miércoles, 19 de octubre de 2016

Aaron Spelling: El Emperador de la televisión (1 de 2).


Ya se nos estaba yendo por debajo de la mesa, el aniversario número diez del fallecimiento de uno de los grandes leviatanes de la Historia de la Televisión. Nos referimos al gran Aaron Spelling, quien hasta su fallecimiento el 23 de Junio de 2.006, a los 83 años de edad, fue sin lugar a dudas el rey de la televisión. Porque suya es la impronta detrás de un montón de programas televisivos que acabaron consolidándose como clásicos. El grueso de los cuales tiene una característica en común: tú nunca jamás admitirás que te gustaban, o que te sentabas a verlos. Mucha gente considera la televisión de Spelling como el equivalente a la comida chatarra dentro de la Gastronomía, productos de consumo fácil y rápido, con ingredientes hechos aposta para enganchar a los espectadores. Ante lo cual cabe sólo una pregunta: ¿cuál es el problema con eso? El hombre tenía que vender su trabajo, y lo logró creando algunas de las series televisivas más icónicas de todos los tiempos. Eso no puede ser algo malo. Por supuesto, nadie va a saludar a Aaron Spelling como el más grande genio artístico de todos los tiempos ni mucho menos. Lo suyo no era crear arte. Pero su televisión era absolutamente honesta al respecto. Si lo compras, está bien. Si no, bien también. Pero creo que no hay una sola persona hija del mundo occidental, que en algún minuto no se haya enganchado a alguna temporada de alguna serie producida por Aaron Spelling.

Para prueba, el par de posteos que le vamos a dedicar a las series de Aaron Spelling acá en la Guillermocracia. No son todas las que produjo, por supuesto. En IMDb, el hombre tiene la friolera de más de doscientos créditos como productor. Claro que haciendo un poco de trampa: muchos de esos créditos son por telefilmes. Y no es lo mismo producir un telefilme que una serie completa. Además, como cualquier creador, los éxitos de Spelling esconden también varios fracasos, series que no pasaron de una temporada y hoy en día están perfectamente olvidadas. Nosotros no bucearemos tan profundo. Nos contentaremos con lo principal y lo esencial. Y aún así, nos da material para rellenar dos posteos completos. Spelling era así de grande. Algo irónico, considerando que el apellido puede traducirse como Deletreo al castellano; aunque tenemos aquí otro caso de hijo de inmigrante judío que anglicanizó su apellido, que originalmente era Spurling.

Una nota adicional. Que una serie haya sido producida por Aaron Spelling, no quiere decir que haya sido creada por éste. En muchos casos, los creadores de la serie simplemente vendieron una idea o concepto, Spelling lo compró, y después lo desarrolló a concho, durante muchas temporadas. En otros casos, los creadores se quedaron dando vueltas, aunque siempre con el nombre de Spelling asociado a la producción. Y en algunos casos... ¿Alguien creerá que Aaron Spelling fue uno de los productores de Twin Peaks? Pero la serie es tan del estilo de David Lynch y Mark Frost, que no vamos a incluirla acá. O a lo mejor deberíamos incluir su segunda temporada, que sí se fue por los cauces más propios de la soap opera convencional... al estilo Spelling. Aquella mítica segunda temporada en la cual Twin Peaks se fue a pique como un flotador de plomo. Algún día quizás hablaremos sobre ello aquí en la Guillermocracia, pero por el minuto, vamos a por el sumario de las series producidas por Aaron Spelling.

1.- La ley de Burke (1.963 - 1.966).

