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domingo, 23 de octubre de 2016

De vivas y vivos.


Esta semana que acaba de pasar, uno de los grandes acontecimientos noticiosos ha sido la enorme marcha por los derechos de las mujeres, que ha acontecido en varias partes de Latinoamérica y el mundo, el pasado Miércoles 19 de Octubre de 2.016. Recapitulemos: en días pasados se supo del horrible crimen perpetrado en contra de una joven argentina de dieciséis años llamada Lucía Pérez, cuyos detalles prefiero no repetir porque ya hay bastante fulano alimentando el morbo allá afuera con su insistencia en los aspectos más macabros del hecho. Esto llevó a la creación de un meme, "Ni una menos", y a la convocatoria a una marcha masiva en repudio contra la violencia de género. El Miércoles antedicho, las manifestantes se tomaron calles y espacios públicos en varias ciudades de Latinoamérica. En paralelo, hubo quienes intentaron crear un meme de respuesta, "Ni uno menos", el cual fue saludado con un montón de comentarios negativos y rechiflas en las redes sociales. Y ahora... acá en la Guillermocracia nos vamos a meter en la boca del león, y hacer nuestro comentario al respecto.

Por supuesto, es difícil hacer un análisis serio y mesurado de la situación, considerando el clima imperante. La marcha del pasado Miércoles 19 ha tenido mucho de reacción visceral, y ése no es el medio más adecuado para ser la voz de la razón. Dicho lo anterior sin ánimo de crítica. Es de humanos reaccionar como los humanos reaccionan, permítanme el pleonasmo, y yo también tengo mujeres queridas en mi vida, en distintas calidades, a quienes no quiero ver que acaben como Lucía Pérez. Pero es justo cuando las cabezas se calientan más, que debiera imponerse el análisis sereno y razonado de las cosas. Y análisis sereno y razonado no se condice con el choque a tres bandas entre los machistas de toda la vida, las feminazis de nueva cepa, y los feministas atrapados entre ambos fuegos. Ya hablé sobre las diferencias entre feminismo y feminazismo en otro posteo acá en la Guillermocracia, pero es bueno repetir lo básico aquí. El feminismo parte de la idea de que debería existir una relativa igualdad o equivalencia entre hombres y mujeres, en lo que a derechos se refiere, lo que no es otra cosa sino la mentalidad democrática de toda la vida, proyectada al ámbito de las relaciones de género, mientras que el feminazismo parte de la idea de que el hombre es el malvado enemigo a batir en una lucha sin cuartel por la liberación femenina de la opresión de esa entelequia que llaman el heteropatriarcado. Esta distinción tiene consecuencias importantes, por más que las feminazis traten de disimular su misandria camuflándose entre las filas de las feministas. Y a la luz de semejante distinción, la marcha del pasado Miércoles 19 cobra nuevos matices. Esa palabra, matices, resulta clave aquí: la realidad no es en blanco y negro, con héroes y villanos, sino que tiene grises, colores y matices que deben ser considerados, si queremos ir más allá de la consigna y el panfleto fácil y rompedor, pero al final carente de mayor contenido.

Primero que nada, partamos por lo obvio. La situación de la mujer en las democracias occidentales, y en las naciones latinoamericanas, es mucho mejor de la que tenían hace uno a dos siglos atrás. Piensen en las diferencias: en la actualidad, las mujeres pueden trabajar y ganar su propio dinero, pueden contraer matrimonio con la persona que deseen, pueden convivir con alguien del sexo que prefieran sin que se las tache de mujeres de mala reputación, tienen derecho tanto a votar como a ser elegidas en cargos públicos, etcétera. Ninguna persona, o al menos ninguna persona de mentalidad democrática, discutiría la justicia de tales cosas... pero lo cierto es que hubo una época en que sí se discutió, y hubo resistencia enconada a garantizar estas condiciones mínimas de dignidad democrática. Por supuesto, que la mujer antaño fuera propiedad del marido, o que debiera conservarse doncella y virginal hasta el matrimonio, eran cosas que se explicaban bajo la existencia de regímenes sociales y económicos diferentes a la actualidad, pero explicar no es lo mismo que justificar. Antes de las revoluciones liberales del siglo XIX, por lo menos existía la excusa de que tales sociedades no conocían nada mejor, pero desde que se abrió paso la idea de que debe existir igualdad de derechos e igualdad ante la ley que protege y garantiza esos derechos, tales desequilibrios se fueron haciendo cada vez más inexcusables.

Compárese por ejemplo la situación de las mujeres en Latinoamérica, versus la situación de las mujeres en regiones de Africa o Asia. En tales naciones, todavía se espera que una mujer contraiga matrimonio nada más alcanzar la pubertad e incluso antes, que lo haga con el candidato previamente escogido por la familia, que lo haga muchas veces dentro de un régimen de poligamia, y que el marido tenga derechos ilimitados para disciplinarla y reducirla a la obediencia, mutilaciones físicas inclusive si fuera el caso. Es un régimen que resulta absolutamente inaceptable de acuerdo a cualquier canon democrático occidental, y en buena hora que así sea.

