa clásica parece un impresionista sin realmente serlo, con un trabajo atmosférico e incluso alegórico muy vinculado al Expresionismo, todo eso tratado en un molde post impresionista.

El estudio (1.910).
Orpen era la mezcla justa entre estilos pictóricos de vanguardia sin ser realmente rompedor, y por lo tanto era exactamente lo que los circuitos del comercio artístico necesitaban. De manera que, rondando la treintena y poco después, Orpen se había instalado como un pintor reconocido, y frecuentemente exhibido en galerías y exposiciones. Todo esto le permitió ganar buenos dineros como retratista. En 1.914, Orpen era quizás el más importante y reconocido pintor de Inglaterra.

El reducto de Schwaben (1.917). Nótese cómo ha cambiado la pintura de Orpen en cuanto al uso del color, una vez metido de lleno en los escenarios bélicos.
Y entonces estalló la guerra.

Autorretrato de 1.917, en uniforme militar por supuesto.
Quizás si no hubiera sido por la Primera Guerra Mundial, hoy en día recordaríamos a William Orpen como otro pintor técnicamente muy talentoso, pero convencional en cuanto a creatividad. Fue gracias a la guerra, que Orpen produjo sus mejores obras. Ayuda por supuesto que no muchos pintores combatieron en la Primera Guerra Mundial, y sobrevivieron para pintarlo. De todas maneras, es seguro afirmar que la pintura de William Orpen se afirmó un buen poco gracias a la experiencia de la guerra. En 1.915, fue movilizado para la guerra, pero permaneció lejos de la acción por un par de años. Recién en 1.917, viajó al Somme, y se radicó en la ciudad francesa de Amiens. No es que Orpen empuñara directamente un fusil, parece ser, gracias a que sus conexiones le consiguieron ser nombrado pintor británico oficial de la guerra. Pero de todas maneras tuvo ocasión de ver el horror de las trincheras, dejándonos algunas pinturas memorables al respecto.

Soldados alemanes muertos en una trinchera (1.918).
De la guerra emergió un William Orpen completamente nuevo. El encanto y la cierta ingenuidad impresionista que habían sido el sello de su obra más temprana, dieron paso a un fuerte influjo del Expresionismo. Esto no debería ser una sorpresa para nadie. El horror de la guerra transfiguró su pintura en motivos al mismo tiempo más atmosféricos y más alienados. Uno de los aspectos más obvios en donde esto se evidencia, es el uso del color. Antes de la guerra, Orpen utilizaba el color de manera más o menos convencional, adecuándose a la realidad. Con sus pinturas de guerra, Orpen empieza a experimentar con el uso de colores falsos, distanciándose del cromatismo de la naturaleza. Sus motivos también empiezan a abrazar lo macabro, apenas mitigado por la mayor carga simbólica de sus obras. Todo esto al servicio de ambientes con una mayor carga onírica, casi como intuyendo o prefigurando lo que algunos años después iba a ser el Surrealismo.

La loca de Douai (1.918).
Por estas fechas, William Orpen inició una relación sentimental con Yvonne Aubicq, una voluntaria de la Cruz Roja con la cual permanecería por cerca de diez años. En cierto sentido, parece ser que Aubicq fue su necesario cable a tierra, algo evidente en las pinturas y retratos que hizo de ella, que mantienen su estilo anterior, y que hacen contraste con las pinturas de temática bélica. La relación, eso sí, le trajo no pocos problemas, porque no en balde era una historia de adulterio, y además en un medio ambiente tan complicado como lo es la guerra.

La refugiada (1.917). El casto título en realidad es para disimular el escándalo: en realidad es un retrato de Yvonne Aubicq, que en esa época se las gastaba tórridas con el señor Orpen.
Terminada la guerra, el ahora cuarentón Orpen encontró un éxito rutilante exponiendo las mismas. No cabe duda de que, en la ordalía del conflicto, el arte de Orpen había mejorado mucho, pero también se había hecho más oscuro y tétrico, lo que algo dice acerca del gusto de las gentes. El caso es que fueron estas obras las que consagraron a Orpen, hasta el punto que fue enviado una vez más a Francia como pintor oficial, ahora de las delegaciones de la conferencia de paz. Así, William Orpen terminó convertido en algo similar a ser el pintor oficial del Tratado de Versalles.

