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domingo, 25 de septiembre de 2016

La (falta de) ciencia tras "El día de la independencia" y su secuela.

Vamos a necesitar más asesores científicos para la tercera.
El año 2.016 ha sido uno bastante complicado para los grandes estudios de Hollywood. No ha sido un cataclismo ni mucho menos, pero salvo por la Disney, las majors lo han tenido difícil para imponerse en la taquilla. Y entre los varios pinchazos que vimos en las pantallas, está Día de la independencia: Contraataque, la secuela de El día de la independencia, que costó 165 millones de dólares sin contar gastos en publicidad, y que se quedó a punto de recaudar 400, que es más o menos el punto en donde los productores deberían comenzar a ver beneficios. Parte importante del problema es que tiene los mismos defectos e incluso aumentados éstos, respecto de El día de la independencia original, pero sin tener su principal virtud, que era ser endiabladamente entretenida dentro de su frivolidad. Lo que a Día de la independencia: Contraataque le falta es justo eso, frivolidad, y tiende a tomarse demasiado en serio, demasiado en plan estamos construyendo una nueva franquicia, cuando la anterior jugaba con sus clichés a mansalva y con tanta alegría, que había que ser muy cejijunto para enojarse por el espectáculo. Hubo gente cejijunta que sí se enojó por el espectáculo, pero admitámoslo, ni ustedes ni yo quieren tener a un cejijunto como compañero de ruta por la vida.

Pero este posteo no va de criticar a Día de la independencia: Contraataque en cuanto película, sino a examinar el binomio, la película original y su secuela, desde el punto de vista científico. Ayuda que la ciencia de la película original no era demasiado buena, pero se salvaba por la frivolidad deliberada de la puesta en escena, por lo que se le perdonaba su enfoque más o menos libérrimo sobre el tema, mientras que aquí, al tratar de ir más en serio, consiguen justamente que se noten más las patadas en contra de la tradición racionalista galileonewtoniana occidental. Por supuesto, tener buena o mala ciencia en una película no la hace buena o mala en sí. Una película tiene mayores posibilidades de ser buena si es que respeta la ciencia, porque hay una armazón lógica y racional por detrás, pero una película puede ser muy científica y muy aburrida al mismo tiempo, y otra puede ser muy fantástica y muy entretenida. El chiste no es respetar la ciencia por el respeto a la ciencia, sino saber qué partes de la misma respetar y cuáles saltarse, en beneficio del espectáculo y la acción pura y dura. Por eso, es que en Día de la independencia: Contraataque se nota más los saltos a la ciencia: por mezclar problemas científicos con una puesta en escena con demasiadas ínfulas para su propio bien.

Por supuesto, creo que sobra decirlo, este posteo parte de la base de que el lector ha visto ambas películas. Lo que quiere decir que habrán spoilers a mansalva y sin previo aviso. Seguid leyendo bajo vuestro propio riesgo.

La reina madre gigantesca.

Partamos por un problema biológico. La reina madre alienígena. En el final de Día de la independencia: Contraataque vemos que, por una razón u otra, la reina madre en cuestión decide salir de su escondrijo y cargar ella misma contra la base. Dejemos de lado el hecho de que en ninguna especie social, como hormigas o abejas, la reina sale al ataque ella misma; de hecho, siendo la criatura más valiosa de la colonia, tiende a ser la más protegida y escondida, como el rey en el ajedrez. Pero aceptemos que la organización social de los alienígenas funciona así, y dejémoslo pasar. Aún así...

...tenemos el problema del tamaño. La cuestión es bien simple: una criatura grande no sólo debe soportar más peso que una criatura pequeña, sino que la proporción entre ese peso y sus piernas también crece. Esto es porque esa proporción se mide entre el peso de la criatura, dividida por la superficie de la misma en contacto con el suelo, y a escalas cada vez mayores de tamaño, el peso de la criatura crece en forma cúbica porque se mide en volúmenes, y la superficie de contacto crece en forma cuadrada porque se mide en unidades de superficie. Esa es la razón por la que insectos como los mosquitos o las hormigas pueden darse el lujo de tener unas patitas de alambre, mientras que los elefantes tienen unos cañones enormes que son de pisar y no dejar nada tridimensional en el sitio del pisotón.