Pero la destrucción del antiguo sistema machista, tampoco ha sido inocuo. Porque con todo lo brutal que pueda haber resultado su aplicación, también por otra parte ha significado la destrucción de un enorme sistema de certezas sociales. Uno de los principales problemas que ha tenido el feminismo como ideología, y ahora me refiero al feminismo en sentido amplio y no refiriéndome en exclusiva al feminismo extremo o feminazismo, es explicar cómo la supuesta sociedad heteropatriarcal rigió durante tantos y tantos siglos, sin que las mujeres acertaran a levantar cabeza y rebelarse. Hablamos, después de todo, de un grupo de oprimidas que abarca la mitad de la entera sociedad histórica humana. Es un escenario de paridad de fuerzas, en términos numéricos, que hace muy difícil entender cómo es que no estalló una guerra civil frente a tanta opresión y abusos. Si la Historia algo enseña, es que un grupo oprimido, cuando de verdad quiere luchar por su libertad, se rebela sin que importen los números, hasta sacudirse el yugo de la opresión o bien ser exterminado en el intento. Los ejemplos sobran: rebeliones de nativos sudamericanos, rebeliones de campesinos, rebeliones de obreros asalariados, rebeliones de esclavos, rebeliones de negros, rebeliones de herejes, etcétera. Elijan el tipo de caso que prefieran, y ejemplos encontrarán a porfía.

No tengo una respuesta para ese problema, pero sí puedo adelantar una explicación a título de hipótesis provisoria de trabajo. El feminismo en general, insiste en que lo que llaman la sociedad heteropatriarcal, se ha impuesto gracias a la educación, el adoctrinamiento, y una especie de lavado de cerebro en donde la religión, las leyes y las costumbres sociales han sido construidas por los malvados hombres opresores para así enseñarles obediencia y sumisión a las mujeres. Pero esa explicación no me convence, por un sencillo motivo: las religiones y los grandes discursos sociales en general, si bien tienen poder para modelar las sociedades, no son omnipotentes. Los grandes discursos sociales son, ante todo, justificación y autojustificación. No es que las personas abracen un determinado sistema de creencias y luego se adapten a él, sino por el contrario, las personas tienden a tratar de que tal sistema de creencia se adapte a ellas mismas y sus necesidades. Eso explica que en todas las religiones, por ejemplo, cada teólogo y casi cada fiel, interpreta los mandatos divinos, mesiánicos o proféticos a su manera, que por lo general es justo la que más les conviene. Así, nadie aparece como obrando por conveniencia o interés personal, sino por principios tan amplios y abstractos como la justicia, el bien común, etcétera. Por supuesto, el discurso machista es también otra forma de autojustificación: muy en el fondo, se dicen estos personajes, las mujeres se tienen merecido lo que les pase si se sublevan por no saber conservar su lugar, no saber obedecer, no tener una conducta decente de acuerdo a tales o cuales cánones morales, etcétera. Y sin embargo, ¿por qué, si las mujeres estaban siendo tan cruelmente oprimidas, no surgió un discurso de autojustificación en sentido inverso, por parte de las mujeres, tan potente que haya llevado a hacer saltar en trizas el llamado heteropatriarcado? Eso funcionó para el Cristianismo frente al Imperio Romano, para la Reforma Protestante frente a la Iglesia Católica, para los occidentalizadores versus las culturas tradicionales en las civilizaciones no occidentales de los siglos XIX y XX... ¿Por qué no para las mujeres?

Mi explicación alternativa, es que los privilegios de los varones se mantuvieron porque irrogaban una serie de ventajas para las mujeres. No digo que haya sido el paraíso al que deberíamos volver, ni mucho menos. Digo que el discurso del machismo tradicional crea dos roles, el femenino y el masculino, y cada uno de esos roles tiene sus ventajas y bendiciones, y también ambos cada uno sus respectivas cargas. Cuando se piensa en machismo, se piensa ante todo en los beneficios del varón, versus la sufrida vida de opresión de las mujeres, pero se tiende a olvidar la contraparte, que es las cargas propias del varón versus los beneficios para las mujeres. Usualmente se ha argumentado que la pertenencia de una mujer a un varón es opresión, pero en realidad, esto es relativo. Por un lado, dicha pertenencia lleva a situaciones de abusos, por supuesto, y habría que ser tarado para no verlo ni reconocerlo. Pero también dicha pertenencia crea, permítanme la redundancia, un sentido de pertenencia que muy en el fondo todas las personas, varones y mujeres, buscan. Pertenecerle a alguien tiene la enorme ventaja de eximir de la necesidad de pensar por sí mismo. Debe recordarse que la idea de que las personas aman la libertad, en realidad es algo más teórico que práctico: en los hechos, muchas personas detestan la libertad porque una vez obtenida, no tienen idea de qué hacer con ella. Una persona libre puede hacer de su vida lo que quiera, es cierto, pero también es una persona que no tiene a nadie cerca para echarle la culpa de sus errores o cargarle con sus responsabilidades, por no hablar de sufrir el oprobio social que surge cuando usa su libertad de una manera que no complace al resto de las personas. ¿Vale la pena ser libre para eso? Yo en lo personal pienso que sí, pero mi respuesta personal a ese respecto no es la misma para todas las personas. El grueso de la actual cultura de masas, en donde las personas parecen más un rebaño de borregos que verdaderos seres pensantes, tiene mucho que ver con esta ignorancia de qué hacer con la libertad. De manera que las mujeres debían sufrir los rigores del machismo, cierto, pero a cambio, al menos tenían una relativa estabilidad psicológica y emocional. La misma estabilidad psicológica y emocional de un esclavo en galeras, por supuesto, pero estabilidad a fin de cuentas.