La firma de la paz en el Salón de los Espejos en Versalles el 28 de Junio de 1.919. Esta obra fue hecha por encargo, y completada en el mismo 1.919.
En los años sucesivos, William Orpen gozó de una vida más o menos tranquila, viviendo en lo principal de los encargos que no dejaban de llegar hasta su escritorio. Uno de los grandes negocios de Orpen era el pintar retratos, y eso lo siguió haciendo. Sin embargo, como dijimos más arriba en uno de los párrafos más spoiler que hemos escrito acá en la Guillermocracia, falleció el 29 de Septiembre de 1.931, con apenas 52 años de edad. La posteridad se ensañó con él. Su estilo, que se inscribía dentro del Expresionismo pero que en sus últimos años ya era anticuado en beneficio de novedades tales como el Surrealismo, fue satanizado en parte por obsoleto, y también en parte, estas mezquindades deben ser mencionadas, por la envidia que su posición acomodada había originado en otros pintores menos afortunados o menos hábiles para forjarse conexiones. Hubo que esperar hasta finales del siglo XX para que, al fin, el arte de Orpen comenzara a ser revalorizado. Porque, admitámoslo, el hombre no era un genio de la pintura. Pero por otra parte es poco probable que pretendiera serlo; más bien era la clase de persona que se sentía satisfecha de poder vivir con el trabajo de su agrado, y lo desempeñó sino con originalidad, al menos sí con eficiencia. Así, William Orpen no es ni de lejos el mejor pintor del siglo XX, pero sí que se merece mayor reconocimiento del casi ninguno que ha obtenido más allá de los círculos estrictamente académicos.

Al soldado desconocido en Francia. Esta pintura fue parte de los encargos hechos por el Gobierno británico a Orpen, y fue terminada en 1.921, aunque retoques posteriores hacen que su versión definitiva date de 1.927.

jueves, 18 de febrero de 2016

Block40busters (5 de 6).


Ya estamos en el cambio de siglo, a estas alturas de Block40busters, y con el mismo, vendrá una nueva y mayor edad de oro para el blockbuster como estilo de hacer cine. La onda expansiva de Titanic tardó en asentarse, pero cuando lo hizo, ya no abandonó al cine más. Antes de dicha película, existía un cierto temor de invertir demasiado: si el gasto era demasiado, luego aunque la recaudación fuera buena, de todas maneras no iba a bastar para que la productora obtuviera beneficios después de amortizar lo invertido, los gastos de publicidad, y la parte a compartir con las cadenas de cine que se llevan su porcentaje de utilidades. Ahí estaba a la vista el ejemplo de Mundo acuático, que dos años antes se había coronado como la película más cara de la Historia, y si bien obtuvo una recaudación más o menos decente, lo prohibitivo de sus cerca de 170 millones de dólares de costos la convirtieron en un desastre financiero brutal.

Pero Titanic fue la película más cara de su tiempo, siendo la primera en sobrepasar los 200 millones de dólares de gasto, sin ajustes por inflación... y también la primera en cruzar los 1.000 millones de dólares de taquilla en recaudación. Todos los estudios de Hollywood tomaron nota: valía la pena arriesgarse con presupuestos disparados, si conseguían dar con la varita mágica y recobrar a esos niveles. Pero por supuesto, para que de verdad hubiera ganancias, lo necesario era atraer a tanto público como se pudiera, y eso se logra básicamente con dos requisitos: apelar al mínimo común denominador con guiones y diálogos reducidos a lo más básico y sencillo de digerir, y hacer uso extensivo de licencias y franquicias que, desde cierto punto de vista, por el solo hecho de ser licencias y franquicias de éxito, ya estuvieran vendiendo por sí mismas la película aunque ésta después resultara ser apenas el blockbuster de la temporada y se olvidara poco después. Irónicamente, la propia Titanic no aprovechó el tirón porque al final el barco se hunde, y en ese contexto es difícil sacar secuelas. Pero otras películas no tenían ese problema. La moderna era de las franquicias con secuelas, remakes y reboots, estaba por empezar.

49.- Los ángeles de Charlie (2.000).