Reina alienígena haciendo ejercicio para lucir bikini en el verano.
Un ejemplo lo hará más claro. Vamos a suponer una criatura hipotética, que va a tener forma cúbica, con dimensiones de 1x1x1 (1 centímetro, 1 metro, la unidad que quieran), es decir, una unidad de largo, una unidad de ancho y una unidad de altura. Su peso será también de 1 o una unidad (un gramo, un kilógramo, elijan ustedes). En ese caso, la relación es 1:1, o sea, cada 1 unidad cuadrada de superficie soporta 1 unidad cúbica de peso, porque la superficie en contacto es 1 unidad de largo multiplicada por 1 unidad de ancho, o sea, 1. Pero si hacemos crecer a esa criatura a un cubo de 2x2x2, entonces su peso aumentará ahora a 8 (2x2x2), pero la superficie de contacto con el suelo crece apenas a 4 (2x2), por lo que ahora la relación es de 8:4, o sea 2:1, o sea, que cada 1 unidad cuadrada soporta ahora 2 unidades cúbicas de peso. Si la hacemos crecer a un cubo de 3x3, entonces el peso aumentará ahora a 27 (3x3x3) mientras que el área de contacto con el suelo apenas a 9 (3x3), por lo que la relación ahora es de 3:1, lo que quiere decir que cada 1 unidad de área de contacto con el suelo, soporta 3 unidades cúbicas de peso. Si la hacemos crecer a un cubo de 4x4... creo que ya se entiende la idea. En ese sentido, los caracoles y las culebras deben ser las criaturas más estables del planeta, porque apoyan su poco peso en una enorme cantidad de superficie, que es todo el largo y ancho de su vientre.

Al ver a la reina alienígena, lo que vemos es una criatura muy alta y espigadita, con unas piernitas delgadas tipo supermodelo de Victoria's Secret o peor. La clase de piernas que podría romperse nada más dar el primer paso. Un punto de la película, eso sí, es que los alienígenas usan armaduras biomecánicas encima, y podríamos pensar que esa armadura exterior le proporciona una resistencia adicional. Aceptémoslo como una explicación válida. Pero entonces, ya sabemos lo que pasa si le sacamos a la reina alienígena su armadura: lo mismo que le pasaría a las vértebras de las nativas africanas que se los alargan con anillos alrededor del cuello, si les sacáramos dichos anillos.

Los platillos voladores poco prácticos.

Nadie duda de que los platillos voladores gigantes meten su buena dosis de julepe a la mezcla. En la mítica serie televisiva V, la original y el remake de 2.009, la sola imagen de ellos sobre las ciudades era paranoia destilada y directa a la vena. Pero en la realidad, aunque el nivel tecnológico en cuanto a física de materiales lo permitiera, los mismos serían muy poco prácticos. Asumamos que los alienígenas disponen de fuentes energéticas de rendimiento casi mágico y por lo tanto no tienen problemas en hacer volar moles de semejante masa. Aún así, queda la cuestión de la forma versus el tamaño. Y aquí es en donde tenemos un conflicto. Porque si los vamos a diseñar para que se posen en tierra, deberíamos fabricarlos como lo que son, o sea, como platillos, precisamente por el principio que reseñábamos más arriba, al hablar de la reina alienígena: porque un platillo ofrece una enorme superficie de contacto que hace mucho más sólida a la nave espacial. Pero...

...un platillo volador resulta muy poco práctico para las comunicaciones internas. Las hechas por mensajería directa no debería ser problema, considerando que los alienígenas de la película son telépatas. Sin embargo, esas naves son tripuladas, y eso quiere decir que los extremos del platillo son inalcanzables por un pelotón de alienígenas, o a lo menos, no en situaciones de batalla. Esto es, si en una batalla es abordado un extremo del platillo y liquidadas sus líneas defensivas, las fuerzas de reserva tienen una larguísima trayectoria que cubrir para llegar al sitio de la batalla; y en un conflicto de estas características, cada minuto cuenta. Para estos efectos, con naves de semejante tamaño, la forma más práctica sería la esférica, porque los alienígenas podrían moverse de manera mucho más directa entre un punto y otro del platillo.

