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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Los políticos del futuro: La frontera final.


A inicios de este año 2.016, el venerable Don Francisco José Súñer Iglesias tuvo a bien invitarme para colaborar con un artículo para El Sitio de Ciencia Ficción, con ocasión del especial en que se celebró el aniversario número 19 del mismo. El tema para los convocados a dicho especial, fue la manera en que la Ciencia Ficción aborda la política. Mi contribución personal a ese respecto fue el artículo Los políticos del futuro: La frontera final. Con ocasión de que, el próximo Enero de 2.017, El Sitio de Ciencia Ficción cumplirá veinte años en línea, desde ya, aquí en la Guillermocracia nos sumamos a los festejos, y esperamos que siga por muchos años más... y aprovechamos, de paso, de reproducir el artículo de marras. Y sin más preámbulos...

Los políticos del futuro: La frontera final.

Hay ciertos géneros narrativos que parecen irremisiblemente asociados a tales tiempos y a cuales lugares. La novela de caballería, por ejemplo, floreció de manera muy específica en la Europa de los siglos XV y XVI, como sucesora del clásico cantar de gesta, pero en prosa y algo más a lo bestia. El policial clásico a lo Agatha Christie, con sus familias extensas y cainitas en mansiones del siglo XVII, es algo propio de la era de las guerras mundiales. Y la novela política... bien, la novela política nunca se ha consagrado como un género propiamente tal. Las hay de tema político, por supuesto. Colindando con la Ciencia Ficción nos encontramos con El talón de hierro de Jack London, o Eso no puede pasar aquí de Sinclair Lewis, que sirvió de inspiración para la serie televisiva V y su correspondiente remake. Pero en general, estas obras tienden a ser experimentos aislados, sin una estructura de género reconocible como tal. Quizás lo más próximo a un género literario de novela política, con sus códigos y referentes propios, sea el corpus literario conocido genéricamente como novelas de dictadores, y que ha sido el producto de la peculiar realidad social de Hispanoamérica durante el siglo XX.

En Ciencia Ficción, las cosas han marchado más o menos igual, y el político como personaje tiende a no despertar interés. Es un elemento que forma parte del paisaje, pero pocas veces es el núcleo central de la historia. Incluso en novelas de cariz tan político como 1984 de George Orwell, la política en sí es secundaria. Lo importante en la novela orwelliana no es la alta política, de la cual sabremos tan poco que ni siquiera estamos seguros de que el jerarca conocido como Gran Hermano realmente exista; lo importante en realidad es cómo el régimen, lo termina sufriendo un peatón cualquiera, un fulano opaco y gris llamado Winston, el día en que se le ocurre dejar de doblepensar y desarrolla pensamientos nocivos contra el sistema.

No es que falten novelas de Ciencia Ficción con contenido político. La Trilogía de la Fundación de Isaac Asimov, por ejemplo, es un híbrido de intriga política y elementos detectivescos, con el rol clásico de los soldados, mercenarios y aventureros espaciales, relegado a la trastienda, en beneficio de los psicohistoriadores que manejan todo el asunto. Dune de Frank Herbert es otro intento deliberado de novela política, dándole importancia suprema a las intrigas palaciegas, hasta el punto que en la novela (porque en la película, las cosas son diferentes), el autor hace una cuidadosa elipsis sobre el grueso de las escenas de batalla. Pero ambas obras son, en muchos sentidos, excepciones a la regla. Lo más normal es que los protagonistas sean heroicos patrulleros espaciales al servicio de un gobierno galáctico que es bueno porque sí, o rebeldes contra un gobierno galáctico que es malo porque sí, o mercenarios y buscavidas que sobreviven lo mejor que puede ante un gobierno corrupto y/o impotente porque sí; en los tres casos, la descripción descarnada de las bondades o maldades del sistema es dada a través de los plebeyos que lo sufren, no de los creadores de la tramoya.

¿Por qué a la Ciencia Ficción le cuesta tanto abordar los entresijos de la política? Probablemente porque la política como actividad, tiende a carecer de pathos. El político exitoso, es el más frío y cerebral. En política, ser un cabeza caliente puede llevar a terminar como el infortunado Gelimer, el último rey vándalo, cuya recompensa por haber resistido hasta el final una invasión bizantina, fue terminar gritando “¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!”, en el desfile triunfal ante el Emperador Justiniano.