Eso, en lo relativo a los beneficios que obtiene la mujer versus el varón. ¿Y qué pasa con el varón? Es cierto que el varón tiene en sus manos la sujección de la mujer, en este esquema tradicional de cosas, pero a cambio, su vida se transforma en una lucha constante y darwiniana para impedir que otros varones quieran sujetar a la mujer propia. Piensen por ejemplo en que las guerras tienden a ser libradas principalmente por varones: esto tiene mucho que ver con la posibilidad de pillaje y saqueo al final de la guerra, pillaje y saqueo que incluye, por supuesto, apoderarse de las mujeres del vencido. O es la filosofía detrás de los harenes, que en casi todas las sociedades han sido de varias mujeres para un solo hombre: es cierto que las mujeres tienen que compartir a un mismo varón, pero a cambio es éste quien debe preocuparse de tener los recursos económicos para mantener su harén, y además, impedir que otros varones accedan al mismo... u otros varones que no sean eunucos, por lo menos. Y si nos vamos a la España del Siglo de Oro, nos encontramos con los famosos crímenes pasionales en los cuales el hombre debía matar a su mujer para lavar las afrentas que ella hubiera cometido contra el honor; vale que la mujer se llevaba la peor parte de esto, pero si admitimos que la mujer es propiedad del varón, entonces esa muerte es también una pérdida en la propiedad del varón, un menoscabo del mismo.

Por favor, que no se entienda mal lo que acabo de escribir. No defiendo la idea de que en la sociedad machista, los varones eran unos pobrecitos incomprendidos que, soltar lagrimita aquí, debían oprimir a las mujeres por su propio bien, mientras que las mujeres en realidad eran unas pérfidas aprovechadas que sacaban todos los beneficios posibles de sus varones. Verlo de esa manera es tan sesgado como verlo al revés, a los varones como malvados opresores versus mujeres de carnes núbiles demasiado débiles para rebelarse contra la opresión. Lo que quiero decir es algo más sutil: los regímenes sexuales en los cuales se le confiere un predominio o autoridad al varón por sobre la mujer, no nacieron por casualidad, sino que fueron el resultado de determinados equilibrios y transacciones de poder, y se mantuvieron debido a que todas las partes recibían beneficios del mismo, cargando consigo también problemas e inconvenientes. En ese sentido, y lo que voy a escribir sonará a herejía para muchos, las relaciones de género eran asimétricas, pero equitativas: equitativas en que ambas partes daban y recibían, pero asimétricas porque había una marcada diferencia entre los roles, que a su vez llevaba a una marcada diferencia en las prestaciones, obligaciones, cargas, derechos y beneficios que obtuvieran.

Esto suele ser difícil de entender o tragar para hombres y mujeres nacidos en el seno de las sociedades democráticas occidentales de los siglos XX y XXI, acunados desde la infancia con una serie de beneficios sociales tales como salud, educación y sistema financiero, tan omnipresentes que los damos por hecho. Con todas estas redes sociales, todavía sigue siendo posible caer desde una relativa situación económica hasta la pobreza, pero esto es mucho más difícil que antaño. Porque la situación hace un par de siglos atrás, por ejemplo, era bien distinta. Hace dos siglos atrás, si usted quedaba en la indefensión económica, era el fin del camino. Un obrero que perdiera un brazo o una pierna, se transformaba en un lastre, y no pocas veces quedaba reducido a la mendicidad. Una madre que por un motivo u otro no pudiera trabajar y no tuviera un marido que la mantuviera, posiblemente debiera entregar a sus hijos al cuidado de un orfanato o a la caridad de la Santa Madre Iglesia. En esa época un rey podía tener un harén, es cierto, pero también estaba expuesto a perder su reino o incluso la vida en alguna conjura palaciega, si es que gestionaba mal las cosas. En esa época se acuñó la leyenda de la espada de Damocles, el cuento griego por el cual un rey siciliano, para enseñarle a Damocles lo que era ser rey, le proporcionó un banquete con toda clase de lujos y esplendores... y sentó a Damocles en un asiento bajo una espada colgando de un pelo a punto de romperse. Si los reyes vivían sus lujos bajo constantes espadas de Damocles, entonces qué quedaba para el resto de los hombres y mujeres. Dentro de ese contexto, las relaciones asimétricas de género que hoy en día se nos antojan tan injustas, eran un mal necesario.

