domingo, 28 de agosto de 2016

Bola de Caballeros del Dragón del Zodíaco Z.


Este es un posteo sobre Caballeros del Zodíaco y Dragon Ball Z. Pero no se trata específicamente de Caballeros del Zodíaco o Dragon Ball Z. Desde cierto punto de vista. Desde cierto otro punto de vista, sí que lo es. Lo que hablaré aquí sobre ambas series, puede también aplicarse a varios otros shonen de pelea más recientes, incluyendo con toda probabilidad Bleach, y quizás Naruto, aunque no me he bancado tantos capítulos de esta última serie como para saber. Este es un posteo sobre...

Mejor voy al grano.

Hablo sobre la serie que es conocida indistintamente como Caballeros del Zodíaco o Saint Seiya. Y de esa otra serie que es conocida como Bola de Dragón Z, o como Dragon Ball Z. Por la manía de tener títulos diferentes a ambos lados del Atlántico.

En la década de 1.990, el mundo occidental fue asaltado por dos series destinadas a hacer época: Caballeros del Zodíaco por un lado, y Dragon Ball por el otro. Ambas series, aunque más en particular la secuela Dragon Ball Z, ayudaron a codificar lo que hoy en día podemos llamar liberalmente como el shonen de pelea. Datan de la década de 1.980, aunque llegaron un poco más tarde a Europa y Latinoamérica; a Estados Unidos, Caballeros del Zodíaco llegó tan tarde que de hecho fue despreciada como la copia de otras series que, en realidad, son copias de Caballeros del Zodíaco. La primera gran serie shonen de pelea fue El puño de la Estrella del Norte, que ya de por sí era una cosa rara: varios peleadores sobrehumanos con estética Dragon Ball pero con una parada más cercana a Saint Seiya, se daban de mamporros sobre una Tierra postapocalíptica; esencialmente Mad Max con artes marciales. Pero El puño de la Estrella del Norte, hasta donde tengo entendido, tuvo una distribución pobrísima en el mundo hispanohablante, y pasó en puntillas.

Hace una cierta ración de meses atrás, por circunstancias de vida, me tocó embucharme una enorme cantidad de episodios de Dragon Ball Z y Caballeros del Zodíaco. En realidad, nunca me había enganchado la gran cosa a ellas. Había visto capítulos aislados, pero como todo parecía reducirse a pelea tras pelea, no me interesó la mayor cosa. Había gente que me hablaba acerca de los personajes, de sus respectivas psicologías, pero era como si vinieran alienígenas a hablarme en pnakótico u otro idioma similar. Pero hace poco, como decía, acabé por repasar buena parte de la primera parte de Saint Seiya, la saga del Santuario completa, buena parte de Asgard, y creo que la segunda mitad de Poseidón. En cuanto a Dragon Ball, terminé viéndome buena parte de la primera serie, a la que no había prestado mayor atención, además de seguir con más detalle las peripecias de Dragon Ball Z.

Y lo que vi fue el espanto. El horror. No me refiero a la parte artística o conceptual. Ambas series, en términos formales, están muy bien: era el mejor dibujo que podía concebirse en la época, y cualquier pelea de Saint Seiya está mucho mejor dibujada y coreografiada que los cascoporros de cosas más recientes como Bleach. Quizás haya otros ejemplos intermedios que desconozca, pero en lo que a mí respecta, habrá que esperar hasta Claymore para tener un shonen de peleas que supere en el aspecto formal a las series que comento.

No, señores, a lo que me refiero por el horror, es el contenido ético de fondo. Que me parece deleznable. Para dar a entender mi punto, voy a tratar de contar la historia de Saint Seiya y Dragon Ball Z a mi manera. Dejaré afuera Dragon Ball, serie que en esta revisión, aunque sigue sin convencerme, la encuentro mucho más interesante que la primera vez que vi algún capítulo de ésta. Y no me vengan a decir que en el manga no existe Dragon Ball Z porque siempre fue Dragon Ball hasta el final; eso lo sé, pero aunque consideremos ambas series como una única saga, que de hecho lo son. Y seamos misericordiosos, dejemos fuera Dragon Ball GT, que no me parece tan mala como el grueso de la gente opina aunque eso por supuesto es materia debatible, o Dragon Ball Super a la que me acerqué un poco con curiosidad, para dejarla inmediatamente de lado.