Por alguna razón, en el siglo XX no existieron demasiados intentos por llevar series de televisión a la pantalla grande. La franquicia Star Trek lo hizo, y con un éxito consistente, pero lo suyo es algo casi excepcional; mencionemos también las dos películas de Los Locos Adams, o Los expedientes secretos X: Combate al futuro. Pero por regla general, adaptar series de televisión para el cine era algo más bien poco visto, y por lo general un éxito discreto o la falta completa de éste, como por ejemplo Perdidos en el espacio de 1.998. Hasta que llegó Los ángeles de Charlie. Al igual que Shrek, Los ángeles de Charlie tuvo una cierta vocación paródica respecto del material original, tomándoselo con una saludable dosis de humor que hizo mucho por levantar exitosamente un material que ya en la década de 1.970 era campy, y en el año 2.000, mejor no mencionar. Piénsese por ejemplo en el éxito de esta película frente al relativo fracaso de la contemporánea Shaft con Samuel L. Jackson, mucho más seria y por lo mismo un pelín más aburrida. Los ángeles de Charlie enseñó que una serie antigua de televisión sí que puede tener un éxito relativo saltando al cine, si es que se rueda de manera desmadrada y sin demasiadas pretensiones. Fue necesario el fracaso de Los Dukes de Hazzard en 2.005, para que la moda implementada por esta película comenzara lentamente a morir. En cuanto a esta franquicia... no sobrevivió a una segunda entrega, mucho más seria de tono y por lo mismo más aburrida, por mucho que una villana Demi Moore le paseara una pistola en la cara a Cameron Diaz.

50.- Shrek (2.001).

En la segunda mitad de la década de 1.990 se formó uno de los más ambiciosos proyectos conocidos en la Historia del Cine. DreamWorks era el estudio que combinaba el talento de Steven Spielberg como cineasta, Jeffrey Katzenberg como productor fílmico, y David Geffen el productor musical. Y mientras estrenaban HormiguitaZ para competir con Bichos de Pixar, se embarcaron en dos proyectos. El regalón fue El príncipe de Egipto, planificado cuidadosamente como uno de los mayores epics animados de todos los tiempos, y el hijito tonto fue Shrek, una chorrada sobre un ogro que a la vez incluía algunos golpes bajos contra la animación edulcorada tradicional, que Katzenberg conocía al dedillo porque no en balde había sido uno de los grandes motores del Renacimiento Disney. Al final, sabemos cómo salió: El príncipe de Egipto es una de las mejores películas animadas de todos los tiempos, pero tuvo una recepción tibia y desapareció rápido de la conciencia popular, mientras que Shrek, hecha con desprecio casi urinario, acabó convertida en la primera gran franquicia de DreamWorks, engendrando tres secuelas y un spin-off (El Gato con Botas). Pero su legado más importante, va más allá. Shrek es la película que le puso la lápida definitiva al Renacimiento Disney, imponiendo un nuevo modelo de películas animadas que se alejaban del clasicismo formal e introducían en cambio la parodia, la deconstrucción y las locuras postmodernas, y un estilo de humor cargadísimo a la referencia pop contingente, que ha hecho maravillas por envejecer a esta película y otras que siguen la fórmula, a una velocidad muy acelerada. Shrek no sólo es la película que fijó la pauta de cómo iban a ser las películas animadas de DreamWorks en lo sucesivo, sino que además otros estudios, en particular Sony, intentaron subirse al barco imitando la fórmula. Sólo Pixar se resistió, y en buena hora, porque gracias a no plegarse a la sombra de Shrek, es que nos regalaron joyas como Buscando a NemoLos IncreíblesRatatouilleWALL-E o Up. ¿O a lo mejor todas ellas son episodios de una misma saga de películas...?

51.- El Señor de los Anillos (2.001).

