domingo, 18 de diciembre de 2016

Aristóteles: 2400 años (1 de 2).

Dos maestros separados por medio milenio de Historia: Aristóteles y un busto de Homero. Por un maestro de dos milenios después: Rembrandt.
Los aniversarios le gustan a todo el mundo. Porque por regla general son celebraciones, y a todo el mundo le gusta celebrar. Por eso, festejar los diez, veinte, treinta o cincuenta años de un suceso, es ocasión propicia para alegrar un rato la vida. El asunto se vuelve más serio cuando hablamos de cientos de años: el centenario, el bicentenario, el tricentenario... Pero no todos los días se ve el cumplimiento de veinticuatro siglos. Eso es cerca de un cuarto de la cantidad total de tiempo que existe sobre la Tierra, la civilización tal y como la conocemos. Y estos son los dos mil cuatrocientos años que se cumplen desde el nacimiento de uno de los personajes históricos más importantes de todos los tiempos: el filósofo griego Aristóteles. Cuéntenlos si no me creen: el Estagirita nació en 384 a.C., por lo que en 2.016 suman, ya lo dije, 2.400 años en total. Y es por eso que acá en la Guillermocracia, haremos un breve repaso acerca de este filósofo. Al estilo de la Guillermocracia. O sea, breve en dos posteos a falta de uno. Y además, con la mayor seriedad posible... pero con su miga de ironía porque, al igual que el grueso de las cosas de la vida, Aristóteles tampoco hay que tomárselo ciento por ciento en serio. Es un personaje histórico importante, por supuesto, pero por otra parte... era un filósofo. Lo que no es lo mismo que escribir novelas, investigar nuevos medicamentos o mantener andando la Guillermocracia.

Estagirita es el sobrenombre pedante que los eruditos le ponen a Aristóteles, porque nació en una ciudad griega llamada Estagira. Recordemos que en la época, Grecia se organizaba en forma de ciudades independientes llamadas pólis; Estagira era una de ellas, y la verdad, sin querer faltarle a sus habitantes en lo simpáticos que puedan ser, por lo único que pasaron a la Historia fue por ser la patria de Aristóteles. Sabemos algunas cosas más de la ciudad, incluyendo su rol en las Guerras Médicas (fue invadida por los persas y ocupada), en las Guerras del Peloponeso (fue invadida por los atenienses pero resistió), y en las campañas militares de Filipo II de Macedonia (fue invadida por los macedonios y ocupada). Cuando Filipo II de Macedonia conquistó Estagira, la arrasó más o menos a lo bestia, pero luego ordenó reconstruirla en un pasando y pasando: había contratado a Aristóteles como tutor de Alejandro Magno, y como parte de pago, reparó los desperfectos que él mismo ocasionó. La relación entre ambos era un tanto más antigua, ya que Nicómaco, el padre de Aristóteles, había sido médico en la corte de Amintas II, el padre de Filipo II.

Citando a un autor más antiguo, el siempre socorrido Diógenes Laercio nos informa que Aristóteles "tenía las piernas delgadas y los ojos pequeños, que usaba vestidos preciosos y anillos, y que se cortaba la barba y el pelo". Parece haber tenido una vida sentimental un tanto agitada. Contrajo matrimonio con Pitias de Aso, con la que ambos compartían el gusto por la Biología; la relativa al estudio de la naturaleza viviente, no los otros asuntos biológicos, para que nos entendamos, aunque siendo marido y mujer, también debió existir de eso. Luego enviudó, pero rehizo su vida con una concubina llamada Herpílide, con quien tuvo a un hijo llamado Nicómaco, que parece ser el destinatario de la célebre Etica a Nicómaco, seguramente uno de los más famosos libros de Etica en la Historia Universal. Y no he cometido ningún error aquí, si lo están notando: tanto el padre como el hijo de Aristóteles se llamaban Nicómaco. En materia de nombres, la oveja negra de la familia era Aristóteles, en una genealogía sembrada de Nicómacos.

