domingo, 12 de junio de 2016

"Rambo" y "Blade Runner": Parecidos razonables.


Hace algunos meses atrás, y luego de una década de no haber visitado nuevamente la película, tuve la oportunidad de ver otra vez ese clásico que es Blade Runner. Por supuesto, tratándose de películas con un cierto peso y método, cada nuevo visionado aporta una arista o enfoque hasta el minuto inadvertido. En mi caso, reparé en la tesis que he venido sostenido desde finales de la década de 1.990, y según la cual Blade Runner ya no es el futuro, sino realmente el presente: en la película vemos el secuestro de la política y la sociedad por los intereses corporativos, la increíble alienación ciudadana, y la esquizofrenia conceptual que se hace pasar por arquitectura en estos días. Pero más allá... advertí que Blade Runner tiene numerosos puntos de contacto con Rambo, la primera película de la franquicia estructurada en torno al veterano de Vietnam interpretado por Sylvester Stallone. No debe ser casualidad, porque ambas películas se estrenaron en 1.982, y por lo tanto, comparten un Zeitgeist común.

No necesito mencionar que todo lo que viene a continuación, parte de la base de que han visto las dos películas, tanto Rambo como Blade Runner, y por lo tanto, habrán varios spoilers, incluyendo comentarios acerca del final. De manera que si no han visto alguna de las dos películas, mi firme recomendación es quedarse hasta aquí, ir a ver las películas, y si la buena voluntad alcanza, regresar para seguir a partir de este punto.

Repasemos un poco el argumento de ambas películas. Rambo, estrenada con el hilarante título de Acorralado en España, se trata sobre un veterano que, intentando contactar a un antiguo camarada en el frente, descubre que éste ha muerto, y que por lo tanto, es el último miembro vivo de su propio grupo de armas. Sin un propósito claro en la vida, Rambo se pone a vagar, hasta que llama la atención del comisario de un pueblo, de manera desfavorable. Rambo entonces, de manera un tanto obtusa aunque comprensible, entra en el pueblo, y el comisario, creyendo que se va a echar problemas encima si es que no mantiene a raya a foráneos como él, intenta meterlo a la comisaría, sin saber por supuesto que ese vago melenudo es en realidad un boina verde sobreviviente de Vietnam, y por lo tanto, la última clase de desgraciado al que quieres buscarle las cosquillas. En la comisaría, Rambo sufre un flashback estilo síndrome de Vietnam, justamente, se fuga de la comisaría con todo el talento para la violencia de su antiguo oficio militar, y se arranca a las montañas. El comisario monta una partida de caza para restablecer el imperio de la ley y el orden, lo que remata cuando Rambo, por accidente, mata a uno de los policías, y la persecución ahora es contra un asesino de policías, una persecución que involucrará a privados lunáticos de las armas, y al mismísimo Ejército de los Estados Unidos.

Para el registro, mencionemos que la película es bastante respetuosa en lo argumental con Primera sangre, la novela que le sirvió de base, pero altera algunos detalles de la narrativa para hacer a Rambo un personaje más simpático. Así, por ejemplo, en la novela a Rambo no le tiembla la mano para matar policías, aunque siempre más o menos en defensa propia, énfasis en el más o menos, mientras que en la película, Rambo hace lo imposible por no matar a nadie. También el trasfondo del comisario está mucho más desarrollado en la novela, y descubrimos que éste también es un veterano de guerra, pero de la Guerra de Corea, lo que le da al conflicto una arista nueva, el enfrentamiento entre dos veteranos de guerra que son cada uno en cierta medida el reflejo del otro, mientras que en la película, al disminuir al máximo este trasfondo del comisario, éste pasa a ser el representante del orden y la autoridad sin más, lo que introduce una lectura diferente en el subtexto. Y dicho sea de paso, no se dejen espantar porque Primera sangre sea un best-seller: aunque está escrito de manera lisa y llana, y su argumento es bastante lineal, y por lo tanto no es un prodigio de técnica literaria, es una lectura muy recomendada si es que le pueden echar mano.


