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domingo, 14 de agosto de 2016

Las venas ilustradas de la Ciencia Ficción.


Para ser un género que se ha vendido durante más de cien años a lo menos como la gran llave para descubrir cómo será el futuro, la Ciencia Ficción ha resultado a veces ser bastante torpe. Hay muchos aciertos, como por ejemplo las similtudes entre el viaje a la Luna imaginado por Julio Verne a finales del siglo XIX, y la expedición del Apolo 11 en 1.969, pero también hay errores garrafales, como por ejemplo que la navegación estelar de las naves hiperlumínicas de Isaac Asimov requirieran de trazar trayectorias con regla de cálculo, tecnología esta última ridículamente obsoleta en unos días en que ni siquiera hemos podido enviar una misión tripulada a Marte, menos a visitar otras estrellas.

Esto se explica, por supuesto, porque predecir el futuro es siempre un negocio difícil debido a la enorme cantidad de variables que podían incidir en el mismo. Por ejemplo, a finales del siglo XIX no era difícil imaginar que los automóviles del siglo XX podían ser impulsados por electricidad, y de hecho el automóvil eléctrico iba mucho más desarrollado que el alimentado por hidrocarburos. Pero por un factor completamente ajeno, a saber, la caída del Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial, y su consiguiente balcanización en un mosaico de satrapías que a las últimas más o menos operan como títeres de las potencias occidentales, le entregó al mundo desarrollado petróleo a precios tan viles, que el automóvil de combustión interna tomó la delantera, hasta el punto que los medios alternativos de propulsión del automóvil se ven, en 2.016 por lo menos, como algo perteneciente al futuro.

Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de enfocarnos en los detalles, y nos vamos a un sentimiento más general, a una determinada pintura acerca de la alegría o fatalidad de vivir en el futuro? A lo largo de la historia del género, hemos visto tanto Ciencia Ficción tecnooptimista en donde el mundo será un lugar mejor para vivir, versus una Ciencia Ficción fatalista en la cual el futuro será el reino de la distopía. ¿Nos permite predecir la Ciencia Ficción siquiera si el futuro que viene será soleado, nuboso o tormentoso...?


Soy un perfecto convencido de que la Ciencia Ficción como género existirá en cuanto exista ciencia. En tanto haya adelantos tecnológicos, éstos impactarán a la sociedad, y la especulación respecto de cómo será el mundo con tal o cual avance, es el combustible que nutre a los escritores del género. De hecho, existen fundamentos para argumentar que la Ciencia Ficción moderna empezó a gestarse con la ciencia moderna, en los tiempos del Renacimiento y el Heliocentrismo. Pero la cuestión se hace más espesa cuando nos planteamos si la tecnología nos hará bien o no.

Creo en lo personal que el tema tiene que ver con la retroalimentación de la ciencia. Una cualidad inherente al desarrollo científico, es que aumenta de manera exponencial gracias a que cada experimento puede proyectarse sobre todo el árbol científico. Cada nuevo experimento así ejerce un efecto no de suma, sino de multiplicación sobre el conocimiento previo. Digamos que conocemos cinco proteínas con determinadas propiedades químicas y descubrimos una sexta; entonces podemos sumar cinco relaciones químicas más a nuestro conocimiento científico. Pero si descubrimos después una séptima, podemos sumar ya no cinco, sino seis, nuevas relaciones químicas posibles. Multiplíquese esto por todos los descubrimientos científicos en los más variados campos del conocimiento, y tendremos una retroalimentación continua que acelera el desarrollo científico hasta el punto que muchos temen que estemos llegando a una singularidad que cambie el mapa de la Humanidad para siempre.

¿Es posible parar esto? Sí, si es posible. Para hacer ciencia se necesita científicos, y para que haya científicos, se necesita pensamiento racional. Por desgracia, así como toda evolución biológica de las criaturas permite también la evolución biológica de sus parásitos, también el avance de la ciencia permite, ironía suprema, el avance de la ignorancia, la superchería y la sinrazón. Un computador conectado a una red mundial de computadores, por ejemplo, es en principio ideológicamente neutro, y su usuario puede generar información científica con él... pero también puede propagar superstición religiosa, espiritualidad vacua, doctrinas pseudohistóricas o pseudocientíficas, o adoctrinamiento chauvinista. Después de todo, la NASA y el CERN tienen sus páginas web, pero también las tienen las principales religiones y dictaduras del planeta.