¿Cómo deberíamos comentar esta trilogía? ¿Como tres películas separadas, pero con un arco argumental de fondo, como lo es la Trilogía del Padrino, o como una única película dividida entre tres partes? Misterio. El caso es que la Trilogía del Señor de los Anillos, conformada por La comunidad del Anillo (2.001), Las dos torres (2.002) y El retorno del rey (2.003), marcó un antes y un después en materia de cine épico. Bien mirada, la jugada era arriesgada. ¿Rodar tres películas de alto presupuesto, back-to-back, en un género tan de nicho friki como lo es la Fantasía Epica, sobre novelas que sólo un puñado de frikis (y yo) se habían leído en la época, teniendo a la vista el fracaso de la versión animada de El Señor de los Anillos de 1.978... y confiársela a un cineasta como Peter Jackson que tenía créditos tan extraños como Criaturas celestiales, Braindead o Muertos de miedo? Pero, milagrosamente, la jugada resultó. Casi tres mil millones de dólares de recaudación, una animalada para la época, y aclamación crítica total, hasta el punto que El retorno del rey recibió once Premios Oscar, igualando el récord fijado antes por Ben-Hur en 1.959 y Titanic en 1.997. La influencia de la Trilogía del Señor de los Anillos resultó increíble desde entonces. Demostró que había lugar para el epic fantástico en la era del CGI, no tanto al estilo más realista y peplum de Gladiador, sino que incorporando toda clase de criaturas elaboradas por computadoras. Además, demostró que la tecnología había avanzado lo suficiente como para crear personajes tan carismáticos como Gollum, recurriendo únicamente a capturas de movimientos y aplicación de software sobre dichas capturas, sin desmerecer la monumental actuación de Andy Serkis, por supuesto. Y además, el soundtrack de Howard Shore fijó un nuevo estándar para las bandas sonoras; antes éstas seguían el estilo clásico instrumental sinfónico en la línea de John Williams, aunque el propio Williams ensayó el uso de coros con Duel of the Fates en La amenaza fantasma. Pero Howard Shore fue quien implementó el uso de coros a mansalva, tendencia de las bandas sonoras que ha sido utilizado hasta el abuso en la década y media siguiente: Neodämmerung de Mátrix Revolutions por Don Davis, la banda sonora de Star Trek por Michael Giacchino, el famoso deshi bashara de Hans Zimmer para The Dark Knight Rises... la lista es interminable.

52.- Harry Potter y la Piedra Filosofal (2.001).

Fue necesario el impacto mundial de las Torres Gemelas para que el soñoliento mundo de la época se decidiera a entrar al siglo XXI. Antes que eso, el cine fantástico era tradicionalmente el pariente pobre de otros géneros fílmicos más agradecidos. Por eso, había una gran curiosidad en 2.001 por el hecho de que iban a dispararse dos franquicias fantásticas como películas de alto presupuesto: El Señor de los Anillos por un lado, y cierto mago que daba de qué hablar entre los más pequeños de la casa, llamado Harry Potter. Debemos recordar que en ese tiempo, Harry Potter ya era un personaje vendedor en lo literario, y se habían publicado algunas novelas, aunque nadie sabía cómo iba a terminar exactamente la saga, que en ese entonces estaba todavía en redacción, y en particular si Hermione se quedaba con Harry o con Ron, o si por el contrario se las daban de modernos e incurrían en una relación poliamorosa. Pero una cosa es que Harry Potter fuera un best-seller, y otra muy distinta que fuera a reventar taquillas. El hombre detrás de la franquicia era Chris Columbus, hasta la fecha famoso por Mi pobre angelito. Pero la película funcionó, y muy bien. Tanto, que durante unos añitos la franquicia de Harry Potter fue la más taquillera de la Historia del Cine, hasta ser desbancada por el Universo Cinemático Marvel. Pero el legado de Harry Potter fue más allá. Si El Señor de los Anillos era fantasía de gran escala, con personajes en general adultos o adolescentes, las películas de Harry Potter giraban en torno a un niño, y en un entorno mucho más cotidiano para la mentalidad infantil, como lo es un colegio, por mucho que en dicho colegio existiera la magia. De esta manera, Harry Potter mentalizó a toda una nueva generación de niños, para no considerar a lo fantástico en el cine como un género de segunda clase, y así, preparó la base demográfica para que, cuando esos niños se convirtieran en adolescentes a la vuelta de una década, más o menos, estuvieran listos para fantasías adolescentes como Crepúsculo. Bueno, respecto de si eso es un aporte para el cine, o apenas una influencia...

53.- Matrix recargado (2.002).