Saint Seiya se trata de un grupo de jóvenes que se reune al alero de una fundación que representa lo más puro y noble de la existencia. ¿Por qué? Porque ellos lo dicen, por eso. Andando el tiempo se revela que la heredera de la fundación es en realidad la reencarnación de la diosa Atenea, que representa la justicia porque sí, porque ellos lo dicen, por eso. Al frente tienen a un ente que... lo explicaré así. Tratan de apoderarse del mundo porque son los villanos. Y son los villanos porque tratan de apoderarse del mundo. Al final, los caballeros de Atenea les hacen frente en varias batallas, luego se echan la punta de capítulos en el Santuario, liquidan al villano, y después repiten el mismo esquema con una diosa nórdica, y con el dios Poseidón. Sé que en el manga viene una saga posterior llamada Hades, pero como no me gusta hablar de lo que no sé, no me voy a meter ahí.

Dragon Ball Z por su parte se trata del un tanto bruto pero siempre buena persona Gokú, el malcriado y llorón de su hijo Gohan, su familia y sus amigos, todos ellos amenazados por la llegada de alienígenas. Se revela eventualmente que el propio Gokú es alienígena, y por tanto Gohan es mitad alienígena, y que Gokú fue enviado a la Tierra en el pasado para destruirla. Lo que sigue es Gokú luchando contra los sayayines, Gokú luchando contra Vegeta, Gokú luchando contra Frieza, Gokú luchando contra Cell, y finalmente Gokú luchando contra Majin Buu, cada uno en una cantidad obscena de capítulos, con Gohan metido de por medio por alguna razón. Porque cualquiera que no haya estado debajo de una roca en los últimos veinte años, en lo que a cultura popular se refiere, estalla en hilaridad al escuchar el famoso "faltan cinco minutos para que estalle el planeta Namek"...

El amable lector estará preguntándose en dónde está mi objeción. Y la respuesta es simple: falta la Tierra. Falta el bien. ¿Por qué, hablando de ambas series, sabemos que los héroes son los buenos? Por las siguientes razones: en primer lugar, porque ellos están en control de la Tierra a lo largo de la saga y por tanto su triunfo es la preservación del status quo, y en segundo término, porque vemos la narración desde su perspectiva. Pero en ninguna de las dos series vemos realmente lo que los protagonistas están tratando de proteger.

Hagamos una comparación. En Superman o en Batman, las ciudades de Metrópolis o de Ciudad Gótica no son únicamente parte del paisaje; son también el constante recordatorio de que los héroes están luchando por algo, de que hay vidas civiles en juego, etcétera. Las buenas historias de Superman y Batman se enfocan en los héroes, pero también le dan espacio a otros personajes: funcionarios policiales que son aliados u obstáculos, periodistas, peatones, etcétera. En definitiva, gente común y corriente. Así, cuando Superman o Batman derrotan al villano, nos importa porque vemos lo que está en la balanza. Son las malas historias de Superman y Batman las que no muestran a los civiles en absoluto, y se centran únicamente en la pelea del héroe y el villano sin más, que queda muy bonito en términos de dibujo y brutalidad, pero que pierde toda significación porque desaparece la línea entre el bien y el mal.

Al final, es cierto que los civiles suelen ser apenas un mero mcguffin, o sea, un pretexto para que haya conflicto; el ejemplo clásico de mcguffin son los papeles o actualmente el disco duro portátil en las películas de espionaje, que no importa lo que dicen o qué secretos ocultan, pero son valiosos como para que los espías se acechen y agarren a balazos por ellos. En las historias de superhéroes, los civiles también son un mcguffin, porque lo único que hacen es estar ahí, en medio de la pelea, sin que importen de verdad sus vidas, sus trasfondos, sus biografías, etcétera. Pero es importante que estén, porque le dan a los héroes y villanos un motivo para pelear: el héroe quiere salvarlos y el villano quiere destruirlos, un poco por uno u otro motivo, pero lo importante es que le dan un sentido a las elecciones éticas de héroes y villanos.

