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domingo, 4 de septiembre de 2016

Yo me negué a ser escritor de fanfics.


No tengo muy buena opinión de los fanfics en general. O de los fanescritores, ya que estamos en ésas. En general, la reputación de los fanfics no es excesivamente buena. Demasiada morralla, demasiada poca calidad. Por supuesto, vale aquí la famosa ley de Sturgeon según la cual, el noventa por ciento de todo es malo. De esta manera, el noventa por ciento de los fanfics serían basura no porque sean fanfics, sino porque el noventa por ciento de todo lo es.

Por si no saben de qué estoy hablando. Fanfic es un anglicismo y una contracción, o acrónimo mejor dicho, de fanatic fiction, o sea, ficción de fanático. La palabreja surgió en la década de 1.970, dentro del fandom de Star Trek. Otro neologismo: fandom se formó en inglés a partir de la palabra fan, contracción en sí misma de fanático, más la terminación -dom que designa un estado determinado (kingdom o el estado de un rey, boredom, o el estado de aburrimiento, etcétera). Desde la formación del ghetto de la Ciencia Ficción en los tiempos de Hugo Gernsback y Amazing Stories, que el fandom de la Ciencia Ficción había intercambiado material entre ellos, e incluso lo habían escrito: muchos escritores del género, incluyendo a Isaac Asimov, Cyril Kornbluth, Frederic Pohl, y un largo etcétera, partieron sus carreras como fanáticos enviando sus colaboraciones a revistas. Pero con Star Trek se produjo un fenómeno diferente: acabada la serie, los fanáticos decidieron que ése no sería el fin, aunque ellos mismos tuvieran que escribir nuevas historias de los personajes... y las escribieron. Por supuesto, desde esa perspectiva, cualquier obra que tome personajes anteriores prestados sería un fanfic, y de hecho argüimos acá en la Guillermocracia, en su oportunidad, que hay varios clásicos literarios que técnicamente son fanfics. Pero fue el fandom de Star Trek, los trekkies, que codificaron el fanfic como fenómeno, configurándolo de manera moderna. Por supuesto, hoy en día existen fanfics de Star Wars, Expedientes secretos X, Sailor Moon, Dragon Ball Z, Harry Potter, el universo imaginario de Tolkien...

Creo en lo personal que, de una manera u otra, el grueso de los escritores partimos como fanescritores. Nuestras primeras obras fueron, seguro que sí, versiones de historias que ya conocíamos. Cuando nos lanzamos por primera vez a escribir, lo hicimos porque no encontrábamos allá afuera las historias que nos hubiera gustado ver plasmadas en los libros que leíamos, o la televisión que veíamos, o el cine que visionábamos. No debe menospreciarse el poder de este impulso: muchos fanfics parten de ciertas imposibilidades impuestas por las cadenas televisivas, como un potencial romance entre Kirk y Spock, o por cruces entre personajes que no son posibles por cuestiones de derechos, como por ejemplo quién ganaría en un duelo entre Superman y Goku. Esos vacíos en nuestra imaginación, los fanescritores los rellenan con fanfics de su cosecha.

Yo también partí como escritor de fanfics. Mis primerísimos trabajos literarios, cuando era un infante incapaz incluso de generar obligaciones naturales, fueron historias con personajes tomados de mis dibujos animados favoritos, o bien de tales o cuales libros. Sobre ellos no abundaré, en primer lugar porque al ser primeros trabajos no es que tuvieran una calidad descollante, y en segundo término porque yacen destruidos mucho tiempo hace ya, porque a veces me siento misericordioso con la raza humana y no me gustaría infligirles el suplicio de que los leyeran únicamente porque les caigo simpático y piensan que deben investigar todo lo que he escrito hasta el fondo. Si algún día me hago famoso y gano el Premio Nobel de Literatura, no van a faltar los catedráticos obtusos que van a rebuscar entre toda esa basura para sacar una tesis de postdoctorado, o peor aún, encargársela a un pobre y triste alumno y luego hacerla pasar como propia, de manera que hacer desaparecer ese material es hacerle un bien a la Humanidad.