Matrix resultó ser uno de los exitazos más inesperados de la década de 1.990. Es decir, se la rodó esperando un milagro, habida cuenta de que el Cyberpunk en el cine de esos años encadenaba fracaso tras fracaso, pero nadie esperaba que se transformara en una de las películas más definitorias de su tiempo. Para continuar la historia, los hermanos Wachowski se pusieron ambiciosos. Y decidieron un enorme plan operativo que iba a ampliar el universo narrativo con dos secuelas filmadas back-to-back, como antes lo habían hecho las dos secuelas de Volver al futuro, más una película tipo antología en animación (Animatrix) y un videojuego (Enter the Matrix). De esta manera, la ampliación de Matrix fue planificada desde el inicio como la primera gran franquicia multimedia de la Historia. Al final, sabemos que las cosas no resultaron del todo bien, y de hecho, Matrix recargado y Matrix Revolutions terminaron hundiendo la franquicia, hasta el punto que más de una década después, ni hay planes para una secuela o reboot, ni se los espera tampoco. Pero de cara a su influencia, las secuelas de Matrix pusieron de moda la idea de un desarrollo controlado, de crear franquicias que no fueran creciendo a razón de una película por cada película, sino que se planificaran a veces con años de antipación, aunque no se llegaran a rodar back-to-back. En las dos secuelas fílmicas de Matrix ya están en embrión las ideas sobre construcción de franquicia que después encontrarán un éxito glamoroso con el Universo Cinemático Marvel, que en el sentido empresarial del término, puede verse como la franquicia que tuvo éxito allí en donde Matrix fracasó: en sobrevivir mediante una estrategia de crecimiento orgánico.

54.- Sentencia previa (2.002).

Hace tiempo que quedó atrás el cliché de considerar al cine de Steven Spielberg como ñoño o infantil, en particular después de películas como La lista de Schindler, Inteligencia artificial o Lincoln, pero entrando en el siglo XXI, Spielberg entró en una etapa particularmente oscura, incluso para sus propios estándares. En esta fase rodó Sentencia previa, el no muy afortunado título con el cual fue exhibida en castellano la película Minority Report. Enclavada dentro del género distópico, uno que el cine de Spielberg nunca había abordado antes, Sentencia previa describe una sociedad futura controlada por una policía capaz de prever los crímenes antes incluso de que se cometan. Y en un aspecto, esta película resultó revolucionaria. Para darle una estética futurista, Spielberg escenificó interfaces computacionales que operan mediante realidad virtual, guantes de control, y elementos proyectados en el aire de manera virtual. En muchos sentidos, es la primera muestra en el cine de lo que hoy en día conocemos como tecnología touch, sólo que la misma en la actualidad todavía funciona tocando pantallas en 2D, mientras que Spielberg la presenta dentro de un entorno virtual en 3D. Con la moderna tecnología de realidad aumentada, esta posible interfaz se vuelve cada vez más cercana a la realidad, pero en el intertanto, el cine aprovechó de introducirla en todas partes donde pudo. Uno de los ejemplos más destacados es Quantum of Solace de 2.008, que ni siquiera es una película futurista, sino la entrega correspondiente de James Bond, porque 007 todavía es relevante, parecieran querernos decir.

55.- Spider-Man (2.002).

Hoy en día tenemos películas de superhéroes a paladas en los cines, y los estudios hacen hasta lo imposible porque en cada nueva del subgénero, hayan tantos personajes que puedan ser utilizados en potenciales secuelas o spin-offs como se pueda. Pero las cosas eran muy distintas en los primeros años del siglo XXI. Blade había triunfado, pero su protagonista no parece demasiado superhéroe que digamos, por mucho que su personaje integre el Universo Marvel, y X-Men había recaudado lo suyo, pero presentaba la peculiaridad de ser un equipo de superhéroes y no uno en solitario, por mucho Wolverine que hubieran arrojado a la mezcla. La verdadera prueba de fuego vino con el estreno de Spider-Man en 2.002. Descontando X-Men, Spider-Man fue la película de superhéroes más seria desde Batman regresa, una década antes, y se hizo con un presupuesto extraordinariamente suntuoso. La película no estuvo exenta de críticas, en particular por el no demasiado afortunado tratamiento visual del uniforme del Duende Verde, pero puede decirse que el público de la época la adoró. Hoy en día ha envejecido y se ve algo campy, pero para la época, era de lo mejor que una película de superhéroes podía ofrecer. Pronto, los estudios tomaron nota silenciosa de esto, y a la vuelta de algunos años, comenzó de verdad la invasión de superhéroes, con Daredevil (2.003), Los Cuatro Fantásticos (2.005), Batman inicia (2.005) o Superman regresa (2.006). Invasión que hoy en día no parece haber kriptonita capaz de hacerla cesar. Es que escribo esto en un año en donde hasta Deadpool obtuvo película propia, y prometen a Cable en la secuela, y alguien tiene que estar enormemente desesperado allá afuera si incluso hasta al mercenario bocazas lo echan a la parrilla...