Si vieron la película El Hombre de Acero, me entenderán; algunos opinan, y no sin razón, que El Hombre de Acero es la mejor adaptación que se ha rodado de Dragon Ball Z hasta la fecha, porque es Superman en versión shonen de pelea, justamente. La película fue muy criticada, y me uno a estas críticas en particular, porque su segunda mitad no es más que una tediosa batalla sin fin; una de las mejores escenas a mi gusto la constituye cuando por un instante, vemos a los periodistas huyendo despavoridos, y Perry White tratando de rescatar a una colega que se ha quedado atrapada. Esta escena no es muy emotiva, al igual que el resto de la película por la impericia del director Zack Snyder tampoco lo es, pero sí es significativa: nos ayuda a recordar que, mientras Superman y los kriptonianos están peleando a gran escala allá arriba, abajo los humanos tienen que apañárselas para sobrevivir, y que en definitiva, sí importa que un superhumano consiga imponerse a los otros, porque eso hará la diferencia entre la vida y la muerte para los humanitos. Si estos civiles desaparecen, entonces la pelea entre los superhumanos deja de importar porque no hay nada realmente importante en juego. Este aspecto de El Hombre de Acero mejoró mucho con la secuela Batman v Superman: El amanecer de la justicia, que no es una película brillante ni mucho menos, pero al menos mostró una mayor preocupación porque veamos la sociedad civil en medio de la cual se están moviendo héroes y villanos, dándole así un poco más de significación a sus acciones.

Y éste es el pecado salvaje tanto de Dragon Ball Z como de Saint Seiya. El locutor y los personajes nos informan repetidas veces que los héroes están luchando por el bien y la justicia, para salvar a la Tierra, pero jamás vemos más que de reojo a los civiles que se beneficiarían del triunfo de las fuerzas del bien. Irónicamente, ninguna de las dos series partió así. En su primera parte, cuando se llamaba Dragon Ball, las aventuras de Gokú y compañía eran mucho más aterrizadas: veíamos paisajes, desiertos, ciudades, y los personajes interactuaban un montón con otros fulanos comunes y corrientes. Eso hacía que cada enfrentamiento fuera significativo. Incluso la parte puramente de pelea, estaba confinada a un torneo; es decir, estaba enmarcada dentro del mundo imaginario. Pero a partir de Dragon Ball Z, la serie se olvida de esto, y se transforma en una sucesión monótona de pelea tras pelea. Con Caballeros del Zodíaco ocurre otro tanto: en los capítulos anteriores a la aventura del Santuario vemos ciudades, hombres, mujeres, niños, etcétera. Pero a partir del Santuario, la población civil se desvanece como por arte de magia. A la altura de Asgard, da un poco lo mismo quién gane. ¿El mundo se va a congelar? ¿A quién le importa? Lo mismo ocurre con la saga de Poseidón. Vemos escenas de los mares subiendo de nivel por el diluvio, pero poquitas, las justas y precisas, no lo suficiente como para que lleguemos a interesarnos de verdad porque ganen Saint Seiya y compañía.

¿Entonces por qué pelean los héroes? Se nos dice que por la camaradería y la amistad. Pero como no vemos a terceros beneficiados, debemos entender que es la camaradería y amistad para ellos. Es la misma situación de una pandilla de barrio que controla cuatro cuadras de una ciudad, y vienen pandilleros de afuera a tratar de sacarlos. ¿A quién le importa qué pandillero gane? Al final, las cuatro cuadras van a estar mandadas por una pandilla, no por el orden y la legalidad. Que un pandillero diga "yo soy la justicia", no lo hace justo. La fuerza no hace el derecho, después de todo, o no debería hacerlo, a lo menos.