Eso es algo visible en la actualidad, en el estatus de las mujeres en los países islámicos versus el de las mujeres occidentales. Hoy en día es fácil ver en los países musulmanes un movimiento feminista que busca acabar con la situación de desventaja de las mujeres bajo la Sharia o ley civil islámica. ¿Por qué ahora y no antes? Simplemente porque ahora existe una alternativa: occidentalizarse, bien escapando hacia una nación occidental en busca de una nueva vida, o bien luchando por la occidentalización en esas propias naciones. Pero esa opción, hace dos siglos atrás en el mundo musulmán simplemente no existía. En el mundo musulmán clásico, la mejor opción que tenía una mujer para escalar socialmente, era ser reclutada para algún harén. Esto explica que los agentes del sultán en el Imperio Otomano se pasearan por los campos buscando y reclutando doncellas, y los padres las dejaran ir sin intentar rebelarse; porque las chicas reclutadas de esta manera iban a ir a dar a una cárcel dorada, pero siempre era mejor una cárcel dorada que la durísima vida en el campo.

Y llegamos hasta las modernas marchas, como la que vimos el Miércoles pasado. ¿Qué ha sucedido aquí? ¿No resulta paradójico que las mujeres reclamen por más derechos y mayores libertades, justo en un minuto y en una sociedad en los cuales nunca han gozado de tantas libertades en toda la Historia Universal? En lo personal, creo que no. Si ese fuera el caso, entonces no veríamos crímenes como el de Lucía Pérez, que gatilló toda esta situación en primer lugar. Las feministas tienen un punto de razón cuando argumentan que todavía subsiste una fuerte cultura machista bajo la cual el cuerpo de la mujer es propiedad del varón, a disposición de éste, y que por lo tanto, el varón tiene una suerte de derechos sexuales por sobre la mujer. Es muy cierto, por ejemplo, que el grueso de los homicidios pasionales, no todos eso sí, sean de hombres contra mujeres, en algunos de cuyos casos se ha llegado a alcanzar niveles de brutalidad alarmantes, que no se condicen con un mero perder la cabeza sino que tienen que ver más con situaciones de puro y simple odio. En ese sentido, se palpa a simple tacto la existencia de fuertes bolsones de pensamiento machista dando vueltas allá afuera.

Eso también ha cubierto de ridículo la campaña de "Vivos nos queremos". Recapitulemos: como reacción ante el lema "vivas nos queremos", intentaron crear el lema más universal de "vivos nos queremos", en donde también se comprendan como violencia de género las manifestaciones de abuso de las mujeres en contra de los varones. El problema es que difícilmente puede hacerse un empate cuando de un lado, las tácticas de guerra incluyen el abuso y el maltrato psicológico, que son graves por supuesto, pero de ninguna manera lo son tanto como el homicidio, y más aún si éste es antecedido por prácticas que cuentan lisa y llanamente como tortura. Pero en un punto, los creadores de esta contracampaña también tiene su punto de razón: en muchos casos, el feminismo de reclamar por los derechos se ha desplazado un resto hacia la postura feminazi que divide a los géneros en buenos y malos como un cómic de superhéroes, en donde las mujeres son las pobrecitas víctimas inocentes de un sistema superior a ellas, versus los malvados machos opresores que se benefician del mismo. Como hemos argumentado más arriba, esto no es necesariamente así. La sociedad ha ido cambiando y evolucionando, y con ella, los patrones de relaciones de género, aunque aún falte camino por recorrer.

Por otra parte, no deja de ser llamativa la indiferencia con la cual algunas mujeres han saludado esta movilización. En lo personal, examinando mi perfil de Facebook por estos días, me he dado cuenta de que una fracción importante de mujeres se ha movilizado a favor de "Vivas nos queremos"... pero aunque importante, no dejan de ser eso, una fracción, mientras que el resto mira con displicencia, cuando se han tomado la molestia de referirse al tema en lo absoluto. El mismo día de la movilización, una chica determinada en Facebook a quien no voy a identificar, y a la que nadie acusaría de machista, se limitó a publicar una foto de su almuerzo. Lo que cabría esperar, si la situación fuera tan desesperada como claman algunas mujeres de que "nos están matando a todas" y "estamos luchando simplemente por nuestro derecho a vivir", es que todas ellas estuvieran volcadas en masa en las redes sociales y en la calle también. Por mucho menos que eso, se han derribado gobiernos enteros, como bien lo saben por ejemplo los argentinos cuando la economía hizo crisis en 2.001, por mencionar apenas un ejemplo. Eso sugiere que, si bien el tema de la violencia de género es importante y grave, no es exactamente desesperado.