Blade Runner por su parte se ambienta en Los Angeles del año 2.019, un futuro que desde el estreno de la película distaba 36 años, más de una generación adelante; este Los Angeles es esencialmente un basurero decadente en donde vive la escoria de la sociedad, porque la gente que tiene algunos recursos, ha tratado de fugarse para vivir una nueva vida en las colonias espaciales. Una breve exposición nos pone en ambiente: la tecnología ha avanzado lo suficiente como para que sea posible fabricar seres humanos artificiales, los Nexus 6, tan parecidos a los humanos que se necesita un test de empatía para distinguirlos. "Más humano que lo humano" es, de hecho, el lema de la Corporación Tyrell, que fabrica estos modelos. Después de una rebelión de los Nexus 6 en la Tierra, se ha prohibido a estos seres llamados los replicantes, el pisar nuestro planeta. Sin embargo, un grupo de Nexus 6 espaciales desafía la prohibición, y arriban a Los Angeles, con un propósito desconocido. En respuesta, la policía llama de nuevo al servicio, a un antiguo cazador de replicantes, un blade runner, llamado Deckard, para exterminarlos... sólo que esto no se llama asesinato sino retiro, nos explica la película. A lo largo de la película asistimos a dos narraciones paralelas. Por un lado vemos la investigación de Deckard, un cazador carente de casi toda empatía y moral, como única manera de sobrevivir en un mundo en donde todos los valores humanos se han ido básicamente al demonio. Por el otro vemos al replicante Roy Batty y su equipo, y descubrimos que están embarcados en una búsqueda existencialista: han decidido abrirse paso a través de las prohibiciones para encontrarse con Tyrell, el amo de la Corporación de dicho nombre, y a quien consideran su creador, y que por lo tanto, podría proporcionarles la clave para la vida eterna, o a lo menos, para una mayor longevidad. Porque, y esto no lo hemos dicho, los Nexus 6 han sido creados con lo que hoy en día llamaríamos obsolescencia programada, un plazo de apenas cuatro años para vivir.

Al igual que Rambo, Blade Runner tiene también su propio material literario de base, aunque en este caso la adaptación es tan liberal, que casi podemos hablar de dos historias distintas. Incluso el título mismo de la novela, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrita por Philip K. Dick, es diferente. La película toma lo más genérico del escenario, una ciudad en un futuro próximo, aunque los detalles son diferentes: mientras que la novela original tiene una estética más cercana a la Nueva Ola, Blade Runner es la película que codificó la imaginería Cyberpunk en el cine. Algunos aspectos también han sido cambiados: en Blade Runner vemos lluvia eterna, pero ésta parece ser eso, lluvia, mientras que en la novela original es la lluvia radioactiva que se ha producido después de una conflagración nuclear. En lo que sí coinciden de manera palmaria tanto la novela como la película, es el tratamiento dickiano de su tema. Para Philip K. Dick, el autor de la novela, uno de sus temás más obsesivos es el problema de la identidad, de la falsa identidad, de cómo nuestra autopercepción se construye a partir de nuestros recuerdos, y por tanto, de cómo crear o tener recuerdos falsos nos lleva también a tener una falsa identidad. Uno de los puntos capitales de la película es la naturaleza de los replicantes Nexus 6: son seres humanos artificiales, pero casi indistinguibles de los humanos, y por lo tanto, ¿no los hace eso también ser humanos? Por otra parte, Deckard es socialmente tratado como un humano, pero su comportamiento por completo psicopático, sumado a algunos guiños, detalles y aspectos lógicos sueltos aquí y allá, siembran la ambigüedad hasta un punto tal, que uno de los deportes favoritos de los fanáticos de la película es debatir sobre si Deckard es en verdad un humano o si es otro replicante más.

Después de toda la exposición anterior, a estas alturas debería emerger con cierta claridad que, en muchos sentidos, John Rambo y Roy Batty son personajes ridículamente parecidos, y lo único que impide que sean el mismo, es que una historia tiene una ambientación realista, y la otra es Ciencia Ficción. Ambos personajes son en esencia desarraigados. John Rambo ha sido sacado de Estados Unidos y enviado a pelear una guerra en ultramar, y cuando vuelve a su patria, es un personaje tan traumado que simplemente no es capaz de funcionar en ella; en su impresionante discurso final, probablemente la mejor actuación de Sylvester Stallone en toda su historia, lo dice con todas sus letras: "Allá yo volaba aviones de combate, manejaba tanques, estaba a cargo de millones de dólares en equipo, aquí no puedo ni siquiera tener un trabajo estacionando autos". Lo mismo ocurre de manera metafórica con Roy Batty: a los de su clase se les ha prohibido pisar la Tierra que es el hogar ancestral de sus creadores, y cuando lo hace, buscando respuestas para su condición, debe hacerlo como un criminal porque su sola presencia en el mundo nativo de los humanos a quiénes él como replicante se parece, es un delito que amerita ejecución en la vía pública sin más. De manera más poética, Roy Batty dice en esencia lo mismo que Rambo: "He visto cosas que no creerías". En ese sentido, la actitud del comisario y su abuso de poder contra John Rambo, es análoga a la de Deckard y su licencia para tirotear portapieles sin más en plena calle. Por cierto, tanto John Rambo como Roy Batty son seres hundidos por el sistema. John Rambo es un proletario, porque no debemos olvidar que la Guerra de Vietnam no la pelearon los pijecitos, como fue el caso de los Kennedy en la Segunda Guerra Mundial, sino los negros, chicanos y en general la escoria de Estados Unidos a la que había que poner coto de alguna manera. Roy Batty por su parte, por el solo hecho de haber sido creado replicante, es un ciudadano de segunda, sin verdaderos derechos civiles, y más o menos se intuye que su vida en las colonias más allá de la Tierra es la de un esclavo que vale en cuanto sea útil haciendo cosas para los amos humanos que lo han creado o adquirido.