Este es un concepto que sólo un ceporro de Estados Unidos podía dejar pasar. Un capitán de la Policía de Los Angeles que... es millonario. Y resuelve sus crímenes montado en un Rolls-Royce, porque quizás un Batimóvil sería pasarse un poco. Y todos los crímenes ocurren entre la socialité de Los Angeles, por supuesto, porque vivimos en un universo paralelo en donde no existe la gente pobre. Doble misterio aquí: cómo el concepto pudo ser vendido en primer lugar, y cómo aguantó tres temporadas al aire, tres. O triple, si además le sumamos el hecho de que engendró un spin-off, una serie llamada La rubia peligrosa, que duró apenas una temporada eso sí, y protagonizada por la bellísima Anne Francis. Como sea, el caso es que La ley de Burke fue un taquillazo en sus dos primeras temporadas... hasta que a la cadena televisiva se le puso entre ceja y ceja, y viene decisión idiota aquí, pensar que lo bueno era plegarse a la moda de los espías estilo James Bond. Porque algunos no aprenden que si funciona, no lo toques. El caso es que despidieron a todos los actores que no eran Burke y el bendito Rolls-Royce, el cual de paso adquirió superpoderes: el vehículo agarró inmunidad a las balas. Resultados: la tercera temporada marcó el hundimiento a plomo de la serie. Dicho sea de paso, el protagonista de la serie era Gene Barry, actor cuyo mejor crédito en el cine es haber protagonizado La guerra de los mundos de 1.953, que no es poco, y que ya había protagonizado la televisiva Bat Masterson, que era más o menos lo mismo, pero con ambientación Western. Aaron Spelling produjo un revival de la serie, con el mismo actor treinta años más viejo (¡septuagenario!), que intentó apelar a lo camp y la nostalgia, y no pasó de una temporada, quizás porque buena parte de su público objetivo, o ya eran septuagenarios ellos mismos, o ya estaban lisa y llanamente criando malvas.

2.- Patrulla juvenil (1.968 - 1.973).

Una de las jugadas maestras de la televisión de todos los tiempos es presentar una premisa rompedora, pero trabajada de tal manera que al final, el mensaje no puede ser más reaccionario. Patrulla juvenil era esto. Un negro, un blanco y una rubia, inmersos en la contracultura hippie, terminan como terminan todos esos desafectos al sistema, o sea, en la criminalidad. Pero ahí está el vigilante y severo, aunque preocupado, capitán de policía que los recluta y los convierte en ciudadanos de bien; en este caso, ciudadano de bien significa infiltrar a la contracultura juvenil de la época para llevar hasta esos alienados el imperio de la ley y el orden. Negocio redondo: los jóvenes viéndola porque era hip, y los adultos viéndola porque enseñaba los buenos valores conservadores de toda la vida. Porque, ya lo saben, chicos, el sistema siempre tiene razón. El caso es que la serie duró sus buenas cinco temporadas al aire. Por cierto, la chica linda que era Peggy Lipton, veinte años después maduró hasta transformarse en la bella MILF que era dueña de la cafetería en Twin Peaks. En la ola de adaptaciones cinematográficas de clásicos camp que vino con el cambio de milenio, salió una película protagonizada por una Claire Danes entonces a tope por Romeo y Julieta y en proceso de ir estrellándose, años antes de su resurrección en Homeland; También andaba dando vueltas Giovanni Ribisi, antes de estrellarse sin potencial resurrección a la vista.

3.- Los novatos (1.972 - 1.976).

Después de hacer el amor y no la guerra, ya en la década de 1.970, Estados Unidos se volvió un país duro, y eso significa que, entre otras cosas, prosperaron las series policíadas como setas, en donde lo estilizado del policial televisivo clásico dio paso a la acción urbana más cable a tierra, muy realista y gráfica, todas ellas más o menos heredera de la seminal película Harry el Sucio de 1.971; hoy en día esas series lucen adocenadas, por supuesto, pero era una época con niveles de censura mucho mayores a los actuales, eso también hay que considerarlo. Una serie que tuvo particular éxito fue Area 12, exhibida entre 1.968 y 1.975. La cadena ABC tuvo interés en tener su propia Area 12, y dio vía libre a un telefilme que acabó sirviendo de piloto para Los novatos. La serie tuvo éxito en su minuto, aunque ha quedado un tanto aparcada al lado de otros clásicos policiales de la década como la mencionada Area 12, o la más glamorosa CHIPS: Patrulla motorizada. Pero hubo una persona que sacó buen provecho de su paso por la serie: Kate Jackson, que tenía uno de los roles protagónicos, y que después se consagraría con otra serie producida por Aaron Spelling. Si no saben de cuál hablo, es que no vivieron la década de 1.970. Ya llegaremos a ella, pero primero hablemos de...

4.- S.W.A.T. (1.975 - 1.976).