Creo que la explicación ante estas disonancias cognitivas es simple: lo que estamos viendo, es simplemente una fase de ajuste, el paso desde una sociedad en que los varones tenían autoridad sobre las mujeres, a una en donde hombres y mujeres deberían mirarse y tratarse como iguales. Este paso ha sido relativamente reciente. En Latinoamérica ha sido un proceso de apenas la segunda mitad del siglo XX, y no puede decirse que se haya completado. En la segunda mitad del siglo XX significa que es lo suficientemente reciente como para que todavía queden vivas personas que llegaron a conocer la sociedad anterior. Y miles de años de tradiciones sociales no se borran de un solo plumazo: hay inercias sociales asociadas a los discursos de legitimación que no pueden doblegarse ni vencerse de buenas a primeras. Es natural entonces encontrar en estas fases de transición, gentes que prefieran enclavarse en cualquiera de los posibles estados, desde la sociedad ancestral con potestad del varón hasta una moderna sociedad igualitaria, e incluso en algunos casos, pasarse de roscas y tratar de implementar una sociedad con predominio femenino si fuere posible, por no hablar de la enorme gama de posibilidades intermedias. Todas estas manifestaciones no serían entonces sino los necesarios dolores de parto para que alumbre una nueva sociedad que todos podamos sentir como más legítima, y más ajustada a lo que esperamos de una democracia occidental, en lo que a relaciones de género se refiere.

Creo que esta idea responde a algo que he venido observando por estos días respecto de los debates acerca de qué hacer con la violencia de género y los femicidios: la falta de propuestas. Porque hay cierto consenso en el diagnóstico del problema, pero ante los remedios, pareciera que viéramos el desierto. He escuchado un montón de ideas genéricas: "el Estado debe hacerse cargo", "deben dictarse leyes que protejan a las mujeres de la violencia machista", "debemos producir un cambio de mentalidad como sociedad", etcétera. Son ideas muy bonitas, por supuesto, pero que tienen el encanto de lo genérico y abstracto: no tienen ningún aspecto concreto que pueda ofender a nadie. El lema mismo de la campaña es igualmente genérico: "vivas nos queremos". Ante un lema como ése, cualquier persona racional se pregunta: ¿Quién podría ser tan psicópata, retrógrado o cerril como para quererlas muertas? Algunos los hay, y más de algunos por lo visto, pero desde luego que no son una plaga endémica ni mucho menos, o por lo menos, no a los niveles que hubiéramos visto en sociedades anteriores a la democracia occidental. No vivimos en una sociedad que mire con indiferencia o que salude como un macho que mantiene su casa en orden, a un hombre que mutile, torture o mate a su esposa, como es el caso entre los pashtunes de Afganistán por ejemplo, por más que individuos como ésos sí existen en nuestra sociedad. Pero cuando pasamos al tema de las propuestas para resolver el problema: ¿cómo lo hacemos? ¿Dictando leyes que criminalicen el odio por razones de género? Si hacemos eso, ¿cómo probamos ante un tribunal, que un crimen determinado se cometió por razones de género y no por otros motivos entre los varios que pueden existir, y cómo hacerlo sin vulnerar el principio democrático de que toda persona es inocente hasta que se le pruebe su culpabilidad más allá de toda duda razonable? ¿Mejoramos las cosas creando más programas de apoyo para las mujeres? ¿Se puede hacer eso sin cruzar la barrera desde la mera discriminación positiva, para pasar a tratar a las mujeres como un sector privilegiado, lo que es tan contrario a la democracia como darle trato privilegiado al varón? ¿Debemos crear más organismos preocupados de la mujer, como un Ministerio de la Mujer? Ministerio que, por cierto, en Chile ya existe, y se llama Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género en vez de Ministerio de la Equidad de Género a secas, lo que es tan absurdo como llamar Ministerio de los Trabajadores al que actualmente es el Ministerio del Trabajo y la Previsión Social, o Ministerio de los Agricultores al que en la actualidad es el Ministerio de Agricultura. Si se llama micromachismos a determinadas prácticas y conductas sexistas en contra de las mujeres, ¿no deberíamos considerar este nombre como una muestra de microfeminismo o microfeminazismo?

Esta falta de propuestas concretas, hace vivo contraste con las propuestas del feminismo hace cincuenta o cien años atrás. En esa época se planteaba darle voto a las mujeres, crear regímenes matrimoniales alternativos a la sociedad conyugal, eliminar el sexo o el aspecto físico como causal de contratación o despido de una persona, etcétera. Eran medidas simples y concretas que tendían a dinamitar aspectos particulares en que se manifestaba la discriminación en contra de las mujeres. En la actualidad, en estas manifestaciones, no he visto ninguna propuesta de ese estilo o calibre. Si estoy desinformado al respecto, entonces pueden hacerlo notar en los comentarios, pero hasta donde llega mi conocimiento del asunto, no he escuchado propuestas de ese tipo por ninguna parte. Y creo que no podría escucharlas, por el motivo que reseñaba más arriba: porque como sociedad, hemos alcanzado niveles de igualdad entre géneros nunca antes vistos en la Historia Universal, y lo que queda por recorrer del camino es lo menos, la eliminación de los bolsones y resabios machistas que son importantes, pero que son sólo eso, bolsones o resabios.