Pero luego evolucioné en otras direcciones. Remitirme a escribir sobre personajes ajenos simplemente no me era satisfactorio. Era un universo de relaciones y elementos ya trazados, y no me permitían mucho juego. O mejor dicho, sí lo permitían, porque para eso se escriben los fanfics en primer lugar, para cambiar las reglas del juego, pero... descubrí que hacerlo de una manera lógica y racional era y es muy difícil. Y aunque lo lograra... podían ser mis argumentos y mis situaciones, pero seguían sin ser mis personajes.

Les voy a proponer un ejemplo. Digamos que escribo un fanfic sobre Superman en el cual dicho personaje, cuando llega siendo un bebé desde Krypton en 1.938, cae en Nueva York, y como más o menos tiene la misma edad que Woody Allen, termina haciéndose amigo suyo. ¿Qué tan difícil puede ser escribir algo así? Para un guionista de Hollywood habituado al blockbuster estándar, lleno de agujeros de guión y recetas tópicas, quizás nada. Pero para mí, supone replantear muchos elementos del mito de Superman: ¿cómo vivir en Nueva York en vez de Kansas cambia a Superman? ¿Cómo influye en ambos la amistad mutua? ¿Cómo surgen los diversos personajes de la mitología de Superman? ¿Cómo va a cambiar la mentalidad de Superman cuando su mejor amigo usa lentes y hace chistes cínicos sobre el mundo, la religión y la vida? ¿Cómo va a cambiar Woody Allen si de pronto descubre que hombres como dioses caminan escondidos entre nosotros? Y suma y sigue. Llega un minuto en que uno, como escritor, prefiere arrojarlos a ambos por la borda, y hacer algo mucho más inteligente: crear dos personajes nuevos, que se parezcan a Superman y Woody Allen, pero que no sean ellos mismos. Por ejemplo, uno es Supermúsculo, el último hijo de Krypcrom, y el otro es Bugsy van Allen, vapuleado por todo futre con independencia de raza, sexo, estirpe o condición. Eso es mucho más fácil que tratar de forzar un Superman ruso o un Superman británico, por ejemplo.

En ese sentido, escribir historias originales es incluso más liberador que escribir fanfics. Y no digo que no se pueda hacer, o que se haga mal. Philip Jose Farmer, escritor de Ciencia Ficción, ha escrito algunos fanfics notables; les recomiendo, si pueden encontrarlo, porque sólo circula como bootleg, por un tema de derechos de autor, Las aventuras del par sin par, en el cual Sherlock Holmes y Tarzán comparten aventuras en la jungla. Incluso, desde cierto punto de vista, la saga del Mundo del Río es un fanfic en donde Philip Jose Farmer mezcla a todos los personajes de la Historia Universal en una única continuidad, en otro planeta y a merced de cierta raza alienígena que los ha resucitado con propósitos inicialmente desconocidos. Pero por cada Philip Jose Farmer hay quinientos, mil o diez mil monos tecleando máquinas de escribir, con los resultados que son de prever.

En ese sentido, creo que el fanfic como actividad embrutece. El fanfic obliga a jugar con reglas ya preestablecidas por otros. Si se las sigue, lo que queda es una obra ciertamente algo pobre, y si se las rompe, lo que queda es cualquier cosa menos lo que hacía especial a la obra original. Pensemos por ejemplo en el clásico fenómeno de las Mary Sue, esos personajes creados por fanescritores y que se tragan todo el argumento del fanfic debido a lo magníficos que son, en relación a los personajes originales que supuestamente adaptan. Si leo un fanfic de Star Trek, lo hago porque me interesan las peripecias de Kirk y Spock, y no las de Mary Sue; y pongo este ejemplo ex profeso porque la primera Mary Sue es en efecto un personaje llamado Mary Sue, de un fanfic de Star Trek. De hecho, el relato en cuestión fue objeto de tal mofa, que el personaje de Mary Sue terminó bautizando el concepto genérico de esta clase de personajes.