El lobby del gremio de empresarios de la construcción consigue acabar con otro hito arquitectónico para lucrarse construyendo horribles edificios modernos.
Además, a iguales cantidades de masa, la esfera presenta menos superficie hacia el exterior que la forma de platillo. Digamos que el platillo volador mide 20 kilómetros de diámetro, de parte a parte, y 1 kilómetro de grosor, lo que es algo más pequeño que los platillos de la primera película, si la memoria no me traiciona. En ese caso, la superficie expuesta, si mis cálculos son correctos, y los lectores me corregirán si apliqué mal alguna ecuación, vendría siendo casi 377 kilómetros cuadrados. Ahora bien, este platillo tendría un volumen de casi 315 kilómetros cúbicos. Si arreglamos esa misma cantidad de materia en forma de esfera, la misma tendría una superficie de algo más de 223 kilómetros cuadrados. (Lo mío no son los números, de manera que, repito, si equivoqué algún cálculo, favor de corregirme). Si estos resultados son correctos, entonces resulta que fabricar una esfera en vez de un platillo garantiza que la nave tendrá casi un tercio menos de superficie expuesta al exterior, un exterior que, recordemos, está plagado de radiaciones cósmicas y potenciales disparos enemigos.

Y se pone peor. Estamos hablando de los platillos de la primera película. En la segunda película, vemos una especie de superplatillo que cuando se posa en el Océano Atlántico y preguntan en qué parte, la respuesta es: "En todo el océano". Aquí ya ni siquiera vamos a tomarnos la molestia de sacar cálculos matemáticos. La cuestión es que una nave de ese tamaño ya califica lisa y llanamente para cuerpo celeste. Y todos los cuerpos celestes, pasado cierto tamaño, entran a sufrir la fuerza de marea conocida como el límite de Roche. Por si no saben en qué consiste dicho límite, expliquémoslo.

Todos sabemos que la gravedad opera en forma inversamente proporcional al cuadrado de las distancias. O sea, mientras mayor es la distancia, menor es la gravedad. Pero como no es inversamente proporcional a la distancia, sino al cuadrado de la distancia, resulta que la gravedad de un cuerpo celeste no se debilita de manera constante con la distancia, sino que se debilita de manera acelerada en los primeros kilómetros, o decenas de kilómetros, o miles de kilómetros de distancia que ponemos respecto de ese cuerpo, y luego de manera muy suave o retardada mientras más lejos estamos. Si el cuerpo que se acerca al cuerpo celeste es pequeño, como un astronauta o una cápsula de la misión Apolo a la Luna, esto no representa un problema porque todo él va a estar sometido a la misma atracción gravitatoria. Pero si el cuerpo tiene un tamaño astronómico, y se acerca mucho al cuerpo celeste de marras, entonces las partes extremas del cuerpo más pequeño van a estar sometidas a atracciones gravitaciones diferentes por parte del cuerpo más grande. La parte del cuerpo pequeño que está más cercana al cuerpo más grande, va a sufrir entonces un tirón tan grande, que va a romper la resistencia interna del cuerpo más pequeño, lo va a jalar, y el resultado es que el cuerpo más pequeño se va a romper. Si la Luna se acercara a unos 10.000 kilómetros de la Tierra, el jalón gravitacional la haría pedazos, con las cataclísimas consecuencias que son de prever; afortunadamente para nosotros, nuestra regordeta amiga orbital está a seguros 384.000 kilómetros de distancia, muy lejos del límite de Roche y por lo tanto bien a salvo.

Ahora bien, en Día de la independencia: Contraataque, el tamaño de la nave espacial en cuestión es justamente uno comparable con el de la Luna. Pero esta nave se posa sobre la Tierra. Es imposible no pensar que la nave en cuestión está fabricada con materiales casi milagrosos porque, de lo contrario, la misma se haría trizas únicamente por el efecto derivado del límite de Roche. Y una buena parte de los fragmentos caería a la Tierra, lo que tendría el efecto de varios impactos asteroidales masivos, o sea, el fin ya no digamos de la vida sobre la Tierra, sino de la superficie terrestre sólida tal y como la conocemos. De hecho, si la memoria no me traiciona, la nave en comento pasa cerca de la Luna, por lo que la Luna sí debería haberse hecho pedazos por la atracción gravitacional que la misma nave, por su propia masa, debería generar.