Aquí es donde ambas series hacen trampa. Para que nos pongamos de parte de los héroes, es necesario que los villanos sean viles más allá de toda posible redención. Y de hecho, eso es lo que pasa con Dragon Ball Z y Saint Seiya. En Dragon Ball Z, los héroes mismos son tan sangrientos como los villanos, y si los villanos son tales, es porque además son psicópatas; pero a Gokú le importa un bledo la justicia o los valores, motivado en realidad simplemente por ser el más fuerte. En Saint Seiya, por su parte, el único tipo decente es Andrómeda, quien hace lo imposible por evitar las peleas; la serie misma deja en claro que Andrómeda es el más poderoso del grupo, y si fuera tan cascos calientes como el protagonista Saint Seiya mismo, la saga del Santuario duraba apenas un par de episodios, porque cuando Andrómeda de verdad se enoja, pobre del desgraciado que se le atraviese. Es lo mismo que pasa con la saga del Padrino, de Francis Ford Coppola: los Corleone son los héroes no gracias a que sean los buenos, porque son tan mafiosos como el resto, pero lo que pasa es que los enemigos de los Corleone son incluso peores. Eso sí, y por eso la saga del Padrino es vastamente superior, la misma no se agotaba en las balaceras y el mandar matones rivales a dormir con los peces, sino que era una compleja reflexión acerca de la naturaleza y efectos del poder, reflexión que en Saint Seiya y Dragon Ball Z brilla por su ausencia.

Entonces en definitiva, la historia de ambas sagas es la de un grupo de pandilleros que más o menos controla la Tierra o al menos podrían controlarla si quisieran porque son superpoderosos, y la de otros pandilleros que vienen a quitársela y a destruírsela. La ética de ambos bandos es la propia de los pandilleros: yo me preocupo por mí y por mis amigos, y el resto del mundo que se vaya a hacer gárgaras. Ambas series son increíblemente conservadoras e incluso reaccionarias: el objetivo final de tanta pelea es mantener el status quo. Se asume en ambas series que el mundo es bello y justo tal y como está. En ninguno de ambos mundos se pretende cuestionar la institucionalidad o cómo funciona el mundo. En ambos mundos hay gente que manda, que es la más poderosa, y la gente que manda es la que sabe. En ambas series tenemos entonces un puñado de tecnócratas con mentalidad de pandilleros que expropian la justicia y el bien al resto, y la defienden de otros iguales que quieren implantar un régimen del mismo tipo o peor: es la pesadilla neocon hecha shonen de pelea. El material de las fantasías húmedas de cualquier facho pobre.

Mencionaba mucho más arriba, a propósito del apartado técnico, a Claymore. Siendo esencialmente otro shonen de pelea, Claymore logra esquivar una buena cantidad de las trampas que he mencionado. Claymore, para quienes no la han visto, se trata de un grupo de guerreras mujeres superpoderosas que, armadas de espadas, viajan por el mundo liquidando demonios que matan seres humanos para literalmente devorarlos. Pero Claymore consigue darle una vuelta porque describe a grandes rasgos, pero bien, la clase de mundo de porquería que es uno necesitado de guerreros superpoderosos como éste para lidiar con el mal, incluyendo el hecho de que la propia organización que controla a las guerreras claymore es mucho más turbia de lo que aparece a simple vista. El anime, de 26 episodios, al último cae en el complejo Dragon Ball Z, en particular los capítulos dedicados a la batalla del norte, aunque termina antes de estropearse; el manga sigue la historia más allá, pero como no lo he leído, no puedo opinar al respecto. Como sea, el anime de Claymore triunfa allí donde Dragon Ball Z y Saint Seiya fracasan, hasta el punto que puede verse a Claymore como un comentario o deconstrucción de todo lo que está mal en las series que comentamos, desde un punto de vista ético.