Desde muy joven, Aristóteles "fue el discípulo más legítimo de Platón", en palabras de Diógenes Laercio, pero luego hubo disensiones al interior de la Academia en Atenas, por las cuales Platón habría dicho: "Aristóteles nos tira coces, como hacen los potricos con sus madres". Nadie sabe con claridad el motivo del derrumbe de las relaciones entre Platón y Aristóteles. Es posible que Platón estuviera más enamorado del pensamiento por el pensamiento, lo que chocaba contra la mentalidad algo más pragmática de Aristóteles; podría ser también un choque de egos. Envejeciendo y ante el evento de su próxima muerte, Platón prefirió legar la dirección de su Academia en Espeusipo, que era su sobrino. A la muerte de Platón, Espeusipo siguió defendiendo las ideas filosóficas de Platón, pero consideraba difícil de tragar el concepto de las ideas platónicas, a las que reemplazó por el concepto de que el mundo material es la expresión concreta de los números matemáticos, que serían así el equivalente al Mundo de las Ideas platónico, o su sustituto; en este respecto, Espeusipo resulta sorprendentemente moderno, porque de hecho es así como los cosmólogos y los mecánicos cuánticos tienden a ver el universo. Como persona, parece haber sido menos meritorio. Diógenes Laercio recuerda sus arrebatos de ira, que le llevaron a arrojar un perrito a un pozo, así como esa curiosa mezcla que era la inclinación hacia el sibaritismo, la manera filosófica en que departía con sus discípulas mujeres, la tacañería de cobrar por las clases allí en donde el maestro Platón las había impartido gratis, y un estilo de vida desmañado que llevó a Plutarco a afirmar que murió de piojos. Este fue el personaje que heredó la Academia de Platón a su muerte en 347 a.C., para fastidio de Aristóteles; chasqueado, el Estagirita acabó por asentarse algunos años después en Macedonia, aceptando el encargo de educar a Alejandro Magno, como ya hemos dicho. De todas maneras, esto no impidió que a la muerte de Platón, Aristóteles compusiera un poema elegíaco en su memoria, y que a pesar de sus diferencias, el resto de su vida se definiera a sí mismo más o menos como platónico. En el sentido filosófico, no el otro sentido, por favor. Volveremos sobre esto último más adelante.

Alejandro Magno conquistó el mundo y creó un sueño universal para todos los seres humanos sin distinción. El discípulo de Aristóteles salió mucho mejor que los de Milton Friedman.
La relación de Aristóteles con Alejandro Magno está formada con la materia de las leyendas. Uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos, fue el tutor de uno de los más grandes conquistadores de todos los tiempos. Aristóteles el discípulo de Platón tuvo así éxito allí en donde su maestro había fracasado: todos recordamos con befas y cuchufletas cómo Platón trató de educar a Dionisio el Joven en Siracusa, y en respuesta, éste lo hizo nadar todo el camino de regreso a Atenas, figuradamente por supuesto. Y aunque hubiera tenido éxito, Dionisio el Joven nunca llegó a ser ni de lejos igual a Alejandro. Habrá que esperar hasta Voltaire el tutor de Federico el Grande de Prusia, veintiún siglos después, para volver a tener una relación tan poderosa de ese tipo, y Federico el Grande fue apenas monarca de un país, poderoso por supuesto pero apenas un país, mientras que Alejandro llegó a ser autócrata del mundo conocido. Se dice que Alejandro conservó siempre un agradecido recuerdo de su maestro, y que en sus campañas militares se preocupaba de enviarle animales exóticos y plantas raras de los territorios que visitaba, para que su viejo maestro tuviera oportunidad de estudiarlos.

Una vez que Alejandro Magno marchó a la conquista del Imperio Aqueménida, Aristóteles regresó a Atenas, en donde fundó su propia escuela, el Liceo. Reza la anécdota que Aristóteles impartía sus clases caminando, con los alumnos siguiéndole. De ahí que se los conozca como los peripatéticos, del griego περιπατέω ‎(peripatéō, o sea, yo camino alrededor), compuesto de περί ‎(perí, o sea, alrededor, como en pericardio o perímetro) y πατέω ‎(patéō, o sea, yo camino). Aristóteles impartía dos lecciones: una por la mañana que era esotérica, o sea para los iniciados o los que ya tenían algún conocimiento, y otra por la tarde que era exotérica, o sea para los que recién estaban comenzando el camino de la Filosofía, gran público incluido, si así les parecía. Alejandro Magno siguió sustentando financieramente al Liceo hasta más o menos 325 a.C., fecha en que maestro y discípulo se distanciaron por la cuestión de Calístenes. Este era sobrino de Aristóteles, y heleno hasta la médula, y criticaba ácidamente la política alejandrina de fusión de razas y culturas en un único imperio cosmopolita. Sí, señores, los antiguos helenos también podían ser una gota de racistas si se lo proponían. Hastiado, Alejandro Magno lo condenó a muerte, lo que desató la ira de Aristóteles. A saber en qué hubiera terminado todo, de no ser porque Alejandro Magno murió dos años después.