Estrenada en algunos países como S.W.A.T. y en otros como Los hombres de Harrelson, esta serie siguió la tendencia del policial duro de la época. En Estados Unidos, el equipo SWAT (acrónimo por Special Weapon and Tactics) es lo que se conoce como fuerzas policíacas especiales, y que son usados para casos que son demasiado para la policía convencional: criminales con armamento pesado, actividades antiterroristas, rescate de rehenes, operaciones de alto riesgo, etcétera. Hablamos de los policías con fusiles de asalto, francotiradores, ametralladoras, y armaduras pesadas de combate. El material ideal para una serie de una década opaca y mortecina. En realidad, S.W.A.T. fue un spin-off de Los novatos, y es mucho más famosa aunque duró apenas dos temporadas, además de obtener su propia película, S.W.A.T. de 2.003, con Colin Farrell y Samuel L. Jackson, que tuvo un paso discreto por la taquilla. Pero volviendo a la serie. Su nivel de acción es casi un picnic al lado de productos como 24 o The Shield, pero para su época, fue una serie polémica y adulta por sus niveles de violencia. Lástima que no duró demasiado más. Aún así, uno de los actores de la serie, Robert Urich, se transformaría después en un famoso duro setentero.

5.- Los ángeles de Charlie (1.976 - 1.981).

Hemos llegado a la que quizás es la serie más exitosa de Aaron Spelling. Porque la franquicia completa consiste en: Los ángeles de Charlie original, dos películas, una versión latina (Angeles, una temporada en 1.998), una ¡alemana! (Wilde Engel, en 2.002), y una serie remake en 2.011. Eso, por no hablar de las influencias, porque series posteriores como Acapulco H.E.A.T., V.I.P., She Spies o Totally Spies, cada una a su modo, tienen más que un aroma a Los ángeles de Charlie. La premisa era simple a decir basta: tres chicas de cuerpos esculturales y atléticos, porque su trabajo involucra acción y no para propósitos de exhibir carne, por supuesto, son reclutadas por un misterioso jefe, varón por supuesto, llamado Charlie, y se dedican a salvar el mundo un caso a la vez, en misiones que por regla general les exigen, casualidades del guión, pasearse con escotes, leotardos, bikinis, cualquier cosa menos trajes de oso pardo de montaña. La serie duró cinco temporadas, y debido a la premisa, pudieron cambiar ángeles como quien se cambia de camiseta: la única ángel que duró de principio a fin fue Jaclyn Smith. Kate Jackson, quien ya había aparecido en Los novatos, apareció tres temporadas, antes de ser reemplazada por Shelley Hack (¿quién?) y Tanya Roberts, una temporada cada una. Por otra parte, Farrah Fawcett se convirtió en una de las ángeles más canónicas a pesar de aparecer apenas una temporada, siendo reemplazada las cuatro restantes por Cheryl Ladd.

La serie sirvió como inmejorable plataforma para sus guapas protagonistas. El matrimonio de Farrah Fawcett con Lee Majors, el Hombre Nuclear, fue material de tabloides en sus días, además de saltar a la pantalla grande con un par de clásicos menores de la Ciencia Ficción, en concreto Escape en el siglo XXIII y Saturno 3. Tanya Roberts por su parte consiguió abrirse paso hasta varios subproductos fílmicos cuyo principal reclamo era su presencia, además de que En la mira de los asesinos, la última película Bond de Roger Moore, interpretó a la chica Bond de rigor. Años después vinieron las dos películas en donde las ángeles son Cameron Diaz, Drew Barrymore y Lucy Liu; resulta interesante observar que las mismas no son un reboot de la franquicia sino secuelas estrictas, lo que explica la aparición de Kate Jackson en la segunda entrega. Y para el registro digamos que entre las ángeles posteriores estuvieron Patricia Manterola en Angeles, Eva Habermann en Wilde Engel (famosa por Lexx... famosa es un decir aquí), y Minka Kelly en el remake. Y si hubiera prosperado el fallido proyecto Angels '89, hubiéramos tenido de ángel a... Téa Leoni, la futura señora de David Duchovny. Lo que es darle al clavo y tratar de seguir martillándolo durante décadas después.

6.- La isla de la fantasía (1.977 - 1.984).