¿Quiere decir que está mal disfrutar de Saint Seiya o Dragon Ball Z? No necesariamente. Si lo que se busca es una buena ración de pelea, entonces adelante. Ambas series son lo que son. Lo que me violenta especialmente, es que haya gente que defienda ambas series por sus valores éticos o morales. He escuchado muy en serio a fanáticos argumentando que la serie enseña valores importantes como la amistad, la camaradería y otras cosas. Vale por eso, pero a medias. Porque ambas series enseñan la amistad y la camaradería a nivel de pandillas, y el resto del mundo que se vaya al diablo. Lo dicho, la fantasía del facho pobre. No todas las series tienen por qué ser revolucionarias; si queremos un poco de evasión y fantasía, entonces preferimos un shonen de pelea a una película de realismo soviético, por supuesto. Pero a condición de tomárselo como eso, como evasión y fantasía. Pero si tu mundo entero está conformado por series como éstas, y sus personajes son tu modelo ético a seguir, entonces estás cruzando una línea extraordinariamente delicada, por decirlo con la mayor suavidad posible.

9 comentarios:

Víctor Herbonniere dijo...

¡Ay, la ironía! El problema de Dragon Ball fue que empezó como una parodia inocente a la mitología de Superman, mezclada con la del cuento japonés del rey mono, y aderezada con todos los elementos de la ficción literaria que pudo adaptar Toriyama sin que desentonara con su obra; pero que eventualmente mutó en una serie genérica de peleas cuya trama causó tal impacto que hoy en día se reconoce hasta el hartazgo en cualquiera de sus sustitutos modernos. Era ante todo una serie HUMORÍSTICA de aventuras, que tristemente perdió la risa y la exploración de su mundo en función del espectáculo vacío (aunque muy emocional, todo sea dicho).

No he visto prácticamente nada de Los Caballeros del Zodiaco más allá de la saga de las casas, pero recuerdo que dicha saga fue recibida por los fanáticos como lo más épico visto en la época. Creo que hoy en día sigue siendo icónico... porque es lo único que tiene que ver con el zodíaco en toda la serie (vaya título que nos tocó aquí en latinoamérica).

Bleach siempre fue estúpido. Todo su argumento se corresponde con lo dicho en ésta entrada, pero elevado al enésimo absurdo.

Respecto a Naruto, recuerdo que fue vendida como la nueva Dragon Ball y todo el mundo estuvo loco por ella en su momento. De pequeño me encantaba y me tragué todo su discurso del valor de la amistad y el cómo alcanzar tus sueños despóticos del camino del "esto es el bien porque yo lo digo" a través de la fuerza bruta y el poder ilimitado. Empezó muy bien y muy centrada en sus temas, pero luego fue perdiendo fuelle a medida que avanzaron los capítulos. Me la vi enterita por inercia (más bien la leí, no soportaba el anime). Luego uno crece y consume toda clase de productos mucho mejores y aprende a reconocer la cal de la arena.

Hoy en día no consumo shonen o parecidos, salvo contadas excepciones que revisito de vez en cuando. Es que después de ver series como Avatar:TLA (que no es japonesa, pero casi) uno comienza a plantearse el aumentar el nivel de exigencia en lo que respecta a este tipo de temáticas, sea en animación o en cualquier otro producto cinematográfico, valga decir. Lamentablemente hay pocas tan completas como ésta última, busque uno en la época que busque.

Un saludo.

Guillermo Ríos dijo...

Supongo que esta clase de producciones tienen un target específico, que vendría siendo el público infantil y adolescente. Hasta ahí, nada de malo. Lo contrario sería como criticar a Plaza Sésamo por no ser adulta. Pero claro, luego viene la gente que se queda pegada en las series y no avanza más, o peor aún, que cree que esas consideraciones éticas del shonen de pelea funcionan igual en la vida real, y andan por la vida con una actitud matonesca de yo lo valgo porque soy friki. He visto a varios especímenes de ésos, y por lo general, ellos siguen su vida y yo la mía porque no es mucho lo que tengo que conversar con ellos.

Cidroq dijo...

