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domingo, 26 de junio de 2016

"Tengo pendiente...": La esclavitud de ser un seriéfilo.

Keri Russell en la primera temporada de The Americans.
No siento mucha simpatía por esa nueva raza de frikis llamados "seriéfilos". Los mismos nacieron a la luz más o menos a finales de la década de 1.990. El primer fandom propiamente seriéfilo fue probablemente el de Viaje a las estrellas, que probablemente es, por lo mismo, la primera serie de televisión llevada al cine, en Viaje a las Estrellas: La película de 1.979. Pero los clubes de seriéfilos estallaron con toda su fuerza recién en la década de 1.990, con los fanáticos de Los expedientes secretos X y Buffy la Cazavampiros, apoyados probablemente por el hecho de que Internet hizo mucho más sencillo que estas gentes pudieran unirse unas con otras. Luego vinieron las series de HBO, incluyendo The Sopranos, Six Feet Under, Sex and the City, etcétera, y la televisión cambió para siempre. Hoy en día, los seriéfilos lucen con orgullo su condición, casi como si llevaran una escarapela prendida al pecho, igual a como los fanáticos de la Nouvelle Vague en la década de 1.960 se reunían en sus cine forums para comentar las últimas genialidades de Goddard, Truffaut o Antonioni.

Uno de los rasgos que he observado con mayor detención, en los seriéfilos, es el uso de la expresión "Tengo pendiente". Cada vez que alguien postea acerca de una serie televisiva en particular, llamémosla A-B-C, viene una respuesta más o menos del siguiente tipo: "La serie A-B-C, la tengo pendiente junto con U-V-W y X-Y-Z, porque estoy viendo D-E-F". Y cada vez que veo esa frase, empiezo a sentir una punzada de preocupación por la salud mental de la persona que la ha escrito.

Analicemos un poco el sentido de la frase "tengo pendiente". Uno la utiliza cuando hay una tarea que debe realizarse, pero cuya ejecución no se ha principiado. Por ejemplo: "Tengo pendiente preparar el informe", "tengo pendiente entregar la tesis", "tengo pendiente hablar con mi ejecutivo de cuentas", "tengo pendiente felicitar a fulanito por su cumpleaños", etcétera. La palabra clave aquí es tarea. Hay una obligación o una carga de por medio, y el conflicto nace de que dicha obligación o carga, que debe ser satisfecha de manera imperiosa, no sólo no está en proceso, sino que ni siquiera ha comenzado.

Y esto es lo que me preocupa. ¿Desde cuándo, ver una serie de televisión, cualquier serie de televisión, es una obligación o una carga? Y si lo fuera, ¿es una obligación o carga impuesta por quién?

El elenco de la primera temporada de Hannibal en pleno.
Pensémoslo con un poco más de detención. Uno consume productos culturales porque quiere. Uso producto cultural en la más amplia acepción aquí, sin juzgar de acuerdo a calidad, por supuesto: puede ser un clásico inmortal de todos los tiempos, o productos narrativos de baja estofa. Lo importante es que se trata de una expresión artística, rica o pobre, pero expresión artística al final del día. Esto incluye leer un libro, hojear un cómic, ver una película, seguir una serie de televisión. Digamos que tengo un cine con diez salas cerca de mi casa: nadie me obliga a ir a ese cine en vez de leerme un buen libro, y si voy, nadie me obliga a entrar a una sala para ver una película determinada en vez de entrar en otra sala para ver otra película diferente. Por supuesto, si eres crítico de cine y tu trabajo es comentar películas, debes ir por obligación porque te pagan por crítica hecha, y sería deshonesto de tu parte escribir un comentario sin haberla visto; existe gente así, por supuesto, pero partimos de la base de que eres un hombre o mujer de bien. Pero el grueso de nosotros no somos críticos de cine, o al menos, no lo somos de manera profesional y pagada. Es decir, no le debemos nada a nadie, en ese respecto. Si no nos apetece ver una película, no la vemos y no sucede absolutamente nada. Salvo que sea una película romántica, que nuestra chica se ponga tontita al respecto, y haya que ir para evitar un apocalipsis romántico digno de 10 historias románticas que terminan muy mal, pero eso es otra historia.

Con las series de televisión pasa exactamente lo mismo. A mí nadie me obliga para ver tales o cuales series televisivas, menos a seguirlas. Salvo que sea una serie romántica, que nuestra chica se ponga tontita al respecto, y haya que ir para evitar un apocalipsis romántico digno de 10 historias románticas que terminan muy mal, pero eso es otra historia. Pero en condiciones normales, no tengo por qué sentarme a ver el menor de los capítulos únicamente porque alguien esté esperando un comentario respecto del mismo. Las series que he visto, lo he hecho porque he querido, me han parecido buenas o al menos llevaderas, y las que he dejado, lo he hecho sin cargo de conciencia. Me tragué entera la primera temporada de Hannibal aunque me pareció demasiado parsimoniosa para su propio bien, y cuando me convencí de que iba a seguir siendo así, me bajé; lo mismo me pasó con Lost, que me bajé a la segunda temporada, con Game of Thrones, de la cual deserté a la tercera, o con The Americans, que no la seguí tampoco más allá de una temporada. ¿Alguien más esperaba que las siguiera todavía más porque esperaban mis comentarios al respecto? Que lástima, porque salvo cambio de planes, lo más probable es que les toque esperar hasta la Parusía de Nuestro Salvador. ¿Y falta mucho para esa Parusía, y qué es la Parusía en primer lugar? Mi respuesta: investiguen. No digan que con la Guillermocracia no aprenden palabras nuevas para ampliar su vocabulario, ¿eh?