Siguiendo un poco el análisis que hiciera Chadwick en su clásico The Heroic Age de 1.912, el historiador británico Arnold J. Toynbee se preguntaba lo mismo respecto de las edades heroicas. Un subproducto de éstas es la poesía épica: la épica homérica tras la caída de Creta, la épica germánica tras la caída del Imperio Romano, la épica bíblica tras la retirada del Imperio Egipcio de Palestina, etcétera. Y una característica de los poemas épicos, es el trágico destino de los héroes. Chadwick y Toynbee se preguntaban, por ejemplo, por qué en la épica germánica aparecen los personajes de Atila (como Etzel) o Teodorico (como Dietrich), ambos monarcas cuyos reinos se desplomaron con rapidez suprema tras su muerte, pero no Clodoveo o Gregorio Magno, ejemplos ambos de monarcas hipercompetentes cuya obra política sobrevivió durante siglos después de su muerte. La conclusión a la que llegan, es que estos personajes exitosos en lo político, son demasiado maquiavélicos para ser personajes literarios interesantes. Obtienen sus triunfos con la manipulación e incluso con el doblez, con el cálculo a largo plazo, es decir, con cosas que no solemos considerar como heroicas.

En materia de Ciencia Ficción tenemos un curioso pero muy decisivo ejemplo, en Star Wars. La Trilogía Original era políticamente simple: existía un Imperio que era malvado porque era tiránico, y una rebelión que era buena porque pretendía librar a la galaxia del Imperio. La Trilogía Precuela, por el contrario, al ambientarse en la generación anterior y en los tiempos de la República, dedica bastante más tiempo a las intrigas palaciegas. La Trilogía Precuela es bastante inferior a la Original por una serie de motivos, pero hay una razón adicional por la que no inflamó tanto a los fanáticos: tenía mucha más política, en desmedro de la aventura pura y dura de la Trilogía Original.

Abundando en lo mismo, es fácil concluir que en las seis películas de Star Wars hasta 2.005, el político más exitoso de todos es Palpatine: manipula al Senado Galáctico, gestiona una guerra civil, consigue instaurarse como dictador, y se mantiene como líder supremo del Imperio durante una generación completa. Pero resulta que Palpatine no es el héroe de la historia sino el villano. Viendo el listado de cualidades personales que posee, es fácil entender por qué: es inteligente, despiadado, egocéntrico, mentiroso, manipulador, falto de empatía, y traicionero. Es decir, toda una galería de valores que tendemos a asociarlos con el villano, no con el héroe, de quien esperamos cosas opuestas: que no sea tan inteligente como bueno para disparar, compasivo, generoso, veraz, honesto, comprensivo, y honorable. Es decir, las mismas cualidades que hacen de Palpatine de lejos el político más exitoso de la galaxia, le impiden en realidad ser un héroe con el cual pueda empatizar el grueso del público.

Incluso en Dune, excelsa novela de Ciencia Ficción política allí donde las haya, los héroes Atreides se presentan inicialmente como personajes legales y honorables, y cuando los Atreides finalmente derrocan al Emperador Padishah, aunque se tornan cada vez más antiheroicos, siempre son retratados como reacios al poder por el poder, y con una preocupación genuina por el destino de la Humanidad, aunque no siempre sean de lo más escrupulosos a la hora de elegir sus métodos de gobierno.

Otro ejemplo glorioso, lo constituye Star Trek. En esta franquicia, sabemos que la Tierra y otros mundos están dentro de un sistema político llamado la Federación, que se intuye bastante complejo. Pero ninguna serie de televisión o película trekkie nos ha mostrado la política por detrás, o si lo hacen, es de la manera más simplista posible. Las series y películas en realidad le prestan más atención a la frontera, a la periferia, allí en donde la política no llega a alcanzar, por sobre los centros de la alta política. Incluso Viaje a las Estrellas: La tierra desconocida, la más política de todas las películas trekkies, en donde asistimos al final de la guerra fría entre los klingon y la Federación, el grueso de la película en realidad es más un technothriller en la vena de Tom Clancy, con tintes de drama carcelario a mitad de camino, que una historia verdaderamente política; en esta película, la política está reducida a los buenos de ambos bandos que quieren la paz, versus los conspiradores malvados que quieren seguir manteniendo un estado de guerra, sin que este tópico se explore más allá.