Esta viene un cuarto de siglo antes de Lost. Esta serie marcó un giro en la trayectoria de Aaron Spelling, quien se había prodigado más en lo detectivesco y en la acción. En la década de 1.980, oliendo los aromas de los tiempos, saltó al romance y al glamour; el eslabón perdido entre ambos bloques es La isla de la fantasía, que combina un poco de aventuras con un poco de romance. Esta anécdota podría bien ser cierta o falsa, pero es demasiado buena para dejarla pasar. Aaron Spelling estaba vendiendo conceptos a una cadena, y se los rechazaban todos. Spelling estalló entonces y gritó algo en la línea de: "¿Qué demonios quieren? ¿Una isla en donde todas las personas cumplen sus fantasías?". La idea gustó, y aunque Spelling la consideraba ridícula, el negocio es el negocio, así es que se puso manos a la obra. Cada capítulo de la serie iba sobre dos historias que corrían en paralelo, sobre dos personas que deseaban cumplir sus respectivas fantasías; por supuesto que las fantasías en cuestión nunca salían como se esperaba, porque el señor Roarke aprovechaba de meterle un poco de canela para enseñar la inevitable lección moral, ayudar a las personas a ser un poquito mejores personas, etcétera.

A cargo de todo el tinglado estaba el misterioso señor Roarke, interpretado con su gigantesca presencia escénica por Ricardo Montalbán, antiguo galán un tanto de segunda fila en Hollywood que gracias a este rol, ganó un nuevo aire para su carrera. Irónicamente, sus dos roles posteriores más recordados son lo contrario del señor Roarke: nos referimos a los villanos de Viaje a las Estrellas II: La ira de Khan, e ¿Y dónde está el policía? El señor Roarke estaba acompañado de Tattoo, interpretado por Hervé Villechaize, cuya línea "¡El avión, jefe, el avión!", con la que anunciaba la llegada de los clientes, se transformó en memética para una generación completa de telespectadores. Este Villechaize había sido el matón del villano Bond en El hombre de la pistola de oro, pero aquejado por varios problemas, tuvo un triste final vía suicidio, años después del final de la serie.

La isla de la fantasía se defendió bastante bien debido a que su formato era en el fondo una actualización de las series de antología, otrora tan abundantes en televisión, estilo La dimensión desconocida, pero con el misterio y la prédica social reemplazadas por el divertimento simple y sin mayores complejos. Además de presentar un aluvión de esos inefables personajes televisivos que son los ricos idiotas con problemas propios de ricos idiotas. En 1.998 hubo un remake con el también inefable Malcolm McDowell como protagonista, de entre todos los posibles candidatos que podían elegir, y muy estupenda Mädchen Amick como su asistente, tratando ella de mantenerse a flote después del final de Twin Peaks. Tratando de no imitar la relativa ingenuidad de la serie original, intentaron hacerla un poquito más oscura y fantástica, llegando a insinuar que la isla es la fuente de los poderes del protagonista (¡estilo Lost, pero antes!), y que es una especie de limbo en donde los sirvientes de Mr. Roarke purgan sus penas. La idea y el concepto no eran malos, pero algo faltó en la serie, que no terminó de hacer clic, y fue cancelada con apenas trece episodios.

7.- El crucero del amor (1.977 - 1.987).

El exitazo de La isla de la fantasía llevó a la cadena televisiva ABC a pedir otra serie, para construir un bloque televisivo leviatánico en las noches de los sábados. La respuesta de Spelling fue El crucero del amor. Ahora sí que lo fantástico quedaba de lado, y Spelling se dejó caer de lleno en el romance y el glamour. La serie duró nueve temporadas, hasta bien entrada la década de 1.980, aunque nunca perdió un cierto aroma de hedonismo setentero, bien entendido, o sea, sin demasiados negros funkies, conservadurismo que la hizo favorita entre los viejitos de la casa. La premisa era simple: un trasatlántico en donde personas aburridas de tanta riqueza, encontraban sus sueños, por lo general el amor, acompañados por esclavos de galeras una atenta tripulación, solícita a proporcionarles a estos pasajeros la experiencia de sus vidas. El capitán era un tal Gavin MacLeod, aunque para el fanático friki probablemente sea más reconocible el médico a bordo, interpretado por el recordado Bernie Kopell (el villano Sigfried de K.A.O.S. en la serie televisiva original de El superagente 86). Como fue recurrente en la década de 1.990 con otras series de Aaron Spelling, El crucero del amor tuvo un remake entre 1.998 y 1.999, que de alguna manera duró dos temporadas, aunque la primera casi no cuenta, con apenas seis episodios en total. El remake de marras, no lo exhibieron ni a bordo del crucero mismo, y terminó cayendo en el olvido; para la trivia, digamos que el capitán esta vez era Robert Urich, viejo amigazo de Spelling a quien ya habíamos visto en S.W.A.T.