La sexta extinción.

Y hablando de impactos asteroidales. Yo no sé si han oído hablar del cráter de Chicxulub. El mismo, actualmente tan erosionado que sólo puede ser detectado por fotos satelitales desde la órbita, es el candidato más probable a sitio del impacto que, se supone, mató a los dinosaurios hace 65 millones de años atrás. Hoy en día tenemos evidencia de un impacto asteroidal hace esa cantidad de años; los cálculos más conservadores estiman que el mismo tuvo unos 10 kilómetros de diámetro. Y eso bastó para arrasar con los dinosaurios y con cerca de tres cuartas partes de las especies animales y vegetales entonces existentes sobre la Tierra. Ahora bien, en El día de la independencia vemos el impacto de varias naves mucho más grandes que eso, y además, en la secuela, vemos a la gigantesca nave nodriza. No necesitamos decir que lo visto es pura fantasía: el impacto de una nave de esas dimensiones debería haber desatado de inmediato una sexta extinción. Como mínimo, se habría extinguido la Humanidad.

You Maniacs! You blew it up! Ah, damn you! God damn you all to hell!
Veamos qué tan malo sería el impacto de un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro. Lo primero es que en el sitio del impacto, la energía cinética que mueve al asteroide, al detenerse éste en seco, se transformaría bruscamente en energía calórica, porque la energía no se crea ni se destruye sino que sólo se transforma, por lo que la temperatura alcanzaría unos 18.000 grados, o sea, tres veces la temperatura del núcleo terrestre o la superficie del Sol. La onda de calor subsiguiente sería capaz de arrasar continentes enteros, lo que implica la combustión simultánea de a lo menos una proporción importantes de los bosques del planeta, y la saturación de la misma con dióxido de carbono, un bien conocido gas de invernadero. Al mismo tiempo, la ola de calor aportaría la energía que permitiría combinar el oxígeno y el nitrógeno atmosféricos, generando lluvias de ácido sulfúrico. Y luego viene lo mejor: el polvo levantado oscurecería la atmósfera durante varios meses, lo que crearía un invierno nuclear. Las escasas plantas sobrevivientes a la oleada de calor, al no poder fotosintetizar, morirían de inanición, lo cual mataría de hambre a los hervíboros, lo que a su vez mataría de hambre a los carnívoros. Luego, al caer el polvo a la superficie, el dióxido de carbono seguiría ahí porque las escasas plantas sobrevivientes a la oleada de calor y al equivalente de invierno nuclear no lo habrían metabolizado, por lo que el aumento de las temperaturas planetarias freiría el plancton, y llevaría la catástrofe generalizada ahora a los mares. Después de esto, resulta claro que Día de la independencia: Contraataque no debería haber sido una historia alternativa futurista sino una película tipo Mad Max II, cuando menos.

El malvado plan alienígena.

Y terminemos con el plan alienígena. En la primera película, se habla de que vienen a saquear los recursos, en genérico, sin mayores detalles. Pero en la segunda se explica que su intención es cavar hasta el núcleo de la Tierra para usarlo como fuente energética. La película no da indicios acerca de cómo los alienígenas procesan la energía, aunque por todo lo que mencionamos con anterioridad, su consumo energético debe ser lisa y llanamente brutal. Tanto, que se puede pensar en una fuente de abastecimiento energético mucho más seguro: el Sol. En efecto, el Sol no está defendido por malditos humanos que no se dejan aplastar como cucarachas, no hay que cavar para llegar hasta él, y es increíblemente grande. Además, es 75% hidrógeno, y el hidrógeno es el combustible que se usa para los reactores de fusión nuclear. Para colmo, no hay manera alguna de que los alienígenas puedan sacar el núcleo terrestre o parte de él y llevárselo en su nave, y usarlo como motor o algo así: la energía que emite el núcleo terrestre no nace de sus materiales, pese a que sí parece tener más elementos radioactivos que la superficie terrestre, sino de las enormes presiones geológicas a los que se ve sometido por estar justamente en el centro de la Tierra.