Aristóteles era sin lugar a dudas un hombre apasionado del conocimiento. Una vez se le preguntó en qué se diferencian los sabios de los ignorantes, y respondió: "En lo que los vivos de los muertos". Su visión del conocimiento era un tanto socrática, ya que tendía a identificar el conocimiento con la bondad. Así, cuando le preguntaron acerca de qué ganancia le dejaba la Filosofía, respondió: "Hacer espontáneamente lo que otros hacen por medio de las leyes". Aristóteles guarda semejanzas en su visión del Bien con su maestro Platón... pero también diferencias. Debemos recordar que Platón consideraba que el mundo terrenal era una ilusión, apenas un reflejo de lo que llamaba el Mundo de las Ideas, y por lo tanto, investigar cosas sobre el mundo era una pérdida de tiempo; sólo las Matemáticas y la Geometría parecen haber despertado el interés de Platón. Aristóteles por el contrario fue un ávido investigador de cuanto se le puso al alcance. Se interesó por la Biología, ya lo dijimos. Escribió sobre Astronomía, Optica y Música. Entre sus varios escritos jurídicos hay una descripción del sistema político ateniense que hasta el día de hoy es una de nuestras principales fuentes sobre el mismo. Sus tratados literarios fueron considerados preceptivos durante siglos: estudió a Homero, describió la catarsis como fenómeno psicológico relacionado con las ficciones, y sus nociones sobre la unidad de las obras dramáticas sentaron las bases para las famosas Tres Unidades que fueron tan caras a la Dramaturgia Neoclásica. ¿Ustedes recuerdan que un punto clave de El nombre de la rosa, de Umberto Eco, era un libro de Aristóteles...? El catálogo de libros cuyos títulos menciona Diógenes Laercio, ocupa sus buenas dos páginas completas, sin ir demasiado lejos. Hoy en día, a toda la Física heredada del mundo grecorromano la llamamos Física Aristotélica, y contra ella se tuvo que rebelar Galileo Galilei, cuando formuló las leyes de la inercia primero, y cuando intentó abogar por el Heliocentrismo después.

Pero a pesar de su vastísima influencia en materias científicas, el más perdurable motivo de prestigio para Aristóteles es su labor filosófica. Lo que no debería de ser raro. Hoy en día tenemos la idea de que los filósofos hacen su labor desde la cátedra universitaria, en las Facultades de Filosofía, o escribiendo sesudos y abstractos tratados acerca de tales o cuales asuntos de reflexión. Pero este desarrollo de la Filosofía data apenas del siglo XIX. Hasta el siglo XVIII, todo lo relacionado con el conocimiento era considerado Filosofía, hasta el punto que los estudios científicos se llamaban Filosofía Natural; por supuesto, la palabra deriva del griego φιλοσοφία, compuesto a su vez de φίλος ‎(phílos, o sea, amante) y σοφία ‎(sophía, o sea, sabiduría). O sea, se llamaba filósofos a los amantes del conocimiento, de cualquier conocimiento, sea éste respecto del mundo físico o de cuestiones éticas o metafísicas. Esto quiere decir que, según la noción helénica, su parroquiano de bar favorito que al lado de una cerveza lanza eruditas disertaciones acerca de todos los jugadores de todos los equipos de la liga profesional de fútbol, reservas incluidos, y expone acerca de estrategias, pases entre clubes y cuestiones anexas, es en cierta medida un filósofo. Así de raros eran los antiguos griegos. Tipos como Sócrates o Platón, que desdeñaban las cuestiones físicas para preocuparse de las éticas o metafísicas, eran gentes que iban un poco a contracorriente de la tendencia general en la mentalidad helénica tradicional. Por supuesto, esta posición socrática o platónica hoy en día es muy popular entre los filósofos que les gusta más escucharse a sí mismos mientras exhalan esos flujos de aire caliente que ellos llaman sus ideas, que investigar sobre el mundo. Pero en los tiempos helénicos, no solían ser la regla; ésta fue, de hecho, una de las posibles razones que rebelaron a Aristóteles contra Platón. ¿Recuerdan ustedes el famoso retrato de Aristóteles y Platón, pintado por Rafael Sanzio, en su fresco La escuela de Atenas, en donde Platón aparece apuntando hacia arriba, y Aristóteles aparece apuntando hacia abajo? No es casualidad: es un hábil simbolismo introducido por Rafael Sanzio para retratar la concepción de la investigación que tenían Platón y Aristóteles.