Al final, creo que el único remedio que queda por delante para solucionar lo que resta, es el de siempre: la educación. Las generaciones actuales ya vienen programadas con mensajes mezclados, en donde varios medios educativos pueden a la vez ser feministas o machistas (¡o feminazis!). Y por medios educativos me refiero no sólo a los padres o los establecimientos educacionales, sino también a canales más informales: los amigos, las redes sociales, los medios de comunicación de masas. No creo que las generaciones anteriores sean un caso perdido ni mucho menos, pero por supuesto, son árboles que empezaron a crecer en una determinada dirección, y enmendar el rumbo cuesta un poquito más que partir creciendo rectos desde la semilla. Las generaciones que se están formando, o que están por venir, por otra parte, son el reino venidero. Educarlos para vivir en una sociedad que no discrimine por razones de género, ni a varones ni a mujeres, es el gran reto. Si vivas las queremos, y si vivos los queremos también, debemos partir por educarlos para eso, para la vida. Para que aprendan que todo ser humano es valioso con independencia de su género, y que son criaturas vivientes y no un objeto o una propiedad que está ahí para el uso del primero que pase o se la apodere. Eso es el camino largo, por supuesto. No soluciona los problemas ahora. Uno de los bemoles de una sociedad democrática es ése, que los medios para introducir cambios sociales están limitados por la prohibición de hacer imposiciones e introducir discriminaciones de manera arbitraria; tales caminos son atajos, pero no son los atajos propios de una sociedad democrática. Por supuesto, nadie dijo que vivir en una sociedad democrática fuera sencillo, por no hablar de construirla. Pero a la larga, es más satisfactorio vivir en una sociedad en donde todos nos respetemos mutuamente por el solo hecho de ser personas, que vivir en... lo que sea que hayan sido las sociedades del pasado histórico.

7 comentarios:

murinus2009 dijo...

Saludos desde Ciudad de México.

Desconozco el caso de Lucía Pérez, pero imagino como puede ser, aquí en México ocurren crimenes brutales en contra de las mujeres, en tal cantidad que a diario llegan a los periodicos al menos 3 al dia, al igual que lo mencionas en tu escrito hay un montón de quejas y manifestaciones, e incluso existe la etiqueta de internet "#niunamas" y el asesinato de una mujer se castiga como "Feminicidio", con penas mas severas, que contra un hombre, nada de eso parece hacer ningún efecto, antes de diciembre 2006, en que el presidente en turno lanzó una "Guerra" contra el Narcotrafico" que lleva ya creo mas de 200 000 muertos y contando, estaba de "moda" el tema de las "Muertas de Juarez", Ciudad Juarez es una ciudad ("de mala muerte"como decimos en México) fronteriza con Estados Unidos, la queja era que iban mas de 700 mujeres (la mayoria muy jovenes, de entre 13, 14, 16 y menos de 25 años) no solo asesinadas sino mutiladas en formas horrendas, las escorias humanas que hacen eso, son poco mas que psicópatas, lo curioso es que en muchos casos, son las propias parejas sentimentales: novios, esposos pretendientes y parientes cercanos como: padres, hermanos, tios, hijos, los culpables.

Es cierto lo que mencionas sobre la Libertad y el miedo natural que la gente siente ante ella, en algun lugar lei que alrededor de entre el 80 y el 95 % de la poblacion humana son "seguidores naturales", es decir no saben que hacer si los dejan solos a su suerte, sin alguien que les diga que hacer, prefieren una vida segura como esclavos o siervos maltratados, a la inseguridad peligro e incertidumbre de la Libertad, eso explica mucha de la situación de indefensión de las mujeres en la práctica totalidad de las culturas, hasta que la Ilustracion, la Educacion Masiva, La Industrializacion y las Guerras Mundiales, cambiaron el panorama para una mayor igualdad entre generos.

En parte respecto a lo anterior ¿no se si conozcas un libro de Marvin Harris llamado "Vacas cerdos guerras y brujas"? Harris es Antropólogo y en este libro habla de como muchos tabús tienen una razón lógica para ser aceptados, el libro es para leerse de principio a fin, porque todo va interconectado, en la parte dedicada a la guerra Marvin Harris explica que, aunque en la práctica tanto hombres como mujeres, pueden ser entrenados para la guerra y ser igualmente eficientes, para que la division de generos funcione y se cree una jerarquía en que unos manden a otros, uno de los sexos tiene que ser mas cobarde que el otro, de lo contrario habría fricciones internas (alguien fuerte y preparado(a) no querría obedecer a alguien igual de fuerte y preparado(a) que el o ella) que no permitirían a una cultura hacer la guerra o lo harian muy dificil, a las mujeres les tocó por cuestion de pura biología (son en promedio menos grandes, fuertes y agresivas), ser el genero sometido en esta jerarquía, si los Homo Sapiens fueran como las Hienas (ahi las hembras son mas grandes fuertes y agresivas que los machos), la cosa seria diferente, entonces si tendria exito el "ni uno menos".