56.- El aro (2.002).

A finales de la década de 1.990, hubo una breve oleada de cine de terror colgándose del miedo al futuro que podría venir en el siglo XXI, expresado de manera metafórica en el resurgimiento de historias de fantasmas y demonios. Pero luego vino el 9-11 y la Guerra contra el Terror, e hizo falta una dosis adicional de exorcismo para combatir el miedo. En medio de todo esto es que se rodó El aro de Gore Verbinski, película que en realidad es un remake casi fotograma por fotograma de la película japonesa Ringu, y protagonizada por una entonces semidesconocida Naomi Watts. La película fue un exitazo completo, costando unos 50 millones de dólares y recaudando casi 250. Los estudios se lanzaron entonces de cabeza a bucear en el cine de fantasmas por ese entonces fuerte en Japón, con la mira de convertirlos en sendos remakes, de los que vino una oleada. La misma no fue exactamente corta, y tardaría entre cinco a seis años en apagarse por completo, pero en el intertanto, le dio forma en buena medida al cine de terror de la primera década del siglo XXI, creando el cliché de la película de terror con niña pálida y de pelo negro asustando a la platea con sus andares de gravure zombi idol.

57.- Exterminio (2.002).

Con el paso de los años, Danny Boyle ha resultado un cineasta extraordinariamente ecléctico, rodando comedia negra (Tumbas a ras de tierra), cine de drogadictos (Trainspotting), Ciencia Ficción (Sunshine: Alerta solar), cine de superación personal (Slumdog Millionaire), biopics (Steve Jobs)... Y en medio de todo esto, rodó... una película de zombis. En la época, el género estaba bastante de capa caída, en buena medida por estar identificado con las películas italianas de bajo presupuesto que habían plagado las salas y los reproductores de VHS en la década de 1.980. La película de Danny Boyle funciona como un homenaje al cine de zombis clásicos... y en el camino, pavimentó el camino para traer el tópico de regreso a las pantallas. Operación confirmada después por el remake de El amanecer de los muertos, en 2.004. Una década después teníamos Guerra Mundial Z en los cines, y The Walking Dead en la televisión, y esta última consiguió incluso coronarse como fenómeno cultural al nivel de Game of Thrones, House of Cards o las Kardashian, lo que no deja de ser un mérito.

58.- El juego del miedo (2.004).

Si despiertas en una habitación cerrada, herrumbrosa y llena de iluminación verde asco, y una voz en una grabadora te dice que "quiero jugar un juego", ya te puedes ir preguntando lo siguiente: ¿me mutilo de una manera sangrienta y asquerosa, o me dejo morir de una manera sangrienta y asquerosa? Nacido a raíz de un corto expandido para conformar un largometraje en forma, El juego del miedo se transformó en la cabeza de una frondosa franquicia que, sumando una nueva entrega por año, llegaría hasta sumar sus buenas siete, e iban a ser nueve, pero el relativo fracaso económico de la sexta cerró la tienda... hasta que no rueden un reboot, por lo menos. Lo que El juego del miedo puso sobre el mapa es lo que vino a llamarse torture porn, es decir, películas cuyo principal punto es mostrar gore a mansalva, algo que tenía sus raíces en el giallo italiano de la década de 1.960, pero que aquí llegó a un cierto paroxismo. Irónicamente, la original El juego del miedo que codificó el torture porn, es la menos torture porn de todas, y en realidad es más bien un thriller de suspenso psicológico, pero al final todo el mundo se quedó con la idea de la mutilación, y... el resto es historia, tanto para las secuelas como para otras películas creadas al calor de ésta. El género, eso sí, tuvo una vida más o menos breve; el fracaso de Captivity con Elisha Cuthbert en 2.006 ayudó a demostrar que se trataba apenas de una moda, y que había alcanzado un punto de saturación, mientras que la otra gran franquicia del subgénero, Hostal, tuvo dos entregas en el cine, para pasar después al lóbrego mundo del directo a DVD.