Platón: "Así la tunda que te voy a dar si sigues dándotelas de rebelde"; Aristóteles: "Bájale los humos o así te voy a dejar en el piso". Fragmento de La escuela de Atenas, fresco por Rafael Sanzio.
Resumir la filosofía aristotélica es una empresa dificilísima, y aquí habremos de conformarnos con un esbozo simple, abreviado, saltándonos partes, y probablemente no todo lo preciso que debería. Partamos diciendo que para Aristóteles hay grados de conocimiento y dominio sobre un arte, y el mayor de esos grados, es la capacidad de explicar ese conocimiento en vez de aplicarlo de manera meramente intuitiva. De ahí el interés de Aristóteles por la Lógica, el estudio de las proposiciones que, en definitiva, sirven para explicar los hechos científicos; Aristóteles sabía que una colección de hechos ensartados como cuentas de un collar no es suficiente, y deben éstos ser relacionados mediante proposiciones lógicas, unos con otros, para considerar como explicada una materia. Aristóteles hizo importantes aportes en el campo de la Lógica, y se sirvió de ella para trazar su Metafísica; todavía hoy en día llamamos silogismo aristotélico a determinada manera de encadenar las proposiciones. Eso sí, debemos tener cuidado en un punto. Parece ser que Aristóteles no veía a la Lógica como una herramienta meramente instrumental para describir realidades, sino que más bien, las reglas lógicas eran la realidad, en su concepto. Aristóteles no va a ser el primer ni el último filósofo que intente forzar las reglas de la Lógica de esta manera. Hoy en día, parece más seguro asumir que las reglas lógicas no determinan el fondo de las proposiciones, ya que las aceptamos como una mera formalidad separada de su contenido; Aristóteles sin embargo era de otra idea. Para que nos entendamos: afirmar que las reglas lógicas conforman la realidad en vez de meramente describirla, es como afirmar que la receta de un pastel de cocina impresa en un libro, es el pastel de cocina en sí. No es muy razonable, pero Aristóteles intentó esta maniobra... y no será ni con mucho el último en abordarla.

Aristóteles intentó atacar el problema desde la división del mundo en categorías lógicas. La más importante era, por supuesto, la substancia (οὐσία); recuérdenla bien, porque saldrá varias veces por aquí y por allá. En esto, Aristóteles sigue a tantos otros filósofos helénicos que trataron de buscar una única cosa que fuera el sustrato de todas las demás, como el agua de Tales de Mileto o el aire de Anaxímenes; hay ecos también del Mundo de las Ideas de Platón aquí, ya que para Platón, todo eran Ideas. La diferencia es que Aristóteles trata de pasar su substancia como una categoría lógica, o sea, una abstracción meramente formal. Así, Aristóteles insiste en separar lo que es, de lo que decimos que es. Sin embargo, la idea de que eso desautoriza la prueba de la existencia de la substancia, igual a como separar la receta del pastel de cocina respecto del pastel de cocina mismo, parece habérsele pasado por alto. Volvemos al mismo problema que planteábamos en su minuto, a propósito de la película La llegada: ¿cómo podemos estar seguros de que una afirmación acerca de la realidad, se corresponde efectivamente con la realidad? Aristóteles pareció advertirlo, y no se rindió en el empeño. Puntos por intentarlo, por supuesto; podemos reirnos de lo estéril de sus esfuerzos, pero por supuesto, si la realidad estuviera estructurada de manera diferente, y hubiera tenido éxito... En ciencia, las cosas no se saben hasta que se investigan, y Aristóteles al menos sí que lo investigó.

A partir de sus categorías, Aristóteles describe al mundo como un saco de conceptos. Hay aquí un intento de darle apariencia formal a las afirmaciones de fondo que hace Platón. Con todo, este enfoque logra integrar el conocimiento científico y empírico, algo que Platón desdeñaba. Aristóteles pone énfasis supremo en clasificar los conceptos en categorías, como una manera de combatir la tendencia de otros filósofos a mezclar y confundir todas las cosas en una especie de substancia única mística. Por supuesto, la realidad no es nunca tan tajante, y la lógica aristotélica peca un poco de eso, de mantener apartadas todas las cosas en compartimentos separados y más o menos estancos. En definitiva, Aristóteles buscaba separar entre blanco y negro, en un mundo sembrado de grises. Para solventar este problema, Aristóteles ofrece una teoría del juicio: nosotros emitimos juicios sobre las cosas, y estos juicios son poner conceptos en conexión, enhebrados en proposiciones respecto de las cuales podemos afirmar su veracidad o falsedad. Por supuesto, esto sólo transporta el problema un poquito más lejos: ahora ya no tenemos un mundo de conceptos repartidos de manera tajante en categorías, sino un mundo de proposiciones repartidos de manera tajante en verdades y falsedades.