Pensar en que se puede hacer para remediar el problema o hacerlo tan insignificante que sea un caso, muy, pero muy excepcional, el asesinato y ultraje a una mujer, es algo casi insoluble, por un lado vivimos los mejores tiempos para la humanidad, al mismo tiempo la gran mayoria de la gente parece estar ocupada de tal forma con simplemente sobrevivir, o peor aun luchando contra adicciones a: alcohol tabaco, cocaína, televisión, internet. smartphones,videojuegos, trabajo y lo que se acumule, que a muchos la violencia de genero simplemente no les preocupa, como lo mencione al principio, en los periodicos a diario aparecen al menos 3 crimenes con mucho sadismo contra mujeres, al lado de otras mas mundanas como: alza de precios, estadisticas de deportes, y chismes de estrellas de tv.

Gracias por este genial trabajo y hasta la proxima.

Guillermo Ríos dijo...

Es una lástima saber lo de Ciudad Juárez; yo estaba en el entendido de que las cosas habían mejorado un poquito en los últimos años, y que los carteles estaban un poco más a raya. Pero es bueno tener más testimonios al respecto.

El libro de Marvin Harris, no lo conozco. Pero comparto la idea de que todas las peculiaridades de la psicología y sociología humanas deben tener alguna base por alguna parte. Así como todos los seres vivientes, los seres humanos también somos criaturas modeladas por la evolución, la selección natural y la supervivencia del más apto, y por eso, todas las antedichas peculiaridades deben tener su razón de ser, deben proporcionar alguna clase de ventaja evolutiva, o de lo contrario, no habrían llegado a surgir como tales. Lo mismo con la desigualdad entre géneros: si ha existido en el grueos de las sociedades históricas, es porque debe haber presentado alguna ventaja evolutiva y reproductiva tanto para hombres como para mujeres.

Cuando se ve desigualdad de género, se suele ver el aspecto negativo del asunto para las mujeres, incluyendo los crímenes en su contra. Pero no se ven los aspectos positivos, incluyendo que gracias a esa desigualdad, existe una enorme industria para las mujeres en relación a explotar su físico, incluyendo la televisión, la prensa rosa, el modelaje, etcétera, incluso pasando por las mujeres que en otras industrias, en la vida cotidiana, coquetean o se hacen las lindas para conseguir que los hombres les hagan favores. Yo no voy a emitir ningún juicio acerca de si eso es aceptable o no, pero yo creo que por la cabeza de muchas mujeres pasa el cálculo de que si se impusiera una política de cero explotación de las mujeres por su físico, entonces muchas de ellas saldrían perdiendo; de ahí la falta de entusiasmo de muchas por la causa, creo yo.

Gaby Fonseca dijo...

OMG OMG OMG que tema tan mas polemico y aun mas con los 2 comentarios de aqui xD

No quiero ser mala, pero si este post se hiciera mm viral por asi decirlo? xD tendrias a miles y miles de feminazis y no feminazis mandandote mensajes de odio y peticiones para eliminarlo jaja D= De verdad me encanto el post, hace algunos dias que no entraba y me lo encuentro y tambien lei el otro de la caricatura francesa pero bueno.. muy buen post!!

Si habia visto en facebook que estaba ese hashtag, pero no crei que fuera por una chica en Argentina, aqui en Mexico esa cuestion del feminismo esta muy fuerte, y justamente hace unos dias tuve una discusion con una companera de la escuela porque ella dijo que era ofensivo algo que dijo Pepe Mujica, sobre que era discriminatorio que a las mujeres se les incluyera a fuerzas, solo por ser mujeres, en puestos politicos (en Mexico hay una reciente ley que obliga a los partidos politicos incluir en 50% y 50% hombres y mujeres en candidaturas a diputaciones), personalmente, no me parece correcto, porque siento que es una manera de contradecir los mismos preceptos feministas de equidad de genero, solo por ser mujer, tienes derecho a algo. Mexico es un pais machista, muy machista diria yo, pero vamos, donde esta lo justo en eso? eso mismo pasa en otros muchos ambitos, no solo la politica, pero la diferencia aqui es que se crea una politica y si los partidos no la siguen se les amonesta, que clase de solucion es esa? xD como si asi de simple se arreglara esta situacion de las diferencias de genero, como bien tu lo dices, la educacion es la respuesta, pero eso es algo que tomara muchooooo tiempo.

La pregunta sobre por que paso tanto tiempo (la mayoria de la historia de la humanidad xD) me parecio super, es un buen argumento contra una chica que no esta pensando razonablemente sino con el odio contra un hombre y el patriarcado jaja

Saluditos

Guillermo Ríos dijo...