Yankees go home! ¡El petróleo para el que lo trabaja!
Pero eso sí, si asumimos que los humanos entendimos mal el plan alienígena, sí que puede tener sentido por otro lado: como fuente de materiales pesados e incluso radioactivos, esto ya lo mencionamos. Quizás ustedes han oído hablar de las llamadas tierras raras. Son ciertos elementos químicos que están en la parte intermedia de la tabla periódica, y son metales que reciben su nombre justamente porque son muy raros en la superficie terrestre. Son más abundantes, de hecho, en los asteroides... y en el núcleo terrestre. Una de esas tierras raras, el iridio, fue el primer indicio de que los dinosaurios fueron probablemente masacrados por un asteroide: en la capa geológica respectiva, aparecieron índices anormalmente altos de iridio, y la única manera de que el mismo haya llegado hasta ahí en tal cantidad, es que sean los restos de un asteroide volatilizado por su impacto contra la Tierra, diseminado en el polvo levantado, y que haya dejado en todo el planeta esa capa de sedimentos llenos de iridio luego de posarse a los meses después. En la industria moderna, las tierras raras tienen una alta demanda porque son muy preciados en la industria electrónica: es muy posible que hayan tierras raras, en cantidades ínfimas, en los circuitos del smartphone o el computador en el cual usted está leyendo este posteo de la Guillermocracia.

La cuestión es que esos metales son raros porque son pesados, precisamente. Tanto, que cuando la Tierra estaba enfriándose y por lo tanto estaba semilíquida, se precipitaron todos hacia el núcleo terrestre. Lo mismo ocurre con los elementos radioactivos; dichos elementos lo son porque son inestables y se descomponen en otros más ligeros, generando radiación en el camino, y para poder descomponerse en elementos ligeros, deben partir siendo elementos pesados, por pura y simple lógica. Hay elementos radioactivos ligeros, pero éstos son isótopos tales como el tritio, que no son realmente abundantes porque los elementos químicos tienden a presentarse en su forma estándar y no como isótopos. Por lo tanto, hundidos los elementos radioactivos y las tierras raras, lo que quedó arriba, en la superficie terrestre, son metales livianos como el aluminio, el cobre o el hierro. Ahora bien, podemos suponer que debido a las enormes tensiones estructurales que deben soportar las naves alienígenas, por las razones que mencionábamos más arriba, ellos necesitan desesperadamente de esos metales. Recolectarlos de los asteroides sería lento y laborioso, tratándose de naves de semejante tamaño, por lo que recolectarlos de los núcleos rocosos planetarios sería la mejor opción. Ahora bien, ¿por qué desde el núcleo rocoso de la Tierra en vez de los núcleos rocosos de Mercurio, Venus o Marte, que siendo mundos deshabitados, podrían ser horadados sin tener que lidiar con el problema de alguna molesta infección humana oponiéndose? Pues por la mejor y más sensata razón de todas, probablemente: porque entonces no habría película.

¿Vale la pena desviarse de la ciencia para tener una buena película?