Aristóteles le añade un piso más a la construcción. Si hay alguna proposición general que sabemos verdadera, y uno de esos elementos incide en una proposición particular que también sabemos verdadera, podemos extraer de ello una nueva proposición. A esto lo llamamos silogismo. Un ejemplo típico: si sabemos que "Sócrates es hombre" (proposición particular) y "todos los hombres son mortales" (proposición general), entonces podemos concluir que "Sócrates es mortal". Esto funciona por inclusión de conceptos en categorías cada vez más amplias: el concepto "Sócrates" es particularísimo, ya que se corresponde a un solo sujeto, un tipo rechoncho y algo zumbón que vagaba por las calles de Atenas, mientras que el concepto "hombre" es más amplio y se corresponde con Sócrates y varios otros sujetos, y el concepto "mortal" es amplísimo y comprende a Sócrates y el resto de los hombres, y a varios otros sujetos que también son mortales, como por ejemplo las arañas o los gatos. Esto implica deducir de lo general a lo particular. Como herramienta para ordenar el conocimiento que ya se tiene, el silogismo aristotélico es útil, pero tiene una limitación: no hay manera de meter nuevos particulares en las proposiciones. Hacer eso es ir de lo particular a lo general, o sea, lo contrario de una deducción: una inducción. Lo que hace Sherlock Holmes es deducción aristotélica: Sherlock Holmes tiene en su cabeza una serie de proposiciones generales como por ejemplo "el barro de X zona de Londres es arcilloso" o "las cenizas del tabaco de Z origen son oscuras", y luego toma las proposiciones particulares, que son el barro de una suela de zapatos en particular o las cenizas de tabaco que aparezcan en la escena del crimen, para ver si calzan o no calzan en esas proposiciones generales. Por supuesto, las cosas se ponen complicadas para Sherlock Holmes cuando un determinado pedazo de evidencia, no consigue meterlo en una de esas proposiciones amplias y generales. Hay una razón por la que Sherlock Holmes tiene un laboratorio, después de todo.

Yep... Sócrates sí era mortal. Ilustración por Walter Crane.
De manera que toda la teoría del silogismo aristotélico sirve para gestionar información que ya poseemos. Aristóteles mismo se da cuenta de que, de todas maneras, la única manera de sacar conocimiento así, es tener una especie de afirmación fundamental sobre el universo, de la cual se deriven todas las demás. Al respecto, Aristóteles entiende, de igual manera a la ciencia moderna, que saber algo de manera completa equivale a entender sus causas. Pero aquí las cosas se vuelven más espesas. Aristóteles rechaza que una definición sea puramente nominal, porque las definiciones son silogismos que operan sobre juicios, que a su vez operan sobre conceptos que tienen una entidad real. Pero para que una definición pueda ser real, es necesario entonces que las cosas sean reales, tengan un ser... y volvemos así al tema de la οὐσία, la substancia que mencionábamos al comienzo. Si ella no existiera, entonces todo el aparato anterior sería puramente formal, y por lo tanto una irrelevancia. Por decirlo más claro: si no hay conexión entre la receta para hacer pastel, y el pastel mismo, entonces da lo mismo qué cosa hay escrita en el recetario, porque al final del día, si no confeccionamos el bendito pastel seguiremos tan hambrientos como al comienzo de todo esto.

De manera que Aristóteles intenta conectar un conocimiento de fondo, su famosa substancia, con reglas lógicas formales, de manera que nos bastaría en teoría con las segundas para saber cosas sobre la primera. ¿Ya vieron la trampa de este razonamiento? Aristóteles está metiendo aquí un razonamiento circular. Es la trampa filosófica clásica de quienes intentan pasar del conocimiento empírico al metafísico, y es la razón por la que la palabra Metafísica se ha cubierto de tanto desprestigio con posterioridad. El texto principal a este respecto se llama justamente Metafísica, aunque dicho nombre no parece haber sido acuñado por Aristóteles. Siglos después de muerto el viejo, los eruditos que se abocaron a compilar su obra copiaron los textos de Física, y a continuación copiaron los metafísicos, sea porque vieron una progresión natural de ideas, o sea por mera coincidencia. A los libros sobre ciencias, los llamaron τὰ φυσικά ‎(tà phusiká, o sea, de la naturaleza), y los que vinieron después los llamaron μετὰ τὰ φυσικά ‎(metà tà phusiká, o sea, más allá de la naturaleza). Como decíamos, algunos consideran esto como una cuestión formal: los copistas sólo querían decir que esos libros los habían copiado después de los relativos a cuestiones científicas, quizás porque amontonaron los rollos en ese orden y no se tomaron mayor molestia ordenándolos. Otros quieren ver un sentido más allá: la Metafísica es el estudio de las cosas que están más allá de la naturaleza. Quienes respetan la Metafísica como disciplina, la enaltecen por eso, porque trasciende la naturaleza, y quienes la critican, la ridiculizan por eso, por ser una serie de desvaríos que nada tienen que ver con la naturaleza. Y esto ya parte, en cierta medida, con el libro llamado la Metafísica, de Aristóteles quien nos ocupa.