8.- Las Vegas (1.978 - 1.981).

Esta en inglés se llama Vega$; no confundir con Las Vegas con James Caan, o Vegas con Dennis Quaid, por lo que sirva el aviso, porque no vamos a acusar por aquí de exceso de creatividad a los que bautizan series. Mientras Spelling la estaba rompiendo con La isla de la fantasía y El crucero del amor, decidió regresar a lo de siempre, el policíaco, ahora ambientada en otra locación con glamour. El resultado fue Las Vegas, una serie hecha para mayor gloria de Robert Urich, quien ya había actuado en S.W.A.T. para Spelling. El protagonista era un detective privado con un paso por Vietnam en el prontuario, que se enfrentaba a la gente mala de la ciudad del vicio, y que tenía de secretaria a la cuarentona pero vistosa Phyllis Davis. Un detalle característico de la serie era que su protagonista usaba alta tecnología, como por ejemplo... una máquina contestadora. Vietnam y máquinas contestadoras, nadie dirá que esta serie envejeció bien. El caso es que dio para tres temporadas en pantalla, además de un cross over en donde Robert Urich visita a las ángeles de Charlie, para que todo quede en familia.

9.- Los Hart investigadores (1.979 - 1.984).

No premio para uno de los títulos con juego de palabras más idiotas de la televisión: el título original es Hart to Hart, que fonéticamente puede ser el apellido del matrimonio protagonista (Hart, claro), o bien Corazón a corazón (heart). Esta serie, creada por el mismo Sidney Sheldon que años atrás creó Mi bella genio, logró el equilibrio entre dos tendencias claras de las producciones spellinguianas: la acción policíaca por un lado, y el glamour por el otro. ¿La receta? El matrimonio de Jonathan Hart (Robert Wagner) y Jennifer Hart (Stephanie Powers) es millonario y se aburre como una ostra, y como buenos millonarios excéntricos, se buscan un pasatiempo a medida: ellos resuelven misterios y combaten el crimen. Ayudados por Max, un simpático abuelito que es su chofer, mayordomo, y en general lo que haga falta para que este par de ricachones puedan seguir gozando de su riqueza y del peligro sin salir demasiado chamuscados. La serie se mantiene en forma hasta el día de hoy gracias a que es tan camp, que es imposible no cogerle cariño. Por cierto, aquí viene un datito para los fanáticos de Los expedientes secretos X. Presten atención al tema de créditos: es el primer opening compuesto por un entonces jovencito Mark Snow. Quién lo diría.

10.- Dinastía (1.981 - 1.989).

Para la década de 1.980, Aaron Spelling mostró su capacidad de adaptación. Las series detectivescas estaban pasando de moda, y el glamour de la era Reagan hacía furor. La pionera y codificadora de los culebrones con gente rica derrochando dinero mientras sufre mucho en sus enormes mansiones de lujo, es Dallas, por supuesto. En este punto fue cuando Richard y Esther Shapiro llegaron para proponer una serie que fuera sobre una gran familia, como Dallas, que esa familia fuera millonaria, como Dallas, y que su fortuna girara alrededor del petróleo, como Dallas, pero que se ambientara en Denver en vez de Dallas. Aaron Spelling tomó la idea, y la desarrolló como serie. La primera temporada, centrada en Blake Carrington, un padre de familia prepotente y amoral, su mundo de negocios, y su matrimonio con su secretaria Krystle, que se había casado con él por amor y no por dinero, mantuvo ratings vacilantes, a pesar de tratar temas por entonces al límite de lo permisible en la televisión, incluyendo el que uno de los hijos de Blake Carrington fuera homosexual. Esto marcará tendencia: los culebrones de Aaron Spelling partirán con tramas de cierto calado, para luego desmelenarse, enroscándose lo más imposible que se pueda.