El posteo anterior, De feministas y feminazis, sí que se hizo viral en alguna medida, aunque sea porque lo copiaron y pegaron en otras partes de Internet, sin mi permiso por supuesto, porque para qué iban a gastarse en la deferencia de pedirlo. Irónicamente, hubo más revuelo en esos lugares que acá, quizás porque la gente que visita la Guillermocracia tiende a ser más mesurada y razonable, y en otros lugares... no tanto. En cualquier caso, es un hecho de la vida que, se diga o haga una cosa u otra, la gente va a arreglárselas para encontrar un motivo de odio, y si uno no dice ni hace nada en absoluto, lo van a odiar porque uno no dice ni hace nada en lo absoluto. La gente es así.

Entre el comentario anterior y el tuyo, me doy cuenta de que el tema de los femicidios en México es bastante más duro de lo que pensaba. Yo sabía algo sobre que la cultura mexicana es notoriamente machista, pero realmente no creí que tanto.

El tema de las cuotas es complicado. Por un lado, es cierto que los cupos en cualquier cosa deberían llenarse por méritos, y no por cuotas aseguradas de antemano. Pero por otra parte, en un escenario de entera libertad para elegir, los que han conseguido una posición dominante lo tienen mucho más fácil para seguir dominando sin ser desplazados, lo que ahoga la competencia. O sea, no creo que sea cuestión de aceptar o rechazar la existencia de cuotas, sino considerarla como una herramienta de inclusión social que, eso sí, debe ser usada con mucho juicio y tino, y siempre sopesando de manera detenida las circunstancias.

No me referí al tema en el posteo porque da para largo, pero el patriarcado tal y como lo describen las feministas extremas, yo lo considero más una construcción historiografía que una realidad histórica, no porque sea una falsedad o mentira, sino porque es una simplificación del pasado histórico. La verdad es que la condición de las mujeres no ha sido igual en todas las sociedades, y eso, el modelo histórico del patriarcado no lo asume.

Saluditos.

CESAR_55 dijo...

Tu reflexión sobre el establecimiento del patriarcado (que te quedo más claro aquí que en el otro post... versión 2.0) me recordó mucho a la que hace Ken Wilber en Breve Historia de Todas las Cosas. Muy acertada. ¿Nunca se te ocurrió pasarte a televisión? Tienes un modo de pensar claro y conciso que es digno de difusión.
Supongo que por eso llevas el blog, pero el problema es que aquí son pocos lo que te leemos mientras que desde la pantalla chica podrías llegar a mucha más gente.
No se.piensalo.

Gaby Fonseca dijo...

CESAR_55 esa idea seria padre pero sinceramente programaciones de esta indole, mas reflexiva y humanista no tienen cabida en la Television, talvez algun canal cultural o universitario, y aun asi ni tienen tanta repercucion porque simplemente LAS MAYORIAS NO LOS CONSUMEN, pero bueno jaja T.T

Y ese posteo que mencionas no lo habia visto, intentare leerlo en la noche, y ahh ese comentario me recordó a otro bloguero que seguía antes, una vez platique con el y me contó que el prefería absolutamente prefería tener unos 10 o 20 lectores inteligentes (asi les decia a el) en sus entradas del Blog a tener a tal vez cientos o miles en una pagina de facebook o en twitter en donde la gente solo opina por opinar o solo opina cosas que los demas ya opinaron, tu sabes, sin entender realmente, solo hacer polémica o.o

Y si en México la situación esta fea para las mujeres y la cultura machista no ayuda mucho que digamos ^^U

Guillermo Ríos dijo...

@Cesar_55, el otro posteo no iba específicamente sobre el patriarcado, sino sobre feminismo versus feminismo radical. Traté el tema acá en más profundidad porque lo creí más pertinente. El libro de Wilber, no lo he leído, así es que no opino al respecto.

En cuanto a pasarme a la televisión... creo que ninguna posibilidad. Considerando que soy un típico bastante crítico con ciertas cosas, que privilegia el razonamiento en profundidad por sobre la consigna fácil, y que no vendo una determinada apariencia física, entonces... ¿quién estaría dispuesto a financiarlo? Ya sabemos cómo opera la publicidad: financio este programa, pero que por favor el programa no toque tales o cuales puntos porque son conflictivos, porque van contra los intereses de la empresa, porque no dan rating... Además, mi principal herramienta de trabajo es la palabra y no mi imagen, razón por la que soy un bloguero y no, digamos, un yutúber.

@Gaby_Fonseca, completamente de acuerdo, la Guillermocracia y sus contenidos siempre serán para minorías porque yo escribo partiendo de la base que mis lectores tienen un nivel cultural mínimo. Ojalá no fuera así y todos pudiéramos hablar a un cierto nivel, pero hoy por hoy, con sistemas educativos cada vez más por el despeñadero, y la imposición de una especie de democracia de la ignorancia en donde mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento, por citar a Isaac Asimov, pues...

Lo mismo, yo prefiero tener pocos lectores pero que sean un aporte, frente a una meznada de ellos que sólo se dediquen a vociferar en Facebook y Twitter.

El tema del machismo en México, me interesó. Estudiarlo podría arrojar algunas claves bastante interesantes acerca del viejo y nunca cerrado tema de los problemas de género.

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

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