Buena entrada. Lo que comentas de estas series es un reflejo de lo que sucede hoy en día, no existe el juicio sereno y consiente de lo que ocurre al rededor, solo nos subimos al mame de la alabanza (o crítica) de algo porque es la moda. Esta claro que ambos animes están lejos de lo magnánimos que la gente dice que son, porque se sacaron de conexto, el cual es, como tu dices, simples obras para ver y pasar el rato, sin mayores pretenciones, y son muy disfrutables así si te gustan los conceptos que manejan.

Por cierto la dualidad del nombre en el caso de saint seiya no es tanto geográfica, sino generacional, a los que la vimos en su momento, en ambos lados del charco la conocimos como caballeros del zodiaco, (gracias franceses), a las que la conocieron ya después de su primera aparición de los 90s si fue ya saint seiya.

Saludos.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Interesante punto de vista crítico e irónico sobre estas dos series íconos que a varios nos han marcado la verdad. Pese a que no comparto contigo la crítica moralizante respecto a lo que estaría mal en ambas, al menos desde el punto de vista ético, reconozco lo que dices en cuanto a que dejan de lado el aspecto "civil" de la historia; no obstante esto me parece que es así, porque el género posee dichas características y la "magia" de la trama es centrarse en el combate mismo y la oposición de los contrincantes, que no en desarrollar una sociedad ficticia compleja. Si "Claymore" supera como bien afirmas los errores de sus predecesoras, es porque bien sabes que estos argumentos evolucionan y se acomplejan con el paso del tiempo (como bien sabes que "Mazinger Z" se centraba en el robot/monstruo de la semana y en cambio "Evangelion" desarrolla más la sicología de los personajes, etc.).

Guillermo Ríos dijo...

@Cidroq, lo dicho, el mal no se radica tanto en la obra en sí, sino en la gente que las defiende como lo más de lo más, cuando en realidad son bastante criticables desde este o este otro aspecto.

Yo la serie la conocí primero como Caballeros del Zodíaco, y lo que me reí después cuando me enteré de que la parte de las Doce Casas es eso, una parte, lo que vendría a ser el haber llamado SDF-1 a Robotech, por ejemplo. Pero usé esa traducción primigenia porque me calzaba mucho mejor con el título un tanto irónico que utilicé para el posteo de marras. Bola de santos del Dragón de Seiya Z se hubiera entendido menos y no hubiera quedado tan chistoso, creo yo. Por eso también usé el título español porque la de chistes testiculares que nos hubiéramos mandado si la cosa se hubiera llamado Bola de Dragón Z en Latinoamérica.

@Elwin_Alvarez_Fuentes, lo ya dicho, o puede ser que no lo expliqué bien arriba, no lo sé. El problema no está en la serie en sí, sin perjuicio de otros problemas, el más importante de los cuales es la enorme cantidad de relleno que le metieron. El problema va más bien por el lado de la gente que se cree el cuento de que esas series están llenos de personajes admirables y de modelos a seguir, que los hay unos cuantos allá afuera porque los he visto y he oído. O que una serie es lo más de lo más únicamente porque tiene peleas, lo que me parece una visión increíblemente reduccionista de lo que es la ficción como herramienta narrativa, imaginativa, e incluso sociológica.

Y sí, por supuesto que los argumentos van evolucionando con el paso del tiempo, que ciertas series son impensables si antes no hubieran venido otras series, y que en definitiva todos somos enanos construyendo sobre hombros de gigantes. Si no, díganselo a la Liga de los Caballeros Extraordinarios de Alan Moore...

Oliverio Graelent dijo...