Para la segunda temporada llamaron a Joan Collins, antigua guapa y muy poco tímida actriz de cine, para interpretar a Alexis Carrington, la villanesca ex esposa de Blake, y con ella, la serie hizo clic. Además, le bajaron el perfil a los argumentos de negocios, y aumentaron el contenido de soap opera, y la serie despegó de manera instantánea; a partir de aquí es cuando las peleas de gatas entre la diabética de buena Krystle y la muy entretenida villana Alexis se transformaron en un obligado dentro de la serie. El éxito fue tanto, de hecho, que se sacaron un spin-off de la manga, Los Colby. Junto con Dallas y después con Falcon CrestDinastía fue el mejor reflejo de los sueños de opulencia capitalista que azotaron a la década de 1.980.

Empero, allí donde Dallas era melodrama serio del bueno, Dinastía no se avergonzaba en lo absoluto de ser una soap opera de lujo, con argumentos cada vez más salidos de madre. Dos grandes cliffhangers han quedado para la historia, por lo estrambótico de los mismos. Uno de ellos es que una de las hijas de Blake Carrington es... secuestrada por un OVNI, para apuntarse a la moda de la Ufología por entonces muy en boga. O mejor dicho, ése fue un cliffhanger de fin de temporada de Los Colby, pero como la serie fue cancelada, trajeron al personaje de vuelta a Dinastía y le dieron apresurado carpetazo a esa ida de olla; esencialmente, un par de idas al psiquiatra por estrés postraumático, y a otra cosa, por si quieren saberlo. La otra es por supuesto la Masacre Moldava, en la cual una de las protagonistas se iba a casar con el príncipe de Moldavia, sólo para que en la ceremonia apareciera un grupo terrorista disparando ametralladoras al elenco en pleno, y dejando a todo el público expectante sobre quién viviría y quién moriría en la siguiente temporada. Al final, murió apenas un secundario que no le importaba a nadie. Y por no deshonrar la tradición, la serie fue cancelada luego de quedar en un enorme cliffhanger: Blake en la cárcel, Krystel en coma y Alexis literalmente en caída libre y a punto de estrellar su humanidad contra el suelo algunos pisos más abajo. Por rareza del destino, el cliffhanger fue resuelto algunos años después con una miniserie llamada Dinastía: La reunión, bastante olvidable si se considera que debía cerrar casi una década de argumentos e historias. Aaron Spelling intentó revivir después la fórmula con Titans, que intentó de hecho ser Dinastía para el nuevo milenio, pero que después de una temporada de trece episodios fue cancelada sin que nadie la haya echado de menos.

Y si piensan que esto es lo más grande, aún no han leído nada. Si ustedes pasaron su juventud en la década de 1.990, entonces es seguro que vieron alguna de las series que vienen a continuación, en la segunda parte de este posteo, que publicaremos pronto aquí en la Guillermocracia.

EXECUTIVE PRODUCER:
GUILLERMO RÍOS

3 comentarios:

Cidroq dijo...

vaya, con este post reviví mi infancia, ya que aunque directamente de las series recuerdo muy poco o nada directamente, si recuerdo muy bien el ver a mis papás y parientes mayores como se ponían a ver alguna de las series que comentas, y me sentaba a un lado para hacerles compañía, que no duraba mucho porque me corrían por habliche y preguntón y no los dejaba verlas.

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, el grueso de estas series tampoco las veía porque eran para adultos, y yo en esa época... Pero me puse algo al día en la década de 1.990 cuando llegó el canal AXN, que bien podía haberse llamado The Spelling Channel porque daban sólo series de Aaron Spelling todo el santo día. En cuanto a ti, yo creo que te echaban porque eran series no aptas para menores, y lo de habliche y preguntón era el pretexto para no crear un efecto de gusto por el misterio de lo prohibido o algo así. En cuanto a mí no me echaban, a mí simplemente no me dejaban asomarme y punto.

Martín dijo...

No las recuerdo bien - de hecho sólo recuerdo Area 12 y Chips porque las daban en las tardes cuando las vi - aunque sí recuerdo que volvía a todos locos en mi casa repitiendo el "parapaaaan-parapaaaan-parapaaaan-parapaaaan-parapapapa" de SWAT (o algo así iba la melodía). Algo de los Ángeles de Charlie y de los Hart Investigadores me anda dando vueltas, y bueno, en las repeticiones en las tardes interminables de sábados y domingos me acuerdo de haber visto El crucero del amor y La isla de la fantasía.
Pero algo que nunca se me olvidó es el recuerdo de mi madre al lado de nosotros viéndolas, pero haciéndonos ver los errores de las mismas.

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