Después de todo lo visto, cabe preguntarse si valía la pena mandarse tantos atentados contra la ciencia, en el nombre de tener una película entretenida y aventurera. La respuesta depende un resto del criterio del espectador. Mi opinión personal es que es válido apartarse de la ciencia si es que tal cosa es necesaria para que la premisa funcione. Pensemos en las espadas láser de Star Wars: ¿cómo se consigue que las partículas de energía en la hoja del sable láser se mantengan agrupadas en forma cilíndrica en vez de irradiarse en todas direcciones? No lo sabemos, no lo explican, es una imposibilidad científica en el estado actual de nuestros conocimientos, y en realidad, maldita sea si eso le importa algo a mí o a alguien. Lo importante es que ver peleas con espadas láser en una ambientación de Space Opera es lo más de lo más, es una seña distintiva de Star Wars en cuanto franquicia, y por lo tanto, es una desviación aceptable de la ciencia. Para un género que presume de racionalismo científico, la Ciencia Ficción está un poco demasiado llena de trucos para saltarse a la torera algunos de los principios científicos más básicos y elementales. Pero eso no importa... siempre y cuando el espectáculo que se ofrezca a cambio lo compense. En lo personal, en El día de la independencia estaba compensado de sobra por el homenaje afectuoso que se ofrece al Atompunk clásico; en su secuela, desaparecido el aspecto del homenaje, ya no compensa tanto. Pero ahí entramos en el resbaladizo tema de los gustos personales; en definitiva, que las patadas a la ciencia sean más o menos tolerables o aceptables, termina siendo una cuestión entregada al criterio (o descriterio) del espectador.

¡¡¡Pitiú-pitiú-pitiú-pitiú-PSHHHHHHHHHhhhhhh...!!!

10 comentarios:

Martín dijo...

El problema con las espadas láser no es su forma, sino cómo evitan la onda expansiva al calentarse instantáneamente a unos 20000 grados (visto lo que le hace Qui Gon a las puertas romboides).
Ahora, pasando al tema principal, esos alienígenas deben estar en un nivel II o III de la escala de Kardashev, así que difícilmente podrían buscar algo en nuestro planeta que lo hayan encontrado ya (o que lo hubieran consumido).

Lino Moinelo dijo...

;-)

Salvando a 'Independence Day'

Cidroq dijo...

Creo que será siempre un tema de discusión, creo que si por el bien del espectáculo son permisibles las omisiones, pero si aparte de las blasfemias que cometen, la película es aburrida, allí si no tienen madre.

Guillermo Ríos dijo...

@Martín, en cualquier caso implica alguna forma de manipulación del espacio alrededor de la espada, porque de otra manera no se explica. Aunque, como lo dije, en este caso hay que aceptarlo un poco porque es cool. De lo contrario, todo sería literatura realista y documentales.

Lo de los alienígenas, no estoy seguro. Yo los interpreto de manera similar a los germanos que invadieron al Imperio Romano durante la Völkerwanderung, que una vez conquistados los romanos, tuvieron la perspicacia para mantener la sociedad germanorromana más o menos andando, pero que antes de invadir, vivían de una economía comercial incipiente y de saqueo. O sea, puede que tengan los medios tecnológicos, pero no les interese aplicarlos porque funcionan bien dentro de su economía de saqueo, y por tanto, carecen de incentivos para desarrollarse.

@Lino_Moinelo, interesantes los puntos respecto de que ciertos aspectos lógicos de la película, tienen su posible explicación. Lo del virus computacional, yo no le doy demasiadas vueltas; lo considero simplemente como un homenaje afectuoso al final de La guerra de los mundos, y asunto arreglado.

@Cidroq, aburrir al espectador es el peor de los crímenes. La vida es demasiado corta y con demasiadas complicaciones como para que, además, gastarse dos horas en un latazo. Para fastidiarse ya está la vida, creo yo.

Gaby Fonseca dijo...

Como sea,vi la pelicula y no me gusto, y se nota un poco que la primera era mas relajada. Me encanto la parte de la explicacion del cuerpo de 10km enserio muy bien detallado y no solo decir que la tierra explotaria jaja

Y una pregunta, si es que la lees: por que crees que hay una tendencia a reflejar a los extraterrestres como seres insectoides?

Saluditos !

Guillermo Ríos dijo...

Me alegra que la explicación haya quedado bien. Me tenía preocupado este posteo porque no quería que quedara tan técnico, que nadie lo entendiera. Pero parece ser que quedó didáctico, así es que me doy por cumplido en mi labor.