Además, el fanfic representa algunos de los aspectos más desagradables de los fanáticos, incluyendo esa idea peregrina de que ellos saben más acerca de la saga que sus creadores. A veces, puede pasar: Isaac Asimov recordaba que un fanático de la saga de las Fundaciones en una ocasión le había enviado una buena lista de errores de continuidad dentro de la misma, que el propio Asimov no había advertido al escribir los relatos de la mencionada saga. Pero luego están los fanáticos narcisistas que crean la tautología perfecta según la cual algo es lo mejor de lo mejor porque a ellos les gusta, y ellos son lo mejor de lo mejor porque les gusta lo mejor de lo mejor, en un problema causal similar al del huevo y la gallina. Por supuesto, esta clase de fanáticos sabe mejor que el resto, incluso que los creadores. ¿Los creadores se niegan a que Mulder y Scully gocen de placeres salvajes más allá de la relación laboral? El seguidor normal de la historia se encoge de hombros y se dice a sí mismo que es sólo una historia, y que no puede ser todo al gusto de uno, si es que de verdad quiere ver eso. Pero el fanescritor no: dentro de su mente, se ha apropiado de los personajes, los ha hecho suyos, y ahora, como sus esclavos, deben cumplir con su voluntad patológica. En definitiva, detrás de todo fanescritor hay un fulano muy enojado con la realidad, y que intenta sustituirla con una propia forjada en su mente. En definitiva, quiérase o no, el combustible que alimenta a los fanfics es el narcisismo, el "yo sí sé y los creadores no".

A la hora de abordar una ficción, cualquier ficción, esto debe hacerse con cierta altura de miras. Por mucho que a uno le guste una novela, una película o una serie de televisión, en principio sigue siendo una obra ajena. Los creadores la han diseñado de una manera, y eso es así por motivos bien precisos. A veces loables, como lo es la calidad literaria. A veces menos confesables, como lo es el vil lucro comercial. Uno como espectador debe aceptar las ficciones del mismo modo en que acepta la vida, sin afanes por hacerla más como uno mismo es. En el peor de los casos, si una ficción no nos gusta, lo más saludable es simplemente abandonarla: siempre habrán ficciones más satisfactorias a las cuales recurrir.

Y sin embargo, ¿qué puedo hacer si de verdad me gusta una historia y unos personajes? ¿Acaso no puedo tomarlos o adoptarlos de alguna manera? La verdad es que sí: se puede crear sustitutos de los personajes originales. Así, en vez de escribir un fanfic acerca de Harry Potter, se puede escribir una historia sobre un personaje completamente original llamado, digamos, Henry Pöehler. Este nuevo personaje podrá parecerse o diferenciarse de Harry Potter tanto como se quiera, pero lo importante es lo siguiente: el grado de parecido o diferencia es manejado a discreción por el autor. Buscará hacer que se parezca si lo que intenta es escribir una parodia, o un homenaje afectuoso. Pero también puede suceder, y esto es muy saludable, que andando el tiempo el creador le vaya confiriendo a su personaje propio, a Henry Pöehler en nuestro ejemplo, características nuevas, hasta un punto que el parecido se rompe, y nuestro nuevo personaje corre ahora con alas propias. Así, ya no tenemos entre las manos a un mero juego con una creación ajena, sino una nueva y asombrosa creación propia. Y más aún: dicha creación no llevará un sello ajeno impuesto, sino el nuestro propio, y será una obra mucho más creativa de lo que hubiéramos esperado al comenzar a escribirla. Y en definitiva, el valor más importante a la hora de escribir es justamente ése: la creatividad.

3 comentarios:

murinus2009 dijo...

Saludos desde Mexico soy lector de tu gran blog desde 2015.

Ya que lo recuerdo en tiempos prehistoricos, en la decada de 1980, me gustaba escribir e imaginar algunas historias inspiradas por series y caricaturas de aquella remota epoca, una de ellas fue una derivacion "spin off" a su vez de una derivacion de un personaje que solo salio una vez en la serie "Profesion Peligro" en ingles "The Fall Guy", curiosamente esa derivacion de una derivacion resulto parecerse mucho al personaje de la Marvel "The Punisher",si, era un cazador de criminales, incluso en sus emblemas usaba una calavera y hasta tenia un ayudante que le conseguia equipo y todo como "micrichip" al Punisher, de hecho cuando conoci al personaje de la Marvel por primera vez en 1992 senti como una cubetada de agua fria por los parecidos y claro me hice fanatico del Punisher.