Pero volviendo al razonamiento circular. Aristóteles considera que el aparato lógico versa sobre conceptos que, a su vez, versan sobre cosas reales. A su vez, sabemos que son cosas reales porque podemos discutir acerca de ellas usando, adivinaron... el aparato lógico que versa sobre conceptos que a su vez versan sobre cosas reales. Dicho más en bestia: las cosas reales son prueba de las reglas lógicas, y las reglas lógicas son prueba de las cosas reales. Lo dicho: razonamiento circular. Parece que Aristóteles no pudo, no quiso o no se dio el tiempo de acreditar que ciertos conceptos pueden ser sobre cosas irreales, cuya existencia es imposible desde el punto de vista empírico e incluso lógico, como por ejemplo los conceptos de unicorniogravedad que tira hacia arriba, o cuadrado circular. Piensen en que los números imaginarios fueron llamados así porque los matemáticos del Renacimiento creían que eran meras abstracciones matemáticas sin entidad real. Ni qué decir, ésta talón de Aquiles es la cantera a partir de la cual todos los críticos de Aristóteles han intentado derribarlo para poner su propia escenografía metafísica arriba del tablado.

En cualquier caso, Aristóteles sigue valientemente, explicándonos qué es una definición. Aplicando su teoría de las categorías, Aristóteles señala que cada cosa se define por su género próximo y su diferencia en especie. Por introducir un ejemplo de la ciencia moderna, un caballo (Equus equus) se define porque pertenece al género de los equinos (Equus), pero su cola con crines y tales o cuales otras características, lo separan de los asnos, que también son equinos, pero de otra especie (Equus asinus). En efecto: cuando el afamado naturalista sueco dieciochesco Carlos Linneo inventó la moderna nomenclatura que usamos para darle nombre científico a las especies vivientes, la sombra de Aristóteles estaba planeando por encima. También cuando llamó Homo sapiens, o sea hombre sabio, al ser humano, y lo puso en una categoría especial sin otros Homo; ya vendrían los paleontólogos a corregir esto último, por supuesto.

Dos especies dentro de un mismo género, pero... sin confundir, ¿eh? Que luego mezclan libertad con libertinaje, y...
Por supuesto, esto no resuelve el problema anterior. La forma sigue siendo... una cuestión formal, valga la redundancia. Aristóteles aplica aquí la siguiente maniobra: considera que la materia está separada de la forma, en efecto, pero la informa. La materia está sometida a los accidentes de la contingencia, pero la forma, en cuanto concepto, es un ideal. La sombra de Platón y su mundo de las ideas planea aquí sobre Aristóteles, pero éste no considera los entes individuales como ilusiones que son meros reflejos o sombras de ideas platónicas, sino cosas que existen por sí, participan de la materia, pero lo hacen a través de la forma. En esta línea de razonamiento, la harina siempre es harina, pero llega a ser pastel cuando es separada en porciones y cocinada; sigue siendo harina, pero en la forma de un pastel. Para remachar esto, Aristóteles introduce una nueva vuelta aquí, cuando habla del acto y la potencia. Podemos decir que la potencia es el acto aún embrionario, mientras que el acto es la potencia desatada, como Chuck Norris listo para descargar dolor, y Chuck Norris descargando dolor. La forma, o sea el concepto o definición, es similar a la potencia, y la cosa o ente individual, es similar al acto. Así, siguiendo con nuestro ejemplo gastronómico, la harina sería un pastel en potencia, y el pastel sería el acto de la harina; la potencia pasa a ser acto cuando la harina pasa a ser cocinada como pastel. La harina no tiene individualidad y cualquier puñado de ésta es reemplazable por cualquier otro puñado, es apenas un montón de polvillo blanco que deja los pantalones hechos un asco y listos para el lavado, mientras que cada pastel es único e irrepetible, aunque se hagan con la misma receta, porque tienen una individualidad. La potencia es posibilidad, y el acto es existencia; la harina es la posibilidad de que exista un pastel, y el pastel es... bueno, un pastel que existe, perdónenme lo obvio. Y ambos están conectados porque no puede existir lo que no es posible, y a su vez, lo que es posible sigue siendo apenas una probabilidad hasta que llega a existir; así, no podemos cocinar un pastel sin harina, o al menos, no uno de los más corrientes, porque luego hay gente rara que sí inventa recetas de ésas. Pero hablamos de Aristóteles y no de gente rara aquí.