En ese sentido, ambas películas terminan por ser muy empáticas con las motivaciones de sus personajes. John Rambo estalla de ira cuando las autoridades de su propia nación, encarnadas en el comisario, lo tratan como basura en vez de reconocerle su sacrificio luchando por la Patria, todo eso ante la indiferencia de la población común. Roy Batty no tiene una reacción tan explosiva, sino que, acorde con el personaje, desarrolla todo un plan para encontrarse con su creador, pero su motivación ante la prepotencia de la autoridad y, otra vez, ante la indiferencia de la población común, es esencialmente la misma. En ese sentido, hay también ciertos paralelos entre la escena final de Rambo con el Coronel Trautman, y la de Roy Batty con Tyrell. Tanto Trautman como Tyrell son humanos insertos en las altas esferas del sistema, pero a la vez, funcionan como figuras paternas para los respectivos protagonistas. Es significativo, por supuesto, la diferencia de actitud de ambos, y la manera en que tal diferencia influye en el curso de los acontecimientos. Aunque un alto oficial condecorado, Trautman es ante todo un soldado, y comprende muy bien el problema de Rambo; su actitud decididamente simpática consigue perforar la coraza emocional de su antiguo subordinado en la cadena de mando, y logra que éste se entregue. Tyrell, en cambio, por debajo de su amabilidad, en realidad es una serpiente psicopática para quienes los replicantes no dejan de ser apenas cosas manufacturadas, y por lo tanto, termina pasándole lo que le pasa.

A su manera, dentro de sus respectivos géneros, ambas películas comparten una misma visión acerca de Estados Unidos: el fin de la democracia se está acercando. Y esto era en 1.982. Si entendemos como democracia, el tener representantes elegidos en las urnas cada cierta cantidad de tiempo, entonces Estados Unidos en particular, y el mundo occidental en general, son democracias perfectamente funcionales. Pero esto es una noción pobre de democracia. Una noción rica de democracia involucra mucho más. John F. Kennedy lo expresó de manera muy elocuente: "No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país". Eso se refiere a los ciudadanos comunes y corrientes, claro está, pero también a los grandes grupos de interés, por supuesto. Democracia involucra capacidad de sacrificio, servicio público, disposición a llegar a compromisos, y todo esto al servicio de ideales tales como el respeto a los derechos civiles de los demás, el juego limpio, etcétera. En 1.982, esa cultura estaba muriendo. La década de 1.980 impuso otro modelo, manifestado en lo social como un individualismo exacerbado, y en lo social y económico como la implementación del Neoliberalismo a escala planetaria, ambos valores que son la tumba de la democracia. En ese sentido, tanto Rambo como Roy Batty en cuanto personajes, son expresiones de la rebelión por parte de los defensores de un estándar mínimo de derechos para todos los ciudadanos, versus las gigantescas maquinarias invisibles del gobierno y las corporaciones que han pasado a utilizar a los individuos apenas como peones dentro de su gigantesco juego de ajedrez planetario, y en el caso de Blade Runner, literalmente cósmico.

Y es revelador que, en ambos casos, los personajes terminan bastante mal. Rambo sale con vida del lance y de hecho consigue desquitarse del comisario, pero termina yendo a prisión por todo el caos que ha armado, aunque con algo más de aceptación y conformidad con su destino. Roy Batty por su parte termina muerto, aunque en sus últimos instantes, por lo menos llega a descubrir algo de humanidad, en términos algo nietzscheanos: ha llegado a la revelación de que su vida entera carece de mayor sentido, pero él mismo, al salvarle la vida a Deckard, se ha conferido a sí mismo su propio sentido. Sellando así el trato entre personajes que, derivados de épicas diferentes, en el fondo y como hemos argumentado, se asemejan mucho más de lo que a primera vista podría parecer.



2 comentarios:

Cidroq dijo...

Vaya, un enfoque muy interesante de ambos personajes, una denuncia que desde entonces ha sido ignorada, incluso creo que la situación va empeorando.

Guillermo Ríos dijo...

En esa época recién estaba en implementación el moderno sistema neoliberal, y por lo tanto, era posible ver las paredes de la jaula. Hoy en día, el sistema es tan omnipresente, que a veces se requiere un esfuerzo mental para ver la sociedad de otra manera. Eso es lo que tiene ver cine de otros tiempos, o leer libros antiguos: que como corresponden a otros períodos, tiempos y lugares, sirven como vara para medir y modelo para comparar.

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