En ese sentido, el seriéfilo que escribe "tengo pendiente" es la versión moderna del antiguo cultureta de cine, que se sentía obligado a ver el último estreno japonés, coreano, iraní, danés o serbocróata, porque en el mundillo especializado del cine arte se decía que tal o cual película iba a ser la referencia de la temporada. Todos nosotros hemos pasado por esa etapa, probablemente, y la mayoría hemos terminado entrando en nuestro sano juicio y abandonando luego de ver un muermo cultureta más de lo recomendable. El seriéfilo que escribe "tengo pendiente" lo hace entonces porque se siente igual de obligado, porque siente que alguien lo presiona para dar su opinión sobre tal o cual serie.

El 11,6% u 11,7% del elenco de Game of Thrones.
La pregunta es, ¿presionado por quién? Y aquí es en donde el asunto se pone espinoso. La verdad es que los únicos que se preocupan de verdad por la opinión que un seriéfilo tenga de una serie televisiva, son otros seriéfilos como él... que a su vez, presumiblemente, están sometidos a la misma presión psicológica. Es decir, los seriéfilos se presionan todos entre sí. Conocemos de sobra el funcionamiento de este mecanismo psicológico: es el mismo por el cual los acólitos de una secta se mantienen alineados en sus filas. Cuando alguien entra a una secta, lo primero que se hace es darles mucho cariño y afecto, lo que en inglés se llama lovebombing, a la vez que ir asignándoles tareas siempre crecientes. Al último, dicho adepto a la secta termina por anular su individualidad, cediendo al refuerzo de grupo y a las presiones de compañeros que pueden ser demasiado demandantes para su bien, pero entre los cuales ha encontrado su huequito para existir en el mundo. Con el seriéfilo que escribe "tengo pendiente" pasa exactamente lo mismo: internándose por las aguas de la red informática ha encontrado a otros seriéfilos que lo llenan de esa comprensión que sólo un seriéfilo puede darle a otro, porque dicha comprensión no existe ni tiene por qué existir en la vida real, y el único precio que debe pagar por su inclusión, es aceptar el refuerzo de grupo y sumarse a las series que todos los otros seriéfilos ven.

Sospecho que el creciente fenómeno del hate watching, del ver una serie con bilis, para odiarla o criticarla, tiene mucho que ver con esto. Considerando que los seriéfilos terminales se sienten presionados a ver tales o cuales series, una válvula de escape para ver series por obligación sin que esto se vuelva un trago amargo, es hacerlo desde lo más profundo del odio visceral en las entrañas. Con el paso del tiempo, se ha ido haciendo más aceptable entonces el ver una serie con odio: lo principal es verla, para tener algo que comentar, y hacerlo desde el amor o desde el aborrecimiento es secundario. Eso sí, cuando vastas masas de seriéfilos se ponen de acuerdo en que una serie es buena o mala, entonces el seriéfilo terminal debe también alinearse en esta misma dirección. Porque no es socialmente admisible criticar una serie que todo el mundo pone por las nubes, como lo experimenté a mis costillas cuando publiqué Game of Thrones: Al diablo que yo me largo de aquí, por ejemplo, serie que no seguí viendo por las razones que di en su minuto, y que de haberlo hecho, habría sido por puro hate watching. Pero en lo personal, considero que el concepto de hate watching es en sí mismo errado. Una serie debería ser vista siempre desde el amor, jamás desde el odio. No quiere decir que a uno no pueda dejar de gustarle, una vez que ha visto una cantidad de episodios, pero siempre considero más saludable dejarla y seguir otra serie, o derechamente hacer otra actividad, que quedarse para llenarse de bilis. La vida es demasiado corta para gastarla en actividades que en definitiva nos amarguen.