Esta línea de razonamiento funciona también sorprendentemente bien para las cosas más abstractas, y permite solucionar algunos de los más obvios problemas de la filosofía platónica. Así, entre cosas abstractas, podríamos distinguir entre grados de abstracción. Pensemos por ejemplo en la justicia. ¿Existe realmente la justicia? En potencia sí... si la hacemos llegar a existir. ¿Y cómo podemos hacer esto? Simplemente adjudicando justicia en casos particulares. O sea, una sociedad es justa cuando en ella hay justicia general, y ésta existirá cuando hayan justicias particulares en cada juicio que se promueva, o en cada contrato que se celebre, o en cada ley o acto de gobierno que se promulgue u ordene. La justicia en general existe en potencia, en estas justicias particulares, que a su vez existe como potencia en, adivinaron, cada juicio, cada contrato, cada ley, cada acto de gobierno. Aquí empezamos a atisbar una característica de la Metafísica aristotélica: la concatenación de causas y efectos, de actos y potencias, de formas y substancias, para llegar hasta el corazón mismo de su Metafísica. Por cierto, aviso de antemano: no pienso ir a meterme en el berenjenal de la teoría de la justicia aristotélica, así es que si andan buscando todo eso de la justicia conmutativa y la justicia distributiva, busquen en otro sitio. Tales materias no vendrán ni en este posteo ni en el siguiente.

Y hablando del siguiente posteo: ya estamos terminando con esta parte del posteo. Porque queda otro igualito de largo y complicado. Aristóteles, señoras y señores. Rematemos con un enorme continuará, y partamos con la Teoría de las Cuatro Causas. Esta, se la sacó de la manga para tratar de dilucidar cómo llegar a la causa de las cosas. Veamos sus cuatro causas. Una es la forma, a través de la cual nos preguntamos por su esencia, por lo que es (es un pastel). Otra es la materia, o sea, de qué se compone (de harina); por supuesto, esta es una causa inferior porque la materia es apenas potencia, y sólo encuentra su concreción en la forma o acto. La tercera causa es el motor, por el cual nos preguntamos acerca del origen del medio o movimiento por el cual la materia pasa a ser forma (el cocinero, el horno). Y la cuarta causa es el fin, o sea, para qué resultado final se produce todo lo anterior (para darse un gustito en este miserable valle de lágrimas llamado la vida). O sea, expresado en términos dinámicos y casi para presentación de Power Point, podemos afirmar que las cuatro causas son la materia indiferenciada que es, el movimiento que la lleva desde una materia indiferenciada a una cosa diferenciada, la forma que asume como cosa diferenciada, y el fin para el cual ha sido todo el jaleo anterior. Por supuesto, esto nos deja más o menos en las mismas, teóricamente a lo menos... aunque no para el infatigable Aristóteles. Porque ahora estamos en el umbral del gran salto, el punto en el cual se lanza su triple piquero desde el trampolín a un vaso de agua ubicado doscientos metros más abajo. En efecto, estamos a punto de adentrarnos de lleno en la metafísica aristotélica. Pero eso... será materia de la segunda parte de este épico posteo sobre este épico filósofo, hijo insigne de la épica civilización grecorromana.

La lovecraftiana dimensión sin tiempo de la que quizás podrás regresar, pero ya nunca más serás el mismo.

5 comentarios:

murinus2009 dijo...

Saludos desde Ciudad de Mexico.

De Aristóteles solo sabía lo más básico:
Que fue una o de los filosofos mas importantes de la Grecia antigua junto con Platon y Sócrates.
Que fue maestro de Alejandro Magno.
Que hizo grandes aportes en variados Campos del Conocimiento y que incluso una de las formas de contar historias esta basada en una de sus Teorias, algo sobre la coherencia entre personaje y entorno, lo escuche relacionado a una pelicula animada, en que un Caracol competía contra Autos de Carreras, según los comentaristas (de los llamados "culturetas" por cierto) decían: "Eso viola una de las leyes aristotelicas, no puedes poner a competir un Caracol con Autos de Carreras", nunca me ha quedado muy claro, quizá por ser "culturetas" los que lo mencionarón.