Otro caso fue un cuento que escribi como trabajo de la primaria en quinto o sexto grado, este estaba basado en un capitulo de "Viaje a las Estrellas" la serie de los 60 ¿no se si lo recuerdes? es el capitulo en que un ser en forma de nube blanca atacaba a los "Camisas Rojas" dejandolos sin ninguna gota de sangre y en el ambiente quedaba aroma "como a miel" decia Kirk, mi historia era casi igual: una nave llegaba a planeta extraterrestre y unos despistados exploradores eran atacados por un monstruo que se hacia invisible y los dejaba sin sangre solo que este monstruo era gigante como de 30 metros y tenia tentaculos con los que absorbia la sangre de sus victimas, aqui es donde entra la otra parte de la inspiracion de la epoca, para combatirlo los tripulantes de la nave usaban un robot de combate gigante inspirado en Mazinger Z, un (compañero de clase fue el que se dio cuenta de esto ultimo) incluso hice dibujos para acompañar la historia.

Otra fue mi version de la "Guerra de los Mundos" inspirada claro en "Robotech" y en un video que vi en uno de esos casi extintos videoclubs (hoy solo hay uno en Ciudad de Mexico) el video era de un anime llamado "Blue Noah" o algo asi (de hecho es una serie y la vi alguna vez en you tube) incluso tambien los aviones de combate del bando humano se transformaban en robots, la nave principal humana a su vez estaba inspirada en una nave que salio en un capitulo de los Halcones Galacticos de unos seres llamados "los triangulares" parecia un bombardero B2 con un gran cañon al frente capaz de destruir partes de planetas.

No tenia idea de que esta clase de inspiraciones tuviera el nombre de "FanFics", hasta esta genial entrada tuya.

Tambien lei el articulo sobre los "clasicos literarios que tecnicamente son fanfics" es un gran trabajo, por cierto recuerdo haber hojeado un libro que cuenta la historia de Diomedes el de la Iliada, despues precisamente de la guerra de troya, solo recuerdo que lo escribia una mujer, Guillermo tu o uno de tus lectores ¿sabran el titulo del libro o el nombre de la autora? por lo que nos enseñaste en este articulo ese libro dedicado a Diomedes tambien es un fanfic.

Muchas gracias por este excelente e ilustrativo articulo y hasta pronto.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Solamente una vez en mi vida he escrito un fanfic e incluso por años estuvo en una página web hasta que lo bajé junto al resto de los relatos que ahí tenía. Fue una época en la que me dio por hacer cuentos XXX, así que el mío era también lo que se llama una X Parodia. Se llama "La Real Espada de Leon-O"...¡O sea que estaba ambientando en el mundo de los "Thundercats", je, je.

Guillermo Ríos dijo...

@Murinus2009, lo del personaje parecido al Punisher suele pasar. No hay nada original, todo está inventado, y es complicado encontrar un enfoque nuevo. A mí me ha pasado dos veces en este año, con la continuación de Bastión Esperanza, primero con Día de la independencia: Contraataque, y luego con un anime de 2.013 llamado Arpeggio of Blue Steel que me acabo de ver y que pretendo comentar más adelante. Así es que, reescribir y más reescribir...

El libro de marras podría ser La antorcha de Marion Zimmer Bradley, que es una revisión del mito de la Guerra de Troya en versión feminista, y que la leí hace un montón de años, por lo que la verdad recuerdo pocos detalles del argumento. Pero eso sí, la protagonista es Casandra, no Diómedes.

Saludos igualmente, y queda cordialmente invitado a seguir siendo un gran lector de la Guillermocracia.

@Elwin_Alvarez_Fuentes, los fanfics sobre los ThunderCats son casi un universo aparte dentro de los fanfics. Después de todo tenemos a un rey joven con una espada que se alarga, una momia con un caldero que le sirve como las cámaras al tipo de Sliver, Cheetara, y protagonistas que técnicamente podrían contar como furries, así es que el potencial de la franquicia para parodias subidas de tono es dinamita pura.

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