La Ciencia Ficción como género, permite buenas exploraciones de la política; al permitirse inventar sus propias realidades y preguntarse cómo cambiaría el mundo con tal o cual avance tecnológico, está en posición privilegiada para especular sobre la clase de sociedad que podríamos o deberíamos construir. Pero el género termina estrellándose allí donde el resto de la creación narrativa también lo hace: en la falta de carisma que en general tienen los políticos como personajes literarios. Hay obras de excepción a este respecto, tanto en la Ciencia Ficción como fuera de ella, pero son eso: obras de excepción. Porque ver a un político del futuro moviendo los hilos de la sociedad en el centro de su telaraña a bordo de una estación espacial puede tener su punto, pero sigue siendo mucho más atractivo y llevadero seguir las peripecias simples de un pistolero estelar haciendo pitiú-pitiú con su pistola de rayos a enemigos humanos, alienígenas o robóticos; salvo que, en esto último, nos quedemos con la clásica máxima de Von Clausewitz, de que la guerra es la continuación de la política por otros medios.

3 comentarios:

murinus2009 dijo...

Saludos desde Ciudad de México.

Quizá la única novela de Ciencia Ficcion donde aparece un Politico, mas o menos explicando, como los Dirigentes construyeron el nuevo Sistema de Poder sea: Mustafa Mond en un "Mundo Feliz" de Aldous Huxley.

Otro caso podría ser "Mundo Anillo" de Larry Niven, donde Nessus explica como los Titerotes, manipularon durante siglos las guerras entre Humanos y Kzinti y las Loterias Reproductivas en la Tierra.

Creo que en la Historia y en la Literatura en general, los Politicos llegan a ser interesantes en la medida en que violan las Leyes del propio Sistema que crearon, mantienen, o les favorece, para hacer: su voluntad, un "Bien Superior", u obedecer "El mandato de entre las sombras" como: Cayo Julio Cesar al cruzar el Rubicon, Leonidas de Esparta al desobedecer el mandato de no ir a la guerra durante las Festividades, Napoleón al coronarse Emperador, Hitler al violar los tratados con Chamberlain primero y con Stalin después, en México, Victoriano Huerta traicionando y matando a Francisco I Madero, Pinochet dando el golpe de estado contra salvador Allende, etc. Fuera de esos casos la Politica es tan aburridora, que se tienen que inventar cosas como las Teorias de Conspiración: Reptilianos, Club Bildeberg, Iluminati, etc.

Muy buena Entrada Guillermo, para pasar buen tiempo pensando si un dia despuntara la Politica como gran Genero Literario.

Gracias y hasta la próxima.

Martín dijo...

En cuanto a series de Ciencia Ficción, sí hubo algunos hitos bastante interesantes en cuanto a política. Se pueden nombrar Babylon 5, con la sombra permanente del presidente Clark, y las aún más temibles de los Vorlon y las Sombras propiamente dichas (valga la redundancia); Battlestar Galactica, con Tom Zarek y Gaius Baltar por un lado, y la presidenta Roslin y los militares con Adama a la cabeza por el otro (y sin olvidar los problemas que Sharon y Seis originaron en los propios Cylones, más el golpe de estado de los número Uno), el Abismo Espacial Nueve cuando se produce el enfrentamiento con el Dominio, y Voyager cuando deben escapar de una civilización que se vio beneficiada por el cambio de situación que significó la aparición del Voyager.
Bueno, eso según mi perspectiva, pero sigue siendo poco...

Guillermo Ríos dijo...

@murinus2009, ambas novelas son políticas a medias, porque en Un mundo feliz importa más la sociología, creo yo, mientras que Mundo Anillo es principalmente una novela de aventuras. Son buenos ejemplos de novelas con contenido político, pero también confirman lo difícil que es escribir una novela cuyo foco sea justamente la política.

@Martín, lo mismo. Hasta donde me llega la memoria respecto de esas series, en casi todos esos ejemplos vemos a la política en un lugar destacado, pero al último, sigue tratándose de Ciencia Ficción de aventuras y disparos. No digo que sean buenas o malas, pero la parte política no llega a los niveles de House of Cards, por ejemplo. En materia literaria y fílmica, creo que uno de los mejores ejemplos de ficción puramente política, en donde sí existe violencia pero ésta ocupa un lugar acotado y puntual, es El Padrino. No debemos dejarnos engañar porque sea una historia de mafiosos: los juegos de poder que vemos en el argumento, son política pura y dura. Tampoco debemos dejarnos engañar por lo brutal de la violencia: los propios personajes en general tienden a usarla como último recurso, y la guerra de mafiosos que vemos en escena, se argumenta que es una especie de limpieza periódica para reajustar los equilibrios de poderes, y que la política y los negocios sigan como de costumbre.

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