Pueeesss... creo que si bien tienes razón en mucho, también te resbalas en otras cosas esta vez, Guillermo. Hablare solo de los caballeros, porque de Dragon Ball no me acuerdo mucho.
Veamos: si la crítica moral es que los caballeros son unos pandillerosa los que solo les interesa su sangrienta hermandad y la sociedad no importa, (como los Corleone) entonces...
I. estamos asumiendo que Batman y Supermán son más conservadores, porque siempre luchan por mantener el orden social preexistente al conflicto de turno, (sea el que sea) de la aventura de turno. Precisamente porque los Caballeros son unos pandilleros a los que la sociedad no les importa...no se puede decir que sean defensores del statuos quo: porque la sociedad se las trae al pairo y sólo les importa su sangrienta hermandad. Caemos aquí en el clásico dilema de "O lo uno o lo otro" es decir, se les puede acusar de ser unos pandilleros a los que la sociedad no les importa, o se les puede acusar de ser defensores ciegos del statuos quo, pero o lo uno o lo otro; no se les puede acusar de lo uno y lo otro a la vez.
II. No es del todo exacto decir que el único decente es Andrómeda, porque trata de evitar las peleas, porque Dragón también le da a Pegasus la oportunidad de rendirse en el torneo inicial para no hacerle daño innecesario (Dragón tiene una mejor armadura) y por otra parte Pegasus aún herido, salva la vida de Dragón después de vencerlo. Vale, se puede objetar que son de la misma pandilla, pero en Assgard, Cisne trata de convencer a Hagen de que abandone la lucha, y salva a Fler (no sé como diablos se escribe) y ni Hagen ni Fler son de su pandilla; son enemigos.
III. Pegasus no pelea en el torneo para ser el mejor (que también) sino para salvar a su hermana, por eso la oye decirle "no tienes derecho a perder" y gana porque quiere realmente ayudarla, Dragón también lo hace para honrar a su maestro; esa es su motivación. Además se preocupa por Rhem (o como se escriba el nombre de la chica de Dragón, que ya ni me acuerdo). Y ni la hermana de Pegasus ni la chica de Dragón son caballeros.
Para mí que los creadores de la serie querían un shonen de calidad en las secuencias de acción (y lo consiguieron) pero se dieron cuenta de que tendrían mil críticas de "eso-es-pura-violencia" y metieron moralina "por cumplir" en plan de "pa´-que-nos-joda-la-censura" y así les quedó. Como las tonterías de "cero muertes" de He Man y demás. Claro que Claymore esta a años luz, pero es que es de otra época: ya todo estaba inventado en materia de pura coreografía de acción, y no quedaba más que apostar por una trama superior si querías hacer algo mejor. Y así les salió. Pero en cierto modo había que transitar por Seiya para poder llegar a Claymore.
P.d. ¿En que momento dejan claro que Andrómeda es el más poderoso? Yo creía que se suponía que Pegasus lo era ( yo no lo podía tragar, pero se supone que era el mejor, aunque para mí Dragón se lo llevaba de calle) y eso me caía mal de la serie. No soy experto, pero mi lado friki me hace interesarme por saber en dónde ponen que Andrómeda era el mejor :-)

Guillermo Ríos dijo...

Veamos.

I. No hay contradicción, si el status quo está conformado por un territorio repartido entre varias pandillas, entendiendo por territorio el mundo entero como en Saint Seiya, o varios planetas como en Dragon Ball Z. En ese caso, la defensa del status quo es la defensa de un mundo o un universo dividido en territorio de pandillas. Es como, salvando las diferencias por supuesto, los señores feudales que peleaban entre sí para aumentar sus cuotas de poder en el Juego de Tronos de los feudos, pero no por mejorar la sociedad a su alrededor en lo absoluto, lo que va más allá de una mentalidad pandillera y entra en el sendero de la mentalidad republicana o democrática.

II y III. No recuerdo nada de eso. Vi un poco por encima la serie, de manera que no llegué a pescar esos detalles. Si es el caso, entonces concedo el punto.

Lo de querer escapismo puro y duro, lo decía más arriba, no es algo malo de por sí. Lo malo es pretender sacar valores morales de ello, como he visto hacerlo. Por comparar, y voy a sacar un ejemplo que es caro para mí porque soy fan de sus películas, James Bond es escapismo puro y duro, la historia de un tipo que dispara a los malos y se queda con la chica, y todo al servicio de un status quo del más rancio imperialismo occidental. Hasta ahí, nada de malo, en tanto lo tomemos como eso, como escapismo. Pero aparte de eso, no creo que James Bond sea un valor moral para seguir, y de hecho, no veo a nadie defendiéndolo como tal... como con los personajes de Dragon Ball Z y Saint Seiya como ejemplo de valores morales. Que lo he visto, y por eso hablo.