Si da la casualidad de que algún seriéfilo de los que escriben "tengo pendiente..." está leyendo esto, entonces déjame darte un mensaje, a título de opinión netamente personal, y que por ende puedes aceptar o rechazar si te parece que lo que escribo tiene algún sentido o no lo tiene. El mensaje es: no te esclavices a las series. Ver una serie televisiva no es una obligación o una carga. No tienes pendiente ver nada. Si no te apetece seguir la serie que todo el mundo está viendo, no te castigues viéndola. Cada temporada de serie que veas son diez a veinte horas de tu vida que ya no volverán, y que puedes dedicar a leer un libro, ver varias películas, seguir otra serie televisiva que te guste más, o por qué no, si a tanto alcanza el cariño, para leer el largo listado de posteos que hemos publicado acá en la Guillermocracia. Lo importante es que lo hagas por gusto y con amor. Ver una serie, así como ver una película o leer un libro, así como leer un posteo de la Guillermocracia, es algo que debería hacerse desde el cariño; cuando lo haces por presión social, termina volviéndose un fastidio y le cobras odio al material. No te amargues la vida así. Ya es suficiente que la vida en sí misma es difícil y está llena de frustraciones, no te llenes además con la bilis de una serie televisiva que no te satisface. Y que esa serie se lleve todos los Emmy que quiera, eso no importa, porque los Emmy son al gusto del jurado que entrega los Emmy, no del tuyo. Sé tu propio jurado, ve lo que te apetece, convérsalo con quien lo acepte, y sigue adelante con tu vida. Diez a veinte horas de tu vida dan para mucho, y van a ser diez a veinte horas mucho más satisfactorias si las inviertes en algo que realmente te apetezca hacer, leer o ver.

Bastian Bodenhofer en Cobre.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

Je, por ignorante me convertí en seriefilo,tengo la costumbre de usar mucho esa frase, pero cuando lo hago no es con la finalidad que describes, cuando hay alguna serie que me despierta cierta curiosidad por verla y sale a colación, suelo usar esa frase, pero para indicar que si me despierta cierto interés pero no la he visto, tendré que cambiar la frase entonces.

Referente al tema, ahora que la sociedad exige que seas posero, pretensioso y falso, no solo en este tema sino en otros muchos terminan haciendo cosas que le desagradan, pero todo sea por estar en onda y ser cool.

Guillermo Ríos dijo...

Yo no creo en la elección casual de palabras, porque siempre lo que se dice refleja más o menos la mentalidad, no a los extremos freudianos de que todo es sobre el papi o la mami, pero sí que uno usa expresiones de acuerdo a la estructura propia del pensamiento. Es por eso que la frase en cuestión sí me merece análisis, desde ese punto de vista.

En cuanto a ser posero... yo diría que vivir en sociedad es, o se ha transformado, en un asunto de pose. Incluso hasta el famoso buscar la autenticidad o el encontrarse con uno mismo se ha transformado en una pose. Cuestión de mirar la publicidad, que siempre insiste en "sé auténtico", "sé tú mismo", etcétera. (Y serlo, usando los productos que esa publicidad vende, por supuesto).

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¿Me vas a creer que no conocía este concepto? No obstante por supuesto que me he topado con gente así, que de algún modo me recuerda a los fanáticos del fútbol.
Vez que he seguido una serie ha sido porque en realidad me ha logrado encantar y algunas de ellas son aquellas que mencionas entre las que abandonaste ("Lost", "Juego de Tronos" y "Hannibal"). A veces me ha pasado que me han decepcionado, en especial las últimas temporadas de "Los 4.400" y "La Zona Muerta", las que acabé con la ilusión de que al final mejoraran (luego entendí por qué las cancelaron).
Gracias a Dios ha habido solo una serie que la encontré tan mala, que pensaba terminarme su única temporada solo para echar pestes de ella en mi blog, pero al final no aguanté y no fuí capaz de terminarla: "Aves de Presa" (hasta nombre le tenía a la entrada que iba a hacer al respecto: "Cómo echar a perder un montón de buenas ideas").
Se me había olvidado que no pasé de la primera temporada de "Ghost Whisperer" (que tras compararla con lo que había visto hasta el momento de "Medium", con la que competía y la que lejos la superó, con mayores razones no seguí perdiendo tiempo con ella).

Guillermo Ríos dijo...

Será que no frecuentamos los mismos sitios web.

Ver una serie porque gusta, me parece muy bien, por supuesto. Lo criminal es ver una serie que no gusta y soportarla únicamente porque se es seriéfilo y hay que verla porque o si no, de qué voy a comentar, una mentalidad que veo bastante extendida entre los seriéfilos de hoy en día.

Yo por lo general, si una serie estoy viendo que puede acabar por no gustarme, trato de aguantarme más o menos la primera temporada completa, para ver qué puede dar de sí, con la idea de que los productores trataron de crear una historia coherente en ese primer montón de capítulos. Pero en algunos casos, mi buena voluntad no ha dado para tanto. El ejemplo más glorioso de los últimos años es The Walking Dead, cuyo segundo episodio tuvo un final tan oligofrénico para mi gusto personal, con el bueno regresando a rescatar al malo únicamente porque es el bueno y tuvo un cargo de conciencia, todo eso mientras se ha hecho responsable de un buen puñado de otras personas a las que va a arriesgar por nada, en medio de un apocalipsis zombi... pues no me quedé para ver qué iba a pasar en el episodio tres.

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