El progreso de la ciencia exige una cierta mentalidad, que podemos llamar ilustrada o racionalista. La misma es más rara de lo que parece. En los hechos, ha existido sólo en determinados puntos de la historia, incluyendo Jonia, Atenas o la Alejandría grecorromana, o la edad de oro científica a la sombra del Islam (y sofocada al último por éste). La gran explosión de la racionalidad científica vino con la acumulación de conocimiento científico de los siglos XIII a XVIII, y remató en una Revolución Francesa que puso en hechos las palabras de la ideología ilustrada. La doctrina de los derechos humanos, de hecho, es una expresión de la racionalidad ilustrada, y tiene mucho que ver con el progreso científico. Recordemos que el eslogan de la Revolución Francesa es “libertad, igualdad, fraternidad”: libertad que puede ser usada para experimentar con la naturaleza, igualdad para que las opiniones se impongan por su ajuste a los hechos y no porque una vaca sagrada la ha dictado a punta de decreto o revelación, fraternidad para que el conocimiento científico mejore a la Humanidad como un todo... aunque sea por el utilitarismo de que humanos empoderados son también humanos más preparados para incrementar el caudal de conocimiento científico.

Por supuesto, no es raro que la Ciencia Ficción como género haya experimentado un gran empuje al calor de la expansión de esta mentalidad ilustrada dieciochesca. No ocurrió de golpe, por supuesto. Desde Micromegas de Voltaire, el gran codificador de los visitantes extraterrestres como tópico literario, hasta La guerra de los mundos de Wells, el gran codificador de la invasión extraterrestre, transcurrió cerca de siglo y medio. Pero cuando lo hizo, lo hizo en esa ola imparable de racionalismo. En general, la Ciencia Ficción tenía un sello tecnooptimista, que no era sino la proyección de la mentalidad positiva y progresista del siglo XIX.

Las cosas se volvieron más espesas en el siglo XX. De pronto, el pesimismo empezó a invadir el campo. No es casualidad que la Edad de Oro de la Ciencia Ficción fue producto de un cierto optimismo en el Estados Unidos entre las dos guerras mundiales: las cosas estaban difíciles durante la Gran Depresión, pero de alguna manera, saldríamos adelante. Un caso egregio de esta mentalidad, por ejemplo, es la obra de Isaac Asimov, en donde la Tierra puede haber sido esterilizada por la vía nuclear, pero el espacio en el intertanto había sido colonizado y la Humanidad sobreviviría. La Fundación tiene mucho de optimismo: vendrán treinta mil años de tinieblas cuando caiga el Imperio Galáctico, pero en el intertanto, la Historia puede ser convertida en ciencias matemáticas, la Psicohistoria, y podemos reducir ese caos a su mínima expresión. El pesimismo distópico parecía más patrimonio del mundo europeo, con cosas como R.U.R. de Kapek, o Un mundo feliz de Huxley.


Pero a partir de la segunda mitad del siglo XX, el pesimismo comenzó a teñirlo todo. Hay excepciones significativas, como Star Trek, pero son eso: excepciones. El cúlmen pareció haber sido alcanzado por el Cyberpunk, en el cual el progreso tecnológico iba a llevarnos al colapso social. Al final, cuando llegaron las tecnologías de redes, las cosas no fueron para tanto.