Creo que hay varias razones por las cuales hay una fijación en que los extraterrestres, en particular los invasores, tengan una apariencia o anatomía insectoide. En primer lugar, sin seguir ningún orden en particular, porque la estructura anatómica del insecto es increíblemente versátil frente a, digamos, un bivalvo o un celenterado, y por lo tanto, por evolución convergente, es fácil concebir que un extraterrestre pueda desarrollar un cuerpo así. En segunda, los llamados insectos sociales evocan la idea de mente colmena, y por lo tanto, pueden presentarse como una amenaza al individualismo humano similar a los zombis. En tercera, porque tienen una apariencia más alienígena que un vertebrado, y lo que interesa es que se vean justo así, alienígenas. Y en cuarta, porque nuestros cerebros humanos están cableados para percibirlos como repulsivos o molestos, y por lo tanto, darles apariencia insectoide es una manera de hacerlos más antipáticos a la audiencia.

Piénsese por ejemplo en ET. La película de Spielberg hubiera sido muy distinta si el ET hubiera sido un insectoide. Pero muy en el fondo, diferencias anatómicas aparte, el ET tiene una apariencia humanoide de ojos grandes que lo hace muy querible, lo que por supuesto es el punto de la película. La misma hubiera funcionado mucho peor si el ET hubiera parecido un enorme escabarajo, hormiga o cucaracha, por ejemplo.

Gaby Fonseca dijo...

Cierto cierto, pero yo siempre he pensado en que por que las cosas deben de ser como en la Tierra en otros planetas? Menos en otros sistemas solares o galaxias, me refiero a que un extraterrestre deberia de ser algo completamente distinto a cualquier cosa que se puede ver en la tierra. No se solo es algo en lo que siempre pienso cuando veo peliculas de extraterrestres, aunque debo de admitir que mis extaterrestres favoritos son los Marcianos en Mars Attacks jijiji por cierto deberias hacer un post sobre esa pelicula. Lo de ET, si muy de acuerdo con lo que dices, es lo mismo que en la pelicula de Paul, esa de los comediantes britanicos que no me acuerdo como se llama: tratan de hacer humano a lo no humano xD como la vez?

PD: el post quedo bien, pero personalmente si me hice bolas con la parte de los numeros, pero es porque soy ignorante en ese tema xD

Saluditos

Martín dijo...

Huuum... Para Iván Efremov no tiene que ser por qué muy diferente, de hecho los imagina con pinta de aves humanizadas, y lo explica más o menos lógicamente en la novela "Naves de estrellas".

Martín dijo...

Aves humanoides, quise decir.

Guillermo Ríos dijo...

@Gaby_Fonseca, hasta donde sabemos, las leyes naturales del universo son más o menos las mismas en todas partes, y por lo tanto, medios ambientes similares deberían producir soluciones evolutivas más o menos similares también. No iguales, por supuesto, pero sí similares. Por ejemplo, es razonable suponer que un alienígena de cierto tamaño sangraría si resultara herido, porque una criatura viva que pasa de una cierta cantidad de masa debe contar con un sistema interno de difusión que permita llevar nutrientes a las células y retirar los desechos. O que las criaturas voladoras desarrollen una determinada anatomía para el ala, que es la más funcional en términos aerodinámicos y de rendimiento energético. Si una criatura crea un modelo que se aparte de ese óptimo de manera significativa, surgirá otra que explotará el medio ambiente de manera más eficiente y acorralará a la otra criatura hasta su extinción.

Las criaturas vivas en eso son como las ciudades: las hay con calles más estrechas y más anchas, con más o menos templos u hospitales, o con tal o cual estética arquitectónica, pero todas ellas van a ser variaciones sobre el mismo tema de construcciones con paredes y techo, separadas por calles. El modelo de ciudad sin calles se intentó, de hecho, en Çatalhöyük, pero sucedió lo ya dicho, que dicho modelo no prendió simplemente porque es más eficiente una ciudad con calles, que una ciudad con las casas apiñadas como un panal de abejas.

@Martín, me recuerda a Cosmos de Carl Sagan, que hizo esfuerzos genuinos por presentar desde una perspectiva estrictamente científica, criaturas que no se parecían a nada de lo vivo en la Tierra. Aunque, claro, con un poco de trampa: debían ser criaturas distintas por fuerza porque los medios ambientes eran también distintos, como por ejemplo la atmósfera de Júpiter o un mundo con un océano de metano congelado, si la memoria no me traiciona.

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