Es cierto que para llegar a Claymore había que pasar por Saint Seiya y Dragon Ball Z, pero hay obras que envejecen bien y otras que no. Yo creo que éstas no han envejecido del todo bien, precisamente por estas razones. Sin perjuicio de que no sabemos cómo va a envejecer Claymore, por supuesto.

Sobre Andrómeda, según vi la serie (un poco por encima, lo repito), me da la idea de que parece como poco poderoso porque se limita a sí mismo por su escala más o menos pacifista y empática de valores, más que por falta de poder puro y bruto. Otros que hayan visto la serie con mayor atención que yo, podrán confirmar o refutar este punto.

Oliverio Graelent dijo...

I. Precisamente esa es la diferencia entre James Bond y los caballeros; Bond esta comprometido con un gobierno concreto real, y defiende los intereses creados de ese gobierno porque para eso le pagan. Los caballeros no están al servicio de ningún país ni gobiernan nada por sí mismos; cuando no están salvando al mundo se retiran al santuario de Atena y se quedan tranquilitos allí (bueno, menos Dragón que se va de vacaciones a las montañas con su maestro y su chica) sin molestar a nadie a diferencia de los Corleone que cuando no tienen amenaza alguna están extorsionando a todo el mundo, o de la jefa de Bond a la que vemos manejando con mano de hierro a la burocracia británica para enfrentar a los enemigos de su país; a Atena nunca la vemos haciendo nada de todo eso. Por lo menos hasta donde alcanza mi recuerdo, tampoco es que me haya visto todos los capítulos. Si puedes citar alguno en que Atena gobierna más que Supermán o Batman cuando no hay un supervillano en acción, cedo el punto.

II y III. Me alegro que estemos de acuerdo. De eso sí estoy seguro, y lo puedes comprobar en los primeros capítulos de la serie en que Dragón y Pegasus se enfrentan. Lo de Cisne lo verificas en los primeros en que aparece en Assgard.

Lo de Andrómda me extrañaba algo, porque me parecía que se suponía que el mejor era Pegasus. (qué mal me caía y me cae todavía...).

Me parece natural que Seiya haya envejecido mal, porque eso sólo demuestra el desarrollo y la evolución del anime; una vez que las secuencias de acción de Seiya fueron superclonadas y copiadas ya no se diferenciaba en nada de sus clones; precisamente por eso Claymore tuvo que apostar a una historia más profunda; para diferenciarse de los demás shonen y no ser sólo uno más. Seiya esta inevitablemente destinado a ser uno más en cuanto todos los shonen alcanzaran su mismo nivel de espectacularidad visual.

Guillermo Ríos dijo...

En esto vale hacer la comparación con el famoso argumento (que yo considero correcto) de que votar en blanco implica estar de acuerdo con lo que salga del proceso político. Las personas que no participan del proceso político implícitamente están de acuerdo con éste. En la serie, si mal no recuerdo, Atena no participa de la alta política internacional ni mucho menos, o al menos no con la letra chica, pero es considerada como defensora de el bien, parte la serie como heredera millonaria si la memoria no me traiciona (corregirme en esto si me equivoco), y en general como una potencia a tener en cuenta. Puede que no la veamos firmando decretos ni leyes de manera directa, pero eso la convierte en una fuerza gobernante, quiérase o no. Un poder detrás del trono sigue siendo un poder, aunque no lo veamos empuñando directamente el cetro.

A mí, y voy a opinar desde una perspectiva absolutamente personal, Saint Seiya ya me parecía que tenía bemoles incluso en su día; vi por primera vez unos cuantos capítulos de la serie hace unos veinte años atrás, para referencia cronológica. Es cierto que ha habido un desarrollo en el género, pero los defectos que yo en lo personal le encuentro a la serie, no tienen que ver con que sean estadios primitivos de la evolución del género, sino problemas con la serie en sí. Por supuesto que el punto es altamente opinable, así es que lo suelto a título de mera apreciación personal, y nada más.

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