Definitivamente la parte dedicada a sus trabajos en: El Pensamiento, La Lógica y La Metafisica son temas que necesito leer varias veces, para poder comentarlos, en ningún lugar había yo encontrado tan buena y tan accesible información.

De nueva cuenta Guillermo (y la cuenta debe llevar cientos), haz realizado un Trabajo que obliga al lector a ser alguien mas preparado, en este caso en la Filosofía, uno de los campos del Conocimiento Humano, que alguien una vez me comentó: "es de las carreras mas útiles para la vida, independientemente de la ocupación".

Hasta donde he notado, Guillermo eres el único comunicador que ha dedicado un Espacio a conmemorar los 2 400 años de Aristóteles, de nueva cuenta la Guillermocracia mostrando por que es uno de los mejores espacios de todo el Internet.

Gracias y ha esperar La Segunda Parte de esta Conmemoración.



Gaby Fonseca dijo...

Que complicado! Lei una vez Filosofia para principiantes y aun asi se me hizo dificil y ahora leo este articulo completo xD gracias por los ejemplos con el pastel es una forma facil de asimilar la explicacion.

"Soy amigo de Platon, pero lo soy aun mas de la verdad"- (algo asi xD) Aristoteles.

Saluditos y a ver como me va con la segunda mitad!

Guillermo Ríos dijo...

@murinus2009, si sabes que Aristóteles fue uno de los más importantes filósofos griegos junto con Platón y Aristóteles, entonces sabes más que un alumno de Derecho de Quinto Año. No estoy bromeando. Casi se me cayó el pelo de vergüenza cuando, sentado en la cátedra de Filosofía del Derecho, el profesor le preguntó a un alumno cuáles eran los tres grandes de la Filosofía Griega, y el interrogado no supo qué responder...

La verdad sea dicha, a mí también se me habría pasado por alto el... veinticuatrocentenario... si no fuera porque lo vi en algún otro sitio de Internet. Por desgracia no recuerdo cual, pero significa que entre ése y la Guillermocracia, ya somos como mínimo dos.

Gracias por las felicitaciones, y la segunda parte ya está programada para Enero.

@Gaby_Fonseca, me lo dicen a mí. Este posteo estuvo en preparación durante unos seis meses, hasta que conseguí darle una forma más o menos definitiva. La inclusión de los ejemplos es adrede, o de lo contrario sería demasiado abstracto. Y creo que uno de los grandes errores de la enseñanza de la Filosofía, es pretender enseñarla así, en abstracto.

Saludos igualmente.

Seanna dijo...

A mí jamás me lo explicaron en el bachillerato. La información sobre Aristóteles se reducía a que era discípulo de Platón, y ya. Luego venía alguna cosa de sus aportes a las ciencias naturales, que leído el posteo, no era lo más importante de su trabajo.
Nunca te acostarás sin saber algo nuevo (todavía estoy digiriendo lo de las categorías y la esencia).
Gran post.

Guillermo Ríos dijo...

En realidad, a mí también me pasaron Aristóteles bien por encima. Lo que sé de él, es leyendo por mi cuenta. En parte por eso escribí el posteo, porque a veces hay que acercar a estos personajes al gran público y perderles un poco el miedo.

Que el grueso público ignore la mayor parte sobre Aristóteles, creo que cuenta como pecado venial. Siempre es mejor saber que no saber, pero no es como que alguien va a perder el empleo o lo van a mandar a la cárcel por delito tributario, porque no domina la Teoría de las Cuatro Causas o el asunto del Primer Motor Inmóvil o qué se yo. Pero un estudiante de Derecho, creo que es otra cosa. La mayor parte de las gentes deben vivir con las leyes, pero las gentes de Derecho hacen y aplican las leyes; por eso me parece especialmente grave que un abogado sea inculto, porque si no tiene cultura, con qué sustrato va a desarrollar un sentido común y humanitario mínimo con el cual ejercer su trabajo. Un viejo adagio jurídico reza, con toda la razón del mundo: "El abogado que sólo sabe de Derecho, ni siquiera sabe de Derecho".

Aristóteles se destacó mucho en el campo científico, pero pasa con él por desgracia lo que con todos los científicos: que su obra queda obsoleta después de que vienen nuevos progresos adicionales. Por eso preferí centrarme en la parte filosófica, que es la más popul... por la que es más recordado, quizás sea mejor decir.

Gracias por las felicitaciones, y felices fiestas.

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