Y esto tiene mucho que ver con la decadencia del discurso ilustrado dieciochesco. El progreso eterno hacia una sociedad de perfección tecnológica fue la piedra de toque de la mentalidad occidental hasta las guerras mundiales, que probaron lo que una utopía bien encajada podía hacerle a la Humanidad: genocidios, censura, opresión, y sobre todo, medios muy expeditos para liquidar a la población. “Ni los nazis pueden matar tan rápido”, decía un personaje de la película Casablanca, antes de que se descubrieran las atrocidades de los campos de concentración, y descubriéramos de que sí, con la tecnología y los recursos adecuados, los nazis sí que podían hacerlo. Bien, los nazis realizaron experimentos con seres que consideraban humanos inferiores, pero eran un montón de psicópatas, y eso no sucedería en una democracia, podríamos consolarnos a nosotros mismos, ¿verdad? Mentira. En la década de 1.970 se descubrió que eso mismo venía haciéndose durante cuarenta años con la población negra de los Estados Unidos para investigar la sífilis, en los llamados experimentos de Tuskegee. Todas esas cosas van por supuesto contra el espíritu mismo de los principios ilustrados. En cierta medida, no hay mucha distancia entre la cosificación del ser humano en los experimentos médicos de los nazis o de Tuskegee por un lado, y su cosificación en el Cyberpunk, si se mira bien.

De esta manera, es posible adivinar una conexión entre las perspectivas optimistas y pesimistas del futuro en la Ciencia Ficción, y la sangre ilustrada que corra por las venas del género. Podemos intuir que los escritores más pasionales y románticos serán también los más melancólicos y pesimistas: no en balde, los primeros grandes distópicos fueron autores como Mary Shelley y El último hombre, o Jack London y El Talón de Hierro. Los escritores más racionales y científicos, por el contrario, como por ejemplo un Asimov o un Clarke, es muy posible que vean las cosas de manera distinta, y tiendan a presentar futuros más optimistas.




9 comentarios:

Martín dijo...

Buena entrada, pero, ¿por qué siento que quedó trunca?

Guillermo Ríos dijo...

No lo sé... Puede ser porque esta entrada no fue escrita inicialmente para la Guillermocracia, pero como estaba acumulando polvo en la biblioteca, pues la reaproveché publicándola acá. Supongo que el estilo de escritura cambia un poco a según el destino original que tenía el material en cuestión.

Vladimir Vasquez dijo...

Pues me ha parecido un artículo muy interesante.
Me gusta ver que esa visión post-apocalíptica, derrotista, esta menguando en la Ciencia Ficción.
Me gusta ver que somos conscientes de ella, y que se le está combatiendo conscientemente.

Gaby Fonseca dijo...

Me quede asi de khaaaa se me hizo medio complicada la entrada pero eso si las imagenes estan padres!! xD

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Muy interesante e inspirado el texto, un verdadero ensayo digno de tener en cuenta. Igual está "denso", así que entiendo a Gaby, pero para los amantes de la ciencia ficción literaria es toda una invitación a tener en cuenta, de manera más crítica, lo que uno ha leído

Guillermo Ríos dijo...

@Vladimir_Vasquez, gracias por la felicitación. En cuanto a la mentalidad apocalíptica... no lo sé. En el siglo XXI la Ciencia Ficción parece estar enfilando con fuerza hacia la reflexión cosmológica, en términos no demasiado distintos a la Edad de Oro, pero ahora aplicando todas las teorías relativistas y cuánticas desarrolladas en el último medio siglo. Por otra parte, distopías como Los Juegos del Hambre siguen dando vueltas allá afuera, y también son parte del género, aunque conozco a personas que hacen arcadas cuando lo menciono.

@Gaby_Fonseca, el artículo fue escrito por primera vez para El Sitio de Ciencia Ficción, en donde se supone que lo iban a leer de preferencia otros fanáticos del género, y por eso me permití ser más denso de lo habitual. Pensándolo bien, probablemente debí ampliarlo y reescribirlo. En cualquier caso, acá en la Guillermocracia publicamos una breve pero completa historia del género en Crónicas CienciaFiccionísticas, así es que las referencias y guiños, ahí están. Y ya que estamos... las imágenes en realidad las reciclé de las mentadas Crónicas. Acá en la Guillermocracia, nada se derrocha.

@Elwin_Alvarez_Fuentes, lo ya dicho a Gaby, releyéndolo parece que sí me quedó un tanto denso, por las razones que ya expuse. Gracias por las felicitaciones.

Erika Dellafrancesca dijo...

Interesante.

Erika Dellafrancesca dijo...

Interesante

Guillermo Ríos dijo...

Gracias.

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