59.- Sin City (2.005).

Hasta mediados de la década de 2.000, las adaptaciones de cómic para el cine tenían tanta mala fama como hoy en día la tienen las adaptaciones de videojuegos. Chocaban en esto varios elementos: por un lado, cineastas y productores que no terminaban de entender el medio del cómic, y en muchos casos no les interesaba tampoco, versus fanáticos frikis que no soportaban ni la más mínima desviación del material de base, muchas veces sin entender que el cómic y el cine son dos medios diferentes, y algunas cosas deben modificarse para que la película sea una buena película, o al menos, no dé asco. Y en esto, de la improbable asociación entre Robert Rodríguez y Frank Miller surgió la idea de adaptar Sin City a la pantalla grande. En vez de optar por rearmar todo el material comiquero de base, decidieron una solución radical: tomar directamente los paneles de los cómics y trazar el storyboard sobre ellos. De esta manera, estrenaron la que quizás es la primera película que verdaderamente se siente como un cómic, sin que esto desmerezca en lo absoluto su condición de cine. Sin City es sin lugar a dudas una película excesiva en varios sentidos, pero es también una película que no se avergüenza de sus orígenes comiqueros. Este método de adaptación, lo veríamos después repetido en 300, también basado en Frank Miller, y en Watchmen, basado en una obra de Alan Moore. Viendo los resultados, uno sólo puede desear que La Liga de los Caballeros Extraordinarios la hubieran adaptado de la misma manera, porque así no habría resultado el marrón que terminó siendo...

60.- Batman inicia (2.005).

Hasta inicios de la década de 2.000, pocas franquicias en el cine podían considerarse como verdaderamente interminables. Estaba el caso de Star Trek y sus diez películas, o James Bond y sus veinte, o en el campo del terror, las entregas de Pesadilla o Martes 13. Pero lo normal era considerar una saga longeva a aquella que juntara apenas cuatro o cinco entradas, como era el caso de Rocky o Superman. Esto dejaba a franquicias demasiado longevas en un brete, porque si la secuela se tardaba en salir, podía pasar que el interés del público disminuyera. Por eso es que después del fracaso monumental de Batman y Robin, el embrollo de una potencial quinta película de Batman fue tan grande: parecía muy difícil construir algo bueno sobre las bases de una franquicia tan mortíferamente dañada por las dos entregas rodadas por Joel Schumacher. Hasta que algún genio tuvo una idea brillante: ¿por qué estamos obligados a hacer la conexión? ¿Y si barremos el tablero y empezamos todo de cero? El concepto partió de manera vacilante, con precaución. La película no fue promocionada tanto como un reboot, como una precuela que iba a mostrar los orígenes del personaje presentado por Tim Burton en el Batman de 1.989, con una escena final que servía de gancho para conectarla con el universo fílmico de Burton y Schumacher, precisamente, en caso de que no hubiera secuela. Pero ésta llegó, y con The Dark Knight es que de manera retroactiva Batman inicia queda canónicamente establecida como un reboot. Desde entonces, la idea de revitalizar franquicias en mal pie, o incluso en pie regular, mediante un reboot cada una cantidad cada vez más deprimentemente escasa de años, se instaló en la cultura popular y, aunque con resistencias por parte de las minorías vocales de siempre en Internet, la gente sigue pagando su entrada al cine, que es lo que cuenta al final. Además de eso, Batman inicia implementó otra tendencia, la de incluir hilos narrativos que se presentan sólo como guiños, y que después serán desarrollados en las secuelas. No de otra manera se entiende el rol tan poco agradecido que tiene Gary Oldman como el Comisario Gordon en esta película, papel que, en efecto, es extendido después. A veces este método de construir historias funciona, como en el caso del reboot de Spiderman en 2.012 que engendró una secuela. A veces no, como fue el caso de Robin Hood de 2.010, que presentó varias situaciones que apuntaban a ser desarrolladas en una secuela... que nunca llegó.

Y así es como estamos al borde de culminar esta serie de posteos, con el repaso de algunos de los blockbusters más influyentes de los últimos diez años, en esta serie que hemos llamado Block40busters aquí en la Guillermocracia.

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